Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 4
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Frotaba sus manos con insistencia en un vago intento por calentarlas. Ese día el frio había vuelto a la isla en forma de un gélido viento que te estremecía hasta conseguir que tus huesos dolieran.
Para Astrid, quien estaba acostumbrada a la calidez de Vingólf, este frio era mortal; pero para vikingos como Hiccup, que habían vivido en un lugar con un clima tan cambiante como lo es Berk, el viento helado no era más que una brisa fresca contra el rostro.
Astrid no entendía como Hiccup podía vestir únicamente su habitual traje con armadura que –estaba segura– no lo protegía del frio, mientras que ella estaba cubierta con un grueso abrigo que el castaño le había proporcionado esa mañana al notar que incluso su piel comenzaba a tornarse pálida.
—Muy bien Astrid—llamó su atención mientras entraban al Gran Salón, la calidez del lugar golpeó su rostro enviando una sensación de alivio a todo su cuerpo—. Es hora de que aprendas sobre los dragones—anunció animado.
Pero la rubia a penas le prestó atención, pues en cuanto sus cuerpos estuvieron dentro del recinto, ella avanzó presurosa hacia el fogón encendido en medio del salón. Su único deseo en ese momento era recuperar el calor que su cuerpo había estado perdiendo.
Hiccup rio por lo bajo ante la acción desesperada de su amiga, pero no podía culparla, él sabía que no estaba acostumbrada al frio de Berk pues en Bog-Burglar el clima era más cálido. Negó con la cabeza y se dirigió hacia la estantería en uno de los extremos del salón para tomar el Libro de Dragones, aquel en cuyas páginas se encontraban registrados los datos de todos los dragones que él y su gente habían descubierto y adiestrado.
Él contaba con una copia más detallada y llena de garabatos, pero sabía que lo mejor sería comenzar a enseñarle a Astrid lo básico con el libro «oficial» puesto que el suyo era más una bitácora que otra cosa.
Lo abrió y hojeó por un momento para comprobar que todo estuviera en orden y, tras cerrarlo de golpe, reanudó su marcha para alcanzar a la chica que ahora se encontraba sentada en una de las bancas alrededor de la mesa que rodeaba el fogón encendido.
—Me encanta tu entusiasmo—bromeó, sentándose a su lado y depositando el libro sobre la superficie de madera.
—Lo siento, ya no soportaba el frio—se disculpó avergonzada, sus mejillas ahora enrojecidas por el calor del fuego, o al menos eso quisieron creer.
—No te preocupes—le restó importancia, sonriendo animado para después abrir el libro—. Bueno, ¿lista para tu primera lección?
Ahora fue el turno de la chica para sonreír.
Luego de ofrecer su ayuda en la guerra que se avecinaba, Hiccup había estado trabajando junto a ella en ideas nuevas para la defensa de las islas. Pero fue el día de ayer cuando al fin el joven jefe decidió que, si Astrid realmente sería un miembro de Berk y una guerrera para su causa, lo correcto sería que aprendiera sobre los dragones; pues estos eran una parte importante, no sólo de Berk, sino de él y todos sus compañeros. Ante esta decisión, Astrid estuvo realmente agradecida y animada por ser tomada en cuenta, por lo que aceptó gustosa con la única condición de que empezaran al día siguiente.
Era por eso que se encontraban ahí en este momento.
—Estoy lista desde ayer—confesó divertida, irguiéndose en su asiento y acercándose más al castaño para observar el contenido del libro.
Ella no lo notó, pero ese movimiento alertó al chico que se tensó incómodo. Desde hace un par de semanas atrás había descubierto que tener a la rubia cerca lo alteraba, pero lo más extraño era que también le encantaba su compañía. No entendía qué era lo que le sucedía, no lo podía evitar, pero tampoco es como si intentara encontrarle una explicación.
—Muy bien—tragó con fuerza para recuperar el control—. Comenzaremos con lo básico, debes aprender a diferenciar y clasificar los dragones—inició su explicación y señaló la primer página del libro en la cual se encontraban anotadas las clases de dragones que tenían registradas, junto con las características generales que poseían los dragones de dichas clases—. Para ello debes conocer las siete clases de dragones que tenemos—continuó ahora señalando una por una las diferentes categorías—: Espanto, Fogonero, Misterio, Roca, Embestida, Filo y Rastreadora.
