¡Hola de nuevo! (considerando que haya quedado alguien por ahí esperando la continuación de ésto).
Bien, antes que nada, quiero decir que soy consciente de que me he tardado la vida en actualizar y no estoy orgullosa de ello. Francamente no vengo a excusarme ni nada parecido, sólo a explicar que un par de días después de que publiqué el primer capítulo empezó mi época de exámenes (que tenía que aprobar sí o sí porque sino estaba jodida), y eso me obligó a posponer todo lo que tenía planeado hacer.
EN FIN, he aprobado, por si les interesaba saber. Capaz no, pero bueno, igual se los comento (?) Y HE REGRESADO. Si siguen ahí esperando saber cómo acaba ésto, se los agradezco muchísimo. - muchos corazones para ustedes, OISH. -
POR CIERTO, MUCHAS GRACIAS POR LOS 2 REVIEWS QUE ME HAN LLEGADO, me llenan de ganas de seguir.
Aclaraciones respecto al contenido:
BUENO, vamos a ver. Había planeado que ésto fuera un two-shot (me parece que lo dije, que quería que fuera lo más breve posible), pero me he puesto a escribir y me ha parecido mejor que tuviera un capítulo más (o dos, veremos como me organizo).
Igual no se preocupen, porque mañana mismo empiezo a escribir lo que sigue así que no voy a tardar ni de coña lo que he tardado en publicar éste.
Y YA. Ahora sí los dejo leer, hasta el siguiente capítulo~ O/
Camisado
This was no accident
This was a therapeutic chain of events.
—¿Planeas hablar para, no sé, éste siglo?
Oikawa lo sabía, sabía que sus amigos estaban perdiendo la paciencia con él pero, ¿qué se supone que debía decir exactamente?
No saben lo que ha pasado. Me he confesado a mi mejor amigo de la infancia (que casualmente es un chico y no una chica como los tengo acostumbrados), y adivinen qué sucedió. Pues sí, me ha dado calabazas.
Bufa, deja escapar de sus labios un sonido similar a un gruñido, bajo, cansado, desesperanzado.
Me ha rechazado.
—¿Crees que nos está escuchando?
—Ya verás que sí.
Lo siguiente que el armador percibe es un puntazo por abajo de la mesa, directo a la pantorrilla.
—¡OYE! —se quejó, levantando la pierna un poco hasta que la misma quedó apoyada en la silla. Se sobó la zona golpeada con las dos manos —. Mattsun, Makki, eso duele.
—Te estamos hablando, cacho subnormal.
—Es verdad. ¿Vas a decirnos qué es lo que pasa? Porque estás raro. Más de lo usual, quiero decir. Tú siempre eres raro.
Oikawa le enseña a sus amigos una mueca con la que busca parecer ofendido (que lo está, para que conste. Cómo van a decir que es raro, por favor. Es peculiar, inusual si se quiere. Pero raro nunca, porque suena a algo malo), mas sus amigos se miran como si no hubiese podido conseguir aquello ni de lejos. Carraspea un poco incómodo, reacomodándose en su asiento.
—Es peor de lo que pensé —masculla el moreno, y Hanamaki parece estar de acuerdo con su conclusión.
Finalmente, Tooru suspira. Cuanto más rápido hable, más rápido le dejarán solo para asimilar lo sucedido; o eso quiere pensar, porque no se imagina a sí mismo lamentando su primer rechazo con espectadores de por medio.
—Bien, ¿quieren saber qué me pasa? —les preguntó el armador al cabo de unos segundos. Mattsun bufa, como si la pregunta no tuviese nada que hacer ahí.
—No, hemos estado aquí cuarenta minutos porque en el fondo nos encanta sufrir —respondió Hanamaki con ironía —. Por supuesto que queremos saber qué anda mal, lelo. Habla, vamos.
Oikawa inhaló hasta que sus pulmones dolieron. Esperó unos segundos. Exhaló despacio.
—Fui rechazado.
Y ahí estaba. Todo el problema resumido en dos palabras. Matsukawa y Hanamaki se miraron incrédulos.
—Te rechazaron —se quiso asegurar Mattsun, porque no creía que fuera posible oír "Oikawa" y "rechazado" en la misma oración hasta ese momento.
—Eso mismo.
—¿Y quién fue la chica que te rechazó? —preguntó Hanamaki.
—No fue una chica.
—¿No... no fue una chica?
—Eso dije.
—¿Entonces quién?
—Iwa-chan.
Iwa-chan. ¿Iwa-chan?
—¿Iwa-chan? —tanteó Takahiro, su expresión combinando estupor y horror como nunca antes.
—No le digas Iwa-chan, yo le digo Iwa-chan.
—A ver, a ver, deja esas chiquilinadas —pidió Mattsun, negando con sus manos como si así pudiese hacer a un lado la información sobrante y quedarse únicamente con lo más jugoso —. ¿Iwaizumi? ¿Iwaizumi Hajime, el fan número uno de Godzilla que se la pasa diciendo que eres un capullo descerebrado y dándote golpes en la cabeza con los balones, ése Iwaizumi Hajime? —preguntó. Oikawa se encogió de hombros como si no hubiese nada más que decir —. ¿Estamos hablando de la misma persona, Oikawa?
—¡Por supuesto que estamos hablando de la misma persona, Mattsun! ¿¡Cuántos Iwa-chans conoces!?
—Tantos golpes en la cabeza le han dejado tonto, le dije a Iwaizumi que ésto pasaría —masculló Takahiro, negando con la cabeza como si realmente lamentara lo sucedido.
