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¡Un cap nuevo llega gracias a sus 15 reviews NwN!

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Antes de leer:

Este pedido viene en conjunto con varios que me han hecho desde hace muuucho (y en otros fics y por PM), además, puede parecerles con OOC, la razón es que es un Mystwalker/Edo-Jerza. Así que Jellal es un poco más decidido a la hora de redimirse y Erza un poco más cínica. Más abajo explicaré porque los veo de esa manera. Si aún así deciden que es OOC, me disculpo por adelantado, de verdad traté de retratarlos correctamente. U-U

Ojalá lo disfruten.

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Pedido de:

Zoe.

Guest 1.

Guest 2.

Mei.

Tray.

Otros.

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Disclaimer I: Fairy Tail no me pertenece. Pertenece a Hiro Mashima.

Disclaimer II: Aunque uso las ideas que me dejan en los reviews. La historia en su creación y ejecución es netamente de mi autoría.


Referencias De Lectura:

Diálogo.

«Pensamientos»

Narración.


Apostilla:

Género: Romance / Drama / Hurt-Comfort

Rated: T

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[°° Request 04 °°]

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° De Vuelta I °

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Lo menos que pensó fue verlo a él cuando levantó su vista del libro.

―Y bueno, esto es la sala de estar y cocina, tu cuarto es el de la izquierda ―el hombre rubio que lo trajo a él lo llevó del brazo por cada lugar que mencionaba―. ¿Qué más? Ah sí, hay un baño completo en cada habitación, el cuarto de lavado es por esa pequeña puerta de ahí, el cuarto de la derecha es el de ella. ¡No te acerques si quieres seguir vivo! Y el estudio es de ambos, hay dos escritorios, el más colorido y con flores obviamente es el mío y ahora tuyo. ¿Alguna pregunta?

―Yo…

―Oh, sí ―el rubio finalmente llevó al hombre al frente de donde la mujer de roja cabellera pretendía leer un libro de economía―. Ella es Erza Knightwalker… a partir de hoy es tu compañera de cuarto. Erza, él es Jellal, lo conocí hace unos meses en un seminario en Ishgar y ahora él ha venido a estudiar a Édolas y me lo topé a la salida del club ¿genial, no? ―el hombre anfitrión hablaba sin parar― Como no tiene apartamento aún es perfecto porque yo ocupó alquilar el mío. ¿Te dije que conseguiría un nuevo inquilino rápido, no? ―el hombre se pasó la mano por el cabello excesivamente peinado― Ah, también lo olvidaba, él es Jellal Fernandes ―Erza alzó una ceja aún sin levantar la vista del libro―, estudia también finanzas y administración ¿curioso no? Aunque está más adelantado que nosotros.

―Sugarboy… ―comenzó Jellal, ni en sus mejores sueños se imaginaría lo que estaba ocurriendo en ese momento, pero por la cara de Erza de seguro ella no lo había imaginado ni en sus peores pesadillas―. Creo que no…

―Parece que el nuevo inquilino quiere huir ―habló por primera vez la mujer, su tono ácido no le pasó desapercibido a ninguno de los dos―. Tal vez no es suficiente para un Fernandes ―la burla en su voz fue tan punzante que ambos sintieron como si una lanza se les hubiese clavado en las costillas.

―Erzy~ ―comenzó Sugarboy―, no lo trates así, de verdad ocupo alquilar mi habitación, me es difícil pagar ambos alquileres ahora que me pasé a vivir al otro…

―Si me vuelves a decir Erzy te voy a colgar de la terraza ―le recordó su usual amenaza y Sugarboy tragó grueso, una vez lo había hecho, ella no mentía cuando advertía―. Y solo digo lo evidente ―la mujer pelirroja miró al supuesto nuevo inquilino con una sonrisa ladeada―. Parece que Jellal Fernandes no quiere estar aquí, creo que preferiría estar en cualquier parte del mundo menos aquí ¿o me equivoco? ―La pregunta fue directamente al hombre que la miraba de una manera curiosa, aún para alguien lento de entendimiento como lo era Sugarboy.

