16.- Navidad y un Weasley más


Durante la cena en "nuestra casa", no perdí el tiempo peleando con mi compañero sobre su "bromita". Si algo había aprendido como espía es que la furia era mala consejera, y como un Slytherin, sabía que era cuestión de tiempo antes de encontrar la oportunidad perfecta para regresársela. Así que dedique mi energía a pedirle un favor que me era muy necesario en esos momentos, nochebuena sería dentro de unos días y no estaba seguro de que tenía que hacer en estos casos, jamás me habían invitado a pasar la navidad, nunca.

Solía quedarme en el castillo o irme a mi casa y pasarlo como un día más en el calendario. Así que no tenía ni idea de que regalarle a los Weasley, y de paso al resto de mis compañeros, ya que Molly los había invitado a todos, aunque a ellos más o menos sabía que regalarles. Dinero no me faltaba, sino al menos una pista de que podría gustarle a la familia Weasley. Así que estaba ahí, cenando y yo pensando cómo pedirle un favor al mocoso, antes de que tuviéramos que ir a casa de Molly.

—Harry, quisiera pedirte un favor—.

—¿Cuál Severus? —.

—Necesito... tu... ayuda... ¡para comprar los regalos de navidad para los Weasley! —Solté de un tirón.

—Uhmm, creo que podría hacer un lugar en mi agenda. Además, no creo que ingredientes de pociones y libros viejos sean un buen regalo para los señores Weasley—.

Esto iba a ser más difícil de soportar de lo que creí y no me equivoque, fuimos al callejón Diagon un par de días después, ya casi habíamos terminado las compras cuando me acordé que me faltaba un regalo para mi tarado compañero de casa y trabajo. Reduje las cajas y las metí en una bolsa para no cargar nada en mis manos.

—Harry, tengo que comprar un par de ingredientes, ¿Te importaría regresar solo a la casa? —.

—No, para nada, nos vemos en la cena—.

Perfecto. Ahora solo tenía que encontrar algo que pudiera gustarle al chico. Recorrí todo el callejón y nada, estaba a punto de rendirme y solo comprarle unos dulces o algo así cuando noté algo negro en la tienda de mascotas. Era un perro, que si no fuera porque sabía que era imposible, hubiera jurado que era el pulgoso de Sirius Black en su forma animaga. Di unos pasos hacia él y parecía que me reconocía. Empezaba a alejarme cuando el can empezó a ladrar en mi dirección mientras alzaba una de sus patas hacia mi desde su jaula.

Y así iba yo, cargando un pulgoso perro negro que se negó en redondo a caminar o usar correa en cuanto hube pagado por él, y luego se me ocurrió algo ¿Dónde pondría al perro sin que lo viera Harry hasta navidad? ¡Demonios! en la premura de haber encontrado el regalo perfecto para Harry, había olvidado ese pequeño detalle. Tendría que pedirle un favor a Hagrid o a Luna. Fui directo al Caldero Chorreante y pedí de favor usar la chimenea para hacer una llamada a Hagrid. Afortunadamente para mí, estaban tanto Hagrid como Luna en la cabaña de él tomando té.

—Hagrid, buenas tardes, Luna—.

—P-profesor Snape, ¿Q-qué se le ofrece? —Hagrid aún me temía un poco. Aunque ya tartamudeaba menos cuando me veía.

—Severus, buenas tardes, que bonito perro, se parece al padrino de Harry—Luna, con ella todo era más fácil—Es el regalo de Harry, ¿Verdad? —.

—Sí Luna, pero no puedo tenerlo en casa o Harry lo notará, ¿Podrían tenerlo aquí hasta navidad? —.

—Claro, ¿Ya tiene un nombre? —.

—Aún no, espero que Harry decida cuál será el adecuado—Y envié al perro por la chimenea.

—Lo veremos en casa de la señora Weasley, Severus—.

—Hasta navidad Luna, hasta luego Hagrid—Y saque mi cabeza de la chimenea. Ahora a casa a cenar.


Por fin llegó nochebuena, y partimos hacia la "madriguera", no podía negar que estaba algo nervioso, era la primera vez que estaría tan rodeado de gente. Apenas llegamos a la casa, Molly nos recibió a ambos con un enorme abrazo mientras depositaba un beso en nuestras mejillas.

—Pasen queridos, la comida estará lista en un momento, pueden dejar sus abrigos por aquí, y después de comer les enseñare donde dormirán—.

