Capítulo 4
¡Bésame, maldita sea!, le suplico, pero no puedo moverme. Un extraño y desconocido deseo me paraliza. Estoy totalmente cautiva. Observo fascinada la boca de Bellatrix Black, y ella me observa a mí con una mirada velada, con ojos cada vez más impenetrables. Respira más deprisa de lo normal, y yo he dejado de respirar. Estoy entre sus brazos. Bésame, por favor. Cierra los ojos, respira muy hondo y mueve ligeramente la cabeza, como si respondiera a mi silenciosa petición. Cuando vuelve abrirlos, ha recuperado la determinación, ha tomado una férrea decisión.
—Hermione, deberías mantenerte alejada de mí. No soy una mujer para ti—susurra.
¿Qué? ¿A qué viene esto? Se supone que soy yo la que debería decirlo. Frunzo el ceño y muevo la cabeza en señal de negación.
—Respira, Hermione, respira. Voy a soltarte y a dejarte marchar—me dice en voz baja.
Y me aparta suavemente.
Me ha subido la adrenalina por todo el cuerpo, por el ciclista que casi me atropella o por la embriagadora proximidad de Bellatrix, y me siento paralizada y débil. ¡No!, grita mi mente mientras ella se aparta dejándome desamparada. Apoya las manos en mis hombros con delicadeza, a cierta distancia, y observa atentamente mi reacción. Y lo único que puedo pensar es que quería que me besara, ¿no era obvio? , pero no lo ha hecho. No me desea. La verdad es que no me desea. He arruinado soberanamente la cita.
—Quiero decirte una cosa—le digo tras recuperar la voz—. Gracias—musito hundida en la humillación.
¿Cómo he podido malinterpretar hasta tal punto la situación entre nosotras? Tengo que apartarme de ella.
—¿Por qué?
Frunce el ceño. Me ha retirado las manos de mis hombros.
—Por salvarme—susurro.
—Ese idiota iba en contra mano. Me alegro haber estado aquí. Me dan escalofríos solo de pensar lo que te podría haber pasado. ¿Quieres venir al hotel y sentarte un rato?
Me suelta y baja las manos. Estoy frente a ella y me siento como una tonta.
Intento aclarar mis ideas. Solo quiero marcharme. Todas mis vagas e incoherentes esperanzas se han frustrado. No me desea. ¿En qué estaba pensando?, me enojo conmigo misma. ¿Qué iba a interesarle de ti a Bellatrix Black?, se burla la voz de mi conciencia. Me rodeo con los brazos, me giro hacia la carretera y veo aliviada que en el semáforo ha aparecido el hombrecillo verde. Cruzo rápidamente, consciente que Bellatrix me sigue. Frente al hotel, vuelvo un instante la cara hacia ella, pero no puedo mirarla a los ojos.
—Gracias por el té y por la sesión de fotos—murmuro.
—Hermione…yo…
Se calla. Su tono angustiado me llama la atención, de modo que la miro involuntariamente. Se pasa la mano por sus bucles con mirada desolada. Parece destrozada, frustrada y con expresión alterada. Su prudente control ha desaparecido.
—¿Qué, Bellatrix?—le pregunto bruscamente al ver que no dice nada.
Quiero marcharme. Necesito llevarme mi frágil orgullo herido y mimarlo para que se cure.
—Buena suerte en los exámenes—murmura.
¿Cómo? ¿Por eso parece tan desolada? ¿Es esta su fantástica despedida? ¿Desearme suerte en los exámenes?
—Gracias—le contesto sin disimular el sarcasmo—. Adiós, señora Black.
Doy media vuelta, me sorprende un poco no tropezar y, sin volver a dirigirle la mirada, desaparezco por la vereda en dirección al estacionamiento subterráneo.
Ya en el oscuro y frio cemento del estacionamiento, bajo su débil luz de tubo fluorescente, me apoyo en la pared y me cubro la cara con las manos. ¿En qué estaba pensando? No puedo evitar que se me llenen los ojos de lágrimas. ¿Por qué lloro? Me dejo caer al suelo, enfadada conmigo misma por esta absurda reacción. Levanto las rodillas y las rodeo con los brazos. Quiero hacerme lo más pequeña posible. Quizá este disparatado dolor sea menor cuanto más pequeña me haga. Apoyo la cabeza en las rodillas y dejo que las irracionales lágrimas fluyan sin freno. Estoy llorando la perdida de algo que nunca he tenido. Que ridículo. Sintiendo en lo más profundo la lejanía de algo que nunca ha existido…mis esperanzas frustradas, mis sueños frustrados y mis expectativas destrozadas.
