Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to Payton79. I just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de Payton79, solo me adjudico la traducción.


Este capítulo lo betearon Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )


Capítulo 7

El martes por la mañana fue casi como el lunes. Gizmo se negó a quedarse solo en casa, lloriqueando a mis pies y renuncié a intentarlo, sabiendo que Bella probablemente estaría feliz de cuidarlo.

Una vez más, me trajo café cuando llegó, llevó a Gizmo con ella a su área de trabajo y me dejó para atender a mis pacientes. Al igual que el día anterior, conseguí el almuerzo, un sándwich de bistec y un sándwich club esta vez, acompañándolo con una porción de papas fritas y dos cafés.

—Mmm, ¿qué tienes en esa bolsa mágica tuya hoy? —me saludó Bella sonriendo, sus ojos brillando con diversión.

Entré en la habitación, casi sin mirar el mural a medio hacer en la pared opuesta cuando mi mirada se fijó en la mujer vestida con pantalones vaqueros raídos y una camisa de gran tamaño, con las mangas enrolladas hasta los codos. Se veía adorable y extrañamente sexy con su cabello en una coleta alta y una mancha de pintura verde en su mejilla izquierda.

—Sorpresa —le respondí, caminando hacia ella, deteniéndome a centímetros de distancia—. Tú, eh… tienes algo en tu cara, Bella. —Suspiré cuando agarré un paño en una silla y luego comencé a limpiar la pintura con suavidad.

El aire a nuestro alrededor de repente se sintió cargado de electricidad. Estaba más cerca de Bella de lo que nunca había estado, tan cerca; podía oler su shampoo y sentir el calor de su piel contra la mía. Respirando profundamente, pasé la tela sobre su mejilla con movimientos cortos y cuidadosos, observando a Bella estremecerse ligeramente ante mi toque, sus ojos fijos en los míos. Eran grandes y negros con alguna emoción que no podía nombrar y se sentía como si estuviera mirando mi alma.

Agitado por el momento que, obviamente, estábamos compartiendo, me apresuré a limpiarla, retrocedí un paso y me senté en una silla junto a mi cachorro dormido.

Bella exhaló, sentándose cautelosamente a mi lado.

—¿Así que...? —Señaló hacia la bolsa casi olvidada en mi mano, su voz más alta al preguntar.

Evité su mirada y respondí:

—Oh, cierto. Tengo un sándwich de carne y un sándwich club. Y papas fritas. ¿Quieres compartirlo de nuevo?

—Sí, claro —murmuró, su emoción anterior había desaparecido.

Me entristeció ver que parecíamos haber perdido nuestra conversación fácil pero no podía permitirme ceder a mi deseo de hacer un movimiento hacia ella. Tampoco me permitía entretenerme con la fantasía de tener un futuro juntos. Ella no estaba disponible y tenía que meterme eso en la cabeza.

De todas formas, el silencio entre nosotros en ese momento fue difícil de aceptar y me alegré cuando Bella finalmente lo rompió, incluso si sus palabras eran genéricas.

—Esto es bueno —murmuró. Ella le dio un mordisco al sándwich de carne, sus ojos no levantaron la vista de la comida en sus manos.

Tenía que estar de acuerdo.

—Sí, no creía que nadie pudiera hacer uno mejor que la tienda de delicatessen al otro lado de la calle del hospital en el que trabajé en Seattle. Sin embargo, este definitivamente lo es.

—¿Trabajaste allí mucho tiempo? —preguntó Bella.

—Comencé mi pasantía allí hace seis años y seguí asistiendo después de mi residencia. Estuvo bien, pero era impersonal. Prefiero conocer a mis pacientes cuando están sanos y enfermos. Así que esto es mucho mejor.

Ella asintió, masticando en silencio, luego tragó.

—¿Y no fue difícil para ti abandonar Seattle? Estoy segura de que hay muchas personas allí que te extrañan.

Si no hubiera sabido que estaba casada y en una relación seria con otro hombre, podría haber jurado que estaba buscando información sobre mi vida amorosa. Como sabía que ella tenía un marido y un novio o lo que fuera, no podría ser eso.

—Mi madre estaba triste cuando les dije que me mudaba aquí pero mi papá entendió. Alice no me habló durante una semana pero al final lo aceptó, amenazando con visitarme cada dos fines de semana. Como trabajaba mucho, no tenía muchos amigos, además de Jasper, que también es pediatra, y mis compañeros de trabajo eran solo eso. No voy a extrañar a ninguno de ellos.

