05.- Hogar "dulce" hogar


Por fin. El día había llegado. Volvería a mi casa. Harry y Minerva llegaron 30 minutos antes de lo que habían quedado y empezaron a llevarse el resto de mis pertenencias a mi casa por la red Flu. Ya podía vestirme solo, pero aún requería ayuda para caminar, ya no tanta. A pesar de que estaba feliz de volver a mis "dominios", no dejaba de sentir una sensación de ligera tristeza de dejar la rutina que ya había adquirido. El sanador a cargo de mi caso entro en esos momentos para darme las indicaciones del tratamiento en casa.

—Buenos días señor Snape. El día de hoy ya está autorizado a terminar su recuperación en casa, me han dicho que usted es un excelente pocionista así que solo le daré pociones como para dos semanas y sus horarios, en ese tiempo ya habrá recuperado la mayor parte de su movilidad, pero no su voz, para eso serán las pociones de la siguiente lista que usted deberá realizar, pensamos que mantenerlo ocupado ayudará a su recuperación. No podrá beber alcohol durante dos meses y debe mantener la magia, incluso la no verbal; al mínimo posible. Si tiene alguna duda, no dude en mandarnos una lechuza. No lo entretengo, sus amigos ya deben estar por llegar. Que se mejore señor Snape—.

Como siempre, diciendo su "discurso" de un tirón. No creo que fuera a extrañar al sanador, pero definitivamente él también se había vuelto parte de mi rutina, quizás si lo fuera a extrañar, aunque solo fuera por lo irritante que me resultaba a veces. Harry y Minerva llegaron y entre los dos me llevaron a la chimenea para llegar a mi casa. Escribí la dirección con la varita para que cualquiera de ellos pudiera decir la dirección al echar los polvos Flu. Luego de una llamarada verde llegamos a mi "casa".

¡Tendría que haber sospechado esto! La Orden del Fénix en pleno, Los niños Weasley y ¿Draco Malfoy? en mi sala, con una pancarta de "Bienvenido a casa profesor" con los colores de Slytherin, todos tratando de abrazarme y diciéndome los clásicos "Bienvenido" y "Recupérate pronto". Al menos limitaron sus abrazos a un segundo máximo, el señor Malfoy se limitó a asentir con la cabeza, sin decir nada y tratando de minimizar su presencia, mientras la señora Weasley (aun no puedo acostumbrarme a llamarle Molly) repartía bebidas y bocadillos a todos los presentes e insistía en darme de comer una bandeja entera para mí solo.

Después de una hora que se me hizo eterna, la comitiva empezó a irse y pude notar que había cajas enteras de cartas en los bordes de la sala y muchos paquetes. Suspiré, supuse y sin temor a equivocarme que, de alguna forma, mi recién formado "ejército de admiradores" habría dado con la dirección de mi casa, y seguirían en su rutina de enviarme tarjetas y presentes. Al menos una cosa de mi recién adquirida rutina no había cambiado.

Las siguientes semanas se instaló otra rutina, Harry venía en las mañanas a primera hora, cocinaba el desayuno y comíamos juntos en silencio, en mi caso era evidente por qué, pero no sabía por qué el chico era tan callado por momentos. Sin embargo, lo deje en paz, nadie mejor que yo entendía que a veces uno no quiere decir nada. Después me ayudaba a limpiar la casa de modo muggle y luego me ayudaba con el descuidado jardín, desde que el señor tenebroso había tomado el control del ministerio y me había colocado como "director" de Hogwarts, no había vuelto a mi casa, ni a mi jardín. Así que no me sorprendió la propuesta del pelinegro al tercer día.

—¿Profesor? Si gusta, Neville podría venir a ayudarnos con el jardín, a él le encantan las plantas y algunas de estas quizás requieran un "cuidado especial"—.

