Cool Kids
I wish that I could be like the cool kids. 'Cause all the cool kids, they seem to fit in.
—'cause I remember that I like you, no matter what I found.*
Honestamente, la razón por la que él, Oikawa Tooru, está ahora mismo en un karaoke bebiendo con la cabeza aplastada encima de la mesa es bastante menos emocionante de lo que imaginan, pero supone que está bien comenzar diciendo que la está pasando realmente fatal, o que precisa desahogarse en un lugar donde, por una vez en la vida, no le haga daño a nadie.
Por supuesto, no es él quien está cantando sino Sheena, que parece ser la única con ganas de expresarse porque a Mobi la excesiva exposición pública le saca ronchas y él es un alérgico recientemente declarado a vivir así, en general. No le molesta el ambiente. Tampoco estar con Sheena o con Mobi, a quienes a decir verdad, apenas conoce. Lo que le molesta son... las circunstancias. Le molesta que, por no ser capaz de mantener la boca cerrada, su amistad con Hajime se esté yendo por el caño. Le molesta no ser capaz de cambiar nada de lo que le pasa, tener que conformarse con ver cómo una de las cosas más valiosas que posee se le escurre de las manos como agua. También le molesta que Hajime hable de salir, de estar con él como si fuese lo peor que le pudiese pasar en la vida. Porque eso es lo que piensa de lo sucedido ahora, después de pasar dos semanas repasando el asunto a solas.
Te quiero, sí, pero ni de coña.
Lo está malentendiendo, cambiando las palabras a su gusto para que suenen como (su inseguridad de mierda) quiere, pero cuanto más pasa a solas redundando en ello, más cree que sus propios pensamientos corroen su vínculo con Iwaizumi. Y debe parar, debe parar ahora mismo, por eso respondió que sí cuando los dos chicos le dijeron que podía salir con ellos esa noche, porque al parecer Hajime iba a tener una conversación de esas con Yuki (en verdad espera no ser el único al que aquello le suena descabellado) y no, no planeaba quedarse solo como un imbécil. Pero nada es tan bueno como parece y por momentos se arrepiente de haber accedido, porque ahí no puede descargar realmente nada de lo que le pasa; lo único que puede hacer es beber, esperando que el alcohol le pegue tan duro que no pueda ni pronunciar su propio nombre... o el de Hajime.
Hajime.
Comienza a pensar que tomar no sirve de nada, que lo único que hace es incrementar la sensación de vacío que le consume por dentro.
—Tooru, ¿estás bien?
Reconoce la voz al momento, a pesar de que apenas la ha escuchado antes, y la culpa le revuelve el estómago cuando siente una mano posarse en sus cabellos. Ha hecho que Sheena se preocupe, y sabe que no es la única: también se ha dado cuenta de que Mobi le está mirando por encima de su vaso de cerveza desde que llegaron. Los dos han estado pendientes de él desde que empezó la noche, y Oikawa cree que no lo merece, que no los merece, que son demasiado buenos y demasiado condescendientes para él y sus demonios, que los acabará haciendo pedazos como a todo lo demás.
—¿Tooru?
—Me parece que no nos está escuchando —masculló el moreno, que al parecer se había dignado a acercar su silla a la mesa para unirse a la conversación.
Oikawa bufa desganado, porque se carga un humor asqueroso pero no lo quiere pagar con ninguno de ellos.
—Me siento como Luke cuando se enteró que Anakin era su padre.
—Pues... en resumidas cuentas, te sientes dolido y confundido. Aunque "como la mierda" también funciona —respondió la escocesa, acuclillándose a su lado. Oikawa arqueó una de sus cejas y levantó la cabeza para mirarla.
—¿Entendiste la referencia? —preguntó. La chica se puso de pie como si lo dicho le ofendiera de algún modo.
—Por supuesto.
—Sin precedentes —respondió el yoga lover. Bebió un poco de su vaso y agregó —, pero dejando eso de lado; nos hemos comido una noche de espanto esperando que eso te animara un poco así que pon algo de... ya sabes, voluntad.
—Ya comprendo porqué dijiste que la "princesa de la nieve"* había perdido las bragas con ella —masculló. Sheena iba a preguntar de qué demonios hablaban pero Oikawa se le adelantó, dejando escapar un largo suspiro antes de seguir hablando —. Lo siento, ¿vale? Lo siento. Me estoy comiendo la cabeza con ésto, no puedo dejar de pensar en ello y de... imaginar cosas. Voy a acabar enloqueciendo, se los juro.
Los chicos se miraron un momento, visiblemente consternados.
—¿Qué les parece si hacemos una ronda de tequilas?
El primero en romper el silencio fue Mobi.
—Venga. Yo puedo cantar algo para animarnos, me sé una o dos canciones para despechados.
Sheena.
—¡No estoy despechado! —respondió Oikawa avergonzado.
—Eso es lo de menos, dummy —dijo la chica con gracia, y levantó un dedo para que Mobi le prestara atención —. Pide dos rondas y de ahí seguimos. Yo pago.
—En yenes, ¿verdad? Porque nos van a echar a patadas si les damos euros —masculló el moreno a modo de broma. Sheena rodó los ojos sin poder esconder una sonrisa.
—Todavía no estoy tan borracha como para confundirme los euros con los yenes, pero gracias por la preocupación —responde con ironía —¡Pide algo de sal y limón!
Miss Missing you.
The person that you'd take a bullet for is behind the trigger.
Hajime sabía que esa noche le esperaba una conversación jodida. Su amigo no se lo había dicho directamente, pero no habían muchos temas que no pudiesen mencionar delante de Mobi o los demás: iban a hablar de Oikawa, y le asunto le gustaba cada vez menos.
—¿Bebes alcohol, Iwa?
La pregunta del rubio le saca de sus pensamientos, y Hajime suena un poco descolocado cuando responde.
—Ahm... sí, supongo que está bien —dice. Y suena seco, alarmado, como si el chico que está yendo y viniendo de la cocina a la sala representara una amenaza. Está perdiendo los papeles, y sabe que no puede seguir así porque es ridículo. Tener miedo de decir lo que le pasa, con quién le pasa, por qué le pasa.
—Ten, es un Tom Collins* con gaseosa de limón porque con soda me parece espantoso.
