19.- San Valentín


Pasó muy rápido el mes de enero y, Harry y yo; volvimos a nuestra rutina de clases, Quidditch y molestarnos mutuamente, pero ya con bromas menos pesadas. Al parecer, había escarmentado después de lo de navidad. Al menos eso es lo que yo pensaba.

Pensé, erróneamente, que las "muestras de afecto" que llegaban a las cajas de mi habitación ya habrían parado. Después de mi cumpleaños, habían descendido hasta que ya no llegaban más que un par de paquetes a la semana y una o dos tarjetas. Me sentí casi aliviado cuando noté esto, pero esto solo era la calma antes de la tormenta.

Un día antes de San Valentín, las cajas de mi habitación comenzaron a llenarse de forma alarmante, tuve que conjurar más cajas, y más y más. Antes de la comida, ya tenía al menos unas 20 cajas llenas de presentes y cartas reducidos. ¿Es que estos fanáticos no se cansaban? Si, fanáticos, hombres y mujeres. Tuve que dejar mi habitación, esperando que al final del día, al menos mi cama quedará libre para descansar.

Ese día en particular, la directora había decidido darles a todos dos días libres para dedicarse a enviar los presentes a sus respectivos "valentines" y luego disfrutar el día de San Valentín. En palabras de la directora "Albus estaría muy feliz de saber que hay más amor en el mundo". Y esa fue la "razón" de darnos a todos esos días libres.

Era uno de los peores días del año para mí, casi comparable a la navidad en años anteriores. Mientras la navidad era para pasar con amigos y familia, este día era muy enfocado a las parejas. Claro, también se decía que era para celebrar con amigos, pero dado que la gran mayoría del alumnado estaba en pareja, la cursilería se derramaba por todo el castillo. En eso tenía toda la razón Minerva, esto le hubiera encantado al adicto a los caramelos de limón.

Decidí que quería ver a Hocicos, le había tomado cariño al peludo ese. Un día entró a una de mis clases, supongo que fue siguiendo el olor de Harry o el mío, pero decidió seguirme a mí. Entró antes de que cerrara la puerta del aula, no lo note hasta que volteé a ver a mis alumnos ya que estaba escribiendo la lección de ese día en el pizarrón. Mis alumnos estaban muy quietos y callados, no es que fueran ruidosos, pero esto era casi irreal. Uno de ellos tosió y vi como Hocicos le gruño de forma amenazante, el chico se quedó de nuevo quieto en su lugar, mirando fijamente al perro. Este en cuanto vio que el chico se quedaba otra vez quieto, saco su lengua y me miró como esperando un premio por su "labor". Le di una botana para perro que le iba a dar en la tarde y le dije que fuera a ver a Luna, salió obediente y volví a cerrar la puerta. Los chicos jamás me habían dirigido tantas miradas entre odio y agradecimiento en mi vida.

Llegué hasta la cabaña de Luna y la vi en el jardín jugando con Hocicos, estaban jugando a traer el palo. Saludé a Luna y me senté junto a ella para también lanzar el palo al perro. Estuvimos así casi por dos horas. Luna dijo que iba a preparar su comida y que si gustaba quedarme a comer. Acepte y me dijo:

—¿Podrías hablarle también a Harry y Draco? —.

—¿Harry y Draco? ¿Por qué? —.

—Están en el bosque, se fueron directo por allí—Y me señalo un sendero—No sé si también quisieran comer algo. ¿Podrías ir y preguntarles? —.

—Si claro. Iré por ellos Luna—.

Entre en el bosque por el sendero que me indico Luna. ¿Qué demonios podían estar haciendo en el bosque prohibido los dos solos? Estaba ¿Celoso? Un poco. Sabía que Draco estaba con la señorita Astoria, pero Harry ahora estaba soltero, todas las chicas y chicos mayores de edad en Hogwarts estaban tras de él desde que Corazón de Bruja publicó la "noticia del año", la separación de la pareja favorita del mundo mágico.

Y con Harry en "circulación" de nuevo. No había un solo día en que alguna chica no le enviará desde una flor hasta tarjetas con mensajes muy pero muy subidos de tono. Y los chicos eran más o menos igual, excepto que ellos además tenían la costumbre de seguirlo a los vestidores del campo de Quidditch o a los baños, razón por la cual Harry agarró la costumbre de ir siempre acompañado por alguno de sus amigos o por mí.

Después de unos minutos oí voces, y los vi, estaban sentados en un tronco caído, Harry se veía decaído, si, decaído. Me acerque sigilosamente para poder escuchar lo que decían.

—Entonces terminaron en buenos términos Potter—.

—¿Nunca vas a dejarme de llamarme por mi apellido hurón? —.