Supuse que se refería a las plantas para pociones que cultivaba a veces. Escribí rápidamente "De acuerdo, pero que no ensucie de tierra la sala" mientras lo miraba con mi tan conocido gesto de "No me molestes más de la cuenta Potter", me agradaba que mi viejo yo, siguiera ahí. Así fue como el señor Longbottom se integró a nuestra rutina. Debo decir que de verdad me sorprendió lo hábil que era para las plantas, sabía que le gustaba Herbología, pero no que tenía tanto talento para ella. Por las tardes, Harry y ahora Neville, cocinaban la comida y la cena, comíamos juntos, pero ya no en silencio, al menos no de parte de ellos dos.

Al terminar las dos semanas con las pociones que me dieron, era evidente que ya podía moverme con casi total libertad. Tuve que escribirles a los chicos que tendrían que ayudarme a preparar las pociones para regenerar mis cuerdas vocales. A lo cual me miraron primero con horror (ahh, como extrañaba esas miradas de terror absoluto) y luego con resignación. Se de sobra que pociones no era su materia favorita, pero necesitaba su ayuda.

Después de varios mensajes en pergamino, ya que no podía hacer tanta magia aún, la casi explosión de mi caldero favorito y un pequeño incidente con un esqueje de lazo del diablo que no estaba completamente seco, logramos hacer las pociones suficientes para lo que restaba de mi convalecencia.

Las siguientes semanas continuamos con esa pequeña rutina, durante las comidas me limitaba a escuchar la conversación de los chicos y los fines de semana venía Minerva a hacernos compañía, ver como seguía y ayudarme a abrir mi correspondencia. Empecé a regalarles algunos de los dulces que me enviaban, aún no sabía qué hacer con el pequeño zoológico de peluches que ya tenía y definitivamente tenía ropa como para varios años sin comprar una nueva prenda.

Con las tarjetas y cartas fue más difícil, algunas eran muy cursis, hasta vomitivas de lo edulcorado; algunas eran demasiado, ejem, directas sobre lo que mi persona les provocaba, y no solo mujeres. El resto era más fácil de clasificar e incluso algunas eran muy emotivas y suficientemente sinceras, esas si recibieron una lechuza en respuesta. El resto de la correspondencia eran cartas de reporteros que querían la exclusiva de mi versión de la historia, a las cuales los chicos y Minerva me ayudaron a declinar "cortésmente" y no con las palabras que de verdad deseaba decirles. También me llegaban ahora El profeta, cortesía del propio periódico, y algunos periódicos de otros países que se habían enterado algo tarde de la caída de Voldemort.

A principios de agosto, por fin termino mi tratamiento y podría empezar a hablar. Puntual, llegó Harry con algunas compras, las cuales iba colocando en las estanterías mientras me daba los "Buenos días" y me decía que McGonagall y Neville vendrían en un rato a trasplantar una mandrágora que ya había alcanzado la adolescencia.

—Bien, solo espero que no me llene la sala de tierra—.

—Profesor, es bueno escuchar su dulce voz—Me dijo insolente mientras me miraba divertido.

La tregua de comportarnos como personas "civilizadas" había terminado y por fin podría decir improperios. Algunas cosas no cambian, por mucho que uno lo desee.

—No es sugerencia Potter—.

—Lo sé profesor—Contestó mientras se reía por lo bajo.

Al fin llegaron Minerva y Neville, Minerva se quedó en la sala conmigo, mientras Harry se fue con Neville al jardín. Minerva me miraba con una expresión extraña.

—Severus, no sé cómo tomarás lo que te vengo a decir. Quiero que regreses a dar clases. No sé si quieras pasar a tomar vacaciones después de lo que pasó o estés considerando retirarte, pero debo decirte que, si aceptas, sería en el puesto de pociones—

—Minerva, pero tienes a Slughorn, él es un excelente pocionista—.

