.


.

Entre el hospital, la tos y las mascarillas he escrito esto. xD

Este tema/petición es el conjunto de varios que me han pedido. Ya que eran similares los he unido en uno solo. NwN

Por cierto, algunos saben que tengo una manía casi obsesiva de ligar One Shots, pues bien, lo hice otra vez. 7w7)r I don´t even sorry… En este caso, esta historia se liga con el cap anterior. Exacto. La del Jellal pianista, solo que en este caso la música queda un poco de lado para concentrarnos en otras cosas. xD

Espero lo disfruten.

¿Vieron a mis bebés juntos? QwQ Ay, my Jellal… ama tu vida, atesórala porque para Erza vales tanto que casi se me muere cuando te veía sufrir. Especialmente ahora que Acnologia está volviendo ;A;)9

.


.

Petición de:

Guest 1

Guest 2

Jerza 100

Mia

.


.

Disclaimer I: Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen. Yo solo los uso para escribir WAFF & FLUFF.

Disclaimer II: Aunque uso las ideas que me dejan en los reviews. La historia en su creación y ejecución es netamente de mi autoría.


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración.


Apostilla:

Género: Romance / Humor / Familiar

Rated: T.

.


.

[°° Request 03 °°]

.

° Duelo °

.


.

Abrió la puerta de su habitación y de inmediato sonrió.

No esperaba la sorpresa pero lo agradecía.

Sin perder tiempo, Jellal Fernandes cerró la puerta luego de entrar a la habitación y sin mayor ceremonia se quitó los zapatos camino a la cama en donde se metió bajo las sábanas al llegar, abrazando a la mujer que dormía pacíficamente dándole la espalda a él.

Casi que suspiró de alivio.

Para nadie era un secreto lo que él sentía por ella, o el que Erza le correspondía de la misma manera, en realidad lo que de verdad extrañaba a todos era el por qué pasaban tanto tiempo lejos uno del otro si ya llevaban casi dos años como pareja.

Él también se preguntaba lo mismo.

Hacía poco más de dos meses que no se veían ―y se suponía que no se verían hasta dentro de una semana―, y era algo difícil con lo que lidiar porque él no podía querer algo más en la vida que fuese estar con ella, pero estaba consciente de que su carrera estaba en su mejor época y no podía simplemente detener todo, y no solo porque de verdad estaba disfrutando de la música como hacía mucho tiempo no la disfrutaba, sino porque también la mujer que tenía entre sus brazos jamás le permitiría dejar lo que amaba por ella.

Así como él tampoco permitiría que ella hiciese algo así por él.

¡Sorpresa~! ―un murmullo divertido lo hizo sonreír con más amplitud mientras Erza se volteaba entre sus brazos para observarlo con ojos adormilados―. O eso se supone que habría… ―ahogó un bostezo en el pecho de Jellal― sido si no me hubiese quedado dormida…

Bueno… ―Jellal le dio un beso en la frente―, sí fue una sorpresa, solo que te perdiste mi cara ―Erza rió y se acurrucó junto a él―. ¿No dormiste en el vuelo?

No. Estuve agendando las entrevistas de mi madre para el siguiente mes y revisando los contratos de un par de ofertas que le llegaron.

Eso pudiste haberlo hecho al llegar aquí.

No quería tener pendientes al llegar ―subió su rostro a él y sonrió―, así podía pasar más tiempo contigo…

Jellal se inclinó a besarla.

Solo ella podía hacerlo sentir tan especial con un par de palabras.

No debí quedarme tanto tiempo ensayando ―susurró contra sus labios.

No sabías que yo estaba aquí.

Me lo hubieses dicho y habría ido a por ti al aeropuerto.

Ultear te habría esclavizado los días siguientes si te escapabas del ensayo antes de la presentación ―Jellal rió.

Y yo me habría escapado de sus garras ―rebatió él con una sonrisita rebelde para luego volver a su rostro gentil―. Me alegra que hayas podido venir antes.

Mamá decidió no dar el seminario de canto en la Universidad Spriggan, así que está libre hasta la próxima semana, bueno, dependiendo si decide aceptar una de las ofertas que le llegaron.

Asumo que es la presentación de beneficencia en la Casa Azul de Magnolia del próximo mes. ¿No?

Así es ―le miró curiosa―. ¿También te invitaron?

Hisui nos invitó y nos mostró la lista de convocados esta mañana cuando nos vio desayunando antes del ensayo, le dije a Ultear que aceptara ya que sería en esta misma ciudad y así tu y yo podríamos estar más de dos meses juntos.

Entonces tendré que insistirle a mamá ―sonrió entusiasmada―, hace tiempo no pasamos tantos días consecutivos juntos ―lo abrazó con fuerza y Jellal lo disfrutó a pesar de la protesta de sus costillas.

No lo parecía, pero Erza tenía una fuerza abrumadora.

Yo también espero que acepte ―su peli-escarlata subió una ceja ante el tono nervioso de Jellal―, quiero tener una charla con ella…

¿Una charla?

Sí, pero una diferente a las usuales en las que yo hablo y ella finge que no existo o me asesina con la mirada.

Erza rió.

Lamento que mi mamá sea así contigo… ―se disculpó con sinceridad.

Está bien ―Jellal volvió a besarla en la frente mientras una nueva sonrisa afloraba en su rostro―, yo haría lo mismo estando en su lugar. Si mi madre estuviese viva habría sido así contigo.

