Capítulo 3
Fleur se pone loca de contenta.
—Pero ¿qué hacía en Weasley?
Su curiosidad se filtra por el teléfono. Estoy al fondo del almacén e intento que mi voz suene despreocupada.
—Pasaba por aquí.
—Me parece demasiada casualidad, Hermione. ¿No crees que haya ido a verte?
El corazón me da un brinco al planteármelo, pero la alegría dura poco. La triste y decepcionante realidad es que ha venido por trabajo.
—Ha venido a visitar el apartamento de agricultura de la universidad. Financia una investigación—murmuro.
—Sí, sí. Ha conseguido al departamento una subvención de dos millones de dólares.
Wow.
—¿Cómo lo sabes?
—Hermione, soy periodista y he escrito un artículo sobre esta mujer. Mi obligación es saberlo.
—Bueno, "Carla Bernstein", no te sulfures. Bueno, ¿quieres esas fotos?
—Pero claro. El problema es quién va a hacerlas y dónde.
—Podríamos preguntarle a ella dónde. Ha dicho que se quedaría por la zona.
—¿Puedes contactarte con ella?
—Tengo su teléfono celular.
Fleur pega un grito.
—¿La soltera más rica, más escurridiza y más enigmática de todo el estado de Washington te ha dado su número de celular?
—Bueno…sí.
—¡Hermione! Le gustas. No tengo la menor duda—afirma categóricamente.
—Fleur, solo pretende ser amable.
Pero incluso mientras lo digo sé que no es verdad. Bellatrix Black no es amable. Es educada, quizá. Y una vocecita me susurra: Tal vez Fleur tiene razón. Se me eriza el vello solo de pensar que quizá, solo quizá, podría gustarle. Después de todo, es cierto que me ha dicho que se alegraba que Fleur no le hubiera hecho la entrevista. Me abrazo a mi misma con silenciosa alegría y giro a la derecha e izquierda considerando la posibilidad de que por un instante pueda gustarle. Fleur me devuelve al presente.
—No sé cómo vamos hacer la sesión. Levi, nuestro fotógrafo habitual, no puede. Ha ido a Idaho Falls a pasar el fin de semana con su familia. Se molestará cuando sepa que se ha perdido la ocasión de fotografiar a una de las empresarias más importantes del país.
—Mmm…¿Y Harry?
—¡Buena idea! Pídeselo tú. Haría cualquier cosa por ti. Luego llama a Bellatrix y le preguntas dónde quiere que vayamos.
Fleur es insufriblemente desdeñosa con Harry.
—Creo que deberías llamarla tú.
—Hermione, eres tú la que tiene trato con ella.
—¿Trato?—exclamo subiendo el tono varias octavas—. A penas conozco a esa mujer.
—Al menos has hablado con ella—dice implacable—. Y parece que quiere conocerte mejor. Hermione, llámala y punto.
Y me cuelga. A veces es muy autoritaria. Frunzo el ceño y le saco la lengua al teléfono.
Estoy dejándole un mensaje a Harry cuando Ron entra en el almacén a buscar papel de lija.
—Hermione, tenemos trabajo ahí afuera—me dice sin acritud.
—Sí, perdona—murmuro, y me doy la vuelta para salir.
—¿De dónde conoces a Bellatrix Black?
Ron intenta mostrarse indiferente, pero no lo consigue.
—Tuve que entrevistarla para la revista de la facultad. Fleur no se sentía bien.
Me encojo de hombros intentando no darle importancia, pero no lo hago mucho mejor que él.
—Bellatrix Black en Weasley. Alucinante—resopla Ron sorprendido. Mueve la cabeza, como si quisiera aclararse las ideas—. Bueno, ¿quieres que salgamos a tomar algo esta noche?
Cada vez que vuelve a casa me propone salir, y siempre le digo que no. Es un ritual. Nunca me ha parecido buena idea salir con el hijo del jefe, y además Ron es lindo, como podría serlo el vecino de al lado, pero por más ilusión que tenga, no puede ser un héroe literario o …heroína. ¿Lo es Bellatrix?, me pregunta la voz de mi conciencia alzando su imaginaria ceja. La hago callar.
—¿No tienen cena familiar por el cumpleaños de tu hermano?
—Mañana.
—Quizá otro día, Ron. Esta noche tengo que estudiar. Tengo exámenes finales la semana que viene.