El entusiasmo en la cara de Bella me mostró que todavía no había recibido la información que había estado esperando. Después de tomar un sorbo de su café, hizo otra pregunta con indiferencia forzada.

—¿Entonces no dejaste a una novia o esposa?

Contuve una risita por su curiosidad y respondí con la verdad.

—Mi ex novia, Jane, y yo estuvimos juntos cuatro años. En abril rompimos cuando ella se mudó a Nueva York por una oportunidad de carrera. Cuando recibió la oferta, ambos nos dimos cuenta de que queríamos cosas diferentes de la vida. Allí no hubo lágrimas ni arrepentimientos. Simplemente nos fuimos por caminos separados. Entonces, no, no rompí ningún corazón al salir de Seattle.

Aunque intentó esconderlo inútilmente, los labios de Bella se curvaron en una sonrisa. Estaba fascinado y confundido por su reacción pero ella no me dio la oportunidad de pensar en ello por mucho tiempo.

—Sobre el sábado —comenzó con evidente malestar—, sé que le prometiste a Maddie que irías, y nos encantaría tenerte allí, pero no tienes que ir a una barbacoa con nosotros si no quieres. Sé que ella casi te pilló por sorpresa con esa invitación y puede ser bastante persuasiva cuando quiere algo.

Al ver a Bella morderse el labio, lo que ya sabía que era algo nervioso, me hizo sonreír involuntariamente, y aunque en realidad no había querido unirme a su familia para su fiesta, me encontré tranquilizándola.

—Está bien. Si no voy a ser una molestia, iré. Disfruto mucho de pasar tiempo con Maddie y contigo, y no está mal conocer gente nueva.

Bella me devolvió la sonrisa, sus ojos recuperaron algo del brillo de antes. Si mi presencia la hacía lucir así, con mucho gusto me sometería a mirarla a ella y a sus... chicos por una noche.

****ITaV****

El sábado, ya no estaba tan seguro de poder pasar una noche con la familia de Bella. Habíamos compartido el almuerzo todos los días esa semana y Bella casi había pasado más tiempo con mi perro que yo. Y todo eso nos había acercado mucho más de lo que era bueno para mí.

Sin embargo, no podía decepcionarlas, a ella y a su pequeña hija, al cancelarles en el último momento. Así que, caminando muy lento, me dirigí a través de la calle para llamar a la puerta principal de los Clearwater, con Gizmo en su correa tirando de mí con entusiasmo.

No pasó mucho tiempo hasta que la puerta se abrió, revelando a Seth, que sonreía agradablemente.

—Hola, Edward. Es genial que pudieras venir. Entra. Todos los demás están en el patio trasero.

Él encabezó el camino a través de una habitación familiar cálidamente decorada, que desprendía una sensación hogareña, una cocina mediana, moderna y acogedora, hacia un conjunto de puertas dobles que se abrían hacia una terraza de madera bastante grande. Me dijo que siguiera adelante y que pronto me acompañaría con una cerveza. Asentí, observando lo que me rodeaba.

Había una mesa larga para nueve y, en el otro extremo, había una parrilla de última generación. Parecía que a los hombres de esa casa les gustaba asar. Unos pocos escalones conducían a un césped bien cortado con un columpio situado frente a la cerca trasera, donde Maddie gritaba de alegría cuando un hombre mayor la empujaba más y más alto. Una mujer de aproximadamente la misma edad, con cabello largo y canoso, estaba a un par de pies de distancia, riendo.

De repente, Gizmo comenzó a ladrar y tiró de su correa hacia la casa. Con curiosidad por ver qué lo tenía tan emocionado, miré hacia arriba y encontré a Bella subiendo a la terraza, con una bandeja de comida en sus manos.

—Hola, ustedes dos —saludó con una amplia sonrisa—. No sabía que ya estabas aquí. No debí haber escuchado el timbre. —Dejó la bandeja y se volvió hacia mí, agachándose delante del cachorro, haciéndole cosquillas en el vientre que le ofrecía—. Hola, hermoso. Te hemos echado de menos hoy. ¿Nos has echado de menos a nosotras también? No puedo esperar a que vuelvas a vernos el lunes. —Mirándome, ella frunció el ceño—. ¿Nadie te ha ofrecido una bebida?