Mentiroso ―Erza le pellizcó―. Tu madre siempre me la describen como una dulzura.

Él sonrió dándole la razón.

Claro que lo era ―la abrazó más fuerte―. Ella te habría adorado, mi padre también, pero él era demasiado seco, de seguro nada más hubiese mostrado admiración por tus títulos y carrera.

Él te quería, Jellal ―Erza le besó la mandíbula, sabía muy bien de la difícil relación de su padre y Jellal.

Eso creo ahora ―el azulado sonrió―. En cuanto a tu madre ―cambió de tema―, el problema conmigo es que no te merezco.

Deja de decir tonterías ―Erza frunció el ceño―. Mi mamá no tenía derecho a decirte eso el día que le contamos de lo nuestro.

Pero no se equivoca.

Se equivoca y mucho, ella solo está… ―Erza dejó los brazos de Jellal y se sentó mientras miraba fijamente el piano a unos metros de la cama―, proyectando en ti lo que mi padre le hizo…

Lo sé ―Jellal se sentó y le peinó el cabello, Erza ya le había contado parte de ese horrible e inmerecido pasado―. Admiro a tu madre y agradezco que sea como es, Scarlet. Ella logró protegerte de un engendro como ese, y gracias a eso te conocí, por eso no tengo problema en la parte de que soy indigno de ti ―Erza lo miró molesta, el padre de Jellal había hecho de su infancia una incesante lucha por méritos y logros a cambio de un poco de afecto y eso le seguía afectando un poco.

Jellal…

Él rió al escuchar el tono de regaño.

Nadie lo será nunca a ojos de tu madre ¿Me equivoco?

Erza tuvo que aceptar eso.

Aunque eres el primero que no se espanta y me deja ―bromeó ella y Jellal le cerró un ojo.

No estoy en una etapa en que quiera huir ―el azulado habló tan serio que Erza no pudo evitar el brote de una carcajada.

¿Y entonces para qué quieres hablar con ella?

Porque quiero que te cases conmigo, y necesito ganarme aunque sea un porcentaje de su aprobación…

Erza sintió su corazón detenerse.

¿De verdad él había dicho eso?

¿Scarlet? ―la mano de Jellal acarició su rostro y ella se dio cuenta que esa calidez no podía ser la de un sueño―. ¿A-asumí… ―preguntó más nervioso de lo que lo hubiese visto alguna vez―, asumí mal en que aceptarías casarte conmigo?

Yo… ―su mirada se perdió en la miel de él y negó con la cabeza―, no…

¿No quieres?

¡N-No! ―frustrada de no poder hablar de forma coherente la mujer de cabello escarlata se lanzó encima del azulado logrando quedar sobre él cuando la espalda de Jellal chocó contra el colchón―. ¡Acepto!

Jellal rió emocionado y la abrazó.

Con ese "Sí" ya no había nada que pudiese temer…

.

[ J & E ]

.

La semana actual no se comparaba nada a la semana anterior.

La semana anterior había sido un paraíso, luego de su presentación pautada había podido pasar todo el tiempo junto con Erza.

Comer con ella.

Pasear con ella.

Reír con ella.

Dormir con ella.

Despertar con ella en brazos.

Pero, la semana actual había sido peor de lo que él había imaginado. Las cosas empezaron mal desde el momento en que Irene se reunió con ellos al bajar del avión, como siempre ella le había ignorado y simplemente había saludado y abrazado a su hija y manager, pero en el momento en que Irene posó sus ojos en el anillo de compromiso que Erza tenía en su mano, Jellal había pasado de ser completamente ignorado a ser el receptor de la mirada más envenenada y mortífera existente de parte de la reconocida cantante lírica.

Y nada había mejorado desde entonces.

Por supuesto que Irene se había encargado de mantener a su hija ―mánager― muy ocupada.

De pronto la siempre muy autosuficiente Irene había pasado a ser una persona incapaz hasta de hacer sus propias reservas en restaurantes o spas. Jellal instaba a Erza a no pelear con ella, por supuesto, Erza también tenía un temperamento fuerte, pero por el bien del plan de Jellal había aguantado cada uno de los caprichos de su madre, sin embargo estaba a punto de perder la paciencia.

Y él no la culpaba porque él también estaba al límite.

Por más que intentaba mantener una conversación con Irene, fracasaba, ya fuese porque ella actuaba como si no existiese, o porque Irene tenía una especie de habilidad mágica para perderse de su vista, sin importar que Erza supiese su horario y planes del día, cuando Jellal llegaba al lugar en que ella debía estar, resultaba que ella estaba en el lado opuesto de la ciudad.

Eso sin mencionar las otras maneras de evitarlo.

Desde mandarle un recado diciendo que lo vería en cierto restaurante a determinada hora, resultando que el dichoso restaurante era un bar gay en la noche de solteros, hasta decirle a un guardia de seguridad de un centro comercial que un hombre de cabello azul y rostro tatuado se colaba a espiar en el baño de las mujeres.

Por supuesto lo habían echado a la fuerza y por poco se lo llevan a la comisaria.

Irene Belserion era una bruja con recursos.

Pero por suerte para él, Erza estaba de su lado y ella era su consuelo en medio del mar de desesperanza.

