Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 5

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Berk es el siguiente—volvió a leer, incrédulo de las palabras escritas en el pergamino.

Sabía que tarde o temprano iba a ocurrir, pero no esperaba que fuera de esa manera. Sí, Berk estaba listo para defenderse, pero él no…

— ¿Qué hacemos, Hiccup?—interrogó Fishlegs tembloroso, abrazando a los bebés Gronckle que habían salvado.

Sólo entonces alzó la mirada del papel para fijarla en sus amigos. Todos lo observaban intranquilos y ansiosos por obtener una respuesta; una simple palabra que pudiera aplacar el miedo que comenzaba a surgir en sus interiores.

—Hiccup…—ahora fue Astrid quien lo llamó, más preocupada por él que por la situación que enfrentaban.

Pero él no respondió, retrocedió un par de pasos hasta chocar con el cuerpo de Toothless. Al sentir el calor emanando de su piel y el ligero ronronear que lo hacía temblar, el castaño finalmente pudo calmarse.

Inspiró con fuerza, inflando el pecho, y después liberando todo con la misma potencia. Volvió a concentrar su atención en los demás y, tras un carraspeo, se armó de valor para poder darles esa respuesta que tanto necesitaban.

—Snotlout, Fishlegs—los llamó y estos dieron un paso al frente—, lleven a los heridos y a la brigada de vuelta a Berk—indicó.

—Espera, ¿sólo ellos?—habló ahora Tuffnut con una inquietante duda marcando su rostro—, ¿qué haremos nosotros?

—El ataque a la isla es reciente—comenzó a explicar el jefe—, los responsables no pudieron haber ido muy lejos. Debemos encontrarlos antes de que desaparezcan—entonces señaló a los gemelos—, ustedes y yo revisaremos esta área en busca de barcos enemigos.

— ¡Alto ahí, Hiccup!—exclamó Snotlout comprendiendo sus intenciones—. No pensarás ir tras Drago tú solo—advirtió, tratando de ocultar su preocupación—, la última vez que hiciste algo como eso, no resultó nada bien.

— ¿Crees que no lo sé?—se defendió el castaño con cierta frustración—. ¡Eso es lo que nos llevó a este problema en primer lugar!

Su respuesta los estremeció, jamás pensaron que esos fueran los sentimientos de su amigo. Después de todos esos años, Hiccup de alguna manera se culpaba por el pasado y también por el presente. A pesar de mostrarse fuerte frente a todos, insistiendo en que se encontraba bien y que no debían preocuparse; Hiccup seguía necesitando un hombro en el cual apoyarse y ellos jamás se dieron cuenta.

Con una fuerte patada en la espinilla, Ruffnut reprendió al azabache por su comentario imprudente y, aunque en otras circunstancias se habría molestado y reclamado, en esta ocasión aceptó el dolor sin decir nada. Pues incluso él sabía que había cometido un error.

—Escucharon lo que dice la nota—insistió Hiccup, ignorando sus acciones y tratando de mantener la calma que había recuperado momentos atrás—, Berk puede ser atacado en cualquier momento. No podemos permitir que eso ocurra.

— ¡Con más razón debemos volver todos a Berk!—gritó Snotlout ahora desesperado, apartándose inconscientemente de los hermanos que lo veían amenazantes.

—Odio admitirlo, pero Snotlout tiene razón—confesó Fishlegs para sorpresa de todos, disminuyendo un poco la tensión del ambiente—. No podemos dejar la isla desprotegida sin su alfa y su jefe.

Hiccup lo sabía, vaya que sí, pero tampoco podía quedarse sin hacer nada. No pretendía enfrentar a Drago solo, sabía que eso sería un suicidio; la guerra iba a suceder quisiera o no, eso ya estaba decidido. Pero si existía la posibilidad de tomar un poco de ventaja, entonces tomaría el riesgo.

—Drago y su armada pueden estar de camino a Berk en este momento—volvió a advertir Snotlout, esta vez con más seguridad al tener el apoyo de su amigo regordete.

—Hiccup…—dijo Fishlegs inquieto.