—Lo sé, pero el profesor Slughorn quedó, digamos, afectado por la guerra y ya no desea seguir dando cátedra. Y además ambos sabemos que el mejor pocionista eres tú—

—Ante tal lógica no puedo rebatirte—Dije conservando mi ceño adusto tan ensayado—¿Hay algo más verdad? —.

—Si Severus, hay un déficit enorme de candidatos para la enseñanza, me gustaría que retomaras tu puesto como profesor de pociones nuevamente, y tendré que hacer algo que no habría contemplado si no fuera la única opción que queda por el momento—.

—¿Y supongo que tiene que ver con Potter? —Solía ya llamarlo Harry, pero aún no estaba listo para llamarle así enfrente de otras personas.

—Sí y con Neville, Luna, Hermione y Ron y un alumno más. Quiero que den clases en Hogwarts—.

—¿¡Perdón!? —Ahí si perdí todo el control de mis emociones y puse una cara de verdadera sorpresa.

—Lo sé Severus, pero como te había dicho, no hay candidatos lo suficientemente buenos para enseñar. Sé que los chicos son jóvenes y que es inusual, pero considera que durante 6 años Harry, Ron y Hermione fueron capaces de usar conocimientos muy avanzados de magia, desde hechizos, contra—hechizos, pociones... Neville, Luna y compañía, continuaron con el Ejército de Dumbledore y mantuvieron el colegio a flote en donde los profesores no podíamos interferir, además de tomar un papel activo en la defensa del castillo cuando Voldemort llegó a él ¿Crees que un salón de niños de 11 años será un problema para los jóvenes que ayudaron en la derrota del mago oscuro más poderoso de los últimos tiempos? —.

Si, un grupo de niños de 11 años era un problema, definitivamente Voldemort era un juego comparado a esto, y también lo sabía Minerva, pero si pensó en recurrir a ellos, es que definitivamente no había candidatos calificados para los puestos de docencia. Conocía a mi colega y sabía que había más, pero no tardé en descubrir qué era.

—...Lo que me orilla a tomar esta decisión, son los mismos profesores Severus, Horace no es el único caso, Pomona también está pensando en retirarse, No hay un solo docente lo suficientemente calificado para Defensa Contra las Artes Oscuras (DCAO) además de ti y de Harry, Madame Hooch desea salir a recorrer el mundo o volverse arbitro de Quidditch profesional. Son muchos los profesores que desean retirarse y ver que hay más allá de los muros de Hogwarts, somos pocos los que pensamos que nuestro futuro está en el castillo. Y no los culpo, ya vieron demasiada muerte y quieren ver otras posibilidades—.

—¿Así que básicamente son tu último recurso? —Pregunte entendiendo que esta no fue una decisión apresurada, en verdad no había más opciones que pedírselo a los mocosos.

—Sí Severus, pero aún falta algo más, ninguno de ellos ha terminado su educación, no han presentado sus EXTASIS y en esta situación no podemos esperar a que tomen un curso normal de estudios, así que he propuesto que les hagan los EXTASIS al final del curso, pero sin cursar ellos mismos el séptimo año, tomarán clases particulares con los profesores. El profesorado ha accedido a quedarse en el castillo por este curso y el siguiente año los que han decidido retirarse dejarán a un sucesor, que será alguno de los chicos, es decir; tomarán el rol de maestros para los de primer año y serán los aprendices de los maestros de su asignatura. Si los chicos deciden continuar como docentes se les ofrecerá el puesto después de que aprueben sus exámenes. Los demás alumnos que decidan regresar a estudiar podrán hacerlo de la forma regular—.

—Así que todos ellos serían nuestros nuevos compañeros y además nuestros reemplazos—Comente más para mí mismo que para Minerva.

—No de todos, pero sí, esa es la idea. Tendremos un año para que puedan tomar el rol de profesor—.

—¿Crees que aceptarán Minerva? —Le dije levantando una ceja, incrédulo, no dudo que Harry y Hermione aceptarían, pero no me imaginaba al señor Weasley dando clase a unos pequeños niños, ni a Neville teniendo que disciplinarlos.

