RELACIÓN DE INTERESES
Capítulo 2
Draco y Hermione habían quedado en verse por la tarde al día siguiente. La mujer todavía tenía que poner algunas cosas en regla con su equipo y el hombre debía trabajar por las mañanas, así que retrasaron su encuentro hasta las ocho de la tarde. Cuando Hermione llegó al despacho de Malfoy este estaba bebiendo una copa de whisky de fuego mientras miraba unos documentos; a su lado había otra copa llena hasta la mitad.
—Extremadamente puntual, Granger —dijo él tras mirar el reloj—. Aunque no me sorprende siendo quien eres.
—Al grano, Malfoy —replicó ella, dejándose caer sobre una de las sillas; Draco sonrió y cogió la otra copa tendiéndosela a Hermione. Ella no tardó en aceptarla—. ¿Cuál es el plan?
—¿Quién te dice que tengo un plan? —preguntó él, arqueando una ceja.
Hermione sonrió y le dio un sorbo largo a la bebida—. No me hubieras citado sino tuvieras uno. Nuestro tiempo es demasiado valioso como para perderlo en una conversación sin contenido, así que dime, Malfoy, ¿cuál es el plan?
—Qué perspicaz —dijo él y le dio un sorbo a su propio vaso—. El primer paso para hacerlos caer, Granger, será crearles la falsa seguridad de que no sabes lo que han hecho y que se confíen. —Hermione arqueó una ceja, incrédula—. No será muy difícil. Limítate a sonreír, responder como siempre y fingir que la perdida de las elecciones te ha desanimado pero no te rendirás.
—Genial, ahora dime algo que no hubiese pensado ya —replicó, poniendo los ojos en blanco.
Draco sonrió, acomodándose sobre su silla y mirándola con una sonrisilla—. ¿Qué sabes de Marjorie Burton?
—No mucho, sé que está casada con Humphrey Burton y que le gustan las fiestas del té típicas de las marujas. Hemos hablado un par de veces, lo justo y necesario para que quiera tenerla lo más lejos posible.
—Interesante —comenzó él—, ¿y te gusta el té?
—No, ¿por qué? —preguntó consternada.
—Porque te vas a hacer amiga de la señora Burton, te enterarás de sus mierdas y luego las sacaremos a la luz —explicó son simpleza.
Hermione se acomodó sobre la silla, arqueando una ceja y soltando una pequeña risa. ¿De verdad Malfoy se creía que ella caería tan bajo como para relacionarse con esas señoras estiradas y que solo se dedicaban a decir mierdas de la gente?
—Ajá, piensa en otra cosa porque me niego a juntarme con esa gente —replicó.
—No será tan difícil, Granger. Están obsesionadas con la mujer perfecta que debe hacer todo lo que su marido diga. —Hermione sintió un escalofrío de espanto recorrerla—. Diles que quieres saber qué debe hacer porque has encontrado al amor de tu vida —la burla estaba implícita en esas palabras—, y que quieres saber qué debes hacer para ser la esposa más maravillosa del mundo, te ayudarán encantadas.
—¿Y cómo van a creerse tal cosa? En muchísimas ocasiones he dejado claro que esa idea de mujer sumisa subyugada a las órdenes de su pareja es errónea y debemos luchar contra ese machismo que es tan notable en la sociedad mágica. Las mujeres no somos objetos que lucir…
—Guárdate tu discurso para alguien que no se lo haya aplicado, Granger —terció él—. Diles que has conocido a una persona y al reflexionar te has dado cuenta de la importancia de ser una buena esposa. Te aceptarán encantada en su club de amargadas clasistas.
—Sigue sin gustarme la idea, no me saldrá bien meterme en un papel tan contrario a mi forma de pensar.
Draco bufó, levantándose de su silla para alcanzar la botella de whisky y rellenar sus copas; miró a Hermione con una mueca aburrida. La chica parecía desafiante ante la idea, y lo podía comprender, pero era la misma que dijo que haría lo que fuera para derrotar a aquellos que se dedicaban a poner todo en su contra y hundirle la carrera.
—Estoy seguro de que lo conseguirás, eres política después de todo.
