07.- Aprendiendo de nuevo


Después de algunos minutos, Harry pudo levantarse, lo acosté en el sillón esperando a que se despertara, cuando lo hizo abrió los ojos con terror y saltó lejos de mí.

—¿QUIÉN ES USTED Y QUE LE HIZO AL PROFESOR SNAPE? —Gritó mientras me apuntaba varita en mano. Lo miré entre extrañado y divertido.

—Baja eso Harry. Podrías sacarle un ojo a alguien—Le di la espalda mientras con un Reparo dejaba los platos como nuevos—Ven a desayunar y te explico por qué te estoy pidiendo esto—.

Se acercó con cautela y sin dejar de verme empezó a comer mientras esperaba a que yo rompiera el silencio.

—Ayer me di cuenta de que te di un consejo referente a los alumnos con problemas, tu eres capaz de ser amable y comprensivo, capaz de dar soporte a esos niños, así que eso no supondrá un problema en tu rol. Pero yo no soy así, no sé cómo ser amable con los niños. Incluso mis respuestas a las tarjetas que me enviaron se limitaron a un seco "Gracias por la tarjeta", eso es lo más amable que puedo ser por el momento—.

—Pero eres más amable conmigo ahora. ¿Por qué no con los niños? —.

—No eres un niño Harry, ya no, no solo eres mayor de edad, sino que te enfrentaste a responsabilidades que hubieran destruido a un mago adulto y estoy seguro de que tienes cicatrices, sabes de qué hablo. Pero eres capaz de fingir que estas bien y de dar apoyo a otros a pesar de que estés derruido por dentro. Yo no. Soy capaz de ocultar mis heridas con la máscara que ya conoces, pero no se poner una máscara de amabilidad y comprensión. Ahí es donde entras tú—.

—No estoy seguro de cómo lo hago Severus. Solo sé que no quiero ver sufrir a otros y me sale natural. Pero... supongo... que podría pensar en algo para ayudarte—.

Dijo mientras apuraba su té. Es bueno saber que aún sigue siendo el mismo Gryffindor con complejo de héroe. Sonreí mientras terminaba de desayunar.

A la mañana siguiente ya estábamos con nuestros baúles listos para aparecernos en Hogwarts, como los trabajos de restauración aún no estaban acabados por completo, no estaba puesto el hechizo para impedir las apariciones. Llegamos al castillo levitando los baúles, mientras Minerva ya nos esperaba en la entrada.

—Recibí su mensaje y sus habitaciones ya están listas. Severus, Harry, ustedes serán ubicados en las mazmorras, ya que ambos impartirán pociones. Para que puedan tomar las clases particulares como aprendices he dispuesto que cada alumno—profesor, sea ubicado al lado de su mentor, así que usted señor Potter será el vecino del profesor Snape. Habrá algunas reglas, no pueden llamarse por sus nombres propios fuera de sus habitaciones, la mesa y la sala de profesores, y mucho menos ante sus alumnos. Mientras sean profesores deben acatar las reglas, no romperlas—.

Y dijo esto último mirando directamente a Harry que miraba hacía el techo como si esto fuera lo más interesante que hubiera visto en su vida.

—Tampoco deben asustar a los alumnos, muchos de ellos vivieron la guerra de forma más cruel que la que vivimos nosotros. Así que además de enseñarlos debemos ser capaces de guiarlos cuando requieran ayuda. Y cada profesor, incluyéndolo a usted y sus amigos señor Potter, deben hacer rondas por el castillo en las noches, los horarios se les notificarán en cuanto los termine. Por cierto, Severus, como ya te había mencionado, mi intención es que retomes tu puesto como director, pero por el momento me gustaría que fueras mi subdirector, ahorita ya fueron enviadas las cartas de aceptación a los nuevos alumnos, así que solo sería esperar las respuestas—.

—Gracias Minerva—Conteste, una preocupación menos.

—Gracias profesora—Dijo mi ahora aprendiz de pociones y compañero profesor.

—Minerva Harry, llámame Minerva, aún no estamos en clases y a partir de ahora también seremos compañeros. Bien, los dejo, sus compañeros llegarán en una semana más, así que lo que sea que estén planeando hacer, tienen ese tiempo para hacerlo. Que tengan buenos días—.

Y se fue ondeando una sinfonía de cuadros escoceses, que ella solía llamar capa.

—Bien Harry, supongo que la puerta que está al lado de la mía debe ser tu habitación, descansa, nos vemos en la cena para planear bien lo que haremos con mis "clases" particulares, ¿Qué opinas? —.

—Estoy de acuerdo, creo tener algunas ideas, pero necesito terminar de detallarlas. Nos vemos en la cena Severus—.

Cada vez le costaba menos llamarme por mi nombre. Entró a su habitación y yo a la mía. Al entrar me encontré con muchas cajas llenas de obsequios reducidos, recuerdo que Minerva me había dicho que los regalos que me enviaron durante mi convalecencia en San Mungo estarían en mis habitaciones, pero no que eran tantos. Miré atentamente las cajas y vi que el número de regalos empezó a crecer. Al parecer habían encantado las cajas para que cualquier presente, carta o tarjeta dirigida a mí, cayera ahí y se redujera automáticamente de tamaño. ¿Es que aún no se han cansado? fue halagador al principio, pero empieza a ser algo molesto tanta atención. Dejé mi baúl al lado de mi cama, y me tendí a dormir sin más.

Me levante para cenar, me acicale un poco la ropa y salí hacía el Gran Comedor. Parece que al menos esta parte del castillo ya estaba completamente funcional. Harry y Minerva ya estaban en la mesa, era raro ver ahí a Harry, pero eliminé ese pensamiento apenas lo tuve. Ahora era mi compañero y tenía que empezar a dejar de verlo como mi alumno, al menos fuera de las clases particulares.

—Severus—.

—Minerva—.

—Severus—.

—Harry—.

Me senté a su lado y comimos, mientras hablábamos de lo que quizás nos esperaba en este nuevo curso. Al terminar, Minerva se despidió dándonos a ambos las buenas noches. Harry espero a que Minerva terminará de salir del comedor, antes de decirme lo que tenía pensado.

—No puedo enseñarte a poner cara de comprensivo y amable Severus. Pero antes de que te enojes, creo que tengo una solución. Aunque primero me gustaría saber por qué es tan importante que seas amable este curso. En la casa dijiste que para ayudar a los alumnos con problemas, pero sé que hay algo más—.

Suspiré, pensé que era obvio.

—Harry, tú y tus amigos se limitarán a dar clases a los de 1er año. Pero yo tengo que dar clases a los demás años. Con los de 4to año no tendré problemas porque ellos ya estaban acostumbrados a mí y mi encantadora personalidad. Pero con los de 2do y 3er año si los habrá, ellos tuvieron a Horace y él era un profesor mucho más paciente y empático de lo que yo puedo ser. Esos alumnos podrían sentirse "intimidados" por mí—.

—Ok. Con eso me basta, porque esa era la solución que tenía en mente. Vamos a hacer que sientas empatía por tus alumnos—.