Lo siguiente que Iwaizumi ve es un vaso Collins* con algo que, a simple vista, parece agua con hielo y una rodaja de limón. Lo huele un poco y arruga ligeramente el ceño. Sabe poco de bebidas alcohólicas, ahora se da cuenta de ello, y le pasma la facilidad con la que su compañero parece manejarse en ése ámbito. Va a ponerse a leer sobre el tema por internet apenas se escaquee de aquella conversación. Se conforma con no volver a confundir el agua con lo que sea que está a punto de tomar. Carraspea.
—Ehm... ¿y de qué quieres hablar, uh? —pregunta, porque realmente espera estar equivocado. Espera que no hablen de Oikawa, sino de alguna cosa completamente ajena a su persona; espera que su amigo esté allí para pedir una segunda opinión sobre lo que sea que le pueda picar a alguien como él y no para darle el sermón del siglo.
Un bowl lleno a rebalsar de patatas le saca bruscamente de sus pensamientos. Son caseras, no de las de bolsa y ésta noche va a tener algo bueno, joder.
—¿Me lo preguntas en serio?
Caraaajo.
—Por favor, Iwaizumi. Sabes de qué quiero hablar, no me vengas con esas.
La esperanza es lo último que se pierde, capullo, qué quieres que haga.
—Ya. ¿Por qué quieres hablar de nuevo sobre Oikawa? Pensé que el asunto había quedado zanjado la vez pasada —masculla, y se plantea seriamente beberse el vaso entero de un tirón para ver si le da un coma o algo. Finalmente, se decanta por un puñado de patatas.
—Porque entonces estaban Mobi y Sheena y seamos honestos, no pudimos ahondar mucho en el problema.
Hajime quiere decir que ya ha tenido bastante, que está hasta los cojones del tema, vamos; pero el rubio parece genuinamente preocupado por su bienestar así que en lugar de eso, decide probar su Tom Collins de limón y mantener la boca cerrada.
—Te quiero ayudar, Iwaizumi. Pero para eso, debo entender en qué demonios estás pensando.
—Mnhm —el alcohol le quema la garganta cuando lo pasa —... escucha, agradezco mucho lo que haces, de verdad, pero no creo que sea bueno que haya tantas... personas involucradas en ésto.
—¿Vas a decirme que lo puedes solucionar tú mismo? Porque te recuerdo que llevas semanas así y no parece que vaya a acabar pronto.
Hajime lo mira, sopesando sus palabras en silencio. Muerde una patata. Su cara de poker inmutable.
—Suena peor si eres tú el que lo dice.
—¿Hah?
—Mira, vas a disculparme pero —se acaba la dichosa patata de un mordisco y levanta ambos brazos al aire —... ¡no has hecho funcionar una relación en tu puta vida! —le acusó —. Yo puedo estar meses con ésto, vale, pero al menos tengo una posibilidad y eso es más de lo que tú puedes decir.
—¿Estás diciendo que mi opinión es menos válida porque no he tenido una relación estable antes? —pregunta, porque realmente no puede CREER que el moreno esté usando como defensa un planteo tan estúpido.
—Pues sí.
—Por un demonio, Iwaizumi, no estás haciendo ésto.
A Hajime le toma cinco segundos más de lo reglamentado darse cuenta de que ha dicho una gilipollez descomunal.
—Por dios —masculla, y se agarra la cabeza para no intentar desnucarse allí mismo de la vergüenza —. Lo siento... lo siento, Yuki, no quise... tu opinión es tan válida como la de cualquiera, de verdad, es solo que estoy muy saturado y... ya sabes.
—Ya —respondió el chico, rodeando su vaso con ambas manos —. Voy a hacer como que no dijiste eso.
—Gracias.
—¿Entonces qué vas a hacer, uh?
—Hah... y yo qué carajos voy a saber.
—Sé que te he preguntado ésto antes, pero... ¿Oikawa te gusta? Quiero decir, ¿ha cambiado algo desde que lo hablamos esa vez?
Hajime se encoge de hombros, porque ha pensado en ello como loco y cree haber llegado a una respuesta.
—Estoy asustado —masculla, sin más.
Y la verdad es que al rubio le cuesta un poco creer lo que su amigo dice. Las palabras golpean sus oídos apenas una milésima de segundo después de ser pronunciadas, y se le antojan irreales e irónicas básicamente porque Hajime no luce asustado en lo absoluto; está apoyado sobre el desayunador (que están usando como barra improvisada) con las manos juntas, la espalda ancha y la misma mirada dura de siempre. Y ya. Nada raro ni fuera de lo normal, no hay signos de debilidad ni miedo en su voz.
Se le escapa una carcajada incómoda, de esas que le salen cuando se siente fuera de su elemento.
—¿Asustado? Venga ya.
—No estoy bromeando.
—Lo siento, es solo que —mueve su cabeza para ambos lados, nervioso —... no me esperaba que dijeras eso —masculla, y se lleva un buen puñado de patatas a los labios. Iwaizumi apenas puede entender el "¿por qué?" que pronuncia después con la boca llena.
—Porque hay... mucho en juego, supongo —responde, encogiéndose de hombros —. ¿Qué pasa si sale mal, eh? Conozco a Oikawa desde antes incluso de saber hablar.
—Entonces temes que las cosas se arruinen.
—Yo no doy pasos a ciegas. Y ésto requiere precisamente eso, arrojarme de cabeza a la piscina esperando dar con agua y no con cemento.
—Y no estás listo —dedujo en voz baja. Hajime suspiró.
—No estoy listo para arriesgar lo que tengo con Oikawa por una corazonada —completó.
—Pero... ¡Iwa!
Yuki levantó ambas manos en el aire e Iwaizumi tuvo que atajar los vasos para que no se fueran a tomar por culo.
—¡Para, capullo!
—Ánimos, viejo. ¡Es bien sabido que el que no arriesga, no gana!
—¿¡Y ahora de qué coño estás hablando!? —preguntó. Su compañero golpeó el desayunador con la palma de la mano y se puso de pie, usando la banqueta de suplemento para no parecer tan bajo.
—Sal conmigo y los demás mañana viernes. Oikawa va a venir, va a ser bueno para ambos —respondió. Iwaizumi no imaginaba lo intenso que podía ser su compañero hasta... bueno, ese momento —. Si sabes lo que piensa y lo que siente cuando están juntos, tomar una decisión va a ser mucho más sencillo.
Hajime se alejó un palmo y arqueó una ceja.
—Ahora me asusta lo sabio que suenas, ¿es el alcohol lo que te hace más listo o las patatas?