Tal vez solo deberías dejarlo así ―Jellal trató de concentrarse en las palabras de Erza, pero ciertamente estaba más concentrado en besar su cuello y en las manos de ella que desabotonaban su camisa y lo liberaban de su pantalón que ahora caía al suelo junto con todo lo demás.

Llevaban muchos días sin verse.

No… ―respondió Jellal cuando se separó para besar su mandíbula, sacarle el vestido por la cabeza y soltar el sostén―, sé que es importante para ti que ella apruebe nuestro matrimonio.

Jellal… ―gimió su nombre cuando el descendió a besar sus pechos desnudos―, es posible que ella… Ahm… ―otro gemido escapó de su boca cuando él posó sus manos en su cintura y la elevó para que ella lo abrazara con sus piernas.

Lo sé ―el azulado se separó un poco de Erza y la miró con resignación mientras la colocaba contra la pared a la par de la puerta, llevaban tantos días sin poder tener tiempo a solas que apenas Erza apareció al abrir la puerta de la habitación no habían actuado más que para besarse―, sé que ella prefiere clavarse una espada en el pecho y morir desangrada antes que darme su aprobación ―Erza rió tanto por lo dicho por Jellal como por la manera en que los hábiles dedos de él acariciaron la parte de atrás de una de sus rodillas para elevarla un poco más―, pero no me voy a rendir tan fácil… Soy un poco terco cuando tengo un objetivo en mente.

Lo sé ―Erza suspiró y le dio un beso en la mejilla tatuada y Jellal presionó su solido cuerpo contra ella haciendole sentir su deseo y dureza―, te gusta hacer las cosas del modo duro―más roja de lo que estaba carraspeó―, difícil… del modo difícil… ―la manera apenada en que intentó aclarar lo dicho solo logró que Jellal escondiese su cabeza en su cuello y rompiese a reír mientras se embriaga de la esencia a fresas de su cabello escarlata.

¡Jellal!―reclamó con un puchero y aún riéndose volvió a su rostro y la besó con una ternura que no combinó en lo absoluto con la mirada lujuriosa que le dio mientras sus dedos hacían a un lado las bragas de ella.

Erza aguantó la respiración ante la caricia.

No soy al único al que le gusta el modo duro ―susurró contra su oído, adentrándose en ella con una sola embestida profunda y logrando que la piel de Erza se erizase y sus uñas se clavasen en los músculos de su espalda mientras sus labios se abrían para dejar escapar sonidos de éxtasis― ¿Cierto, mi Scarlet?

No ―gimió Erza aprisionándolo entre sus piernas, elevándose para crear mayor placer y disfrutando de la fricción entre sus cuerpos.

Jellal sonrió antes de besarla de nuevo.

El frío del anillo se sentía bien contra su espalda caliente…

.

[ J & E ]

.

Si se escuchaba con atención, toda música conllevaba un patrón.

Jellal lo sabía muy bien.

Las teclas bajo sus dedos le habían enseñado eso desde pequeño, mucho antes de aprender a leer siquiera sus padres lo habían adentrado en el mundo de la música, y por tanto, Jellal confiaba en patrones, ya fuesen los de la música, los de las estrellas en los cielos, o, el de las personas. Por ello, cuando al restaurante en el que tocaba con permiso del dueño entró la señora Belserion, Jellal sonrió con suficiencia.

Tres semanas y tres días al fin rendían frutos.

Señora Belserion ―educado como solía ser el azulado se sentó en la mesa que acababa de ocupar la cantante lírica.

Lady Irene ―corrigió.

Lady Irene, que casualidad verla aquí ―Irene no le dirigió ni la más mínima mirada, el mesero pareció debatirse entre decirle a Jellal que no molestase a tan ilustre comensal y dejarle seguir a pesar de la obvia molestia que pareció causarle a la dama.

Lo mismo de siempre ―habló Irene con el mesero mientras tomaba la carta de vinos―, y puede dejarnos a solas mientras decido con que vino tomarlo.

Por supuesto, señora ―diligente el mesero se alejó de la mesa.

Debo decirle que este restaurante pertenece a un amigo mío, lo que sea que esté planeando para que me echen no funcionará aquí.

Irene continuó ignorándolo.

Jellal sabía que eso podía ser tan bueno como malo, la madre de Erza era un rival poderoso de mucho alcance, la última vez lo citó en el hall de su hotel y lo dejó esperando durante varias horas hasta que el gerente del lugar llegó con la alta cuenta de su habitación y con la noticia de que Irene le había dicho que él pagaría por su hospedaje y que ella se había ido de ahí sin avisarle a nadie.

Ni siquiera a su hija.

Porque por supuesto, Erza le habría dicho a él.

Así que Jellal mejor aprovechó la oportunidad que tenía enfrente.

Amo a Erza, y voy a casarme con ella ―comenzó el azulado sin desaprovechar el chance, aunque Irene seguía sin verle―, pero si ella decide seguir siendo su manager y viajar con usted, ella podrá hacerlo. Yo jamás le impediría hacer lo que quisiese.

¡Ja! ―soltó Irene con ironía, sus ojos peligrosos aún miraban las letras de la carta de vinos―. Como si alguien pudiese impedirle a mi hija hacer lo que quisiese.

Estoy de acuerdo en eso.

