Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 3

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El día de la reunión del Concejo de Guerra estaba por llegar y Berk se encontraba listo para recibir a los jefes que participarían en ella.

Para la mayoría de los Hooligans, el hecho de saber que pronto solucionarían el problema que Drago Bludvist representaba, los llenaba de seguridad y calma, incluso a pesar de conocer cuál sería esa solución.

Sólo existía una persona que no compartía ese mismo sentimiento.

Hiccup continuaba inquieto por lo que pudiera ocurrir a partir de ese momento. No le preocupaba la reunión, sino la decisión que los demás jefes iban a tomar y que él tendría que apoyar a pesar de no estar de acuerdo.

Porque él y todos en Luk Tuk sabían que la solución sólo podía ser una…

Guerra.

No importaba si detenían a Drago a tiempo, al final ese sería el único resultado. La reunión del Concejo de Guerra era prueba suficiente para confirmarlo. Los jefes no pretendían discutir si debían o no iniciar la guerra, más bien querían asegurarse de que todas las tribus estuvieran listas para cuando ocurriera.

Era inevitable.

Y por eso Hiccup tenía miedo… Porque en el pasado lo único que consiguió fue pérdida y dolor. No quería volver a pasar por eso de nuevo, no ahora que al fin comenzaba a recuperarse… Ahora que todo Berk comenzaba a recuperarse.

Drago Bludvist les había arrebatado a su jefe, a los dragones y destruido Berk. ¡Odín sabía lo difícil que fue vencerlo en esa ocasión! Hiccup ni siquiera recordaba cómo logró tomar la fuerza necesaria para salvar a su gente y a su mejor amigo a pesar del dolor que la muerte de su padre le había provocado. Pero ahora, todo eso que pensó haber superado, volvía para recordarle que la historia estaba próxima a repetirse si él no hacía algo primero.

¿Qué podía hacer?

—Me vendría bien un poco de ayuda, papá—murmuró con la mirada en el cielo nocturno.

Se encontraba en el pequeño claro donde él y Toothless se habían conocido años atrás. No tenía idea de qué hora era, pero no tenía sueño, ni frío a pesar del viento gélido. Sólo estaba ahí, sentado contra el cuerpo de su dragón que dormitaba tranquilamente hasta que lo escuchó hablar.

El castaño, sintiéndolo moverse, acarició su frente en señal de que volviera a dormir y Toothless, no oponiendo resistencia, obedeció. Él sí estaba cansado a causa de su labor como Alfa y como niñero de la valkiria, aunque eso último el vikingo lo desconocía.

—No puedo permitir que Drago gane—susurró con pesar—, pero ir a una guerra tampoco es buena idea—detuvo sus caricias para enredar sus manos entre su cabello con desesperación—. ¿Qué debo hacer?—cuestionó por lo bajo, regresando su mirada al cielo.

Inicia por no lamentarte—gruñó el Night Fury abriendo ambos ojos y rodeando al chico con su cola en una muestra de afecto—. Saldremos adelante, juntos.

Quizá Hiccup no entendiera sus palabras, pero sí sus acciones.

—Tienes razón—suspiró agotado volviendo a acariciarlo, realmente lo había entendido a pesar de no comprender su idioma—, somos más fuertes unidos—sonrío, conectando su mirada por primera vez con la de él.

El Night Fury asintió, devolviéndole la sonrisa a su manera, satisfecho por calmar un poco a su jinete.

—Aun así…—volvió a hablar el vikingo, consiguiendo que el dragón frunciera el ceño nuevamente molesto por su actitud—, temo que nada bueno saldrá de eso.

La expresión irritada de Toothless aumentó, observándolo con detenimiento y disgusto.

— ¡No me veas así!—reclamó, apartándose para cambiar de posición y así poder encararlo; él sentado sobre el suelo y el dragón acostado, pero ambos con porte firme—. Es una guerra, Toothless, nada bueno sale de las guerras…—indicó con cierta obviedad—. Los dos lo sabemos mejor que nadie—añadió lúgubre, bajando la mirada con pesar.

Lo sé…—murmuró con lamentación el Night Fury rodeándolo de nuevo con su cola.

—Pero tú lo has dicho…—continuó Hiccup, alzando la mirada y colocando sus manos alrededor de la cabeza de su amigo...—, lograremos salir a delante—dijo con firmeza, atrayéndolo para unir su frente con la de él, permitiendo que ambos cerraran los ojos y disfrutaran su cercanía—. Tú y yo, unidos…

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Se llevó ambas manos a las sienes, masajeándolas para calmar las palpitaciones de su cabeza. Había pasado las últimas horas escuchando a los jefes discutir; horas en las que, hasta el momento, no parecían ponerse de acuerdo sobre cómo atender el problema que presentaban. De hecho, luego de tanta discusión, el problema había pasado a segundo plano y ahora se atacaban entre sí para decidir quién era mejor.