―¿Ustedes se conocen? ―finalmente preguntó cuándo la mirada de ambos fija uno en el otro parecía ser la precursora de una comunicación mental.

―No ―dijo Erza.

―Sí ―dijo Jellal.

Erza lo fulminó con la mirada.

―Vaya… ―Sugarboy respiró hondo―. ¿Eran pareja?

―Sí ―respondió Jellal.

―¿Así que eso éramos? ―Erza rió de una manera que hizo a Sugarboy sentir todo el cuerpo empapado en sudor―. Curioso…

―Erza yo…

―Vete ―ordenó con un tono calmado al azulado que la veía de una manera que no le gustaba porque removía cosas que quiso matar dentro de ella pero ahora se daba cuenta que nunca pudo―. Yo conseguiré al inquilino, Sugarboy, y pagaré por tu cuarto hasta que lo consiga.

Por un momento, por un pequeño momento, Sugarboy pensó que estaría bien aceptar la oferta de ella, pero al ver lo obviamente incómoda que ella estaba por ese hombre, le hizo querer vengarse un poco por los años en que su amiga lo había tratado como un súbdito, así que, aunque él quería a su amiga, una que lo había ayudado ―a su fría y cortante manera― en más de una ocasión, decidió que ella merecía tener a alguien al lado que la pusiese de esa manera, un tanto vulnerable, un tanto intranquila, más humana y menos una destazadora y destructora de cosas bellas ―como su querida escultura de hadas que ella destruyó porque le parecía ridícula― así que Sugarboy recurrió a algo que toda amistad debe tener:

Un poquito de sadismo amistoso.

―Jellal… yo ―Sugarboy se volteó a él con una falsa pena en la mirada―, lo siento, pero…

―Entiendo, Sugarboy, no hay problema.

―Eres un gran hombre ―Sugarboy abrazó al joven de saco negro y camisa verde agua casual que lo miró extrañado por el acto y luego se dirigió a la puerta―. De verdad lamento dejarte con esta fierecilla salvaje. Espero que no te mate cruelmente…

―¡Oye, espera, Sugarboy…!

―¡Sugarboy, ya te dije qué…!

―Lo siento, él ya hizo el depósito. ¡No devoluciones! Las llaves están en tu chaqueta―le cerró el ojo a ambos y Jellal se dio cuenta que le había metido las llaves durante el extraño abrazo―. Prometo que si uno mata al otro no diré nada a la policía en contra de ninguno…

―¡Sugarboy, te voy a colgar de…!

―¡Yo ya no vivo contigo, Erzyyyyyyyyyyyyyyyyy~! ―fue lo último que gritó el rubio mientras corría por el pasillo y cruzaba los dedos para que el ascensor cerrara las puertas rápido por si Erza decidía perseguirlo.

Y luego, silencio.

O al menos por unos minutos.

―Yo… ―comenzó el azulado―, buscaré otro apartamento, de verdad no sabía que tú vivías aquí…

―Eso es obvio ―le interrumpió y Jellal le miró sin entender―, si hubieses sabido que yo estaba aquí jamás te hubieses acercado a este lugar. Supongo que escuchaste que me fui a otro país a estudiar, es una mala suerte para ti que decidiese quedarme un año más.

―Erza, no es así, por favor…

―Huye de nuevo si quieres, ya lo hiciste hace siete años ―las palabras de ella tenían tanto veneno y verdad que el azulado solo podía verla con dolor en su mirada―.Te devolveré el depósito, te haré más fácil alejarte de mí… otra vez…

―Erza…

―Deja la llave en la mesa, te haré un cheque ―sin darle oportunidad de hablar, la mujer rodeó el sofá en donde había estado sentada y se dirigió a su habitación, su mente estaba atribulada pero ni aún así se asemejaba al caos de latidos erráticos de su corazón.

