Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.


Capítulo 6

.

Advertir a los demás Hooligans sobre la amenaza más reciente de Drago no fue fácil, y preparar todo para protegerse resultó aún más complicado. La simple idea de saber que el enemigo estaba cada vez más cerca, los embriagaba de una angustia interminable.

El miedo y la preocupación los consumían pero, de alguna manera, sabían que lograrían vencer.

Y se preguntarán, ¿por qué no marcharse? ¿Por qué no aprovechar que aún había tiempo para huir y ocultarse en otro lugar?

Porque los Hooligans eran vikingos orgullosos que jamás escapaban del peligro. Quizá era un razonamiento estúpido. Pero también era lo que los impulsaba y les otorgaba su gran valentía.

Berk era más que un montículo de roca mojada; había sido su hogar por siete generaciones, el lugar que vio nacer la amistad entre vikingos y dragones. Sí, existían islas con un mejor clima y comida menos insípida, pero Berk tenía un valor que ninguna otra poseía, algo que lo hacía destacar y resplandecer en todo el archipiélago: Su gente. Los Hooligans. Aquellos vikingos tercos como un yak dispuestos a luchar hasta el cansancio para defender sus creencias.

Ellos sabían que marcharse y dejar todo atrás no serviría de nada, porque huir de los problemas solo sería una solución temporal… Porque una vez que el peligro te asecha, jamás se marchará hasta acabar contigo.

Por eso que se quedarían en Berk. Si iban a luchar en esa guerra, lo harían bajo sus términos y en su territorio. Porque al defender esa isla, también estaban protegiendo su futuro y todo aquello que los representaba.

Esa fue su decisión. El camino que todos los Hooligan eligieron transitar, y ni siquiera Odín podría obligarlos a cambiarlo. Así que ¿por qué Drago habría de poder hacerlo?

.

.

.

.

.

«Estaré a tu lado siempre que me necesites.»

Últimamente se sorprendía pensando en cómo sería su futuro en esa isla, en cómo sería tener una vida Berk; y era en esos momentos cuando debía recordarse que no era una vikinga, no era una mortal y no pertenecía ahí. Pero, por alguna razón, en su interior existía el deseo de querer permanecer en Berk.

Freyja le advirtió sobre Midgard y los humanos, le contó lo peligroso que era revelarse ante ellos; y aun así ahora estaba ahí, viviendo entre mortales, ayudándolos por la simple razón de desear hacerlo. Poco a poco se había adentrado en la vida humana, involucrándose en sus conflictos y soñando ser una de ellos. Cumplir su misión había dejado de ser importante y quizá no volvería a interesarle nunca, pues ahora lo único que quería era proteger a la gente que le brindó protección y un hogar durante los últimos meses.

Seguramente Odín y Freyja estaban molestos y decepcionados por su decisión; tal vez incluso intentaran llevarla de regreso para reprenderla.

Pero no le importaba, en lugar de eso estaba ahí, sentada en el suelo frente a la dragona celeste; vistiendo como toda una vikinga con falda, botas afelpadas y una blusa sin mangas de color rojo. Una capucha afelpada descansaba sobre sus hombros cubiertos por una corta capa de piel que mantenía caliente su espalda, ambas prendas en conjunto con unos guantes que cubrían casi por completo sus brazos, habían sido regalos del castaño que ahora examinaba las heridas de la Nadder.

Quien la viera pensaría que ese era su lugar y que realmente era una vikinga.

— ¿Cómo está?—cuestionó de repente, aplacando el revoltijo de pensamientos que abundaban en su mente.

La mirada esmeralda Hiccup se alzó para encararla. Eso y la sonrisa en sus labios provocaron una calidez en su interior, obligando a su corazón a latir con mayor velocidad.

Esa era otra de las razones por las que había comenzado a dudar sobre la importancia de su misión. Pues si se marchaba jamás podría volver a ver sus ojos, no podría escuchar de nuevo su voz llamándola… y dejaría de ser quien recibiera sus sonrisas.

—Está bien—respondió él, trayéndola de regreso a la realidad—. Sus heridas ya han sanado, podrá volar dentro de poco.

—Gracias, Odín—susurró llevándose las manos al pecho en un vago intento por calmar a su descontrolado corazón.

