4.- Soy un jodido héroe.


Héroe, al final de todo resulte ser un jodido héroe, un Slytherin cubierto de la gloria que normalmente recibe un Gryffindor. Uno se puede acostumbrar fácilmente a esto. Harry sigue con la rutina de venir a diario a verme, algunas veces Minerva viene con él.

Es curioso como intentan, quizás, compensar el haber pensado en mí como una rata traidora y me ayudan con la dichosa rehabilitación. Pronto los sanadores empezarán a darme algunas pociones sanadoras más específicas para recuperar movilidad. Y no sé quién es su pocionista, pero es malo para tapar el sabor de las pociones. Saben horrible, tanto como esas grageas de sabores incomibles que me han mandado casi a diario entre los obsequios.

He tenido que reducir los regalos cada día, son tantos que ya no cabían ni en tres mesas. Entre las noticias que me han dado los sanadores es que, dentro de un mes, o menos; podre irme y terminar mi recuperación en casa. Siempre y cuando haya alguien conmigo todo el tiempo para que me cuide otro par de meses. No tengo ni que preguntar; Potter, es decir, Harry, se ha ofrecido cortésmente a ser mi "cuidador". Y con una ¿emocionada? Minerva diciendo que ella también desea cuidarme algunas veces, siempre que pueda y yo se lo permita, Merlín, todo esto está resultando divertido para mí.

Al parecer hoy también podré recibir más visitas, las habían limitado a dos personas por si tenía alguna recaída por el estrés, pero después de que pasará una semana sin contratiempos, autorizaron más visitas, pero aún no dejan que entre la prensa. Lo cual agradezco infinitamente, no me veo a mi mismo escribiendo tan rápido ante los impertinentes reporteros del profeta. Sí, aún tengo prohibido hablar, el sanador dice que tendré que esperar más tiempo si no quiero dañar mis cuerdas vocales que en este momento están regenerándose.

Entre las primeras visitas que recibo están Molly y Arthur Weasley. ¿Porque todos tiemblan? Ya sé que creían que era un sucio mortifago, pero sabía perfectamente que me ganaría el odio de todos al interpretar ese papel, deberían tener más confianza de que no les lanzare un crucio si no lo hice mientras interpretaba mi papel.

-¿Severus? ¿Podemos pasar? Dice primero Molly, con una cara de vergüenza, yo solo me limito a decirles que sí con un ademán.

-Arthur y yo, queríamos... disculparnos Severus. Debimos confiar en ti. Pero Dumbledore había muerto, no sabíamos de la promesa que te hizo hacer y... pensamos lo peor de ti. Y luego de la batalla, nos enteramos de todo. Nos da mucha vergüenza verte a los ojos en este momento.

¡Ah! Cuanto me habría gustado ser cortante y decirles que se largarán. Pero sabía que fue muy duro para ellos venir a disculparse, además de que ya habían sufrido bastantes pérdidas a causa de Voldemort. Incluyendo a su hijo. No, prometí, o más bien fui arrastrado a, no ser tan maldito con los demás.

"No te preocupes, estamos bien" escribí rápidamente. Al menos tuvieron el suficiente control para no intentar abrazarme, o quizás Harry ya les había dicho sobre mi total desagrado por los abrazos.

-Por cierto, tenemos un par de obsequios para ti. Ese fue Arthur que por fin pudo hablar, mientras me entregaba un paquete envuelto en papel verde botella y otro envuelto en papel carmesí. El primero era un suéter, UN SUÉTER, con una enorme S en color plata y el resto de la prenda en color verde obscuro.

-Solemos regalarlo a nuestros amigos y familia en Navidad, y notamos que nunca te regalamos uno. El otro obsequio es de parte de los niños, ellos están ayudando a reconstruir el castillo, pero te visitarán el fin de semana. Esta vez fue Molly quien contestaba mi pregunta silenciosa.

¡Genial! Más Weasleys y esos no eran tan "contenidos" como sus padres. De todos modos, abrí el segundo obsequio. Un... ¡murciélago de peluche con una bufanda de Slytherin! Y una nota que decía "Para nuestro murciélago favorito de las mazmorras, George, Percy, Ron y Ginny". Sospecho que la idea provino de George. Al parecer el peluche ese tenía un encantamiento que hacía que volara por la habitación como lo haría uno de verdad, pero se posaba en mi hombro con solo indicárselo con la mano. ¿Es que acaso todos habían mejorado mucho en sus encantamientos o yo había sido muy exigente con ellos? Otra vez esos pensamientos. Quizás sea mejor que me acostumbre, no parece que vayan a dejarme tranquilo.

-Severus, te dejamos, hay más gente que quiere visitarte. Y salieron despidiéndose con la mano. La siguiente visita fue un ya-no-tan-tartamudo Neville Longbottom, que también me trajo un obsequio, y debo decir que fue el mejor de todos los que había recibido hasta ahorita, un paquete lleno de frascos de extractos y hojas secas de plantas que el propio Neville cultivo: mandrágora, tentácula venenosa, lazo del diablo, etc., etc. Había quizás más de 200 botellas. Además, hizo un encantamiento expansor soberbio en la caja, definitivamente mis ex-alumnos habían mejorado mucho.