Mucho menos cuando él la sujetó del brazo.

―No me iré ―la voz de él la detuvo con más precisión que su mano firme pero gentil en su brazo, su voz era tan parecida a la de antes, a la del joven que le susurró al oído que la amaba mientras ella le entregaba todo de sí misma, solo que ahora era más grave, y malditamente más aterciopelada―. No sabía que serías mi compañera de apartamento, pero si volví a Édolas fue para buscarte…

―¡Ja! ―de sus labios salió el sonido de burla y su brazo se apartó de sus dedos con un movimiento―. ¿Después de siete años? La yo de diecisiete años estaría encantada, pero ya no soy esa. Si quieres disculparte por hacerme creer… ―Erza tragó grueso porque no quería derrumbarse, nunca creyó volver a verlo pero su mente siempre practicó todo lo que le diría si alguna vez lo volvía a ver, lo discutió y recitó de memoria mientras abrazaba su almohada favorita con fuerza para desquitar la rabia que las lágrimas que brotaban en sus ojos no lograban limpiar de dentro de su alma―, por hacerme creer todo aquello que me dijiste, todas esas mentiras… ahórratelo, no lo necesito, estás actuando como un imbécil egoísta.

Jellal apretó su puño.

Siempre se había sentido una basura por haberla tenido que dejar, pero ahora verla en ese estado lo empeoraba, conteniendo lágrimas y diciendo cosas crueles como si de verdad fuese esa persona fría y venenosa que aparentaba ser porque de esa manera había lidiado con el dolor que él le había causado.

Él había destruido a la verdadera Erza.

No tenía derecho a volver por ella.

En medio del silencio de ambos un rayo dio el aviso que luego el trueno y la lluvia confirmaron, el clima siempre cambiante de finales de primavera se hacía presente con sus fuertes ráfagas y precipitaciones casi tormentosas.

Parecía un perfecto fondo para ellos dos.

―De verdad lo siento ―un rayo iluminó más la habitación―, de verdad…. ―Jellal respiró hondo―. Si mi presencia solo te daña, me iré. No quiero hacerte daño, nunca fue mi intensión hacerlo… ―Jellal sacó las llaves de su saco y las colocó en la mesa en medio del sofá y la televisión, el cling del metal contra el vidrio se sintió más poderoso que el sonido de los truenos tras la ventana e hizo temblar los hombros de ella―. No te preocupes por el depósito, puedes dejarlo con el casero, lo recogeré otro día cuando no estés.

Jellal observó como ella seguía mirando el suelo, intentando contener las lágrimas y las demás palabras que quería decirle y que él sabía que merecía, pero, cuando ella habló Jellal descubrió que la Erza que él dejó siete años atrás aún existía.

Quédate ―soltó con voz rasposa para luego enderezarse y mirarlo con una expresión fría que no lograba enmascarar del todo el tumulto de emociones que era por dentro―. No puedes salir con este clima.

―Es solo lluvia, no es…

―No quiero tener en mi conciencia cualquier accidente que pueda pasarte ―le cortó―. Atrasa tu huida al menos hasta que escampe. Yo me iré a dormir para hacer que tu escape sea más fácil ―su sonrisa ladeada y afilada volvió a su ahora más hermoso rostro―, justo como aquel día…

Sin dejarlo decir más, Erza se encerró en la habitación.

Jellal miró la puerta cerrada por un largo rato.

Él había dicho que no huiría más, por eso había vuelto.

…Tal vez debería ser fiel a su resolución, y a él mismo…

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[ J & E ]

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Cuando salió de la habitación ni siquiera sabía qué hora era.

Mucho menos sabía que él seguía ahí.