No tuve la oportunidad de responder, porque Seth intervino.

—Estoy aquí, cariño —dijo él, colocando un beso efusivo en la mejilla de Bella—. Estaba a punto de servirle una cerveza a Edward.

Me ofreció una de las botellas en su mano y chocó la suya con la mía, antes de tomar un sorbo. Hice lo mismo, tratando de mirar a cualquier lado, excepto al brazo que había envuelto alrededor de los hombros de Bella. Luego, Riley entró en la terraza y se detuvo frente a la bandeja que ella había puesto sobre la mesa.

—Oh, Bells, esto se ve genial. Gracias por hacer mi favorito. —Se volvió hacia ella, besando la misma mejilla sobre la que los labios de Seth habían estado un momento antes. Tuve que reprimir un escalofrío pero verlos a los tres juntos por primera vez fue extrañamente fascinante. En realidad, no parecía haber ni un poco de celos o rivalidad entre ellos.

Entonces Riley me saludó y tuve que dirigir mi atención hacia él.

—Edward, que bueno verte de nuevo. Bienvenido al vecindario, y a la familia, al parecer. —Él se rió ligeramente ante eso y Seth se unió mientras Bella se sonrojaba misteriosamente y le daba un codazo a su marido en las costillas.

—Gracias, estoy agradecido por la invitación.

No tuve la oportunidad de decir nada más cuando una voz ruidosa vino de un lado de la casa, precediendo a la llegada de un chico nativo americano alto y musculoso, seguido de una mujer nativa esbelta de estatura mediana.

—¿Dónde está la cerveza? Me muero de sed aquí. —Saltó los peldaños y envolvió a Bella en un abrazo de oso, apretando su trasero en el proceso—. Oye, Bells. Me alegro de verte.

Ella golpeó sus manos juguetonamente mientras lo regañaba.

—¡Jacob Black, gran zoquete! ¡Deja de tocarme el culo! Estoy segura de que tu novia preferiría que mantuvieras tus manos para ti, al menos mientras ella esté cerca.

Algo acerca de su intercambio, a pesar de que parecía bastante inocente, erizó mi cabello. ¿Estaban él y Bella en una relación también? Esto se estaba poniendo cada vez más extraño.

Vi a Bella y los chicos abrazar a la mujer que llegó con Jacob, luego todos se volvieron hacia mí.

—Leah, Jacob, este es el doctor Edward Cullen, nuestro nuevo vecino. Edward, esta es Leah Clearwater, la hermana de Seth, y Jacob Black, su novio y el mejor amigo de Seth. Todos nos conocemos desde siempre —hizo las presentaciones Bella.

Parecía que ambos ya estaban familiarizados conmigo, ya que sus caras cambiaron cuando escucharon mi nombre. Sin embargo, Jacob fue el primero en hablar.

—Uh, el nuevo doctor de niños. —Él sonrió maliciosamente, mientras extendía su mano hacia mí—. Hola, un placer conocerte finalmente. Bella no deja de hablar de ti.

Leah lo golpeó en la cabeza y él se agachó con fingido horror.

—¿Dejarás de avergonzarla? Estoy segura de que estos dos tontos ya lo han hecho más que suficiente. —Hizo un gesto hacia Seth y Riley, sacudió la cabeza hacia Jacob y luego se volvió hacia mí—. Hola, Edward. Soy Leah. Encantada de conocerte.

Le respondí que también era agradable conocerlos, cuando Riley se dirigió a la parrilla para comenzar la cena. Leah, Jake y yo hicimos una pequeña charla sobre mi mudanza a Port Angeles y lo que estaba sucediendo en la ciudad, mientras Bella desaparecía en la casa para traer más comida con la ayuda de su esposo.

Unos minutos después, Gizmo ladró de emoción cuando el huracán Maddie corrió hacia la terraza.

—¡Doctor Edward, está aquí! Y trajo a su perrito. —Ella se dejó caer junto al cachorro y lo bañó con besos. A Gizmo no pareció importarle y los ojos de todos los adultos estaban en el espectáculo frente a nosotros.

—Hola, Charlie —saludó Jacob al hombre que había estado empujado a Maddie en el columpio—. ¿Cómo han estado picando los peces?

El hombre, que tenía un parecido sorprendente con Bella y Maddie, se echó a reír.