Nunca me habían rechazado. Bueno, siempre era una de las últimas a las que elegían para jugar al básquet o al voleibol, pero eso lo entendía. Correr y hacer algo más a la vez, como hacer rebotar o lanzar una pelota, no es lo mío. Soy una autentica negada para cualquier deporte.
Pero en el plano sentimental, nunca me he expuesto. Toda mi vida he sido muy insegura. Como dicen mis amigos: Te sienta bien estar en la biblioteca…sí, y a eso me resumo, nada que pueda atraer o gustar de alguna forma. Siempre me he cerrado al amor. En clase de química hubo un chico al que le gustaba, pero nadie nunca despertó mi interés…nadie excepto la maldita Bellatrix Black. Quizá debería ser más agradable con gente como Ron Weasley y Harry Potter, aunque estoy segura de que ninguno de ellos ha acabado llorando solo en la oscuridad. Quizá solo necesite un buen llanto.
¡Basta! ¡Basta ya!, me grito metafóricamente, con los brazos cruzados, apoyados en mis piernas. Metete en el coche, vete a casa y ponte a estudiar. Olvídala… ¡Ahora mismo! Y deja ya de auto compadecerte, de castigarte y toda esta locura.
Respiro hondo varias veces y me levanto. Animo, Hermione. Me dirijo al coche de Fleur secándome las lágrimas. No volveré a pensar en ella. Anotaré este incidente en la lista de las experiencias de la vida y me centraré en los exámenes.
Cuando llego, Fleur está sentada a un costado de la mesa con la laptop. La sonrisa con la que me recibe se desvanece cuando me ve.
—Hermione, ¿qué pasa?
Oh, no…la santa inquisidora, Fleur Delacour. Muevo la cabeza como hace ella cuando quiere dar a entender que no está para historias, pero no sirve de nada.
—Has llorado.
A veces tiene un don especial para decir lo que es obvio.
—¿Qué te ha hecho esa hija de puta?—gruñe con una cara que da miedo.
—Nada, Fleur.
En realidad, ese es el problema. Al pensarlo, sonrío con ironía.
—¿Y por qué has llorado? Tú nunca lloras—me dice en tono más suave.
Se levanta. Sus ojos azules me miran preocupados. Me abraza. Tengo que decir lo que sea para quitármela de encima.
—Casi me atropella un ciclista.
Es lo mejor que se me ocurre decirle para por un momento se olvide de Black.
—Dios mío, Hermione..…¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño?
Se aparta un poco y me echa un rápido vistazo para comprobar si todo está en orden.
—No. Bellatrix me ha salvado—susurro—. Pero me he pegado un susto de muerte.
—No me extraña. ¿Qué tal el café? Sé que odias el café.
—He tomado un té. Ha ido bien. Nada que comentar, la verdad. No sé porque me lo ha pedido.
—Le gustas, Hermione—me dice mientras me suelta.
—Ya no. No voy a volver a verla.
Sí, consigo que suene como si no me importara.
—¿Cómo?
Maldita sea. Está intrigada. Me meto en la cocina para que no pueda verme la cara.
—Sí…no tiene demasiado que ver conmigo, Fleur—le digo lo más firmemente que puedo.
—¿Qué quieres decir?
—Fleur, es obvio.
Me vuelvo y me coloco frente a ella, está de pie en la puerta de la cocina.
—Para mí no—me dice—. Bueno, tiene más dinero que tú, pero tiene más dinero que casi todo el mundo en este país.
—Fleur, es…
Me encojo de hombros.
—¡Hermione, por favor! ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Eres una niña—me interrumpe.
Oh, no. Ya estamos otra vez con ese rollo.
—Fleur, por favor, tengo que estudiar—la corto.
Pone mala cara.
—¿Quieres ver el artículo? Está acabado. Harry ha hecho algunas fotos buenísimas.
¿Tengo que ver a la irresistible Bellatrix Black, la que no siente el menor interés por mí? ¿De verdad, Fleur?