Astrid se acercó un poco más, rozando el hombro del chico con el suyo; provocando en él un estremecimiento nervioso que ella no notó o quizá simplemente decidió pasar por alto.
—Cada una tiene sus características principales, así podemos saber si el dragón pertenece a esa clase o no—prosiguió tras un carraspeo, tratando de ignorar el efecto que la rubia tenía sobre él—. Por ejemplo—le dio vuelta a la página mostrando ahora un rustico dibujo de un dragón de dos cabezas formando con su cuerpo un círculo y cuyo encabezado mostraba el nombre de la clase—, en la clase Espanto tenemos…
— ¡Hiccup!
El grito de Fishlegs en conjunto con el estruendo producido por las enormes puertas al ser abiertas sin cuidado, fue lo que detuvo toda explicación dando fin con la que se suponía sería la primera sesión sobre dragones que Astrid tendría.
— ¿Qué ocurre, Fishlegs?—cuestionó rendido el castaño, ahogando un gruñido de frustración que amenazaba con escapar de su garganta—. Estamos un poco ocupados en este momento.
—Tenemos un problema, Hiccup—insistió el regordete vikingo balanceando su cuerpo de un pie a otro, signo de su nerviosismo y preocupación.
—Si es sobre los gemelos causando problemas, ahórratelo—intervino Haddock poniéndose de pie y aproximándose a su amigo—. Hoy es mi día libre, lo sabes.
—Sí, lo comprendo—continuó aún más desesperado—. ¡Pero esto es realmente urgente!
—Entonces habla, Fishlegs—exclamó rendido el castaño alzando las manos en son de rendición.
Segundos después se irguió en su lugar, manteniendo la mirada fija en el rubio, quien parecía no saber cómo iniciar su explicación.
—Estoy esperando, Fishlegs—apresuró el jefe ahora de brazos cruzados.
Astrid, quien se había puesto de pie poco después que su amigo, ahora se encontraba a un costado observándolos atentamente y con curiosidad por saber qué era lo que ocurría.
— ¡Encontramos un grupo de Thunderdrums heridos en la playa este!—gritó entonces, atrayendo la atención de los pocos vikingos que habían en el recinto.
— ¡¿Qué?!—Exclamó ahora Hiccup abriendo los ojos en su totalidad—. ¡¿Por qué no lo dijiste desde un principio?!
Acto seguido corrió hacia la salida sin siquiera avisar, cerrando la puerta con un estruendo al salir.
Ambos rubios se observaron en silencio sin saber que hacer hasta que la puerta se abrió nuevamente, permitiendo que el jefe asomara su cabeza por la abertura.
— ¿Qué esperan ustedes dos? ¡Andando!—apremió para después volver a desaparecer.
Esta vez los dos se encogieron de hombros, dispuestos a seguirlo en su carrera.
•
Les tomó un par de minutos llegar a la playa y, una vez ahí, Hiccup hizo descender con rapidez a Toothless. Pero era tanta su desesperación, que optó por saltar de su silla cuando aún los separaba un metro del suelo, levantando una pequeña nube de arena al caer de pie.
Así, sin decir nada y con la misma rapidez, corrió hacia el grupo de dragones heridos que eran atendidos por su madre y Gobber.
Ante tal acción, el resto de los jinetes se observó encogiéndose de hombros con resignación; para ellos era normal ese tipo de reacciones en su líder. La única sorprendida era Astrid que, aún sobre el Night Fury, seguía los movimientos del resto con la mirada.
— ¿Quisieras quitarte de encima?—gruñó el dragón, regresándola a la realidad—. ¿O prefieres que te baje yo lanzándote lejos?—sugirió animado tras imaginar cómo sería tal proeza.
La rubia, en silencio pero con el ceño fruncido, se bajó a regañadientes del dragón, no sin antes golpearlo «accidentalmente» en el cuello con uno de sus pies.
— ¡Oh, lo siento!—exclamó con fingido pesar, llevándose las manos al pecho—. Aun no me acostumbro a montar un dragón, ni hablar de bajar de la espalda de uno.
El Night Fury, haciéndole honor a su nombre, rugió en desaprobación mostrando sus afilados colmillos a la valkiria. Sabía que el golpe había sido intencional y la expresión despreocupada de la chica lo comprobaba.