—No está mal, Jake. Deberías venir con tu papá y conmigo en algún momento. Un día en el lago hará maravillas con tus niveles de estrés.

—Oh, Charlie —respondió Jacob, sacudiendo la cabeza con diversión—. Sabes que no soy de esas personas que se sientan por horas y esperan a que algo me muerda. Y en cuanto a mis niveles de estrés, te aseguro que Leah se encarga de eso.

En ese momento, la mujer, que había estado en los columpios, caminó hacia la terraza, saludando a Leah con un abrazo.

—Jacob Black, deja de hablar mentiras sobre mi hija. Hola, cariño.

—Bueno, Sue, ¿no solo se considera hablar mentiras si no es verdad?

En respuesta, Sue tiró de su oreja con fuerza, luego se puso de puntillas para envolverlo en sus brazos.

Observé su entretenido intercambio hasta que Leah habló:

—Mamá, Charlie, ¿han conocido al nuevo pediatra de Port Angeles? Este es el doctor Edward Cullen y vive convenientemente al otro lado de la calle.

Todos los ojos estaban puestos en mí otra vez y la mujer sonrió gentilmente, mientras el hombre me miraba con escepticismo.

—Hola. Soy Sue Clearwater, la madre de Seth y Leah. Maddie me ha contado muchas cosas sobre usted y su perro.

Estreché la mano que me extendía, dándome cuenta de que sus rasgos no eran tan diferentes a los de Maddie, luego miré al hombre a su lado mientras se aclaraba la garganta.

—Soy el jefe Swan, el padre de Bella. Eres el sobrino de Carlisle, ¿verdad?

Su apretón de manos fue firme y casi intimidante, aunque no tenía idea de por qué sería eso.

—Sí, jefe Swan, mi padre es el hermano de Carlisle. Pasé mucho tiempo aquí cuando era más joven.

El jefe se rió.

—Bueno, debes haber sido un buen niño; de lo contrario, estoy seguro de que te recordaría.

Bella volvió con otra bandeja de comida y les pidió a todos que tomaran asiento. Terminé al lado de Bella con una silla vacía a mi lado. Riley le dio las gracias con otro beso en la mejilla por haber preparado la ensalada especial de su madre y luego se sentó a mi lado.

No me sentía muy cómodo, pero, extrañamente, me gustaba la compañía. Ni Seth, que estaba sentado al otro lado de su esposa ni Riley eran demasiado demostrativos con su afecto por Bella, lo que lo hacía soportable. Parecía que todas las personas alrededor de la mesa eran agradables y divertidas.

Me enteré de que Seth era profesor de secundaria y Riley era abogado y trabajaba para una pequeña firma en Port Angeles. Ambos estaban muy atentos a Bella, utilizando términos afectuosos como cariño, dulzura o amor, pero mantenían su atención física al mínimo. Supuse que, aunque el jefe Swan parecía aceptar su acuerdo, no estaría encantado de que alguien tocara a su hija de manera inapropiada delante de él.

Cuando terminamos de cenar y Seth estaba en el proceso de volver a llenar las bebidas de todos, mi teléfono sonó. Consideré que era de mala educación atender llamadas cuando estaba en compañía de otras personas, sin embargo, era médico y, llegado el momento, tenía que estar disponible siempre.

Mirando la pantalla, descubrí que era Tom quien me llamaba, lo que era una primera vez. Me excusé de la mesa y di un par de pasos hacia la parte posterior del patio para un poco de tranquilidad y privacidad.

—Hola, Tom —lo saludé.

Buenas noches, Edward —respondió—. Odio llamarte por cuestiones de negocios el sábado por la noche pero necesito un favor. Sabes que nuestra sucursal local del WCAAP* tiene un evento para recaudar fondos para la expansión de la Clínica Infantil de la Península. Es aquí, en Port Angeles, y compré dos boletos para la gala del próximo sábado por la noche. —Hizo una pausa y se aclaró la garganta—. Ahora, algo ocurrió con mi familia, y mi esposa y yo saldremos de la ciudad el próximo fin de semana. Sin embargo, nuestra clínica debe estar representada. Entonces, necesito que vayas en mi nombre, dile a tu cita que se vista bien y pasen un buen rato, tal vez compres algo bueno en la subasta benéfica. ¿Estás disponible para ir?

