Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 1
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El clima en Berk nunca era cálido. Las mañanas y noches solían ser frías, mientras que las tardes eran –en pocas palabras– demasiado húmedas; esa clase humedad que terminaba por mojar tu ropa y, sin importar cuán cerca del fuego estuvieras, jamás se secaría.
Pero ese día en especial la humedad y el frio abundaban en toda la isla. La noche previa una fuerte tormenta había azotado la costa obligando a todos a refugiarse, algo a lo que ya estaban muy acostumbrados. Berk era así, nevaba la mayor parte del año y el resto era de intensas lluvias; por eso siempre se aseguraban de tener reservas de alimento, porque nunca se sabía cuándo podían necesitarlas.
Para el amanecer, cuando la tormenta terminó, el joven jefe de Berk se dispuso a salir para hacer un conteo de daños. Mientras su gente salía de los refugios y comenzaban a dirigirse a sus casas para revisarlas, él se aventuró a explorar las playas y bosques. No había sido muy difícil, tomando en cuenta que montaba a un dragón.
¿Dragón? Así es, en esa isla –así como en todo el mundo– habitaban dragones, pero sólo Berk había sido capaz de entrenarlos y convivir con ellos sin problemas; un logro que fue posible gracias a quien ahora era el jefe de la tribu.
Sorprendente, ¿verdad?
Desafortunadamente no todos pensaban igual. De hecho, había sido bastante difícil que los Hooligans lo hicieran; un trabajo del cual el jefe estaba orgulloso pues le costó todo su esfuerzo… y una pierna… ¡Pero ese no es el punto!
Así como había vikingos que eran amigos de los dragones, también existían quienes eran sus enemigos y Berk en varias ocasiones tuvo la "fortuna" de encontrarse con ellos; pero claro, nada bueno resultó de eso…
En especial la última vez…
En esa ocasión se enfrentaron a un demente que quería gobernar el archipiélago utilizando un ejército de bestias. Su nombre era Drago Bludvist y había intentado robarles todos sus dragones, destruyendo gran parte de la isla en el proceso y provocando la muerte del que, en ese momento, era su jefe. Y aunque Berk salió victorioso, al final fue una victoria agridulce considerando lo que perdieron…
Pero de eso ya habían pasado tres años y ahora todo parecía ir mejor… Y he dicho «parecía» porque no era así en realidad…
—Muy bien, demos una última vuelta—indicó el castaño acariciando la frente escamosa de su amigo—; aún no revisamos la playa norte—dijo para después modificar la posición de la prótesis del dragón, obligándolo a cambiar de rumbo.
Ellos eran Hiccup Horrendous Haddock III, actual jefe de Berk; y Toothless, el Alfa de todos los dragones y posiblemente el último Night Fury.
Juntos eran prácticamente invencibles, tan unidos que incluso parecía que se leían la mente en algunas ocasiones. Habían pasado por muchas cosas desde que se conocieron hace ocho años, después de todo fueron ellos quienes lograron establecer la paz entre vikingos y dragones; primero en Berk, luego en todo el archipiélago –o en la mayor parte de este– y claro, había sido difícil, pero al final lo consiguieron y no podían estar más felices por ello.
—Espera, Toothless—detuvo el vikingo después de un par de minutos de sobrevolar la playa—, creo que he visto algo—señaló indicándole que descendiera.
Una vez que el Night Fury tocó la arena de la playa, el jinete se bajó de su espalda rápidamente. Se acercaron con cautela hacia lo que había visto, descubriendo que se trataba de un barco completamente destrozado entre las rocas de la playa.
Temeroso por lo que pudiera llegar a encontrar, le indicó a su amigo permanecer cerca y alerta, para después adentrarse en el destrozado barco en busca de los tripulantes.
El navío era tan pequeño que no necesitó buscar demasiado pues frente a él, sobre el suelo húmedo por el agua del mar, se encontraba una chica aparentemente inconsciente.
Se acercó de inmediato, cargándola con cuidado para sacarla de ahí, moviéndose despacio para calmar su nerviosismo; sabía que no era buena idea moverla porque podría estar herida, pero era peor dejarla ahí pues no sabía cuánto aguantaría la inestable madera del barco.
