Capítulo 2
El corazón me late muy deprisa. El ascensor llega a la planta baja y salgo en cuanto se abren las puertas. Doy un traspié, pero por suerte no aterrizo contra el inmaculado suelo de piedra. Corro hacia las grandes puertas de vidrio y por fin salgo al tonificante, limpio y húmedo aire de Seattle. Levanto la cara y agradezco la lluvia, que me refresca. Cierro los ojos y respiro hondo, dejo que el aire me purifique e intento recuperar la poca serenidad que me queda.
Ninguna mujer me había impactado como Bellatrix Black, y no entiendo por qué. ¿Porque es atractiva? ¿Educada? ¿Rica? ¿Poderosa? No entiendo mi reacción irracional. ¿Desde cuándo me atraen las mujeres? Suspiro profundamente aliviada. ¿De qué diablos va esta historia? Me apoyo en una columna de acero del edificio y hago un gran esfuerzo por tranquilizarme y ordenar mis pensamientos. Muevo literalmente la cabeza. ¿Qué ha pasado? Mi corazón recupera su ritmo habitual y puedo volver a respirar normalmente. Me dirijo al coche.
Dejo atrás la ciudad repasando mentalmente la entrevista y empiezo sentirme idiota y avergonzada. Seguro que estoy reaccionando desproporcionadamente de algo que solo existe en mi cabeza. De acuerdo, es muy atractiva, segura de sí misma, dominante y se siente cómoda consigo misma, pero por otra parte es arrogante y, por impecables que sean sus modales, es autoritaria y fría. Bueno, a primera vista. Un escalofrió me recorre la espina dorsal. Puede ser arrogante, pero tiene derecho a serlo, porque ha conseguido grandes cosas y presumo que no llega a los cuarenta y dos años. No soporta a los imbéciles, pero ¿por qué iba a serlo? Vuelvo a enojarme al pensar que Fleur no me proporcionó una breve biografía.
Mientras conduzco por la interestatal 5, mi mente sigue divagando. Me deja de verdad perpleja que haya gente tan empeñada en triunfar. Algunas respuestas suyas han sido cripticas, como si tuviera intenciones ocultas. Y las preguntas de Fleur… ¡Ufff! La adopción y que si era lesbiana…Se me ponen los pelos de punta. No puedo creer que le haya preguntado algo así. ¡Tierra, trágame! De ahora en adelante, cada vez que recuerde esta pregunta me moriré de vergüenza. ¡Maldita seas Fleur Delacour!
Echo un vistazo al velocímetro. Conduzco con más precaución de la habitual, y sé que es porque tengo en mente esos penetrantes ojos negros que me miran y una voz seria que me dice que conduzca con cuidado. Muevo la cabeza y me doy cuenta que Bellatrix parece tener el doble de la edad de la que tiene.
Olvídala Hermione, me engaño a mí misma. Llego a la conclusión de que, en el fondo, ha sido una experiencia muy interesante, pero que no debería darle más vueltas. Déjalo pasar. No tengo que volver a verla. La idea me reconforta. Enciendo la radio, subo el volumen, me reclino hacia atrás y escucho el ritmo del rock mientras piso el acelerador. Al surcar la interestatal 5 me doy cuenta de que puedo conducir todo lo deprisa que se me plazca.
Vivimos en una pequeña comunidad de casa pequeñas cerca del campus de la universidad, en Vancouver. Tengo suerte, los padres de Fleur le compraron la casa, así que pago una miseria de alquiler. Llevamos cuatro años viviendo aquí. Estaciono el coche sabiendo que Fleur va querer que se lo cuente todo con pelos y señales, y es obstinada. Bueno, al menos tiene el grabador. Espero no tener que añadir mucho más a lo dicho en la entrevista.
—¡Hermione! Ya estás aquí.
Fleur está sentada en el salón, rodeada de libros. Es evidente que ha estado estudiando para los exámenes finales, aunque todavía lleva puesto el pijama rosa de franela de osos polares, el que reserva para cuando ha roto con un novio, para todo tipo de enfermedades y para cuando está deprimida en general. Se levanta de un salto y corre a abrazarme.
—Empezaba a preocuparme. Pensaba que volverías antes.