Ronald no mentía, Molly estaba un poco demasiado emocionada con nuestra visita. Ya estaba casi la mitad del profesorado e incluso Draco Malfoy estaba ahí sentado en un sillón con una taza de chocolate en su mano.

Buscamos un asiento, y no entendía por qué Harry no se me separaba. Pensaba que quería ver a su novia después de tantos meses separados, pero parecía estarla evitando. Ginny Weasley no había regresado a Hogwarts, después de la guerra, decidió darse un año sabático. Lo cual permitió que pudieran seguir su relación, aunque fuera a distancia.

Ginny Weasley logró llevarse aparte a Harry, mientras podía ver que se encontraba "aterrado" ante la perspectiva de estar a solas con su novia. Me pregunté qué podría causarle tanto terror. El resto de la familia Weasley llegó a saludarme y por mi parte solo saludé con un gesto al resto de mis compañeros. Por fin llegaron todos los demás invitados de Molly, incluyendo a Andrómeda Tonks y su nieto.

Molly hizo levitar las bandejas y todos empezamos a comer y beber, mientras platicábamos, incluso Draco estaba conviviendo, quizás producto del Hidromiel, Whiskey de Fuego y todos los bocadillos que Molly insistía en que comiera. Después de que ya estábamos todos algo "chispeantes", Molly nos dijo que la siguiéramos y nos fue indicando las habitaciones para que durmieramos, Harry y Ron dormirían en la habitación de este último, Andrómeda y su nieto en otra, Draco quedo con Percy y así, al final me dejó a mí la habitación del ático.

—Es la más retirada Severus, sé que te gusta tu privacidad—.

—Gracias Molly. Nos vemos mañana—.

—Que descanses Severus—.

Y me dispuse a dormir, apenas había pasado un par de horas cuando oí unos leves toquidos, abrí la trampilla que servía como entrada de mi habitación y pude ver a un colorado Harry murmurar hacía mi con un dejo de súplica.

—No preguntes y déjame pasar—.

—No—Y empecé a cerrar la trampilla.

—No seas desgraciado Sev. Por favor. No tengo donde dormir—.

—¿Y eso por qué? ¿Peleaste con tu amigo? Y no me digas Sev—.

—Si me dejas entrar te digo—.

—Está bien. No hagas ruido, todos los demás de seguro ya están dormidos—.

—No todos. Agrego mientras cerraba la trampilla—.

—¿Por qué no puedes dormir junto a Ronald? —.

—Porque ahí está Hermione—.

—¿Y eso te molesta por qué...? —Pregunte, divertido, por que conocía perfectamente la razón, pero quería incomodarlo.

—¿Sabes que son novios verdad? —.

—Sí, ¿Y? —.

—Últimamente con las clases que damos y las que tomamos para EXTASIS y eso, no habían tenido tiempo para... tú sabes—.

—Ja, ja, ja, ja, ja, ja. ¡Por Merlín! Y te incomoda que estén teniendo sexo junto a ti. No creí que el Elegido, el Niño Que Vivió, fuera tan mojigato—.

—No soy mojigato, es que son demasiado efusivos, demasiado ruidosos y no puedo dormir con tanto... —.

—¿Gemido? —Pregunte, muy divertido por sus reacciones.

—Sí que eres cabrón Severus—.

—Ja, ja, ja, de acuerdo, puedes dormir aquí, solo hay una cama, así que mi lado es el izquierdo, no me abraces y te aviso que me muevo mientras duermo—.

—De acuerdo y yo te aviso que... —.

—Que roncas, lo sé, ya me lo habías dicho una vez—.

—Bueno, entonces que descanses Sev—.

—¿No vas a dejar de decirme Sev, verdad? —.

—No, me gusta molestarte con eso—.

—Mocoso—.

—Idiota—.

A la mañana siguiente, sentí un peso en mi estómago, una ¿mano? ¡El mocoso me estaba abrazando! ¿Y por qué lo estaba yo abrazando? No podía moverme, tenía su cabeza sobre mi brazo, si me movía, se despertaría, solo esperaba que Harry fuera el que se moviera y me soltará. Pero la suerte no estaba de mi lado. No solo no se movía, sino que oí pasos hacía mi habitación. Fingí seguir durmiendo y oí que alguien entraba. No moví ni un músculo y después de unos minutos, oí como se iba el visitante.

