Hey, aquí Haru con otro capítulo que espero que les agrade. Aquí todavía no aparecen los protagonistas principales del juego, pero ya llegara su turno.
Disclaimer: No, les aseguro que yo no soy Jordan Mechner.
Here we go...
Cuando el otro príncipe despertó nuevamente, se encontró desparramado en el suelo, y todo a su alrededor estaba sumido en un extraño y un tanto atemorizante silencio, ni siquiera podían oírse el cantar de los grillos o el aleteo de las aves nocturnas. Se levantó, gimiendo suavemente por un punzante dolor de cabeza, a la cual se llevó una mano, la que retrajo después de sentir algo pegajoso entre su cabello, y al acercarla a sus ojos, vio sus dedos manchados en sangre que había salido de la herida que había recibido, y que ahora estaba empezando a secarse, además de sentirse dolorido donde su cuerpo había hecho contacto con la pared. También se sentía un poco mareado, pero se superpuso a ello y miró la destrucción alrededor, la cual estaba bañada en secciones por una extraña neblina que le llegaba bajo las rodillas si se acercaba, parecida a brillante arena suspendida en el aire, pero lo dejó de lado pues al menos a él no le hacía nada, así que continuó con la inspección. Todo era un desastre, bancos dados vuelta, cojines, vasos y tazones desparramados, escombros...había una pila de ellos bloqueando el paso al otro lado de la sala, que habían caído durante la catástrofe...
'¡Farah...Arundhati!' pensó desesperado.
No había ningún cadáver entre los restos, lo que fue un alivio fugaz, pues aun no sabía que había pasado con su hermana o la otra joven, ni cuanto tiempo había estado desmayado. Pero a diferencia de su hermana, la muchacha no tenía nada con lo que protegerse de la corrupción... No quería ser pesimista pero las cosas no pintaban nada bien...
Detuvo de inmediato esa línea de pensamientos, no harían más que desanimarlo y distraerlo, pues por mucho que la quisiera, su hermana era la prioridad número uno. Tenía que ir por ella.
Pero primero debía buscar una salida de ese caos.
Encontró la lanza que había tomado prestada todos esos días atrás y decidió llevarla con el como protección por las dudas. La puerta por la que habían entrado estaba bloqueada por escombros, la de la derecha estaba cerrada y la de la izquierda tenía escombros tapándola pero había una abertura delgada debajo de los restos por las que podía pasar arrastrándose, lo que hizo con mucho esfuerzo, pues la armadura era un tanto incómoda y él no era ligero de cuerpo que digamos gracias a todo el entrenamiento que realizaba.
Después de sacudirse un poco el polvo, se dedicó a observar a donde estaba. Era un pasillo ancho, con dos direcciones. El camino de la izquierda estaba bloqueado.
No tenía idea de como era el palacio, ni donde estaban ubicadas las habitaciones y cosas así, por lo que se dejaría guiar por su instinto.
Farah no estaba junto a él al despertar, lo que le indicó que ella debió de quedar en la habitación del otro lado, sino ella se habría mantenido a su lado hasta que el recuperara la consciencia, y si alguien se la hubiera llevado, lo hubieran tomado a él también ¿no? Así que decidió ir abriéndose camino sobre la marcha, con la esperanza de cruzar caminos con Farah, púes imaginaba que su hermana no se quedaría en el mismo lugar a esperar sin hacer nada, ella no era de las personas que se quedarían de brazos cruzados a esperar a ser rescatada sin hacer nada, y él tampoco.
El pasillo estaba iluminado, con la misma extraña neblina de arena, pero igual de desierto que todo lo demás. Igualmente, lo recorrió con cautela, pues ya se había develado como el príncipe de la India y si aún había alguien de sus enemigos por ahí que hubiera sobrevivido podría considerarlo una amenaza.
Más escombros le impedían el paso, pero a la izquierda había una puerta que llevaba a uno de los ostentosos dormitorios, con una enorme cama rectangular con dosel, palmeras creciendo en las cuatro esquinas y techo abovedado. Había también un balcón en diagonal a la derecha de la puerta por la que había entrado, y como las otras dos puertas estaban selladas, cruzó la habitación y trepó los escombros de la destruida escalera de piedra que una vez llevó al balcón.
Llegó a otro pasillo que en dirección derecha estaba bloqueado, por lo que se dirigió a la izquierda, y el único camino que pudo seguir fue a la derecha a otra puerta.
Esta sala también contaba con una puerta cerrada al extremo de la habitación, y una puerta en la esquina izquierda en diagonal a la puerta de entrada. La escalera que le seguía llevaba a un pasillo superior, que solo tenía un camino a la derecha.
La puerta había sido arrancada de su lugar, y ahora yacía en el suelo hecha tan solo un montículo de escombros. Más allá, el camino de nuevo estaba tapado por restos de tejado.
Al entrar a la sala, se encontró con otro dormitorio casi idéntico al anterior por un par de mínimas diferencias.
El lugar estaba tranquilo, la cama se mantenía intacta, el silencio a su alrededor era tan ensordecedor que sintió escalofríos recorrer su espalda. Dio unos pasos al interior y barrió el lugar con su mirada atento a cualquier peligro.
Así fue que la encontró.
Estaba sentada en un bloque de piedra de un balcón superior que había caído durante la conmoción. Su cabello negro estaba desordenado y sucio, su túnica blanca estaba manchada de tierra y había cortado un trozo de tela de una de las cortinas decorativas para humedecerla en la fuente a un lado de la habitación y usarla para limpiar un corte profundo que seguramente había recibido cuando las arenas fueron desatadas.
Él sonrió suavemente con felicidad cuando sus ojos la vieron, y se sintió tan entusiasmado por encontrarla que casi olvidó dónde estaba y qué estaba pasando.
Salió de su ensueño y habló para hacerle notar su presencia.
—Arundhati... —exhaló con alivió y alegría filtrándose en su voz.
Al oírlo, ella levantó la vista de su lesión y al instante una sonrisa aliviada y feliz agració sus labios. Dejó caer el trozo de tela y se levantó de su asiento, casi corriendo hacia él para lanzarse sobre él con los brazos extendidos y darle un sentido abrazo.