—Hermione, un día de estos me dirás que sí—me dice sonriendo. Y vuelvo a la tienda.
—Pero yo hago paisajes, Hermione, no retratos—refunfuña Harry.
—Harry, por favor—le suplico.
Con el celular en la mano, recorro el salón de casa contemplando la luz del atardecer al otro lado de la ventana.
—Dame el teléfono.
Fleur me lo quita de las manos y se retira bruscamente el pelo rubio del hombro.
—Escúchame, Harry Potter, si quieres que nuestra revista cubra la inauguración de tu exposición, nos harás la sesión mañana, ¿entendido?
Fleur puede ser increíblemente dura.
—Bien. Hermione volverá a llamarte para decirte dónde y a qué hora. Nos vemos mañana.
Y cuelga.
—Solucionado. Ahora lo único que nos queda es decidir dónde y cuándo. Llámala.
Me tiende el teléfono. Siento un nudo en el estomago.
—¡Llama a Black ahora mismo!
La miro ceñuda y saco la tarjeta de Black del bolsillo trasero de mis pantalones. Respiro largo y profundamente, y marco el numero con dedos temblorosos.
Contesta al segundo tono con voz tranquila y fría.
—Black. Se…señora Black soy Hermione Granger.
No reconozco mi propia voz. Estoy muy nerviosa. Bellatrix se queda un segundo en silencio. Estoy temblando.
—Señorita Granger. Un placer tener noticias suyas.
Le ha cambiado la voz. Creo que está sorprendida, y suena muy…cálida. Incluso seductora. Se me corta la respiración y me ruborizo. De pronto me doy cuenta de que Fleur Delacour está observándome boquiabierta, así que salgo disparada hacia la cocina para evitar su inoportuna mirada escrutadora.
—Bueno…nos gustaría hacer la sesión fotográfica para el artículo.
Respira, Hermione, respira. Mis pulmones absorben una rápida bocanada de aire.
—Mañana, si no tiene problema. ¿Dónde le vendría bien?
Casi puedo oír su sonrisa de esfinge al otro lado del teléfono.
—Me alojo en el hotel Heathman de Portland. ¿Le parece bien a las nueve y media de la mañana?
—Muy bien, nos vemos allí.
Estoy pletórica y sin aliento. Parezco una niña, no una mujer adulta que puede votar y beber alcohol en el estado de Washington.
—Eso deseo, señorita Granger.
Veo el destello malévolo de sus ojos negros. ¿Cómo consigue que dos palabras cierren una promesa tan tentadora? Cuelgo.
Fleur está en la cocina, observándome con una mirada de total y absoluta consternación.
—Hermione Jane Granger. ¿Te gusta? Nunca te había visto ni te había oído tan…tan…alterada por nadie. Te has puesto roja.
—Fleur, ya saber que me pongo roja por nada. Lo hago por deporte. No seas ridícula—le contesto enfadada.
Fleur parpadea sorprendida. Es muy raro que yo me enoje, y si lo hago, se me pasa enseguida.
—Me intimida…eso es todo.
—En el Heathman, nada menos—murmura Fleur—. Voy a llamar al gerente para negociar con él un lugar para la sesión.
—Yo voy hacer la cena. Luego tengo que estudiar.
Incapaz de disimular que estoy molesta con ella, abro un armario para empezar a preparar la cena.
Esa noche estoy intranquila, no paro de moverme y de dar vueltas en la cama. Sueño con ojos negros, overoles de trabajo, piernas largas, dedos largos y lugares muy oscuros e inexplorados. Me despierto dos veces con el corazón latiéndome a toda velocidad. Si no pego un ojo, mañana voy a tener una pinta estupenda, me regaño a mí misma. Doy un golpe sobre la almohada e intento calmarme.
El Heathman está en el centro de Portland. Terminaron el impresionante edificio de piedra marrón justo a tiempo para el crack de finales de los años veinte. Harry, Travis y yo vamos en mi Fiat 600, y Fleur en su CLK, porque en mi coche no cabemos todos. Travis es amigo y ayudante de Harry, y ha venido a darle una mano con la iluminación. Fleur ha conseguido que nos dejen utilizar una habitación del Heathman a cambio de mencionar el hotel en el artículo. Cuando explica a la recepción que hemos venido a fotografiar a la empresaria Bellatrix Black, nos suben de inmediato a una suite. Pero a una normal, porque al parecer la señora Black está alojada en la suite más grande del edificio. Un responsable de márquetin demasiado entusiasta nos muestra la suite. Es jovencito y por alguna razón está muy nervioso. Sospecho que la belleza de Fleur y su aire autoritario lo desarman, porque hace con él lo que quiere. Las habitaciones son elegantes, sobrias y con muebles de calidad.