Y por lo visto ya estás seguro de que te casarás con ella, no veo porque necesitas más que el "Sí" de parte de ella que obviamente ya te dio ―la mujer bajó la carta de vinos y lo encaró―. Ese anillo no es la gran cosa, pero es notorio.

Erza odia las cosas ostentosas ―Jellal puso su cara más seria.

Lo sé, soy su madre…recalcó ácida.

Usted… ―Jellal la miró pensativo―, ¿está molesta porque no pedí su permiso antes de hacerle la proposición?

La sonrisa de Irene fue mortífera pero le dio a Jellal la verdadera respuesta a su pregunta.

Erza puede hacer lo que quiera, la críe para que fuese una mujer fuerte e independiente.

Pero usted sigue siendo su madre y yo… ―Jellal bajó la cabeza―, lo siento… debí saber que…

Ahórratelo ―Irene habló con autoridad y Jellal la miró atento―. Solo ten presente que si la dañas de alguna manera te destruiré de todas las maneras posibles ―el azulado tragó grueso, sabía que ella hablaba en serio.

Lo sé ―aceptó―, y si llego a hacerlo aceptaré con gusto el castigo por mi pecado.

Ugh… ―soltó con un gesto de fastidio y metió un dedo en la copa de agua frente a ella―, no seas dramático, intento de músico ―la afilada uña pintada en color sangre acarició el borde de la copa, el sonido que se formó fue tan agudo e invasivo que Jellal frunció el ceño.

Solo digo la verdad ―intentó ignorar sin éxito el sonido desafinado, sabía que Irene lo hacía a propósito, una ejecutante musical como ella sabría hacer sonar una copa de cristal de una manera melódica, pero por eso mismo también sabía lo molesto y desesperante que era para un músico de oído tan fino y entrenado como el de él el escuchar algo tan disonante y chirriante.

Era como escuchar cientos de gatos rasguñar una pizarra.

Eso dicen todos los hombres ―continuó moviendo su dedo en el borde y su sonrisa se volvió más sádica.

Yo amo a Erza, ella es mi…

¿Musa? ¿Inspiración? ¿La mujer más hermosa del mundo? ―dejó la copa y golpeó la mesa aunque su tono continuó neutro―. Escoge una, no eres el primero en creer eso ―su dedo se extendió y la uña lo acusó―, tampoco serás el primero en olvidar todo eso. El hombre que hizo de mi vida un infierno también lo dijo, era un músico igual que tú, solo le interesaba su música, cuando dejé de ser una inspiración para él pasé de ser su musa a su saco de boxeo, yo no permitiré que mi hija…

¡Yo no soy él! ¡Erza no pasará por lo mismo que usted! ―soltó Jellal sin poder evitarlo, tal vez harto de las evasiones de Irene en las últimas semanas, u ofuscado por el sonido chirriante que creó con la copa o tal vez ofendido por ser acusado de cosas que ni había hecho ni pensaba hacer nunca, pero de inmediato se arrepintió de haberlo hecho.

Erza no le perdonaría el dolor que pasó por la mirada de su madre.

Yo… lo siento… no debí…

Irene se levantó de la mesa y Jellal no pudo alzar la cabeza.

Muchos dirían que soy quien debería disculparse.

Cuando Jellal subió la mirada Irene desaparecía por la puerta.

La cena pedida fue pagada pero nadie la comió….

.

[ J & E ]

.

Sus ojos estaban cerrados pero no estaba tranquilo.

Todo parecía haber empeorado.

No deberías seguir culpándote… ―Erza levantó la cabeza de Jellal del sofá y se sentó para luego colocarla en su regazo.

¿No? ―Jellal bufó―. ¿Que tu madre te haya despedido como mánager y que se haya ido durante la semana final de ensayos sin decirte nada no tiene nada que ver con lo que le dije hace tres días?

No, no lo tiene ―Erza sumergió su mano en el cabello rebelde de Jellal para intentar relajarlo.

Por supuesto… ―la ironía tiñó cada palabra.

Jellal ―Erza le jaló un poco el cabello y él abrió los ojos al quejarse―, mi madre me despidió porque no me he comportado como su mánager estos últimos meses, y creo que ella tenía razón con lo que me dijo, yo estaba actuando así porque no quería afrontar la verdad de que ya no quería seguir siendo una mánager ―Jellal volvió a cerrar los ojos para que Erza no viese que se culpaba por eso y ella se inclinó a darle un beso en la frente―. Y no es por la propuesta de matrimonio. Desde hace bastantes meses estoy más pendiente de la revista y de investigar para mi libro de biografías que en sus horarios y contratos.

Erza…

Mamá me conoce bien, sabe que quiero hacer algo diferente con mi vida, ella no me encadenaría.

¿Así que se desaparece de tu vida? ―replicó irónico.

Puedes verlo así, o, puedes decir lo que realmente piensas, se aleja para que no me sienta culpable de alejarme yo de ella. Creo que tú harías lo mismo, te culparías a ti mismo para protegerme, o te alejarías si pensaras que tu presencia podría dañarme ―Jellal soltó un bufido y abrió los ojos de nuevo.

Confías mucho en mí…

Erza rió.

Por supuesto que sí… Confío en ambos ―le pinchó la nariz y él sonrió con tristeza.

Lastimé a tu madre con lo que le dije ―le recordó abatido.