—Está claro que aquí quien menos debe opinar eres tú—gruñó Magnus, jefe de la tribu Escalofrío; un hombre corpulento y pelirrojo con mal carácter que se reusaba a dejar atrás las viejas costumbres.

Su víctima era un joven jefe, quizá de la misma edad que Hiccup.

— ¡Tengo tanto derecho de opinar como usted!—se defendió el azabache—. Isla Magmal también corre peligro.

—Ustedes los Magmalos nunca nos han ayudado cuando lo necesitábamos, por el contrario, siempre intentaban atacarnos cada vez que pasábamos cerca de "su territorio"—contraatacó Magnus cruzado de brazos y sentado con la espalda recta.

—Esas eran reglas del antiguo jefe, ahora todo es diferente—exclamó el otro levantándose con rapidez de su lugar, mostrándose ofendido por sus palabras.

—Apoyo a Niels—habló ahora un hombre un par de años mayor que Hiccup; era pelirrojo con el rostro y los brazos cubiertos de cicatrices—. No tiene nada de malo que en el pasado Magmal fuera hostil, lo importante es que ya no lo es.

—Y tú sabes mucho de eso, ¿o no, Dagur?—pronunció con repudio un hombre viejo, Holger, el jefe de la isla Fraternal—. Los Berserkers han provocado muchos problemas en todo el archipiélago, saqueando e invadiendo nuestras tierras.

— ¡Tú ni hables, Holger!—rugió Mogadón, un tuerto gigantón de cabello rubio, que resultaba ser el líder de la isla Meadhead—. Ustedes nunca han querido mover un sólo dedo en beneficio del archipiélago.

— ¡¿Y tú qué, Mogadón?!—gritoneó el anciano con toda la fuerza que sus pulmones cansados le permitieron—. Ustedes tampoco son unos santos.

Habían llegado al punto en que todos estaban de pie alrededor de la mesa, golpeándola, empujando sillas y gritándose entre sí. Pero… ¿Hiccup? Él permaneció en silencio sentado en su lugar, con las manos cubriendo sus oídos en un intento inútil por aplacar el ruido.

—Está bien…—murmuró agotado—. ¡Ya basta! ¡Toothless!—gritó, levantándose y llamando a su amigo que disparó una bola de plasma al techo haciendo callar a todos—. Gracias—susurró y el dragón asintió sin importancia volviendo a recostarse, teniendo la esperanza de, ahora sí, poder dormir.

Los demás jefes, ahora tranquilos, lo observaban atónitos y a espera de una explicación.

—Esta reunión es para acordar un plan de acción, ¡no para que discutan entre ustedes!—los reprendió señalándolos con dedo acusador—. Estamos al borde de una guerra, ¡no provoquemos otra!

—Mi hermano tiene razón—concedió Dagur, colocándose a su lado para abrazarlo por los hombros—. Además, todos sabemos que Berk es una de las islas más fuertes gracias a sus dragones; claro que Berserk es mejor, pero…

—Gracias Dagur, pero no ayudas—gruñó Hiccup cansado.

—Lo siento—sonrió nervioso el pelirrojo, liberándolo de su agarre para volver a sentarse—. Entonces, jefe de Berk—continuó con porte más serio, estirándose sobre la silla—, ¿cuál es el grandioso plan para salir con vida de la amenaza de Drago?

Eso bastó para que todos tomaran asiento nuevamente, observando a Hiccup con detenimiento; esperando a que les explicara su plan y les diera esa chispa de esperanza que tanto necesitaba el archipiélago.

Pero Hiccup no supo qué responder y tener tantas miradas posadas en él no ayudaba en lo absoluto. Suspiró con cansancio, llevándose una mano a la frente para apartar su cabello y secar el sudor que mojaba su piel.

—Drago quiere infundirnos miedo—dijo por impulso, recordando las cartas que les había enviado junto a varios cadáveres de dragones y personas—. Quiere que pensemos que tiene todas las cartas.

— ¿Y no es así?—cuestionó Magnus con los puños sobre la mesa.

—No sabemos hasta dónde ha logrado llegar con su venganza, si tiene un ejército más grande o si consiguió más dragones—habló ahora Niels con cierta preocupación.

—Tal vez tú tengas dragones, Hiccup—dijo con voz gruñona el viejo Holger—, pero nosotros no.

—Ya estuve pensando en eso—defendió el castaño tras un suspiro—. Tenemos suficientes dragones para proteger tanto nuestra isla como las suyas. He hablado con varios jinetes y estamos preparando unos escuadrones que los apoyarán en la protección de sus tribus.

A Holger y Magnus esto no pareció gustarles, pues estaban decididos a no dejar atrás las viejas costumbres. Para ellos era inaceptable que los vikingos montaran dragones.

—No pongan esas caras—reprendió Gobber que hasta ese momento había permanecido en silencio junto a Hiccup.

El castaño suspiró y rodó los ojos, ¿por qué no lo ayudó cuando todos habían perdido el control?

—Si no quieren jinetes de dragones, entonces no se quejen y dejen de agobiar al pobre chico—continuó, esta vez con severidad, y golpeó a Hiccup en la espalda.

