17.- Feliz cumpleaños


Antes de despedirnos, Molly nos insistió en que regresáramos para año nuevo, pero que dejáramos los arrumacos para nuestra casa y luego de que nos casaramos en santo matrimonio. Esa mujer apenas podía contener la risa, y George alcanzó a guiñarme un ojo antes de que mi sonrojado compañero y yo nos retiráramos a "nuestra" casa. Le devolví el gesto a mi compinche con una sonrisa burlona que esperaba el pudiera interpretar correctamente "la siguiente broma será mejor George", ese era mi mensaje.

Harry, hocicos y yo nos aparecimos en la entrada de la casa y sin decir nada, entró directo a su cuarto y se encerró, no quise pedirle perdón, no tenía porque, él sabía que siempre le regresaría sus bromas, así había sido nuestro trato desde que nos convertimos en compañeros de casa, y luego en compañeros de trabajo. Pensaba que estaba implícito.

Después de un par de horas y ya con la cena lista (que solo fue recalentar lo que nos hizo llevarnos Molly porque nos vio "demasiado flacos") mientras hocicos miraba hacia las escaleras gimiendo, tuve que hacer acopio de valor y tocar a su puerta. Estaba abierta.

Entre sigilosamente y pude ver que Harry estaba dormido boca abajo, tenía lagrimas secas en el rostro. ¡Por todos los magos oscuros! ¿Tanto le afectó la broma? Pensé que había sido divertida, incluso su novia había ejecutado una "perfecta" venganza en mi persona entre risas, que no tardé en quitarme más que un par de movimientos de varita.

Respiraba pausadamente y se volteó de espaldas, pude ver que ni siquiera se había quitado los lentes. Empecé a sentirme un poco ¿Avergonzado?, no, era algo más difuso. Simplemente no me gustaba verlo sufrir, era diferente a molestarlo. Cuando lo molestaba siempre rumiaba alguna maldición y luego contraatacaba con algo y me dejaba ahora a mi rumiando maldiciones mientras se reía.

Era la primera vez que no lo veía enojarse, sino abatirse y me dolía verlo así. Me había encariñado mucho con el zoquete de cabello revuelto. Así que decidí dejarlo solo. Ya me "disculparía" a mi modo, cuando estuviera despierto. Le quite los lentes y los puse en su buró, mientras llamaba al perro que no note que me siguió hasta su habitación. El clon perruno de Sirius me siguió a regañadientes. Parecía querer quedarse junto a su nuevo amo. Pero decidió que era mejor obedecerme.

Harry no despertó hasta el día siguiente, me había adelantado y prepare el desayuno a manera de disculpa. Iba a esperar hasta que el sacara el tema a colación. Pero en cuanto se sentó empezó a comentar de todo menos de ese hecho. Bien, mejor para mí, él estaba decidido a no hablar de eso y me facilitaba mucho el trabajo.

Hocicos decidió dormir en la sala, no quiso ir con Harry a su habitación ni tampoco a la mía, el can era celoso de su espacio, tampoco le gustaba comer comida para perros, exigía mediante pequeñas mordidas y gemidos un poco de lo que comíamos. Así que después de un par de días, Hocicos tenía su propio plato debajo de la mesa. Ya había arreglado con Luna y Hagrid que le hicieran un espacio cerca de sus cabañas junto a Fang, el perro de Hagrid, a lo cual accedieron gustosos. Al parecer se habían encariñado mucho con el perro en los días en que lo cuidaron. Y Harry podría estar cerca del perro, y yo... pues... me agradaba un poco el saco de pulgas.

Harry seguía un poco taciturno, no hablaba mucho, pero en general estaba "bien". Empezaba a preocuparme un poco. Llegó la víspera de año nuevo y con ello, un nuevo viaje a la madriguera, esta vez fuimos casi los primeros en llegar, Draco y su "ahora" novia Astoria ya estaban sentados en la sala. La menor de las Weasley en cuanto nos vio, se llevó a Harry aparte al patio y me quedé solo, así que me senté cerca de la chimenea ignorando un poco a la pareja. Después llegó Hagrid con unos dulces para perro, los cuales Hocicos no tuvo remilgos en aceptar, detrás de él, llegó Luna acompañada de un joven de ojos y cabello cafés, pero con la misma expresión soñadora de Luna. Lo presento como su "amigo especial" Rolf Scamander.