Sí, pero ella también te lastimó, te acusó de algo que no tiene nada que ver contigo ―soltó un suspiro y echó la cabeza contra el respaldar del sofá―. Ninguno de los dos actuó bien.

Aunque le había sorprendido que su madre le hablara sobre su pasado.

Ella se disculpó…

Bueno, realmente dijo que "Otros pensarían que debería disculparse", no es una disculpa en realidad.

Si me lo preguntas creo que es la mejor disculpa que alguien, que no sea su adorada y hermosa hija ―declaró con una ceja alzada― podría obtener de tu madre.

Eso es cierto ―aceptó Erza y ambos rieron. Jellal se volteó en su regazo― ¿Tienes sueño?

Un poco ―bostezó―. Pasé la madrugada pensando una nueva composición.

¿Para pedir perdón a mi madre? ―Erza bromeó y Jellal rompió a reír de nuevo.

No ―se sentó repentinamente y le besó la punta de la nariz―. Además si hiciese eso de seguro que se ofendería más.

¿Entonces para un nuevo disco? ―Jellal negó y Erza alzó una ceja curiosa.

Para la boda ―respondió, le cerró un ojo y Erza se sonrojó.

Je-Jellal, eso no es…

Sé que quieres una boda sencilla ―el azulado se sentó contra el respaldar del sofá y arrecostó su cabeza en el hombro de Erza mientras sus dedos jugaban con las puntas de su cabello escarlata―, y nadie te va a sacar eso de la cabeza ―dijo en un reclamo disimulado―, pero esto es algo que quiero hacer, porque te mereces algo más que una boda sencilla. ¿Me dejarás al menos hacer eso por ti?

Erza soltó un resoplido y asintió.

Parecía que su vida estaba llena de gente terca…

.

[ J & E ]

.

Revisaba sus notas en el piano cuando la puerta se abrió.

Jellal abrió los ojos asombrados cuando la madre de Erza entró con su paso autoritario y una sonrisa digna de un villano en el rostro.

Sintió un escalofrío.

¿Mamá? ―Erza quien estaba acostada en el gran sofá viendo televisión a unos metros del piano la observó tan sorprendida como Jellal.

Erza ―Irene pasó de su sonrisa de villana a la maternal al ver a Erza cobijada abrazando al conejito que el abuelo Belserion le dio al nacer, ella siempre mantenía ese peluche cerca de ella―. Disculpa por aparecerme sin avisar ―obviamente esa disculpa solo era dirigida a su hija―. ¿Cómo estás?

Yo… bien ―Erza se sentó― ¿Y tú?

Muy bien. Perdón por no llamarte, estuve… pensando ciertas cosas.

Entiendo ―la más joven sonrió y luego frunció el ceño― Mamá ¿cómo entraste a la habitación de Jellal si la puerta estaba con cierre electrónico?

Irene le mostró una tarjeta.

No ha nacido el recepcionista de hotel que me niegue una llave cuando se la pido ―explicó con una sonrisa de suficiencia e inmediatamente se volteó hacia Jellal― ¿Algún problema con eso, Cara tatuada?

«Claro que sí» pensó él.

Claro que no ―fue lo que respondió, no era considerado un genio por nada.

Entonces al punto ―Irene se dirigió con su majestuoso paso al piano y bajó la tapa superior de reluciente madera color ébano para luego dar dos palmadas―. Neinhart.

¿Neinhart? ―Preguntó Erza y su respuesta no se hizo de esperar porque un joven de cabello lila ingresó a la habitación cargando una caja pequeña.

Es mi nuevo mánager ―explicó Irene―, o más bien, asistente ―Erza sintió pena por el hombre, su madre era reconocida por ser bastante exigente con cualquier trabajador bajo su mando, mucho más con un asistente― Deja eso ahí y busca dos sillas.

De inmediato, Lady Irene.

Y tú ―señaló a Jellal―, levántate, arreglaremos esto de una vez.

Jellal miró a Erza buscando alguna explicación pero Erza solo subió los hombros porque no tenía ni idea de lo que pasaba o estaba por pasar.

Lady Irene, todo está listo ―Irene asintió y se sentó en una de las sillas.

Señora Bels…

Lady Irene ―le corrigió de inmediato―, y siéntate ―le señaló con una mirada afilada la otra silla al lado contrario del piano.

S-sí… ―Jellal decidió obedecer.

Así haremos las cosas ―tocó con el dedo la pequeña caja y Neinhart abrió la misma sacando lo que había en su interior―. Jugaremos al mejor de tres. Si pierdes te alejas de mi hija.

¿Póker? ―Jellal la miró incrédulo―. ¿Quiere que apueste mi compromiso con Erza en un juego de póker?

Por supuesto que no ―el azulado se relajó―, eso llevaría mucho tiempo, repartiremos tres rondas de siete cartas, se desechan dos, la mejor mano de cinco gana la ronda.

¿¡Eh? ―Erza se levantó del sofá y casi tropieza cuando sus pies se enredaron en las sabanas al caminar hacia el piano.

Jellal tensó la mandíbula.

Eso era ridículo.

No voy a participar en algo así ―Jellal se levantó indignado.

¿Acaso tienes miedo?

¡Por supuesto que sí! ¡No voy a arriesgar a Erza en algo como esto!

Mamá, esto es ridículo ―Erza tomó la mano de Jellal al verlo molesto, era raro verlo así y no quería un enfrentamiento entre las dos personas que más amaba.

