Disclaimer: How to Train Your Dragon no me pertenece, es propiedad de DreamWorks Animation, Dean DeBlois y Cressida Cowell. La historia sí es original y de mi autoría, pero su creación y respectiva publicación es por mero entretenimiento.
Capítulo 7
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Las inmensas puertas doradas se abrieron repentinamente, inundando el salón de suelo y paredes blancas con el eco de unos pasos que el hombre no tardó en reconocer.
—Freyja—saludó, girándose en su dirección y dándole la espalda a los altos ventanales que le permitían ver el abismo de estrellas que conectaban Asgard con el mundo mortal—, ¿qué te trae por aquí?
La mujer rubia continuó su marcha hasta llegar a su lado, pero en lugar de observar al guardián del Bifröst, concentró su mirada en el paisaje que este anteriormente había estado vigilando.
— ¿Cómo sigue?—fue lo único que logró decir, tratando de ver más allá de las estrellas y la oscuridad frente a ella; pero sabía que era imposible, pues sólo Heimdal poseía la habilidad de la visión.
—Ella está bien—le respondió, girándose nuevamente para retomar su antigua posición—, se adapta rápido—sus ojos resplandecieron de un color plateado, similar al de las estrellas, transmitiendo a su mente las imágenes de la valkiria que tanto les preocupaba—. Sigue buscando, pero…
— ¿Qué ocurre?—cuestionó Freyja con intranquilidad, intentando ver lo mismo que él.
—Me temo que se ha unido demasiado al mundo mortal—confesó Heimdal tras un suspiro; frotando sus ojos agotados con una mano, apagando la luz proporcionada por su habilidad—. No se ha rendido… pero comienza a dudar.
Ahora fue el turno de ella para suspirar. Temía que algo como eso ocurriera, después de todo, las valkirias –así como cualquier otro Dísir o Æsir– poseía el mismo amor por los humanos que Odín tanto presumía. Sí, las valkirias tenían la misión de recolectar almas humanas, pero eso no las privaba de tener sentimientos. Cualquier hijo de Odín que pasara demasiado tiempo con los mortales, corría riesgo de ser controlado por esos mismos sentimientos. Por eso estaba prohibido congeniar con ellos; vivían en mundos separados por una razón y no debían ignorarla.
—Realmente espero que las Nornas sepan lo que hacen—susurró.
No culpaba a Astrid por estar confundida y dudar, cualquiera en su situación lo haría; pero eso no evitaba que se preocupara. No quería perder a otra de sus hijas en manos de los mortales… pero también sabía que no podía impedirlo.
—Siempre lo hacen—habló el hombre pelirrojo en un intento por animarla—. Su visión va más allá de la mía. Presente, pasado y futuro; ellas pueden ver todo lo que yo no—colocó una mano sobre su hombro, dándole un ligero apretón para reconfortarla—. Confía en su juicio.
—Lo sé—concedió con un suspiro—. No puedo evitar preocuparme.
— ¿Hay algo que no me estás diciendo?—detectó Heimdal, apartándose de ella con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Freyja volvió a suspirar, esta vez con pesar y derrota, para después sentarse sobre un banco de mármol junto al ventanal, dándole la espalda al paisaje que era iluminado por el puente arcoíris.
—Skuld vino a verme hace rato—confesó entonces, evadiendo la mirada del hombre que, sabía, cambió a ser una de inquietud.
— ¿Y…?
—Está por iniciar una nueva guerra en Midgard—continuó, sus manos se aferraron a su vestido blanco—, mis niñas se preparan para asistir… ella incluida.
— ¿Skuld irá?—cuestionó confundido y alerta, posicionándose frente a ella, esperando que alzara el rostro para encararlo—. Eso sólo ocurre cuando se trata de un conflicto importante.
—O de un guerrero importante—secundó ella, observándolo de reojo a través de las hebras de cabello dorado que cubrían su cara.
Algo en la mente de Heimdal reaccionó ante esas palabras, recordando pequeños fragmentos de viejas imágenes vistas en el pasado. Se obligó a retroceder hacia el ventanal, activando nuevamente su visión plateada; buscando sin cesar a la valkiria en Midgard con el fuerte deseo de que su teoría no fuera correcta.
—No puede ser—murmuró cuando logró encontrarla a través del abismo nocturno y las nubes que cubrían el Bifröst.
— Heimdal, ¿acaso…?
Freyja no tardó en comprender lo que ocurría, levantándose con rapidez para volver a su lado.