—Nop, ¿A menos que prefieras cararajada? La sabelotodo y la comadreja si pueden decirme hurón, porque ya no les molesta que les diga así. Tú no. Así que te aguantas—.

—Déjalo hurón—.

—¿Entonces? ¿Estás deprimido porque te dejo la pequeña Weasley? ¿No lo habían hablado por meses? Al menos es lo que me dijiste—.

—No es por ella, ella y yo... bueno... no era una mala relación, pero después de la guerra, ambos queríamos darnos espacio, para digerir todo lo que había pasado. En parte fue por eso por lo que acepte la oferta de McGonagall, la otra razón es que quiero ser Auror, Kingsley me ofreció serlo sin los EXTASIS, pero no quiero un trabajo por ser "El Salvador Del Mundo Mágico" sino por mis méritos. Ginny quería estar cerca de sus padres después de la muerte de Fred, pero recibió una oferta de trabajo, su trabajo soñado, y decidió tomarla: le ofrecieron jugar con las Arpías de Holyhead. Así que ambos vimos que era hora de terminar. Los dos necesitábamos seguir nuestros objetivos y tener una relación así, no era saludable, ni deseable. Además, ya nos habíamos alejado mucho uno del otro—.

—¿Y entonces por qué esa cara ahora Potter? —.

—Desde que la revistucha esa publicó nuestra separación, he sido asediado por más de la mitad del alumnado del último año, y eso es solo la punta del iceberg, a diario me llegan obsequios y tarjetas, cartas, peticiones de mano, todo a mis habitaciones. Invitaciones a cenar, comer, desayunar, y "otras cosas", ya sabes de qué hablo. Y yo solo puedo pensar, que no es a mí al que quieren. Si no al "Famoso Harry Potter" no a Harry Potter a secas. Y yo solo... quisiera saber... que a alguien le importo solo por ser yo—.

—¿Y tus amigos? Nos importas cararajada, a mí, tu hurón favorito, a la sabelotodo, a la comadreja, a lunática y al ya-no-tan-quejica Longbottom, y todo el profesorado te adora. Y la familia de tu ex-novia ni se diga—.

—Lo sé hurón albino, lo sé; pero me refiero a que quisiera que alguien sintiera por mí lo que yo... siento por alguien—.

—¿Así que se trata de amor no correspondido? —.

—No lo sé. Me aterra pensar en que, si le digo algo, se aleje de mí. Así que prefiero no decir nada—.

—¿Y puedo saber quién es? —.

—No, los hurones son chismosos por naturaleza—.

—¡Hey! —Draco le dio enseguida un golpecito en el hombro, haciéndose el ofendido.

—Esa chica te cambio mucho Draco—.

—¿Astoria? Sí, ella es... diferente ¿sabes?... fue la primera en ver la marca en mi brazo. Fue a que le diera una poción para un dolor de cabeza y yo tenía arremangada la camisa, pudo ver toda la marca y ni se inmuto, tomó la poción y me dio las gracias. Al día siguiente llegó con una canasta de pastelitos y me dijo que eran para mí, por ser un buen enfermero. Fue al menos 3 veces por semana cada semana. Y aunque no hablábamos mucho más allá de unas pocas palabras, empezamos a hacernos amigos, empecé a contarle muchas cosas y caí redondito—.

—Después de su boda, ya imagino el titular, "Les presentamos a los señores Hurón"—.

—Cállate cararajada—Y vi como ambos empezaban a carcajearse con ganas.

Decidí que ya había oído suficiente, salí de mi escondite e hice un poco de ruido para no sorprenderlos mucho.

—Aquí están. Luna me mando a buscarlos, manda a decirles que si quieren comer en su cabaña—.

—Sí, ya vamos—Dijeron al unísono y regresamos juntos a la cabaña.

La tarde transcurrió en calma. Hocicos estaba en el jardín persiguiendo pájaros y Harry y Draco se lanzaban proyectiles de comida cada que Luna volteaba en otra dirección. Serían profesores, pero aún eran muy niños. Era bueno ver que la guerra aún no los había tocado tan a fondo que perdieran todo rastro de inocencia.

Regresamos al castillo ya casi para la hora de cenar, Harry parecía estar nervioso. Draco se fue hacía la enfermería diciendo que tenía que revisar "algo". Supuse que ese algo tenía el cabello castaño y lo estaría esperando ahí. Harry y yo nos encaminamos hacía el comedor y antes de llegar Harry me detuvo un momento por el brazo.

—Severus, este... ¿Quisieras pasar el día conmigo mañana? —.

—¿Por qué? ¿Pensé que querías pasar el día con alguna chica? —.

—Yo prefiero pasar el día contigo. No quiero pensar en las parejas. A menos que tengas planes con Rosmerta—.