—Gracias, Gobber—logró decir a pesar de la falta de aire que el golpe le había ocasionado—. Magnus, Holger, les estoy ofreciendo protección; si no la desean basta con decirlo. Lo mismo va para el resto—añadió más tranquilo, observando a todos los presentes—, si desean la ayuda, mañana mismo los escuadrones irán a sus islas.

Dagur, Niels y Mogadón se dirigieron miradas pensativas; retándose en silencio para saber quién aceptaría y quién no.

—En Berserk no será necesario, hermano—fue Dagur quien decidió hablar—, nuestros jinetes han mejorado considerablemente gracias a ti y tu gente. Pero, si llegamos a requerirlo, no dudes en que vendremos a pedirte ayuda—sonrió satisfecho de sí mismo.

Hiccup no supo si era algo para agradecer.

— ¿Y ustedes?—cuestionó Gobber a los dos jefes faltantes.

—Magmal lo agradecería enormemente—dijo al fin Niels con el porte de todo jefe.

—Supongo que no tengo otra opción—se encogió de hombros Mogadón, fingiendo desinterés.

—De acuerdo—exclamó Hiccup levantándose y golpeando la mesa con la palma de la mano—. Ahora pasemos al resto del problema—agregó, ignorando las miradas molestas de Holger y Magnus—. Si bien la protección ayudará, es algo temporal, debemos decidir qué hacer con Drago.

— ¿Y qué sugieres, Hiccup?—preguntó Dagur con tranquilidad.

El castaño suspiró con cierto pesar. Todos conocían la respuesta, pero ninguno parecía dispuesto a decirla o, incluso, a escucharla. Aun así era necesario y él, siendo el anfitrión, tuvo que tomar la iniciativa.

—Se los dije antes, ¿o no?—fue lo primero que logró decir, preparándose para continuar.

Sabía que, una vez que lo dijera, no habría vuelta atrás.

—Las advertencias son muy claras—dijo con aire pesaroso—. Estamos al borde de una guerra… y debemos prepararnos para enfrentarla.

Listo.

Ya no había escapatoria.

Después de todo lo que habían vivido, sin importar cuánto lo había intentado, la historia comenzaba a repetirse gracias a esta nueva guerra… o tal vez, ¿se trataba de la misma?

Quizá la guerra nunca terminó y los últimos tres años sólo fueron un breve descanso antes de que lo peor llegara.

Un jefe protege a los suyos—murmuró para sí mismo, intentando obtener la fuerza suficiente a través de los recuerdos de su padre.

Fue un pequeño momento, pero cuando la debilidad se disipó, logró volver a encarar a los demás jefes.

—Aunque Berk es el objetivo principal de Drago, no podemos dudar que atacará el resto del archipiélago. Sólo juntos podremos detenerlo, por eso les pido hacer una alianza de guerra—habló con una voz tan firme y solemne que enorgullecería a su padre—. Luchemos esta guerra juntos y salvemos nuestro hogar.

Nadie dijo nada a pesar de su silencio.

Ese breve discurso había impactado, pero ninguno parecía querer hablar; tan sólo se observaban, cuestionándose entre ellos para decidir qué hacer. Y no fue hasta que uno de ellos tomó la iniciativa cuando Hiccup respiró nuevamente, dejando escapar todo el aire que había estado conteniendo sin darse cuenta.

—Creo que hablo por todos cuando digo que…—comenzó Dagur, levantándose de su asiento y apoyando sus manos sobre la mesa—… estamos contigo, hermano.

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Había aprovechado la ausencia de Hiccup debido a la reunión con los demás jefes, para poder escabullirse hasta esa playa. También había sido bueno que Toothless lo acompañara a dicha reunión, ¡ese dragón la seguía a todas partes siempre que podía! Por eso agradecía que esta vez se fuera con su jinete, ella necesitaba un momento de soledad como nunca lo había deseado antes.

En el pasado siempre buscaba estar sola para entrenar, prefería eso a hacerlo en grupo con otras valkirias. Pero ahora deseaba soledad para pensar, porque vaya que tenía mucho que reflexionar últimamente.

Y entre todos sus pensamientos, había uno que se alzaba por encima del resto: Hiccup.

No entendía por qué. No sabía qué había provocado que no dejara de pensar en el castaño; era un sentimiento extraño que desembocaba en la necesidad de querer ayudarlo tanto a él como a su isla. Pero…

¿Y su misión?

Hasta ahora no había logrado deducir cuál era la dichosa misión que le habían encomendado las Nornas; tenía casi un mes en Midgard y aun no lograba descubrir nada, eso la frustraba enormemente.

Se sentía atrapada entre la espada y la pared, por un lado deseaba ayudar a Hiccup, pero por el otro estaba su deber como valkiria y descubrir para qué había sido enviada al mundo mortal.

¿Qué debía hacer? ¿Qué camino debía tomar?

«Odín y yo te estaremos cuidando desde aquí.»