— ¡Toothless!—escuchó la reprimenda de su jinete que, debido a su rugido, apartó su atención de los dragones heridos con el único objetivo de calmarlo—. No es momento para tus berrinches, deja tranquila a Astrid.
Nuevamente el dragón gruñó en voz baja, murmurando un par de improperios en dragonés mientras se alejaba de la problemática rubia que lo sacaba de quicio y que ahora sonreía victoriosa.
—Es increíble que aún no se lleven bien—comentó Snotlout, apoyando la espalda contra su Monstrous Nightmare.
—Elemental, mi querido Snotlout—llegó entonces Tuffnut, recargándose a su lado y pasando un brazo por su hombro; jugando con una pipa de madera que traía entre los labios—. La razón por la que el señor Fury no tolera a lady Astrid, se debe a que es su competencia por la atención de nuestro querido jefe Haddock.
El azabache lo observó con una ceja alzada, confundido por sus palabras.
— ¿De dónde sacaste eso?—fue lo único que se le ocurrió preguntar, señalando la pipa que el gemelo usaba para fingir que fumaba.
Justo cuando este estaba listo para responder, el llamado apresurado de Hiccup lo detuvo.
— ¡Déjense de juegos y vengan aquí!—exclamó, poniéndose de pie y sacudiendo la arena que había en sus rodillas.
Ante tal petición todos corrieron hacia él deteniéndose alrededor del grupo de Thunderdrums heridos. Sus miradas se posaron en ellos, observándolos con cuidado, notando las heridas en sus alas y costados; siendo el mayor quien parecía más herido.
Se trataba de un Thunderdrum adulto de color azul y otros tres más jóvenes de colores aguamarina, violeta y azul.
—Obsérvenlos bien—indicó el castaño nuevamente de rodillas mientras acariciaba la frente del mayor, acciones que fueron bien recibidas por este, como si fueran amigos desde hace años—. ¿No les parecen familiares?
—Espera—detuvo Tuffnut arrodillándose a su lado, aun con la pipa en sus labios y los ojos entrecerrados viajando por el cuarteto de dragones; deteniéndose en uno de los jóvenes que, definitivamente, le resultaba familiar—. ¡Pequeño Lloyd!—exclamó lanzando lejos la pipa y arrastrándose de rodillas hacia el nombrado—. ¡Oh Lloyd, mira cuanto has crecido! ¡¿Quién fue el monstruo que te hizo esto?!—demandó saber, abrazándolo con cuidado y dejando caer con suavidad su cabeza contra la del dragón que no pareció rechazar su afecto.
El resto, expectantes, se mantuvieron en silencio siendo Fishlegs el primero en decidir hablar.
—Thornado, Bing, Bam y Boom—nombró a cada uno sin salir de su sorpresa—. Esto es realmente increíble.
—Vaya que sí—intervino Ruffnut, acercándose a su hermano para intentar apartarlo del dragón—. No es la mejor forma de reunirse con viejos amigos.
— ¿Cómo terminaron así?—susurró inquieto Hiccup con la mirada fija en Thornado.
—Tal vez esto responda a tu pregunta—alzó la voz Gobber, mostrando una ensangrentada flecha con la insignia de aquél que se autoproclamaba Amo de Dragones.
—Drago—gruñó el castaño, apartando sus manos de la piel escamosa del reptil para volverlas puños sobre su regazo.
Todos se observaron en silencio después de esa revelación. Dentro de cada uno había existido la posibilidad de que se tratara de él, pero también en sus interiores estaba el deseo de que no fuera verdad, pues eso sólo significaba que Drago estaba más cerca de lo que imaginaban.
— ¿Qué quieres que hagamos, jefe?—habló entonces Snotlout con porte decidido.
—Primero llevar a Thornado y a estos chicos a la Academia, estarán más seguros ahí que en el Hangar—indicó liberando un suspiro de frustración para después ponerse de pie—. Mamá, Gobber, encárguense de ellos—pidió y ambos adultos asintieron para después llamar a sus propios dragones y preparar todo para llevarse a los heridos.
— ¿Y qué haremos nosotros?—fue ahora Astrid quien preguntó, uniéndose al grupo que comenzaba a alejarse para permitir que los Thunderdrums fueran trasladados.