Hija, tu eres una romántica de corazón, sé que crees en el destino. ¿Qué mejor forma de demostrar que están destinados que dejar su futuro en manos de las cartas? Tu amiga Cana me entendería ―repuso seria para luego señalar a Jellal con una pizca de burla en su voz―. Y en cuanto a al niño cobalto, me has dicho que ama las estrellas y esas cosas, así que imagino que también cree en que el destino está escrito en ellas. ¿Me equivoco?

Jellal se sonrojó.

Parece que no me equivoco ―Irene disfrutó de su pequeña victoria―. Entonces, empecemos ―Neinhart, quien barajaba las cartas mientas la diatriba tomaba lugar repartió los naipes―. El valor de las manos serán los mismo del póker ―La ceja de Jellal se movió en un tic nervioso y Erza temió por lo que podía pasar si alguno de los dos estallaba en ese momento.

Solo había una solución.

Juega ―los ojos de Jellal se abrieron en sorpresa al escuchar a su peli-escarlata decir eso.

Irene sonrió.

Erza, no voy a…

Juega, Jellal ―le miró con una sonrisa cansada―, si no lo haces esto continuará durante toda nuestra vida ―le apretó la mano con cariño―. Confió en ti…

Pero…

Vamos, entre más rápido mejor ―le instó con la cabeza y con ojos brillantes. Jellal ya no pudo negarse a pesar de lo absurdo que era apostar a Erza en un juego de cartas.

Aquí tienes ―Erza colocó su anillo grabado con las notas iniciales de la sonata que Jellal escribiese para ella en el medio del piano y Jellal sintió su cuerpo llenarse de miedo y tensión.

Bien, ese anillo representa bien las dos apuestas ―Irene asintió a su hija―. Si yo gano se olvidan de casarse, si ustedes ganan les doy mi bendición. Aunque no esperen que asista ―Erza aceptó mientras se cruzaba de brazos bajo su pecho.

Jellal observó la tristeza oculta al escuchar a su madre decir eso.

Entiendo ―Erza logró responder verbalmente tragándose su desazón.

La vida era demasiado extraña.

Si alguien le hubiese dicho que un día estaría en su pijama de fresas y conejos viendo como su matrimonio con el hombre que amaba era decidido con cartas jamás lo hubiese creído.

Ni ella misma lo creía en ese momento.

Carta ―escuchó pedir a su madre y se centró en el juego, Neinhart le dio una carta.

Dos cartas ―respirando hondo Jellal pidió el límite y sintió un sudor frío descender por su espalda cuando Irene mostró su mano.

Tres reinas y dos sietes.

¿Algo mejor que un full? ―subió la ceja y Jellal tiró las cartas.

Su escalera de doble color no le servía de nada.

Una de tres… ―Irene sonrió y Neinhart recogió las cartas para barajarlas.

Un momento ―Erza le pidió las cartas al hombre―. Yo reparto esta vez ―su madre asintió al asistente y ella le sonrió al angustiado Jellal antes de comenzar a barajar.

Y de nuevo, diez cartas fueron repartidas.

Dos cartas ―pidió Irene.

Una carta ―pidió Jellal.

Dos manos se mostraron.

Reina, Jota, diez, nueve ocho y siete.

Jota, diez, nueve, ocho, siete y seis.

Dos escaleras doble color declaraban empate.

Jellal sonrió al ver su roja reina de espadas.

Esa carta le daba el gane por ser el valor más alto en la mesa.

Uno a uno… ―sonrió Erza y recogió las cartas.

Alto ―la detuvo Irene antes de que repartiese―, es turno de Neinhart para hacerlo.

Pero… ―Erza infló las mejillas pero Irene por primera vez en la vida no cayó en eso.

Es turno de Neinhart, Erza ―repitió ella y su hija le pasó las cartas al joven mientras se disculpaba con la mirada con un ahora demasiado nervioso Jellal que imaginaba que enfrentarse a un dragón maligno no podía ser tan malo como enfrentarse a la mamá de Erza.

Definitivamente prefería al dragón maligno.

«Tal vez ella es un dragón maligno…» Pensó para sí al ver la sonrisa de Irene extenderse al observar sus cartas.

Jellal respiró hondo y vio las suyas.

Tres ases y un siete de espadas.

Se mordió el labio.

Un milagro aún podía ocurrir.

¿Necesitas cartas, niño? ―para variar le habló con superioridad.

Dos ―Neinhart acercó su mano a la baraja para dárselas pero Jellal negó―. Quiero que me las dé Erza.

El que reparte es Neinhart ―recordó Irene.

Y ya repartió, que Erza se encargue de pasar las cartas ―rebatió Jellal con una sonrisa ladeada―. ¿O acaso tiene miedo, suegra? ―Irene tensó los labios en una línea fina al escuchar ser llamada de ese modo.

«O ese niño tiene mucho valor, o es un idiota suicida» pensó para sí la mujer de labios rojos.

Como sea… ―con un gesto indulgente de la mano Irene le indicó a Neinhart que dejase a su hija pasarle las cartas.

Jellal… ―Erza colocó las dos cartas boca abajo frente a él―. Ten confianza ―le recordó y el azulado asintió y miró a la mujer frente a él con determinación.