—La nueva guerra…—inició con preocupación y la mirada aun fija en el exterior—. Astrid está en ella—los mayores temores de ambos se hicieron realidad y no podrían hacer nada para acabar con ellos—Freyja, ¿Skuld te dijo algo más?
La mujer tragó con fuerza, aturdida por todas las emociones que se acumulaban en su interior. Guio sus ojos hacia el abismo, analizándolo con desesperación conforme su expresión cambiaba por una aterrada.
¿Qué era lo que pretendían las Nornas con todo eso?
—Ella dijo…—susurró, estática en su sitio—… que la misión está por acabar.
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Descendieron con rapidez frente al Gran Salón ante la mirada expectante de varios aldeanos, estaba claro que ellos no tenían idea de lo que ocurría o, más bien, de lo que pronto iba a ocurrir.
—Reúnan a todos de inmediato—ordenó el castaño, desmontando al Night Fury para después avanzar hacia la construcción, siendo seguido de cerca por la valkiria y ambos dragones—. Hagan sonar el cuerno de guerra.
—Jefe, ¿qué ocurre?—alcanzó a preguntar uno de los vikingos con preocupación, nunca habían visto al joven líder tan alterado.
— ¡Solo háganlo!—insistió él sin mirar atrás, ingresando al edificio con un portazo que resonó en todo el lugar.
Las miradas de confusión y temor no se hicieron esperar entre los aldeanos, quienes a pesar de todo se apresuraron a cumplir con la petición del jefe, haciendo sonar el cuerno en el centro de la aldea, alertando a todos los habitantes de la pequeña isla.
El potente sonido del instrumento hizo eco en todo el lugar, elevándose y recorriendo hasta el último rincón de la isla, anunciando el inminente destino que arrasaría con todos. Pues esa melodía lúgubre solo podía significar que el tiempo se les había agotado y que la guerra estaba por comenzar.
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El pueblo entero se encontraba reunido en el salón. Murmullos viajaban de un rincón a otro, todos cargados de inquietud; un sentimiento que Hiccup comprendía y ansiaba poder desvanecer en su gente.
Deslizó su mano sobre la mesa, rozando los dedos fríos de la rubia sentada a su lado. Ella, por reflejo, entrelazó su mano con la de él, brindándole un ligero apretón para reconfortarlo. Astrid había decidido confiar en él y no podía decepcionarla, ni tampoco a Berk. Todos contaban con él, su deber como jefe era protegerlos y planeaba cumplirlo.
—Tú puedes, Hiccup—alcanzó a escucharla susurrar, regalándole un último apretón que él correspondió.
Suspiró, renovando sus fuerzas, y se levantó para encarar a su gente, que guardó silencio al verlo de pie, aplacando todas voces que habían estado resonando en el lugar.
—Sé que están preocupados—inició con el porte más firme y sereno que logró conseguir—, yo también lo estoy—confesó para sorpresa de todos, bajando la mirada por un segundo para después continuar con más potencia—. Pero no podemos dejarnos vencer tan fácilmente. Drago llegará en cuestión de horas y no tenemos idea de cuánto tardarán las demás tribus en aparecer, pero eso no significa que nos ha ganado.
Rodeó la mesa, avanzando hacia el inicio de los escalones que conectaban la tarima de roca en la que se encontraba con el resto del salón repleto de vikingos que, expectantes, mantenían sus ojos fijos en el castaño.
—Derrotamos a Drago una vez y podremos hacerlo de nuevo—declaró, irguiéndose en su lugar—. Es cierto que en esta ocasión cuenta con toda su flota de barcos y con un nuevo ejército de dragones… pero eso no cambia nada—agregó, sabiendo perfectamente los pensamientos que todos poseían—. El lazo que nosotros tenemos con nuestros dragones es más fuerte que cualquier control que él pueda tener sobre los suyos.
Observó como todos comenzaban a asentir como respuesta a sus palabras; la inquietud en sus expresiones comenzó a desaparecer lentamente, dejándole el lugar a una nueva esperanza que resplandecía en sus miradas.
—Hemos enfrentado a personas como él antes, incluyéndolo, y salimos victoriosos—sentenció, señalándolos a todos y alzando su voz con una fuerza que jamás había sido escuchada—. Esta no será la excepción.
El silencio se apoderó del lugar por unos segundos, antes de que la primer persona se alzara entre la multitud con gran entusiasmo.
— ¡Estoy con él, ¿quién viene?!