"50 puntos para Gryffindor, señor Longbottom" escribí para el adolescente que por primera vez me sonrió sin que fuera una risa nerviosa. En seguida llegaron más Gryffindor, ¿Que tenía esa casa conmigo? Algunos "Que se mejore profe", "Usted era mi profesor favorito" y el mejor que había oído hasta ahora "Cuando crezca, quiero ser como usted", ese si no lo vi venir.

La última visita del día fue una distraída Luna Lovegood. "Me gusto tu libro de recortes" escribí para ella mientras le dedicaba una sonrisa. Ella me miró fijamente mientras me decía:

-¿Le dolió morir profesor?

¡Rayos! Esta chica siempre parecía estar en su propio mundo y luego te lanzaba preguntas que esperarías de alguien mayor. "No Luna, solo sentí frío y luego nada". Es lo más que pude contestarle sin llorar un poco por lo que había visto del otro lado, o lo poco que me dejaron ver.

-Entiendo, espero que la mamá de Harry lo recibiera.

¡Demonios! está niña es algo insólito. "¿Por qué dices eso?" escribí en respuesta.

-Porque usted la amaba, es por eso que siempre cuido de Harry, así que, si yo fuera la mamá de Harry, querría agradecer en persona a quien protegió a mi hijo.

¡Gasp! Definitivamente es de tener cuidado esta niña. "Sí Luna, la mamá de Harry me recibió y me dijo que debía regresar". Al fin podía contárselo a alguien que podría entenderlo, aunque ese alguien fuera una chiquilla rubia despistada de ojos azules.

-Supongo que aún no era su tiempo profesor. Me tengo que ir, que descanse.

Y se acercó a mi depositando un suave beso en mi mejilla y sin decir nada se fue. Dejándome en, francamente, un estado de estupefacción máximo. Ella era rara, y mucho, demasiado soñadora, un alma muy vieja a veces, pero decididamente muy sincera en lo que quería expresar. Fue un beso amistoso lejos de culpa o vergüenza, con una sinceridad admirable, dejándome en claro, que ella jamás dudo de que fuera uno de los "buenos".

El resto de la semana paso en una rutina, Harry venia por las mañanas a verme, ayudarme con la rehabilitación y a que yo empezará a caminar, permanecía en silencio mientras yo desayunaba y luego se despedía dejando un pequeño ramo de lirios en el jarrón de mi mesa de noche. Poco antes del mediodía, venía Minerva a decirme cómo iba la reconstrucción de la escuela y me contaba algunas noticias del profeta, si ya habían capturado a algún otro mortifago, y como iba el juicio de la familia Malfoy, al parecer, saldrían libres bajo palabra por haber desertado antes del enfrentamiento de Harry y Voldemort. Se iba alrededor de la 1, mientras con la varita reducía los regalos de la mesa que ya había abierto y me aseguraba que los llevaría a mis habitaciones en el castillo. No proteste.

El resto del día eran visitas de ex-alumnos, curiosamente de todas las casas, excepto Slytherin. Los Hufflepuff se dedicaba a traerme dulces, pasteles y guisados de todos los tipos, cosa que no fue bien vista por los sanadores pero que al final no pudieron evitar.

Los Ravenclaw me traían libros, y no solo libros del mundo mágico, también de los muggles, había tantas cosas que desconocía de ellos, eran libros de teorías que ellos hacían sobre cómo funcionaba su mundo, era realmente fascinante ver que eran muy inteligentes y creativos. Definitivamente tendría que ver algunos de esos artilugios que describían los libros en cuanto pudiera salir solo.

Los Gryffindor traían variedad de artículos, desde bufandas, guantes, peluches, más flores, calderos y un regalo muy útil de parte de Hermione Granger. Una manta mágica que se calentaba a la temperatura ideal para el clima.

El fin de semana, recibí la temida visita de los Weasley menores, que en cuanto entraron se acostaron en mi cama, rodeándome y dándome besos en las mejillas mientras los miraba aterrorizado. Todos ellos rompieron a reír, mientras se calmaban y aparecían unas sillas, dejándome reponer de la impresión. "100 puntos menos para Gryffindor" escribí pálido de la impresión anterior.

-Te dije que se espantaría, págame Ron. Dijo George Weasley, mientras el pelirrojo menor sacaba su paga.

Después de esa "entrada", el resto de su visita fue tranquila y bastante agradable para mi asombro. No se pusieron a llorar ni a pedir disculpas suplicantes como los adultos. Se limitaron a darse codazos mientras decían "¡Ah, sí, lo sentimos!" Y después de un par de horas de charla intrascendente, se fueron despidiendo uno a uno con un apretón de manos.

"Por cierto, me gusto su regalo" escribí antes de que terminarán de marcharse.

-No hay de que profesor. Eso vino de Ginny.

En una semana más, tendría que volver a mi hogar, con Harry como mi cuidador. Me prometí a mí mismo que no le lanzaría crucios, ya no lo veía como el retrato de James Potter, pero aún no me hacía a la idea de que el chico me necesitará ni porque precisamente yo. Al parecer, sea quien sea que gobernará el reino de la muerte, tenía el mismo estilo que Dumbledore para darte una tarea que se antojaba gigantesca con una mísera porción de información.