—Estoy casi segura de que la mayoría de ellos aceptarán, de algunos no estoy segura, pero espero lo mejor Severus. Mi pregunta aún no ha sido contestada, ¿Aceptas dar nuevamente clases de pociones? —.

—Solo hasta que encontremos un alumno o profesor que pudiera sustituirme y yo lo elegiré como aprendiz si es que aparece ese alguien que considere pueda aprender de mí—.

Conteste mirando a ningún punto en particular de la sala. A pesar de que ya no nos llevábamos tan mal esos niños y yo, no estaba particularmente entusiasmado con la idea de tenerlos como "compañeros".

—Gracias Severus, te dejo que descanses y hasta luego—.

La acompañé hasta la salida y la vi desaparecer haciendo el clásico crack de la desaparición. Harry y Neville entraron a la casa y nos dispusimos a comer la última cena que compartiríamos por el momento, ya había terminado mi convalecencia y tenía que ponerme al día con algunos asuntos en Gringotts, aceptar al menos una entrevista para El Profeta, solo con la condición de que ya no me molestaran solicitándomela y pensar qué hacer con todos los regalos y cartas que seguían llegando a diario a mi puerta. Empezaba a sentirme algo incómodo con tanta atención. Después de las 10 los chicos levantaron la mesa y empezaron a alistarse para salir.

—Nos vemos profesor—Dijeron los chicos y los encamine a la puerta, antes de retirarse Harry se volteó y me miro por un breve instante dubitativo.

—Profesor, yo... quería... pedirle un favor—El chico estaba rojo como tomate, no entendí a qué se debía su bochorno.

—Dime Harry—.

—Bueno... quería... saber si podía mudarme con usted—Bueno, ahora yo era el que estaba como tomate—Quiero decir... no me siento cómodo en Grimmauld Place, era la casa de Sirius, y el cuartel de la Orden y ahí vivió también Lupin, son... demasiados recuerdos y me es difícil estar ahí. Quisiera estar fuera y vender la casa. Solo sería un par de meses en lo que encuentro un lugar para mí, no quisiera abusar de la hospitalidad de la señora Weasley y Hermione ahorita mismo está rastreando a sus padres y no es una persona que me deje estar callado. Pagaría la mitad de las compras y podría seguir cocinando si usted quiere y ayudar en el aseo. ¿Qué dice? —.

Lo mire por unos minutos, que de seguro debieron parecerle una eternidad. Por un lado, Lily me dijo que el muchacho aún me necesitaría un rato más y por el otro ya no sentía tanta animadversión por él. Y por mucho que me doliera admitirlo, ya le había agarrado cierto cariño, y esperaba también molestarlo un poco, sonreí divertido pensando en cuanto podría molestarlo si estuviera en mi casa, y eso fue lo que me decidió a aceptar su oferta.

—Está bien, trae tus cosas, ya sabes que me levanto a las 7, haces el desayuno, yo la comida y nos turnaremos la cena, el único lugar al que no quiero que entres es mi laboratorio. Te espero mañana—.

—Gracias profesor.

—Harry, si vamos a vivir juntos tendrás que dejar de llamarme profesor, llámame Señor Severus—.

Le dije con toda la seriedad posible y haciendo uso de mis antiguos gestos cuando daba clases, tendría que retomarlos, dentro de unos meses los necesitaría de nuevo. El muchacho trago saliva, Dios, esto iba a resultar muy divertido.

—Eres tan divertido Potter… solo Severus. ¡Merlín!, aun eres tan niño—.

Y lo deje irse mientras me miraba como si me hubiera salido un ojo y un tentáculo extras en alguna parte. Definitivamente algo mal me pasaba, ¿Desde cuándo disfrutaba hacer bromas con mis ex-alumnos? ¿O con cualquier persona?