¿Sería cierto?

Freyja le dijo que la estarían observando, pero no para asegurarse de que cumpliera con su deber, sino para cerciorarse de que estuviera a salvo, ¿verdad? ¿Qué pensarían ellos si supieran que comenzaba a dudar de sus capacidades, de su encomienda? ¿Freyja se decepcionaría? ¿Odín la dejaría de reconocer como valkiria?

— ¿Qué debo hacer?—alzó la voz en un susurro.

*O*O*O*

La reunión había terminado bien a pesar de que ahora tenían que planear las defensas para la guerra. Sabía que no estaban exentos de recibir algunas perdidas, pero quería reducirlas lo más que pudiera, para evitar que el dolor y el pesar volvieran a apoderarse de su gente.

Quizá se debía a eso que ahora no podía dejar de pensar en el pasado… Ese tortuoso pasado que continuaba atormentándolo desde hace tres años. Los recuerdos estaban tan frescos en su mente como si recién hubieran ocurrido; las voces, los estruendos, el clima frio… Todo era tan real que lo abrumaba.

No quería ir a la guerra.

No era un cobarde, pero sabía que tampoco era valiente.

Él mejor que nadie conocía las consecuencias de ir contra Drago y su ejército. Tal vez el conflicto de ese entonces no había sido tan grande como el de ahora, pero aun así estuvieron a punto de perderlo todo. Le arrebataron a su padre y por un momento también a su mejor amigo, su hogar fue prácticamente hecho pedazos…

Su mundo se desmoronó a su alrededor y pudo haber sido sepultado entre los escombros, de no ser por su madre y Gobber que tomaron sus manos en el último momento para ayudarlo a levantarse. Sin ellos y sus amigos no habría logrado recuperarse para luchar.

No quería volver a pasar por eso.

Si Drago los atacaba de nuevo, no podrían resistirlo… Él no podría resistirlo. Los rumores decían que Bludvist había vuelto más despiadado y con un ejército más grande. Si resultaba cierto, entonces ni siquiera el Alfa y todos sus dragones podrían vencerlo… y eso lo aterraba.

No le preocupaba su vida, le preocupaba la de su gente, la vida de su familia… No se perdonaría si algo les ocurría por su culpa, mucho menos si los llegaba a perder como a su padre.

— ¿Qué debo hacer?—susurró con angustia dejándose caer sobre la espalda de Toothless mientras ambos volaban entre las nubes.

El dragón se limitó a gruñir, controlado por el mismo sentimiento. Le dolía ver a su jinete en esa situación.

Aprovechó para detenerse, suspendido en el aire por un momento, permitiéndole a Hiccup un momento de serenidad, esperando que se levantara y tomara las riendas para seguir con su vuelo. Sólo así ambos podrían liberar toda la tensión y frustración acumulada en sus cuerpos.

*O*O*O*

Su mirada estaba fija en el horizonte, justo donde el cielo y el mar se unían imposibilitando saber dónde comenzaba uno y donde terminaba el otro. La brisa fresca de la tarde golpeaba su rostro ocasionando que varios mechones de cabello se escaparan de su trenza y le rozaran mejillas. Abrazaba sus piernas estando sentada sobre la arena, no en busca de calor debido al viento que se colaba entre sus ropas, sino para reconfortarse a sí misma. Buscaba consuelo en sus propios brazos.

—De seguro Brunilda, o Hilda sabrían qué hacer—se lamentó dejando caer su barbilla sobre sus rodillas.

Ambas valkirias, junto con Freyja, eran su ejemplo a seguir. Quizá estuviera mal decirlo, pero las admiraba; de pequeña, cuando entrenaba para ser valkiria, siempre había soñado con ser tan fuerte y valiente como ellas. Aunque a Hilda nunca llegó a conocerla, pues –según las historias que le contaban– la habían perdido varios años antes de que ella naciera.

Pero en todas esas historias se le mencionaba como la gran guerrera que fue, lo triste que resultó perderla a causa de un mortal y el gran poder divino que tenía.

¿Poder divino? Se preguntarán…

Verán, la mayoría de las valkirias poseen un poder divino. Se dice que es la bendición que Odín les otorga y que, sólo las más fuertes y valientes logran descubrir. Hilda fue una de ellas y su poder –en palabra de todos– era el más valioso…

Ella tenía la habilidad de revivir a quienes morían en el campo de batalla.

Un poder que había sido codiciado por muchos y, aunque no estaba segura, Astrid creía que eso había influido en su desaparición.

¡Pero eso no importaba ahora!

Importaba que ella no era como esas valkirias. No era especial, ni valiente, ni fuerte; no tenía ningún poder, ¡ni siquiera sabía qué hacía en Midgard!

Comenzaba a creer que las Nornas se habían equivocado con ella.

«Las Nornas no se equivocan.»

—Siempre hay una primera vez—murmuró con frustración, alzando nuevamente el rostro para observar el cielo despejado, añorando lo que había más allá de él…

*O*O*O*

—No puedo permitir que Drago venga y ataque nuestro hogar—susurró con las manos cubriendo su rostro, ahogando su voz y la desesperación que lo controlaba.