—Pues yo creo que es pronto teniendo en cuenta que la entrevista se ha alargado…
Le doy la grabadora.
—Hermione, muchísimas gracias. Te debo una, lo sé. ¡ Como ha ido! ¿Cómo es?
Oh, no, ya estamos con la santa inquisidora Fleur Delacour.
Me cuesta contestarle. ¿Qué puedo decir?
—Me alegro que haya acabado y de no tener que volver a verla. Ha estado bastante intimidante, la verdad.—me encojo de hombros—. Es muy centrada, incluso intensa…
Fleur me mira con expresión cándida. Frunzo el ceño.
—No te hagas la inocente. ¿Por qué no me pasaste una biografía? Me ha hecho sentir como una idiota por no tener idea de nada.
Fleur se lleva una mano a la boca.
—Oh, Hermione, lo siento…no lo pensé.
Resoplo.
—En general ha sido amable, formal y un poco estirada, como una vieja precoz. No habla como una mujer de cuarenta y pico, sino como una de setenta. Por cierto, ¿cuántos años tiene?
—Cuarenta y uno. Hermione, lo siento. Tendría que haberte contado un poco, pero estaba muy nerviosa. Bueno, me llevo el grabador y empezaré a transcribir la entrevista.
—Parece que estás mejor. ¿Te has tomado la sopa?—le pregunto para cambiar de tema.
—Sí, y estaba riquísima, como siempre. Me siento mucho mejor.
Me sonríe agradecida. Miro el reloj.
—Salgo volando. Creo que llego a mi turno en Weasley.
—Hermione estarás agotada…
—Estoy bien. Nos vemos luego.
Trabajo en Weasley desde que empecé la universidad, hace cuatro años. Como es la ferretería más grande de la zona de Portland, he llegado a saber bastante sobre los artículos que vendemos, aunque, paradójicamente, soy un desastre para el bricolaje. Eso se lo dejo a mi padre.
Me alegra llegar a tiempo, porque así tendré algo en lo que pensar que no sea Bellatrix Black. Tenemos mucho trabajo. Como acaba de empezar la temporada de verano, todo el mundo anda redecorando su casa. La señora Weasley parece aliviada al verme.
—¡Hermione! Pensaba que hoy no vendrías.
—La cita ha durado menos de lo que pensaba. Puedo hace un par de horas.
—Me alegro mucho verte.
Me manda al almacén a reponer mercadería en las estanterías, y no tardo en centrarme en mi trabajo.
Más tarde, cuando vuelvo a casa, Fleur lleva puestos unos auriculares y trabaja en su computadora. Todavía tiene la nariz roja, pero está metida de lleno en su artículo, muy concentrada y tecleando frenéticamente. Yo estoy agotada, rendida por el largo viaje en coche, por la dura entrevista y por no haber parado de aquí para allá en Weasley. Me dejo caer en el sofá pensando en el trabajo de la facultad que tengo que terminar y en que no he podido estudiar nada porque estaba con…ella.
—Lo que me has traído está genial, Hermione. Lo has hecho muy bien. No puedo creer que no aceptaras su oferta de enseñarte el edificio. Está claro que quería pasar más tiempo contigo.
Me lanza una fugaz mirada burlona.
Me ruborizo y inexplicablemente mis pulsaciones se aceleran. Seguro que no era por eso. Solo quería mostrarme el edificio para que viera que era la ama y señora de todo aquello. Soy consciente de que estoy mordiéndome el labio y confió que Fleur no se dé cuenta, pero mi amiga parece estar concentrada en la transcripción.
—Ya entiendo lo que querías decir con eso de formal. ¿Tomaste notas?—me pregunta.
—Mmm…no.
—No pasa nada. Con lo que hay me basta para un buen artículo. Lástima que no tengamos fotos propias. La hija de puta está buena, ¿no?
Me ruborizo.
—Supongo.
Intento dar a entender que me da igual, y creo que lo consigo.
—Vamos, Hermione…ni siquiera tú puedes ser inmune a su atractivo.
Me mira y alza una ceja perfecta.
¡Maldición! Siento que me arden las mejillas, así que la distraigo dándole la píldora, que siempre funciona.