—Estoy hablando EN SERIO.
—¡Ya! —responde, sacudiendo un poco sus manos —. Lo sé, que no he nacido ayer —Guarda silencio un momento. Se pasa la lengua por los labios —. ¿Va a ir Sheena?
La pregunta parece descolocar al rubio y en consecuencia, su equilibrio se rompe. Iwaizumi se da cuenta de ello al momento; lo nota en sus movimientos, en sus pómulos ligeramente rosados y en la forma en que han comenzado a sacudirse sus manos. Ha dado sin querer (¿o a propósito?) en un punto sensible y su compostura se acaba de hacer pedazos.
—¿Hay algo que quieras decirme? Para eso tenemos éste adorable grupo de autoayuda, ¿no? —le pregunta. La palabra "adorable" en labios del Ace del Seijoh sabe a venganza.
—No. Estoy bien —responde el chico al momento; pero un soplido inesperado de Hajime basta para que pierda el equilibrio por completo y se vaya de cara al suelo.
—Sí. Bien jodido —le dice con ironía, apoyando el mentón sobre su mano. La mueca arrogante que dibuja en sus labios un segundo después le provoca al rubio un pinchazo irracional de enojo.
—Como si tú estuvieras mejor —responde. Cuando Hajime regresa a su semblante arrugado de siempre, él se anota un punto a favor en su cabeza —. Además, no veo qué es lo gracioso —agrega, sentándose en el piso —. Jamás nos podemos poner de acuerdo en nada, peleamos por cualquier cosa, me toma el pelo —enumera, levantando uno de sus largos dedos por cada punto que menciona —... somos opuestos totalmente.
—Pues yo no creo eso. Es verdad que se pelean mucho, pero la verdad es que son muy parecidos —responde Iwaizumi, que no ve venir la bomba hasta que su amigo baja la cabeza y para entonces, ya no hay nada que pueda hacer.
—Supongo, pero... ¿qué más da? Igual no tengo ninguna posibilidad con alguien como ella. Me quiero ahorrar... ya sabes, todo.
La expresión de Hajime se resquebraja, porque ahora comprende lo que su amigo se ha estado guardando desde que Sheena llegó (no, seguro viene cargando con ello desde mucho antes que eso) y es horriblemente doloroso.
—Coño, imbécil, no digas eso...
—Estoy diciendo la verdad. Estoy rodeado de chicos que son mucho más guapos que yo; o al menos no pesan menos de cincuenta kilos, que ya es mucho decir. ¿Por qué cualquier persona en éste mundo me escogería a mí por encima de chicos como tú, Mobi u Oikawa?
—Porque eres grandioso. Y a veces haces y dices muchas gilipolleces pero eres el chico más majo que conozco —Iwaizumi se gira para poder mirar a su compañero a los ojos, porque es malísimo para éstas cosas pero lo está intentando con todas sus ganas y espera que eso compense el hecho de que está diciendo más palabrotas que cumplidos —. Y eres bien parecido, jodido cara de culo. Haces chistes de mierda, vale, todos tenemos alguna cosa mala; pero eres bueno con las labores de la casa, eres un puto genio en la universidad y te preocupas hasta por los capullos como Oikawa. Si el único inconveniente es que pesas menos de cincuenta putos kilos, el problema es de ellos y no tuyo.
Está intentando no llorar con todas sus ganas, de verdad que lo está intentando; pero a duras penas puede disimular que está moqueando como un niño con las rodillas raspadas y para colmo, los ojos le escuecen como los mil demonios. No sabe qué ha hecho para merecer a un amigo como Iwaizumi pero está agradecido.
—No puedes decir que soy bien parecido y luego llamarme cara de culo, Iwa.
—Me está por reventar la yugular de los putos nervios así que no abuses.
Hajime agradece que el rubio rompa a reír justo después de eso; porque quiere decir que se siente aunque sea un poco mejor y que su discurso (a pesar de haber sido una reverendísima mierda) ha servido de algo. Finalmente, suspira aliviado.
—Entonces —comienza. Se pone de pie y se acerca en su dirección. Roba un par de patatas del bowl y usa una de ellas para picar al moreno justo en la mejilla —... ¿vas a venir mañana?
—Ya qué.
Dear Future Husband
—¿Cuándo dijeron Mierdakawa y los demás que iban a regresar a casa?
—No lo sé, pero son casi las doce de la noche así que espero que sea pronto —respondió el rubio, pasando el dedo por el bowl (ahora vacío) en pos de juntar la sal que había quedado asentada en el fondo —. Porque se nos acabaron las patatas hace horas y ya no tengo con qué matar el aburrimiento.
—¿Comes cuando te aburres? —preguntó Iwaizumi. Para él, hacer comidas fuera de hora era algo impensado si quería mantener su buen rendimiento en la cancha.
—¡Por supuesto! —respondió y se señaló a sí mismo con ambas manos —¿Puedes creer que a pesar de eso no engordo un mísero gramo? Ya no sé qué hacer, hombre. Comenzaré a desayunar un caballo con un vaso de leche entera en lugar de cereales o galletas.
—Ya. Igual sabes que me parece una pésima idea, ¿no? Porque está muy bien que quieras engordar y toda la cháchara, pero igual deberías comer san-
Hajime se queda callado de golpe cuando escucha a alguien llamando desde el jardín delantero.
—Me ha sonado como a Mobi.
—Sí —secunda el moreno, posando ambas manos sobre sus oídos —. Y ese que canta como si tuviera un silbato atorado en la garganta es Oikawa —sigue. Por la cara que ha puesto, Yuki supone que va a acabar apuñalando al armador con una cuchara como no se calle pronto. Considera que lo mejor es ir a ver a qué se debe el escándalo así que se pone de pie y se asoma a husmear el jardín delantero —. Uhm... ¿por qué Oikawa está berreado como un burro?
Sheena (que mantenía al chico de pie con ayuda de Mobi) suspiró.
—¿Sabes lo que nos costó que cambiara el sad and depressed mood* y dejara de aplastar el culo en la silla del karaoke?
—Te lo digo yo: quince chupitos de tequila. Sheena y yo creemos que es la dósis necesaria para mandar a dormir a un oso —masculló Mobi. Su compañero arqueó una ceja, incrédulo.
—Comprendo que estaba con los ánimos por el suelo pero, ¿no se les ocurrió nada mejor que hacer ADEMÁS de que se beba el mar Egeo* en tequila?