Son las nueve. Tenemos media hora para prepararlo todo. Fleur va de un lado a otro.
—Harry, creo que la colocaremos delante de esta pared. ¿Estás de acuerdo?—no espera a que le responda—. Travis, retira las sillas. Hermione, ¿puedes pedir que nos traigan unas bebidas? Y dile a Black que estamos aquí.
Sí, ama. Es tan dominante…pongo los ojos en blanco, pero hago lo que me pide.
Media hora después Bellatrix Black entra en nuestra suite.
¡Madre mía! Lleva una camisa blanca tres cuartos con el cuello abierto, revelando gran parte de sus atributos personales y un palazo negro con una caída perfecta, acentuando sus caderas para finalizar el conjunto con sus elegantísimos zapatos negros de taco fino. Todavía tiene el pelo mojado. Al mirarla se me seca la boca…esta alucinantemente preciosa. Entra en la suite acompañada de un hombre de cincuenta y largos años, con una mediana melena brillante, un elegante traje negro y corbata, que se queda en silencio en una esquina. Sus ojos oscuros nos miran impasibles.
—Señorita Granger, volvemos a vernos.
Black me tiende la mano, que estrecho mientras parpadeo rápidamente. ¡Dios mío!...está realmente espectacular…Cuando le toco la mano, siento esa agradable corriente que me corre el cuerpo entero, me enciende y me hace que me ruborice. Estoy convencida de que todo el mundo puede oír mi respiración irregular.
—Señora Black, le presento a Fleur Delacour—susurro señalando a Fleur, que se acerca y la mira a los ojos.
—La tenaz señorita Delacour. ¿Qué tal está?—sonríe un poco y parece de verdad divertida—. Espero que se encuentre mejor. Hermione me dijo que la semana pasada estuvo enferma.
—Estoy bien, gracias, señora Black.
Le estrecha la mano, sin pestañar. Me recuerdo a mi misma que Fleur ha ido a las mejores escuelas privadas de Washington. Su familia tiene dinero, así que ha crecido segura de sí misma y de su lugar en el mundo. No anda con tonterías. A mi impresiona.
—Gracias por haber encontrado un momento para la sesión—le dice con una sonrisa educada y profesional.
—Es un placer—le contesta Black lanzándome una mirada.
Vuelvo a ruborizarme. Maldita sea.
—Este es Harry Potter, nuestro fotógrafo—le digo.
Y sonrío a Harry, que me devuelve una sonrisa cariñosa y luego mira a Black con frialdad.
—Señora Black.—la saluda con un movimiento de cabeza.
—Señor Potter.
La expresión de Black también cambia mientras observa a Harry.
—¿Dónde quiere que me coloque?—le pregunta Black en un tono un tanto amenazador.
Pero Fleur no está dispuesta a dejar que Harry lleve la voz cantante.
—Señora Black, ¿puede sentarse aquí, por favor? Tenga cuidado con los cables. Y luego haremos también unas cuantas de pie.
Le indica una silla colocada contra la pared.
Travis enciende las luces, que por un momento ciegan a Bellatrix, y susurra una disculpa. Luego él y yo nos quedamos atrás y observamos a Harry mientras toma las fotografías. Toma varias con la cámara en la mano, pidiéndole a Black que se gire a un lado, al otro, que mueva un brazo y que vuelva a bajarlo. Luego coloca la cámara en el trípode y sigue tomando fotos de Black sentada, posando pacientemente y con naturalidad, durante unos veinte minutos. Mi deseo se ha hecho realidad: Estoy admirando a Black desde una distancia nada grande. En dos ocasiones nuestros ojos se encuentran y tengo que apartar la mirada de la suya.
—Ya tenemos bastantes sentada—interrumpe Fleur—. ¿Puede ponerse de pie, señora Black?
Se levanta y Travis corre a retirar la silla. El obturador de la Nikon de Harry empieza a chasquear de nuevo.
—Creo que ya tenemos suficientes—anuncia Harry cinco minutos después.