Sonrió poco después. Saber que la dragona se recuperaría lanzó una oleada de alivio por todo su cuerpo, algo que en ese momento no logró comprender.

Temerosa por la reacción que pudiera tener la criatura, extendió su mano temblorosa, deteniéndola en el aire a escasos centímetros del rostro escamoso de la Nadder que, algo inquieta, comenzó a olfatearla provocándole cosquillas cuando el viento caliente chocó contra su piel.

A su lado el joven castaño permanecía en silencio y expectante con una enorme sonrisa enmarcando su rostro; era como si él supiera lo que ocurriría a continuación y no estuviera dispuesto a arruinarle la sorpresa. Pero ella, siendo Astrid, no permitiría que se divirtiera a costa suya y justo cuando estaba por preguntarle lo qué ocultaba, la Deadly Nadder se le adelantó.

El aliento fue reemplazado por escamas en un contacto que la hizo estremecer.

Su respiración se detuvo por un momento y su mirada celeste permaneció fija en la criatura que compartía ese mismo color en su piel y que ahora la observaba con unos amplios ojos amarillos.

—Parece que le agradas—escuchó decir a Hiccup de brazos cruzados y con el cuerpo recargado contra su Night Fury.

Le lanzó una rápida mirada a Hiccup antes de regresar su atención a la dragona cuyos gorgoteos exigían su atención. La piel cálida en contacto con la suya, la respiración pausada y los ojos fijos en los suyos; por alguna razón toda eso le agradaba, era una sensación familiar que la llevaba de regreso a su antiguo hogar.

Al verla a los ojos y reflejarse en ellos pudo sentir que las ataduras de su alma se soltaban, liberándola de todos esos miedos e inquietudes que la atormentaban día y noche. Además de eso, a través de los ojos de la Nadder, logró descubrir sentimientos nuevos pero a la vez conocidos que sólo le dejaron una cosa en claro…

—Es igual a mí—susurró de pronto, apartando su mano y dejándola caer sobre su regazo ante la mirada curiosa de la criatura y del castaño que, aun sonriente, parecía saber lo que ella estaba sintiendo—. Es extraño, pero, cuando la vi pude verme a mí misma—observó su mano, delineando el contorno con sus dedos fríos—. Había miedo en su mirada. Miedo a estar sola y sin saber a dónde ir; miedo, tristeza y confusión…—reveló, no muy segura de si esos sentimientos eran suyos o de ella—. Es igual a mí.

El castaño rio con entusiasmo.

— ¿Qué es tan gracioso?—se quejó encarándolo, definitivamente no esperaba esa reacción de su parte.

—Nada—tranquilizó él, aplacando su risa y arrodillándose a su lado—, sólo… parece que te saltaste una o dos lecciones de tu entrenamiento con dragones—confesó con gracia, llevándose una mano hacia su cabello revuelto.

La rubia lo observó con una ceja enarcada, ahora estaba más confundida que antes.

— ¿Qué quieres decir?—insistió, girándose por completo para observarlo mejor.

—Astrid—suspiró Hiccup, tomando sus manos con delicadeza—, lo que sentiste es normal. Todos pasamos por eso cuando nos unimos a un dragón—explicó y, como apoyo, Toothless se acercó reposando su cabeza sobre el hombro del castaño que no tardó en acariciarlo—. ¿Te conté como nos conocimos Toothless y yo?

La penetrante mirada verde del dragón estaba fija en ella a espera de una respuesta.

—Lo encontraste en el bosque, estaba herido—dijo automáticamente, regresándole la mirada al dragón.

—Lo que no te conté fue que yo lo herí al derribarlo—confesó Hiccup nervioso, aumentando las caricias en su amigo—. Cuando lo encontré estuve a punto de matarlo, Berk antes era un lugar de mata o muere contra los dragones—eso lo sabía, pero también sabía que todos en Berk habían cambiado gracias a él—, yo quería encajar, quería que mi padre estuviera orgulloso, así que decidí que mataría a un Night Fury.

—Pero no lo hiciste.

Hiccup sonrió agradecido regalándole una resplandeciente mirada esmeralda.