Mobi puso los ojos en blanco ante los reproches.
—Mira, me parece fabuloso lo que dices así que la próxima vez, lidia tú con Oikawa y sus problemas conyugales con Iwaizumi porque yo estoy hasta los —presiona los labios y niega con la cabeza —... agradece que está Sheena aquí y por respeto a ella, no pienso decir la palabra con "C".
—Hey, yo me quedé con Iwa —respondió, apuntándole con un dedo que acabó bajando al segundo —. Y gracias, supongo.
—Ay, por favor. Lo dices como si Iwaizumi con problemas amorosos fuese peor que Oikawa con problemas amorosos —renegó. Puso nuevamente los ojos en blanco —. ¿Y por qué me agradeces?
—Pues porque dijiste que no ibas a decir la palabra fea con "C" porque Sheena está-
—Por Buda, ¿nos vas a dejar pasar para éste siglo? Porque como Oikawa siga entonando a Meghan Trainor aquí, te vas a tener que mudar de vecindario.
—Oh, ehm... sí, pasen —responde el rubio, y se hace a un lado antes de agregar —. ¿Por qué lo dejaron beber tanto?
—Te lo dijimos, no cambiaba la cara y ya no sabíamos qué hacer —Masculló Mobi. Se cargó el peso de Oikawa al hombro para liberar a su compañera y entonces se adelantó —. Permiso a la dueña de casa —canturreó.
—Ja, ja, muy gracioso.
Sheena se acercó al rubio con la mirada clavada en el armador del Seijoh. Lucía cansada, muy seguramente por no estar acostumbrada a lidiar con los arranques imprevisibles de Oikawa.
—¿Cómo estás? —dice, al cabo de unos segundos. Yuki se tensa al oír su voz.
—¿Yo? —balbucea; no se esperaba la pregunta —. Ehm... bien. He hablado con Iwa y accedió a salir mañana así que ya está, todo listo. ¿Tú cómo estás?
Pregunta de regreso, y la chica le va a responder pero Iwaizumi se para de repente y las palabras mueren en su garganta. En dos zancadas, el moreno ya está delante de Oikawa y los demás esperan lo peor.
—Lo va a asesinar.
Sheena.
—Está bien, tengo el número de la policía en marcación rápida desde que los conozco.
Mobi.
—Mira, pedazo de capullo con voz chillona. Como no dejes de entonar esa canción de mierda, te juro que-
Lo siguiente que sucede descoloca tanto a Iwaizumi que Mobi y Sheena deben llevarse una mano a los labios para no romper a reír.
—Dear future husband, here's a few things you need to know if you want to be my one and only, all my life.*
Tooru da un paso en dirección a su mejor amigo, borracho como una cuba, y Hajime lo rechaza al instante como un pequeño animal indefenso y asustado. Sheena, que se ha pegado al costado de Yuki para poder ahogar las carcajadas en su hombro, lo jala en su dirección y le dice al oído que saque el móvil porque ésto lo tenemos que grabar, c'mon, hurry.
—Hey... Oikawa —lo llama. Jamás en su vida lo va a dejar probar el alcohol de nuevo, hace una nota mental con luces de neón y la archiva en su cabeza.
—Iwa-chaaan —responde. Se ríe también. No es consciente de nada.
—Gilipollas, no estoy bromeando. Estás totalmente ido, no sabes beber y mucho menos cantar.
—Estoy... estoy bien. Hay algunas cosas que quiero decir desde hace mucho y nunca puedo, nunca me animo. Se acabó —respondió y puso morros —. Y canto hermoso, Iwa-chan, qué dices.
Dos pasos más que Tooru avanza y Hajime rechaza al momento.
—Suenas como... mira, no sé, pero es espantoso —respondió, levantando después las manos para atajar o repeler a su compañero si se le ocurría hacer alguna tontería más —. Ya basta.
—No quiero. Iwa-chan, escúchame —suplica, y Hajime se siente de repente una mala persona aunque no sabe exactamente por qué. Baja lentamente las manos —. Pienso mucho en lo que pasó ese día. Yo... en verdad lo hago. Y... sé que no he dicho las cosas de la mejor manera, pero... pero.
Oikawa da un nuevo paso en su dirección, un paso pequeño al que Hajime no llega a reaccionar porque su mejor amigo parece desvanecerse por unos instantes y lo siguiente que sabe, es que se ha ido de cara al sillón. Y ya está, el silencio reina de nuevo en el lugar y es como si nada hubiese pasado.
—Lamento que hayan tenido que ver eso —se disculpa. Mobi es quien niega con la cabeza y responde.
—Estamos para eso. Mejor que pase aquí y no afuera —responde. Se rasca la nuca con una mano y agrega, dudoso —. Uhm... no pensamos que se iba a poner así por beber de más, Iwaizumi, de verdad.
Y busca con la mirada a Sheena para que le respalde.
—Yeah, uhm... I'm so sorry, honey.
Hajime se encoge de hombros, condescendiente. No le cabe duda de que no lo hicieron aposta, porque son amigos de Oikawa y sabe que le aprecian tanto como él. Además, comprende que el armador es un poco difícil a veces y bueno, situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.
—Está bien. Yo tampoco hubiera podido imaginar que iba a reaccionar así de cualquier manera.
—¿Iremos a la escuela mañana? —pregunta el rubio. Mobi deja escapar un soplido.
—Nope, estoy molido y me parece que nadie se ha acordado de venir con la ropa de la escuela. Iré a sacar los futones para dormir, ¿siguen en el mismo lugar de siempre?
—Ya, es verdad —responde y se encoge de hombros —. Sabes que sí.
—Muy bien.
Sheena se acerca al sillón y le deja un mimo suave al castaño en la cabeza antes de hablar.
—Good night, Tooru. Have sweet dreams —le susurra. Luego mira al moreno —. Have sweet dreams too, Hajime. Sleep tight.
—You too —responde. Vacila un momento —. Y gracias a los dos —levanta un poco la voz para que Mobi le escuche también, y retoma nuevamente su hablar bajo justo después —. Gracias por... cuidar de Oikawa hoy y... por aceptar su amistad a pesar de... ya sabes, de que es un jodido a veces.
Sheena niega con la cabeza.
—Yo soy la nueva; ustedes me aceptaron a mí, no al revés. Gracias por eso.
La escocesa se aleja apenas acaba de decir aquello y Oikawa gira la cabeza para encarar a Iwaizumi.