Quiero aumentar la apuesta.

¿Algo más? ―Irene le miró con interés―. Escucho.

Si gano esta mano tiene que prometer que asistirá a la boda y llevará a su hija del brazo al altar ―Erza se sorprendió por eso pero no pudo evitar mirar esperanzada a su madre quien veía con enojo a Jellal.

Eso es…

¿Acepta? ―la presionaría hasta aceptar porque Jellal sabía cuánto significaba eso para Erza, él también desearía tener a sus padres a su lado― ¿O acaso tiene miedo? ―Jellal sonrió con sorna al devolverle las palabras que ella le dijo hacía un rato.

«Es un maldito suicida...» se respondió su anterior pensamiento

Por supuesto que no tengo miedo, niño ―Su voz sonó tranquila pero sus manos arrugaron un poco las cartas―, pero no veo que agregues algo para igualar la apuesta.

Jellal sonrió y se levantó para tomar su cuaderno de notas.

Esto ―lo colocó a la par del anillo.

¿Un cuaderno de composiciones sin terminar? ―dijo Irene con desprecio.

Es eso, sí ―Jellal no se molestó en sentarse―, pero solo es representativo de lo que estoy apostando.

¿Y eso sería?

La música, mi carrera… Como quiera verlo.

Las tres personas en la habitación lo vieron como si estuviese loco.

¡Jellal! ―Erza fue la primera en hablar― ¡No puedes apostar algo así! ¡La música es todo para ti!

No lo es ―negó Jellal―. Tú lo eres, Erza ―le sonrió de manera tan tranquila que ella sintió lagrimas acumularse en sus ojos―. Si te pierdo nada de lo demás importa ―Jellal levantó la primera carta y la desechó de inmediato.

No le servía.

Pero aún quedaba una más.

Jellal… ―Erza le sujetó la mano antes de que voltease la segunda carta y el azulado le cerró un ojo.

Tu confías en mí y yo en ti, celebraremos con pastel de fresa hasta reventar, te lo aseguro, Scarlet ― Erza rió conmovida ante su ternura e Irene no pudo quitar los ojos de la cara llena de alegría de su hija.

Bufó.

Eres tan dramático, Jellal Fernandes

Jellal solo dejó pasar la sorpresa de que lo llamase por su nombre porque la segunda carta ―un as de espadas― lo hizo exaltarse de la alegría.

Tenía cuatro ases y una reina de espadas.

¡PÓKER! ―gritó lleno de emoción mientras mostraba su mano.

Irene miró las cartas por tanto tiempo que Erza se le acercó preocupada.

Mamá… ¿estás bien?

Maldición… ―la señora Belserion deslizó sus cartas aún boca abajo por la tapa del fino piano y se levantó―. Acepto mi derrota.

Erza apenas pudo sonreír cuando sintió un par de brazos alzarla al estilo nupcial y darle un par de vueltas.

Neinhart ―habló Irene con voz de mando―, coloca en mi agenda una cita con el mejor planificador de boda que exista, también con Macbeth Midnight, quiero hablar sobre el vestido de mi hija.

Como ordene, Lady Irene ―Neinhart salió de la habitación mientras sacaba una agenda electrónica y un móvil para empezar a hacer las llamadas que le pidiese su jefa.

¿¡Es-espera mamá, qué!? ―una algo mareada Erza la miró con miedo.

Si mi única hija se va a casar será por lo alto ―sus ojos se ensañaron en Jellal―, y por supuesto serás tú quien pague todo, a excepción del vestido, claro, ese será mi regalo.

Mamá, eso no es necesario…

Le firmaré un cheque en blanco ―respondió Jellal sin inmutarse e Irene sonrió de tal forma que Jellal supo que tal vez debería preocuparse un poco.

Pero no lo hizo.

Ahora tenía a Erza y la aprobación de su madre.

Por más extraña que fuese.

Nos vemos mañana para las pruebas del vestido, Erza ―la mencionada ahogó un suspiro de fastidio aunque dentro de ella estaba algo emocionada, no podía evitar sentirse así al pensar en el vestido con el que se casaría con Jellal, pero más aún, al ver a su madre ser partícipe de su felicidad―. Y tú no olvides lo que hablamos en el restaurante, eso sigue estando en pie.

La voz fría le hizo saber a Jellal a que se refería Lady Irene así que asintió con seriedad antes de que ella cerrase la puerta.

Erza miró de Jellal a la puerta ahora cerrada pero decidió no preguntar.

Tal vez ese secreto entre ambos, fuese el que fuese, era el inició de una relación yerno-suegra saludable.

Ella era demasiado optimista.

Una amenaza de muerte no podía ser el inicio de una relación saludable.

Ahora solo falta poner la fecha… ―Jellal la bajó de sus brazos y de la mano la llevó junto al piano para colocarle de nuevo el anillo, depositando un beso en su dedo cuando el aro plateado estuvo en el lugar al que pertenecía.

Si mi madre se encargará de la boda tendrá que ser una fecha en varios meses ―Jellal rió.

Ya esperé bastante, puedo esperar un poco más ―le besó la frente y sus ojos se centraron en las cartas que Irene nunca mostró, como si sus manos cobraran vida propia las volteó.

Rey.

Jota.

Diez.

As.

Reina.

Todas de corazones.

Escalera real…

La mano más poderosa del póker.