Toothless gruñó un poco más alto tratando de llamar su atención, y aunque Hiccup no entendía con precisión lo que ese gruñido significaba, sabía que quería levantarle el ánimo.

Apartó con lentitud sus manos y observó el rostro del dragón que lo inspeccionaba con cautela por encima de su hombro. Fue en su mirada verde, esa que era tan parecida a la suya, que pudo leer sus intenciones con claridad. Era como si le dijera que no estaba solo y que lograrían vencer a Drago juntos como lo hicieron años atrás. Y él quería creerle, vaya que sí, pero había algo en su interior gritándole que algo realmente malo pasaría y no entendía por qué.

Si sigues así envejecerás más rápido—gruñó burlón y no fue necesario nada más para hacerlo sonreír.

Como Hiccup siempre decía, no hacían falta palabras para entenderse entre ellos.

Vamos, es un día muy agradable —señaló, agitando su cuerpo en pleno vuelo, obligándolo a sentarse por miedo a caer debido a sus movimientos.

—Está bien, está bien—calmó divertido sujetando las riendas nuevamente; realmente su amigo sabía cómo animarlo—, ya entendí.

Ya era hora—volvió a gruñir esta vez con alegría, preparándose para un vuelo a toda velocidad cuando sintió que su amigo ajustaba su prótesis—. Así está mucho mejor—susurró para sí mismo, orgulloso por su gran logro.

Pero justo cuando estaban por marcharse para perderse entre las nubes durante unas largas y agradables horas, Hiccup detuvo sus acciones obligándolo a permanecer en su sitio, procurando mantener el control y equilibrio en el aire.

Gruñó nuevamente, pero no por diversión, sino por fastidio.

¿Acaso había vuelto a deprimirse?

—¿Esa es…—comenzó Hiccup curioso, fijando su mirada en un punto en específico y Toothless no tuvo otra opción más que hacer lo mismo, aumentando sus gruñidos cuando entendió el porqué del cambio repentino y el nuevo tono de su voz—… Astrid?

Y sin siquiera anunciarlo lo obligó a girar con rapidez, volando hacia la playa donde habían logrado distinguir a la chica.

Estúpidos dioses—murmuró el Night Fury rendido ante los impulsos de su jinete, soltando al mismo tiempo algunos improperios en dragonés, la lengua madre de los dragones.

—No creí que te encontraría aquí—saludó el castaño, desmontando a Toothless y cambiando su prótesis para poder caminar hacia Astrid.

—Hiccup , hola—correspondió su saludo, o al menos lo intentó pues para ella también era una sorpresa encontrarlos—, yo…

Hizo una muestra de querer levantarse pero el chico la detuvo apresurando el paso para alcanzarla. Cuando al fin estuvo a su lado, se inclinó para tocar su hombro y obligarla a quedarse donde estaba.

—No te levantes—le dijo sonriente y después se sentó a su lado—. Es mejor así, ¿no crees?

Su sonrisa no pasó desapercibida para Astrid, quien poco a poco fue ganando un sonrojo en las mejillas a causa de las acciones y cercanía del castaño.

—C-claro—asintió nerviosa, llevándose las manos hacia su trenza, jugando con ella por el simple hecho de mantener sus manos ocupadas.

¿Por qué tan nerviosa, valkiria?—reclamó el Night Fury a sus espaldas.

La rubia giró la mirada con rapidez, frunciendo el ceño mientras observaba al dragón recostado en la arena bajo la sombra de una enorme roca. Se encontraba a una distancia considerable, pero aun así era fácil escuchar sus quejas e insinuaciones; aunque para Hiccup eran simples gruñidos en dragonés, aun así logró comprender lo que decía.

—Toothless…—advirtió Hiccup, mirándolo con la expresión que él tanto odiaba, esa que usaba para reprenderlo cuando hacía algo indebido.

¡Pero él ya no era un bebé dragón! No podía regañarlo cada vez que quería. Era un dragón adulto… uno responsable, en especial de lo que pudiera ocurrirle a Hiccup si esa valkiria se acercaba más de la cuenta. Porque él sabía que no se podía confiar en los inmortales; la gente del cielo se creía superior, usando a los dragones como mensajeros cuando se les place, aprovechándose de los mortales que los veneran y arrastrando sus almas con la "promesa" de un lugar en el paraíso donde podrán descansar para después volver a morir en la gran guerra.

Los dioses jamás hacían nada bueno por ellos, eso era lo que Toothless creía y por eso no podía confiar en la valkiria, porque aunque decía desconocer la razón de su estancia en Midgard, él estaba seguro que esa razón no era para el beneficio de los humanos…

No era para el beneficio de Hiccup.

—Deja de comportarte como un bebé dragón.

Su regaño lo hizo volver a la realidad. Pero, siendo el dragón orgulloso que era, le gruñó como respuesta, demostrando que no se retractaba por lo que había dicho.