—Entonces te has confesado. Como en las novelas para chicas.
—Sí... no.
—¿Sí?
—No.
—¿Qué? —preguntó Mattsun, jalando la piel bajo sus ojos hacia abajo —. Habla claro, Oikawa, no podemos entender ni una palabra de lo que dices.
—¡Fue terrible!
—Joder —masculló Hanamaki, intentando no romper a reír —. ¿Tan mal ha salido?
—Pésimo. He... he montado una escena que no venía a cuento, ¿saben? Le he preguntado por qué... por qué —Oikawa hundió la cara en sus brazos, rojo de la vergüenza —... por qué tocaba a esas chicas que ni siquiera conoce en lugar de a mí.
Para asombro de Oikawa, ni Mattsun ni Makki comenzaron a reír después de su confesión.
—Coño, eso es peor que terrible.
—Ni siquiera sé cómo ha comenzado; en un momento estábamos hablando sobre que era un imbécil para cuidar de mis propias relaciones y al segundo siguiente, estaba diciendo un montón de chorradas a Iwa-chan sobre sexo, abandono e incluso le pregunté sobre una supuesta novia de la que, pensándolo mejor, sólo sabe su nombre. ¡Yo sabía que Iwa-chan apenas si sabía su horrible nombre! ¿¡Por qué soy así!? —Tooru bufó nuevamente, dejando escapar algo parecido a un hipido —. Por dios, cómo me dejaron llegar a ésto. Sabía que esa Nakahara no-sé-qué era sólo una compañera, la he visto al menos cien veces en los pasillos, me siento espantoso.
—Un momento, no nos culpes —se defendió Mattsun, alzando sus dos manos al aire.
—Es verdad; Sunny* y yo no te criamos para ésto, burro —secundó Hanamaki.
—Ustedes me dan escalofríos a veces, ¿qué es eso de Sunny? Ya se los he preguntado pero ninguno me lo explica.
—Vale, a ver —masculló el de cabellos rosados, juntando sus dos manos e ignorando la pregunta de su compañero con todo el descaro —. Francamente, lo que has hecho parece sacado de... no sé, novela mal narrada*, pero mira el lado bueno.
Oikawa giró apenas la cabeza para ver a sus amigos con un solo ojo.
—¿Y cuál sería?
—Es Iwaizumi —respondió, como si el argumento se explicara por sí solo —. Aunque me duela decir ésto, es el más maduro aquí. No va a dejar que lo sucedido arruine su amistad.
—¿Tú crees?
—Absolutamente. Pero será incómodo, al menos hasta que las cosas se acomoden de nuevo.
—Es una consecuencia lógica —secundó ésta vez Mattsun.
Xena: Warrior Princess
—Entonces... ¿no has pegado ojo anoche?
—No.
—¿Eso quiere decir que no nos juntaremos con Mobi a ver películas?
—Probablemente.
—Pero acaba de romper con su novia, Iwa; no le podemos dejar solo. Es un código de amigos o algo así —Yuki bufa bajito, cansado, porque lleva la mañana entera intentando entender qué es lo que pasa con Iwaizumi pero el chico parece una tumba, no dice nada. No va a negar que el asunto le desespera bastante.
—Ya. Tenemos la biblia del sexo seguro, la biblia de la sagrada alimentación*, y ahora me sales con ésta chorrada que parece sacada de la biblia de no sé, la noble amistad. Por favor, Yuki, Mobi va a estar bien.
—Hey, hey. La biblia de la sagrada alimentación es necesaria, especialmente para mí. Y aún no comprendo cuál es el punto de la biblia del sexo seguro si aquí nadie ha echado un polvo en su puta vida.
—Pero lo haremos algún día, ¿no? —responde Iwaizumi con desinterés, sacando de su bolsa un cuaderno, una pluma y una cajita pequeña de leche sabor cocoa que le pasa a su amigo con cuidado. Yuki mira la bebida con ojos brillantes y se adueña de la misma con ambas manos.
—Eso espero —masculla el rubio, peléandose con el papel que envuelve su pajilla —. Entonces... ¿vas a decirme qué es lo que pasó? Porque si piensas dejar a Mobi solo, espero que sea algo trascendente. Como mínimo.
Hajime bufa. Ve como Yuki consigue sacar la pajilla después de mil intentos, como clava la misma en la cajita, y como comienza a beber de ella con las mejillas rosas. Se dice a sí mismo que debe hablar de lo sucedido para comenzar a dar coherencia a sus pensamientos. O algo.
—Se me han confesado.
Yuki, que ha girado la silla para poder hablar cara a cara con él, se inclina en su dirección ansioso.
—¿Confesión? ¿Y quién ha sido? ¿Es una chica o un chico? —pregunta sin respirar. Iwaizumi pasa saliva en seco.
—Un chico.
—Woah. ¿Y es guapo? ¿Lo conozco? —comienza a beber de su cocoa nuevamente, pausando su acción sólo para agregar —. ¿Qué has respondido?
—Fue Oikawa. Y he dicho que... no.
Y ahí sucede. Iwaizumi casi puede escuchar el "crack" que genera su confesión a voces. El ambiente a su alrededor se vuelve pesado, viscoso, palpable, y es tan evidente que hasta alguien como Yuki (con todo lo que su persona abarca e implica) parece darse cuenta del cambio.
Nadie agrega nada por un par de segundos.
—¿Le gustas a Oikawa?
—Sí.