—Muy bien—dice Fleur—. Gracias de nuevo, señora Black.
Le estrecha la mano, y también Harry.
—Me encantará leer su artículo, señorita Delacour—murmura Black, y se vuelve hacia mí, que estoy junto a la puerta—. ¿Viene conmigo, señorita Granger?—me pregunta.
—Claro—le contesto, totalmente desconcertada.
Miro nerviosa a Fleur, que se encoje de hombros. Veo que Harry, que está detrás de ella, pone mala cara.
—Que tengan un buen día—dice Bellatrix abriendo la puerta y apartándose a un lado para que yo salga primero.
Pero…¿Qué es todo esto? ¿Qué quiere? Me detengo en el pasillo y me muevo nerviosa mientras Black sale de la habitación seguida por el hombre de traje negro.
—Enseguida te aviso, Severus—murmura Bellatrix al señor que la acompaña.
Severus se aleja por el pasillo y Black dirige su ardiente mirada negra hacia mí. Maldición…¿He hecho algo mal?
—Me preguntaba si querría tomar un café conmigo.
El corazón se me sube de golpe a la boca. ¿Una cita? Bellatrix Black está pidiéndome una cita. Está preguntándote si quieres un café. Quizá piensa que todavía no te has despertado, me suelta la voz de mi conciencia en tono burlón. Carraspeo e intento controlar los nervios.
—Tengo que llevar a todos a casa—murmuro a modo de disculpa retorciendo las manos y los dedos.
—¡Severus!—grita.
Pego un salto. Severus, que se había quedado esperando al fondo del pasillo, se vuelve y regresa con nosotras.
—¿Van a la universidad?—me pregunta Black en voz baja.
Asiento, porque estoy demasiado aturdida para contestarle.
—Severus puede llevarlos. Es mi chofer. Tenemos una cuatro por cuatro grande, así que también puede llevar el equipo.
—¿Señora Black?—pregunta Severus cuando llega hasta nosotras con rostro inexpresivo.
—¿Puede llevar a su casa al fotógrafo, su ayudante y la señorita Delacour, por favor?
—Por supuesto, señora—contesta Severus.
—Arreglado. ¿Puede ahora venir conmigo a tomar un café?
Black sonríe dándolo por hecho.
Frunzo el ceño.
—Vera…señora Black…esto…la verdad…Mire, no es necesario que Severus los lleve.—lanzo una rápida mirada a Severus, que sigue estoicamente impasible—. Puedo intercambiar el coche con Fleur, si me espera un momento.
Bellatrix me dedica una sonrisa de oreja a oreja deslumbrante y natural. Madre mía…abre la puerta de la suite y la sostiene para que pase. Entro de prisa y encuentro a Fleur en plena discusión con Harry.
—Hermione, creo que no hay duda de que le gustas—me dice sin el menos preámbulo.
Harry me mira ceñudo.
—Pero no me fio de ella—añade Fleur.
Levanto la mano con la esperanza de que se calle, y milagrosamente lo hace.
—Fleur, ¿Puedes llevarte el Fiat y dejarme tu choche?
—¿Por qué?
—Bellatrix Black me ha pedido que vaya a tomar un café con ella.
Se queda boquiabierta, sin saber que decir. Disfruto del momento. Me toma del brazo y me arrastra hasta el dormitorio, al fondo de la sala de estar de la suite.
—Hermione, es una mujer rara—me advierte—. Es muy atractiva, de acuerdo, pero creo que es peligrosa. Especialmente para alguien como tú.
—¿Qué quieres decir con eso de alguien como yo?—le pregunto ofendida.
—Una inocente como tú, Hermione. Ya sabes lo que quiero decir—me contesta un poco enfadada.
Me ruborizo.
—Fleur, solo es un café. Empiezo los exámenes esta semana y tengo que estudiar, así que no me quedaré mucho.
Arruga los labios, como si estuviera considerando mi petición. Al final se saca las llaves del bolsillo y me las da. Le doy las mías.
—Nos vemos luego. No tardes, o pediré que vayan a rescatarte.
—Gracias.
La abrazo.
Salgo de la suite y encuentro a Bellatrix esperándome apoyada en la pared. Parece una modelo posando para una sofisticada revista de moda.
—Ya está. Vamos a tomar un café—murmuro sonrojándome de nuevo.
Sonríe.
—Usted primero, señorita Granger.