Después de eso, Harry volteó hacía el otro lado y me liberaba de su peso. No deje pasar ni un segundo, me levanté, me vestí con un movimiento de varita y baje a la cocina. Necesitaba algo fuerte para despejarme. En cuanto llegué a la cocina, me encontré a George Weasley con un té, mirándome divertido.

—¡Buenos díaaaaas profesor! —.

—No estábamos... no era... no pensarás... —¿Porque estaba nervioso? Ni siquiera sabía si él era quien había entrado y yo estaba actuando como si hubiera hecho algo indebido.

—Profesor, relájese, yo no vi su lindo abracito. No he visto nada—Y me guiño un ojo.

—¿No dirás nada? Yo no lo abrace a propósito, él... supongo que se movió y... —.

—Profesor, relájese, hablo en serio, no diré nada. Harry tiene problemas al dormir a veces, al menos es lo que dice Ron, habla dormido y a veces se abraza a su almohada, y ahora estaba usted en vez de ella. ¿Le gustaría un té? —.

—S-sí, claro, gracias—.

Mientras tomábamos el té, recordé que los gemelos eran famosos por sus bromas, quizás había encontrado la ayuda que necesitaba para regresarle la bromita a Harry. Así que decidí arriesgarme con George.

—...Señor Weasley... —.

—Llámame George—.

—George, ¿Te gustaría hacerle una broma a Harry? Me hizo una broma que no puedo ni quiero perdonarle y en vista de que deseo conservarlo como amigo, no puedo permitir que se salga con la suya. ¿Me explico? —.

—Con toda propiedad señor—.

—Llámame Severus—.

—Severus, ¿Qué tan pesada fue la broma? —.

—Su amigo me beso en la mejilla, después de decirme "Sev, yo también te amo", y luego se fue corriendo y riendo. No tengo idea de cómo regresarle ese atrevimiento—.

—Tengo una idea, pero no sé si tengas estómago para ello—.

—Pruébame—Contesté, sonriendo y vi una sonrisa igual en George.

Planeamos la broma durante algunos minutos. Sería después de abrir los regalos y frente a su novia. Tenía que aceptar que la idea de George era terriblemente malévola, ya sabía con qué Weasley tendría una amistad a futuro. Molly se despertó y en cuanto entre a la cocina, nos corrió de la ahí, diciendo que fuéramos a ayudar afuera a poner la carpa. Al parecer, Molly y Arthur habían decidido mover el desayuno al patio.

Fuimos a terminar de poner la carpa junto a Arthur y luego de que Filius y Minerva se levantaron y unieron a nosotros, movimos el árbol y los regalos al centro de la carpa, además de que agregamos algunas decoraciones y muérdago en el techo. Luego de que todo estuvo listo, entramos a ayudar a Molly a transportar las bandejas de comida y cuando estuvo listo, todos ya se encontraban despiertos y en ese momento llegaron los últimos invitados de Molly, Hagrid y Luna. No vi al perro con ellos, pero Luna me guiño un ojo, indicándome que todo estaba listo.

Desayunamos animadamente, deseándonos "¡Feliz navidad!" y bebiendo un poco de Hidromiel, cervezas de mantequilla y chocolate caliente, Molly seguía alimentando a Draco con suficiente comida como para alimentar a su hijo Ron por una semana, parece que se había puesto como misión personal engordarlo un poco antes de que regresara al colegio.

Llegó la hora de abrir los regalos y todos recibimos un suéter con la inicial de nuestro nombre, ya había recibido uno en mi convalecencia, pero este era de color negro con la S en verde claro. Harry me explico por lo bajo que Molly los hacía para aquellos que consideraba parte de su familia. Empecé a dimensionar el valor de ese regalo. Y me lo puse inmediatamente.

Ya que casi todos habían abierto sus regalos, solo faltábamos Harry y yo de abrir los nuestros, Luna me hizo una seña para indicar que ya estaba listo mi obsequio para Harry, y una caja enorme apareció de la nada, envuelta en verde y rojo con un listón plateado y un letrero flotante que decía "Para Harry de Severus". Harry se acercó para abrirla con cuidado, supongo que temía que fuera algo peligroso o mortal. Apenas lo abrió, soltó un quejido y un par de lágrimas, me acerqué temeroso de que hubiera sido demasiado para él.