―Buenos días ―le saludó el azulado con una sonrisa nerviosa pero no por eso menos brillante, si de algo estaba segura Erza Knightwalker era que esos siete años lo habían hecho odiosamente más atractivo, ya no era el Jellal guapo de diecisiete años, no, ahora era un hombre de veinticuatro años, más alto, fornido, atlético y con un hermoso rostro cincelado que solo enaltecía el ser poseedor de ese hermoso hoyuelo que de adolescente la hizo tartamudear como tonta muchas veces.

Pero ya no era así.

―¿Qué haces aquí todavía? ―señaló con la cabeza a la ventana en donde el sol se veía brillante, aprovechó que la vista de él se aposentó en la ventana para acomodarse un poco su propio cabello a pesar de saber que no debería importar que él la viese desarreglada.

―Aquí vivo ―le contestó con una sonrisa más radiante que la anterior.

―¡Cl-claro que no!

«¡Maldita sea!» se regañó ella, había tartamudeado al ver el hoyuelo en su mejilla.

Aún era una tonta.

―Claro que sí ―esta vez fue el quien le señaló algo con la barbilla―. Hoy el casero me dio el contrato. Ya está firmado, esa es...

Erza tomó el papel y lo rompió.

―…una copia ―le sonrió él de nuevo, esta vez una de sus comisuras se elevó más que la otra―. Le pedí a él que le sacará una copia y escondí el original. ¿Desayunarás?

―Dijiste que te irías ―continuó avergonzada al darse cuenta que él previó su accionar― ¿Puedes alguna vez cumplir lo que prometes? ―espetó tratando de calmarse.

―Y estoy cumpliendo lo que prometí ―se sentó de espaldas a ella en uno de los banquillos del pequeño desayunador que dividían la cocina y la sala―. Te prometí que volvería, y me prometí a mí mismo que te explicaría porque tuve que irme.

―Jellal, solo lárgate…

―Ya firmé el contrato.

―¿Con tu apellido falso? ―le miró con sorna―. Tu apellido no es Fernandes.

―Si lo es ahora, era el apellido de soltera de mi madre. Me lo cambié hace cinco años.

―¿Cinco años? ―Erza alzó una ceja―. Oh, claro, recuerdo algo de hace cinco años. Fue cuando allanaron mi casa a causa de tu padre. Fue hermoso ver salir a mis padres esposados de nuestra casa… ―Jellal bajó la mirada.

―Lamento que mi padre los involucrara…

―Hasta donde tengo entendido fue a causa tuya que pasó ¿Me equivoco?

―¿Eso fue lo que les dijo mi padre? ―el azulado se levantó del desayunador para observarla de frente.

―Que su hijo se había ido y que decidió hundir sus negocios por venganza ¿hay alguna mentira en eso? Porque hasta donde yo sé…

―¿Y quieres saberlo? ―Jellal la interrumpió―. Porque te puedo contar la verdad de eso que crees saber.

―¿Y piensas que te creeré? ―su tono burlón lo hirió pero no se quejó, de cierta manera sabía que se lo merecía.

―Sé que no ―respondió respirando hondo y calmándose un poco―. Por eso tengo pruebas para que lo compruebes.

―¿Pruebas, eh? ―negó con la cabeza―. No me interesan.

―Erza…

―Si no te quieres ir de aquí me iré yo ―lo cortó, su mirada fría tomando su expresión por completo―. No estoy interesada ni en tus disculpas ni en tus pruebas.

―Bien ―Jellal se levantó de la silla, se bebió la media taza de café que le quedaba y tomó una tostada del plato frente a la taza ahora vacía que había depositado en cuanto se tragó su contenido―. Si quieres ser tú quien huya ahora, hazlo. Adelante.

Erza le miró incrédula.

¿Cómo se atrevía a decirle tal cosa?

Justamente él quien la dejó hacía años.

¡Él, quien huyó de ella!

―¡Yo no soy como tú! ―lo dijo casi asqueada y Jellal se aguantó el dolor que sintió por eso.