—Seguramente tú le habrías sacado mucho más.
—Lo dudo, Hermione. Vamos…casi te ha ofrecido trabajo. Teniendo en cuenta que te la endosé en el último minuto, lo has hecho muy bien.
Me mira interrogante. Me retiro corriendo a la cocina.
—Dime, ¿qué te ha parecido?
Maldita sea, no para de preguntar. ¿Por qué no lo deja de una vez? Piensa algo, rápido.
—Es muy tenaz, controladora y arrogante…da miedo, pero es muy carismática. Entiendo que pueda fascinar—le dijo sinceramente con la esperanza de que se calle de una vez por todas.
—¿Tú, fascinada por una mujer? Que novedad—me dice riéndose.
Como estoy preparándome un bocadillo, no puede verme la cara.
—¿Por qué querías saber si era lesbiana? Por cierto, ha sido la pregunta más incómoda. Casi me muero de vergüenza, y a ella le ha molestado que se lo preguntara.
Frunzo el ceño al recordarlo.
—Cuando aparece en la prensa, siempre va sola.
—Ha sido muy incomodo. Todo ha sido incomodo. Me alegro de no tener que volver a verla.
—Vamos, Hermione, no puede haberte ido tan mal. Creo que le has caído muy bien.
¿Qué le he caído bien? Fleur alucina.
—¿Quieres algo para comer?
—Sí, por favor.
Para mi tranquilidad, esta noche no seguimos hablando de Bellatrix Black. Después de comer puedo sentarme a la mesa del comedor con Fleur y, mientras ella trabaja en su artículo, yo sigo con mi trabajo sobre Tess, la de los d´Uberville. Maldita sea. Esta mujer estuvo en el lugar equivocado y en el momento equivocado del siglo equivocado. Cuando termino son las doce de la noche y hace ya mucho rato que Fleur se ha ido a dormir. Me voy a mi habitación agotada, pero contenta de haber trabajado tanto para ser un lunes.
Me meto en mi cama de hierro de color blanco, me envuelvo en la colcha que me ha regalado mi madre, cierro los ojos y me quedo dormida al instante. Sueño con lugares oscuros, suelos grises, inhóspitos y fríos, y ojos negros.
El resto de la semana me sumerjo en mis estudios y en mi trabajo en Weasley. Fleur también está muy ocupada organizando su última edición de la revista de la facultad, antes de ceder su puesto al nuevo responsable, y estudiando para los exámenes finales. Hacia el miércoles se siente mucho mejor y ya no tengo que seguir soportando la visión de su pijama rosa de franela lleno de osos panda. Llamo a mi madre, que vive en Georgia, para saber como está y para que me desee suerte en los exámenes. Empieza a contarme su última aventura: Está aprendiendo hacer velas. Mi madre se pasa la vida emprendido nuevos negocios. Básicamente se aburre y necesita hacer lo que sea para ocupar las horas, pero le es imposible centrase en algo mucho tiempo. La semana que viene será otra cosa. Me preocupa. Espero que no haya hipotecado la casa para financiar este último proyecto. Y espero que Remus—su relativamente nuevo marido, aunque es un poco mayor que ella—la controle un poco ahora que yo ya no estoy en casa. Parece mucho más responsable que el marido numero tres.
—¿Cómo va todo, Hermione?
Dudo un segundo, y mi madre centra toda su intención en mí.
—Muy bien.
—¿Hermione? ¿Has conocido algún chico?
Ufff, ¿Cómo se le ocurre? Es evidente que está entusiasmada.
—No, mamá, ningún chico. Si conozco alguno, serás la primera en saberlo.
—Hermione, cariño, tienes que salir más. Me preocupas.
—Mamá, estoy bien. ¿Qué tal Remus?
Como siempre, la mejor táctica es la distracción.
Esa noche, más tarde llamo a Wendell, mi padrastro, el marido número dos de mi madre, el hombre que considero mi padre y cuyo apellido llevo. La conversación es breve. En realidad, ni siquiera es una conversación, si no una serie de gruñidos en respuesta a mis discretos intentos. Wendell no es muy hablador. Pero es muy activo, sigue viendo futbol en la tele (y cuando no está viendo futbol, juega a los bolos, pesca o hace muebles). Wendell es un buen carpintero, y gracias a él se diferenciar una espátula de un serrucho. Parece que todo le va bien.