—¿Y le dijiste que no?
—Le dije que lo quiero, porque lo quiero, pero no me... gusta.
—¿De qué hablas? Oikawa sí te gusta.
Los dos chicos giraron la cabeza casi a la misma vez.
—¿Mobi? Creí que no ibas a venir.
—¡Moby-Dick*!
Mobi chasquea la lengua con el ceño ligeramente arrugado. Antes de tomar asiento junto a Iwaizumi, le da al rubio un golpe suave en la nuca con la palma de la mano.
—Tú —señala a Yuki con uno de sus dedos —, deja de mezclar mi nombre con el de una ballena gigante.
—La verdad deberías estar emocionado, he leído un libro en lugar de romperme un hueso o apolillar en el sofá.
Mobi e Iwaizumi pusieron los ojos en blanco.
—Seguro has leído sólo el nombre —Yuki parece querer protestar, pero el moreno se le adelanta —. Bien, a lo que iba, ¿por qué has rechazado a Oikawa?
—¿Porque no me gusta, quizás?
—Ya. Hablan todas las noches, se saludan antes de dormir, son la primer persona a la que mensajean cuando se levantan, se avisan mutuamente si salen, caminan juntos a la escuela, regresan juntos a casa; pero hey, no te gusta. Para nada.
Hajime presiona los labios hasta que los mismos se ponen blancos como la cal y desaparecen en una línea.
La verdad es que dicho así, sí suena bastante inusual. Hajime puede ser el hombre más necio del planeta cuando se lo propone, pero no es tan tonto como para hacer la vista gorda ante semejante obviedad. Luce... raro, indudablemente, o al menos hace a su argumento parecer poco convincente.
—Caminamos juntos porque vivimos en la misma calle.
—Ya. ¿Y lo demás?
—Vale, vale. Entendí. Es medio sospechoso.
—Medio si lo miras con un solo ojo —masculló el rubio con gracia. Iwaizumi posó su mirada en él con cara de perros.
—Estás a ésto —juntó sus dedos pulgar e índice hasta que los mismos casi se tocaron — de ir a comprar la chocolatada por tu cuenta cada mañana de aquí a la graduación.
—¡No! ¡No me obligues a ir hasta el konbini! —le suplicó. Iwaizumi compraba siempre algo de beber para Yuki (a veces también para Mobi) básicamente porque le quedaba de paso. Solía ir junto a Oikawa al mercado que quedaba cerca de las casas de ambos de camino a la escuela por hacer un favor a su amigo, porque Yuki debía hacer dos estaciones arriba de una formación plagada de gente la cual no perdía por ser rápido de pies y excesivamente delgado.
—Levantate antes y verás como puedes pasar por el konbini e incluso llegar a la escuela a una hora decente —respondió Hajime con ironía.
—¿Podemos regresar a lo que hablábamos? —pidió Mobi, aplaudiendo dos veces con las manos —. Tenemos que meter un poco de coherencia en la cabeza de Iwaizumi, preferentemente para éste siglo.
—Hey, mi cabeza está llena de coherencia.
—Bien, ¿entonces por qué eres así con Oikawa? ¿Cuál es el problema?
Hajime se mordió el labio. Podía decir qué era lo que rondaba por su cabeza en ese preciso momento, escupir su verdad, expiar la culpa, pedir una segunda opinión; pero tenía miedo. Miedo de escuchar que lo había arruinado completamente, miedo a comprobar que su relación con Oikawa estaba condenada, miedo a saber que ha perdido la posibilidad de dar un paso, cualquiera sea éste.
Inspiró hondo, exhaló suave e inspiró de nuevo, pero justo cuando iba a comenzar a hablar, a descargar lo que le pesaba en el pecho, la profesora ingresó al salón.
—Buenos días. Todos tomen asiento —pidió la mujer, dejando su bolso encima de la silla que le correspondía —. Tengo un anuncio que hacer así que por favor, escúchenme.
—Genial —Mobi palmó el hombro del rubio para que girara la silla en dirección a la pizarra —. Justo cuando parecía que ibas a comenzar a hablar.
—Supongo que quedará para después —respondió Hajime, dejando escapar un suspiro disimulado de alivio.
—Te lo juro, Iwaizumi, de ésta no te libras.
—Lo sé, lo sé —respondió, posando la mirada al frente —. ¿Tú cómo estás?
Mobi giró apenas la cabeza para espiar a su compañero de reojo, regresando la mirada a la mujer parada delante del salón un segundo después.
—Tengo ganas de levantarme en las mañanas, supongo que eso es mejor que estar echado en la cama comiendo helado o quedarme en casa mirando películas de la década del '90 enterrado mantas. Estuve a nada de ponerme a ver My Best Friend's Wedding, pero me contuve.
—Ya. Lo siento.
—¿Por qué? Esas cosas pasan, ella tenía que elegir. Y no me eligió a mí.
—Por eso lo siento.
—Va. Lo sé, por eso digo que no lo hagas. También ha sido mi culpa.
—He pedido que hicieran silencio —Iwaizumi regresó la mirada a su profesora cuando la susodicha habló nuevamente, cerrando la boca al momento. La mujer carraspeó —. Tenemos un alumno nuevo. Es de intercambio, viene de Escocia.
—¿Un alumno de intercambio? —Yuki se giró a ver a sus amigos con una ceja arqueada —. ¿Creen que sea una chica o un chico?
—Un chico —respondieron Mobi e Iwaizumi al unísono.