―No, no lo eres. Siempre has sido mejor que yo ―mordió la tostada y se dirigió a la que ahora era su habitación, sus maletas aún no habían llegado pero eso no le impedía que fuese su refugio mientras esperaba que el temperamento siempre aguerrido de Erza Knightwalker se templase lo suficiente para volver a pedir una oportunidad―, pero si te vas ahora sin escuchar lo que tengo que decir, estarás huyendo, huyendo de mí, escapando de nuestro pasado, escondiéndote de las pruebas que dices que no te importan. Si quieres ser como yo, adelante, huye. No te juzgaré, yo menos que nadie tengo ese derecho.

Ella intentó hablar pero no pudo, sabía que él tenía razón.

―Tu desayuno está en el microondas. Hoy no saldré de la casa, si quieres hablarme, solo toca la puerta ―sin decir más, Jellal cerró la puerta de su habitación.

Erza apretó los puños.

―Como si fuese a comer algo preparado por ti… ―susurró con desprecio y como una tempestad entró a su propio cuarto y dio un portazo.

Ella no era como él.

Ella no huía.

…Se lo demostraría…

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[ J & E ]

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Llevaban una semana viviendo juntos.

Una semana y solo habían hablado dos veces luego de esa mañana.

Sus conversaciones se resumían en:

"Etiqueta tu comida y ponla del lado izquierdo de la refrigeradora."

Y

"Si te atreves a entrar a mi habitación cada cuchillo en la cocina te lo clavaré en la entrepierna."

Y eso era todo.

Erza no se había ido pero no estaba dispuesta a escucharle, y él, no deseaba forzarla, así que decidió tener paciencia, así como ella tuvo que aguantar siete años para que él le diese explicaciones, él se iba a aguantar lo necesario para dárselas.

Aunque fuese difícil.

―Erza… ―aunque no quería forzarla a hablar no podía evitar lo que le iba a decir―, ¿po-podrías cubrirte un poco…? ―obligando a su mirada a ver hacia otro sitio mientras ella pasaba de la cocina a la sala en pantaloncillos cortos y un top deportivo, preguntó.

―¿Nunca has visto un cuerpo humano?

―Erza, he visto muchos cuerpos humanos, en cientos de libros, televisión y demás, pero…

―¿Pero te molesta ver el mío?

―Molestar no es para nada la palabra. De eso puedes estar segura.

―¿Ah, no? ―su sonrisa sádica él no la vio porque se negaba a deleitarse observándola― ¿Entonces que palabra usarías?

―Si te la digo me clavarás los cuchillos de cocina. ¿De verdad quieres saberla?

―Eres un pervertido ―chistó ella. En realidad no quería saberla porque viniendo de él sabía que la afectaría de alguna manera.

―Es debatible quien es el verdadero pervertido, tú eres quien sale a la calle y se pasea por la casa medio desnuda. ¿Hacías esto cuando Sugarboy vivía aquí? ―preguntó con más interés del que quería mostrar.

―Sí, es mi ropa de Pilates ¿algún problema con eso?

―Apuesto que Sugarboy sí tenía problemas ―Jellal evadió la respuesta directa, porque sabía que él no tenía ningún derecho sobre como Erza se dejaba ver por los demás o como los demás podían verla.

No tenía derecho a esa punzada llamada celos.

―¿Por qué? ―Erza se sentó junto a él en el sofá y Jellal no pudo evitar voltearse a ella, era curioso que la conversación más larga hasta ahora hubiese iniciado por algo tan trivial como ropa deportiva reveladora que sinceramente le quedaba como un guante―. Sugarboy es gay, si me miraba algo seguramente era por envidia. ¿O piensas que él me veía de alguna otra manera? ¿Cómo me estás viendo tú?

―Sugarboy no es gay ―respondió la pregunta menos peligrosa, si le decía como la estaba viendo se arriesgaba a una muerte segura, aunque no podía culparse realmente por ello, Erza era una mujer demasiado atractiva.