El viernes por la noche Fleur y yo estamos comentando que hacer—queremos descansar un poco del estudio, el trabajo y las revistas de la facultad—cuando llaman a la puerta. En los escalones de la entrada esta mi buen amigo Harry con una botella de champagne.
—¡Harry! ¡Qué alegría verte!—lo abrazo. Pasa.
Harry es la primera persona a la que conocí cuando llegue a la universidad y parecía tan perdido y solo como yo. Aquel día nos dimos cuenta que éramos almas gemelas, y desde entonces somos amigos. No solo compartimos el sentido del humor, sino que descubrimos que Wendell y el padre de Harry estuvieron juntos en el ejercito, y a partir de ahí nuestros padres se hicieron también muy amigos.
Harry estudia ingeniería. Es el primero de su familia que va a la universidad. Es un chico brillante, pero su autentica pasión es la fotografía. Tiene un ojo estupendo para hacer fotos.
—Tengo buenas noticias—dice sonriendo con sus brillantes ojos verdes.
—No me lo digas: También esta semana te las has arreglado para que no te despidan…—bromeo.
Simula burlonamente ponerme mala cara.
—La Portland place galery va a exponer mis fotos el mes que viene.
—Increíble… ¡Felicidades!
Me alegro mucho por él y vuelvo a abrazarlo. Fleur también le sonríe.
—¡Buen trabajo, Harry! Tendré que incluirlo en la revista. Nada mejor para un viernes por la noche que hacer cambios editoriales de última hora—dice riéndose.
—Vamos a celebrarlo. Quiero que vengas a la inauguración.
Harry me mira fijamente y me ruborizo.
—Las dos, claro—añade mirando nervioso a Fleur.
Harry y yo somos buenos amigos, pero en el fondo sé que le gustaría que fuéramos algo más. Es lindo y divertido, pero no es de mi tipo. Es más bien el hermano que nunca he tenido. Fleur suele molestarme diciéndome que me falta el gen de buscar pareja, pero la verdad es que no he conocido a nadie que…bueno, alguien que me atraiga, aunque una parte de mí desea que me tiemblen las piernas, se me dispare el corazón y sienta mariposas en el estomago.
A veces me pregunto si me pasa algo. Quizá he dedicado demasiado tiempo a mis románticos héroes literarios, y por eso mis ideales y mis expectativas son excesivamente elevados. Pero en la vida real nadie me ha hecho sentir así.
Hasta hace muy poco, murmura la inoportuna voz de mi conciencia. ¡No! Destierro de inmediato la idea. No voy a planteármelo siquiera, no después de aquella dolorosa entrevista. "¿Es usted lesbiana, señora Black?" me estremezco al recordarlo. Sé que desde entonces he soñado con ella casi todas las noches, pero seguramente es porque tengo que purgar de mi cabeza la espantosa experiencia.
Observo a Harry abriendo la botella de champagne. Lleva jeans y una remera roja. Reconozco que es un chico muy buen mozo y carismático, pero nunca me fijaría en él como estoy segura que le gustaría que lo hiciera. Creo que por fin está comprendiendo el mensaje: Solo somos amigos. El corcho sale disparado y Harry alza la mirada y sonríe.
Los sábados son una pesadilla en la ferretería. Nos invaden los habilidosos que quieren arreglar sus casas. El señor y señora Weasley, John, Patrick—los otros dos empleados—y yo nos pasamos la jornada atendiendo a los clientes. Pero al mediodía la cosa se calma un poco, y mientras estoy sentada detrás del mostrador de la caja, comiéndome discretamente el sándwich, la señora Weasley me pide que le compruebe unos pedidos. Me concentro en la tarea, verifico que los números de catalogo de los artículos que necesitamos se correspondan con los que hemos encargado y paso la mirada del libro de pedidos a la pantalla de la computadora, y viceversa, para asegurarme de que las entradas cuadran. De repente, no sé por qué, alzo la vista…y me quedo atrapada en la descarada mirada negra de Bellatrix Black, que me observa fijamente desde el otro lado del mostrador.