Él le correspondió con diligencia, tomándola en sus brazos con prontitud, apretándola contra él, sintiendo un agradable calor llenando su pecho al sentirla viva y a salvo, pero de inmediato ella dio un jadeo y prontamente se apartó de él unos pasos, desconcertandolo totalmente.
—Lo...lo siento, mi príncipe... —comenzó a decir luciendo avergonzada y desviando los ojos de él—. No debí de haberme tomado esa atribución... yo de verdad le ruego que me disculpe.
Kalim le sonrió con dulzura, acortando la distancia que momentos antes Arundhati había puesto entre ellos y posando una mano en su hombro para llamar su atención.
La joven alzó sus ojos miel hacia él, con sus mejillas algo sonrojadas, y el príncipe se inclinó sobre ella para posar sus labios sobre los suyos y arrebatar un beso de ella.
Fue breve, tan solo unos segundos, pero Kalim derramó en el toda la ternura y el cariño que sentía por ella que fue capaz.
Al separarse gentilmente y abrir ambos los ojos, los dos portaban suaves sonrisas de alegría y alivio.
—No te disculpes —dijo con suavidad, abrazándola por la cintura—. Aquí no tiene caso ocultar lo que sentimos él uno por el otro, no creo que quede nadie que pueda juzgarnos.
Ella asintió ante sus palabras, su sonrisa tornándose un tanto melancólica al recordar de nuevo que los sobrevivientes de la invasión y ahora de esa catástrofe debían ser muy ínfimos.
De inmediato, sus ojos se ensancharon, recordando a alguien más.
—¡¿Y la Princesa Farah?! —preguntó con preocupación.
Entre todo el caos, ella tampoco había visto hacia donde había ido.
—Creo que quedó del otro lado de la sala, no pude ir tras ella, pero tranquila, se que estará a salvo —le aseguró.
Eso funcionó para aliviar la preocupación que la joven tenía por su ama, la princesa podía defenderse a si misma. Entonces miró al príncipe que secretamente había amado.
—¿Y que ocurrió contigo? ¡Estas sangrando! —señaló, notando la sangre apelmazada en su cabello.
Él volvió a llevarse la mano a la cabeza, sintiendo la sangre ya casi seca.
—Oh, un golpe entre toda la conmoción, nada de que preocuparse por el momento —aseguró restándole importancia a la herida.
Ella lo observó dudosa, pero lo dejó pasar.
—Entonces ¿qué haremos ahora? —preguntó en cambio.
—No me dirigía a ninguna parte en particular, la verdad, esperaba solo alejarme de aquella sala, y una vez que me familiarizara con la construcción del palacio, ir tras el culpable de todo esto, y tal vez encontrarme a mi hermana en el camino —contestó—, ¿y tú?
—Cuando todo eso pasó... me asusté muchísimo, y salí corriendo con toda la gente, aunque no sabía exactamente a donde...—la muchacha miró a un lado como recordando con terror y tristeza lo que estaba relatando—. Fue aterrador, verlos convertirse en esas cosas... me atacaron, así que tuve que correr para escapar de ellos, no presté atención a donde me dirigía exactamente, ni si me lastimaba o algo, solo vi la puerta de esta habitación y me metí, tuve que esconderme debajo de la cama y allí me quedé hasta que dejé de oír sus gruñidos y el arrastre de sus pies por el suelo, cuando me sentí segura, salí.
Arundhati suspiró abatida al terminar su relato, sintiéndose algo avergonzada por su manera de actuar ahora que se oía a sí misma hacer un recuento de lo sucedido. Había sido débil y cobarde, se había escondido como un ratón asustado a esperar a que todo de alguna manera se solucionará en lugar de hacer algo más.
Kalim, discerniendo a que iba su novia con solo observar la expresión de su bello rostro e imaginándose los sentimientos de inseguridad que debían estar creciendo en su interior, depósito su mano sobre su mejilla, acariciándola suavemente.
—Hiciste lo que estaba a tu alcance, no podías pelear con esas criaturas, esconderte fue lo más sabio y adecuado en ese momento —la animó.
—Pero... tú hubieras actuado diferente, la princesa también —dijo en voz baja la joven—. Ustedes no se habrían amedrentado así, no hubieran huido como cobardes ni se hubieran escondido... yo debería haberme quedado para velar por la seguridad de la Princesa.
—Querida mía, yo he sido entrenado desde la niñez para pelear en guerras, y he entrenado a mi hermana en algunos aspectos para que pudiera defenderse sola de llegar a necesitarlo —le recordó con gentileza—. Tú no recibiste esa misma educación, no te tormentes pensando en que lo que hiciste estuvo mal, ya te lo dije, fue lo más acertado en tu situación, te sirvió para sobrevivir... y de verdad me alegro por ello.
Kalim terminó de decir su punto de vista con un beso en la comisura de sus labios.
—Pero ahora estamos los dos en esto, no tienes que temer nada —le aseguró con confianza, tomando su mano en la suya—. Te protegeré de cualquier peligro... eso si tú quieres acompañarme —se apresuró a agregar.
Ella lo observó con una mirada cómplice. Él sabía que no podía ni quería darle otra respuesta que no fuera afirmativa. Primero porque no sabía cuando esas criaturas atacarían, Arundhati no sabía pelear ni usar espadas o arcos, y con Kalim al menos estaría protegida, además de no tener idea de como moverse por ese desconocido palacio. Y segundo... ella lo acompañaría a cualquier parte siempre.
—Voy detrás de ti.
Él la dejó ir con una sombra de sonrisa ladina en sus labios.
—Bien, en marcha.
Con eso, el príncipe se dio la vuelta, su mano envuelta alrededor de la de su novia, listo para llevarla consigo, pero ella se mantuvo quieta en el mismo lugar, tirando de su mano para detenerlo antes de que pudiera salir corriendo hacia la primer salida que hallara.
—¿Ocurre algo? —preguntó confundido, mirándola.
—Antes de correr a cualquier peligro, hay que tratar tu herida —le recordó, agarrando su mano y siendo la que ahora lo jalaba a su lado en dirección a la fuente.