Las miradas de todos se posaron sobre el gemelo, que se mantenía de pie sobre una de las mesas con los brazos alzados, para después secundarlo con un fuerte vitoreo que resonó en todo el lugar.
Si Drago creía que los asustaba, estaba muy equivocado; los Hooligans lucharían aunque les costara la vida.
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Todo estaba preparado para recibir al enemigo y defenderse; las órdenes y posiciones habían sido dadas. Si todo resultaba como lo planeado, Berk saldría victorioso en esa batalla y, quizá, también en la guerra.
La brisa fresca golpeaba sus rostros con insistencia; ambos se encontraban sobre uno de los acantilados de Berk, observando los avances de la flota enemiga que se aproximaba a su territorio. Sus miradas se encontraban fijas en el barco que encabezaba a todos los demás, la insignia que decoraba su vela causaba escalofríos al castaño con solo pensar en la persona que iba a bordo.
—Ten cuidado—mencionó Astrid a su lado, su mano rozó la de él por un segundo que a ambos les pareció eterno.
—Lo haré…—prometió, girándose para encararla con una ligera sonrisa que camuflaba su sonrojo.
Se mantuvo en silencio por un momento, preparándose para decir aquello que había estado rondando en su mente desde que avistaron la flota de Drago horas atrás.
—Astrid—inició con un suspiro, atrapando su mano y envolviéndola entre las suyas—, si algo sale mal… Asegúrate de que todos estén a salvo.
La rubia tragó con fuerza ante sus palabras. Hiccup la sintió temblar bajo su agarre, pero el brillo en sus ojos, tan firme y confiado, le aseguró que todo estaba bien.
—Lo haré—respondió al fin, siendo ahora quien mostraba una pequeña sonrisa; una sonrisa que no tardó en desaparecer cuando sus anteriores miedos hicieron un intento por regresar—, sólo… Prométeme que nada saldrá mal.
Hiccup asintió; había cierta ternura en sus palabras, que trajeron de vuelta el sonrojo a sus mejillas.
—Saldremos de esta—aseguró, dando un último apretón a su mano antes de liberarla.
Volvió a girarse hacia el horizonte, los barcos estaban cada vez más cerca. Con un corto silbido llamó a Toothless, quien se había mantenido alerta sobre una de las torres construidas para el descanso de los dragones y que ahora él usaba para vigilar los alrededores.
El Night Fury bajó de inmediato, posicionándose a su lado, listo para alzar el vuelo con él sobre su espalda.
—Astrid—volvió a llamarla tras ajustar la prótesis de Toothless—, sé que ya te lo he dicho, pero… Gracias por estar a mi lado—dijo con una nueva sonrisa que iluminó sus ojos esmeraldas—. No podría hacer esto sin ti.
—No es nada, Hiccup—logró decir ella para restarle importancia, su corazón había comenzado a latir con fuerza, estremeciendo todo su cuerpo—. Tú harías lo mismo por mí.
Ninguno supo qué más decir, por lo que, con un último asentimiento, Hiccup y Toothless se marcharon ante la mirada de Astrid. Su destino era el barco de Drago y planeaban llegar a él a cualquier costo. Cuando eso pasara, darían inicio tanto su plan, como la guerra.
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—Debes ser muy estúpido para venir solo—la potente voz de Drago se alzó desde la proa del barco hasta el cielo donde Hiccup y Toothless se mantenían alertas.
—Tú lo llamas estupidez—inició Hiccup con determinación, aferrándose a la silla de su dragón—. Yo lo llamo valor.
El azabache soltó una risa áspera, su mirada asesina estaba fija en el jinete que fruncía el ceño con molestia por su reacción. Había pensado que tal vez podrían evitarse la violencia, si lograba hablar con él para hacerlo cambiar de parecer. Esa sí había sido una idea estúpida, incluso él lo admitía, después de todo, si no funcionó la primera vez, ¿qué le aseguraba que ahora sería diferente?
—Dime, amo de dragones—volvió a hablar Drago, con una voz cargada de odio e ironía al nombrarlo de esa manera; justo como lo hizo años atrás—, ¿a quién quieres perder esta vez?—alzó su brazo, sujetando la lanza con la cual imponía su control a los dragones acorazados que sobrevolaban su flota—. ¿Tu madre, quizá?—cuestionó pensativo y con fingido interés—. ¿A tu dragón?—la lanza comenzó a moverse en su dirección y eso alertó al par de amigos que, furiosos, se preparaban para lo que fuera a ocurrir—… O mejor aún, a Berk.