Casi me da un infarto.
—Señorita Granger, que agradable sorpresa—me dice. Su mirada es firme e intensa.
Maldita sea. ¿Qué corno está haciendo aquí, con su cabello recogido en un simple moño suelto y vestida con una blusa escotada demasiado sexy para ser informal, jeans ajustados y botas negras de taco alto? Creo que me he quedado boquiabierta, y no encuentro ni el cerebro ni la voz.
—Señora Black—murmuro, porque no puedo hacer otra cosa. Sus labios esbozan una sonrisa y sus ojos parecen divertidos, como si estuviera disfrutando de alguna broma de la que no me entero.
—Pasaba por aquí—me dice a modo de explicación—. Necesito algunas cosas. Es un placer volver a verla, señorita Granger. Su voz es cálida y ronca como un bombón de chocolate amargo…o algo así.
Muevo la cabeza intentando bajar de las nubes. El corazón me golpea el pecho a un ritmo frenético, y por alguna razón me arden las mejillas ante su firme mirada escrutadora. Verla delante de mí me ha dejado totalmente desconcertada. Mis recuerdos de ella no le han hecho justicia. No es solo atractiva, no. Es la belleza femenina personificada, arrebatadora, y está aquí en la ferretería Weasley. Quien lo iba a imaginar. Recupero por fin mis funciones cognitivas y vuelvo a conectarlas con el resto de mi cuerpo.
—Hermione. Me llamo Hermione—murmuro—. ¿En qué puedo ayudarle, señora Black?
Sonríe, y de nuevo es como si tuviera conocimiento de un gran secreto. Es muy desconcertante. Respiro hondo y pongo mi cara de llevar cuatro años trabajando en la tienda y ser una profesional. Yo puedo.
—Necesito un par de cosas. Para empezar, bridas para cables—murmura con expresión fría y divertida a la vez.
¿Bridas para cables?
—Tenemos varias medidas. ¿Quiere que se las muestre?—susurro con voz titubeante.
Cálmate, Granger.
Un ligero fruncimiento estropea las cejas de la señora Black, que son finas y bonitas.
—Sí, por favor. La acompaño, señorita Granger—me dice.
Salgo de detrás del mostrador fingiendo despreocupación, pero lo cierto es que me concentro al máximo en no desplomarme. De repente mis piernas parecen de plastilina. Me alegro mucho de haber decidido ponerme mis mejores jeans esta mañana.
—Están con los artículos de electricidad, en el pasillo número ocho—le digo en un tono de voz demasiado elevado.
La miro y me arrepiento casi de inmediato. ¡Qué hermosa es!
—La sigo—murmura haciendo un gesto con su mano de largos dedos y uñas perfectamente arregladas.
Con el corazón casi estrangulándome—porque me ha subido hasta la garganta intenta salírseme por la boca—en filo por un pasillo en dirección a la sección de electricidad. ¿Por qué esta en Portland? ¿Por qué ha venido a Weasley? Y una diminuta parte de mi cerebro que apenas utilizo—seguramente por debajo del bulbo raquídeo, cerca de donde habita la voz de mi conciencia—surge una idea: ha venido a verte. ¡Imposible! La descarto de inmediato. ¿Por qué iba a querer verme esta mujer atractiva, poderosa y sofisticada? Es una idea absurda, así que me la quito de la cabeza.
—¿Ha venido a Portland por negocios?—le pregunto.
Mi voz suena demasiado aguda, como si me hubiera agarrado un dedo en una puerta. ¡Basta! ¡Intenta cálmate, Hermione!
—He ido a visitar el departamento de agricultura de la universidad, que está en Vancouver. En estos momentos financio una investigación sobre rotación de cultivos y ciencia del suelo—me contesta con total naturalidad.
¿Lo ves? Ni por asomo ha venido a verte, me dice orgullosa y burlona, la voz de mi conciencia. Me ruborizo solo de pensar en las tonterías que se me pasan por la cabeza.
—¿Forma parte de su plan para alimentar al mundo?—la provoco.
—Algo así—admite esbozando una media sonrisa.