—Es muy amable.
—Lo es. ¿Te hiciste daño?
—No —responde modorro. Saca una mano y busca la de su mejor amigo con sus dedos —. ¿Iwa-chan?
—¿Mnhm?
—Cásate conmigo.
Hajime lo mira y sonríe, débil, consumido por una sensación dulce y amansado por el peso del sueño. Sus defensas son de azúcar a ésta hora, y el armador las derriba como si nada.
—Todavía no acabamos la escuela, tontaina —responde. Intenta no reírse. No le sale en lo absoluto —. Pero pídemelo cuando nos graduemos.
—Mnh... bien —Iwaizumi apenas comprende lo que masculla al borde de la inconsciencia —. Future husband, better love me right.
—Ya. Por supuesto que sí —le dice bajito. Oikawa no lo llega a escuchar.
27
If home is where the heart is then we're all just fucked.
—Entonces... ¿qué hacemos con ella? —Mobi es quien saca el tema a colación después de dejar los futones en el suelo; porque parece que nadie se ha dado cuenta del problema aún y él quiere desmayarse en algún lugar cuánto antes y dormir como si no hubiese un mañana.
—¿Con quién? —pregunta Hajime, que parece demasiado cansado hasta para comprender los planteos más simples.
—Con Sheena —responde, y comienza a mover la mesa ratona de la sala para hacer lugar y que así puedan caber todos —. No puede dormir aquí, la vamos a aplastar. Eso y que somos todos hombres, de más está decir que no está bien —explica.
Hajime deja escapar un gruñido, porque no había tenido ni un mísero segundo para pensar en ello con todo lo sucedido.
—Puede dormir en mi cama.
Los dos chicos levantan la mirada en dirección al rubio, que se halla de pie con la espalda apoyada en la pared y los brazos cruzados al pecho.
—Yo dormiré aquí y ella sola allá. Y ya está, problema solucionado.
Mobi lo mira incrédulo.
—En realidad sí es una buena idea.
—A veces los milagros suceden —secunda Iwaizumi.
—Muy graciosos.
Iwaizumi y Mobi levantaron las manos como proclamándose inocentes y Yuki les enseñó el dedo medio.
—Serán desgraciados... ¡Sheena!
La escocesa (que se hallaba sentada en una de las banquetas con los cascos puestos para no quedarse dormida) se levantó de golpe del susto.
—Ahm... ¿dime?
En respuesta, le indicó con un movimiento de cabeza que le siguiera.
—Entonces... ¿aquí es donde pasas tu momento a solas?
—Básicamente. También donde vas a dormir —responde y mira a su alrededor rápidamente, agradeciendo en su cabeza el haber acomodado un poco antes de que llegara Hajime.
—Vaya —los pómulos se le ponen ligeramente rosas —... gracias.
—Deja que —el rubio le da la espalda y se pone a rebuscar en sus cajones —... te busque una remera que puedas usar. No vas a estar cómoda con eso puesto.
—No, no, oye —lo llama, moviendo suavemente sus manos —. Ya hiciste mucho por mí, ya basta.
Le suplica; pero el chico no parece escuchar nada de lo que dice y cuando baja un poco la mirada, ha acercado una prenda vieja en su dirección.
—Tómala —pide. Sheena duda un momento —. Está bien. Vamos.
Toma la camisa con ambas manos cuando le escucha decir aquello y la acerca hacia sí. Esconde los labios en la tela.
—Gracias de nuevo.
Susurra. Le pica una sensación nauseabunda al fondo del estómago y no sabe exactamente a qué se debe.
—No es nada.
Se sienta en la cama luego de oír su respuesta y pasa lentamente los dedos por el cuello de la prenda. Está gastada y ha perdido color, pero le gusta.
Le gusta.
—¿Yo te gusto?
Pregunta, porque ahora sabe de dónde vienen las náuseas.
De un recuerdo. Uno malo.
—¿Eh?
Espera esa reacción (de algún modo) y nota como las mejillas de Yuki se ponen rojas a más no poder justo después. En su piel blanca es incluso más evidente.
—No lo hagas.
—Yo... tú no... ¿qué? —masculla confundido.
Sheena sabe que le acaba de hacer daño; lo sabe y lo odia porque no se suponía que ésto fuera a ser así.
No le está diciendo todo eso porque Yuki es como es; no lo está alejando porque no le gusta su forma de ser, su cara, su complexión o incluso los chistes malos que se le suelen ocurrir, no: lo hace por miedo, porque hay cosas que todavía no puede explicar pero que le asustan y le hacen daño y no quiere meter al rubio en eso, no quiere que ése chico tan adorable y amable acabe peleando una guerra que es sólo suya; no quiere que los demonios de su pasado lo consuman como han hecho con ella, porque Sheena puede sentarse a ver en silencio como su propia aura se apaga lentamente pero no puede hacer lo mismo con la de él, con la de Yuki. Y mucho menos si eso es culpa suya.
—Eso, que no lo hagas.
—¿Me estás rechazando desde ahora? —pregunta.
La voz le sale amarga, no lo puede disimular.
—Vaya. Ésto debe romper una o dos marcas —dice. Posa una de sus manos en sus cabellos y comienza a reír —. Joder, menudo idiota. Soy un perdedor.
—Pero... ¡no! —responde ella. Los nervios deforman sus bonitas facciones —. ¡No lo eres!
Le asegura, pero el rubio no para las carcajadas hasta que la escocesa le agarra por las muñecas y lo obliga a mirarla a los ojos.
—No lo eres. No eres un idiota ni un perdedor —le dice en voz baja, alejando sus manos de las suyas cuando cree que ya no va a moverse —. Y es... justamente por eso que no quiero que... pase. Porque eres muy dulce y agradable y yo... no puedo.
—¿No puedes? —pregunta. Está lleno de dudas que van más allá de lo que le ha dicho Sheena pero es incapaz de poner alguna de ellas en palabras.
La chica se encoje en el lugar y guarda silencio un par de segundos. Se lleva las rodillas al pecho antes de decir nada.
—Yo no... sé explicar el porqué —masculla; pero cree que eso no basta así que agrega —. Es... muy complicado para mí hablar de ello ahora mismo, pero he estado en una relación con muchos problemas antes de venir a Japón y a pesar de que ya se acabó, aún hay cosas que no puedo... superar, cosas que todavía no me dejan dormir de noche. Lo siento.