Se incorpora y hace un gesto para que pase delante. Avanzo por el pasillo con las piernas temblando, el estomago lleno de mariposas y el corazón latiéndome violentamente. Voy a tomar un café con Bellatrix Black…y odio el café.
Caminamos juntas por el amplio pasillo hacia el ascensor. ¿Qué puedo decirle? De pronto el temor me paraliza la mente. ¿De qué vamos a hablar? ¿Qué tengo yo en común con ella? Su voz cálida me sobresalta y me aparta de mis pasamientos.
—¿Cuánto hace que conoce a Fleur Delacour?
Bueno, una pregunta fácil para empezar.
—Desde el primer año de facultad. Somos buenas amigas.
—Ya—replica evasiva.
¿Qué está pensando?
Pulsa el botón para llamar el ascensor y casi de inmediato suena el pitido. Las puertas se abren y muestran a una joven pareja abrazándose apasionadamente. Se separan de golpe, sorprendidos e incómodos, y miran con aire de culpabilidad en cualquier dirección menos la nuestra. Black y yo entramos en el ascensor.
Intento mantener la seriedad, así que miro al suelo al sentir que las mejillas me arden. Cuando miro hacia Bellatrix, parece que ha esbozado una sonrisa, pero es muy difícil asegurarlo. La joven pareja no dice nada. Descendemos a la planta baja en un incomodo silencio. Ni siquiera suena uno de esos terribles musicales para distraernos.
Las puertas se abren y, para mi gran sorpresa, Bellatrix me toma de la mano y me la sujeta con sus dedos largos y fríos. Siento la corriente recorriendo mi cuerpo, y mis ya rápidos latidos se aceleran. Mientras tira de mí para salir del ascensor, oímos a nuestras espaldas la risita tonta de la pareja. Black sonríe.
—¿Qué tendrán los ascensores?—masculla.
Cruzamos el amplio y animado vestíbulo del hotel en dirección a la entrada, pero Black evita la puerta giratoria. Me pregunto si es por qué tendría que soltarme la mano.
Es un bonito domingo de mayo. Brilla el sol y apenas hay tráfico. Black gira a la izquierda y avanzamos hacia la esquina, donde nos detenemos a esperar que cambie el semáforo. Estoy en la calle y Bellatrix Black me lleva de la mano. Nunca he paseando de la mano de nadie. La cabeza me da vueltas, y un cosquilleo me recorre todo el cuerpo. Trato de reprimir la ridícula sonrisa que amenaza con dividir mi cara en dos. Intenta calmarte, Hermione, me implora la voz de mi conciencia. El hombrecito verde del semáforo se ilumina y seguimos nuestro camino.
Caminamos cuatro manzanas hasta llegar al Portland Coffee House, donde Black me suelta para sujetarme la puerta.
—¿Por qué no elige una mesa mientras voy a pedir? ¿Qué quiere tomar?—me pregunta, tan educada como siempre.
—Tomaré…eh…un té negro.
Alza la ceja.
—¿No quiere un café?
—No me gusta demasiado el café.
Sonríe.
—Muy bien, un té negro. ¿Dulce?
Me quedo un segundo perpleja, pensando que se refiere a mí, pero por suerte aparece la voz de mi conciencia frunciendo los labios. No, tonta…que si lo quieres con azúcar.
—No, gracias.
Me miro los dedos nudosos.
—¿Quiere comer algo?
—No, gracias.
Niego con la cabeza y Bellatrix se dirige a la barra.
Levanto un poco la vista y la miro furtivamente mientras espera en la cola a que le sirvan. Podría pasarme el día mirándola…es alta, esculturalmente perfecta y con clase…y como le cae ese palazo…Madre mía. Un par de veces se pasa los largos y bonitos dedos por el pelo, que ya está seco y perfectamente ondulado. Ay, cómo me gustaría ser yo la que acariciara esos cabellos. La idea se me pasa de pronto por la cabeza y me arde la cara. Me muerdo el labio y vuelvo a mirarme las manos. No me gusta el rumbo que están tomando mis caprichosos pensamientos.
—Un dólar por sus pensamientos.
Bellatrix ha vuelto y me mira fijamente.
Me pongo colorada. Solo estaba pensando en pasarte los dedos por el pelo y preguntándome si sería suave. Niego con la cabeza.