Echa un vistazo a nuestra sección de bridas para cables. ¿Para qué querrá eso? No me la imagino haciendo bricolaje. Desliza los dedos por las cajas de la estantería, y por una inexplicable razón tengo que apartar la mirada. Se inclina y toma una caja.
—Estas me servirán—me dice con su sonrisa de estar guardando un secreto.
—¿Algo más?
—Quisiera cinta adhesiva.
¿Cinta adhesiva?
—¿Está decorando su casa?
Las palabras salen de mi boca antes de que pueda detenerlas. Seguro que contrata a trabajadores o tiene personal que se la decora.
—No, no estoy decorándola—me contesta rápidamente.
Sonríe, y me da una extraña sensación que se está riendo de mí.
¿Tan divertida soy? ¿Por qué le hago tanta gracia?
—Por aquí—murmuro incomoda—. La cinta está en el pasillo de la decoración.
Miro hacia atrás y veo que me sigue.
—¿Lleva mucho tiempo trabajando aquí?—me pregunta en voz baja, mirándome fijamente.
Me ruborizo. ¿Por qué demonios tiene este efecto sobre mí? Me siento como una chica de catorce años, torpe, como siempre, y fuera de lugar. ¡Mirada al frente, Granger!
—Cuatro años—murmuro mientras llegamos a nuestro destino. Por hacer algo, me agacho y tomo las dos medidas de cinta que tenemos.
—Me llevaré esta—dice Bellatrix golpeando suavemente el rollo de cinta que le tiendo.
Nuestros dedos se rozan un segundo, y ahí está de nuevo la corriente, que me corre como si hubiera tocado un cable suelto. Jadeo involuntariamente al sentirla desplazándose hasta algún lugar oscuro e inexplorado en lo más profundo de mi vientre. Intento serenarme desesperadamente.
—¿Algo más?—le pregunto con voz ronca y entre cortada.
Abre ligeramente los ojos.
—Un poco de soga.
Su voz, también ronca, replica la mía.
—Por aquí.
Agacho la cabeza para ocultar mi rubor y me dirijo al pasillo.
—¿Qué tipo de soga busca? Tenemos de fibra sintética, de fibra natural, de cáñamo. De cable…
Me detengo al ver su expresión impenetrable. Sus ojos parecen más oscuros aun. ¡Madre mía!
—Cinco metros de la fibra natural, por favor.
Mido rápidamente la soga con dedos temblorosos, consciente de su ardiente mirada negra. No me atrevo a mirarla. No podría sentirme más cohibida. Saco el cúter del bolsillo trasero de mi pantalón, corto la cuerda, la enrollo con cuidado y hago un nudo. Es un milagro que haya conseguido no amputarme un dedo con el cúter.
—¿Iba usted a los scout?—me pregunta frunciendo de manera divertida sus sensuales labios.
¡No le mires la boca y mucho menos su escote!
—Las actividades en grupo no son lo mío, señora Black.
Arquea una ceja.
—¿Qué es lo suyo, Hermione?—me pregunta con voz baja y con su sonrisa secreta.
La miro y me siento incapaz de expresarme. El suelo son placas tectónicas en movimiento. Intenta tranquilizarte, Hermione, me suplica de rodillas la torturada voz de mi conciencia.
—Los libros—susurro.
Pero todo mi interior grita: ¡Tú! ¡Tú eres lo mío! Aparto la sensación inmediatamente de un manotazo, avergonzada de los delirios de grandeza de mi mente.
—¿Qué tipo de libros?—me pregunta ladeando la cabeza.
¿Por qué le entereza tanto?
—Bueno, lo normal. Los clásicos. Sobre todo literatura inglesa.
Se pasa suavemente unos de sus largos dedos por el mentón mientras que considera mi respuesta. O quizá sencillamente esta aburridísima e intenta disimilarlo.
—¿Necesita algo más?
Tengo que cambiar de tema…esos dedos en esa cara son cautivadores.
—No lo sé. ¿Qué me recomendaría?
¿Qué te recomendaría? Ni siquiera sé lo que vas a hacer.
—¿De bricolaje?
Asiente con mirada burlona. Me ruborizo y mi mirada se desplaza a los jeans ajustados que lleva.