El castaño, sorprendido por su acercamiento, la observó en busca de alguna señal que le indicara qué pretendía con su entusiasmo. Fue poco después, cuando recordó la conversación que tuvieron semanas atrás y su propia sugerencia de enseñarle sobre los dragones, que logró entender que su intención era sólo una: Ayudar.
Fue por eso que le dedicó una sonrisa, tendiéndole una mano que ella aceptó gustosa; con un ligero tirón, la acercó aún más al grupo y después, con ella a su lado, continuó con su plan.
—Debieron herirlos cerca de aquí y Thornado los trajo porque sabía que nosotros los ayudaríamos—explicó tras analizar un momento la situación—. Así que debemos seguir el rumbo del que vinieron para averiguar qué ha ocurrido y tal vez evitar que más dragones sean heridos.
—Es un plan realmente muy alocado—mencionó la valkiria, temerosa por lo que fueran a encontrar—. Pero tienes mi apoyo—aseguró, posando una de sus manos sobre el hombro del castaño; una acción que no pasó desapercibida para cierto dragón que contenía sus ganas de gritar.
— ¡La nuestra también!—exclamaron los gemelos entusiastas siendo secundados por el resto del equipo y sus dragones.
Ante el apoyo brindado, el castaño volvió a sonreír para después llamar a Toothless y así, nuevamente montado en su lomo con Astrid tras él sujetándolo por la cintura, partió hacia el horizonte siendo seguido de cerca por sus compañeros.
En su pecho latía con fuerza la esperanza de no encontrar más dragones heridos; al mismo tiempo en su mente se maquinaba todo un plan con el cual poder detener las acciones egoístas de Drago Bludvist que sólo ocasionaban dolor y muerte por donde quiera que pasaba.
•
Al llegar a la primera isla, la estrategia fue que un grupo explorara el lugar desde tierra y el resto hiciera lo mismo desde el cielo. Siendo Hiccup, Astrid y los gemelos quienes permanecieron en tierra firme, mientras que Snotlout y Fishlegs sobrevolaban los alrededores.
Astrid no sabía si fue buena suerte que los gemelos decidieran separarse para revisar un lado de la isla dejándolos a Hiccup y ella revisando el resto. Era como si los dioses hubieran actuado en su beneficio, pues ansiaba estar a solas con el castaño para poder hablar.
La curiosidad podía más que ella, necesitaba saber cuál era la historia tras esos dragones y porqué sus condiciones parecían afectarlo más que al resto. El problema era que no tenía idea de cómo iniciar una conversación al respecto, pues lo que menos deseaba era ser una intrusa en la vida personal del joven vikingo. Tal vez fue por eso que, desde que salieron de Berk, se mantuvo en silencio, respondiendo a las sugerencias de Hiccup con simples palabras de afirmación o incluso asintiendo. Lo que Astrid no sabía era que para el vikingo esa actitud era un tanto cortante, algo que sólo lograba preocuparlo y hacerlo pensar en ideas locas sobre qué habría hecho para molestarla.
Por otro lado, mientras el par de jóvenes se debatían en silencio sobre sus propias acciones y el comportamiento del contrario, el Night Fury los seguía con cautela, gruñendo de vez en cuando y lanzándole miradas asesinas a la rubia al mismo tiempo en que mantenía sus sentidos alerta en caso de cualquier peligro. Pero su actitud parecía no ser de importancia para su amigo y mucho menos para la valkiria, y eso sólo lograba frustrarlo aún más.
—Era el dragón de mi padre—habló entonces Hiccup, llamando la atención tanto de la rubia como del dragón. Le había costado mucho tiempo comprender por qué Astrid tenía ese comportamiento tan despistado y distante.
La valkiria, confundida, conectó su mirada con la de él para intentar comprender su acción. Hiccup, por otro lado, suspiró en busca de las palabras adecuadas para aclarar sus pensamientos ante ella.
—Thornado—pronunció más tranquilo—, fue el primer dragón de mi padre—repitió justo antes de detenerse en medio del camino de tierra que atravesaba el pequeño bosque de la isla.