—No es necesario —objetó el príncipe, deteniéndose para evitar que ella lo llevara.
—No puedo dejarte caminar por ahí con un corte abierto en la cabeza —lo regañó la joven.
Ella insistió en llevarlo sin escuchar sus objeciones, y él se rindió, dejándose atender.
Lo hizo sentarse en uno de los escombros del cuarto, para luego romper un trozo de las cortinas en el dosel de la cama y usarlo para limpiar su herida con agua de la fuente, y una vez hecho eso, cortó otra pieza para usarla como vendaje improvisado para cubrirle alrededor de la cabeza la zona afectada.
Una vez que hubo acabado, dio un paso atrás, satisfecha con el trabajo hecho.
—Ya esta —anunció la joven.
—¿Ya puedo levantarme, mi señora? —preguntó el príncipe con un toque de humor, alzándose de su asiento.
Ella frunció los labios en falsa molestia, pero él notó como se enrojecía y el fugaz destello de diversión en sus ojos miel. Dio una ligera risa, y la tomó de la mano.
—Gracias —dijo, totalmente en serio, agradecido de tener el amor de una mujer tan dulce y cariñosa.
Como amaba a esa joven, sin importar que fuese de una casta inferior. No le importaba, si junto a su hermana lograba su cometido y regresaban a casa victoriosos, la desposaría, incluso si aquello significara tener que escapar con ella, había mantenido su amor en secreto durante demasiado tiempo, ya no podía continuar así. Los acontecimientos que habían pasado le habían confirmado que no tendría otro oportunidad por siempre, ahora que tenía una segunda, la tomaría.
Estaba dispuesto a enfrentarse a quien se quisiera interponer en su camino si llegara a ser necesario.
Ya con el asunto sellado, se pusieron en marcha.
Debido a que la puerta a la derecha de la entrada estaba bloqueada, la única salida de esa habitación era un ventanal en lo alto que daba a un balcón, pero la escalera de acceso había sido completamente destruida, por lo tanto, Kalim tuvo que mover un mueble que había en una de las paredes y colocarlo debajo del ventanal para llegar a el. El príncipe lo trepó y llegó arriba, luego ayudó a su compañera a subir junto a él, ya que Arundhati no era muy atlética.
Salieron al balcón, y el aire fresco nocturno los alcanzó, la brisa meció sus cabellos. Afuera la noche se sentía tan tranquila y agradable como lo hubiera sido cualquier otra noche, algunas nubes cubrían el cielo en secciones, siendo iluminadas por relámpagos y rayos a intervalos, pero en las partes despejadas, las estrellas tintineaban en el cielo claro, y la enorme luna bañaba la ciudad en su luz pálida. Habría sido un espectáculo agradable si no fuera porque el lúgubre silencio evidenciaba que algo estaba terriblemente mal con el paisaje.
El Príncipe se aproximó al borde, apoyando sus manos en la barandilla de piedra para mirar abajo hacia lo que les esperaba más allá.
El balcón en el que se hallaban estaba a una distancia considerable sobre un patio con un pequeño estanque de agua en el piso. Para bajar, tendría que descolgarse de la barandilla y dejarse caer, y con suerte no romperse algún hueso en el aterrizaje.
Arundhati estaba junto a él, y cuando dirigió sus ojos en la misma dirección que su compañero y se percató de la larga caída, sintió como su estómago se retorcía del miedo. No dudaba que Kalim sería lo suficientemente resistente para bajar, pero ella distaba mucho de ser ágil. Entonces, recordó la habitación por la cual habían venido.
—Podríamos tomar las sábanas de la cama en la habitación para usarlas como cuerdas para bajar —sugirió con voz suave.
Kalim le sonrió con orgullo. Podría no ser atlética o buena en el uso de armas de guerra, pero ciertamente era inteligente.
—Gran idea, voy a ir a buscarlas.
Kalim descendió sobre el mueble de nuevo a la habitación. Rápidamente se dirigió a la cama y la deshizo para tomar unas cuantas sábanas cuya longitud sería suficiente para alcanzar el patio de afuera.
Antes de subir de nuevo, las arrojó a su novia, quien las atrapó para comenzar a atarlos de inmediato para hacer una cuerda y luego atar una de las puntas a la barandilla.
—Listo —anunció la joven con confianza, tirando del nudo una vez de haberlo atado para comprobar su resistencia.
Parecía resistente y fuerte.
—¡Buen trabajo! —la felicitó Kalim, mirándola amorosamente antes de tomar las sábanas y arrojarlas sobre la barandilla.
Él bajó primero para asegurarse de que no hubiera ninguna criatura merodeando por ahí. Luego, Arundhati lo siguió.
La única puerta allí estaba cerrada, así que tuvieron más opción que buscar otra forma de volver al palacio.
El patio flotante estaba paralelo a unos alerones de madera de unas ventanas en el muro de piedra. Había tres en total, puestos a intervalos lo suficientemente cerca para saltar sobre ellos.
Kalim estaba seguro de que él podría saltar sobre ellos sin problemas, pero temía que su novia no pudiera hacerlo. No quería que se lastimara de gravedad.
—Puedo hacerlo —le aseguró—. Es la única manera de avanzar, además, recuerda que he pasado muchos años junto a tu hermana, ella siempre ha tenido un espíritu aventurero, he tenido que seguirla en sus escapadas muchas veces para asegurarme de su seguridad... y he saltado sobre uno que otro tejado para ello antes.
Él le dio una sonrisa de diversión.
—Tienes razón, sigamos entonces.
Saltaron sobre los alerones, teniendo que ir a un paso más lento debido a la falta de práctica de Arundhati, pero pudieron llegar a otro patio cuya puerta de hierro podía ser abierta por medio de una plancha de metal en el piso.
Una vez de nuevo en el interior del palacio de nuevo, la puerta se cerró tras ellos.
Se encontraron en otro largo corredor, que estaba completamente bloqueado a la izquierda y tenía un montículo de escombros a la derecha que había caído del tejado, dejando que la luz de la luna bañara el interior.