—No, no pude—suspiró—. Otros lo habrían hecho, pero yo no. Trecientos años de tradición y yo no quise matar a un dragón—bromeó y después carraspeó para continuar, giró su cuerpo para encarar al dragón negro cuya mirada era igual a la suya—… porque cuando lo vi a los ojos, me vi a mí mismo. Asustado, sin saber qué hacer, rendido ante la vida.

Sus palabras hicieron eco en su mente. Tenía poco de conocer a Hiccup, pero en ese corto tiempo había descubierto lo gentil, comprensivo, trabajador y leal que podía llegar a ser. Ella siempre pensó que los humanos eran seres despiadados y traicioneros, no por nada terminaban matándose entre sí y era por eso que le era difícil creer que Odín los amara tanto como se decía que lo hacía; pero ahora que había tenido la oportunidad de conocerlos se daba cuenta de lo equivocada que estaba. Así como Hiccup cambió la forma de pensar de su tribu, también lo había hecho con ella y era algo que agradecía enormemente.

—Pero fue gracias a eso que Berk cambió—comentó entonces con voz suave y la mirada fija en el par de amigos.

—Sí, lo fue—suspiró él, apartando su mirada del dragón para dirigirla a ella—. Y no cambiaría mi decisión por nada del mundo—sonrió con seguridad—. Astrid, este dragón te eligió y tú a ella—señaló a la Nadder que buscaba un lugar en el regazo de la rubia en busca de las mismas caricias que él le otorgaba a Toothless—. Una vez que te ganas la lealtad de un dragón, no hay nada que él no haría por ti.

Quizá Hiccup tenía razón sobre los dragones. Quizá Odín también tenía razón sobre los humanos. Entonces… ¿la tendría ella al abandonar su misión para estar con los mortales… para estar con Hiccup?

Por la tarde, Hiccup y Toothless se marcharon para cumplir con sus deberes de jefe dejándola sola con su nueva amiga. No supo si eso resultaría bueno ahora que la dragona se encontraba consiente y muy cercana a ella; y aunque se lo hizo saber a Hiccup, este lo único que le dijo entre risas fue un «comienza a pensar en un nombre para ella» justo antes marcharse con el dragón negro.

Y ahí estaban ahora, viéndose en silencio sin saber qué decir o hacer. Es cierto que había sentido una fuerte atracción por la dragona, pero eso no cambiaba el hecho de tenerle un poco de miedo, después de todo era un dragón salvaje, algo que Hiccup debió tomar en cuenta antes de dejarla sola. Aunque, pensándolo mejor, si él confiaba en que estaría bien entonces no debía dudar, ¿o sí? Después de todo era el experto en dragones.

No debes tener miedo—la voz aguda de la dragona se alzó entre graznidos sobresaltándola—. No te haré daño, el Padre de Todo no me lo perdonaría—aseguró, observándola con sinceridad.

A veces olvidaba que su secreto no era desconocido por los dragones. Jamás lograría entender cómo podían ver a través de ella para descubrir lo que era realmente; no es como si tuviera escrito en la frente «Soy una valkiria» en dragonés.

— ¿Entonces tu anterior actitud fue por eso?—quiso saber, curiosa por la respuesta que fuera a recibir; la decepción burbujeaba en su interior ante la idea de que así fuera.

No—gruñó como respuesta y la decepción se esfumó—. Me causas mucha curiosidad y, así como tú, sentí algo al verte—trató de explicarse con voz dulce, era extraño para ella que un dragón le hablara de esa manera cuando todos los demás sólo le gritaban y molestaban, principalmente Toothless—. Realmente creo que podemos ser grandes amigas.

Definitivamente no era normal. No es que los dragones la odiaran, simplemente se sentían recelosos por su presencia, después de todo no es algo usual que una valkiria aparezca de la nada en Midgard y conviva entre mortales cuando su única labor es recoger sus almas durante las guerras.

Dime—habló nuevamente sacándola de sus pensamientos—, ¿por qué aquí? ¿Por qué una valkiria está viviendo entre mortales?—cuestionó y no podía culparla, eran preguntas que incluso ella se hacía de vez en cuando—. ¿Acaso ese humano es tu dueño?

A excepción de esa última.

Si hubiera estado bebiendo algo definitivamente se habría atragantado. Un bochorno recorrió todo su cuerpo y sus mejillas se enrojecieron, la idea de Hiccup siendo su dueño era una locura, pero imaginar cómo es que sucedería fue aun peor para su descontrolada mente.