—Un overol de trabajo—le contesto.
Me doy cuenta de que ya no controlo lo que sale de mi boca.
Vuelve alzar una ceja divertida.
—No querrá que se le arruine la ropa…—le digo señalando sus preciosos jeans.
—Siempre puedo quitármelos—replica sonriendo.
—Claro.
Siento que mis mejillas vuelven a teñirse de rojo. Deben de parecerse a la pintura roja de mi Fiat 600. Cállate. Cállate de una vez.
—Me llevaré un overol de trabajo. No vaya a ser que se me arruine la ropa—me dice con frialdad.
Intento apartar la inoportuna imagen de ella sin sus pantalones y blusa.
—¿Necesita algo más?—le pregunto en tono demasiado agudo mientras le tiendo un mono azul.
No contesta mi pregunta.
—¿Cómo va el artículo?
Por fin me ha preguntado algo normal, sin indirectas ni juegos de palabras…una pregunta a la que puedo responder. Me agarro a ella con las dos manos, como si fuera una tabla de salvación, y apuesto por la sinceridad.
—No estoy escribiéndolo yo sino, Fleur. La señorita Delacour, mi compañera de departamento. Está muy contenta. Es la editora de la revista y se quedó destrozada por no haber podido hacerle la entrevista personalmente.—siento que he remontado el vuelo, por fin un tema de conversación normal—. Lo único que le preocupa es que no tiene ninguna foto suya original.
—¿Qué tipo de fotografías quiere?
Muy bien. No había previsto esa pregunta. Niego con la cabeza, porque sencillamente no lo sé.
—Bueno, voy a estar por aquí. Quizá mañana…
—¿Estaría dispuesta a hacer una sección de fotos?
Vuelve a salirme la voz de pito. Fleur estará encantada si lo consigo. Y podrás volver a verla mañana, me susurra seductoramente ese oscuro lugar al fondo de mi cerebro. Descarto la idea. Es estúpida, ridícula…
—Fleur estará encantada…si encontramos un fotógrafo.
Estoy tan contenta que le sonrío abiertamente. Ella abre los labios, como si quisiera respirar hondo, y parpadea. Por una milésima de segundo parece algo perdida, la tierra cambia ligeramente de eje y las placas tectónicas se deslizan hacia un nueva posición.
¡Dios mío! La mirada perdida de Bellatrix Black.
—Dígame algo mañana.—mete la mano en el bolsillo trasero y saca un pequeño trozo de papel plástico—. Mi tarjeta. Está mi número celular. Tendría que llamarme antes de las diez de la mañana.
—Muy bien—le contesto sonriendo.
Fleur se pondrá contentísima.
—¡Hermione!
Ron aparece al otro lado del pasillo. Es el hijo menor del señor Weasley. Me habían dicho que había vuelto de Princeton, pero no esperaba verlo hoy.
—Discúlpeme un momento, señora Black.
Bellatrix frunce el ceño mientras me vuelvo.
Ron siempre ha sido un amigo, y en este extraño momento en que me las veo con la rica, poderosa, asombrosamente atractiva y controladora obsesiva Black, me alegra hablar con alguien normal. Ron me abraza muy fuerte, y me toma por sorpresa.
—¡Hermione, cuanto me alegro verte!—exclama.
—Hola, Ron. ¿Cómo estás? ¿Has venido para el cumpleaños de tu hermano?
—Sí. Estas muy linda, Hermione, muy linda.
Sonríe y se aparta un poco para observarme. Luego me suelta, pero deja un brazo posesivo por encima de mis hombros. Me separo un poco, incomoda. Me alegra ver a Ron, pero siento que se toma demasiada confianza.
Cuando miro a Bellatrix Black, veo que nos observa atentamente, con ojos impenetrables y pensativos, y expresión seria, impasible. Ha dejado de ser la clienta extrañamente atenta y ahora es una persona…alguien fría y distante.
—Ron, estoy con una clienta. Tienes que conocerla—le digo intentando suavizar la animadversión que veo en la expresión de Bellatrix.
Tiro a Ron hasta donde está Bellatrix, y ambos se observan detenidamente. El aire podía cortarse con un cuchillo.