Pero antes de que pudieran decir algo más, la voz del castaño los interrumpió.

— ¡Basta!—exclamó, con las manos hechas puños y la mandíbula tensa—. Ustedes irán a Berk, le informarán a Gobber y a mi madre sobre lo ocurrido, y prepararán las defensas de la isla—sentenció, señalándolos con advertencia—. Tuffnut, Ruffnut; revisarán la zona Este. Toothless y yo iremos al Oeste.

—Pero…

— ¡Es una orden!—gritó con un volumen jamás escuchado, haciéndolos estremecer pues nunca, en sus tres años de jefe, había hecho uso del poder que su cargo le otorgaba.

Ni siquiera en sus años como líder de los jinetes había mostrado ese porte autoritario. Siempre les había dicho que quería un trato igualitario, que el hecho de ser jefe o líder no debía cambiar su relación amistosa y de compañerismo. Aun así –y a pesar de todo eso– por primera vez les fue posible ver en sus ojos y escuchar en su voz el verdadero legado de Stoick.

Por primera vez temieron las consecuencias de no obedecer al jefe Hiccup. Y, por primera vez, ninguno pudo objetar nada; ni siquiera los hermanos Thorston.

Los cuatro jinetes asintieron resignados, montando a sus dragones para cumplir con lo pedido. Con las miradas bajas observaron a Astrid acercarse dudosa al castaño y, por un momento, temieron que ella también fuera reprendida por este nuevo Hiccup.

—No, Astrid—detuvo él, captando de inmediato sus intenciones; suavizando su mirada para sorpresa de todos—. Tú volverás con ellos. Te necesito en la isla.

Sin esperar una respuesta subió en Toothless, alzando el vuelo en silencio, siendo seguido por los gemelos para después marcharse cada uno por su lado.

Odín, protégelos—susurró la valkiria suplicante viendo al Night Fury desaparecer en la distancia.

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Observaba en silencio a la mujer castaña mientras vendaba las alas heridas de la Deadly Nadder luego de darle una infusión que la puso a dormir. El lugar olía a ungüentos, hierbas y sangre por las curaciones que habían estado realizando. Se encontraban en la antigua Academia de Dragones, donde la familia Thunderdrum también descansaba tras ser atendidos.

—Va a estar bien—prometió Valka, hablando por primera vez y atrayendo su atención—, tanto ella como mi hijo. Van a estar bien—expresó con calma, acariciando la frente de la dragona.

Se levantó del suelo con cautela, recogiendo la canasta con el resto de vendas y material de curación, para después sentarse junto a Astrid sobre una vieja banca de madera.

—Nunca lo había visto así—musitó con la mirada perdida en el suelo de piedra—. Tan desesperado y…

—Perdido—terminó por ella, colocando una mano tibia sobre la fría de ella—. Hiccup cree que tiene que liderar solo—comenzó a explicar cuando la rubia se giró para verla—, porque su padre tuvo que hacerlo… en parte eso es mi culpa—se lamentó, bajando la mirada un segundo—. No importa cuanto lo intente, no logro que deje de cargar con todo él solo.

Algo en el pecho de la rubia comenzó a doler al darse cuenta de que las inseguridades y dudas de Hiccup eran más grandes de lo que ella creía. Un dolor plagado de un sentimiento inexplicable y un deseo aún más grande por cumplir su promesa de ayudarlo.

—Quizá tú sí puedas—volvió a hablar Valka, sorprendiéndola—. Sé que tienen poco tiempo de conocerse—agregó, tomando sus manos y sonriéndole ligeramente—, pero puedo ver la fuerza que tienen juntos.

Lo cierto era que desde su llegada, Hiccup había vuelto a sonreír como antes. Sin darse cuenta, Astrid le había dado nuevas alegrías; algo que ni ella ni Toothless habían logrado por su cuenta. Y eso, sin duda, se lo agradecería eternamente. Pero no podía decírselo, al menos no aún.

Al escucharla, Astrid quiso responder, pero ninguna palabra salió de su boca. El calor se apoderó de sus mejillas y su corazón latió descontrolado.