La punta de la lanza se detuvo en su objetivo. La isla vikinga se reflejó en los ojos de todos los dragones que, tras un ruido gutural proveniente de las profundidades, emprendieron el rápido vuelo hacia su nuevo destino. Los dragones de Berk no tardaron en hacerles frente, defendiendo las costas de su hogar y a los barcos cargados de Hooligans que comenzaban a disparar proyectiles en llamas desde sus catapultas.
Ante la penetrante mirada de Drago, el Night Fury se alejó para evitar ser alcanzado por los proyectiles aliados, observando de reojo el agua que comenzaba a agitarse gracias al ser que se ocultaba en ella.
Sin darse cuenta, la batalla dio inicio en cuestión de segundos y no había nada que hacer para detenerla.
—No tiene que ser así—intentó decir Hiccup, mientras Toothless realizaba un par de giros para evadir los ataques de los dragones rivales. Pero era muy tarde, Drago ya no lo escuchaba; nadie lo hacía.
Nuevamente la risa del hombre se alzó entre el caos, erizando su piel y causándole repulsión. Su oscura mirada se encontró con la suya, alertándolo cuando comprendió el significado de su nuevo resplandor.
Tal vez, después de todo, sí había sido estúpido acercarse ellos solos.
*O*O*O*
La guerra estalló frente a sus ojos en un parpadeo.
Hiccup había ido al encuentro de Drago para intentar negociar con él, algo que todos sabían que sería inútil, pero aun así debían intentarlo. Al final Drago atacó sin pensarlo demasiado, obligándolos a entrar en acción y defenderse.
Todos los jinetes volaban a su alrededor, atacando a los dragones acorazados que, bajo el control del hombre azabache, les disparaban sin piedad.
Ella no tardó en hacer lo mismo, blandiendo su hacha y montando de un salto a Stormfly, quien a pesar de haberse recuperado recientemente de sus heridas, se reusó a quedarse atrás mientras el resto combatía. Se unieron a los demás jinetes, iniciando así un duelo por defender el que ahora era su hogar.
— ¡Astrid, cuidado!—exclamó Snotlout, alertándola del inminente proyectil que se dirigía a ella.
Con un rápido movimiento, Stormfly evadió el ataque, obligando a la valkiria a sujetarse con mayor fuerza a su montura.
—Gracias, no lo vi venir—pronunció sin aliento cuando estuvieron a salvo.
—Tranquila, esto es nuevo para ti—habló ahora Valka, uniéndose al grupo junto con Gobber.
Había olvidado ese pequeño detalle. Todos sabían que era una guerrera, pues creían que provenía de Bog-Buglar, una tribu de mujeres vikingas entrenadas para la guerra; luchar en tierra y sobre un dragón, eran dos cosas muy diferentes. Sí, era nueva montando un dragón, había mucho que aún no sabía sobre ellos; pero no significaba que no sabía combatir en el aire.
Era una valkiria, una verdadera guerrera que combatía mientras volaba, ya fuera con sus propias alas o sobre un Pegaso. Pero no podía decirles nada de eso…
—Trata de no forzar demasiado a Stormfly—aconsejó la castaña, inspeccionándolas con la mirada—, y mantente cerca de alguno de nosotros.
Asintió en silencio, aferrándose a la montura para después palmear el cuello de la dragona, tratando de transmitirle un poco de seguridad.
Valka y Gobber cruzaron un par de palabras más con el grupo antes de alejarse para, según ellos, proteger el bosque de Berk donde se encontraban refugiados los vikingos y dragones que no podían luchar. Una vez solos, los jinetes veteranos se prepararon para continuar defendiendo el frente; pero para eso primero tendrían que alcanzar a su jefe.
— ¿Por qué Hiccup no regresa?—cuestionó Fishlegs con inquietud, mientras Meatlug escupía lava sobre las armaduras de los dragones rivales—. Se supone que regresaría con nosotros, nuestros dragones necesitan al alfa.
—Tranquilo, Fishlegs—optó por decir Astrid, pues estaba claro que ninguno de los demás lo haría—. No debe tardar en…
—Yo no lo creo…—interrumpió Tuffnut con cierta preocupación, señalando en la distancia como el océano comenzaba a agitarse, balanceando con fuerza los barcos a su alrededor.
—Parece que Drago no vino solo—ahora fue Ruffnut quien habló, alertándolos.
Una columna de agua burbujeante se elevó, salpicando las cubiertas de los barcos y explotando poco después cuando un inmenso dragón surgió de su interior. Algas, peces y más agua, caía de sus crestas carmesí; unas gruesas cadenas estaban unidas a sus cuernos, uno de ellos estaba incompleto gracias a su anterior batalla con el Night Fury.