—Puede que sea posible pasar por encima de ellos —dijo Kalim, acercándose a los restos.
El príncipe trepó sobre los restos para probar si podía llegar al otro lado del pasillo pasando sobre ellos. Afortunadamente, fue posible.
Arundhati fue tras él después que Kalim le hubo confirmado que era seguro. Escaló los escombros con un poco más de esfuerzo de lo normal, se estaba empezando a sentir un poco más cansada de lo normal con toda esa aventura, pero supuso que era debido a su falta de costumbre en hacer esfuerzos físicos.
Así que no le dio importancia y trató de apurar su paso para no tener que retrasar a su amado más de lo necesario, no quería sentirse una carga aunque para Kalim ella no lo fuera.
El corredor al que arribaron tenía una puerta en la pared derecha, que los llevó a otra enorme habitación.
No viendo ningún balcón ni ningún otro camino, fueron directo a la puerta opuesta a la entrada. Sin embargo, ésta estaba cerrada, haciendo imposible para ellos encontrar un camino para salir de ahí.
—Estamos atrapados, parece —se lamentó Arundhati, algo frustrada.
Después de maldecir por lo bajo, Kalim miró alrededor una vez más. Recordó que en su hogar habían pasajes secretos para viajar alrededor del palacio sin ser detectado. Él había utilizado algunos a menudo por las noches para poder verse con su amada Arundhati sin arriesgarse a ser descubierto.
—Estos lugares a menudo tienen puertas secretas y puertas trampa, ayudame a buscar alguna, con suerte encontraremos algo —pidió a su compañera.
Arundhati asintió, e inmediatamente se dio a la tarea de buscar alrededor del cuarto, revisando bajo la fina alfombra, probando con los bloques de piedra en la pared y así. Kalim movió la cama con un poco de esfuerzo para buscar debajo, luego movió una estantería de su lugar, pero sin éxito.
Mientras tanto, durante su búsqueda, Arundhati notó algo interesante. Las paredes de las demás habitaciones del palacio que ella había visto hasta ese momento, estaban decoradas con pinturas, las cuales habían tenido el mismo tamaño, sin embargo, en esa habitación en particular había una pintura de una joven doncella en un tamaño más grande. Ella se acercó más a la pintura y la observó con cuidado, luego se giró y llamó a su pareja.
—Kalim, aquí, mira esto.
Él detuvo la búsqueda que estaba haciendo y fue hacia ella. Arundhati entonces apuntó a la pintura en la pared y habló.
—Esta pintura es tres veces más grande que las otras —indicó —una persona de tamaño promedio podría caber por ahí sin problemas.
Kalim le dio una mirada a la pintura con ojos calculadores.
—Intentaré moverla, no perderemos nada intentando.
Empujó la estantería para que quedara justo debajo de la pintura, y la usó para alcanzarla, pues estaba a una altura considerable. Una vez arriba, tomó la pintura de los extremos y trató de sacarla, pero al no poder hacerlo, la deslizó a un lado, revelando un hueco en la pared.
—¡Ja ja! —exclamó con alegría —¡lo descubriste!
Su novia se cohibió un poco ante su elogio, y le sonrió dulcemente.
Kalim ingresó al hueco, encontrándose con un bloque de piedra cerrando el camino del otro lado. Él simplemente lo empujó hacía afuera, y este se hizo añicos en el suelo, dejando el camino libre.
—Vamos —llamó, regresando para inclinarse sobre el borde del hueco y extendiendo su mano hacia la joven.
—Sube, rápido.
Ella lo hizo, con un poco de dificultad, se estaba sintiendo realmente agotada con tantos saltos y escaladas.
El Príncipe se dejó caer del borde, y cuando estuvo firmemente plantado en el suelo, extendió sus brazos para atrapar a su amada cuando ella se dejó caer del hueco.
—Gracias.
—De nada, mi amor.
Él besó su mejilla y la dejó suavemente en el suelo.
El pasillo estaba bloqueado en ambos caminos, izquierda y derecha. Su única opción era una puerta en dirección diagonal de donde habían venido.
Esta sala tenía una ventana arqueada en la esquina izquierda en la pared opuesta a la entrada. A la izquierda de la puerta, junto a la pared, había una silla. Ellos simplemente la tomaron y la pusieron bajo la ventana para llegar arriba.
Un poco más abajo de ellos había una galería. Kalim se dejó caer, luego atrapó a la joven en sus brazos como antes cuando saltó. Caminaron a lo largo de la galería. Esta los llevó a otro patio flotante, con un estanque más grande y árboles de palmeras.
Mientras Kalim pensaba en como llegar al balcón superior, Arundhati se acercó al estanque y se arrodilló junto a este.
Ella ahuecó sus manos y las sumergió en el agua para sacar un poco y salpicarse el rostro y refrescarse.
Se estaba sintiendo más cansada cada segundo que pasaba, como si estuviera perdiendo fuerza, en un par de ocasiones durante el recorrido alrededor del palacio se había sentido un poco descompuesta. Sabía que algo raro estaba sucediendo con ella, pero ella no quería preocupar a su amado con lo que ella creía era algo insignificante cuando él tenía en la cabeza asuntos de mayor urgencia que atender.
—Hay algunas grietas en la pared que podríamos usar para trepar hasta esa ventana —Kalim dijo, regresando a su lado—. Puedes ir primero, así si te resbalas o algo, puedo atraparte o darte un empujón.
Ella se puso de pie.
—Por supuesto.
Caminó hacia la pared y comenzó a escalar las grietas a paso lento. Escalar paredes no era algo que había hecho antes, entonces ella tuvo que hacer un montón de esfuerzo para hacerlo bien.
Se resbaló un par de veces, y la superficie áspera le provocó rasguños en los dedos y las palmas, pero pudo alcanzar la ventana y entrar.
Se sentó en el piso y secó el sudor de su frente con el antebrazo mientras esperaba por Kalim, quien subió más rápido que ella.
—Querida ¿te sientes bien? —preguntó con preocupación en su voz cuando vio su semblante.
Lucía algo pálida y exhausta ahora que podía verla con una mejor iluminación.