—Espero que sean amables. Sabe japonés, pero acostumbrarse a un lugar nuevo siempre es complicado de por sí —dicho aquello, acercó una de sus manos a sus labios para que sus palabras llegaran a los pasillos —. ¡Pasa!
Rizos, de un color avellana que era (dolorosamente) similar al de Oikawa, era lo único que Iwaizumi alcanzaba a ver desde su asiento. Caían como cascada, dejando apenas vislumbrar las facciones de quien, al parecer, sería su nuevo compañero.
—¿Una... chica?
—Es una chica —respondió Mobi casi al instante —. Una guapa.
La joven caminó hasta quedar parada delante del alumnado, al que dedicó una pequeña reverencia.
—Buenos días —saludó. Tenía un acento marcado (en verdad marcado) que hacía sonar bastante curioso su japonés —. Vengo de la ciudad de Glesga, que ustedes quizás conozcan como Glasgow, en Escocia, Reino Unido. Mi nombre es Sheena, espero llevarme bien con...
—¡Como la Princesa Guerrera Xena*!
Todos los ojos se posaron en Yuki, que se había girado a ver a sus amigos nuevamente para decir aquello. Mobi se hundió en la silla con las mejillas rojas de vergüenza e Iwaizumi, por su lado, se dio un golpe en la cara con la palma de la mano.
—Tú no acabas de hacer eso —masculló el yoga lover, asomando apenas sus ojos por encima de la línea de la mesa.
—Ha sido fabuloso, qué dices —respondió Iwaizumi, intentando aplacar las pequeñas carcajadas que escapaban de sus labios con ayuda de su mano —. Es un burro.
Pero para sorpresa de Yuki (e incluso de la profesora, también de sus dos amigos) la muchacha no se le queda mirando como si fuera un bicho raro, sino que se ríe, con carcajadas tan musicales, suaves e irreales que no sabe cómo reaccionar. Porque no puede ser verdad, no le puede estar pasando algo así a él.
La hice reír.
Yo.
Yo siendo yo.
Piensa. Y se agarra el pecho con una mano intentando retener la sensación cálida que se le ha clavado justo ahí, donde cree se halla su corazón.
Maravilloso.
La escocesa le da la espalda un momento, escribe en la pizarra "Sheena" (con "sh", no con "x") y entonces se gira de nuevo, con los ojos posados en Yuki.
—Es así. Las dos "e" de aquí suenan como una "i".
—Entonces no es con "x"... ah, qué decepción.
Green Light
—¿Cuánto ha pasado desde la confesión de Oikawa? —preguntó Mobi, pinchando un pedazo de hoja de lechuga de su ensalada. Tenían un pequeño receso para comer a las 12:30 AM del que Yuki no les dejaba pasar bajo ningún concepto, porque se había propuesto pesar más de cincuenta kilos para diciembre e iba a matar o morir para cumplir con ello. Tampoco es que fuera pretencioso, si alcanzaba los cincuenta con coma se daba por hecho.
—¿Mnh? Yo qué sé. ¿Como una semana? —respondió el rubio, peleándose con el paquete que envolvía su sandwich —. Hombre, no es mi día para lidiar con los paquetes éstos —lo agarró con los dientes, jalando la punta suavemente hacia afuera sin conseguir nada —. Ya es evidente.
—¿Una semana? Pues los dos deberían ir pensando en arreglar las cosas, ¿no crees? —pregunta. Y su compañero se encoje de hombros porque sabe (de alguna manera) que la lógica no aplica aquí.
—¿Y a mí qué me cuentas? Ninguno quiere dar el primer paso así que no se puede hacer nada. Estarán estancados ahí hasta no sé, el año de la pera —masculló, encogiéndose de hombros. Mobi arqueó suavemente las cejas, como si quisiera reírse pero se estuviese conteniendo, a lo que Yuki le apuntó con su sandwich —. Un momento, ¿qué planeas?
—Intervenir, por supuesto. Tenemos luz verde, es ahora o nunca —respondió Mobi, bebiendo después un poco de té —. Lamento que tengas que aguantar ésto, Sheena.
La escocesa, que había accedido a pasar el receso del mediodía con ellos luego de que Yuki se lo pidiera una decena de veces, se comió un arándano rojo antes de negar suavemente con la cabeza.
—Para nada, quiero dar una mano si está a mi alcance. Ya me comentaron más o menos de qué va el asunto.
Los ojos de Mobi se posaron en su compañero.
—Bueno, sí, es mi culpa. Pero cuántas más cabezas seamos para pensar en una idea, mejor —se excusó.
—Vale. Eso no lo puedo negar —respondió, comenzando a picar nuevamente de su ensalada para seguir comiendo.
—Genial, ¿qué tenías planeado entonces? —le preguntó, a lo que Mobi se encogió de hombros.
—Pues nada de nada, la verdad. ¿Y si nos juntamos después de la escuela? —les dijo, mirando sin querer como el rubio había comenzado de nuevo a intentar romper el papel con los dientes —. Para con eso, macho, es asqueroso.
—¡Pues soluciona mi problema en lugar de decir que es asqueroso! —chilló, sacudiendo su sandwich en el aire.
─Por mí, bien ─respondió la castaña, interrumpiendo la pequeña discusión de los dos chicos ─. Reunirnos después de la escuela, quiero decir. Por mí está bien.
Tanto Mobi como Yuki se le quedaron mirando en silencio, anonadados por un par de segundos. Finalmente, el rubio golpeó sus palmas.