Al parecer su abuelo había estado visitando a Hagrid apenas comenzó el ciclo escolar y el chico que a veces acompañaba a su abuelo, se había hecho amigo de Luna casi de inmediato. Luego llegaron Neville y el resto del profesorado, Andrómeda y su nieto y al final los Weasley mayores, Bill y su esposa Fleur, con un vientre que indicaba que pronto serían 3 en esa familia, y Charlie.

Igual que en Navidad, Molly se encargó de que la ropa se nos empezará a ajustar a fuerza de bocadillos y postres. Aunque esta vez no intento engordar a Draco, su novia ya se estaba encargado de eso por Molly. Así que fue una sorpresa para todos cuando Ginny Weasley entró de la mano con Harry y dijo que tenía que decirnos algo importante a todos nosotros. ¿Estarían por anunciar su boda? ¿Sería por eso por lo que Harry había estado llorando y luego tan callado esa semana? ¿La perspectiva de una boda era tan terrible para él?

—Familia, amigos, hurón. Tenemos algo que decirles... no es fácil... Harry y yo estuvimos hablando y creemos que la decisión que hemos tomado es la mejor para nosotros... —.

Podía cortarse con un cuchillo la tensión que se apropió de la sala en ese momento.

—...Hemos decidido terminar. Y les pedimos que no traten de disuadirnos, tenemos nuestras razones y las hablaremos con ustedes más adelante. No queríamos hacer el anuncio así, pero algo paso que nos hizo acelerarlo. Aun así, quedamos en buenos términos y somos amigos, y Harry sigue siendo parte de la familia, así que no nos hagan más difícil esto. Harry, si quieres agregar algo... creo que deberías hacerlo ahora—.

—No Ginny, creo que lo que dijiste cubre todo. Fuiste una excelente novia, y eres una excelente amiga—.

Y Harry fue a sentarse a mi lado, mientras Molly se debatía entre abrazar a su hija o a Harry, y al final decidió no hacer nada. Todos los demás fingimos demencia lo que restaba de la noche. Pasada la medianoche, nos fuimos despidiendo todos. Harry, el pulgoso y yo, nos aparecimos enfrente de la casa y esta vez, Harry titubeo para entrar.

—¿Por eso estabas tan callado esta semana? —Le pregunté directamente.

—En parte, tenía que procesar muchas cosas Sev—.

Ni siquiera me moleste esta vez por lo de Sev.

—¿Un trago? —.

—¿Tú pagas? —.

—Seguro—.

—Entonces vamos—.

Dejamos a Hocicos en la sala y fuimos hacia el caldero chorreante. Nos quedamos hasta la mañana siguiente y llegamos bastante tambaleantes hasta la puerta de la casa. En cuanto entramos no pudimos ni llegar a la escalera, así que Harry se acostó en el sillón que estaba junto a la chimenea y yo en el contiguo. Nuestra apacible rutina volvía a su cauce. Ya no volvimos a hablar de Ginny Weasley en lo que restaba de las vacaciones.

Ya de vuelta en el castillo, las cosas fueron relativamente normales, pero a mitad de semana, mi compañero empezó a rehuirme, fuera de las clases que tenía que tomar conmigo, parecía querer evitarme a toda costa, y el resto de sus amigos también, empecé a sentirme un poco desplazado. Había pensado que empezábamos a llevarnos "bien", a secas, quizás no amigos íntimos, pero ¡Demonios!, me dolía pensar que yo ya los consideraba "amigos" y ellos quizás ya se habían arrepentido. Incluso Draco parecía evitarme, pero como iba casi siempre acompañado de su novia, supuse que era porque quería un momento a solas con su pareja.