En varias ocasiones escuchó a sus hermanas hablar sobre valkirias atrapadas en el mundo mortal por culpa de hombres que se convierten en sus dueños al robar sus plumas. A las valkirias les encanta visitar Midgard para bañarse en sus lagos por las noches; y no hay ningún problema con eso, a menos que seas descuidada y dejes a la vista tus plumas, es ahí cuando el riesgo de ser descubierta comienza, pues si un mortal las toma, entonces estás obligada a obedecerlo eternamente y nadie, ni siquiera Odín, puede librarte de eso.

Ese ha sido el destino de muchas de sus hermanas, y ahora gracias a la Nadder estaba teniendo vergonzosos pensamientos de ella siendo descubierta por Hiccup mientras se bañaba en un lago.

¿Entonces es eso?—indagó curiosa con los ojos entrecerrados.

Su insistencia la hizo reaccionar obligándola a alejar esas imágenes que sólo lograban alterarla, ¡definitivamente no podía seguir pensando en eso! Aunque Hiccup no sería capaz de obligarla a nada, ¿o sí? Es decir, no sería un mal dueño, no la trataría como su propiedad…

— ¡No!—exclamó aterrada, no sólo por las ocurrencias de la dragona, sino también por sus propios pensamientos indebidos; si Freyja se enteraba estaría acabada—. Él no es…—tartamudeó, podía sentir su rostro caliente de vergüenza.

Los gruñidos de la Nadder sonaban como carcajadas en sus oídos y eso la frustraba aún más. Respiró con fuerza, liberando después todo el aire contenido y, una vez recuperada, continuó tratando de explicarse.

—Fui enviada a cumplir con una misión.

¿Una misión?—repitió ella inclinando su cabeza sin quitarle la mirada de encima—. ¿Qué clase de misión?

Esa era la verdadera pregunta y, hasta ahora, seguía sin encontrarle una respuesta.

—No tengo idea—confesó rendida, bajando la mirada hacia su regazo donde sus manos jugaban con un trozo de paja.

Vaya—murmuró la Nadder atrayendo nuevamente su atención—, Odín debe tener una buena razón para enviar a una de sus valkirias a Midgard sin decirle porqué.

Eso mismo es lo que ella se repetía una y otra vez en su mente, realmente quería creer que había una razón importante para haberla enviado ahí sin tener oportunidad de negarse.

—En realidad fueron las Nornas y Freyja—explicó Astrid entre divagaciones—, aunque Padre dio su consentimiento.

Si tan sólo le hubieran explicado esa razón, todo sería más fácil, quizá incluso ya estaría de vuelta en Vingólf viviendo tranquilamente junto a sus hermanas… Aunque eso no es lo que quería, ¿o sí?

En resumen—continuó pensativa y con seriedad—, estas aquí en Midgard para cumplir con una misión de la que no sabes nada—se levantó temblorosa, alertando a la rubia que inmediatamente se puso de pie con un salto—. ¿Segura que no hiciste algo malo y este es tú castigo?

Su voz burlona sirvió para tranquilizar a la valkiria, dejándole en claro que se encontraba bien cuando logró incorporarse y caminar tambaleante a su alrededor.

— ¿No me crees?—cuestionó de brazos cruzados y una ceja enarcada.

Una risa ahogada escapo de la garganta de la Nadder celeste justo antes de detenerse frente a ella.

No, no, no es eso—aseguró, observándola fijamente—. Simplemente no es usual que una valkiria venga a Midgard antes de que la guerra inicie—reveló y tenía razón.

En ese momento otro pensamiento saltó en su mente. Una guerra estaba por iniciar y eso significaba que más valkirias aparecerían para llevarse a las almas dignas, ¿eso la pondría en un dilema? ¿Tendría que trabajar con ellas, o seguir luchando con los mortales?

¿Cuánto tiempo has estado aquí?

Su nueva pregunta la sobresaltó acabando con su debate mental, ya tendría tiempo de preocuparse por eso después.

—Un par de meses—respondió automáticamente.