—Claro.
Me saco una sonrisa de la manga y me acerco a la computadora. Y ahí está, mirándome en blanco y negro, mirándome y encontrándome indigna de su interés.
Finjo leer el artículo, pero no aparto los ojos de su firme mirada negra. Busco en la foto alguna pista de por qué no es una mujer para mí, como me ha dicho. Y de repente me parece obvio. Es demasiado hermosa. Somos polos opuestos, y de dos mundos diferente. Me veo a mí misma como a Ícaro cuando se acerca demasiado al sol, se quema y se estrella. Tiene razón. No es una mujer para mí. Es lo que ha querido decirme, y eso hace más difícil aceptar su rechazo…bueno, casi. Podré soportarlo. La entiendo.
—Muy bueno, Fleur—logro decirle—. Me voy a estudiar.
Me propongo no volver a pensar en ella de momento. Abro los apuntes y empiezo a leer.
Solo cuando estoy en la cama, intentando dormir, permito que mis pensamientos se trasladen a mi extraña mañana, no dejo de pensar en eso de que no tiene "novias", y me enojo por no haber tenido en cuenta esa información antes de estar entre sus brazos suplicándole mentalmente con todos los poros de mi piel que me besara. Lo había dicho. No me quería como novia. Me recuesto de costado. Me pregunto si quizá no tiene relaciones sexuales. Cierro los ojos y empiezo a quedarme dormida. Quizá esté reservándose, aunque ni yo me lo creo. Y si ese fuera el caso, bueno…no para ti. La adormilada voz de mi conciencia me da un último golpe antes de sumergirse en mis sueños.
Y esa noche sueño con ojos negros como la noche y dibujo de hojas en la espuma de la leche, y corro por lugares a penas iluminados por una luz fantasmagórica, y no sé si corro en dirección a algo o huyendo de algo…no queda claro.
Suelto el lápiz. Se acabo. He terminado mi último examen. Sonrió de oreja a oreja. Probablemente sea la primera vez que sonrío en toda la semana. Es viernes, y esta noche lo celebraremos. Lo festejaremos en grande. Quizá hasta que me emborrache. Nunca me he emborrachado. Miro a Fleur, que está en el otro extremo de la clase, todavía escribiendo como una loca. Faltan cinco minutos para terminar. Esto es todo. Se acabó mi carrera académica. Ya no tendré que volver a sentarme en filas de alumnos nerviosos. Mi mente da grandiosas volteretas, aunque sé de sobra que mis saltos solo pueden ser graciosos en mi interior. Fleur deja de escribir y suelta el lápiz. Me mira también con una sonrisa resplandeciente.
De camino a casa, en su Mercedes, nos negamos a hablar del examen. Fleur está mucho más preocupada por lo que va a ponerse esta noche. Yo intento encontrar las llaves en el bolso.
—Hermione, hay un paquete para ti.
Fleur está en las escaleras, frente a la puerta de la calle, con un paquete envuelto en papel de embalar. Qué raro. No recuerdo haber encargado nada por línea. Fleur me da el paquete y tomo mis llaves para abrir la puerta. El paquete está dirigido a la señorita Hermione Granger. No lleva remitente. Quizá sea de mi madre o de Wendell.
—Seguramente será de mis padres.
—¡Ábrelo!—exclama Fleur ansiosa.
Entra en la cocina para ir a buscar el champagne con el que vamos a celebrar que hemos terminado los exámenes.
Abro el paquete y encuentro un estuche de cuero que contiene tres viejos libros, aparentemente idénticos, con cubiertas de tela, en perfecto estado, una tarjeta de color blanco. En una cara, en tinta negra y bonita caligrafía se lee:
¿Por qué no me dijiste que era peligroso? ¿Por qué no me lo advertiste?
Las mujeres saben de lo que tienen que protegerse, porque leen novelas que les cuentan cómo hacerlo…
Reconozco la cita de Tess. Me sorprende la casualidad de que hace un momento haya pasado tres horas escribiendo sobre las novelas de Thomas Hardy en mi examen final. Quizá no sea casualidad…quizá sea deliberado. Miro los libros con atención. Tres volúmenes de Tess, de los d Úrberville. Abro la cubierta de uno. En la primera pagina, en una tipografía antigua, leo:
London: Jack R. Osgood, Mcllvaine and Co., 1891.