Y tú deja de comportarte como un dragón en un campo de hierba de dragón—se defendió, mirándolo desafiante.

— ¡Toothless!—reprendió el castaño cruzado de brazos, devolviéndole la misma mirada.

En momentos como ese realmente parecía que hablaban el mismo idioma.

Pero no era así, no cuando su atención estaba puesta en alguien más… Y eso frustraba al dragón.

Gracias a experiencias pasadas, sabía que por más que lo intentara, Hiccup no entendería sus advertencias. Cuando el jinete descubría o conocía a un ser nuevo. Como aquella vez en la que intentaba decirle que el recién descubierto Typhoomerang era en realidad un bebé, cuya furiosa y salvaje madre destruiría Berk si no se lo entregaban. Pero claro que él no comprendió eso hasta que resultó demasiado tarde.

Cada vez que Hiccup dejaba que sus emociones controlaran sus pensamientos, no había nada que pudiera hacerlo entrar en razón. Todos lo sabían, en especial Toothless… Pero aun así seguía intentándolo, porque ¿qué más podría hacer?

No me retracto—fue lo último que dijo, dando por terminada la discusión de la que, sabía, no fue el ganador.

Una risa divertida calmó la tensión en ambos, obligándolos a desviar sus miradas hacia la persona que parecía reírse de ellos.

— ¿Qué es tan gracioso? —quiso saber Hiccup, enarcando una ceja en su dirección.

Sí, ¿qué?—le siguió el Night Fury, con expresión de reclamo.

—Es divertido la forma en que discuten y se entienden a pesar de, bueno, la diferencia de idiomas—se explicó la rubia deteniendo su risa con un suspiro; pero la sonrisa no abandonó su rostro—. Lo siento si pensaron que me burlaba—agregó y tanto el vikingo como el dragón notaron la sinceridad en sus palabras; aunque sólo a uno de ellos le agradó.

—Jamás pensaría eso—aclaró el vikingo con rapidez, sus ojos brillaban al observarla. Un profundo brillo verde que le robaba el aliento.

Yo mejor me voy—gruñó Toothless con fastidio, dándose por vencido en esta ocasión.

Claro que no se rendiría por siempre… Tan sólo necesitaba un mejor plan para deshacerse de la valkiria.

Con ese pensamiento en mente, se levantó sacudiéndose la arena que había quedado adherida a su piel escamosa. Y ante la mirada divertida de ambos jóvenes, se marchó por un sendero del bosque, perdiéndose entre la espesura del mismo; dejándolos para que hicieran lo que los humanos se suponía que hacían.

Una vez solos, Hiccup suspiró agotado. A veces era difícil comprender a su dragón cuando se comportaba así. De hecho, su actitud le recordaba a la ocasión en la que parecía estar celoso del pequeño Torch; aunque al final descubrió que la situación era un poco más complicada que eso, pero…

¿Acaso Toothless estaba celoso de Astrid?

La simple idea lo hizo reír con fuerza, sorprendiendo a la chica a su lado que ahora lo veía curiosa con una gran interrogante marcando su rostro.

—Ahora soy yo quien pregunta qué es tan gracioso—dijo, consiguiendo que el castaño riera con más fuerza.

—N-no es nada, Astrid—tranquilizó Hiccup, respirando con profundidad para recuperar el control de su cuerpo y dejar de reír—. Sólo recordé algo que ocurrió con Toothless hace unos años—explicó a medias.

Astrid entendió con eso que no hablaría más sobre el tema, y realmente no quería saber por qué.

—El lado bueno —continuó más tranquilo—, es que ahora estamos solos.

Pero ese nuevo comentario tomó desprevenida a la rubia que abrió sus ojos en toda su amplitud, no sabía si por sorpresa o confusión.

— ¡No! Digo, no quería… es decir, yo… ¡Aggh!—tartamudeó Hiccup, desesperado y con fastidio por no poder hablar con claridad—. Honestamente no sé por qué dije eso—confesó con el poco control que aún conservaba.

—Descuida—tranquilizó Astrid, recobrando su color habitual y colocando involuntariamente su mano sobre el hombro del chico—. Cargas con demasiado estrés; y, perdón, pero ese dragón tuyo suele ser muy irritante—confesó con cierta diversión.

—No te disculpes por eso, yo opino lo mismo—rio el castaño, volviendo a ser el de antes.

Estaban tan cerca, que sólo haría falta un movimiento para que sus rostros se tocaran. ¿Cómo habían terminado en esa posición? Ninguno lo sabía con exactitud y, por el contrario, permanecieron observándose en silencio, nerviosos y sonrojados. Sus miradas conectadas y sus respiraciones chocando contra la contraria.

Se mantuvieron así por un tiempo que les pareció eterno hasta que decidieron apartarse con rapidez, girando sus cuerpos para estar lejos de la mirada del otro. Ambos concentrándose en observar el horizonte frente a ellos.

¿Qué era lo que les ocurría?