Bellatrix lleva una bandeja en las manos, que deja en la pequeña mesa redonda enchapada en abedul. Me tiende una taza, un platillo, una tetera pequeña y otro plato con una bolsita de té con la etiqueta de "Twinings english breakfast", mi favorito. Para ella, un café con un bonito dibujo de una hoja en la espuma de la leche. ¿Cómo lo hacen?, me pregunto distraída. También se ha pedido un muffin de arándanos. Coloca la bandeja a un lado, se sienta elegantemente frente a mí y cruza sus largas piernas. Parece cómoda, muy a gusto con su cuerpo. La envidio. Y aquí estoy yo, desgarbada y torpe, casi incapaz de ir d sin caerme.
—¿Qué está pensando?—insiste.
—Que este es mi té favorito.
Hablo en voz baja y entre cortada. Sencillamente, no puedo creer que esté con Bellatrix Black en una cafetería de Portland. Frunce el ceño. Sabe que estoy escondiéndole algo. Introduzco la bolsita de té en la tetera y casi inmediatamente la retiro con la cucharita. Black ladea la cabeza y me mira con curiosidad mientras dejo la bolsita de té en el plato.
—Me gusta el té negro muy flojo—murmuro a modo de explicación.
—Ya veo. ¿Es su novio?
Pero ¿Qué dice?
—¿Quién?
—El fotógrafo. Harry Potter.
Me río nerviosa, aunque con curiosidad. ¿Por qué le ha dado esa impresión?
—No. Harry es un buen amigo mío. Eso es todo. ¿Por qué ha pensado que era mi novio?
—Por cómo se sonríen.
Me sostiene la mirada. Es desconcertante. Quiero apartarla, pero estoy atrapada, embelesada.
—Es como de la familia—susurro.
Black asiente, al parecer satisfecha con mi respuesta, y mira su muffin de arándanos. Sus largos dedos retiran el papel con delicadeza, y yo la contemplo fascinada.
—¿Quiere un poco?—me pregunta.
Y recupera esa sonrisa divertida que esconde un secreto.
—No, gracias.
Frunzo el ceño y vuelvo a mirarme las manos.
—Y el chico que me presento ayer en la tienda…¿no es su novio?
—No. Ron es solo un amigo. Se lo dije ayer.
¿Qué tonterías son estas?
—¿Por qué me lo pregunta?—le digo.
—Parece nerviosa cuando esta con hombres.
Maldita sea, eso es algo personal. Solo me pongo nerviosa cuando estoy con usted, Black y claramente no es un hombre.
—Usted me resulta intimidante.
Me pongo colorada, pero mentalmente me doy palmaditas en la espalda por mi sinceridad y vuelvo a clavar la vista en mi taza. La oigo respirar profundamente.
—De modo que le resulto intimidante—replica asintiendo—. Es usted muy sincera. No baje la cabeza, por favor. Me gusta verle la cara.
La miro y me dedica una sonrisa alentadora, aunque irónica.
—Eso me da alguna pista de lo que puede estar pensando—me dice—. Es usted un misterio, señorita Granger.
¿Un misterio? ¿Yo?
—No tengo nada de misteriosa.
—Creo que es usted muy contenida—murmura.
¿De verdad? Wow…¿Cómo lo consigo? Es increíble. ¿Yo, contenida? Imposible.
—Menos cuando se ruboriza, claro, cosa que hace a menudo. Me gustaría saber porque se ha ruborizado.
Se lleva el muffin a los labios y mastica un pequeño trozo, mirándome directamente. Y como no podía ser de otra manera, me ruborizo. ¡Maldición!
—¿Siempre hace comentarios tan personales?
—No me había dado cuenta de que era personal. ¿La he ofendido?—me pregunta en tono sorprendido.
—No—le contesto sinceramente.
—Bien.
—Pero es usted un poco arrogante.
Alza una ceja y, si no me equivoco también ella se ruboriza ligeramente.
—Suelo hacer las cosas a mi manera, Hermione—murmura—. En todo.
—No lo dudo. ¿Por qué no me ha pedido que la tuteé?
Me sorprende mi osadía. ¿Por qué la conversación se pone tan seria? Las cosas no están yendo como pensaba. No puedo creer que este mostrándome tan hostil hacia ella. Como si ella intentara advertirme de algo.
—Solo me tutean mi familia y unos pocos amigos íntimos. Lo prefiero así.