¡Son primeras ediciones! Deben valer una fortuna. He inmediatamente se quién me las ha mandado. Fleur observa los libros por encima de mi hombro. Toma la tarjeta.
—Primeras ediciones—susurro.
—No…—dice abriendo los ojos incrédula—. ¿Black?
Asiento.
—No se me ocurre nadie más.
—¿Qué quiere decir la tarjeta?
—No tengo ni idea. Creo que es una advertencia…la verdad es que sigue previniéndome. No tengo ni idea de por qué. No es que me haya dedicado a tirarle la puerta abajo precisamente—digo frunciendo el ceño.
—Sé que no quieres hablar de ella, Hermione, pero no hay duda de que le interesas, te advierta o no.
No me he permitido pensar demasiado en Bellatrix Black en la última semana. Bueno…sus ojos negros siguen invadiendo mis sueños, y sé que tardaré una eternidad en eliminar de mi cerebro la sensación de sus brazos rodeándome y su pecho pegado al mío. ¿Por qué me ha mandado estos libros? Me dijo que yo no era para ella.
—He encontrado una primera edición de Tess en venta, en Nueva York, por catorce mil dólares, pero los tuyos están en mucho mejor estado. Deben de haber costado más—me dice Fleur consultando Google.
—La cita…Tess se lo dice a su madre después de lo que le hace Alec d´Urberville.
—Lo sé—me contesta Fleur pensativa—. ¿Qué intenta decir?
—Ni lo sé, ni me importa. No puedo aceptarlos. Se los devolveré con otra cita tan desconcertante como esta de alguna parte confusa del libro.
—¿El pasaje en el que Ángel Clare la manda a la mierda?—me pregunta Fleur muy seria.
—Sí, ese—le contesto riéndome.
Quiero a Fleur. Es leal y me apoya. Envuelvo los libros y los dejo en la mesa del comedor. Fleur me ofrece una copa de Champagne.
—Por el final de los exámenes y nuestra nueva vida en Seattle—dice con una sonrisa.
—Por el final de los exámenes, nuestra nueva vida en Seattle y porque nos vaya bien—repito y agrego, sonriéndole de la misma forma.
Chocamos las copas y bebemos.
El bar es ruidoso y está lleno de gente, de futuros licenciados que han salido a pescar una linda borrachera. Harry ha venido con nosotras. No se graduará hasta el año que viene, pero tenía ganas de salir. Nos trae una jarra de margaritas para ponernos en la onda de nuestra recién entrada libertad. Mientras que me bebo la quinta copa, pienso que no es buena idea beber tantos margaritas después del champagne.
—¿Y ahora qué, Hermione?—me grita Harry.
—Fleur y yo nos vamos a vivir a Seattle. Los padres de Fleur le han comprado un apartamento.
—Dios mío, como viven algunos…pero volverás para mi exposición, ¿no?
—Por supuesto, Harry. No me la perdería por nada del mundo—le contesto sonriendo.
Me pasa el brazo por la cintura y me acerca a él.
—Es muy importante para mí que vengas, Hermione—me susurra al oído—. ¿Otra margarita?
—Harry James Potter…¿Estás intentando emborracharme?. Porque creo que lo estás consiguiendo—le digo riéndome—. Creo que mejor me tomo una cerveza. Voy a buscar una jarra para todos.
—¡Más bebida, Hermione!—grita Fleur.
Fleur es fuerte como un toro. Ha pasado el brazo por los hombros de Levi, un compañero de la clase de ingles y su fotógrafo habitual en la revista de la facultad, que ha dejado de hacer fotos de los borrachos que lo rodean. Solo tiene ojos para Fleur, que se ha puesto un top minúsculo, jeans ajustados y tacos altos. Lleva el pelo recogido, con unos mechones sueltos que le caen con gracia alrededor de la cara. Está despampanante , como siempre. Yo soy más bien de zapatillas y remeras cómodas, pero me he puesto los jeans que más me favorecen. Me aparto de Harry y me levanto de nuestra mesa.
Ufff, me da vueltas la cabeza.
Tengo que agarrarme al respaldo de la silla. Los cócteles con tequila no son una buen idea.