—Ron, te presento a Bellatrix Black. Señora Black, este es Ron Weasley, el hijo del dueño del atienda.—y por alguna razón poco comprensible, siento que debo darle más explicaciones—. Conozco a Ron desde que trabajo aquí, aunque no nos vemos muy a menudo. Ha vuelto de Princeton, de donde estudia administración de empresas.
Estoy diciendo pavadas… ¡Basta!
—Señor Weasley.
Bellatrix le tiende la mano con mirada impenetrable.
—Señora Black—la saluda Ron, estrechándole la mano—. Espera…¿No será la famosa Bellatrix Black? ¿La de Black Enterprises Holdings?
Ron pasa de mostrarse osco a quedarse deslumbrado en una milésima de segundo. Black le dedica una sonrisa educada.
—Wow…¿Puedo ayudarla en algo?
—Me ha atendido Hermione, señor Weasley. Ha sido muy atenta.
Su expresión es impasible, pero sus palabras…es como si estuviera diciendo algo totalmente diferente. Es desconcertante.
—Estupendo—le responde Ron—. Nos vemos luego, Hermione.
—Claro, Ron.
Lo observo desaparecer hacia el almacén.
—¿Algo más, señora Black?
—Nada más.
Su tono es distante y seco. Maldita sea…¿La he ofendido? Respiro hondo, me vuelvo y me dirijo a la caja. ¿Qué le pasa?
Marco el precio de la soga, el overol, la cinta, y las bridas.
—Son cuarenta y tres dólares, por favor.
Miro a Bellatrix, pero me arrepiento de inmediato. Está observándome fijamente. Me pone nerviosa.
—¿Quiere una bolsa?—le pregunto tomando su tarjeta de crédito.
—Sí, gracias, Hermione.
Su lengua acaricia mi nombre y el corazón se me vuelve a disparar. A penas puedo respirar. Meto deprisa lo que ha comprado en una bolsa de plástico.
—Ya me llamará si quiere que haga la sesión de fotos.
Vuelve a ser la señora de negocios. Asiento, porque de nuevo me he quedado sin palabras, y le devuelvo su tarjeta de crédito.
—Bien. Hasta mañana, quizá.—se vuelve para marcharse, pero se detiene—. Ah, una cosa Hermione….me alegro de que la señorita Delacour no pudiera hacerme la entrevista.
Sonríe y sale de la tienda meneándose con un exquisito andar seductor y con renovada determinación, dejándome como una mesa temblorosa de embravecidas hormonas. Paso varios minutos mirando la puerta cerrada por la que acaba de marcharse antes de volver a pisar la tierra.
De acuerdo. Me gusta. Ya está, lo he admitido. No puedo seguir escondiendo mis sentimientos. Nunca antes me había sentido así. Me parece atractiva, muy atractiva. Pero sé que es una causa perdida y suspiro con un pesar agridulce. Ha sido solo una coincidencia que viniera. Pero, bueno, puedo admirarla desde la distancia, ¿no? Eso no tiene nada de malo y si encuentro a un fotógrafo, mañana la admiraré a mis anchas. Me muerdo los labios pensándolo y me descubro a mi misma sonriendo como una colegiala. Tengo que llamar a Fleur para organizar la sesión fotográfica.
Regresé y bastante rápido! Hablemos de las actualizaciones: Trataré de subir un capítulo por semana, como sabrán tengo tres historias más en curso y respiraré profundo para tranquilizarme y no enloquecerme antes de tiempo jajaja.
Desde ya, muchas gracias a los que lo van cliqueando como favoritos/seguidores. Y desde luego a los comentarios.
Abrazos y buena semana para todos.
Negesis25: Que bueno que te gustará el primer cap, gracias por seguirla.
LaurenBlack: Me alegro que te gustara el comienzo de esta historia. "Lo de los ojos negros", (cara de asombro), nunca me puse a pensar que podría llegar a tener ojos grises, me encantan todos los puntos de vista. De acuerdo, para no perderte imagínalos en un punto intermedio jajaja. Abrazos.
A Fan: Gracias! Espero que el traductor te permita seguirla y me alegra que te gustara el inicio. Abrazo.