Temía que hubiera contraído alguna enfermedad en el viaje a través del desierto que se estuviera manifestando en ese momento.
Se inclinó frente a ella y colocó su mano en su mejilla.
—Es cansancio, nada más. Después de tantos días siendo transportada en lugar de caminar por mis propios medios, hacer tanto ejercicio de repente... Está empezando a afectarme —respondió para tranquilizarlo.
—Lo siento, no debería haberte arrastrado conmigo en esto después de todo lo que has pasado... —se disculpó el príncipe, sintiéndose culpable por el estado de salud de su amada.
—¿Qué otra opción teníamos? Era venir contigo o quedarme escondida esperando a que una de esas cosas me atrapara...y sabes que siempre elegiría quedarme a tu lado, incluso si eso signifique arriesgar mi propia vida.
Ella se inclinó adelante hacia él, y con un poco de vacilación, posó sus labios sobre los suyos, dándole un beso para demostrarle que no le tenía en falta nada.
Cuando se separaron, ella sentía calor en sus mejillas, y Kalim mostraba una sonrisa de felicidad. Pocas eran las ocasiones en las que su novia mostraba ese tipo de muestras de afecto sin un poco de ánimo de su parte, no porque no quisiera si no porque era reservada y algo introvertida, así que él apreciaba y atesoraba cada pequeña muestra de cariño de su parte.
Él se enderezó y estiró su mano hacia ella. Ella la tomó y él la levantó.
Sin otra palabra, ambos continuaron su camino.
El pasillo tenía un agujero en la pared izquierda, el cual atravesaron para llegar a otro pasillo que tenía un único camino a la derecha.
Había una puerta ahí también, la cual tenía que ser abierta con una plancha de presión en el piso. Kalim se paró sobre ella y la puerta se deslizó hacia arriba, mostrándoles otro estrecho corredor.
Había una palanca a la izquierda de la entrada, pero antes de hacer algo, Kalim fue adelante para revisar el camino.
Al final del corredor había una puerta cerrada que tenía el mismo símbolo de la plancha sobre la palanca. El Príncipe regresó y tiró de ella, luego oyeron ruidos que señalaban que la puerta había sido abierta.
Pero junto con eso, sierras que iban y venían, hojas afiladas y columnas giratorias con púas salieron del piso y las paredes.
—Solo nuestra suerte —murmuró molesto Kalim.
Arundhati miró las trampas con miedo en sus ojos. Trepar grietas y saltar tejados era una cosa, pero esquivar trampas mortales que podían cortar su carne de un tajo era otra completamente distinta.
Estaba haciendo todo lo posible por ser más valiente y seguir los pasos de su novio, pero esto la abrumaba por completo.
Kalim, dándose cuenta del sentir de su amada, tuvo una idea.
—Pude llegar a la puerta sin las trampas, esas solo se activan al abrir la puerta, tú podrías hacer lo mismo y cuando yo abra la puerta, me esperas ahí ¿qué dices?
Ella suspiró aliviada, asintiendo a la idea.
Siguió sus indicaciones, aunque alcanzar el final del corredor que daba un par de vueltas no fue tarea fácil. Tuvo que hacer largos saltos y colgarse de salientes y grietas. Después de un rato, alcanzó el otro lado y le anunció a su pareja que lo había logrado.
Por lo que Kalim tiró de la palanca y las trampas se activaron.
—Aquí vamos —susurró para si mismo antes de comenzar el recorrido.
Su compañera se quedó junto a la puerta, esperando ansiosa a que él apareciera, y aunque oía el ruido de las trampas en movimiento, no veía señales de Kalim.
Se desesperó más cuando vio que la puerta se estaba cerrando y él no aparecía, hasta que oyó sus pasos acercándose.
—¿Estás bien? —preguntó cuando lo vio rodar por debajo de la puerta que se terminó de cerrar tras él.
Acercándose, se arrodilló a su lado mientras él asentía, y dejó que ella lo ayudara a levantarse.
—Estoy bien, solo un poco agitado —respondió para tranquilizarla. —Me gustaría saber quién fue el que tuvo la gran idea de activar esas malditas trampas —añadió por lo bajo.
—Tal vez se trató de alguna medida de seguridad —aportó su novia.
—Dudo que puedan ser útiles para luchar contra esas cosas que te atacaron antes —suspiró antes de cambiar de tema. —De todos modos, el tiempo corre, ¿a dónde ahora?
—La otra puerta está bloqueada —respondió su compañera, señalando a la que estaba opuesta a ellos—, pero esa ventana de allí tiene una abertura, es nuestro único camino ahora.
—Bueno, vamos entonces.
Él fue el primero en cruzar la ventana para aterrizar en una estrecha galería. Arundhati se descolgó con cuidado y se dejó caer para ser atrapada por los brazos de Kalim, y juntos avanzaron hacía el final del camino, desde donde tuvieron que saltar sobre dos tejados de madera para llegar a otro patio flotante con un lago artificial en el suelo. Había una puerta de barras de hierro allí, la cual estaba cerrada.
Kalim se acercó con la esperanza de encontrar un interruptor, una plancha de presión o una palanca para abrirla y continuar, pero se encontró con que la plancha de presión para desbloquearla estaba del otro lado de la puerta.
—La puerta tiene que abrirse del otro lado —bufó con molestia, apoyando las manos en las barras y mirando dentro. —¡¿Por qué esta gente no puede hacer las cosas fáciles por una vez?!
En su frustración, pateó la puerta en un arrebato infantil, para luego arrepentirse por el agudo dolor que le provocó aquella acción.
Arundhati, lejos de asustarse por su actitud, sonrió suavemente, sintiéndose enternecida con su comportamiento, pues ella, su hermana y quizás una o dos personas más de sus más cercanos eran los únicos a los que les permitía verlo actuar de manera natural, sin máscaras ni disfraces.
—Tu hermana dejó aquella sala ¿no? —comentó ella luego que él terminara su berrinche. —Ciertamente, tuvo que salir por esa brecha en el ventanal que cruzamos antes, así que ella debe de haber pasado por el mismo sitio que nosotros, y si no esta aquí, es porque consiguió cruzar de alguna forma —razonó.