Hermione lo miró con los ojos entrecerrados—. ¿Estás insinuando que soy una mentirosa?
—Es innato en los políticos, tómatelo como un halago —replicó él—. La demagogia es un arte que dominas.
—Ni siquiera voy a discutir sobre esto contigo —repuso ella, algo molesta—. No soy como los demás políticos.
—Y por esa razón no eres Ministra de Magia —declaró el hombre.
Hermione se quedó en blanco ante eso, mirando a Malfoy con el ceño fruncido y una mueca en los labios. Eso era un ataque que no se esperaba recibir y la risa que soltó el hombre aumentó su molestia. Tras varios segundos, la mujer se recompuso y le dedicó su mejor mirada asesina.
—Eso fue un golpe bajo.
—Oh, vamos, Granger —se burló él—. Me lo dejaste en bandeja de plata, no pude desperdiciar la oportunidad de reírme un poquito.
—Te estás buscando otro puñetazo —terció ella con simpleza, arqueando una ceja.
—No amenaces a la persona que te está ayudando.
Malfoy volvió a tomar asiento en el mismo instante que Hermione se incorporó ligeramente, apoyándose en el escritorio e inclinándose con suavidad hacia donde estaba Draco, el hombre se apoyó con los codos sobre la mesa, esperando la respuesta de Hermione.
—No es una amenaza, Malfoy —dijo ella con una sonrisa—. Es una promesa.
Draco sonrió; esa sonrisa de galán que solía utilizar en las cenas de empresa para hacer enrojecer a los hombres y mujeres que buscaban algo más que intercambiar palabras con él. Recortó la distancia entre ellos hasta que los separaba un mínimo que algunos considerarían inapropiado. Hermione, sin embargo, no pareció perturbada por la repentina cercanía de Malfoy y le correspondió la sonrisa.
—Nunca esperé tener a Hermione Granger prometiéndome cosas en mi despacho —dijo—. ¿Qué será lo siguiente?
La mujer sabía perfectamente a qué jugaba Malfoy y la fama que tenía. A ojos de la prensa no había pasado desapercibida la actitud de «jugador» del hombre, yendo de flor en flor sin llegar a comprometerse de forma seria con nadie. Era un coqueto por naturaleza, y con el paso de los años sus límites se habían desdibujado hasta el punto que le daba igual la sangre o el sexo, lo importante era ligar y él era un experto en eso.
—Si te portas bien, Malfoy, y cumples con tu parte del trato —comenzó ella. Draco no pudo evitar dejar caer sus ojos en los labios de la chica. Los años le habían sentado bien a la mujer—. Entonces te dejaré saber qué más puedo prometer en tu despacho.
Hermione se incorporó, cogiendo sus cosas y lanzándole una mirada rápida a Malfoy antes de comenzar a caminar para poder salir de la oficina. El hombre parecía sorprendido por los movimientos repentinos de la castaña, pero no dijo nada.
—Ahora si me disculpas, debo irme. —Miró su reloj de pulsera—. En una hora debo estar preparada para ir a cenar con Ginny y no quiero llegar tarde. —Se giró un poco, sonriéndole—. Que tengas una buena tarde. Y, no te preocupes, hablaré con la señora Burton y su grupo de amargadas.
Draco no dijo nada, manteniendo la sonrisa y reacomodándose en la silla mientras veía a Hermione salir. Sin duda ese acuerdo resultaría muy entretenido para los dos.
Ginny estaba enrollando la pasta en su tenedor cuando decidió preguntar lo que tanto ansiaba desde que llegó al restaurante. Hermione estaba sentada frente a ella, comiéndose una lasaña de pollo con la mirada perdida en algún punto de la mesa.
—¿Cómo te sientes? —inquirió.
—Eh. —Ginny se rio ante la confusión de su amiga.
—Que cómo te sientes —repitió.
—¿Por las elecciones?
—Obviamente —contestó la otra poniendo los ojos en blanco.
—Decepcionada, supongo —dijo la castaña, encogiéndose de hombros.
Ginevra frunció el ceño y arqueó una ceja—. ¿Supones? ¡Fueron extremadamente injusto contigo! Pensé que estarías subiéndote por las paredes.