—Ya. Está bien, lo comprendo. No me debes pedir disculpas.
Y ya. Nadie dice más nada porque ella no puede pronunciar palabra alguna llegados a éste punto y el rubio cree que es mejor no insistir por el momento.
—¿Sheena?
Llama el japonés. Toma asiento junto a su compañera y junta sus dos manos encima de sus rodillas.
—¿Mnhm?
—Sal conmigo mañana.
Sheena lo mira con una ceja arqueada.
—Ya vamos a salir mañana, está planeado. Tenemos que hacer que Dumb and Dumber conecten —se ríe un poco, no se puede contener a pesar de todo.
—Eso está casi hecho —responde, y también deja escapar una carcajada suave ante la comparación porque da en el blanco mucho más de lo que Sheena pueda imaginar —. Yo sólo quiero que... cambies esa cara. Y ya está —masculla. Simple, porque no hay mucho más que quiera decir —. Mobi dijo que no conocías Japón así que veamos que "dos tontos muy tontos" no se maten y de paso, tengamos un lindo día.
Sheena se muerde el labio y sopesa la propuesta en silencio.
—Mnh... aye*.
—¿Ah?
—Dije "aye" —masculla de nuevo y lo mira, mucho más relajada ahora que hace un momento. —. Eso es un sí, dummy.
—Ah —dice. Se sonroja hasta las orejas. Apenas puede asimilar lo que oye.
—Mira, me iré mañana a mi casa después de desayunar —empezó; un dedo levantado en el aire para dar énfasis a sus palabras —. Tooru, Hajime y Mobi seguro se irán a la misma hora así que estaré bien, ellos me ayudarán a llegar a mi piso. Me voy a duchar, me arreglaré un poco y nos podemos ver en... ¿la estación a medio día?
—Sí... por supuesto —responde atontado. Intenta alejarse de ella un par de pasos pero pierde el equilibrio y cae al suelo de espaldas.
Las agradables carcajadas que deja escapar Sheena liberan la tensión del ambiente, y el clima se vuelve agradable de nuevo.
—Me duele... el abdomen de reírme tanto —inspira hondo apenas consigue parar. Lo mira —. Hey, lad*, ¿te hiciste daño?
Pregunta, y a Yuki le asusta sinceramente acostumbrarse a eso. A tener cerca a alguien que se ría sanamente de sus tonterías en lugar de decir que es un idiota de catálogo.
—No... auch.
—Ten más cuidado —pide. Su compañero se pone de pie y se sacude la ropa. Va a salir pero Sheena lo llama nuevamente —. Espera.
—¿Qué pasa?
—Lleva la 3DS y la versión de Pókemon Sun and Moon que tengas —nota la cara de confusión del rubio así que agrega —. Veo desde aquí la consola y la caja del juego, están sobre la cómoda —explica y sonríe —. También tengo una.
Something Good Can Work
Take a little time to make a little better.
Las ocho y media de la mañana, o eso indicaba el reloj que descansaba a su lado en la mesa de noche. Ayer, con toda la cháchara que se había armado con Oikawa e Iwaizumi como protagonistas, se habían ido a dormir de madrugada así que no le hacía ninguna gracia ya estar levantada a esa hora.
—The fuckin' jet lag is going to kill me.*
Se dijo, y después de dejar escapar un pequeño suspiro, se levantó. Encaminó sus silenciosos pasos hacia el baño, donde se encerró para lavarse la cara, la boca (con buches de pasta de dientes y agua al no tener su cepillo a mano) y peinar un poco sus cabellos antes de salir, ahora, rumbo a la cocina; pero unos quejidos suaves llamaron su atención cuando iba pasando por la sala, así que se paró en seco y miró hacia los futones donde los chicos parecían (aún) dormir despatarrados. Uno de los pies de Hajime descansaba sobre la mejilla de Mobi, y la imagen se le hacía tan cómica que tuvo que posar una de sus manos sobre sus labios para no romper a reír a carcajadas.
—Hello?
Una mano se asomó por el sillón, y Sheena supo al instante quién era el que hacía esos ruidos.
—¿Tooru?
—Buen día.
—Hey, king of dummies* —respondió ella, subiéndose por el apoya brazos para quedar justo encima de la cabeza del armador —, g-morning.*
—¿Qué eso de king of dummies? Agradece que la cabeza me está matando o ya te hubiese empujado de ahí.
La escocesa puso los ojos en blanco con gracia y se inclinó a dejar un beso sobre su pelo, porque lo hace desde que era una niña y no puede sacudirse la costumbre de encima.
—¿Has descansado bien? —pregunta.
En respuesta, Oikawa le deja un mimo también en el pelo.
—En realidad no —masculló, mirándola a los ojos —. He tenido una pesadilla horrenda.
—¿Una pesadilla? —arquea suavemente una ceja, mira a sus compañeros un momento para comprobar que los mismos siguen en el quinto sueño, y entonces regresa de nuevo su atención a Tooru —. ¿Qué pesadilla?
—Pues —duda un segundo —... soñé que le cantaba a Iwa-chan Dear Future Husband. Es vergonzoso.
Sheena lo mira en silencio, ni siquiera pronuncia una palabra, pero su expresión parece bastar para que Oikawa comprenda eso que no le quiere decir.
—Entonces no lo soñé, ¿eh? Realmente pasó.
—You were guttered* —respondió ella —. I'm sorry.
—¿Guttered?
—Quise decir que estabas muy borracho.
—Mierda —maldijo y cerró los ojos —. ¿Por qué nadie me obligó a cerrar la boca?
—Lo intentamos con Mobi todo el camino de regreso —confesó en voz baja — pero no pudimos; y te pusiste peor cuando llegamos.
—Por dios, quiero que me lleven los aliens a la galaxia Andrómeda —pronunció, posando nuevamente sus ojos en Sheena —; o más lejos si es posible.
—Hey, no, nada de eso. Hajime ha dicho un par de cosas lindas también y él era completamente consciente.
—¿Hah? —el armador arqueó una de sus cejas.
—¿Quieres saber qué dijo?
—¡Por supuesto! —pronunció. Antes de seguir hablando, bajó un poco el tono para que los demás no le escucharan —. ¿Qué esperas?
—Pues dijo que-¡mnhm!
Sheena y Oikawa levantaron la mirada un poco sólo para dar con Hajime, que había posado sus dos manos sobre los labios de la chica para que no dijera palabra alguna.