— ¿Crees en él, Astrid?—preguntó esperanzada sin soltar sus manos.

¿Lo hacía? ¿Cuál era el verdadero significado de creer?

Lo desconocía, pero por alguna razón también tenía una respuesta para la pregunta de Valka. Y estuvo a punto de pronunciarla cuando llegó a sus oídos el característico silbido que el Night Fury hacía al volar, obligándolas a levantarse y dar por zanjada su conversación.

— ¡Han vuelto!—exclamó Fishlegs desde el exterior de la Academia, atrayendo la atención de todos.

Se reunieron con el resto de los jinetes en el acantilado, viendo aterrizar a dos dragones agotados que fueron desmontados por tres jinetes en las mismas condiciones.

— ¿Qué pasó?—Gobber fue el primero en atreverse a preguntar, abriéndose camino hacia el frente para encarar al joven jefe.

— ¿Encontraron algo?—ahora fue Fishlegs quien habló, sin dejar atrás su inquietud.

—No—respondió tajante el castaño evadiendo sus miradas, concentrado en quitarle la montura a Toothless para que pudiera descansar.

Los jinetes se observaron silenciosos para después dirigir su atención a los gemelos, esperando que ellos pudieran darles una mejor explicación. Algo de lo que seguramente se arrepentirían.

—Volamos por horas—comenzó Ruffnut señalando el cielo ahora rojo por el atardecer—, ¡pero no encontramos ni un sólo barco!

—Sin barcos, sin respuestas—concordó su gemelo con porte sombrío—. No tenemos nada, ¡sólo esa estúpida nota inservible!—exclamó, cayendo de rodillas contra el suelo—. ¡Al menos pudo haber puesto una fecha!—reclamó frustrado con los brazos cruzados—, así podríamos prepáranos para recibirlo.

Ruffnut puso la mirada en blanco y se arrodilló junto a su hermano, abrazándolo para consolarlo. Sólo ella podía comprender su acto de desahogo, consecuencia del cansancio y miedo que, al igual que todos, Tuffnut tenía en ese momento.

— ¿Qué vamos a hacer, Hiccup?—preguntó Fishlegs por segunda vez ese día, logrando que todos desviaran de nuevo su atención hacia el castaño.

Hiccup suspiró, llevándose ambas manos a la cabeza, enredando los dedos entre su cabello con desesperación. Su pecho se oprimía causándole dolor y las miradas de todos no ayudaban a calmarlo. Sabía que debía responderles, decirles algo para disminuir su preocupación, ¿pero cómo hacerlo cuando ni siquiera podía con sus propios sentimientos?

—Yo…—carraspeó, observándolos a todos con unos ojos cargados de miedo—. Lo voy a resolver, lo prometo…—logró decir al fin, recobrando un poco de control—. Sólo denme tiempo para pensar.

Dicho esto, se marchó con Toothless siguiéndolo de cerca, dejando a todos con más dudas que respuestas y el doble de preocupaciones; no sólo por Berk, sino por el bienestar de su amigo.

Astrid, la única que no dijo nada, observó la silueta del castaño alejándose por el puente hacia la aldea. La espalda encorvada y sus brazos aferrados a la silla de Toothless.

« ¿Crees en él, Astrid?»

Esa pregunta volvió a su mente y, esta vez, la respuesta estuvo clara al igual que su significado.

—Lo hago—susurró con la mirada perdida, sintiendo como Valka colocaba una mano sobre su hombro—. Sí creo en él—confesó, conectando su mirada con la de ella, esa que era tan similar a la de Hiccup.

—Entonces ve con él—indicó, sonriendo suavemente—. Te escuchará…—aseguró, dándole un ligero apretón en el hombro para después apartarse, incitándola a seguirlo—. Ayúdalo a disipar sus dudas.

¿Realmente podría hacerlo cuando ella también estaba cargada de inseguridades?

Suspiró con fuerza, asintiendo decidida a su petición. Había prometido ayudar a Hiccup y lo haría de cualquier manera, sin importar las represalias que pudieran llegar a caer sobre ella.