─Pues no se diga más. Pueden venir ambos a mi casa, mamá estará fuera hasta la noche.
─Excelente, nos vamos juntos.
─¿Se puede saber a dónde van a ir juntos? ─los estudiantes levantaron la cabeza para dar con la mirada de Iwaizumi, que se hallaba de pie apenas a dos pasos de donde el grupo de amigos había decidido parar a comer ─. ¿Qué le van a hacer a Sheena, capullos?
─¿Qué? ¿¡Por quién nos tomas!? ─el de cabellos dorados se señaló a sí mismo con el dedo pulgar ─. Tengo la capacidad social de una baldosa, Iwa. Y Mobi acaba de romper con su novia, por favor.
Hajime arqueó suavemente una ceja.
─¿Eres consciente de que estás diciendo básicamente que eres un asco hablar con chicas? ─le preguntó, acomodándose en el suelo también para poder robar un arándano del bento de Sheena.
─Mira, no me culpes, hace cuarenta minutos que intento abrir mi jodido sandwich así que no puedo negar nada de ésa índole en éste momento ─. Masculló. La castaña le sacó la comida de las manos, rompiendo el paquete un segundo después al dar un suave jalón al mismo por las puntas. Mobi e Iwaizumi comenzaron a reír en voz baja.
─¡Salvado por Sheena: la princesa guerrera! ─exclamaron los chicos al unísono, a lo que Yuki se puso rojo de vergüenza.
─¡Ya basta! Son imposibles ─les dijo, posando después la mirada en la chica de reojo con las mejillas rosas ─. Uhm... muchas gracias ─masculló en un susurro, adueñándose del sandwich nuevamente con un movimiento suave de su mano.
─Por nada ─respondió ella, también con las mejillas ligeramente rosadas. Carraspeó un poco ─. Uhm... ¿Hajime? ─lo llamó; el ace levantó la mirada de golpe al oír su nombre en lugar del usual "Iwaizumi" al que estaba acostumbrado*.
─Dime, ehm... lo siento, dime, sí.
─Nos vamos a juntar en casa de Yuki ─explicó, buscando la mirada de su compañero para que le secundara.
─Es verdad, sí. Puse mi casa ─respondió el rubio, indicando después a la chica que podía seguir.
─Te nos puedes unir cuando acabes con el club. Dile a Tooru también, nos la vamos a pasar bien ─le propuso. Iwaizumi dejó caer su cabeza a un lado.
─Mnh... vale, iré. Pero compren algo para merendar al menos, no sean vagos.
─¡Es un hecho!
─Bueno, va siendo hora de regresar. En una hora salimos así que ─Mobi golpeó sus palmas dos veces ─... vámonos a los salones.
Iwaizumi se puso de pie, bufando un poco a causa del cansancio sumado al desgano. Les quedaba una hora, sesenta minutos, nada; pero después de haber pasado cinco horas encerrados en un salón, no tenía muchas ganas de seguir por la labor.
─¿Has comido algo, Iwa? ─le preguntó el rubio, sacudiéndose la suciedad de la ropa.
─Sí, comí con Mattsun. Parece que Oikawa comió con Makki ─Explicó. Los chicos se miraron. Sheena, por su lado, carraspeó un poco incómoda ─. ¿Qué?
─Nada ─se apuró a responder Mobi, dando una mano a la chica para que se pusiera de pie ─. Va a sonar la campana así que mejor nos vamos. Te vemos luego, Iwaizumi.
Hajime se les quedó mirando, incrédulo.
─Por dios, están cada día más raros. Lo siento por Sheena que ha acabado en me... un momento. ¡Capullos, que vamos al mismo salón! ¿¡Por qué me dejan aquí solo!?
Los chicos apuraron el paso, ignorando los berridos de su amigo al que habían dejado pagando en los jardínes.
─Ésto va a ser más jodido de lo que pensé ─confesó Mobi, ingresando al salón seguido de los demás. Iwaizumi llegó un par de minutos después, maldiciendo como un condenado.
─Los veo pegadísimos a Sheena, par de desgraciados ─luego de decir aquello, Iwaizumi ocupó su lugar junto a Mobi de mala gana ─. Ustedes sí que se encariñan rápido.
─Somos buenos compañeros ─se escudó el nominado, como si no hubiera más ciencia en sus acciones o las de su amigo que esa aparente amabilidad desinteresada.
─Yo no me he caído de un guindo así que me van a decir lo que planean o juro que los mato ─les amenazó. Cuando el rubio se giró a ver al ace con la cara hecha un cuadro (del miedo, probablemente), la castaña le golpeó con el pie por debajo de la mesa.
─¡Mierda, eso duele! ─se quejó, señalando después a la escocesa con aire acusador ─. ¡Tú, bruja! ¡Lo hiciste a propósito! ─le dijo. Mobi posó una mano encima de sus labios para no comenzar a reír como un loco allí mismo.
─No, cómo crees ─respondió ella.
─Bien hecho ─concedió el moreno moviendo sólo los labios, pues sabía que su amigo acabaría yéndose de boca como Iwaizumi siguiera presionando. Sheena, por su lado, se encogió suavemente de un hombro como si dijera "no es nada" antes de comenzar a disculparse en inglés, e Iwaizumi se pasó la mano por la cara.
─Ésto no se va a quedar así ─pronunció Hajime, a lo que su compañero le miró con una ceja arqueada.
─Karma.