Kalim se calmó, y asintió a sus palabras, apoyando las manos en su cintura.
—Farah debe de haber encontrado otro camino —él alzó sus ojos pensativo y observó a su alrededor, perplejo—, pero ¿por dónde?
Fue por el camino de la izquierda y alcanzó el final del pasillo. La galería de piedra se había desmoronado aparentemente. Se arrimó al borde y miró hacia abajo, encontrando que había un tejado más allá al que podría alcanzar.
—Será un largo salto —observó —, pero creo que puedo hacerlo...
Su compañera caminó a su lado para ver a que se refería. Sus ojos se agrandaron en temor cuando vio la enorme brecha que tendría que saltar y el vacío que parecía sin final si llegaba a caer.
—¿Estas seguro? —preguntó, dudosa. —¿Tal vez podríamos encontrar otra manera de entrar...? —sugirió.
Kalim, notando el indicio de preocupación por su bienestar en su voz, le sonrió, ahuecando su mano en su mejilla y acariciándola suavemente.
—No te preocupes, amor mío, confía en mi con esto —entonces tomó su mano y la beso.
—Esta bien, pero me temo que tendré que esperar aquí por ti mientras tanto —contestó. —Por favor, ten mucho cuidado —añadió.
—Por supuesto —le aseguró con confianza el príncipe, dándole un rápido beso en los labios. —Deseame suerte, querida.
Con eso, él dio unos cuantos pasos hacia atrás para tomar carrera y obtener más velocidad y alcance antes de echar a correr y, una vez ya al borde, saltar hacia el tejado.
Estiró sus brazos lo más que pudo y alcanzó a aferrarse al borde del tejado. Colgó de allí durante unos segundos, tomando hondas bocanadas de aire, ambas de cansancio y agitación. Después de eso, se impulsó con los brazos y consiguió subirse por fin al tejado.
Más arriba, Arundhati, cuya respiración se había detenido por esos instantes, exhaló aliviada.
—¡Estoy bien! —gritó él desde su posición. —¡Voy a continuar!
—¡Solo ten cuidado! —respondió su pareja.
Kalim continuó avanzando, dando enormes saltos sobre tejados, colgándose de salientes y balanceándose de postes. Finalmente, llegó a un último tejado hecho de madera.
Más arriba, su novia volvió a tenerlo en su línea de visión, y de nuevo respiró aliviada al verlo sano y salvo.
Se descolgó del tejado y bajó a un lugar en el cual había una palanca. Antes de hacer nada, se arrimó al borde y miró hacia el horizonte, pero parecía que el único camino era esa puerta cerrada. Volvió a la palanca y la rotó hasta que pudo oír la puerta abriéndose más abajo.
Continuó bajando y se acercó a la puerta, pero no parecía haber ningún peligro a la vista. Y antes de entrar, miró hacia arriba donde podía distinguir a su novia en lo alto, mirando hacia donde él con preocupación.
Le dio una sonrisa para tranquilizarla antes de continuar.
Adentro del edificio habían más escombros que pudo trepar para alcanzar unos postes en los cuales se balanceó, y así llegar al nivel superior. Había otra puerta más pequeña, cerrada, y para abrirla debía presionar una plancha de presión colocada en la pared, pero para alcanzarla, tenía que correr a lo largo de la pared, esquivando las sierras giratorias que subían y bajaban.
Maravilloso.
Aún así, no quería dejar a su amada mucho tiempo sola sin medios de defensa en un sitio tan peligroso, así que aunque fuera peligroso, debía sortearlo si quería regresar a ella.
Se tomó un poco de tiempo calculando cuanto les tomaba a las sierras subir y bajar. Cuando estuvo seguro de que lo entendió, se puso en acción.
Corrió a lo largo de la pared, y presionó la placa. Llegó a la otra parte de la plataforma y saltó sobre la otra brecha y llegó al fin a la puerta.
Terminó en un pasillo ancho con un hueco en medio con púas saliendo de el, el cual simplemente salto. Se dirigió a la derecha y finalmente alcanzó el otro lado de la puerta que quería alcanzar.
Cuando Arundhati lo vio, entero y seguro, soltó el aliento que había retenido inconscientemente.
—Ahi estas ¿tuviste problemas?
—Solo más sierras y grandes saltos —respondió, parándose sobre la placa para abrirle a ella. —Nada demasiado peligroso.
La puerta se cerró tras ella, y juntos fueron hacia un camino ya abierto a la derecha. Llegaron a un enorme almacén con plataformas que podían moverse utilizando palancas ubicadas en ciertos puntos, para llegar al fondo.
Kalim y Arundhati se ayudaron para llegar abajo. En cierto momento, el príncipe tuvo que desviarse a otro camino para poder avanzar, teniendo que lidiar con nuevas trampas para regresar al lado de su compañera, obteniendo unos cuantas heridas en el camino.
—¿Más trampas? —inquirió su compañera cuando vio sus heridas.
Las ropas azules que tenía estaban rasgadas en algunas partes, y delgadas lineas de rojo surcaban su piel, indicando donde había sido alcanzado por alguna trampa.
Él solo se encogió de hombros, restándole importancia al asunto.
—No es nada, querida —le aseguró —, he estado en batallas peores que estas, tú lo sabes.
Ella lo aceptó, y continuaron avanzando.
Arundhati tuvo que saltar y tirar de algunas palancas también, lo que la cansó más. Cuando finalmente llegaron a la última plataforma en el almacén, se sentía casi exhausta.
—Podemos descansar un momento aquí —ofreció Kalim, preocupado por su estado de salud.
Más ella se negó de plano.
—No podemos retrasarnos, si queremos encontrar a la princesa a tiempo —le sonrió para calmarlo, enternecida por su preocupación. —Estoy bien, querido, es solo demasiado ejercicio para un solo día —bromeó suavemente.
Eso surtió efecto, y le sacó una sonrisa al muchacho, que se sintió más tranquilo, pero no menos preocupado por ella.
—De acuerdo, pero si te sientes mal o te agotas, solo avisame ¿si?