Sin decir otra palabra, inició su marcha para seguir al castaño; buscando en el trayecto las palabras correctas para decirle cuando lo alcanzara.

Se detuvo cuando él lo hizo al sentir su presencia. La noche estaba próxima a llegar y las antorchas de la aldea comenzaban a ser encendidas, iluminándolos con su luz dorada.

—No digas nada, por favor—pidió suplicante el castaño, sin atreverse a verla.

—No iba a hacerlo—aseguró con un suspiro, reanudando su caminar—. Bueno, eso pretendía…—confesó cuando Hiccup volteó el rostro para encararla ahora que estaban a la misma distancia—, pero realmente no sé qué decirte.

Eso bastó para hacerlo girarse por completo, observándola con detenimiento con los últimos rayos del sol resplandeciendo tras ella. Su mirada sincera y confundida terminó por robarle el aliento, aplacando el caos que agitaba su corazón.

— ¿Qué pasará si no puedo salvarlos, Astrid?—susurró con pesar y miedo, lucía tan frágil e indefenso que el corazón de la valkiria se encogió en su pecho—. Prometí protegerlos y…

—Lo lograrás—aseguró de inmediato, sujetando sus hombros y brindándole un cálido apretón—. No tienes que luchar esta guerra solo, he escuchado que los Hooligans son más fuertes unidos

Una ligera sonrisa apareció en los labios del castaño, pero se desvaneció casi de inmediato y no llegó a iluminar sus ojos.

—Sí, la guerra es aterradora, lo destruye todo a su paso…—continuó la rubia cambiando su voz por una más seria y pesarosa—, pero cuando todo termina, un nuevo día llega para aquellos que han logrado levantarse—ahora sonrió, recobrando el ánimo que, esperaba, lograra llegar al vikingo—. La luz de ese día los guiará hacia el lugar donde podrán vivir en paz y libertad, sin ningún mal que los abrume.

Los relatos sobre la batalla final regresaron a su mente sin previo aviso, sorprendiéndose al comprender que cada día, en algún lugar entre los Nueve Mundos, alguien se encontraba librando su propio Ragnarök. Todos los días personas inocentes se enfrentaban al final de sus caminos, esperanzados por la promesa de alcanzar el paraíso donde podrán estar a salvo.

Era inevitable, después de todo ese era el destino del universo. Era lo que mantenía en pie a Yggdrasil y continuaría siendo así hasta que el Ragnarök llegara para cambiarlo todo. Porque había comprendido que no se trataba de una guerra para destruirlo todo… Era la batalla que daría fin a todo mal para que una vida de armonía y justicia pudiera florecer de sus cenizas.

Y para alcanzar ese nuevo día, algunos tendrían que quedarse atrás…

—No puedo prometerte que todos llegaremos a ese día—dijo entonces, reafirmando su agarre en los hombros del castaño—, pero mientras un sólo Hooligan se mantenga de pie, entonces estaremos seguros de que hemos ganado.

Hiccup entendía y apreciaba sus intenciones. Sabía de sobra que enfrentar a Drago era necesario para proteger el futuro de su gente y sabía también que para lograrlo habría que hacer algunos sacrificios. Pero él no era un guerrero como los demás; jamás pudo despertar esa parte vikinga, quizá porque nunca existió.

Quería salvarlos a todos, sin tener que perder a nadie de nuevo. ¿Era un pensamiento estúpido e infantil? Tal vez, pero no podía evitarlo. Seguramente su padre nunca tuvo ese problema…

En el pasado le advirtió que ir contra Drago era una locura, que jamás podría evitar una guerra hablando con él; pero Hiccup no quiso escucharlo, se negó a aceptar sus métodos e intentó arreglarlo a su manera.

Ese fue su error.

Porque la manera Hiccup terminó dándole más problemas que soluciones.

—Tengo miedo, Astrid…—logró decir al fin, temblando bajo las manos de la valkiria gracias a los viejos recuerdos—. Tengo miedo de que la historia se repita.