Astrid no tardó en imitarlo, girándose por completo para terminar frente a él. No dijo nada, se mantuvo en silencio a espera de que decidiera continuar; en sus ojos podía ver que él lo necesitaba para sentirse mejor y ella no planeaba entorpecer sus intentos, pues lo único que deseaba era ayudarlo.
—Thornado era un dragón salvaje que estaba robando nuestro pescado y destruía nuestros barcos—relató, jugando con las correas de su traje. Sus ojos habían bajado en busca de un punto en el cual fijarse que no fuera la rubia frente a él; pero tras un nuevo suspiro, dejó atrás esos nervios y alzó la mirada nuevamente—. En esos días yo estaba intentando que mi padre conviviera un poco con los dragones y consiguiera entrenar uno… No fue una de mis mejores ideas—bromeó.
Una sonrisa melancólica se apoderó de sus labios antes de reanudar la marcha hacia un pequeño claro que se veía cerca de donde estaban. Tanto Astrid como Toothless decidieron seguirlo y, una vez que estuvieron los tres en el claro, se sentaron sobre el pasto verde y fresco del lugar. Sólo entonces Hiccup decidió continuar con su relato.
—Cuando descubrimos al Thunderdrum, papá decidió que ese sería su dragón y pasó la siguiente semana intentando entrenarlo… No fue su mejor idea—repitió esto último con diversión—. El dragón era demasiado renuente y no escuchaba; aunque viéndolo por ese lado era idéntico a mi padre. Le tomó mucho tiempo comprender que el dragón no deseaba ser forzado a corresponderle, y poco después descubrimos que nos robaba porque estaba ayudando a un amigo herido.
Sus manos jugaban con los trozos de pasto que poco antes había comenzado a arrancar del suelo. Sentir a Astrid tan cerca le transmitía cierta paz, algo que sólo sentía cuando estaba con Toothless surcando los cielos; pero al mismo tiempo, la paz que sentía con Astrid era diferente y él no lograba comprender por qué.
—Papá se reusó a abandonar a los dragones. Él y Thornado protegieron al Thunderdrum herido y fue entonces cuando se hicieron amigos—continuó y giró su rostro para encarar a la chica que no le quitaba la azul mirada de encima—. Se volvieron inseparables, casi tanto como Toothless y yo—lo acarició en la frente, aprovechando que se encontraba a su lado.
—Entonces—habló al fin Astrid al sentir que el relato había terminado—. ¿Por qué Thornado se fue? Yo pensaba que Skullcrusher había sido su dragón.
—Lo fue, pero esa es otra historia un tanto similar en realidad—explicó con un leve encogimiento de hombros—. Lo que ocurrió con Thornado fue que, un día rescatamos a tres Thunderdrums bebés; no encontramos a sus padres así que los llevamos a Berk.
—Adivinaré—interrumpió divertida—, no fue tu mejor idea.
—Acertaste—rio él, dejándose caer de espaldas contra el pasto y llevándose ambos brazos tras la cabeza—. Esos tres eran incluso más problemáticos que los gemelos y en poco tiempo Berk se hartó de lidiar con ellos. Tratamos de entrenarlos pero, como todo bebé, no le hacían caso a nadie.
Se detuvo un momento a reflexionar, suspirando divertido ante los recuerdos.
—Bueno, en realidad sí había alguien a quien obedecían—confesó, sus ojos se encontraban perdidos en el cielo despejado.
—Thornado—dedujo Astrid, apoyando una de sus manos en el suelo para inclinarse hacia el castaño—. Él era como una figura paterna para ellos, ¿no es así?
Hiccup suspiró nuevamente, esta vez con un deje de tristeza.
—Sí—afirmó aun con la mirada perdida—. Cuando comprendimos eso, papá tuvo que tomar una decisión realmente difícil—reanudó su relato—. Bing, Bam y Boom no podían estar en Berk, pero tampoco podíamos abandonarlos. Necesitaban a alguien que los protegiera y les enseñara a valerse por sí mismos, así que…
—Thornado se fue con ellos—finalizó Astrid, comprendiendo lo ocurrido cuando el castaño se calló.