—Lo prometo.
Bajaron de la plataforma y encontraron más indicios de que alguien había pasado por allí antes que ellos, pues habían unas cajas puestas sobre unas planchas de presión que hacían posible que pudieran llegar al suelo. Lo unico que debió hacer él fue correr por la pared para activar el mecanismo que abrió la puerta.
—¡Date prisa! —gritó su pareja, quien ya había cruzado la puerta y estaba esperando por él del otro lado.
Kalim se descolgó de la plataforma y cayó sobre sus pies, sin detenerse salió corriendo hacia la puerta, y tuvo que rodar bajo ella para cruzar antes que se cerrase de nuevo.
—Creo que la persona que tuvo la idea de las trampas fue la misma que creyó que poner el mecanismo para la puerta a dos pies de altura en la pared era otra buena idea. —murmuró con molestia, una vez en pie.
Arundhati dio una risilla, lo que le sacó una sonrisa al joven.
—¿Continuamos?
Siguieron el camino en silencio, saltando sobre unos huecos, hasta llegar a una puerta que los llevó de nuevo a los exteriores, a la noche silenciosa y solitaria.
Kalim bajó por los escalones de piedra mirando atento a su alrededor con su novia detrás, pero no parecía haber ningún peligro a la vista. Continuaron avanzando, hasta llegar a una gran jaula a su derecha con la puerta, como no, cerrada.
—Hay una escalera en la pared de aquel lado —señaló la joven, acercándose hacia la puerta para mirar hacia el interior.
—A ver como atravesamos la puerta para llegar a ella —dijo Kalim, mientras observaba a su alrededor a ver si averiguaba como pasar.
Escalar estaba fuera de tema, pero ese era el único camino, pues a su izquierda no había más que vacío. Delante de la reja había un trozo de terreno más alto, el cual trepó y con ayuda de una rama pudo alcanzar la parte superior del muro, del cual se descolgó, llegando al otro lado, donde le abrió la puerta a su novia.
Arundhati cruzó la puerta, pero cuando esta se cerró de nuevo, la pareja se vio rodeada de una bandada de gigantescos pájaros de plumaje gris, con aspecto grotesco y repulsivos ojos amarillos, que empezaron a volar en círculos sobre ellos de manera amenazante.
De inmediato, Kalim se puso en alerta, sacando por fin la lanza y empuñandola con ambas manos, colocándose en frente de su pareja en actitud protectora, sus ojos puestos en cada movimiento que aquellas criaturas hacían.
—¡Ponte a cubierto!
La muchacha de inmediato corrió y se escondió dentro de una de las jaulas, alejándose del peligro. Entonces, la primera de las criaturas hizo el intento de atacarlo, pero el príncipe esquivó su embestida, dando un ágil paso a un lado, para luego aprovechar y dar una estocada, atravesando a la criatura con la hoja de la lanza, convirtiéndolo en polvo.
Las demás arremetieron contra él después de eso, atacándolo por la espalda, de frente y por los lados, pero cada ataque lo evitó, ya sea rodando, haciéndose hacia atrás o cubriéndose con el mango de la lanza para bloquear sus embestidas.
Finalmente, consiguió convertir hasta el último de ellos en polvo, y volvió a guardarse la lanza.
Se apoyó contra una de las paredes, respirando agitado y sudoroso, pero había sido más la impresión de ver a esas cosas que pelear contra ellas.
—¿Té encuentras bien? —la joven salió de su escondite y corrió hacia él —¿te lastimaron?
El príncipe se enderezó, y rápidamente calmó a su pareja.
—Solo unos pocos picotazos, nada grave —le aseguró.
—Esos pájaros... ¿las arenas son las culpables? —preguntó la joven, mirando a su alrededor con aprensión, temiendo que más de esas cosas estuvieran aún acechando en la oscuridad.
Ella no sabía mucho sobre aquel mítico artefacto que su gobernante había mantenido bien guardado en su cámara del tesoro, de hecho, no lo había visto con sus propios ojos sino hasta ese fatídico día en que los soldados del rey Sharaman lo hubieron sacado del interior del palacio, solo había oído historias sobre ellas, pero nada más, así que no sabía exactamente de que eran capaces.
Aunque después de ver el efecto de las arenas sobre las personas en el salón de visitas, pudo imaginárselo.
—Eso es seguro —respondió Kalim a su pregunta, también barriendo con sus ojos sus alrededores para buscar el camino a seguir.
Había una escalera a un lado de la entrada, a la derecha. Él se dirigió hacía esta y la probó con su peso, encontrándola resistente, así que subió por ella con su novia detrás.
Arriba había una puerta abierta, y entraron por ella.
De inmediato fueron recibidos por unos escarabajos gigantes que aparecieron de todos los recovecos para atacarlos con sus afiladas pinzas. No teniendo lugar donde esconderse, Arundhati tuvo que esquivar sus ataques lo mejor posible, mientras Kalim de nuevo sacaba su lanza, y arremetía contra ellos.
La joven sin embargo no solo se ocupó de mantenerse a salvo, si no que también tenía sus ojos puestos en su novio para advertirle de cualquier ataque para el cual estuviera desprevenido, indicándole si debía darse la vuelta o rodar a un lado.
Asi peleó contra las criaturas, destruyéndolas y haciéndolas polvo como a las aves, aunque no evitando todos sus ataques, pues eran muchos atacando a la vez, por lo que recibió una que otra embestida, produciéndole más cortes y moretones que de todos modos no eran de gravedad.
—Ese era el último —anunció la muchacha, deteniéndose al fin para recuperar el aliento.
Ante su aviso, el príncipe se detuvo para dar un último vistazo a su alrededor por puro instinto y al ver qur efectivamente ya no había más peligro, guardó su arma.
Los jóvenes se dieron a la tarea de curiosear por el lugar. Allí también encontraron indicios de que alguien más había pasado por allí antes, como palancas que habían sido utilizadas, cajas que habían sido movidas y barriles que habían sido destruidos en el calor de una pelea.
Eso alimentó sus esperanzas de que su hermana seguía con vida y en movimiento.