—Buenos días, hijos de puta.
—¡Iwa-chan, arruinas mi chisme!
La escocesa arrugó el ceño, sin sacar sus ojos del moreno.
—Te jodes —respondió —. Tú, hime*, a callar.
Sheena agarró su móvil (que descansaba sobre la mesa ratona que los chicos habían pegado al sillón para echar los futones en el suelo) y miró a Oikawa para que le pasara su número.
—¡Es una buena idea!
—How about no.* —Iwaizumi le sacó el móvil de las manos a la escocesa y la levantó en andas, con su palma aún sobre los labios de la susodicha.
—Iwa-chan, ¿eres consciente de que ahora te va a poder denunciar por acoso? —preguntó Oikawa, sentándose en el sillón.
—Pues iré preso pero tú no vas a saber qué dije.
—Mean!
—Por dios, ¿qué es ese ruido? —Mobi se incorporó con los ojos aún cerrados.
—Suena como un montón de gnomos en un tobogán de agua —respondió el rubio, que se giró para apoyar el mentón en su almohada y abrir los ojos —. ¿Pero qué demonios están haciendo?
—Iwa, ¿quieres picar de ambos lados? Es mejor jugar para los dos equipos, ¿no? —pregunta Mobi con gracia. Iwaizumi se sonroja un poco, pero ninguno de sus amigos puede deducir si es de vergüenza o de enojo.
—Una palabra más y los vuelvo a dormir —respondió. Sheena se había resignado al silencio así que simplemente se dejaba sostener como una muñeca —. ¿Alguien va a querer café con una aspirina?
Todos levantaron la mano.
—Yo me ocupo. Ustedes vayan al baño y hagan lo que tengan que hacer.
—Me estoy meando.
—También yo.
—Serán asquerosos.
Hajime puso los ojos en blanco ante los dichos de sus amigos y se dirigió a la cocina. Una vez allí, dejó con cuidado a Sheena sobre una silla y le sacó la mano de los labios.
—Te parecerá bonito —pronunció ella. Iwaizumi suspiró.
—Lo siento, pero en verdad no quiero que lo sepa —se quedó en silencio unos segundos y después agregó —... al menos no de ese modo.
—¿Entonces se lo piensas decir tú?
—Espero poder hacer eso cuando estemos a solas y mayormente conscientes. Ambos, ya sabes —respondió, acercándole el aparato que le había arrebatado de las manos hace un momento. La escocesa lo tomó y lo apoyó sobre la mesa.
—Está bien, Hajime; no es mi asunto, pero Tooru quiere que seas honesto y pienso que se lo merece.
—También pienso eso, sólo estoy esperando el momento adecuado —masculló y suspiró un poco —. ¿Me ayudas con el café y lo demás?
—Estoy segura de que ese momento está al caer —respondió. Hajime arqueó una ceja, pero ella se puso de pie y empezó a buscar en las alacenas —. Venga, empecemos a hacer el desayuno.
Hajime se quedó un poco confundido ante su dicho, pero lo dejó pasar.
—Vamos, adelante.
—Estaba a punto de reventar —Mobi (que al parecer acababa de salir del baño) se paró junto a la mesa y se desperezó un poco —. ¿Les ayudo?
—¿Por casualidad sabes dónde guardan las cosas en ésta casa? —preguntó Sheena.
Los chicos comenzaron a reír.
—Pues sí —respondió Mobi, acercándose para después comenzar a buscar en un pequeño armario —. Podemos usar ésta vajilla, que es la que nos suele dar la mamá de Yuki cuando ella está en casa —explicó —. Iwaizumi también sabía ésto, ¿por qué no se lo dijiste?
La escocesa le dedicó una mirada enojada a Hajime, que simplemente encendió la cafetera y pronunció un "ups" carente de inocencia alguna.
—Fucker.
—También me caes muy bien —el moreno levantó una mano al ver pasar a Yuki —. ¡Hey, ve por las aspirinas!
—Ya las tengo.
—Muy bien.
Mobi agarró el recipiente de galletas con chispas que descansaba sobre la mesada y se lo llevó consigo a la mesa.
—¿Dónde está Tooru?
—En el baño —respondió el rubio, y dejó las medicinas sobre la mesa que la chica estaba terminando de acomodar.
—Podemos empezar a desayunar cuando salga, entonces.
—Supongo —masculló; tomó asiento y apoyó la mejilla en una de sus manos, como si la cabeza le pesara —. La resaca me está matando.
—Bienvenido al club —secundó su amigo. Un minuto de silencio, después del cual retomó la palabra —. La camiseta te sienta bien —le dijo a Sheena; el rubio lo miró con recelo, hasta que Mobi habló nuevamente y comprobó sus sospechas —. Es la que más te gusta, ¿no, goldilocks*?
Su amigo lo miró con la boca seca.
—¿Es una venganza porque te llamé Moby Dick?
—Un poco.
—Serás capullo —masculló y suspiró suavemente, apoyando la cabeza en el respaldo de su silla —. Pues sí, es la camiseta que más me gusta —confesó —; ¿qué con eso?
—Nada, es que nunca dejas que nadie más la toque pero Sheena la ha usado para dormir.
Las mejillas del chico se pusieron rosas.
—¿Por qué no te vas un poco a la mierda?
—Estoy preguntando por qué a Sheena le das esos privilegios descarados.
—Yo no le he dado nada, estás exagerando.
—Hey, ¿qué está pasando aquí que hacen tanto ruido?
Oikawa ingresó al lugar con los cabellos peinados (cuando no, antes MUERTO que sencillo) y cara de estar aún medio adormilado.
—¡Nada! —se apuró a responder el dueño de casa —. Nada de nada, apuren a desayunar que nos espera un día pesado.
—Como digas —masculló Mobi con gracia.
—Ya paren, que éste tonto es como un chuhuahua y le va a dar un ataque.
Iwaizumi es quien los baja de la nube.
—Sííí.
Canturreó Mobi.
—Gracias, Iwa.
—Pero yo quería opinar también, Iwa-chan.
—Te voy a matar —respondió Hajime, levantando un puño en su dirección.
—Ten, Tooru, prueba ésto —pidió Sheena, acercando una galleta en su dirección.
—¡Cuántas chispas! —exclamó el armador y le dio un gran mordisco al dulce. La chica suspiró y le pidió a Iwaizumi que bajara el puño con una seña.