—Creo que quiere la revancha—murmuró el gemelo, señalando al que parecía ser su objetivo.
Eso bastó para transmitir una expresión de terror al rostro de todos.
Su objetivo eran Hiccup y Toothless.
El fuerte rugido del alfa rival, resonó por todo el lugar haciendo temblar las embarcaciones y afectando el vuelo de los dragones. Su mirada asesina siguió de cerca al dragón negro, que no tardó en sostenérsela tras descubrir sus verdaderas intenciones. Sus fauces se inflaron, advirtiendo sobre el potente aliento helado que estaba por liberar.
Toothless se giró con rapidez, ocultando tras su espalda a Hiccup para ser él quien recibiera el ataque, y lanzó una bola de plasma que dispersó el hielo, haciéndolo explotar a su alrededor. La acción fue tan rápida que el impacto de sus poderes hizo que perdiera estabilidad, siendo alcanzados por algunas astillas de hielo; ocasionando que cayeran hacia las profundas aguas que no tardaron en engullirlos.
— ¡No!—la aterrada voz de Astrid se alzó por encima de todo el caos.
Sus compañeros, al igual que ella, observaron con horror como Hiccup y Toothless desaparecían en el océano ante las triunfantes expresiones de Drago y su escupe-hielo.
— ¿Ahora qué hacemos?—musitó Fishlegs con voz rota y el cuerpo tembloroso.
La valkiria mantuvo su mirada fija en el enemigo, su mano viajó hasta la empuñadura de su hacha, blandiéndola frente a ella con fiereza. No podía permitir que las cosas terminaran así.
—Snotlout, Fishlegs—los llamó, sus ojos continuaban atentos a las acciones del enemigo—. Dirijan a los demás jinetes y continúen protegiendo la isla; no permitan que esos barcos toquen tierra firme—indicó, observándolos de reojo por un segundo. Su voz adoptó el mismo tono firme que Hiccup usaba como jefe—. Gemelos, ustedes irán conmigo.
— ¿A dónde?—cuestionaron a la par, con una clara intranquilidad marcando sus rostros.
—Salvaremos a Hiccup y Toothless—fue lo único que respondió, señalando el campo de batalla con su hacha, para después emprender la marcha en esa dirección; sabiendo, sin ninguna duda, que sus compañeros la seguirían.
Dirigió a Stormfly de una manera nunca antes vista, sacando a relucir sus verdaderas habilidades; deshaciéndose de todo dragón acorazado que intentó obstruirles el paso. Había prometido ayudar a Berk, a Hiccup, y cumpliría esa promesa a cualquier costo… Incluso si eso significaba revelar quién era realmente. Porque en ese momento, Berk no necesitaba una vikinga más, necesitaba el poder y la fuerza divina que sólo una valkiria podía ofrecerles.
Porque Hiccup la necesitaba a ella…
Porque su misión siempre fue protegerlo.
¡He vuelto! Y sí, lamento tardar u.u tuve algunos inconvenientes con el capítulo, pero en fin… Espero que lo hayan disfrutado. Es el capítulo que más me ha costado escribir (no por nada es el responsable del anterior hiatus), pero creo que ha quedado bien, no sé, ustedes juzguen e.e
Ahora…
¡¿Se esperaban ese final?! ¡La tan estresante misión ha sido revelada! ¿O acaso Astrid ha malinterpretado las cosas? ¿Ustedes qué piensan?
Aunque no lo parezca, Sigue a tu Destino está entrando a la recta final. ¡Quedan muy pocos capítulos! ¿Alguna idea de lo que le deparará a Hiccstrid en esta ocasión? xD
En fin, ya no los abrumaré con más preguntas sin respuesta… Trataré de actualizar pronto (aproximadamente en dos semanas más), estoy intentando retomar mis viejos hábitos de escritura, así que deséenme suerte e.e
A todos los que leyeron hoy… GRACIAS
Nota: Como este ya es un capítulo "nuevo", FanFiction ahora sí los notificará de la actualización; por lo que, para quienes no estaban enterados, estuve corrigiendo y re-subiendo los capítulos anteriores. No hay cambios drásticos en la historia, sólo agregué un nuevo capítulo (ahora es el capítulo 5), por eso ahora son 7 capítulos y no 6; todo lo explico en las notas de esos capítulos. Si deseean releer la historia, es su oportunidad de hacerlo e.e