Fue por eso que, en cuanto salió con ella en brazos, la depositó con delicadeza en la arena bajo la sombra de una gran roca. Aprovechando ese momento para apreciar a la chica con detenimiento…
Estaba viva, eso fue lo primero que logró comprobar tras pasar una mano cerca de su nariz confirmando que aun respiraba. Una inmensa tranquilidad se apoderó de su interior en ese momento, de alguna forma el saber que vivía lo hacía feliz a pesar de no conocerla.
Esa misma mano, después de revisar su respiración, avanzó hasta su cabello apartándole algunos mechones del rostro; aunque fue un movimiento rápido, logró sentir la suavidad del cabello que –a pesar de estar enredado– era de un brillante color dorado. Al final toda su atención fue consumida por ese rostro que lucía angelical a pesar de los raspones y los labios resecos.
No tenía idea de quién era, pero ante sus ojos la chica parecía una valkiria como las de las historias que su padre le contó de pequeño. Era ridículo, pero la delicadeza de su rostro le transmitía ese pensamiento.
— ¿Qué te habrá ocurrido?—preguntó en un susurro, sabiendo que no recibiría respuesta.
Estaba tan concentrado en observar a la chica, que olvidó por completo a Toothless, y este, al sentirse ignorado, no dudó en golpearlo en la cabeza con una pequeña roca que lanzó con ayuda de su cola.
— ¡Toothless!—se quejó, mirándolo con severidad—, ten más cuidado, pudiste golpearla a ella—señaló a la aun inconsciente chica.
El dragón gruñó indicando que no le importaba. Quizá para su jinete pareciera que estaba celoso por ya no ser el centro de atención, pero en realidad era que había algo en esa chica que no le agradaba… Algo que la hacía diferente a todas las hembras humanas que él había visto, algo que hacía que su amigo no apartara su mirada de ella…
Y eso lo inquietaba, pues creía saber qué era ese algo.
—Parece que está despertando—habló nuevamente tras moverla un poco tratando de hacerla reaccionar, se apartó levemente para darle un poco de espacio cuando vio que comenzaba a moverse por sí misma.
Desde su posición logró ver cómo, lentamente, la chica abría los ojos intentando acostumbrarse a la luz del día. Y si antes su rostro lo había cautivado, ahora sus ojos, azules como el cielo, lo habían dejado sin aliento.
—C-cuidado—logró decir nervioso cuando ella quiso levantarse—, ¿te duele algo? ¿Estás herida?—deseó saber preocupado, pero al verla negar con la cabeza, se tranquilizó y la ayudó a sentarse contra la roca que les brindaba sombra—. Te daré un poco de agua—dijo, levantándose con rapidez para ir en busca de la cantimplora que cargaba en la silla de Toothless.
La rubia, curiosa y nerviosa, observaba sus movimientos con cautela. No tenía idea de quién era o si sus intenciones eran buenas, por ello era mejor tener cuidado y no confiarse. Pero cuando el chico volvió a arrodillarse a su lado mostrándole el recipiente con agua, su garganta seca y dolida por la falta del líquido la obligó a aceptar lo que le ofrecía.
—Vaya que tenías sed—exclamó divertido para calmar la tensión una vez que ella terminó de beber.
Un suspiro escapó de sus labios ahora húmedos, sentir el agua fresca correr por su garganta había aliviado el ardor. Ese suspiro de alivio hizo sonreír al jinete y su sonrisa mágicamente fue transmitida a la chica; sólo el Night Fury –que veía todo a una distancia prudente– permanecía con el ceño fruncido, molesto e inquieto por la situación.
—Gracias—alcanzó a pronunciar la rubia tras aclarar su garganta.
Y fue tras decir eso que el Night Fury concentró su atención en ella.
Mientras que para el castaño su voz sonó tan angelical como su mirada y sonrisa; para el dragón fue la prueba suficiente para saber que tenía razón al desconfiar. Y con sólo fijarse bien en su aspecto terminó de comprobar todas sus sospechas.