—Lo sé, y sería egoísta de mi parte pedirte que no lo tengas—le dijo con voz suave y comprensiva, a través de sus ojos podía observar la oscura sombra que se cernía sobre él, atándolo al pasado que no parecía querer soltarlo—. Todos pasamos por eso… incluyéndome—reveló como última alternativa para salvarlo, después de todo la única forma de vencer a la oscuridad era con luz.

Tan sólo esperaba que su luz fuera lo suficientemente brillante para lograrlo.

—Astrid…

La escuchó suspirar cuando se apartó de él, llevando su mirada al cielo donde las primeras estrellas comenzaban a aparecer.

—Mi líder…—inició, decidiendo no dar marcha atrás—, ella me dio una misión. Una que supuestamente estoy destinada a cumplir…—explicó, regresando su mirada a Hiccup—. Pero ni siquiera sé qué debo hacer. Constantemente me pregunto si realmente es para mí, si acaso no se equivocó al elegirme—confesó con un deje de pesar—. Cada mañana despierto pensando que le fallé, siento que no soy digna y me pregunto ¿podré lograrlo?

Tragó con fuerza. Dispersando todos esos pensamientos para poder concentrarse en el chico frente a ella.

—Veo esa misma pregunta en ti, Hiccup. Desde que te conocí, te he visto dudar sobre si eres digno de ser jefe. Y algo me dice que siempre lo has hecho—declaró, sonriendo débilmente—. Pero sí lo eres, Hiccup, todos lo saben.

Volvió a acercarse, deslizando una mano titubeante sobre su hombro.

—Hay algo que te detiene, algo que evita que te des cuenta de tu verdadero valor… y sé que estás intentando encontrarlo, pero no lo harás allá afuera—mencionó confiada y ansiosa, su mano continuó su descenso por su pecho hasta detenerse en su corazón—, porque ese algo está justo aquí. Y cuando lo descubras, te prometo que te sentirás mucho mejor.

Sus miradas permanecieron conectadas. Ninguno dijo nada, pero cuando Astrid comenzó a alejarse, Hiccup se apresuró a detenerla.

—Gracias, Astrid—logró pronunciar, apresando la mano cálida de la chica con la suya, obligándola a permanecer sobre su corazón descontrolado—, por estar aquí.

Un notorio sonrojo se apoderó de ambos, resplandeciendo bajo la luz de las antorchas.

—Estaré a tu lado siempre que me necesites—respondió sin pensar, sabiendo que era una promesa que, quizá, no podría cumplir.

Pero en ese momento nada más importaba, tan sólo él sujetando su mano, confiándole sus sentimientos.

«Siempre voy a creer en ti, incluso aunque tú no lo hagas

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Terminaban de atender a los dragones heridos cuando Hiccup y Astrid volvieron a la Academia atrayendo la atención de todos, en especial cuando notaron el aspecto tranquilo que el castaño ahora poseía.

Toothless los seguía de cerca, murmurando un par de cosas que sólo la valkiria pudo entender y que le sonrió ligeramente como respuesta.

Gracias por animarlo—le había dicho, aprovechando que el vikingo se adelantó, dejándolos atrás por un momento—. No eres tan mala, después de todo.

Había escuchado la conversación de los jóvenes, primero molesto por la intromisión de la rubia hasta que se sorprendió aceptado su ayuda tras notar los efectos positivos que sus palabras tenían en Hiccup. Odiaba admitirlo, pero Astrid estaba cumpliendo su promesa; su compañía realmente era buena para Hiccup. Y, con ese último pensamiento, comenzó a verla de manera diferente. Aunque claro, jamás diría que le agradaba; tenía un orgullo que proteger.

—Lamento mi comportamiento de antes—mencionó Hiccup, sacándolo de sus pensamientos cuando se dirigió a todos sus amigos—. Me dejé llevar por la situación. Sé que quieren ayudar, pero yo…

—Está bien, Hiccup—Fishlegs fue el primero en hablar—. Todos hemos pasado por mucho, es normal sentirse agobiado de vez en cuando.