Todavía no me ha dicho: "Llámeme Bellatrix". Es sin duda una obsesa del control, no hay otra explicación, y parte de mí está pensando que quizá habría sido mejor que la entrevistara Fleur. Dos obsesas del control juntas. Además, ella es rubia natural, bueno…como todas las mujeres de la empresa. Y es bonita, me recuerda la voz de mi conciencia. No me gusta imaginar a Bellatrix y a Fleur juntas. Doy un sorbo a mi té, y Black se lleva otro trozo de muffin a la boca.
—¿Es usted hija única?—me pregunta.
Ah…ahora cambia de conversación.
—Sí.
—Hábleme de sus padres.
¿Por qué quiere saber cosas de mis padres? Es muy aburrido.
—Mi madre vive en Georgia con su nuevo marido, Remus. Mi padrastro vive en Montesano.
—¿Y su padre?
—Mi padre murió cuando yo era una niña.
—Lo siento—musita.
Por un segundo la expresión de su cara se altera.
—No me acuerdo de él.
—¿Y su madre volvió a casarse?
Resoplo.
—Nunca mejor dicho.
Frunce el ceño.
—No cuenta demasiado de su vida, ¿verdad?—me dice en tono seco pasándose uno de sus bonitos dedos por el labio inferior, como pensativa.
—Usted tampoco.
—Usted ya me ha entrevistado, y recuerdo algunas preguntas bastantes personales—me dice sonriendo.
¡Ay! Se refiere a la pregunta de si era lesbiana. Vuelvo a morirme de vergüenza. Sé que en los próximos años voy a necesitar terapia intensiva para no sentirme tan mal cada vez que recuerdo ese momento. Suelto lo primero que se me ocurre sobre mi madre, cualquier cosa para apartar ese recuerdo.
—Mi madre es genial. Es una romántica empedernida. Ya se ha casado cuatro veces.
Bellatrix alza las cejas sorprendida.
—La extraño—sigo diciéndole—. Ahora está con Remus. Espero que la controle un poco y junte los trozos cuando sus descabellados planes no vayan como ella esperaba.
Sonrío con cariño. Hace mucho que no veo a mi madre. Bellatrix me observa atentamente, dando sorbos a su café de vez en cuando. La verdad es que no debería mirarle el escote. Me perturba.
—¿Se lleva bien con su padrastro?
—Claro. Crecí con él. Para mí es mi padre.
—¿Y cómo es?
—¿Wendell? Es…taciturno.
—¿Eso es todo?—me pregunta Black sorprendida.
Me encojo de hombros. ¿Qué espera esta mujer? ¿La historia de mi vida?
—Taciturno como su hijastra—me suelta Bellatrix.
Me contengo para no soltar un bufido.
—Le gusta el futbol, sobre todo el europeo, y los bolos, y pescar, y hacer muebles. Es carpintero. Estuvo en el ejército.
Suspiro.
—¿Vivió con él?
—Sí. Mi madre conoció a su marido numero tres cuando yo tenía quince años. Y yo me quedé con Wendell.
Frunce el ceño, como si no lo entendiera.
—¿No quería vivir con su madre?—me pregunta.
Francamente, a ella que le importa.
—El marido numero tres vivía en Texas. Yo tenía mi vida en Montesano. Y…bueno, mi madre acababa de casarse.
Me callo. Mi madre nunca habla de su marido numero tres.
¿Qué pretende Black? No es asunto suyo. Yo también puedo jugar su juego.
—Cuénteme cosas sobre sus padres—le pido.
Se encoje de hombros.
—Mi padre es abogado, mi madre, pediatra. Viven en Seattle.
Bueno…ha crecido en una familia acomodada. Pienso en una exitosa pareja que adopta a dos niñas, y una de ellas llega a ser una mujer atractiva que se mete en el mundo de los negocios y lo conquista sin ayuda de nadie. ¿Qué la llevó por ese camino? Sus padres deben estar orgullosos.
—¿A qué se dedica su hermana y su primo?
—Sirius, mi primo el cual creció con nosotras y considero un hermano, es constructor, y mi hermana está en París estudiando cocina con un famoso chef francés.
Sus ojos se nublan enojados. No quiere hablar de su familia ni de ella.
—Me han dicho que París es precioso—murmuro.
¿Por qué no quiere hablar de su familia? ¿Por qué es adoptada?