—Una vez más, Rossie es mi amiga, así como tú eres mi amigo. Pensaba ir a verla y darle un regalo, es cierto; pero no pensaba pasar todo el día con ella. Si quieres, podemos ir a pasear a Hogsmeade y tomar algo con Rossie si tanto quieres estar lejos del castillo. O podemos ir a algún otro lugar si lo prefieres—.

—¿Podríamos ir a otro lugar y dejar a Hogsmeade al último? —.

—Bien, creo que sé a dónde podemos ir—.

—Entonces ya está, ya tenemos un plan para mañana—.

Entramos al Gran Comedor y después de cenar fuimos a nuestras habitaciones. Apenas abrí mi puerta, cayeron infinidad de presentes reducidos y Harry estaba en la misma situación, al menos ya no seguían llegando. Estuvimos cerca de 3 horas abriendo cada paquete para ver que era. Recibimos chocolates con forma de corazones alados, varias de esas cajas con un aroma sospechoso, esas decidimos desaparecerlas con magia. Podían estar llenos de Amortentia. Tarjetas con horribles poemas y decorados con encaje y tonos de rosa que deberían estar prohibidos como forma de tortura. Cada caja era una oda a la más horrible cursilería. Cuando terminamos de abrir cada paquete y solo quedaron las cajas, Harry empezó a reírse.

—¡Por Merlín! Están todos locos. Severus, si quisieras tener un Harem, solo tienes que publicarlo en el tablón de anuncios y habría una fila llena de aspirantes de ambos sexos—.

—Y tú también Harry, o debería decir ¿"El que llena mi corazón de dicha y me hace más feliz que una ardilla"? —Le dije repitiendo uno de esos horrendos poemas melcochosos de las tarjetas.

—Ja, ja, ja, ja, ese fue de los peores. Bueno; nos vemos mañana Sev—Y entró en su habitación.

Me fui a dormir pensando si le gustaría el lugar que elegí para mañana.


Al día siguiente, luego de desayunar, nos fuimos juntos hasta el área en que podíamos desaparecernos.

—¿Y a dónde iremos? —.

—A París, pero nos apareceremos en un área a la que casi no van los muggles, ¿Sabes que bajo París está el cementerio más grande del mundo? —.

—¿Nos vamos a aparecer en un cementerio? —.

—Sí, confía en mí. Te va a gustar—.

Nos dimos la mano y aparecimos en una de las criptas cerca de un grupo de turistas muggles, transforme rápidamente nuestras ropas y nos unimos a la parte de atrás del grupo. El guía iba dando las explicaciones, para fortuna nuestra, en perfecto inglés. Harry no podía creer que ahí hubiera seis millones de esqueletos humanos. Pensó que habrían sido producto de alguna guerra, pero no. A finales del siglo XVIII, estas cavernas habían sido convertidas en un cementerio común, las razones de los decesos eran desde enfermedades hasta peleas por las más diversas causas. Terminamos el recorrido y salimos a la ciudad.

Harry no podía creer lo que veía, la ciudad era hermosa. Uno no podía simplemente "ver", le propuse que buscáramos donde comer, ya que el recorrido nos dejó hambrientos. Entramos a un pequeño bistró y Harry vio el menú sin saber qué pedir.

—¿Quieres una recomendación? Pide sopa de cebolla, es sencilla y muy rica, o Beuf Borginon, es carne de res cocida con un litro de vino. No te preocupes, no te vas a emborrachar—.

—¿Tú que vas a pedir Sev? —.

—Uhm, quizás solo Ratatouille y una quiché. Quisiera dejar espacio para el postre—.

—¿Hablas francés? —.

—Un poco, aprendí lo suficiente por si tenía que huir de Voldemort en alguna ocasión—.

—¿Tu plan B era huir? —.

Suspiré, sí, mi plan B era huir como rata. Sabía que algún día Voldemort ya no me tendría como su "leal mortífago" y pasaría a serle un estorbo. Y no me equivoque. Si no hubiera sido por que le prometí a Dumbledore proteger a los alumnos de la escuela, hubiera puesto mucha tierra de por medio entre Voldemort y yo. No era cierto, lo sabía, no hubiera podido hacerlo, pero ganas no me faltaron. El mesero nos tomó la orden y continué.

—Como espía Harry; tenía que tener conocimientos de casi cualquier cosa que pudiera ser útil, y una de esas cosas que sabía, es que Voldemort no pararía nunca. Voldemort no solo quería el control del ministerio de magia y Hogwarts, una vez que tomara el control del Reino Unido, ¿Cuánto crees que tardaría en querer extender su dominio hacia el resto del mundo? Esperaba al menos tener un par de años lejos antes de que eso pasará. Afortunadamente no fue necesario y pude continuar mi vida al lado de todos ustedes—.

—¿No confiabas en que Voldemort pudiera ser vencido? —.