La Nadder murmuró algo que no logró entender antes de reanudar su caminata –ahora más firme– a su alrededor. Si tuviera que adivinar podría decir que la dragona estaba trazando algún tipo de plan en su mente.

¿Y sigues sin averiguar nada?—indagó sin dejar lugar a una respuesta—. Es muy extraño, ¿no has considerado que tal vez tu misión está lejos de esta isla?—su nueva interrogante la aturdió aún más que las pasadas, realmente no había pensado en algo como eso—. Tal vez incluso ya sea demasiado tarde para cumplirla.

—No, sé que debo estar aquí—dijo Astrid con rapidez, tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicarse—. Cuando vine a Midgard llegué a Berk debido a una tormenta; si este no fuera el lugar correcto, los dioses ya me lo habrían hecho saber.

Se felicitó mentalmente por esas palabras, en el fondo sabía que era cierto y esperaba que la Nadder también lo pensara.

Quien sabe—fue su respuesta y eso la decepcionó—, tal vez todo sea una prueba para ver qué tan eficiente eres.

¿Acaso su tarea era preocuparla y confundirla? No quería pensar en eso porque temía que fuera verdad y aun así, confiaba en ser lo suficientemente capaz para superar cualquier obstáculo

¿No suelen hacer eso los Æsir con todos sus guerreros?

—Si es una prueba o no, es algo que no debería importar—cortó, comenzaba a molestarle su actitud, por ello debía dejar en claro que sus capacidades no estaban en discusión.

Era una valkiria, una de las mejores guerreras de Odín; ninguna misión era lo suficientemente difícil para ella. Si supiera cuál era esa fastidiosa misión ya la había cumplido y estaría de regreso en Vingólf, quizá incluso se estuviera preparando para asistir a recoger las almas caídas en la guerra que pronto se llevaría a cabo.

Su cuerpo se estremeció ante esa idea, ¿realmente estaría dispuesta a tomar las almas de aquellos que por meses convivieron con ella, brindándole refugio y amistad? ¿Sería capaz de buscar entre sus cuerpos sin vida las almas dignas de entrar al Valhalla?

¿Y si Hiccup fuera uno de ellos?

¡No! Él no podría estar entre los guerreros caídos.

Hasta ese momento jamás pensó en la posibilidad de que el castaño muriera durante la batalla, era una idea que simplemente no tenía lugar en su mente. Era algo que no permitiría que ocurriera, por eso estaba dispuesta a luchar con ellos, para evitar que fueran unas almas más del montón a espera de ser seleccionadas para formar parte del ejercito de Odín. Y sin duda no dejaría que Hiccup pasara por eso.

¿Entonces no piensas cumplir con la misión?—cuestionó la dragona con un leve deje de confusión.

Esa nueva pregunta se apoderó de su atención, lanzando lejos todos los pensamientos anteriores, obligándola a recobrar la cordura y el control de sus emociones.

—En este momento mi prioridad es ayudar a Hiccup y a Berk—repitió lo que susurraba su mente, convenciéndose de que eso era lo correcto y que triunfaría en su objetivo de protegerlos.

¿Por qué?—insistió, deteniéndose nuevamente frente a ella—. ¿Por qué una Dísir se preocupa por lo que le ocurra a unos simples mortales? Tu trabajo sólo es custodiar sus almas, no evitar que mueran.

Era cierto, pero…

—No lo sé, sólo…—no habían palabras precisas para explicar algo que ni siquiera ella comprendía—, siento que es lo correcto.

Nuevamente la Nadder comenzó a murmurar, su rostro girando en todas direcciones antes de detenerse para encararla. El amarillo de sus ojos era opacado por el negro de sus pupilas dilatadas que resplandecían con el reflejo de la valkiria.

Si algo sé sobre los dioses es que nunca arriesgan nada sin antes asegurarse de poder ganar—comentó con seguridad—. No te enviarían aquí a menos que supieran que podrías descubrir porqué y cumplir con ello.

— ¿A qué quieres llegar con eso?

Estaba desesperada por comprenderla, tenía tanto en lo qué pensar y los cuestionamientos de la dragona sólo aumentaban sus inquietudes.