Poco más de cuarenta minutos, una larga explicación sobre cómo resolver la ecuación de una parábola cúbica que, para asombro de todos, sólo Yuki pudo entender, y un par de ejercicios sobre el tema que nadie se molestó en resolver después, Iwaizumi se hallaba despidiendo a sus amigos con un par de (cariñosas) amenazas y la promesa de que los vería con Oikawa apenas acabara con el club.
─Vale, sí, nos vemos en mi casa.
─¡Y cuidado con lo que hacen! ─les dijo Hajime, comenzando a caminar de espaldas con dirección al gimnasio. Señaló a Sheena con uno de sus dedos ─. Los voy a hacer papilla como se pasen con ella.
─¡Todo bien, Iwaizumi! ─respondió el de largos cabellos oscuros, mirando como su compañero le saludaba con las dos manos al aire.
─¡Tranquilo, Iwa, Mobi no me dejará hacer nada estúpido!
─¡Ya, igual no cuento con ello! ─Y dicho aquello, Iwaizumi se giró a medias para mirar por dónde iba, dando la breve despedida por acabada ─. Los dos juntos no hacen una.
Cuando Hajime les dio la espalda, los chicos suspiraron de puro alivio.
─¿Tenías que darme un puntazo en la pierna? ¿En serio?
─Me pareces un poco bocón así que mejor prevenir ─respondió ella con gracia.
─La chica lleva razón ─secundó el moreno. La boca de Yuki dibujó una "O" comiquísima antes de señalar a su amigo con uno de sus dedos.
─¡Traición! ¡Y por una mujer, es TODO lo que el manual de la noble amistad dice que no debes hacer! ─masculla. Y Mobi rueda los ojos porque francamente no sabe cómo reaccionar o qué responder a semejante acusación.
─Bueno, no me puedes culpar por ponerme de su lado. Es guapa ─respondió, como si aquello solucionara el tema. Las mejillas de su compañero se pusieron rosas de coraje.
─¡Ya sé que es guapa! ¡No digas que es guapa! ─Sheena comenzó a reír suavemente ante su reacción, lo que provocó que su sonrojo empeorara.
─Mejor vámonos, antes de que acabes de cavar tu propia tumba ─bromeó el moreno, comenzando a caminar hacia la salida.
La escocesa jaló la manga del saco blanco de Yuki para que los siguiera, a lo que el susodicho comenzó a caminar con las manos escondidas en los bolsillos. Tenía el ceño tan arrugado que era casi cómico.
─Por favor, olvida que dije eso.
─Uhm... no, no quiero. Ha sido lindo, por decir algo.
─¿Me estás tomando el pelo o..? ─preguntó, inclinándose un poco hacia adelante dado que la muchacha se le había adelantado un par de pasos. En respuesta, ella le dedicó una mirada por encima del hombro.
─Puede que sí, puede que no ─respondió. Yuki cerró los ojos un poco, receloso.
─Eso no es... eso no responde... ogh, eres muy molesta, ¿sabías?
─Ya ─masculló la escocesa, intentando silenciar con su palma las pequeñas carcajadas que escapaban de sus labios ─, seguro no te agrado ni un poco, es evidente ─dijo con un deje de ironía en su voz.
─¡Sheena!
─Tenemos que ir a la estación, ¿no es verdad? ─interrumpió Mobi, obligando a los chicos a regresar la mirada al camino.
─Sí. Para ir a mi casa sí ─respondió el chico, buscando relajarse ─. Es un viaje rápido, pero cansa mucho.
─No pasa nada. ¿Pasamos por el mercado de camino? Para comprar algo para comer, que sino Iwaizumi nos va a matar.
─¿Podemos comprar algunos dulces japoneses? Los quiero probar ─secundó la chica jutando sus manos, bastante emocionada con la idea.
─Vale, vale. Pasemos por el mercado.
"Find what you love and let it kill you".
"Encuentra lo que amas y deja que te mate".
─La verdad es que no sé cómo no hemos intentado ésto antes.
─Porque jamás habíamos pensado en ello, supongo.
─¿Se pueden quedar quietos un momento?
─¡Eso duele!
─¡Se los dije! ─La castaña suspiró un poco, dando por acabada su labor en el cabello de ambos chicos ─. Ya. Se los deben dejar al menos una media hora o cuarenta minutos, luego se los sacan...
─¿Y vamos a tener la cabeza llena de rulos? ─preguntó el rubio, ridículamente emocionado ante la idea.
─Exactamente.
─Los ruleros me hacen parecer una anciana.
Los chicos habían llegado a la casa de Yuki cargando dos bolsas llenas de puros dulces. Muchos de ellos eran japonesas, comprados especialmente para la única mujer presente, pero también se habían gerenciado algunos panes de leche, pasteles de crema e incluso unas galletas senbei* con una capa de alga nori, porque al rubio le habían recordado a las lava cookies de su juego de Pokémon y cómo no las vamos a llevar, macho, si son iguales. Mobi se había puesto a preparar algo de té para acompañar la comida (él era quien generalmente se ocupaba de las infusiones) y Yuki había comenzado a arrojar algunos cojines al piso, justo delante del sillón doble, para que tuviesen un lugar amplio donde poder estar cómodos. Entonces sucedió. Yuki se había agachado para acomodar un almohadón cuando sus ojos dieron con la caja llena de accesorios para el cabello que su madre guardaba en el estante bajo la mesa ratona. Lo demás vino solo, pues el dueño de la casa comenzó a decir que lo tenían que intentar,a lo que Mobi no pudo negarse.
─¿Podemos hablar de Oikawa e Iwaizumi ahora? Porque se supone que para eso nos juntamos ─los presionó Mobi.