Con agilidad el dragón empujó al vikingo, siendo ahora él quien estaba frente a la confundida –y ahora también asustada– rubia. Gruñía con reclamo en busca de una explicación, le exigía hablar y decirle porqué estaba ahí. Pero la chica, intentando escapar de él, parecía no entender sus reclamos, ignorando su disgusto y ahogando gritos cada vez que él la obligaba a permanecer en su sitio.
— ¡Toothless, basta!—gritó Hiccup tomando al dragón por el cuello para apartarlo de ella—. ¡La estás alterando! ¡Detente!—insistía aplicando más fuerza para poder empujarlo lejos—. Amigo, por favor…—suplicó en un susurro que el dragón no pudo ignorar.
A regañadientes, y aceptando la derrota, se apartó de la chica quedando nuevamente a una distancia prudente. Comenzó a enviarle miradas molestas a su amigo, pero él estaba tan cegado por su preocupación hacia la rubia, que ni siquiera lo notó. Sabía que no importaba cuánto intentara explicar sus razones, Hiccup no lo escucharía y mucho menos lo entendería, algo que ya era difícil en realidad.
— ¿Estás bien?—preguntó el castaño con tranquilidad, aumentando la molestia del dragón al ofrecerle su mano para ayudarla a levantarse.
—Ah sí, sí—dijo con rapidez ella, aceptando la ayuda a pesar su nerviosismo.
—Debes perdonar a Toothless—explicó el chico tras asegurarse de que podía mantenerse de pie—, usualmente no se comporta así.
— ¿Toothless?—cuestionó inclinando la cabeza como una niña pequeña, la confusión seguía en ella a pesar de haberlo escuchado decir ese nombre antes.
—Sí, él es Toothless…—señaló al dragón que gruñía, aun molesto, cerca de ellos—, y yo soy Hiccup—se presentó con una sonrisa cálida para intentar transmitirle confianza.
—Un placer yo…—habló titubeante—, soy Astrid—dijo al fin, compartiendo la misma sonrisa.
—Astrid…—repitió en un susurro sin apartar su mirada de los ojos de ella—, increíble…
— ¿Qué es increíble?—cuestionó volviendo a repetir el gesto de antes, provocando una sonrisa más grande en él.
—Tu voz, tus ojos…—habló Hiccup sin pensar, cautivado por su inocencia—, eres como uno de mis sueños.
— ¿Acaso eso es un intento por cortejarme?—interrogó Astrid, dejando atrás esa «inocencia» al mostrar su verdadera actitud fuerte y atrevida.
— ¿Qué?—exclamó el castaño, saliendo de su ensoñación ante la nueva actitud de la rubia—. ¡No! Yo… ahh—gruñó llevándose ambas manos hacia su cabello.
—Sólo bromeo—rio golpeándolo levemente en el hombro.
Sin darse cuenta, su risa terminó cautivándolo de nuevo, provocando que perdiera el aliento una vez más. Esa risa, tan angelical como todo en ella, lo hizo sonreír y olvidarse de todo lo demás.
Las miradas de ambos se conectaron en ese momento, siendo Toothless el único –y malhumorado– testigo de lo que ocurría entre ellos. Era como si se hubiera creado una unión entre ellos en cuanto sus miradas se encontraron, dejando que el silencio se apoderara del ambiente; pero no era un silencio incómodo, sino uno agradable.
Pudieron haber permanecido así durante horas de no ser por Toothless que, harto de la situación, golpeó al jinete con su cola para traerlo de vuelta y obligarlo a hablar.
— ¿Cómo llegaste aquí?—preguntó después de reprender con la mirada a su amigo, molesto por haber tenido que dejar de verla.
No quería parecer un entrometido al preguntar eso, pero era necesario saberlo, después de todo no era normal que una chica llegara sola en un barco a Berk después de una tormenta.
—Yo ah…—comenzó a hablar Astrid nerviosa.
¿Ahora qué le diría?
La mirada triunfante del Night Fury al notar su falta de ideas aumentó su frustración, pero no le daría la victoria… Al menos no sin pelear.