Me dirijo a la barra y decido que debería ir al baño ahora que todavía me mantengo en pie. Bien pensado, Hermione. Me abro camino entre el gentío, tambaleándome. Por supuesto hay cola, pero al menos el pasillo está tranquilo y fresco. Saco el celular para pasar el rato mientras espero. A ver…¿Cuál ha sido mi última llamada? ¿A Harry? Antes hay un número que no sé de quién es. Ah, sí. Black. Creo que es su número. Me río. No tengo ni idea de la hora que es. Quizá la despierte. Quizá pueda explicarme porque me ha mandado esos libros y el críptico mensaje. Si quiere que me mantenga alejada de ella, debería dejarme en paz. Reprimo una sonrisa de borracha y pulso el botón de llamar. Contesta a la segunda señal.
—¿Hermione?
Le ha sorprendido que la llamara. Bueno, la verdad es que a mí me sorprende estar llamándola. A continuación, mi ofuscado cerebro se pregunta cómo sabe que soy yo.
—¿Por qué me has mandado esos libros?—le pregunto arrastrando las palabras.
—Hermione, ¿estás bien? Tienes voz rara—me dice en tono muy preocupado.
—La rara no soy yo, si no tú—le digo animada por el alcohol.
—Hermione, ¿has bebido?
—¿Qué te importa?
—Tengo…curiosidad. ¿Dónde estás?
—En un bar.
—¿En qué bar?—me pregunta nerviosa.
—Un bar de Portland.
—¿Cómo vas a volver a casa?
—Ya me las arreglaré.
La conversación no está yendo como pensaba.
—¿En qué bar estás?
—¿Por qué me has mandado esos libros, Bellatrix?
—Hermione, ¿dónde estás? Dímelo ahora mismo.
Su tono es tan…tan autoritario. La controladora obsesiva de siempre. La imagino como una directora de cine de los viejos tiempos, con unos pantalones de cuero, un megáfono pasado de moda y una fusta. La imagen me provoca una carcajada.
—Eres tan…dominante—le digo riéndome.
—Hermione, contéstame: ¿Dónde carajo estás?
Bellatrix Black diciendo palabrotas. Vuelvo a reírme.
—En Portland…bastante lejos de Seattle.
—¿Donde exactamente?
—Buenas noches, Bellatrix.
—¡Hermione!
Cuelgo. Grrr…no me ha dicho nada de los libros. Frunzo el ceño. Misión no cumplida. Estoy bastante borracha, la verdad. La cabeza me da vueltas mientras avanzo en la cola. Bueno, el objetivo era emborracharse, y lo he conseguido. Y veo lo que es…me temo que no vale la pena repetirlo. La cola ha avanzado y ya me toca. Observo embobada el poster de la puerta del cuarto de baño, que ensalza las virtudes del sexo seguro. Maldita sea, ¿acabo de llamar a Bellatrix Black? Maldición. Me suena el teléfono, pego un salto y grito del susto.
—Hola—digo en voz baja.
No había previsto que me llamara.
—Voy a buscarte—me dice.
Y cuelga. Solo Bellatrix Black podría hablar con tanta tranquilidad y parecer tan amenazadora a la vez.
Maldita sea. Me subo los jeans. El corazón me late a toda prisa. ¿Viene a buscarme? Oh, no. Voy a vomitar…no…estoy bien. Espera. Me estoy haciendo una película. No le he dicho donde estaba. No puede encontrarme. Además, tardaría horas en llegar desde Seattle, y para entonces haría mucho que nos habríamos marchado. Me lavo las manos y me miro al espejo. Estoy roja y ligeramente desenfocada. Ufff…tequila.
Espero una eternidad en la barra, hasta que me dan una jarra grande de cerveza, y por fin vuelvo a la mesa.
—Has tardado un siglo—me reta Fleur—. ¿Dónde estabas?
—Haciendo la cola para el baño.
Harry y Levi discuten acaloradamente sobre el equipo de beisbol de nuestra ciudad. Harry interrumpe su discurso para servirnos cerveza, y doy un trago largo.
—Fleur, creo que saldré un momento a tomar aire.
—Hermione, no aguantas nada…
—Solo cinco minutos.
Vuelvo abrirme camino entre el gentío. Empiezo a sentir nauseas, la visión me gira vertiginosamente y me siento inestable. Más inestable de lo habitual.