Era lo que ambos se preguntaban mientras intentaban calmar los rápidos latidos de sus corazones.

— ¿Todo bien?—cuestionó al verlo tan pensativo, volteando su rostro para observarlo, como si con ese simple gesto pudiera descubrir el pensar del chico.

Desde hace un buen rato ninguno decía nada y, aunque el silencio no era incomodo, Astrid sentía que a Hiccup le ocurría algo; en especial porque no paraba de suspirar y fruncir el ceño cada cierto tiempo.

—No creo poder responder de forma positiva a eso—le confesó rendido, estirando las piernas y apoyando sus manos sobre la fina arena de la playa.

— ¿Así de mal?—curioseo Astrid, adoptando su misma posición.

—El Concejo de Guerra tomó una decisión y—comenzó, con una angustia latente en su pecho—, es buena, pero...

—Termina en guerra...

Ni siquiera fue capaz de decirlo, ¿cómo se suponía que lucharía en ella? ¿Cómo se suponía que protegería a su gente?

—Odio esto—gruñó exasperado, dejándose caer en la arena, no importándole que su traje y cabello se ensuciaran.

Astrid, tranquila y sonriente, se giró sentada sobre sus piernas flexionadas, recargándose con una mano para mantener el equilibrio. Su mirada estaba fija en él y la sonrisa no desaparecía de su rostro mientras suspiraba, como si estuviera buscando las palabras adecuadas para animarlo.

—Te entiendo—dijo al fin y fue entonces que él le correspondió la mirada—, creo que es algo que todos odiamos—confesó, bajando el rostro con rapidez cuando su mirada se volvió más intensa.

—Todos menos personas como Drago Bludvist—murmuró Hiccup, había cierto pesar en su voz al decirlo. Apartó rostro, fijando su vista en el cielo adornado por un par de nubes blancas.

Por un momento Astrid titubeó, no sabía qué más decirle. Ella no estaba acostumbrada a este tipo de cercanía o conversaciones tan… personales, ¿esa era la palabra que describiría esto? Lo más probable es que no.

—Hiccup…—susurró sin darse cuenta, su mano acercándose lentamente hacia él.

¿Qué pretendía hacer?

Cualquiera que fuera su intención, se vio detenida por la curiosa y penetrante mirada verde que el chico ahora le dirigía. Su mano quedó flotando a la deriva, temblorosa a causa del nerviosismo que se había apoderado de ella y, justo cuando había logrado recuperar el control de su cuerpo, comenzó a bajarla con gran lentitud de vuelta a su regazo para acabar con el bochornoso momento.

Pero, como por obra de los dioses, esa acción también fue detenida.

Sus ojos se abrieron en toda su amplitud al sentir el calor de una mano ajena cubriendo la suya.

—Astrid…—susurró ahora Hiccup sentado frente a ella, sujetando su mano en un intento por mantenerla con él.

¿En qué momento se había sentado? ¿Cómo fue que terminaron nuevamente tan cerca el uno del otro?

—Yo…—sus mejillas comenzaron a teñirse de rojo, sintiéndose obligada a apartar el rostro para evitar que él lo notara.

Si tan sólo supiera que Hiccup se encontraba en la misma situación. Él tampoco se dio cuenta de cuándo y cómo terminó sentado frente a ella, sujetando su mano con fuerza para evitar que se alejara de él.

Quizá si alguno de los dos dijera algo, el ambiente fuera menos tenso, pero ninguno sabía qué decir y tampoco parecían estar dispuestos a apartarse.

«Los mortales son peligrosos…»

Escuchó la voz de Freyja, la advertencia latente en sus palabras. La frase que siempre le repetía cuando perdían a una valkiria en el mundo mortal.

Fue ese recuerdo fugaz lo que la trajo de vuelta a la realidad. Su cuerpo nuevamente estuvo bajo su control, permitiéndose alzar el rostro para poder ver al joven vikingo.

«Hemos perdido a muchas hermanas por su culpa.»

A ella no le ocurriría eso, Hiccup no era así. Él jamás la obligaría a permanecer a su lado. Además, Hiccup no sabía quién era, no había robado sus plumas. No existía razón para temer… al menos no de él, no del chico que la salvó y le dio un lugar donde vivir durante el tiempo que durara su misión.

Su misión.

Era increíble lo rápido que se olvidaba de eso cuando Hiccup estaba a su lado. No entendía como, pero el chico siempre lograba hacerla olvidar sus problemas y no dudaba que lo mismo le ocurriera a él; lo podía ver en sus ojos, esos ojos verdes que la observaban justo en ese momento, curiosos al notar su ausencia a causa de su viaje mental.

—Astrid—la llamó nuevamente, ahora con voz ronca y temblorosa.

¿Por qué? ¿Por qué le hablaba ahora? ¿Por qué veía preocupación en sus ojos cuando hace un momento no lo había?

Fue entonces que bajó su mirada hacia sus manos, las manos de ambos que antes se sujetaron con fuerza y que ahora se encontraban separadas a causa de una acción involuntaria por su parte.