—Es bonito. ¿Ha estado?—me pregunta olvidando su enojo.
—Nunca he salido de Estados Unidos.
Volvemos a las trivialidades. ¿Qué esconde?
—¿Le gustaría ir?
—¿A París?—exclamo.
Me he quedado desconcertada. ¿A quién no le gustaría ir a París?
—Por supuesto—le contesto—. Pero a dónde de verdad me gustaría ir es a Inglaterra.
Ladea un poco la cabeza jugando con su labio inferior distraídamente…. ¡Madre mía!
—¿Por?
Parpadeo. Concéntrate, Hermione.
—Porque allí nacieron Shakespeare, Austen, las hermanas Bronte, Thomas Hardy…me gustaría ver los lugares que les inspiraron a escribir libros tan maravillosos.
Al mencionar a estos grandes literatos recuerdo que debería estar estudiando. Miro el reloj.
—Voy a marcharme. Tengo que estudiar.
—¿Para los exámenes?
—Sí. Empiezan el martes.
—¿Dónde está el coche de la señorita Delacour?
—En el parking del hotel.
—La acompaño.
—Gracias por el té, señora Black.
Esboza su extraña sonrisa de guardar un gran secreto.
—No hay de qué, Hermione. Ha sido un placer. Vamos—me dice tendiéndome una mano.
La tomo, perpleja, y salgo con ella de la cafetería.
Caminamos hasta el hotel, y me gustaría decir que en amigable silencio. Al menos, ella parece tranquila como siempre. En cuanto a mí, me desespero intentando analizar cómo ha ido nuestro café matutino. Me siento como si me hubieran entrevistado para un trabajo, pero no estoy segura de para qué.
—¿Siempre lleva jeans?—me pregunta inesperadamente.
—Casi siempre.
Asiente. Hemos llegado al cruce, al otro lado de la calle del hotel. Todo me da vueltas. Que pregunta tan rara…y soy consciente de que no nos queda mucho tiempo juntas. Esto es todo. Esto ha sido todo, y lo he fastidiado, lo sé. Quizá sale con alguien.
—¿Tiene novia?—le suelto.
¡Maldita sea! ¿Lo he dicho en voz alta? ¿Y he supuesto sin más que es lesbiana?
Sus labios se arrugan formando una media sonrisa y me mira fijamente.
—No, Hermione. Yo no tengo novias—me contesta en voz baja.
¿Qué quiere decir? Por un momento creo que va a darme una explicación, alguna pista sobre su enigmática frase, pero no lo hace. Tengo que marcharme. Tengo que poner mis ideas en orden. Tengo que alejarme de ella. Doy un paso adelante, tropiezo y salgo precipitada hacia la carretera.
—¡Maldición, Hermione!—grita Bellatrix.
Tira de mi mano con tanta fuerza que acabo cayendo encima de ella justo cuando pasa a toda velocidad un ciclista en contra mano, y no me atropella de milagro.
Todo sucede muy deprisa. De pronto estoy cayéndome, y en cuestión de segundos estoy entre sus brazos y me aprieta fuerte contra sus pechos. Respiro su aroma embriagante y perfumado. Huele a rosas y a gel caro. Es sumamente envolvente. Inhalo profundamente.
—¿Estás bien?—me susurra.
Con un brazo me mantiene sujeta, pegada a ella, y con los dedos de la otra mano me recorre suavemente la cara para asegurarse de que no me he hecho daño. Su pulgar me roza el labio inferior; contiene la respiración. Me mira fijamente a los ojos, y por un momento, o quizá durante una eternidad, le sostengo la mirada inquieta y ardiente, pero al final centro la atención en sus tentadores labios. Y por primera vez en veintiún años quiero que me besen. Quiero sentir sus labios juntos a los míos.
Volví, cumpliendo con la actualización. Me estoy portando demasiado bien para ser yo jaja. Hermione cada vez más cerca de Bella y más atraída.
Me había olvidado de comentarles que en mi canal de YouTube Alphania Hodel, el video de las 50 sombras de Bellamione ya está hecho. Si quieren pasar y hacerse una idea de cómo nuestra Bella encanta a Hermione con sus raras obsesiones.
Bueno, como siempre, comenten y abrazos. Hasta la semana que viene.
A fan: Oh sí, cada vez es peor. Bella se está comportando como una dama, pero Hermione la está empujando para que muestre su verdadero ser. Abrazos.