Mientras sigo bebiendo al aire libre, en la zona del estacionamiento, soy consciente de lo borracha que estoy. No veo bien. La verdad es que veo todo doble y desdibujado, como en las viejas reposiciones de los dibujos animados de Tom y Jerry. Creo que voy a vomitar. ¿Cómo he podido terminar así? Dejo el vaso en el suelo y me vuelvo a incorporar como puedo.
—Hermione, ¿estás bien?
Harry ha salido del bar y se ha acercado a mí.
—Creo que he bebido un poco más de la cuenta—le contesto sonriendo.
—Yo también—murmura. Sus ojos verdes me miran fijamente—. ¿Te doy una mano?—me pregunta avanzando hasta mí y rodeándome con sus brazos.
—Harry, estoy bien. No pasa nada.
Intento apartarlo sin demasiada energía.
—Hermione, por favor—me susurra.
Me agarra y me acerca a él.
—Harry, ¿qué estás haciendo?
—Sabes que me gustas, Hermione. Por favor.
Con una mano me mantiene pegada a él , y con la otra me agarra de la barbilla y me levanta la cara. ¡Va a besarme…!
—No, Harry, para…no.
Lo empujo, pero es más fuerte que yo, así que no consigo moverlo. Me ha metido la mano por el pelo y me sujeta la cabeza para que no la mueva.
—Por favor, Hermione, cariño—casi jadea con sus labios muy cerca de los míos.
Respira entrecortadamente y su aliento es demasiado dulzón. Huele a margarita y a cerveza. Empieza a recorrerme la mandíbula con los labios, acercándose a la comisura de mi boca. Estoy muy nerviosa, borracha y fuera de control. Me siento agobiada.
—Harry, no—le suplico.
No quiero, eres mi amigo y creo que voy a vomitar.
—Creo que la señorita ha dicho que no—dice una voz tranquila en la oscuridad.
¡Dios mío! Bellatrix Black. Está aquí. ¿Cómo? Harry me suelta.
—Black—dice Harry lacónicamente.
Miro angustiada a Bellatrix, que observa furiosa a Harry. Maldición. Siento una arcada y me inclino hacia adelante. Mi cuerpo no puede seguir tolerando el alcohol y vomito en el suelo aparatosamente.
—¡Ufff, dios mío, Hermione!
Harry se aparta de un salto con asco. Black me sujeta el pelo, me lo aparta de la cara y me lleva con cuidado a un jardín pequeño al fondo del estacionamiento. Observo agradecida que está más o menos oscuro.
—Si vas a volver a vomitar, hazlo aquí. Yo te sostengo.
A pasado un brazo por encima de mis hombros, y con la otra mano me sujeta el pelo, como si quisiera hacerme una colita, para que no se me vaya a la cara. Intento apartarla torpemente, pero vuelvo a vomitar…otra vez. Oh, maldición…¿Cuánto va durar esto? Aunque tengo el estomago vacío y no sale nada, espantosas arcadas me sacuden el cuerpo. Me prometo a mí misma que jamás volveré a beber. Es demasiado vergonzoso para explicarlo. Por fin dejo de sentir arcadas.
He a poyado las manos en las rejas del jardín, pero apenas me sostienen. Vomitar tanto es agotador. Black me suelta y me ofrece un pañuelo. Solo ella podría tener un pañuelo de lino recién lavado y con sus iníciales bordadas. BRB. No sabía que todavía podían comprarse estas cosas. Por un instante mientras me limpio la boca me pregunto a que responde la R. no me atrevo a mirarla. Estoy muerta de vergüenza. Me doy asco. Quiero que las azaleas del jardín me engullan y desaparecer de aquí.
Harry sigue merodeando junto a la puerta del bar, mirándonos. Me levanto y apoyo la cabeza en las manos. Debe ser el peor momento de mi vida. La cabeza sigue dándome vueltas mientras intento recordar un momento peor, y solo se me ocurre el del rechazo de Bellatrix, pero este es cincuenta veces más humillante. Me arriesgo a lanzarle una rápida mirada. Me observa fijamente con semblante sereno, inexpresivo. Me giro y miro a Harry que también parece bastante avergonzado e intimidado por Black, como yo. Lo fulmino con la mirada. Se me ocurren unas cuantas palabras para calificar a mi supuesto amigo, pero no puedo decirlas delante de la empresaria Bellatrix Black. Hermione, ¿a quién pretendes engañar? Acaba de verte vomitando en el suelo. Tu conducta poco refinada ha sido más que evidente.