Erza elevó la comisura de su boca con burla.

―¿No me digas que durmió contigo en ese seminario en que se conocieron y te observó por completo en esas duchas de hombres? ―las mejillas de Jellal se tiñeron de rojo―. ¿Acaso te dio una nalgada de amistad o algo parecido? ―no tuvo necesidad de respuesta para descubrir que había sido así― ¡Oh, es verdad! ¡Él me habló de un compañero con el que terminó compartiendo cama en ese seminario! Así que fuiste tú. ¿Te tocó por error mientras dormías?

―Haces esto solo para divertirme.

Erza negó.

―Sugarboy se fue de aquí para vivir con su novio, Hughes.

―Mientes, lo vi la noche antes de que me trajera aquí y estaba con una mujer ―rebatió con un gesto victorioso en la mirada.

―Que tuviese vestido no significa que fuese mujer. ¿En qué época vives? ―Erza le devolvió la mirada―. ¿Lo viste frente al club de la calle cinco? ―Jellal asintió―. Tal vez quieras echarle un vistazo a la descripción de ese bar ―dejándolo con la duda la mujer se levantó del sofá y esta vez Jellal no pudo evitar que su mirada vagase por cada curva que Erza había cosechado a través de los años.

Ella era aún más hermosa que antes.

Aunque su cabello escarlata ahora fuese corto y apenas rozase sus hombros, ella seguía manteniendo su belleza juvenil, sus ojos decididos e inteligentes, sus sonrisas que le quitaban el aliento, sus gestos cuando se fastidiaba o se empeñaba en algo, el lunar en su cuello que el adoraba besar para hacerla reír y a veces más que eso, cada año en que estuvo lejos de ella solo realzó cada una de las cosas que él había amado de ella.

Suspiró.

No era el momento de dejarse llevar por sus deseos románticos.

―Ni siquiera te quiere como amigo ―se regañó a sí mismo con un murmullo ahora que ella se había encerrado en su habitación―, no mereces ni que te hable ―terminó su monólogo y tomó su móvil, colocó la dirección del bar en el buscador y de inmediato la información y la foto del bar en que había encontrado a Sugarboy salió en su pantalla―. La Avispa… ―leyó―. Bar gay con show de drag-queens en vivo… ―Jellal bajó por la información de las mencionadas participantes y observó a la que creyó la novia de Sugarboy―. Oh…

Erza había dicho la verdad.

Y si lo pensaba bien, el que le gustase que le llamasen Sugarboy y no por su verdadero nombre debió de haber sido la única pista que necesitó para saberlo.

Ahora las miradas que le dirigió en aquella habitación cobraban más sentido.

Aunque Erza si se equivocaba en una cosa.

…Ellos nunca compartieron una cama…

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[ J & E ]

Dos semanas y tres días más pasaron.

Sus conversaciones no habían mejorado, especialmente porque el semestre había comenzado y ninguno de los dos pasaba mucho tiempo en casa, aparte, él había tomado un turno de medio tiempo en una librería cercana y Erza trabajaba desde la casa con la computadora, o más bien dicho, desde su habitación completamente cerrada.

Nada había avanzado.

Pero él seguía paciente.

Era una de sus más grandes virtudes.

―¿Saldrás? ―le preguntó al verla ponerse una bufanda, era de un hermoso color verde que complementaba a la perfección el color de su cabello, le recordaba un poco a la que él le había regalado años atrás «¿aún la tendrá?» negó para sí, de seguro la había botado junto con todos sus recuerdos en conjunto―. Es un poco tarde ―el reloj marcaba pasadas las diez de la noche y aunque vivían en una zona relativamente segura no podía evitar preocuparse.

Erza no respondió y salió sin más preámbulo.

