.

.

.

CAPITULO 16

Lo siento

.

.

.

—Mira esto.

Desconcertada se encontraba la joven Sasuko al recibir en su cuarto fotos del chico que ha estado buscando desde aquel incidente.

—¿Te comieron la lengua los ratones? Comenta algo. —Le dijo la madre aun con calma.

A su manera.

—Lo siento madre, pero ¿es una broma?

—¿Me estoy riendo?

No lo hacía, pero eso lo hacía más sospechoso.

—…Me haces buscar a este desagradable chico y ahora solo te quedas callada, de verdad que me colmas la paciencia. Ten, toma, aquí está toda la información sobre él después de leer esto espero que te arrepientas.

Sasuko tomó una foto en donde su rostro se veía a la perfección y la escena en donde se encontraban peligrosamente cerca apareció por un instante sonrojándola, posicionándolo en su pecho suspiró.

—¿Y si no?

—Tsk. —Exclamó su madre— como he acordado te ayudaré, pero mantendrás tu promesa.

No estaba segura del todo, pero ver fotos de él la desilusionan de alguna manera, era demasiado imposible que esto se llevara a cabo.

—Te quiere conocer. —Sasuko abrió los ojos a más no poder—, así que dime tu respuesta. —La madre la vio entrar en un conflicto interno cuando observó que revisaba con rapidez los papeles con su información por lo que la ayudó—. Su nombre completo es Hinata Hyuga, tiene 26 años, actualmente vive en una choza con su madre enferma y con su hermano, sus ojos son de color perla y posee una cicatriz en la frente por un accidente en el trabajo, se muda frecuentemente y posee un particular miedo a las abejas. ¿Qué más…?

—¿Tiene novia? —Interrumpió como si nada de eso importara.

La mujer la miró con desprecio, ¿Qué importaba eso?

—No lo tiene. —No le quedo de otra que responder.

—Entonces hazlo. No hay nada más que pensar.

—Toma —Le extiende una carta— le explique que por seguridad se estarán enviando cartas hasta por fin conocerse, así te sentirás a gusto ¿no?

Así empezó su aventura de cartas sin saber que solo jugaban con ella, conociendo nada más que un papel vacío.

.

.

.

—Deberías descansar, está controlado.

Se le acercó a Hinata quien indudablemente se encontraba cansado apretando sus puños.

—Eso es lo que todos dicen, pero tú misma te das cuenta Shino ves las caras de los doctores cuando dicen todos los días lo mismo, cada día está peor.

—Pero no es eso lo único que te acongoja…

Hinata apretó su mandíbula, dudoso en responder.

—Tienes razón…

—Puedes decirlo, somos amigos, hombre.

Hinata arrastró su mano por su boca.

—De hecho, es sobre Sasuko, últimamente ha estado muy rara, la siento tensa, me mira, pero no dice nada, y siempre me pregunta hacia donde voy…

—Quizás es el estrés del embarazo, muchas mujeres en esta etapa sienten inseguridades, ahora súmale su trabajo, ponte atento y cuídala, recuerda que es justo esto lo que su madre no quería, así que ten cuidado.

—Sí.

—Ya se está haciendo tarde, las horas de visita casi acaban, ¿te llevo a tu casa?

Hinata negó con la cabeza

—Mi hermano cada día está más recaído. Me voy a quedar y lo voy a cuidar ya que él también lo está pasando mal.

Shino tocó el hombro de Hinata.

—Llámala, no vaya a ser que se preocupe por ti.

Sin dudarlo sacó su teléfono celular para llamarla y avisarle que no pasará la noche hoy en casa.

Tardó en responder.

—¿Si...?

La escuchó cansada.

—Duerme temprano. —Dijo lo primero que se le ocurrió.

—¿Hinata?

Su voz sonó preocupada y a Hinata le inquietaba eso.

—Digo, si quieres… —Suavizó sus palabras— No podré llegar a casa esta noche, así que no me esperes.

Un silencio sobrevino y entonces un grito le hizo alejarse del artefacto.

—¿Por qué no vendrás? ¡¿Por qué?!