—Bueno…nos vemos dentro—masculla Harry.
Pero no le hacemos caso, así que vuelve a entrar al bar. Estoy sola con Black. Maldición, maldición. ¿Qué puedo decirle? Puedo disculparme por haberla llamado.
—Lo siento—susurro mirando fijamente el pañuelo, que no dejo de retorcer entre los dedos.
Que suave es.
—¿Qué sientes, Hermione?
Maldita sea, quiere su recompensa.
—Sobre todo, haberle llamado. Estar mareada. Ufff, la lista es interminable—murmuro notando que me pongo roja.
Por favor, por favor que me muera ahora mismo.
—A todos nos ha pasado alguna vez, quizá no de manera tan dramática como a ti—me contesta secamente—. Es cuestión de saber cual son tus límites, Hermione. Bueno, a mi me gusta traspasar los límites, pero la verdad es que esto es demasiado. ¿Sueles comportarte así?
Me zumba la cabeza por el exceso de alcohol y el enojo. ¿Qué cuernos le importa? No la he invitado a venir. Parece la mujer madura que es retándome como si fuera una niña descarriada. A una parte de mí le gustaría decirle que si quiero emborracharme cada noche es cosa mía y que a ella no le importa, pero no tengo valor. No ahora, cuando acabo de vomitar delante de ella. ¿Por qué sigue aquí?
—No—le digo arrepentida—. Nunca me había emborrachado, y ahora mismo no me interesa para nada que se repita.
De verdad que no entiendo por qué está aquí. Empiezo a marearme. Se da cuenta, me agarra antes de que me caiga, me levanta y me apoya contra su pecho, ( ¿Por qué siempre tiene que llevar ese escote de infarto?) como si fuera una niña.
—Vamos, te llevaré a casa—murmura.
—Tengo que decirle a Fleur.
Vuelvo a estar en sus brazos.
—Puede decírselo mi primo.
—¿Qué?
—Mi primo Sirius está hablando con la señorita Fleur Delacour.
—¿Cómo?
No lo entiendo.
—Estaba conmigo cuando me has llamado.
—¿En Seattle?—le pregunto confundida.
—No. Estoy en el Heathman.
¿Todavía? ¿Por qué?
—¿Cómo me has encontrado?
—He rastreado la localización de tu celular, Hermione.
Claro. ¿Cómo es posible? ¿Es legal? Acosadora, susurra la voz de mi conciencia entre la nube de tequila que flota en mi cerebro, pero por alguna razón, porque es ella, no me importa.
—¿Has traído abrigo o cartera?
—Sí, las dos cosas. Bellatrix, por favor, tengo que decírselo a Fleur. Se preocupará.
Aprieta los labios y suspira ruidosamente.
—Si no hay más remedio…
Me suelta, me toma de la mano y se dirige hacia el bar. Me siento débil, todavía borracha, incomoda, agotada, avergonzada y , por extraño que parezca encantada de la vida. Me lleva de la mano. Es un confuso abanico de emociones. Necesitaré al menos una semana para procesarlas.
En el bar hay mucho ruido, está lleno de gente y ha empezado a sonar la música, así que la pista de baile está llena. Fleur no está en nuestra mesa, y Harry ha desaparecido. Levi, que está solo parece perdido y desamparado.
—¿Dónde está Fleur?—grito a Levi.
La cabeza empieza a martillearme al ritmo del potente bajo de la música.
—Bailando—me contesta Levi.
Me doy cuenta que está enojado y de que mira a Bellatrix con recelo. Busco mi campera y me cuelgo la pequeña cartera cruzada, que me queda a la altura de la cadera. Estoy lista para marcharme en cuanto haya hablado con Fleur.
Toco el brazo de Bellatrix, me inclino hacia ella y le grito al oído que Fleur está en la pista. Le rozo el pelo con la nariz y respiro su aroma embriagador. Todas las sensaciones prohibidas y desconocidas que he intentado negarme salen a la superficie y me recorren mi cuerpo agitado. Me ruborizo, y en lo más profundo de mi cuerpo los músculos se tensan agradablemente.