La única que no me rehuía era Luna, así que esa semana me dedique a visitarla, bueno, a ella y al perro, Hocicos nada más verme se me acercaba trotando con un pasito que demostraba verdadera alegría. El primer día transforme una piedra en un juguete para perros que Hocicos no tardó en traerme y así pase las tardes, jugando con el perro y tomando té con Luna, sentados en el pasto. Si, Severus Snape estaba tan afligido que estaba sentado en el pasto jugando con un pulgoso idéntico a Sirius Black y platicando con la chica más sui generis de todo el castillo.

—¿Sabes por qué me huyen tus amigos? —.

—Sí, pero no están huyendo de ti, sino escondiéndose—.

—Es que están muy... raros—.

—Tranquilo Severus. Pronto sabrás porque están escondiéndose. Pero no te están huyendo—.

—¿No me dirás entonces? —.

—No puedo. Prometí que no lo haría. Pero puedo abrazarte si quieres—.

Le dije que si con la cabeza y se acercó a mí, puso un brazo sobre mi espalda y recargo su cabeza en mi hombro. Esa chica tenía el poder de poner las cosas en perspectiva, aunque parecía vivir en un continuo estado de ensoñación. El pulgoso se acercó a nosotros y decidió que también quería mimos, así que se puso encima de mis piernas y entre los dos tuvimos que acariciar a Hocicos.

El fin de semana había llegado, era sábado y me encontré con la noticia de que ese día, no habría nuestro habitual partido de Quidditch, "humor de perros" era apenas una sombra de lo que sentía. Ya que tenía libre la tarde decidí que visitaría a Rossie en la tarde. No la había ido a visitar ni le envié lechuzas para saber que tal la había pasado en Navidad. Iba de camino hacia los carruajes cuando Harry me alcanzó.

—Sev, ¿Adónde vas? —.

—A Hogsmeade—Conteste evidentemente enojado.

—Te acompaño entonces, quería ir a la tienda de lechuzas a ver si alguna me gustaba—.

—Haz lo que gustes—.

Mi cara no pareció intimidar a Potter (se había ganado que lo volviera a llamar Potter), que de inmediato saltó al carruaje y no parecía darse cuenta de mi evidente molestia por su presencia. Así que decidí hacer uso de todo mi autocontrol e ignorarlo el resto del viaje y separarme de él apenas llegáramos al pueblo.

Para mi disgusto, eso no estaba en los planes de Potter. Nada más poner un pie en el pueblo, me arrastró hasta la tienda de lechuzas y estuvimos ahí por más de una hora hasta que se decidió por una lechuza blanca con algunas plumas negras en el lomo, parecía estar moteada. Luego me arrastró a la tienda de plumas, insistiendo en que debíamos comprar más tinta y pergamino porque se habían acabado los suministros para las clases y que Minerva nos reembolsaría lo que gastáramos. Después de casi otra hora, salimos y ya estaba más que dispuesto a ir a Azkaban por matar a mi joven "compañero", cuando alegremente sugirió tomar un trago en las Tres Escobas.

—Tú pagas—Fue todo lo que dije y dirigimos nuestros pasos hacia allá.

Nada más entrar, fui recibido con un grito de ¡SORPRESA! ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!, tan fuerte que por poco me da un ataque al corazón, ahí estaban sus amigos (mis "amigos") y el resto de los profesores, Rossie sonriéndome desde la barra y guiñándome un ojo mientras me lanzaba un beso. Y Harry estaba tratando sin éxito de contener sus risas. Me recompuse casi de inmediato y agradecí a todos por la "sorpresa", definitivamente ese niño estaba bien muerto. Lo de navidad no sería nada en comparación a mi siguiente "venganza". George seguro tendría excelentes ideas, debía recordar enviarle una lechuza pronto.

Al parecer, mis "compañeros profesores", todos ellos, planearon darme una fiesta sorpresa de cumpleaños, yo ni siquiera me acordaba que era mi cumpleaños, y ¿Cómo averiguo el mocoso cuando cumplía años? Deje las cosas en paz por el momento. Después de todo, era mi último cumpleaños antes de los 40.

Poco después de la 1 de la mañana, todos se fueron regresando al castillo, a excepción de Harry que estaba algo "inconveniente", me despedí de Rossie diciéndole que la vería en la noche para ponernos al día y me lleve a mi "compañero" hasta el carruaje. Por eso es por lo que me "huían". Estaba enojado aún, pero menos. No mataría a Harry... aún.