—Sí, en especial si eres el jefe y tienes que soportar a los gemelos—concordó Snotlout con una sonrisa, palmeando su hombro para acabar con la tensión del momento.

— ¿Eso fue un intento de insulto?—cuestionó Tuffnut confundido, se encontraba sentado en el suelo junto a Ruffnut, ambos con la espalda recargada contra su dragón—. Porque lo tomaré como un halago, ¿tú que dices, hermana?

—Como sea…—gruñó ella poniendo los ojos en blanco—. Aun así me debes tu mitad del yak—declaró con porte victorioso para después concentrarse en el castaño que, junto al resto, los observaban confundidos—. Debo agradecerte por eso, Hiccup, gracias a tu ataque de locura ahora tendré el yak completo.

— ¿Apostaron sobre mí?—interrogó con el ceño fruncido y llevándose una mano a la frente con claro cansancio; en realidad no le sorprendía que hicieran algo como eso—. Saben qué, no quiero saber—se apresuró a negar cuando los gemelos parecieron querer explicarse.

Contrario a lo que todos creyeron, Hiccup sonrió con cierta diversión, animado por las ocurrencias de sus amigos rubios. Lentamente y frente a ellos, volvía a ser el joven sarcástico y aventurero que siempre había sido.

—Y bien, jefe—carraspeó Astrid atrayendo las miradas de todos, en especial la de cierta castaña que le asentía con orgullo y agradecimiento—, ¿cuál es el plan?

La sonrisa de Hiccup aumentó.

—Reúnan a todos en el Gran Salón—indicó, su porte nuevamente firme—. Debemos prepararnos para proteger nuestro hogar.

A partir de ahora todo sería diferente, porque él sabía que, sin importar el final, jamás estaría solo.


Yggdrasil: Conocido como el fresno del universo o el árbol de la vida. Es el árbol que mantiene unidos en sus ramas y raíces a los nueve mundos: Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y Jötunheim.


¡Listo!

Este capítulo es completamente nuevecito e.e ¿Recuerdan que les estuve diciendo que tenía problemas con el capítulo 5? Bueno, finalmente les explicaré (por si les interesa xD).

El capítulo 5 original tenía un error y es que me había concentrado tanto en Astrid y sus conflictos, que olvidé por completo a Hiccup y los efectos que la nota de Drago debieron tener sobre él. Primero pensé en agregarlo en a ese capítulo, pero se volvió un desastre y se estaba alargando demasiado, así que opté por escribir uno nuevo… ESTE capítulo.

Consideré que era lo mejor y para ello tuve que desplazar el capítulo original, porque hacer de este el capítulo 6 haría que todo fuera complicado. Por eso este es ahora el capítulo 5 y el que antes lo era ahora será el capítulo 6. Tan sólo espero que no resulte confuso, en realidad no afectará los sucesos de los siguientes capítulos, pero sí era necesario para darle la seguridad que le faltaba a Hiccup.

Quería darle esos conflictos que se muestran en HTTYD 3 y la confianza que le es transmitida por Astrid. ¡Y no tienen idea de lo difícil que fue lograr eso con la escena de su conversación! Necesitaba un momento profundo y revelador entre ellos, pero no podía excederme con su cercanía porque, bueno, a diferencia de sus momentos en HTTY (más esta, pues si lo notaron me inspiré en ella) Hiccup y Astrid no tienen años conociéndose… Su relación (que no es amorosa en lo absoluto) sólo tiene un par de meses existiendo, así que no podía abusar del sentimiento.

Debía ser una conversación Hiccstrid profunda y cargada de sentimiento esperanzador como la de HTTYD 3… pero con la cercanía torpe de HTTYD 1. Ustedes dirán si lo logré o no…

Y bueno, no me extenderé más xD necesitaba desahogarme un poquito, lo siento por eso. En fin.

A todos los que leyeron hoy… GRACIAS

El capítulo 6 estará próximo domingo. (No he terminado de hacer unos ajustes a ese capítulo xd me entretuve con otras cosas, perdón)