Perdió a propósito… ―susurró Erza y no pudo evitar ni la sonrisa ni las lágrimas que se escaparon de sus ojos.

Tu madre te ama demasiado, Scarlet… ―respondió Jellal con un suspiro, definitivamente que el día en que le llegase a ganar a la madre de Erza estaba muy lejano.

Lo sé… ―sonrió ella con cariño― yo también confiaba en ella.

Su madre nunca se interpondría en su felicidad.

Ella siempre la protegería, hasta de sí misma…

.


.

Gracias por la amabilidad de leer y dejar review

Siguiente OS al llegar a 45 reviews

.


Aclaración:

Escalera simple: Es una mano de cartas formada por cinco naipes en orden númerico sucesivo (2, 3, 4, 5, 6 o 8, 7, 9, 10, J, etc) sin importar el palo de los naipes (Pueden ser treboles junto a corazones y demás) Jellal le ganó Irene aunque tenían la misma mano porque el desempate lo hace la carta más alta en la mesa, en el que caso de esta partida fue la reina de espadas (Obvio, alusión a Erza xD) que él tenía.

Póker: Para los que no jueguen póker les aclaro que la mano (el conjunto de cartas) de más puntos en el juego no es la llamada "Póker" (Irónicamente aunque así se llame el juego) que fue la que sacó Jellal al final.

Escalera Real: la mano más poderosa del juego. Es una mano de cinco cartas que incluya las cartas reales As, Rey, Reina, Jota y el diez (ya que al ser escalera debe de ir en orden númerico) todas esas cinco cartas deben ser de un mismo palo. (Todas corazones, o todas espadas, o etc)


Información de la Petitoria:

Solicitantes: Guest 1. Guest 2. Jerza 100. Mia.

Solicitud: En resumen, Irene siendo una madre sobreprotectora que le haga difícil a Jellal. En algunas de estas peticiones me pedían que fuese en canon o en el universo de Stone Age, pero eso no era posible, así que las mezclé en este AU. Espero no decepcionarles.


Rincón De La Escritora En Proceso:

Le he puesto este nombre al OS porque me he imaginado a Irene y Jellal usar las cartas al estilo Yugi Oh. xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD No sé, tal vez he usado demasiado salbutamol. xDDD

Y si se preguntan, sí. Irene se dejó ganar al ver la sonrisa (alegría) de Erza ante lo dicho por Jellal. Y eso, es canon... 7w7)r *corazones*

Irene es un pj que está en mi programa de protección a personajes, así que para ella hay mucho amor. O3O/

Gracias por el apoyo y gracias por leer.


Agradecimientos:

Adorables reviewistas con cuenta os respondo con PM:

RosseValderrey

MinSul6011

Artemisa Neko Chan

Banana Sama

Adorables reviewistas sin cuenta os respondo por acá:

Melany: xD Sinfonía lo tengo atrasado. :c Aunque este Jellal está menos problemático. 7w7)r Irene es un pj que se convirtió en uno de mis protegidos. QwQ Necesita y merece amor. Me alegra que más gente piense lo mismo. Me alegra que te gustase el lemon endulzado, no me gusta escribir lemon ácido. xDD Y bueno, para que se te recupere el corazón de no saber si estarían juntos, pues bueno, acá lo que pasó después. Espero te guste. NwN Saludos y gracias mil por leer.

Lia: Por suerte en el manga mis bebés están juntos otra vez, pero ya se viene más angst. xD Crucemos los dedos. Yo también creo que es el tipo de persona que toca el piano, no sé si recuerdo mal pero creo que en ERA había un piano. xD ASDFG Me hace feliz que sientas que capta la esencia del Jerza QwQ Aish! Muchas gracias. Y ¡Ay! ASDFGHJSDFGHJ de nuevo me haces feliz diciéndome lo del lemon, sé que ha muchos les gusta el lemon más explícito, pero a mí no. xD Gracias mil por el apoyo, y sí, tu petición está anotada. NwN Un beso.

Sun-Moon: xD Erza tal vez llevó un curso básico con Juvia, pero bueno, quien no espiaría a un ejemplar masculino como Jellal mientras toca el piano 7w7)r Me alegra que te gustase. :D Y en cuanto a tu petición. Está aceptada. NwN/ Gracias por el apoyo.

Guest: Sí, el manga ya termina. :c Un gran ciclo se cierra. Esperemos que todos tengan un final feliz. :D Me alegra que te guste como se comportó Jellal y el lemon, siempre es difícil escribir lemon y que no quede repetitivo. xD Un besazo y gracias mil por leer. NwN

Guest 1: Pues bueno, espero te haya gustado como quedó tu petición. Sin duda Irene es alguien difícil de ganar. Pobre Jellal. Gracias por confiarme tu pedido y de verdad espero te gustase. Un besazo. Gracias mil por leer.

Miranda: Me alegra mucho que te gustase tanto. *w* Me gustó mucho el análisis que hiciste. Los entendiste muy bien. QwQ Aish… Me emociona mucho. En cuanto a tu petición, está aceptada. NwN Espero te llegue a gustar cuando la escriba. Un beso y un gracias de corazón.

Guest 2: ¡Hola y gracias por leer! Espero te guste el nuevo Os. Saludos y muchas gracias. NwN/

.


.

Gracias por leer.

Adieu.

NwN/

.


.