Al parecer recordarlo había sido difícil y ella sabía que no se debía al dragón, sino a su padre. A pesar de que había pasado un tiempo considerable desde su perdida, Hiccup aún se encontraba dolido y no parecía estar completamente listo para dejar ir los recuerdos y liberarse de ese dolor. Ella deseaba poder comprender ese sentimiento, pero para una valkiria eso no era realmente posible pues nunca había experimentado ese tipo de perdidas, nunca había tenido a nadie que le importara demasiado como para no querer perderlo… Nunca, hasta ahora…
—Hiccup, yo…—trató encontrar algo que decir, algo con lo que pudiera animarlo, pero su voz se apagó antes de que pudiera conseguir su objetivo.
El castaño parpadeó varias veces antes de girar la cabeza en busca de su mirada celeste. Sonrió levemente al notar su ceño fruncido y la forma en que mordía su labio, una clara señal de frustración. Ella no lo sabía, pero Hiccup había aprendido a leer sus pensamientos a través de las expresiones de su rostro y era por ello que sabía que se encontraba en esos debates mentales que seguramente involucraban su pasado; una parte de su vida que él aun no lograba descifrar, principalmente porque Astrid no parecía estar lista para hablar libremente sobre eso.
—Astrid…—habló ahora él, reincorporándose para estar a su altura.
Sus rostros se encontraban muy cerca y sus alientos habían comenzado a chocar entre sí. Ambos se observaban fijamente en silencio y con cautela; ni siquiera el gruñido del Night Fury logró romper su conexión.
Sólo hacía falta un movimiento por parte de alguno de ellos para conseguir acabar con la distancia… Sólo hacía falta una simple acción para cambiar el rumbo de sus vidas.
Sus corazones latían con rapidez y sus mentes trabajaban en la laboriosa decisión que debían tomar; pero, cuando parecía que habían encontrado la respuesta… algo los interrumpió…
— ¡Hiccup!
Ante el grito de Fishlegs ambos se apartaron con rapidez, en especial cuando vieron que tanto él como el resto del grupo descendían en sus dragones frente a ellos. Hiccup, frustrado, se levantó de un salto para después tenderle una mano para ayudarla a ponerse de pie.
— ¿Ahora qué, Fishlegs?—cuestionó rendido, liberando a la rubia de su agarre mientras intentaba calmar las emociones que burbujeaban en su interior.
Era la segunda vez que el rubio lo interrumpía mientras estaba con la chica y, por alguna razón, eso le molestaba. Una razón cuyo significado no estaba preparado para descubrir. Así que, tras aplacar sus pensamientos contradictorios, concentró su atención en el nervioso jinete que trataba de darle una explicación.
—Creemos saber de dónde venían Thornado y los hermanos—logró decir entre tartamudeos, pues al parecer había comprendido que nuevamente había metido la pata al interrumpir a su amigo.
— ¡Entonces habla, Fishlegs!—exigió Hiccup con desesperación, estaba ansioso por conocer la respuesta.
Pero su reacción sólo complicó la situación, provocando que el nerviosismo de Fishlegs aumentara a tal grado que las palabras no salían con normalidad de su garganta. Snotlout, fastidiado, lo empujó para apartarlo del camino y tomar su lugar frente al jefe.
—Vimos una isla cerca de aquí; parece estar quemándose, hay mucho humo—explicó, siendo la salvación del rubio que, acalorado y rojo por los nervios, seguía intentando decir algo coherente obteniendo únicamente las burlas de los gemelos que reían sin parar sentados en su respectivo dragón.
Los ojos de Hiccup se abrieron en toda su amplitud alzándose en busca de esa prueba de humo de la cual su primo le hablaba, pero se encontraban lejos de la playa y los arboles impedían que tuviera una visión completa del cielo a su alrededor.
Aun así, no tuvo que pensarlo demasiado antes de tomar una decisión y dar su siguiente orden al equipo.
— ¡Todos a sus dragones—exclamó, subiendo de un salto sobre Toothless siendo seguido por la rubia que en cuestión de segundos ya se encontraba a sus espaldas sujetándolo por la cintura; ambos estaban listos para despegar—, rápido!
•
Una vez en el aire, lograron divisar la densa torre de humo que se alzaba en el cielo sobre una isla en llamas, privándola de la luz del Sol.
Con la visión de ese paisaje atroz, los jinetes apresuraron el vuelo de sus dragones y así, en cuestión de minutos, se encontraron sobrevolando la playa de la isla. El único lugar que aún no era alcanzado por el fuego.