En cuanto pude llevar a rastras a Harry a su habitación, recordé el pequeñísimo detalle de que no conocía su contraseña y por más que le pregunté, Harry no lograba recordar cual era. Así que tuve que meterlo a mi habitación. Harry seguía murmurando algo que no entendía, y trate de acostarlo en mi cama, yo dormiría en el sillón que tenía al lado. Pero alcanzó a aferrarse a mi cuello y me tiro junto a él. Seguía murmurando cosas y yo no entendía más que fragmentos inconexos, así que le pregunte.

—¿Qué demonios quieres Harry? —.

—Nada, n-nada, n.a.d.a., no debes saberlo, no debes... —.

—¿Saber qué Harry? —Ahora estaba intrigado. No creí que ocultara algo grave, sabía que tenía sus secretos, pero este lo estaba poniendo mal. Podía verlo, tenía los ojos llorosos y la boca a punto de soltar un gemido de desconsuelo.

—No debes, n—no puedes saberlo... —.

—¿Que no debo saber Harry? —.

—Severus, Sev, Sevvie no debes saberlo, n-nunca... Y-yo... c-creo que tú, c-creo que yo... —.

—¿Qué Harry? —.

Esta escena era casi surrealista, un alcoholizado Harry Potter aprisionándome con su brazo contra mi propia cama, mientras murmuraba acerca de algo que lo estaba carcomiendo. Decidí insistir. Podía serme útil para mi "pequeña vendetta".

—¿Que no debo saber Harry? —Le dije casi susurrándole al oído. Algo debió torcerse en su mente, porque lo siguiente que recuerdo era a Harry Potter besándome.

Fue en un instante, puso sus labios contra los míos, mientras me abrazaba tratando de acercarme más a él. Podía sentir su desesperación y algo también debió torcerse mi mente, porque empecé a corresponder a su caricia.

Pude sentir como sus labios se abrían a los míos y sentí su aliento. ¡Por Merlín!, nunca había probado una boca más dulce que la de ese chico. Sentí como el calor invadía mi rostro mientras mi piel empezaba a arder. El Gryffindor sabia besar.

Harry me separo un poco de él y empezó a abrir mi saco, y luego siguió con mi camisa. Volvió a capturar mis labios, mientras sus manos exploraban mi pecho. No sé cómo, no me importo en ese momento, pero le quité la camisa que llevaba medio puesta y también empecé a acariciarlo, tenía la piel tersa y podía sentir como gemía levemente cuando pasaba mis manos por su espalda y luego regresaba a su pecho.

Después de unos instantes, empezó a besarme el cuello mientras iba bajando sus caricias al sur. No necesitaba mucho más, desde los primeros besos podía sentir como mi miembro empezaba a erguirse y sentir las manos de mi joven pupilo, solo hacía que el morbo y la excitación aumentaran dolorosamente dicha erección. No es que mi acompañante no estuviera "sufriendo" lo suyo.

Se aferraba a mi cuerpo con desesperación y podía sentir que tenía los mismos problemas que yo en la parte sur, y decidí corresponderle el favor. Lo separé un poco de mi pecho, que estaba besando en ese momento y empecé a besarle el cuello, para luego darle pequeños mordiscos en el lóbulo de su oreja, mientras empezaba a meter mi mano en su ropa interior. La otra mano estaba muy entretenida con su espalda y trasero.

—N-no debes, n-no debes saberlo... —Trataba de decirme entre gemidos.

—¿Que no debo saber Harry? —Conteste casi en un gruñido, ya no estaba pensando racionalmente, solo quería continuar lo que estábamos haciendo.

—S-se siente muy bien, Sev. P-pero no debes... s-saberlo... —.

—¿Qué Harry? —Le susurre al oído luego de jalar un poco su lóbulo con mi boca. Esperando que eso lo animará a continuar.

—Y-yo, yo... te amo... —.

Y para mi desgracia y la de mi "amigo" de abajo, Harry se desplomó y ya no recuperó la conciencia hasta la mañana siguiente.