Pone los ojos en blanco, vuelve a tomarme de la mano y se dirige a la barra. La atienden inmediatamente. La señora Black, la obsesa del control, no tiene que esperar. ¿Todo le resulta tan fácil? No oigo lo que pide. Me ofrece un vaso grande de agua con hielo.
—Bebe—me ordena.
Los focos giran al ritmo de la música creando extrañas luces y sombras de colores por el bar y sobre los clientes. Black pasa del verde al azul, el blanco y el rojo demoniaco. Me mira fijamente. Doy un pequeño sorbo.
—Bébetela toda—me grita.
Que autoritaria. Se pasa la mano por su largo cabello, acomodándolo. Parece nerviosa, enfadada. ¿Qué le ocurre a parte de que una estúpida chica borracha la haya llamado en plena noche y haya pensado que tenía que ir a rescatarla? Y ha resultado que sí tenía que rescatarla de su excesivamente cariñoso amigo. Y luego ha tenido que ver como la chica se mareaba. Oh, Hermione…¿Conseguirás olvidar esto algún día? La voz de mi conciencia chasquea la lengua y me observa por encima de sus anteojos de media luna. Me tambaleo un poco, y Black apoya la mano en mi hombro para sujetarme. Le hago caso y me bebo el vaso entero. Hace que me maree. Me quita el vaso y lo deja en la barra. Observo a través de una especie de nebulosa como va vestida: Un ajustado y ceñido vestido verde botella, que le cubre hasta un palmo sobre las rodillas, zapatos haciendo juego y saco negro, largo y de lazo….como siempre, está impresionante. Parece que mi aturdido estado solo logra concentrarse en ella.
Vuelve a tomarme de la mano y me lleva hacia la pista. Maldición. Yo no bailo. Se da cuenta de que no quiero, y bajo las luces de colores veo su sonrisa divertida y burlona. Tira fuerte de mi mano y vuelvo a caer entre sus brazos. Empieza a moverse y me arrastra en su movimiento. Opa, sabe bailar, y no puedo creer que esté siguiendo sus pasos. Quizá sigo el ritmo porque estoy borracha. Me aprieta contra su cuerpo…si no me sujetara como lo hace, seguro que me desplomaría a sus pies. Desde el fondo de mi mente resuena lo que suele advertirme mi madre: "nunca te fíes de alguien que baile bien".
Atravesamos la multitud de gente que baila hasta el otro extremo de la pista y encontramos a Fleur y a Sirius, el primo de Bellatrix. La música retumba a todo volumen fuera y dentro de mi cabeza. Oh, no. Fleur está moviendo fichas. Baila sacando el trasero, y eso solo lo hace cuando alguien le gusta. Cuando alguien le gusta mucho. Eso quiere decir que mañana seremos tres a la hora del desayuno.
Bellatrix se inclina y grita a Sirius al oído. No oigo lo que le dice. Sirius es alto, ancho de hombros, Pelo castaño alborotado y un poco largo, y con ojos grises, perversamente brillantes. Sirius se ríe, tira de Fleur y la arrastra hasta sus brazos, donde ella parece estar encantada de la vida… ¡Fleur! Aun en mi etílico estado me escandalizo. Acaba de conocerlo. Asiente a lo que Sirius le dice, me sonríe y se despide de mí con la mano. Bellatrix nos saca de la pista moviéndose elegantemente.
Pero no he hablado con Fleur. ¿Está bien? Ya veo como van acabar las cosas entre esos dos. Tengo que darle una charla sobre sexo seguro. Espero que lea el poster de la puerta de los baños. Los pensamientos me estallan en el cerebro, luchan con la confusa sensación de borrachera. Aquí hace mucho calor, hay mucho ruido, demasiado colores…demasiadas luces. Me da vueltas la cabeza. Oh, no…siento que el suelo sube al encuentro de mi cara, o eso parece. Lo último que oigo antes de desmayarme en los brazos de Bellatrix Black es la palabrota que suelta:
¡Carajo!
Cumpliendo con la actualización. Hermione borrachísima, y Bellatrix al rescate.
Espero que lo disfrutaran.
Como siempre, comente, y abrazos.
Codyw1: ¡Qué bueno que te guste! Espero que la traducción te permita seguirla. Sí, al traducirla muchas cosas no quedan como deberían. Abrazo.