Es simple…—suspiró, regresando al sitio donde estuvo durmiendo los días anteriores, se acurrucó con torpeza manteniendo la cabeza en alto y sin apartar la mirada de ella—. Tal vez la verdad está oculta en tu interior esperando que la encuentres—explicó—. Puede que sepas cuál es tu misión, sólo que no lo recuerdas o no te has dado cuenta.

Sus palabras tenían un poco de sentido, pero no era lo suficiente como para convencerla.

«Hay algo que te detiene, algo que evita que te des cuenta de tu verdadero valor… y sé que estás intentando encontrarlo, pero no lo harás allá afuera, porque ese algo está justo aquí.»

Al final, quizá Hiccup y ella no eran muy diferentes.

«Y cuando lo descubras, te prometo que te sentirás mucho mejor.»

—No estoy segura de que sea así—confesó en un suspiro, no solo a las palabras de la dragona, sino también a las suyas; pues aunque eran certeras para Hiccup, en ella resultaba un caso totalmente diferente… o al menos eso era lo que pensaba.

La Nadder, rendida ante las inseguridades de la rubia, gruñó por lo bajo antes de bajar la cabeza, apoyándola sobre su cama de paja y rodeándose con su cola como protección. Sus alas permanecían inmóviles a sus costados, cubiertas de vendajes y ungüentos con mal olor.

Confía en mí—insistió, observándola con uno de sus ojos—. Ahora que somos compañeras te ayudaré encontrar esas respuestas. Cumplirás tu misión, salvarás a estos mortales—aseguró, había cierta confianza y alegría en su voz que simplemente no pudo decirle que no; incluso sintió como esa emoción le era transmitida. Quizá no fuera tan mala idea tener a una dragona como amiga—... y ya que andamos en eso, tal vez te ayude a conquistar a ese humano.

— ¿Qué? ¡No!—quizá sí era mala idea—. Hiccup y yo no, él y yo no—los tartamudeos volvieron, imposibilitándole defenderse—… Sólo… ¡Sólo somos amigos!

La dragona alzó su rostro para observarla con mayor detenimiento, gorgoteos divertidos escapaban de su garganta frustrando aún más a la valkiria sonrojada.

Oh vamos—gruñó—, pude sentir entre ustedes una fuerte atracción de apareamiento.

— ¡No lo digas así!—exclamó Astrid horrorizada y cubriendo su rostro colorado con sus manos.

Un bochorno recorrió su cuerpo, acelerando su corazón y calentando su piel.

¿Y cómo quieres que lo diga?—añadió ella en defensa—. Es la verdad.

Astrid respiró profundamente conteniendo las ganas de gritar que azotaban su garganta, necesitaba recuperar el control y dejar de alterarse con cada cosa que la Nadder decía.

—Hiccup y yo sólo somos amigos—repitió tranquila, esta vez con suficiente claridad—, ¿de acuerdo?

La Nadder gruñó rendida como aprobación, cerrando los ojos y volviendo a acostarse sobre la paja.

Tu mente puede decir eso—dijo entonces con voz suave y pausada—, pero a quien realmente deberías escuchar es a la voz de tu corazón, él siempre tiene razón.

Ya no quiso responder, no tenía caso seguir discutiendo, después de todo ella sabía la verdad, ¿o no?

Negó suavemente apartando esos pensamientos, suspirando y sentándose de nuevo frente a la dragona que parecía dormitar. Su conversación con ella comenzó a reproducirse de nuevo en su mente, detallando cada cosa que le dijo y abrumándola al descubrir que sus argumentos no eran tan disparatados.

Quizá la respuesta si estuviera en ella, pero entonces ¿cuál podría ser?

Trató de hacer memoria, regresando a su reunión con las Nornas y repitiendo cada acción que realizó desde entonces hasta llegar a Midgard. Repasó su última conversación con Freyja y sus advertencias sobre el mundo mortal, la promesa de protegerla y su deseo de buena suerte. En su cabeza resonaban las palabras que ella y las Nornas le dijeron, su insistencia y la seguridad de que sabría qué hacer cuando fuera el momento correcto.

Pero entonces, ¿cuándo sería ese momento? ¿Cuándo dejaría de estar tan confundida?

Agitó su cabeza en busca de concentración y continuó reviviendo sus memorias pasadas.