—¿No te gusto el perro? —.

—N-no, me encanta, es que, se parece mucho a... —.

—Sí, lo sé, por eso pensé que te gustaría. Aún no tiene nombre, si quieres podemos regresarlo... —.

— ¡NO! no, me encanta, es solo que extraño a Sirius. Creo que... ya sé que nombre ponerle, hocicos. Se llamará hocicos. Y bueno, aquí tienes tu regalo Severus—Y me extendió mi obsequio mientras se secaba las lágrimas.

Me entregó un paquete de color verde oscuro. Era un libro de pociones, muy antiguo, tenía recetas de más de 3 siglos, una verdadera joya para cualquier maestro de pociones. Nunca había recibido un regalo tan hermoso como ese. Casi me sentí culpable por lo que haría a continuación. Abracé a Harry y esa fue la señal para mi compinche.

George movió uno de los muérdagos encima de nosotros, y lo hizo bajar hasta encima de nuestras cabezas de forma que Harry y yo, no tuviéramos otra "opción" que respetar las reglas de la tradición, el muérdago estaba encantado para que ninguno pudiera moverse hasta hacer lo que había que hacer.

Harry volteo hacia el muérdago al no poder separarse de mí, en cuanto lo vio, su cara se puso roja y me miraba con verdadero terror. Le sonreí con toda la maldad que pude y le susurré cerca del oído.

—¿No creíste que no te haría pagar tu insolencia verdad niño? —.

Lo miré de frente, y con toda la delicadeza del mundo, como si se tratara de la cosa más frágil, le tome la barbilla y me acerque con cuidado a sus labios. Lo besé, cerrando los ojos, sintiendo su aliento cálido llegar hasta mis labios, con una ternura que ni yo mismo creí capaz de dar, sentí como temblaban sus labios, incapaces de saber si responder o no a los míos. Pude sentir como se derretía entre mis brazos y cuando pensé que ya había tenido suficiente. Lo separé de mí y le dije al tiempo que le daba otro breve beso.

—...¡Feliz Navidad cariño! —.

Me separé de él y choque manos con George Weasley que estaba botado de la risa en una de las sillas, mientras el resto nos miraba sorprendidos, lo cual no duro mucho antes de que todos rompieran a reír al comprender que era una broma, y se acercaron a Harry para ver si estaba bien, ya que el muchacho no se movió hasta que Ginny se acercó, todavía carcajeándose y jurando "venganza" contra mí persona, sentí que algo me golpeo, pero no le di importancia, iba hacia la cocina para descansar de mi merecida "venganza". George me alcanzó cuando me estaba sirviendo un poco de agua.

—¡Por Merlín! Me encanto tu regalo Severus—.

—Gracias, pero espero que no consideres muy impersonal una caja de dulces de broma—.

—No eso, es bueno, pero tu último regalo fue mejor—.

—¿A qué te refieres? —.

—A honrar a Fred en Navidad. Extraño mucho a mi hermano Severus. Esto que hicimos contra Harry, bueno... es algo que él hubiera disfrutado mucho. Y el resto de mis hermanos, no entienden, no pueden entender cuanta falta me hace. La guerra nos quitó a Fred como familia, pero a mí me quitó a mi compañero de armas, a mi gemelo. Así que te agradezco la oportunidad de haber hecho una broma como la hubiera hecho con Fred—.

Y sin más me abrazo, mientras dejaba caer un par de lágrimas. Yo nunca tuve un hermano y mi única gran amiga fue Lily, apenas podía entender el dolor de George por Fred. No podía imaginar nada más desgarrador. Torpemente le correspondí el abrazo. No estaba acostumbrado aún a ser expresivo. Se secó con la manga de su suéter sus incipientes lágrimas y se volvió a dirigir a mí.

—...Por cierto, ahora eres un Weasley más gracias a Ginny—.

—¿A qué te refieres? —.

—Te daré un espejo y me iré. No quiero ver tu reacción—.

Me dio el espejo y salió huyendo. Al verme en él, entendí lo que acababa de decir. El golpecito que sentí en la carpa era un hechizo que me dirigió la menor de los Weasley en represalia por mi "pequeña broma", mi cabello ahora era de color rojo y tenía la piel clara con pecas. Si me hubiera puesto junto a la familia, habría parecido el hermano mayor de Bill Weasley. George tenía razón, parecía un Weasley más.