— ¿Qué está mal?—quiso saber Hiccup, aun con preocupación.

—Yo…—murmuró, regañándose mentalmente por no poder decir algo coherente—, yo debería preguntarte eso, no al revés—logró decir finalmente, recuperando su autocontrol—. Se supone que estaba ayudándote a sentirte mejor—musitó al notar la interrogante en la expresión del chico.

—Y lo has hecho—aseguró él y, por alguna razón desconocida, acercó su mano para volver a sujetar la que ella protegía en su regazo—. Tu presencia hace que me sienta mejor, Astrid—susurró tan cerca de su rostro que sintió el roce de su aliento contra su piel, una sensación cálida que la embriagó.

—Yo…—se golpeó mentalmente, ¿por qué no podía decir algo más que «yo»?—, yo pienso lo mismo. Lo cierto es que me has ayudado mucho y…

«Me importas.»

—Y quiero devolverte el favor—dijo en su lugar, ignorando sus propios pensamientos, sus propios deseos.

El silencio hizo acto de presencia nuevamente, y hubiera permanecido por mucho tiempo, de no ser por la rapidez de Hiccup al volver a hablar.

—Bueno—carraspeó nervioso, liberando el agarre de sus manos para rascarse la nuca—, si tienes alguna idea para ganar esta guerra inminente, sería suficiente para pagar ese favor—bromeó.

Pero ella no lo tomó como una broma, porque en la mirada del chico había tal sinceridad que sus palabras se vieron opacadas pasando a un segundo plano.

En su mente algo hizo clic y sólo un pensamiento existió entonces: Ella podía ayudarlos.

Era una guerrera, y no cualquier guerrera, una valkiria… Una de las hijas de Odín. La guerra y la lucha eran parte de su espíritu. Sin duda podía hacer algo por ellos.

Aunque no tuviera relación con su misión, esto era importante y no podía simplemente ignorarlo. Descubrir su misión y cumplirla había sido su prioridad, pero ahora todo era diferente. Veía en los ojos de Hiccup la desesperación y miedo por su gente; no se lo había dicho directamente, pero sabía que él esperaba una muestra de ayuda de su parte.

«Las Buglars eran guerreras de nacimiento, no sé y no entiendo cómo fueron vencidas, pero tú eres la prueba de que aún hay esperanza.»

Le había dicho Hiccup días después de haberse conocido, cuando la confianza había comenzado a nacer entre ellos. Y se lamentó por ese recuerdo, porque la hacía pensar en las mentiras que le había dicho; porque él y todos seguían pensando que ella era de esa tribu. Los Hooligans no merecían eso, mucho menos Hiccup que había sido tan bueno con ella y se había convertido en su primer amigo, la primer persona en la que estaba segura podía confiar plenamente.

«Recuerda, Astrid…»

Le había dicho Freyja el día de su partida.

«Debes tener mucho cuidado en el mundo mortal. Si alguien descubre quien eres realmente…»

No podría volver.

La diosa no lo había dicho, pero ella sabía que eso era lo que ocurriría.

Deseaba tanto decirle la verdad a Hiccup, a todos; así podría ayudarlos más. Pero recordaba las palabras de Freyja y entonces comenzaba a dudar. ¿Sería tan malo no volver y convertirse en mortal? Podría quedarse en Berk… con Hiccup. No le desagradaría, a menos que él no la aceptara, pero…

Un miedo profundo invadió su interior, haciendo que su corazón latiera con rapidez. Hiccup no la rechazaría, ¿o sí?

¡No! Él no era así. Pero… quizá lo mejor fuera no decir nada; es decir, no necesitaba revelarse para hacer algo.

Porque sí, ya había tomado la decisión. Su misión podía irse a Helheim… No sabía ni cuál era, así que no tenía importancia para ella en ese momento. Berk era más importante…

Hiccup era importante.

—Hiccup… si me lo permites, lucharé a tu lado, por Berk…


Niels: Nombre vikingo que significa triunfador del pueblo.

Holger: Nombre escandinavo derivado de Hólmgeirr y significa: jefe de la isla.

Hilda: En la mitología nórdica, Hilda es una de las valquirias. Ella tenía el poder de revivir a los muertos del campo de batalla.

Escalofrío, Meadhead, Magmal e Islas Interiores: Son las tribus pertenecientes al Archipiélago Barbárico de los libros que inspiraron HTTYD, escritos por Cressida Cowell. De hecho, el jefe de Meadhead, Mogadón, también es un personaje con ese mismo papel dentro de la saga de libros; el resto sí me los inventé yo.


Bueno, pues aquí está el tercer capítulo de esta historia. En este agregué un par de pensamientos para Hiccup y Toothless que sentí hacían falta para comprender un poco mejor lo que sentían dada la situación que enfrentan.

Espero que les haya gustado y…

A todos los que leyeron hoy… GRACIAS

En especial gracias a K. FanNeurtex por su review :D

El capítulo 4 estará el martes.