Fue el turno de Hermione para arquear una ceja; Ginny parecía genuinamente sorprendida por su actitud respecto a los resultados. No la culpaba, en otras circunstancias estaría amargada durante semanas por semejante fiasco, pero tras descubrir la mierda que había oculta tras las elecciones no tenía tiempo para ponerse a pensar que a ojos de los demás era la candidata perdedora.
—No voy a morir por perder, Ginny —comentó con simpleza—. La próxima vez será diferente, estoy segura.
—Estas elecciones podrían haber sido diferentes —terció ella—. Estoy segura de que amañaron los resultados.
—¡¿Qué dices, Ginny?! —preguntó Hermione con fingido tono cómico. Le dio un sorbo a su copa de vino—. ¿Cómo van a hacer eso? El Ministerio tiene el principio de transparencia como máxima desde la guerra, ¿de verdad crees que caerían tan bajo como para amañar unas elecciones?
Ginny suspiró—. Tienes razón. Es solo que me sorprende que hayas perdido, pensaba que todo estaba a tu favor.
Hermione sonrió; Ginevra siempre había sido la primera en apoyarla en todas las cosas que emprendía y realmente agradecía su compañía. Sin embargo Shackelbot también había sido un apoyo constante cuando comenzó en el Ministerio y había resultado ser uno de las personas detrás de sus fracasos dentro de la política.
—No le des vueltas al tema, yo no lo hago y soy la principal afectada —comentó Hermione—. Además que todavía quedan muchos meses por delante, ¿quién sabe qué puede pasar? Quizás nos llevamos alguna sorpresa y el ganador renuncia o algo así.
Ginny se echó a reír—. ¿Te imaginas que renuncie? No me extrañaría, no parecía tener muchas luces durante la campaña electoral. Quizás el puesto se le quede grande.
Hermione le dio otro sorbo a su copa de vino. Quizás debería desconfiar también de Ginny, quizás debía desconfiar de todos en los que una vez confió. Uno a uno descubriría a todos los que habían tratado de hundirla a lo largo de los años y serían ellos los que caerían, fueran quienes fueran.
Pasó casi una semana antes de que Hermione encontrase una forma de acercarse a la señora Burton. Cuando estaba ordenando unos papeles en su oficina, la mujer encontró una de las invitaciones a la fiesta del té que realizaban las mujeres de alta sociedad todas las semanas en un club del centro. Solo recibías una invitación para participar en sus charlas cuando te consideraban lo suficientemente relevante en la sociedad mágica, y Hermione no iba a perder la oportunidad de relacionarse con la señora Burton cuando sabía que acudiría sin falta a esa merienda.
Se había apresurado en mandar su confirmación de asistencia con uno de los búhos del Ministerio y cuando recibió el papel con la hora y lugar de la merienda buscó un trozo de papel para enviarle una nota a Malfoy. El hombre le había dicho que le avisase de cada acción que hiciera para aproximarse a la mujer y eso haría.
Malfoy,
he confirmado mi asistencia a una merienda de mujeres de alta sociedad. Tengo entendido que la señora Burton no se pierde este tipo de reuniones, así que espero encontrarla allí y poder acércame a ella para entablar una conversación. Cualquier avance que haga te lo comunicaré tras el encuentro.
H. J. G.
Le dio la nota a su búho Hermes y en menos de media hora el ave había vuelto portando un pequeño pergamino con la respuesta del hombre.
Granger,
me sorprende tu rapidez. Parece un buen lugar y momento para hacerte su amiga, estará en confianza así que no dudará en ayudarte en lo que le pidas. Trata de evitar que te salga urticaria por relacionarte con esas mujeres y fingir que compartes su forma de pensar. No te será muy difícil ganártela, la gente que va a esas reuniones son todas una viejas sensibleras, en cuanto le hables de tu amor verdadera se echarán a tus pies.
Estaré en mi oficina hasta las nueve, quizá si todo te sale bien yo también puedo comenzar a prometer cosas en mi despacho.