—Hubo una tormenta y naufragué, llegué aquí sin saber cómo exactamente.
—Bueno—habló ahora Hiccup, creyendo en sus palabras para desagrado del dragón que veía furioso a la chica—, no te preocupes. Estás en Berk y aquí te brindaremos apoyo para volver a tu hogar.
Los ojos azules de Astrid se abrieron en toda su amplitud tras escuchar eso. La victoria nuevamente parecía ser del dragón negro.
— ¡No!—exclamó rápidamente.
— ¿No?—repitió Hiccup confundido sin entender lo que ella quería decir.
—No—repitió nerviosa, pensando nuevamente en algo que decir—. Mi… mi hogar fue destruido—bajó la mirada, adoptando un tono de voz sombrío y lleno de dolor—, no tengo nada.
—Yo… lo siento mucho—alcanzó a decir Hiccup sintiéndose culpable por preguntar, tomando sus manos en un intento por transmitirle fuerza—. Puedes considerar a Berk tu nuevo hogar, ya sea temporal o permanente, tú decides—dijo ahora con voz firme obligándola a levantar su mirada.
—Gracias—sonrió ella con honestidad, había algo en la mirada del castaño que la ponía nerviosa pero, al mismo tiempo, le transmitía seguridad y, quizá, algo más profundo.
—Ven, vamos a la aldea—invitó aun sin soltar sus manos—, necesitas descansar y también alimentarte—terminó para después liberarla de su agarre, cosa que, por sorprendente que parezca, la disgustó—. ¿Amigo, nos llevas?—le preguntó ahora al dragón que gruñó molesto, pues no quería llevarla sobre su espalda.
Su reacción no pasó desapercibida para Astrid. Ella tampoco tenía ganas de subir a la espalda del Night Fury.
—Ahh prefiero caminar—se excusó nerviosa mirando fijamente al dragón.
Era lo mejor para ambos.
—Está bien—accedió Hiccup confundido, turnándose para mirarlos a ambos.
Sabiendo de sobra que no conseguiría entenderlos, se dio por vencido y comenzó a caminar para adentrarse en el bosque, dejándolos atrás observándose retadoramente.
—Si dices algo tendrás problemas—amenazó Astrid al dragón, aprovechando la lejanía del castaño.
Desde que el Night Fury se le había ido encima exigiendo respuestas, supo que la había descubierto y, si quería continuar pasando desapercibida, era mejor mantenerlo al margen.
Pero a Toothless poco le importó y le gruñó para dejarle en claro que no le temía y mucho menos le importaba quien fuera. Sin dejar de gruñir la empujó levemente, alejándola de su camino para ir tras su jinete.
— ¡Astrid, apresúrate!—se escuchó gritar a Hiccup desde la entrada del bosque.
— ¡Ya voy!—exclamó ahora ella, avanzando lo más rápido que podía para alcanzarlos.
•
A pesar de la actitud de ambos, el castaño intentó hacer del camino algo agradable, los obligó a seguirle el paso caminando cada uno a un lado de él. No creía que fuera buena idea que caminaran juntos, estaba seguro de que si lo hacían terminarían en una situación similar a la de minutos atrás.
El camino hacia la aldea era un tanto largo, la vereda por la que iban no era la mejor pues atravesaba el bosque y eso complicaba un poco el trayecto debido a las raíces y rocas que habían en el suelo.
Aun así llevaban buen ritmo, aunque Astrid estaba agotada y se detenían por momentos para que descansara. Esos pequeños momentos eran aprovechados por Hiccup, que insistía en que era mejor volar hasta la aldea, pero la rubia siempre se negaba.
—Dime, Hiccup—habló Astrid una vez que comenzaron a caminar nuevamente, estaba cansada del silencio incomodo—. ¿Qué clase de nombre es ese?—preguntó curiosa.
—Uno no muy bueno…—admitió él divertido, jugando con su cabello—, no todos tenemos la fortuna de tener un nombre divino como el tuyo—se atrevió a decir sin detenerse a pensar.