Por fortuna –o quizá desgracia– no fue necesario adentrarse entre las abrazadoras llamas que consumían el bosque, pues lo que encontraron sobre la arena manchada de carmesí, fue suficiente para comprobar sus terribles sospechas:
Drago Bludvist había estado ahí.
—Snotlout—llamó Hiccup sin desmontar a Toothless, ninguno de los jinetes se había atrevido a descender en su totalidad—, regresa a Berk y trae a una brigada contra incendios—ordenó cuando el aludido se aproximó para escucharlo—, ¡rápido!—apremió, su mirada se encontraba fija en las manchas y criaturas que habían esparcidas por el lugar.
Jogerson, en silencio, le indicó a su dragón que girara y volara a toda velocidad ante las miradas expectantes de sus compañeros que seguían a espera de que su jefe les diera las siguientes indicaciones.
—Nosotros revisaremos a esos dragones—señaló a las criaturas inmóviles y ensangrentadas sobre el suelo—, debemos ver si hay algún sobreviviente.
— ¿Y qué hay del bosque?—logró decir al fin Fishlegs fuertemente agarrado a su silla—. Podría haber dragones atrapados en el fuego.
—Es peligroso entrar—dijo entonces Astrid, su voz sonando muy cerca de los oídos del castaño, estremeciéndolo cuando sintió su aliento en la nuca.
—Es cierto—concordó, tragando con fuerza para controlar sus impulsos—. Ruff, Tuff, sobrevuelen el área—les indicó, encarándolos—. Si ven un dragón herido y pueden acceder a él, ayúdenlo.
El par de hermanos asintió para después reanudar el vuelo, perdiéndose entre el humo con rapidez. Mientras tanto, el resto terminó de descender, desmontando a sus dragones para comenzar con la inspección de los heridos.
— ¿Qué clase de monstruo hace algo como esto?—susurró con dolor el vikingo regordete, abrazando a su dragón.
Astrid notó que el cruel escenario afectaba tanto a jinetes como a dragones, acto que le permitió comprender el gran significado que estas criaturas tenían para ellos. Un sentimiento que, sin darse cuenta, también había comenzado a experimentar.
Como valkiria tenía un gran conocimiento sobre los distintos seres que habitaban Midgard; ya que, como Freyja le decía, todos eran hijos de Odín. No importaba la especie o la condición de vida, todos eran iguales ante el Padre de Todo. Y los dragones –según antiguas leyendas– eran los mensajeros de Odín en Midgard; seres muy apegados a él que durante la creación de los Nueve Mundos, habitaron Asgard hasta que Odín decidió enviarlos a la Midgard para custodiar las riquezas que se ocultaban ahí.
Si el Padre de Todo viera esto, aunque seguramente si lo hacía, se enfurecería demasiado e incluso podría desatar su ira en los responsables. Pero entonces, ¿por qué no lo ha hecho? Si los dragones eran tan especiales, ¿Por qué Odín no hacía nada para evitar que personas como Drago los aniquilen? ¿Por qué Odín, que todo lo puede, no evitaba que la guerra exista y destruya todo a su paso? Se supone que él ama a las personas, a todos los seres, entonces… ¿Por qué no los protege?
—Intenta darnos una lección—susurró con la mirada en el cielo, su voz fue tan baja y sus compañeros estaban tan sumidos en su sufrimiento que nadie notó su debate mental, ni mucho menos lo cuestionó—. ¿Qué clase de padre sería si no permite que sus hijos cometan errores y aprendan de ellos?—sonrió al obtener la respuesta a sus dudas.
— ¡Astrid, ven a ayudarme!—el llamado del castaño la trajo de regreso, viéndose obligada a correr a su lado para socorrerlo.
En cuanto estuvo lo suficientemente cerca se dejó caer de rodillas sobre la arena, arrastrándose los pocos centímetros que la separaban de él. Frente a ellos se encontraba una malherida Deadly Nadder de color celeste cuyas escamas antes brillantes ahora estaban cubiertas de sangre.
—Está muy herida, pero aun respira—informó el castaño, acariciando con cuidado el cuello de la Nadder.