El viaje a través del Bifrost, el fuerte viento y la tormenta creciente. Los golpes del carruaje contra el puente de cristal antes de que se desvaneciera y la dejara caer contra el océano en el que temió perecer. El carruaje convertido en barco y su instinto gritándole la dirección que debía tomar…

—Eso es…—susurró abriendo los ojos de golpe.

¿Cómo pudo olvidar ese detalle tan importante? Desde un principio algo en su interior la había guiado por el camino correcto. Estaba tan claro y ella jamás se detuvo a analizarlo.

No fue una casualidad que llegara a Berk, incluso podía asegurar que esa tormenta tampoco lo fue y puede que su encuentro con Hiccup tampoco fuera cosa de un simple accidente.

La voz de Freyja volvió de golpe, repitiendo lo que tiempo atrás le había dicho.

«Las Nornas obran de formas misteriosas, nunca dicen más de lo que ellas consideran necesario.»

El destino es complicado—repitió ahora ella en voz baja, continuando con ese recuerdo.

Una sonrisa comenzó a aparecer poco a poco en su rostro, iluminándolo con ayuda de la luz que reflejaban sus ojos azules. Su nueva amiga tenía razón, la respuesta estaba ahí esperando a que la descubriera.

Pues incluso ese día, sin entender las razones del por qué había sido enviada a Midgard, al conocer a Hiccup y verlo a los ojos supo por un pequeño momento que él era la razón por la que estaba ahí…

— ¿Realmente será él?—susurró al vacío observando el radiante cielo azul a través del techo enrejado de la Academia.

«El destino es un guía, un camino que debemos seguir para llegar al lugar y momento correcto; aquél en el que nos fue asignado estar. Por eso se dice que todos estamos destinados a hacer o ser algo en específico… Y si las Nornas te eligieron es porque tu destino así lo dicta.»

Tal vez nunca abandonó su misión después de todo.

.

.

.

Justo como dijo Hiccup en cuestión de días la Deadly Nadder se recuperó lo suficiente para poder volar de nuevo y ahora, después de varios intentos y pruebas de vuelo, los cuatro se encontraban surcando el cielo alrededor de la isla de Berk.

—Con cuidado Astrid, no la fuerces mucho—le indicaba el castaño, pasando a su lado con Toothless.

Esa era la primera vez que ella y su amiga volaban juntas; a diferencia de los cortos vuelos que tuvo con Hiccup y Toothless, este le parecía más arriesgado. Los temblorosos y torpes movimientos de la Nadder y la falta de una montura para sujetarse sólo lograban ponerla nerviosa.

Volar con un dragón era muy diferente a volar con un Pegaso junto a sus hermanas.

—Trata de tranquilizarte, si estás nerviosa ella lo sentirá—insistía él, volando a su alrededor—. Sólo despeja tu mente, respira profundo y confía en ella.

Si te caes será una vista realmente increíble—se burló Toothless.

La Nadder, nada contenta con su comentario, le lanzó un par de púas con su cola obligándolo a retroceder.

— ¡Cuidado!—exclamó Haddock aferrándose a su silla—, démosle algo de espacio, amigo. No debe estar acostumbrada a volar en grupo.

No creo que sea eso—gruñó el Night Fury con la mirada fija en la dragona.

En parte Hiccup tenía razón, era usual que los dragones se sintieran amenazados cuando uno nuevo llegaba a su territorio, en especial cuando se trataba de un dragón salvaje. Por otro lado, Toothless sabía que sus palabras no resultaron agradables para Nadder, aunque en realidad no pretendía que lo fueran.

—Tranquila, amiga, ignóralo—susurró Astrid, inclinándose sobre su cuello para ser escuchada sólo por ella—. Además, sé que no me dejarías caer—le guiñó un ojo antes de regresar a su anterior posición.

La dragona asintió no muy satisfecha, relajando su cuerpo y retrayendo sus púas para sorpresa del castaño que observaba todo con detenimiento.

—Vaya, parece que su lazo es más fuerte de lo que pensaba—mencionó, irguiéndose sobre su montura ahora sin sujetarse. La brisa fresca agitaba su cabello castaño que resplandecía con la luz del sol dándole una tonalidad rojiza—. ¿Ya le diste un nombre?

La valkiria sonrió ante su pregunta, o al menos eso es lo que quiso pensar, pues la visión del joven era algo que también la incitaba a sonreír.