Fruncí el ceño ante la petición. Un evento de gala y el hecho de tener que encontrar una cita no figuraban en mi lista de cosas que quería hacer. Sin embargo, tenía razón, uno de nosotros tenía que estar allí.

Rascando la parte posterior de mi cuello, respondí:

—Tom, por supuesto que iré. Aunque no estoy seguro de la cita.

Oh, Edward. —Él se rió con diversión—. Todas las madres solteras de nuestro consultorio e incluso algunas de las casadas, dejarían todo para ser tu cita en un evento como ese. Puedes elegir. Estoy seguro de que encontrarás a alguien. Nos vemos el lunes.

Con eso me colgó, dejándome sacudiendo la cabeza mientras regresaba a la mesa.

—¿Qué va mal, Edward? —preguntó Seth, mientras me sentaba en mi silla.

Tomé un sorbo de mi cerveza, luego expliqué:

—Nada, en serio. El doctor Gerandy me llamó y me dijo que necesita que vaya a un evento de caridad el próximo sábado en su lugar.

—¿Y eso es algo malo porque...? —intervino Leah, su voz alzándose interrogante al final.

—No es algo malo, per se, si ignoras el hecho de que tendré que usar corbata y esmoquin. Lo difícil es que debo tener una cita.

Suspiré, tomando un largo trago de mi bebida.

A mi lado, Riley se aclaró la garganta.

—Si no tienes a nadie más en mente, estoy seguro de que a Bella no le importaría ofrecerse voluntariamente para el papel.

La pobre Bella se sonrojó ante la propuesta de su novio.

Sentí que era raro que él ofreciera sus servicios de esa manera y necesitaba quitarle la presión.

—No me gustaría aprovecharme de su amistad de esa manera.

Esta vez fue Seth el que habló.

—Oh, no te aprovecharías. De vez en cuando, ella necesita un poco de tiempo lejos de nosotros; algo de variedad, si sabes lo que quiero decir. —Consideré el comentario grosero, pero él lo dijo de una manera tan inocente que apenas podía culparlo por ello—. Y sé que ella tiene exactamente el vestido adecuado para un evento de este tipo que nunca ha usado —agregó como último punto a favor.

Me volví hacia Bella y traté de tranquilizarla:

—No quiero ponerte en un apuro. No necesitas estar de acuerdo si no quieres ir.

Ella me sonrió tímidamente.

—No, está bien. Si quieres que te acompañe, Edward, me encantaría.

No estaba seguro de si debía sonreír como un loco porque tenía una cita con la mujer más maravillosa del mundo o si debería llorar porque simplemente me estaría haciendo un favor.

Sin embargo, justo en ese momento, ella lucía tan esperanzada, que no podía rechazarla, y tampoco quería hacerlo. Así que, al parecer, tenía una cita para la recaudación de fondos. Independientemente del hecho, no sabía qué demonios significaba "necesita... cierta variedad."

Maldita sea, ¿en qué me estaba metiendo ahora?


*WCAAP: Washington Chapter of the American Academy of Pediatrics.


¡Hola!

Mis planes eran publicar este capítulo el miércoles por la noche, pero viendo la respuesta que tuvo el capítulo anterior acá estoy.

Todavía falta un poquito para que terminemos de entender todo lo que está pasando con la familia de Bella, ¿qué piensan de este capítulo? ¿Les aclara algo? ¿La barbacoa salió como ustedes pensaban? Y ahora se viene este evento... ¿qué creen que pasará ahí?

Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior a: Pam Malfoy Black, angryc, cavendano13, krisr0405, Tata XOXO, alejandra1987, pili, Yoliki, Liz Vidal, patymdn, Lady Grigori, Labluegirl, saraipineda44, Chayley Costa, somas, Katie D. B, LicetSalvatore, erizo ikki, jupy, Melania, Esal, Tecupi, Maryluna, liduvina, freedom2604, Kriss21, Mel. ACS, Yani B, Adriu, tulgarita, kaja0507, Cinti, Iza, Cary, Jade HSos, Ivonne Evange, Lizdayanna, Shikara65 y Guest.

Nos leemos probablemente el jueves o el viernes, pero si quieren hoy pueden leer un adelantos del próximo capítulo en el Martes de Adelantos en Élite Fanfiction, por esta razón fue tempranito la actualización.

¡Hasta el próximo capítulo!