D. L. M.
Hermione sonrió ante la clara sugerencia del hombre y se guardó la nota en el bolsillo. La merienda comenzaría en media hora, así que iba a salir ya para poder llegar a tiempo. Cuando llegó se fijó en que el lugar escogido era uno de los restaurantes más caros de todo Londres mágico. Sin duda a esas personas les gustaba presumir de su estatus económico.
Tomando una profunda respiración, Hermione se adentró en el edificio y, tras buscar con la mirada, se encaminó hasta la zona donde la señora Burton tomaba el té con tres mujeres más. Todas parecieron genuinamente sorprendidas de verla ahí y se sorprendieron aún más cuando tomó asiento con ellas.
—¡Qué sorpresa! —exclamó una; Hermione era incapaz de recordar su nombre—. No esperábamos verla aquí, señorita Granger. Cuando nos dijeron que había confirmado su asistencia pensamos que era mentira. Nunca ha venido.
Hermione dibujó su sonrisa más falsa—. Siempre hay una primera vez para todo, ¿no?
Las mujeres murmuraron un «Por supuesto» al unísono y trataron de añadirla a su conversación sobre telas de alta costura. Hermione se sorprendió de su capacidad para no bostezar o quedarse dormida ante semejante charla aburrida.
—¿Y cuál es la razón por la que ha venido exactamente, señorita Granger?
La castaña aprovechó que las otras dos mujeres se habían ido al baño para acercarse más a la señora Burton y así comenzar con el plan.
—Me he enamorado —dijo y la mujer jadeó impactada—. Y el amor me ha hecho darme cuenta de lo que equivocada que estaba sobre mi concepto de la mujer perfecta.
—Me alegra que haya sabido reflexionar —comentó ella—. ¿Y por eso has venido?
—Bueno, en realidad vengo por su ayuda —dijo y la señora Burton frunció el ceño—. Mi madre ha recibido una educación diferente al ser muggle así que no entiende lo diferente que son las cosas para los compromisos mágicos, sobre todo con las tradiciones sangre pura —explicó—. Sé que aquí ustedes todas comprendéis la importancia de los modales y la clase.
—¿Tu pareja es un sangre pura? —Hermione asintió—. ¡Eso es maravilloso! ¿Y no has tenido el placer de hablar con su madre? Estoy segura de que ella podría resolver todas tus dudas y ayudarte.
—Me encantaría hacerlo, pero desgraciadamente su madre ha fallecido —respondió con fingida pena—. Por eso pensé que quizás aquí encontraría consejo.
—Oh, eso es terrible. —La mujer puso una expresión destrozada que casi hace reír a Hermione—. ¿Y en qué podría ayudarte?
—Bueno, usted es realmente la única persona con la que he llegado a mantener una conversación de más de dos minutos de todas las personas en esta sala —comentó con una risilla—. Sé lo buena esposa que es usted, por eso su matrimonio ha sido tan duradero, y me gustaría tener un futuro igual de brillante.
La señora Burton parecía a punto de echarse a llorar, lo que descolocó un poco a Hermione. Malfoy le había enviado una carta comentándole que no le sería difícil ganarse la confianza de esas marujas porque eran todas unas locas obsesionadas con el amor y la idea del matrimonio perfecto. «Viejas sensibleras», había escrito el hombre para referirse a ellas.
—No sabe lo que me emociona ver cómo ha abierto los ojos y quiere aprender a ser una gran esposa para su pareja, señorita Granger —murmuró ella, agarrando entre sus manos una de las de ella—. La ayudaré en todo lo que pueda —aseguró—. Estaré encantada de enseñarte a ser la perfecta esposa para tu hombre.
Hermione tuvo que morderse la lengua para no echarse a reír ante eso, y tras unos segundos consiguió sonreír con fingida emoción.
—Gracias por ayudarme, señora Burton. No sabe cuánto lo agradezco.
—Marjorie.
—¿Eh?
—Puedes llamarme Marjorie —dijo la mujer—. Creo que no hay necesidad de utilizar esos honoríficos, porque estoy segura de entre nosotras surgirá una gran amistad, Hermione.
Ella solo se limitó a sonreír y asentir. Sería una tarde muy larga.