Jellal soltó un suspiro, se colocó su abrigo largo que estaba colgado en un perchero de pared cerca de la puerta y salió de la casa luego de asegurarse de que llevaba llaves, cuando entró al ascensor Erza lo miró de mala manera pero no dijo nada, lo que lo hizo respirar algo aliviado, sin embargo el silencio no duró mucho en ella cuando luego de una cuadra y media él seguía caminando a su lado.

―¿Se puede saber a dónde vas? ―molesta preguntó pero continuó caminando.

Jellal no respondió.

―¿Te pregunté qué hacia dónde vas? ―repitió la pregunta, se detuvo y se cruzó los brazos bajo el pecho.

―Yo te pregunté lo mismo y no me respondiste, así que supongo que yo puedo hacer lo mismo. A menos que me quieras decir y no me quede más que devolver la cortesía.

«¡Maldito hombre pasivo-agresivo!»

Erza cerró los ojos para no perder la calma.

―Voy al 24/7. Ahora responde.

―¡Qué casualidad…! ―respondió él y Erza se llevó una mano a la frente en frustración, por supuesto que él iba a decir eso.

―Puedo cuidarme sola.

―Lo sé ―Jellal continuó caminando, ahora que sabía su destino no necesitaba irritarla yendo a su lado.

Aunque le habría gustado hacerlo.

Llegó antes que ella al lugar y fingió comprar cosas mientras ella iba a la zona de papelería, al vivir en una zona con alta oferta escolar, colegial y universitaria, los supermercados como ese estaban dotados de casi cualquier cosa que un estudiante necesitaría para sus trabajos, la observó tomar un paquete de hojas blancas y un par de folders simples antes de ir a la caja a pagar, probablemente se había quedado sin papel para imprimir algún trabajo, aunque sus carreras eran iguales no chocaban en ninguna clase porque Jellal estaba bastante más adelantado.

―Yo tenía hojas en la casa ―le dijo cuando ella cuando salió por la puerta automática.

―No necesito de tu ayuda.

―Lo sé ―repitió su respuesta anterior.

Caminaron en silencio, esta vez Jellal unos cuantos pasos atrás, por eso, cuando las gotas de lluvia empezaron a caer fue capaz de sorprenderla cuando le puso encima de la cabeza su abrigo largo.

―¿Qué diablos haces? ―le reclamó ella al verlo.

―Tiene forro impermeable, cubre lo que compraste ―Erza parpadeó confundida y luego ―de mala gana―, cubrió todo con el abrigo.

―Corre ―le dijo tomándola de la mano y ella no pudo evitar seguirlo.

Y entonces corrieron juntos.

Erza no supo porque de pronto estaba sonriendo mientras sus pulmones se estiraban y estrechaban a causa del ejercicio, mientras gotas de agua fría caían sobre las partes de su cuerpo que el cálido abrigo que olía a Jellal no cubría, o mientras escuchaba las pisadas de Jellal junto a ella y sentía su mano envolver la suya con seguridad.

No sabía porque, pero no lo había podido evitar.

Como tampoco pudo evitar decirle las gracias con total sinceridad cuando llegaron empapados al calor del apartamento y le devolvió el abrigo que había protegido sus cosas.

No sabía porque, pero ver el bochorno de él al recibir la gratitud por su gesto desinteresado le hizo sentir bien y sonreír más.

O tal vez sí lo sabía.

…Pero quería ahogar ese sentimiento que luchaba por resurgir en ella…

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¿Comentarios?

Siguiente pedido hasta los 60 reviews

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Aclaraciones:

Mystogan: Ambas versiones comparten la gentileza y el exceso de culpa y responsabilidad que cargan, sin embargo Mystogan no estaba tan hundido en su culpa, por tanto de vez en cuando actuaba con más frescura de carácter, como cuando se come las manzanas en la casa de Porlyusika, o no tiene problema en dejar su punto de vista claro de manera clara y cortante, como cuando Porlyusika le pregunta que donde estuvo mientras se daba la crisis con Phantom Lord y él solo lanza las banderas de las sucursales que el había destruido por sí mismo sin decir nada más.