—Tengamos un peaceful breakfast.*
—Bueno, vamos a repasar.
Todos miraron a Hajime en silencio, que parecía estar buscando algo en su móvil.
—Nos vamos a juntar —giró el aparato para que sus compañeros pudieran ver —... justo en éste lugar. Hay muchos negocios, espacios verdes, cosas para hacer y es fácil llegar, son un par de estaciones y ya.
—¿Nos vemos directamente ahí, entonces?
—Me parece que va a ser lo mejor. Oikawa y yo vivimos cerca así que podemos ir juntos, y nos podemos ocupar de Sheena también.
—¡No! —los chicos se le quedaron viendo, pero los únicos que lucían sorprendidos eran Oikawa e Iwaizumi.
—Pasa que ella va a venir conmigo y con Mobi —interrumpió el rubio, pateando a su amigo por abajo de la mesa para pedir ayuda.
—Lo planeamos todo el día, es verdad —secundó el moreno, moviendo la cabeza para dar énfasis a sus palabras.
—¿Qué día, subnormales? ¿De qué están hablando? —preguntó Hajime con una ceja arqueada.
—Sabemos de ésta salida desde hace como una semana, Iwaizumi. Pudo haber sido cualquier día.
—Eso, eso. Además, le voy a prestar un juego a Sheena para la 3DS —respondió el dueño de casa, balbuceando un poco —. Por eso nos vamos juntos, así arreglamos.
—¿Y por qué no se lo das cuando nos reunamos allá?
—Porque... el juego ahora está en casa de Mobi y... ¿¡qué pasa si a Mobi se le olvida, ah!? Tendríamos que regresar y mejor que estemos cerca, ¿no creen?
—Sí —Mobi se golpeó la frente suavemente con la palma de la mano —. Tengo la cabeza en el culo éstos días, mejor prevenir.
Sheena se dio un golpe ante lo mala que sonaban sus excusas.
—¿Les digo algo? No sé qué planean pero me da igual, nos vemos allá y punto.
Los chicos suspiraron.
—Voy a buscar mis cosas.
Les dijo Sheena. Mobi y Yuki también se pusieron de pie y juntos salieron a la sala.
—¿Agendaste mi número y el de éste tonto? —preguntó Mobi.
—Los tengo a ambos —respondió ella.
—Bien. Cualquier cosa me llaman y yo los excuso desde aquí.
—Ya. —respondió el rubio, que posó los ojos en Sheena justo después —. ¿Cuándo nos juntamos, entonces?
—A las doce en la estación de Miyagi, como planeamos anoche. Le preguntaré a Hajime cómo llegar de camino a casa así que no te preocupes.
—Vale. Me llamas si algo pasa y te voy a buscar.
—Todo va a estar bien —respondió la escocesa —. Tenemos algo que hacer así que vamos a por ello. Estamos en contacto, honey —le dijo al moreno, que levantó ambos pulgares a modo de respuesta.
—Estamos en contacto. Cuento con ustedes para acabar con ésto de una jodida vez o voy a enloquecer.
—Todos vamos. Pero se acaba hoy, es un hecho.
—Eso o los matamos.
—Me parece razonable, tengo una pala en el jardín.
—Ya basta, dummies —les pide Sheena, aguantando las carcajadas.
Los chicos se miran y sonríen, porque hay un ambiente relajado a pesar de todo lo que deben hacer y en el fondo lo agradecen.
—Va a salir bien —masculla Mobi para darse ánimos; sus dos amigos le abrazan por encima de los hombros y secundan sus palabras en silencio.
—Por supuesto que va a salir bien.
Glosario (en el orden en que van apareciendo las palabras, obviamente):
*'cause I remember that I like you, no matter what I found:Es un pedazo de la canción Heart Out de The 1975. La elegí básicamente porque me parece que describe bien dos de las relaciones que más marcaron (y marcarán) la vida de Sheena más adelante en su historia.
*Princesa de la nieve: Es un juego de palabras en japonés que me veo obligada a aclarar por obvias razones. "Snow princess" en japonés es "yukihime" (雪姫), y Oikawa la usa para hacer referencia a Yuki.
*Tom Collins:El Tom Collins es un cóctel y una variación del Gin Sour. Se prepara con ginebra, jugo (zumo) de limón, almíbar o azúcar, soda (agua carbonatada) o gaseosa (de lima-limón, por favor. No mezclen tónica con jugo de ningún cítrico) y cubos de hielo.
*Vaso Collins:Es un vaso alargado y cilíndrico que se usa habitualmente para servir cócteles populares como el gin-tonic. Al parecer, debe su nombre a un chico de barra, camarero y supuesto barman: John Collins.
*Sad and depressed mood:Ésto va más que nada para los que llevan mal el inglés. Quiere decir literalmente humor triste y deprimido.
*Mar Egeo:El mar Egeo es la parte del mar Mediterráneo comprendida entre Grecia y Turquía.
*Dear future husband, here's a few things you need to know if you want to be my one and only, all my life/Future husband, better love me right:Como dijo Mobi más arriba, son dos pedazos de la canción Dear Future Husband de Meghan Trainor.
*Aye:En Escocia se usa para decir "sí". Nae es "no".
*Lad:es algo así como el equivalente masculino escocés para el "dude" que usan los americanos (que tengo entendido que no posee distinción de género). Para hablar de chicas, en Escocia se usa "lassie".
*The fuckin' jet lag is going to kill me:De nuevo, aclaración para los que llevan mal el inglés. Dice "el maldito jet lag va a matarme".
*King of dummies:Literalmente "rey de tontos".
*G-morning: Forma abreviada para decir "good morning", o sea, buenas mañanas/buenos días. Sheena probablemente lo use como abreviación para "guid mornin'". Guid es algo así como el "good" escocés.
*You were guttered:Quiere decir "estabas muy borracho/borrachísimo". Guttered es algo así como "borrachísimo" en escocés. También puedes usar steamin, blottered, pished, hammered, plastered, tanned…
*Hime: "Princesa" en japonés.
*How about no: Es como decir "¿qué tal si mejor no?", y se usa como respuesta a propuestas que uno elige por lejos no aceptar.
*Goldilocks: Es Ricitos de Oro en inglés, del cuento Goldilocks and the Three Bears (Ricitos de Oro y los Tres Osos). El chiste ya viene desde antes en la historia.
*Peaceful breakfast:Es "desayuno pacífico".