La respiración agitada de la criatura alertó a la valkiria, no entendió por qué, pero su pecho comenzó a doler y sus ojos se empañaron a causa de las lágrimas. Su mano temblorosa se acercó a la dragona, tomando el lugar que antes ocupó Hiccup.
— ¿Qué podemos hacer?—quiso saber, su corazón latía con tal rapidez que dolía en su interior.
—Hay que llevarla cuanto antes a Berk para ser atendida—respondió él, llevándose ambas manos a la cabeza para apartar el cabello que comenzaba a adherirse a su frente por el sudor.
—Hiccup—interrumpió por tercera ocasión Fishlegs, acercándose tembloroso hacia ellos—. Encontré a unos bebés Gronckle, no están heridos… Su madre los protegió—explicó lloroso con dos pequeños dragones ensangrentados entre sus brazos—. Ella… ella… no sobrevivió—logró decir entre gemidos de dolor, su rostro estaba rojo y húmedo por las lágrimas.
Hiccup, que comprendía lo mucho que su amigo quería a esa especie, no pudo hacer más que levantarse para ayudarlo a cargar al par de crías.
—Lo siento mucho, Fishlegs—susurró entonces al tener entre sus brazos a uno de los bebés—. Te prometo que no permitiremos que esto vuelva a ocurrir—aseguró, su voz rompiéndose a la vez que sus labios temblaban.
— ¡Esto no se va a quedar así!—rugió Toothless lanzando humo azul por sus fosas nasales, una acción que alertó a todos los presentes.
—Tranquilo amigo—logró decir Hiccup con el poco control que aún conservaba—. Vamos a detener a Drago, no importa lo que nos cueste.
Tras eso y con el silencio gobernándolos de nuevo, continuaron revisando al resto de los dragones. Pero conforme los minutos pasaban, sus esperanzas e ilusiones comenzaron a debilitarse hasta desaparecer pues nadie, más que la Nadder y los bebés Gronckle, había sobrevivido. El regreso de los gemelos tampoco trajo buenas noticias; el humo era demasiado al igual que el fuego y los pocos dragones que encontraron estaban sin vida alguna y en condiciones que, según sus propias palabras, era mejor no mencionar.
Para cuando Snotlout regresó con el grupo de jinetes que formaban la brigada contra incendios, todos se encontraban sentados en el suelo, abrazados a sus dragones y con las miradas bajas.
La brigada ni siquiera se detuvo a preguntar, una leve indicación por parte de Jogerson fue suficiente para que comenzaran a extinguir el fuego con ayuda de barriles rebosantes de agua y Scauldrons entrenados para usar su disparo de agua para apagar incendios.
Astrid, que no se había separado en ningún momento de la Nadder herida, notó que atado a uno de sus cuernos había un trozo de pergamino manchado con su sangre y, sin dudarlo por más tiempo, decidió desatar el papel, desenrollándolo al instante para después leer lo que estuviera escrito en él.
Sus ojos se abrieron en toda su amplitud y su respiración se agitó a causa del nuevo descubrimiento. Por instinto desvió su mirada hacia el joven jefe de Berk que, sentado en el suelo, mantenía los ojos fijos en las manchas de sangre en la arena, teniendo a Toothless acostado a su lado con la cabeza sobre su regazo.
—Hiccup—lo llamó entonces, levantándose para después avanzar hacia él con el mensaje entre sus manos—. Debes ver esto.
El castaño, en contra de sus impulsos, alzó la vista para ver a la chica que le tendía un pergamino arrugado y sucio.
Dejó salir un suspiro, tomando con manos temblorosas lo que ella le ofrecía. Tragó con fuerza pasando saliva por su garganta reseca, preparándose para leer en voz alta lo que estaba escrito en el trozo de papel:
«Berk es el siguiente.»
Bueno, un capítulo más ha sido renovado e.e
El siguiente tendrá un cambio radical porque ya no será como ustedes lo recuerdan. Pero de eso hablaré en la nota final de ese capítulo xD
Por cierto, ese capítulo (el 5) tardaré un poquito más en publicarlo. No porque no esté listo, porque sí lo está; sino porque quiero ganar tiempo para terminar los que siguen ._. (y también el capítulo de The Furies).
Espero que no les moleste, en fin…
A todos los que leyeron hoy… GRACIAS
El capítulo 5 estará el domingo.