—Sí—se apresuró a decir—, Stormfly—su sonrisa aumentó; su trenza rubia danzaba con el viento y sus manos acariciaban el cuello escamoso de la Nadder que gruñía satisfecha—. Porque fue debido a una tormenta que llegué aquí y conocí esta nueva vida…

«Y también a ti.»

—Stormfly—repitió Hiccup, dirigiendo su vista al cielo despejado—, me gusta.

Ahora él también sonreía, giró su rostro para observarla a la par en que volvía a su posición habitual sobre la montura, indicándole a Toothless que se acercara a ellas con cautela. Astrid imitó sus movimientos y Stormfly también comenzó a moverse.

Desde el día en la Academia había estado analizando la situación que vivía, los sentimientos y presentimientos que tuvo cuando conoció a Hiccup. Poco a poco comenzó a comprender todo lo vivido, descubriendo nuevas posibilidades. Esta vez no pensaba ignorar sus instintos pues, luego de todo ese tiempo junto a Hiccup en Berk y después de tanto pensar en lo que debía hacer, su futuro parecía más claro ante sus ojos. Y ahora más que nunca debía esforzarse para ayudar y defender a esos mortales, porque aunque seguía sin entender qué debía hacer, sabía que era su deber protegerlos. Pues tal vez sus presentimientos eran acertados y quizá ese era el lugar donde debía estar.

Quizá su misión estuviera ahí en Berk y, quizá, Hiccup sí estaba relacionado con ella.

—Astrid…—llamó el vikingo conforme la distancia que los separaba disminuía, pero algo más llamó su atención obligándolo no sólo a apartar la mirada, sino también haciendo que Toothless se detuviera—. ¿Qué es eso?—murmuró, señalando algo en el horizonte.

Tanto la valkiria como la Nadder giraron sus rostros para observar lo que el castaño les indicaba, sorprendiéndose cuando notaron lo mismo que él.

Ahí en la distancia, poco a poco comenzaban a hacerse visibles una innumerable cantidad de barcos cuyas insignias eran conocidas por el joven jefe de Berk.

—Drago Bludvist—susurró, no había duda de que sus temores eran acertados.

El final estaba cerca y ninguno de ellos podría hacer algo para evitarlo.


Valkirias y sus plumas: Entre muchas de las leyendas se encuentran aquellas que cuentan cómo las valkirias descendían por la noche a Midgard con sus alas blancas para bañarse en los lagos, retirándose las alas que se convertían en una capa de plumas y que, si estas plumas eran tomadas por un mortal, este se convertiría en el dueño de la valkiria obligándola a permanecer en el mundo mortal.

Æsir: Son los principales del (conjunto de dioses dentro de una mitología). Están emparentados con Odín y habitan en Asgard, siendo mencionados bajo el término genérico guðin, «dios». Dentro de la historia nórdica, los Æsir se enfrentaron en una guerra contra los Vanir, el segundo grupo de dioses.

Dísir: Son un grupo de seres divinos femeninos al servicio de Odín que son relacionadas mayormente con la muerte y el fallecimiento. Entre ellas destacan las Valkirias y las Nornas, entre otros seres más.


Y este fue el que era el capítulo 5 pero que ahora es el 6 (me siento como el Chavo y sus aguas frescas xD ok ya)

Es casi igual a como era antes, sólo le agregué una página más al inicio y modifiqué unos cuantos pensamientos de Astrid. Con esto ¡oficialmente terminamos las correcciones! :D y… seguimos atascados donde mismo porque la historia no avanzó ._. ¡Pero salimos del hiatus! xD

Y es que hay algo importante que debo decir, el siguiente capítulo (que antes iba a ser el 6 pero ahora será el 7 e.e) no está terminado… no deja de darme conflicto, pero creo que ya está más claro en mi mente así que… estará muy pronto. ¿Pero cuando? Bueno, dentro de dos semanas…

¡¿Por qué tanto tiempo?! Porque tengo que actualizar también The Furies, el capítulo de ese fic está casi terminado, así que por eso aplazaré el de este. Espero me comprendan y no me odien.

En fin…

A todos los que leyeron hoy… GRACIAS

El capítulo 7 estará el domingo 09 de Agosto.