Hinata abrió los ojos sorprendido de tal acción, volteó a Shino quien solo se alzó de hombros asustada que su amigo alejara de la nada su teléfono. Hinata perplejo tardó en volver a acercarse a su celular y esperó a que ella explicara por qué de esa actitud arrebatada.

—¡¿Por qué dejarías a tu mujer embarazada?! ¡¿No piensas en mí?! ¡¿piensas que no te necesito o… acaso no te importo?!

Bueno, definitivamente algo le pasaba y no podía dejarlo en alto.

Sin darse cuenta se encontraba en una lucha mental de dejar a su hermano e irse con su mujer o dejarla y quedarse con su querido hermano.

Ya ni se acordaba que seguía en línea hasta que escuchó un gemido de ella.

—Ésta bien, llegaré.

Colgó sin esperar respuesta, molesto porque se frustraron sus planes

Y se molestó aún más al llegar a casa y ver a su esposa dormida.

Las malas rachas seguían llegando ese día al recibir una llamada de la mujer que quería lo más lejos de su vida.

Otra vez amenazándolo para asegurar su futuro, un futuro sin él y era lo que más ansiaba. Al tener estos pensamientos dirigió su mirada hacia la mujer que yacía en su cama, seguía en la misma posición que la había movido, tan vulnerable; Se acercó a ella sin ningún pensamiento y la abrazó, tocó su rostro y notó humedad, se preguntó entonces si sentía calor.

Mientras que Sasuko reprimía sus lágrimas.

A la mañana siguiente no sintió a nadie a su lado y una extraña sensación lo albergó, una soledad incesante, una opresión en su estómago.

Nuevamente en el hospital Shino notaba a su fiel amigo pensativo, apoyo su mano en su espalda.

—¿Qué pasó ayer? —Inició la conversación con una curiosidad.

—Me manda a la casa solo para verla dormir. —Contestó sin despegarle la vista su madre postrada en cama.

—Tranquilo es normal estás preocupaciones en embarazadas.

—¿Normal dices? A ti nunca te pasó.

—Cada mujer es diferente.

—Ajá.

—Igual sólo unos meses tienes que esperar y serás libre.

Hinata por fin la miró, abrió la boca, pero le costó articular lo que estaba a punto de decir, desvió su mirada entonces.

—A pesar de solo faltar unos meses, —Tocó su pecho— Siento que acabará pronto.

—¿A qué te refieres?

Hinata cruzó miradas entristecido.

—Ni yo lo sé.

Incluso así regresó a casa, cansado una vez más, con Sasuko como su único pensamiento, a duras penas pudo sentir el ardor en sus mejillas provenientes de la cachetada que le otorgó su mujer al entrar.

—¡Lo sé todo!

Hinata seguía en shock y Sasuko tuvo que continuar.

—Sé que me engañaste.

Y con esas palabras se enteró entonces Hinata que todo acabó para ellos.

—¡Di algo! —Exigió cansada.

Él triste deseo de querer tener una familia, de huir juntos, de estar sin importar nada se desvaneció.

La observó con sus mejillas enrojecidas, su cara al natural, su entrecejo fruncido, sus lágrimas salir sin compasión, no creyó ser partícipe de tan lamentable situación, ni ser el culpable de ello.

Y locamente la miró hermosa.

—Lo siento.

Y quiso llorar porque se dio cuenta que no quería que acabara.

—¿Por qué lo sientes? No deberías de sentirlo, por lo visto haces lo que quieres.

—Lo siento.

—¿Qué es lo que sientes? —Alzó la voz—, ¿te parece divertido jugar conmigo… —Nuevamente iba a pedir perdón, pero no pudo al escuchar esta revelación—: engañarme con otras?

¿Con otras?

Se refería a…

—Mamá ya me contó, ya sé que ella te encubría.

¿Lo confundió?

Tuvo el impulso por un momento de corregirla de decirle que él en ningún momento se metió con otra mujer, arreglarlo, pero… si su madre se lo contó quería decir que ella ya había decidido el final y bajó la mirada inclinándose.

Él lo sabía.

Tenía que ser el culpable de todo esto.

Incluso aunque no quisiera se propuso a decir las únicas palabras que significaban tantas cosas a la vez pero que no decían nada.

—Lo siento.

.

.

.

Notas:

¿Qué les pareció?