Knightwalker: Durante su batalla en Édolas, Scarlet le dejó claro a Knightwalker que ellas, interiormente eran las mismas, sin embargo, el crecer con diferentes influencias alrededor las habían hecho ser un tanto diferentes, Scarlet creció rodeada de la bondad de su gremio, Knightwalker creció bajó la ambición de un Rey egoísta, ambos creyendo que esa persona que les extendió la mano representaban una justicia y dando todo por sus causas, Knightwalker terminó siendo cínica y fría porque así lograba su objetivo de manera más eficiente.

Sugar/Hughes: ¿No eran gays en Édolas? xD A mí me parece que sí. En ellos si puede que haya OOC sin justificación alguna. xDDD

La Avispa: Es un bar gay y de shows de transformistas muy conocido en mi país.


Información De La Petitoria:

Solicitante: Zoe. Guest 1. Guest 2. Mei. Tray. Otros.

Solicitud: Jellal se muda prometiendo regresar, pero no lo hace. Erza crece y se muda para estudiar y terminan en el mismo apartamento. Jellal intenta recuperar su relación pero Erza es muy terca y no se lo pone fácil.

Bonus: Hacer a Jellal un poco celoso. Que aparezca Sugarboy.

Notas: Cambié un poquitín el plot para hacerlo calzar mejor con mi visión del Mystwalker. Jellal celoso no me sale fácil porque lo considero muy maduro y seguro de Erza como para celarla. xD


Rincón De La Escritora En Proceso:

Chan Chan Chan… ¿Qué pasó aquí? D: En realidad decidí hacer dos caps de este pedido. Luego subiré el segundo y final. xD Lo siento, si no lo dividía quedaba gigante porque aún hay otro prompt que debo añadir de una petición muy vieja. 7w7)r Me pone nerviosa este cap, intenté drama pero no es un género en el que me sienta confiada. xD

Gracias mil por leer. NwN/


Agradecimientos:

A vosotros adorables reviewistas con cuenta os respondo por PM:

Artemisa Neko Chan

MinSul6011

Lady Werempire

Bluewater14

Indigoooo

Kzygbae

Banana Sama

A vosotros adorables reviewistas sin cuenta os respondo por acá:

Hoshi: ¡Hola, preciosa! Me alegra que te gustase el OS de Irene sobreprotectora, sin duda ella se dejaría ganar con tal de verla feliz. QwQ Ella era una buena mujer. Lamento confundirte con lo del juego de cartas, traté que fuese lo más simple posible. U-U Con lo de Heterochrmia Iridum no creo que pueda complacerte, pero el libro es muy buena y te recomiendo mil que lo leas (Graceling) y sus otros dos libros que lo complementan (Fuego y Bitterblue). *w* Creéme, si te gustó mi fic, amarás los libros. :D Tu pedido está apuntado y ASDFGSDFG Me alegra porque quería escribir de eso. xDDD Un besazo y gracias mil por leer. NwN/

Melany: ASDFGHJSDFGH Me dices que he mejorado y me sonrojo, muchas gracias por la observación. *w* Jellal haría todo por Erza, hasta matarse junto a un dragón malvado. xD No, ellos no tenían la boda arreglada porque no le habían dicho a Irene, y no se preocupaban por los arreglos, porque como dijo Jellal, Erza no le gustaba lo ostentoso y la boda sería sencilla. U-U Aunque te aseguro que si tuviesen los planes de boda en ese momento, a Lady Irene no le importaría desecharlos para crear su visión de gran boda. xDDD Me alegra que te gustase. Un besazo y mil gracias por leer. NwN/

Guest: De nada. Me alegra que te gustase. *w* Me hace feliz. Un beso y un saludo.

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Gracias de corazón por leer.

Gracias mil por comentar.

¡Adieu!

NwN/

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