—Confiaba en que ustedes lo lograrían, pero siempre hay una pequeña posibilidad de fracaso, no importa que tan bien planees algo, o que tan a favor estén tus posibilidades. No hay nada seguro. Cualquier cosa lleva su riesgo implícito, Harry—.

—Creo que lo entiendo, Hermione una ocasión propuso que huyéramos y dejáramos todo antes de destruir los Horrocruxes, estaba asustada y quería huir de eso. Al final continuamos, pero por un momento desee hacerle caso y tratar de vivir lejos de todo. Pero no pude hacerlo—.

—No te mortifiques por lo que ya pasó. Mejor comamos, creo que ya traen nuestra comida—.

Y así era. Comimos platicando sobre las tarjetas horribles que habíamos recibido, y unas pocas que habían sido casi enternecedoras. Decidimos que regalaríamos los dulces hasta después de haber revisado que ninguno tuviera algún filtro de amor. Después de pagar, le dije a Harry que me siguiera, mientras planeaba mi "huida", había investigado posibles lugares donde vivir en esa ciudad, así que sabía que había una Boulangerie bastante popular a dos calles de ahí. Harry pidió al menos 6 cosas de las que le ofreció el dependiente. Y yo, solo quería un Croissant y quizás una rebanada de Clafoutis.

—...¿No crees que es mucho pan? —.

—Cállate Sev. Tú tienes la culpa, nunca había probado un pan de estos, y no sé cuándo vayamos a volver, así que déjame comer lo que yo quiera.

No discutí, fuimos con las compras a pasear al Champ de Mars, hogar de la Torre Eiffel, quería que Harry la viera cuando encendieran las luces. Compre unos cafés para acompañar los panes y nos sentamos en el pasto a esperar el fin de la tarde. A Harry se le iluminaron los ojos cuando vio encenderse la torre. Parecía "magia", pero solo era ingenio muggle.

Después de algunos minutos, ya que las luces habían terminado su espectáculo de esa noche. Le propuse pasear un rato por la ciudad antes de regresar al castillo.

—...Solo si compramos más pan, quiero llevarme algunos.

—Está bien pequeño mocoso—Le dije mientras le revolvía el pelo.

Compramos tanto pan como quiso. Quería que ese día fuera especial para él. Después de haber oído su conversación con Draco, esperaba, más bien, tenía la esperanza de que esa persona a la que Harry amaba, fuera yo. Quizás era infantil y algo cursi, pero quería que tuviera un día especial conmigo, quería recordar este San Valentín con la persona que amaba, aunque no fuéramos pareja.

Caminamos sin rumbo durante una hora, pasamos por el Louvre, y empecé a dirigir mis pasos hacia el Sena, era hora de regresar, además de que quería pasar a darle un obsequio a Rossie. No había tenido ocasión de darle su obsequio por San Valentín, después de todo, también era un día para pasar con los amigos ¿Cierto?

Bajamos uno de los puentes que atravesaba el río, y nos desaparecimos. Aparecimos en Hogsmeade y apenas pusimos un pie ahí, Harry me dio un abrazo muy fuerte y me agradeció por el día que habíamos pasado. Me dijo que me esperaba en el castillo, quería llevarle un poco de sus compras a sus amigos. Y yo, fui directo a ver a Rossie, que para mi suerte estaba parada justo en la entrada de su local.

—Hola Rossie, te traje esto, ¡Feliz San Valentín! —Le dije mientras le extendía su regalo, era una coctelera muggle, a la cual le había hecho un encantamiento para que funcionara sola y sirviera los tragos que su dueña, ósea Rossie, le indicará.

—Gracias tesoro, ¿Quisieras tomar un té antes de irte? —.

—Sí, claro Rossie—.

Ya dentro de su local, sirvió un par de tazas de té de menta. Estábamos tomando el té y hablando de como habíamos pasado el día.

—¿Así que fuiste a París con tu joven aprendiz Severus? —.

—Sí Rossie, quería que el chico tuviera un día especial, después de su "rompimiento", no quería que sintiera este día como una carga, y créeme, se dé eso—.

—Claro, claro; ¿Y desde cuando estás enamorado de Harry, Severus? —.


Nota al margen: ¿Por qué París? Porque es uno de mis sueños ir a la Ciudad Luz algún día. Y en mi imaginación, y después de ver muchos programas referentes a París, pienso que es un destino que podría haberles gustado a Severus (Cráneos apilados y el museo más famoso del mundo) y a Harry (mucha comida y postres deliciosos, además de los espectáculos).

También barajé las posibilidades del Támesis (hay una especie de mercadillo a orillas de él), pero pensé que alguien cómo Sev, le gustaría más una ciudad cultural, o quizás Roma, también era una opción.