Aunque también aquello le hizo preguntarse en compañía de quien se encontraba, púes todo parecía haber sido obra de dos personas. Y también lo tranquilizó, pues había temido que ella estuviera sola, teniendo que enfrentar aquellos peligros sin ayuda, y aunque sabía que su hermana era capaz de velar por su propia seguridad, saber aquello le quitaba un peso de encima.
Pero al seguir bajando se encontraron con otro problema que les cortó el camino. La puerta estaba cerrada.
Tuvieron que volver sobre sus pasos adonde habían peleado con aquellos escarabajos —que afortunadamente no volvieron a aparecer—, para buscar un interruptor o algo para abrirla. Y resultó que la placa de presión estaba dentro de una de las jaulas, totalmente inalcanzable para ambos.
El príncipe se acercó a las rejas y con las manos fuertemente aferradas a los barrotes, tiró de ellos con todas su fuerzas, pero no cedieron ni un poco.
—Fantástico, estamos atascados —se quejó sintiéndose frustrado—. ¿Ahora qué? —murmuró.
Su pareja, sin embargo, notó la grieta en la pared dentro de la jaula donde estaba el interruptor, luego caminó hacia la jaula contigua para darle otro vistazo a la grieta que había visto antes, y que al parecer conectaba ambos sitios.
—Hay una grieta en aquella pared —señaló.
Kalim se detuvo de pensar en ideas para solucionar ese problema y alzó los ojos del suelo para ver a que se refería su compañera.
—Sí, la veo ¿...y? —dijo, después de divisar la pequeña brecha en la parte inferior de la pared.
Pero no entendía porque era tan importante.
—Creo que se conecta con la que tiene el interruptor —respondió ella, con una idea ya surgiendo en su mente—. Si es así, podría facilmente entrar por allí y llegar hasta la placa —ofreció.
Él la miró, luego al hueco en la pared.
—No lo sé... —reflexionó, dubitativo —no quiero que vayas a quedar atascada allí adentro... —agregó, preocupado.
—Podría intentarlo —insistió.
De verdad estaba agradecida por toda la preocupación que Kalim estaba demostrando por su bienestar, eso significaba que de verdad la quería, pero el hecho de que él tuviera que mantener un ojo por la seguridad de ambos además de tener que protegerla estaba haciéndola sentir como una carga en su misión.
Arundhati quería demostrarse a si misma que era útil y que podía aportar su grano de arena.
Por supuesto, si se lo preguntaban a él, el príncipe jamás la vería como una carga, la amaba, y de hecho apreciaba la ayuda que había recibido de ella.
Por ello fue que al ver la disposición de ayudar que desplegaba su semblante, decidió rendirse a su deseo. No es que él hubiera tenido alguna idea como para llevarla a cabo tampoco.
—Esta bien.
Ella le sonrió y se dio la vuelta, dirigiéndose hacia la jaula abierta con Kalim tras ella.
—Pero si ves que no puedes seguir o crees que vas a quedar atascada, te regresas ¿si? —advirtió mientras la veía agacharse.
Ella lo confirmó, finalmente metiéndose a través de la grieta.
Kalim esperó con algo de trepidación mientras su compañera hacia el corto viaje, sus ojos pegados a la grieta en la pared esperando con inquietud ver a la muchacha salir por ella. Había cabido sin problemas, y no se había quejado de la estrechez del hueco, así que eso alivió el nudo de preocupación que se había formado en su estómago.
Exhaló silenciosamente en alivio cuando al fin vio su cabello negro asomarse por la abertura. La joven salió arrastrándose y se puso de pie, sacudiendo la tierra de sus ropas por costumbre más que necesidad pues sabía que en el camino le esperaban más inconvenientes como aquel.
Le dio una sonrisa a su compañero mientras se dirigía a la plancha de presión, y este le devolvió el gesto.
Ella se paro encima de la placa, y ambos pudieron oír para alivio de ambos el sonido de una puerta siendo abierta.
—Funcionó —declaró Kalim, dirigiendo su mirada en la dirección de la puerta, luego volvió a mirar a su pareja. —¿Qué esperas? Vamos.
La muchacha entonces miró hacia abajo a la placa sobre la que estaba de pie con una expresión de vacilación.
—Es a presión —le recordó al príncipe, alzando la vista hacia él— si me muevo de aquí, la puerta se cerrará, no puedo hacerlo, tienes que seguir.
—Pero... ¿qué hay de ti? —preguntó—. Una vez que cruce las trampas y llegue a la puerta, ¿cómo vas a seguirme?
Ella apretó los labios con incertidumbre. Sus ojos color miel se encontraron con sus ojos negros, ella le dio una mirada suave.
—Creo que tendrás que ir solo por un tiempo —respondió ella, mirando a su alrededor—, al menos hasta que encuentre una manera de seguirte.
Su expresión –ojos entrecerrados y cejas fruncidas– dejó en claro que no estaba contento con esa idea.
—No, no puedo... no voy a hacer eso, —él se negó decididamente—. ¡No te dejaré aquí por tu cuenta!
Ella le envió una suave sonrisa.
—La princesa... tu hermana es tu prioridad —le recordó—. Eso, y atrapar al Visir antes de que haga algo peor que esto.
El joven suspiró derrotado, luciendo desgarrado entre continuar con sus deberes o buscar una manera de que su compañera lo siguiera.
—Hay otra grieta aquí —le informó ella entonces, señalando la otra abertura en la pared—. Veré a dónde me lleva —agregó, en un intento por aligerar el ambiente.
Kalim, aunque obviamente reacio y algo indeciso todavía con la idea de dejarla atrás para explorar sitios desconocidos, asintió.
—Solo ten cuidado —pidió, resignado a separarse de ella.
Ella sonrió en respuesta, y observó cómo desaparecía él detrás de la puerta con barrotes.
N/A: Tuve que cortar ahí porque sino se me haría muuuuy largo. Las demás criaturas no persiguen a Kalim y Arundhati porque ellos no llevan la daga, y el Visir no sabe que el hermano de Farah esta con vida aún, así que no tiene porque enviarles las criaturas.
See ya!
H. C.