─Ya, es verdad, ¿alguna idea? ─respondió su amigo, rompiendo el papel de un chocolate meronpan que después le pasó a Sheena. Las mejillas de la susodicha se pusieron un poco rosadas ante el gesto, que no esperaba ─. Es pan de melón. La verdad, no sé porqué se llama así porque no sabe a melón, es de chocolate. Pero si no te gusta, dámelo, yo me lo comeré.
─Se llama meronpan por la forma, porque se parece a un melón ─explicó rápidamente el moreno, para después negar suavemente con la cabeza ─. Ninguna idea. ¿Y si los encerramos en el armario de las escobas?
─Hajime's going to escape ─respondió la escocesa antes de dar un bocado a su dulce ─. Mnh... ¡está bueno!
─¿Qué dijo? ─le preguntó Yuki a Mobi algo confundido; mas cuando escuchó lo siguiente dicho por la chica, giró la cabeza rápidamente ─. También tenemos taiyaki* de pasta de judías dulces, puedes probar lo que quieras.
─Mnh... dijo que Iwaizumi se va a escapar. Asumo que a los golpes ─respondió el moreno, limpiándose la comisura de los labios con su dedo pulgar. Estaba comiendo un pan de leche relleno con chocolate, por supuesto ─. La verdad, me parece que lleva razón.
─Bueno, es un animal cuando le sacas de las casillas. Y es probable que ésto le saque mucho de las casillas ─se quedó en silencio un momento, pensando en las consecuencias de lo que planeaban ─. Por dios, nos va a matar.
─Ehm... sí, seguramente, así que hagamos que valga la pena ─respondió Mobi, antes de tomar su vaso de té. Bebió un poco, miró a ambos chicos ─. ¿Y bien? Más ideas, vamos.
─¿Y si organizamos una salida para ellos? ─propuso Sheena, a lo que el rubio se inclinó en su dirección con una ceja arqueada.
─No van a querer, muñeca. Cuando les digamos que les planeamos una salida para que solucionen sus mierdas, Iwa nos va a comer vivos ─le dijo. La castaña arrugó suavemente el ceño con cinismo, acercándose también un poco hacia él antes de hablar.
─Nope, because we're going to lie, babe ─al ver la cara de confusión del rubio, puso los ojos en blanco, bufó bajo y se alejó de nuevo ─. Los vamos a engañar. Les diremos que iremos todos, pero en realidad irán solo ellos ─. Explicó. Mobi negó suavemente con la cabeza, sus comisuras jalando de sus labios para dibujar en los mismos una sonrisa.
─Mira que eres mala, princesa. Es una idea excelente ─Sheena levantó uno de sus hombros, con una mueca cargada de orgullo dibujada en sus labios. Entonces, el muchacho agregó ─. Aún así, alguien va a tener que ir a espiar.
─¿Qué? ─preguntó su amigo, arqueando nuevamente una de sus cejas.
─Pues lo que escuchaste. Tenemos que asegurarnos de que va a salir bien o intervenir si la lían, uno va a tener que ir, dos si queremos ser convincentes. ¿Por qué no salen? ─preguntó. Los chicos se miraron.
─¿Hah? ¿Por qué ella? ¿Por qué YO? ─respondió con las mejillas ligeramente rosadas ─. Nos vamos a matar, es un hecho.
─A ver, la propongo a ella porque es la persona que Oikawa e Iwaizumi menos conocen. Con un maquillaje potente, va a pasar desapercibida. Ahora, pienso que se encargaría bien de ello sola si pudiese, pero te recuerdo que no conoce Japón aún,así que necesita a alguien que la guíe. Tú.
─Eso no responde por qué debo ir. ¿Por qué no vas tú en mi lugar, uh? ─masculló avergonzado, encogiéndose un poco en el lugar.
─Porque alguien debe montar una buena excusa si Iwaizumi empieza a sospechar ─explicó rápidamente ─. Y no quiero ser el malo de la película, pero apestas para mentir ─luego de decir aquello, bufó un poco observando de reojo como Sheena se echaba suavemente en el suelo junto al sillón, medio adormilada ─. Es un supuesto, no sé si sea buena idea o no...
─Ya, como sea, nos haremos problema cuando llegue el momento; ¿ahora nos podemos sacar éstas cosas del cabello? ─preguntó, mas cuando posó sus ojos en la escocesa, se dio cuenta de que se había quedado dormida ─. Pero... ¿qué?
─Es el jet lag*. Tenemos como ocho horas de diferencia, no va a acostumbrarse de la noche a la mañana...
─Se va a enfermar, joder ─masculló el rubio, poniéndose de pie para ir a buscar una manta.
─¿Estás preocupado? ─preguntó Mobi, arrojando los ruleros al piso a medida que conseguía sacárselos. Como su compañero hacía lo mismo (peor, en realidad, pues se hallaba caminando por la sala) supuso que daba igual.
─Un poco. Como cualquiera ─respondió casual, echándole la manta por encima suavemente a la muchacha antes de ir a por un espejo de mano ─. Woah... Mobi, parezco...
─Pero mira nada más, si son ricitos de oro y la madrastra de Rapunzel.
Los chicos posaron la mirada en el umbral, donde Iwaizumi se hallaba de pie, curiosamente, solo, sin su mejor amigo.
─¿Dónde está Oikawa?
─¿Por qué tengo que ser la vieja fea?