— ¿Ese es otro intento de cortejo?—indagó divertida la rubia para molestarlo y, en especial, para ver nuevamente el sonrojo que adoptaban sus mejillas cuando se ponía nervioso y comenzaba a tartamudear.
—No, no, yo… sólo…
Misión cumplida.
—Ahh… es que…—continuaba intentando explicarse, sus tartamudeos y los movimientos rápidos que hacía con sus manos la hacían reír—. Tú nombre, Astrid, eso significa: belleza divina…—logró explicar al fin—, y… yo… ah…
—Así que belleza divina—repitió ella, apartando su mirada para avanzar un poco más rápido y dejarlo atrás—. Es usted todo un galán, joven Hiccup. Vaya que coquetear conmigo tras unos minutos de conocernos…—bromeó viéndolo de reojo y soltando una gran carcajada cuando lo notó rojo de la vergüenza—. Ya, ya, sólo bromeo, no te alteres—tranquilizó tras detenerse, girándose para verlo.
—Eres muy graciosa—gruñó con sarcasmo intentando controlar sus nervios, ¿por qué Astrid lo ponía así?
Una última risa por parte de la rubia fue escuchada antes de que ambos continuaran caminando, siendo seguidos por un muy malhumorado Night Fury.
— ¿Cómo era tu hogar?—volvió a hablar tras haber logrado controlar sus emociones.
—Era…—Astrid lo pensó por un momento antes de continuar—. Era increíble—dijo al fin con voz nostálgica, quizá no había problema si decía la verdad a medias, es decir, no tenía que decir exactamente de dónde venía—. Teníamos libertad y nada nos daba problemas. Habían campos grandes de entrenamiento—explicó con ilusión recordando los grandes e iluminados campos que habían junto a Vingólf—, todas éramos entrenadas ahí para luchar.
— ¿Todas?—preguntó Hiccup confundido—. Espera, ¿te refieres a Bog-Burglar?
Quizá había hablado de más…
—Ahh…
Y ahora no sabía que decir, ¡bien hecho Astrid! Hasta podía jurar que el Night Fury se reía de ella.
— ¡Claro! ¿Cómo no lo noté antes?—exclamó el castaño deteniéndose para verla mejor—. Por eso tus facciones me eran conocidas. Eres una Bog-Burglar, ¿no es así?—continúo hablando—. Hace unos días recibimos un llamado de auxilio de ellas, desafortunadamente llegamos tarde. Hemos buscando sobrevivientes pero no tuvimos éxito… hasta ahora—explicó sin darle tiempo de responder—. ¿Podrías decirme que fue lo que pasó con tu isla?
—Yo…—seguía sin saber qué decir—. No, no sé… es muy difícil recordar todo eso…—se excusó nerviosa—, simplemente no puedo.
—Está bien—dijo comprensivo, regalándole una sonrisa cálida y honesta—, no quiero que te sientas forzada. Y tampoco debes temer—añadió sonriente—, aquí en Berk estás a salvo.
—Gracias…—ahora fue su turno de sonreír para después continuar caminando junto a él.
Aun no entendía por qué había sido enviada ahí, pero sabía que –de alguna manera– Hiccup estaba relacionado con eso. A pesar del corto tiempo conociéndose, en su interior comenzó a crecer un sentimiento de seguridad y confianza que no podía explicar.
Quizá nunca descubriera el porqué de dicha relación o de ese sentimiento, pero no importaba en ese momento… Había decidido preocuparse por eso después…
Vingólf: Lugar donde vivían las valkirias, situado al lado del Valhalla. Dicho edificio contaba con quinientas cuarenta puertas por donde entraban los héroes caídos para que las guerreras los curasen, deleitasen con su belleza y donde también «sirven hidromiel y cuidan de la vajilla y las vasijas para beber»
Como lo prometí, aquí está el capítulo 1 remasterizado xD
La verdad es que he estado teniendo muchos sentimientos encontrados luego de tanto releer y corregir esta historia… Y también se me han estado ocurriendo ideas nuevas que podrían o no alargarla e.e
En fin…
A todos los que leyeron hoy… GRACIAS
El capítulo 2 estará el miércoles.