─¿Esa de ahí es Sheena? ─Hajime pasó olímpicamente de las preguntas de sus amigos, señalando a la susodicha que se hallaba dormida justo al lado de Yuki ─. Díganme que no tengo que llamar a la policía porque no sé cómo les voy a explicar que han dejado inconsciente a una chica mientras se rizaban el pelo como las mujeres de antaño.
─¡Nada de eso! Mobi dice que es el jet lag ─Explicó el dueño de casa, rebuscando en las cosas de su madre por una coleta para el pelo ─. Los dos creímos que lo mejor era dejar que descansara ─confesó, sentándose junto a la muchacha. Con sus dedos, le sacó algunos mechones de cabello de la cara.
─Ya ─Hajime arrojó sus cosas al piso ─. ¿Qué compraron para comer?
─Rebusca en la bolsa ─respondió Mobi, apuntando hacia la mesa ─. Sobraron muchísimos dulces.
─Gracias.
Iwaizumi se adueñó de la bolsa sin más, cargando con la misma hasta que se dejó caer junto al rubio. Sacó un caramelo meronpan. Rompió el papel.
─Va a irse en seis meses. Lo sabes, ¿no? ─le preguntó, dando después una pequeña mordida al dulce.
─No nos dijiste dónde está Oikawa ─respondió, sacando la mirada de la chica para posar la misma en Hajime.
─Se excusó, así que asumo que no quiso venir. Lo respeto, la verdad, no lo puedo obligar a estar conmigo si no quiere.
─¿Tú estás bien con eso? ─preguntó, levantándose el cabello en una coleta simple, aplastando los rulos.
─Tampoco me has respondido.
─Pues lo sé; igual no sé a qué viene ese comentario.
Iwaizumi se encogió de hombros.
─Precaución.
─Ya. ¿Me vas a responder o..?
─Es que... no lo sé; no sé cómo estar, tampoco sé poner un nombre a lo que siento. Simplemente ─se encogió de hombros nuevamente ─... eso, que no lo sé.
─Bueno, si quieres una segunda opinión, parece que hace una semana que no duermes. Es como si no pudieses... ser tú sin Oikawa cerca. Francamente, luces fatal.
─Gracias ─respondió el ace con ironía.
─Iwaizumi ─lo llamó el rubio, acomodando con cuidado la manta que había colocado encima de Sheena ─, si la persona a la que quieres, a la que quieres de verdad, es Oikawa, no pongas excusas. Es decir, no vas a llegar a ningún lado con ésto, ¿sabes? Sólo prolongas el mal momento, el disgusto. Te haces daño. Y le haces daño a Oikawa, lo que creo que es aún peor desde tu punto de vista ─la mirada del muchacho buscó la de su compañero.
─Y... ¿qué dices que debo hacer? ─preguntó. Yuki se encogió de hombros.
─Encuentra lo que amas y deja que te mate*. ─respondió. Hajime se quedó en silencio, mirando a la nada. Un par de segundos después, habló.
─¿Seguimos hablando de mí?
─Eso creo... ¿estarás ocupado la próxima semana?
Glosario (en el orden en que van apareciendo las palabras, obviamente):
*Sunny: El apodo que Makki usa con Mattsun es una referencia al capítulo 17 de Confeti Rosa.
*Novela mal narrada: Ésta soy yo intentando reírme del bajón de nivel que he tenido al hacer el primer capítulo. Nada especial.
*La biblia del sexo seguro y la biblia de la sagrada alimentación: Es una referencia al capítulo 18 de Confeti Rosa.
*Moby-Dick: Ésta me parece una referencia innecesaria pero necesaria a la vez así que aquí está. Moby-Dick es una novela del escritor Herman Melville, que fue publicada en 1851. Narra básicamente la travesía del barco ballenero Pequod, comandado por el capitán Ahab, en la persecución (obsesiva y autodestructiva) de un gran cachalote blanco (una ballena enorme, vamos). Yuki hace un juego de palabras, relacionando el nombre de Mobi con el de la ballena.
*Xena: la princesa guerrera: Es una serie de televisión de culto originalmente emitida entre el 15 de septiembre de 1995 y el 18 de junio de 2001. La serie, ambientada en la Antigua Grecia, narra las aventuras de Xena (Lucy Lawless) y Gabrielle (Renée O'Connor), dos guerreras, inseparables amigas que luchan contra las injusticias de la época.
*Hajime en lugar de Iwaizumi: Ésto es, en realidad, bastante tonto. Es un pequeño contraste entre la cultura de Sheena (europea, occidental) y la de los chicos (japoneses, orientales). Sheena acostumbra llamar a las personas por su nombre de pila sin que ésto signifique nada especial, los chicos no.
*Los senbei: Son crackers japoneses hechos de arroz. Vienen en diversas formas, tamaños y sabores, siendo habitualmente salados aunque a veces dulces. Los senbei se toman a menudo con té verde como aperitivo informal y se ofrecen a las visitas como cortesía.
*Taiyaki: Es un pastel japonés con forma de pez. El relleno más frecuente es la pasta de judías dulces, pero también pueden venir con crema pastelera, chocolate o queso.
*Jet lag: También conocido como síndrome transocéanico o síndrome de los husos horarios, es un desequilibrio producido entre el reloj interno de una persona (que marca los periodos de sueño y vigilia) y el nuevo horario que se establece al viajar a largas distancias, a través de varias regiones horarias.
*Encuentra lo que amas y deja que te mate: Pequeño fragmento de Falsamente Tuyo, de Charles Bukowski.
