Capítulo 6
Bellatrix abre la puerta del copiloto del audi 4x4 negro y subo. Tremendo autazo. No ha mencionado el arrebato pasional del ascensor. ¿Debería decir algo yo? ¿Deberíamos comentarlo o fingir que no ha pasado nada? A penas parece real, mi primer beso con forcejeo. A medida que avanzan los minutos, me asigno un carácter mítico, como una leyenda del rey Arturo o de la Atlántida. No ha sucedido, nunca ha existido. Quizá me lo he imaginado. No. Me toco los labios, hinchados por el beso. Sin la menor duda, ha sucedido. Soy otra mujer. Deseo a esta mujer desesperadamente, y ella me ha deseado a mí.
La miro. Bellatrix está como siempre, correcta y ligueramente distante.
No entiendo nada.
Arranca el motor y abandona el estacionamiento. Enciende el equipo de música. El dulce y mágico sonido de dos mujeres cantando invade el coche. Wow…mis sentidos están alborotados, así que me afecta el doble. Los escalofríos me recorren la columna vertebral. Bellatrix conduce de forma tranquila y confiada hacia la Southwest Park Avenue.
—¿Qué es lo que suena?
—Es el dúo "De las flores" de Delibes, de la opera Lakmé. ¿Te gusta?
—Bellatrix, es precioso.
—Sí, ¿verdad?
Sonríe y me lanza una rápida mirada. Y por un momento parece despreocupada y tan atractiva que quita el hipo…¿Es esta la clave para acceder a ella? ¿La música? Escucho las voces angelicales, sugerentes y seductoras.
—¿Puedes volver a ponerla?
—Claro.
Bellatrix pulsa un botón, y la música vuelve a acariciarme. Invade mis sentidos de forma lenta, suave y dulce.
—¿Te gusta la música clásica?—le pregunto intentado hacer una incursión en sus gustos personales.
—Mis gustos son eclécticos, Hermione. De Thomas Tallis a los Kings of Leon. Depende de mi estado de ánimo. ¿Y los tuyos?
—Los míos también. Aunque no conozco a Thomas Tallis.
Se gira, me mira un instante y vuelve a fijar los ojos en la carretera.
—Algún día te tocaré algo de él. Es un compositor británico del siglo XVI. Música coral eclesiástica de la época de los Tudor—me sonríe—. Suena muy esotérico, lo sé, pero es mágico.
Pulsa un botón y empiezan a sonar los Kings of Leon. A estos los conozco. "Sex on fire". Muy oportuna. De pronto el sonido de un teléfono celular interrumpe la música. Bellatrix pulsa un botón del volante.
—Black—contesta bruscamente.
—Señora Black, soy Welsh. Tengo la información que pidió.
Una voz áspera he incorpórea que llega por los altavoces.
—Bien. Mándamela por e-mail. ¿Algo más?
—Nada más, señora.
Pulsa el botón, la llamada se corta y vuelve a sonar la música. Ni adiós ni gracias. Me alegro mucho de no haberme planteado la posibilidad de trabajar para ella. Me estremezco solo de pensarlo. Es demasiado controladora y fría con sus empleados. El teléfono vuelve a interrumpir la música.
—Black.
—Le ha mandado por e-mail el acuerdo de confidencialidad, señora Black.
Es una voz de mujer.
—Bien. Eso es todo, Marcia.
—Que tenga un buen día, señora.
Bellatrix cuelga pulsando el botón del volante. La música a penas ha empezado a sonar cuando vuelve a oírse el teléfono. ¿En esto consiste su vida, en contestar una y otra vez al teléfono?
—Black—dice bruscamente.
—Hola, Bellatrix. ¿Has echado un polvo?
—Hola, Sirius…estoy con el manos libres, y no voy sola en el auto.
Bellatrix suspira.
—¿Quién va contigo?
Bellatrix mueve la cabeza.
—Hermione Granger.
—¡Hola, Hermione!
¡Hermione!
—Hola, Sirius.
—Me han hablado mucho de ti—murmura Sirius con voz ronca.
Bellatrix frunce el ceño.
—No te creas una palabra de lo que te cuente Fleur.
Sirius se ríe.
—Estoy llevando a Hermione a su casa—dice Bellatrix recalcando mi nombre—. ¿Quieres que te busque?
—Claro.
—Hasta pronto.
Bellatrix cuelga y vuelve a sonar la música.
Casi hemos llegado a mi casa. No hemos tardado mucho.
—Hermione…—me dice pensativa—. Lo que ha pasado en el ascensor… no volverá a pasar. Bueno, a menos que sea premeditado.
Detiene el coche frente a mi casa. Me doy cuenta de pronto de que no me ha preguntado donde vivo. Ya lo sabe. Claro que sabe donde vivo, porque me envió los libros. ¿Cómo no iba a saberlo una acosadora que sabe rastrear la localización de un celular y que tiene un helicóptero?
¿Por qué no va a volver a besarme? Hago un gesto de disgusto al pensarlo. No lo entiendo. La verdad es que debería apellidarse enigmática, no Black. Sale del coche y lo rodea caminando con sensualidad hasta mi puerta, que abre. Siempre está en cada detalle, excepto quizá en raros y exquisitos momentos en los ascensores. Me ruborizo al recordar su boca pegada a la mía y se me pasa por la cabeza la idea de que yo no he podido tocarla. Quería deslizar mis dedos por su largo y precioso cabello, pero no podía mover las manos. Me siento, en retrospectiva, frustrada.
—A mí me ha gustado lo que ha pasado en el ascensor—murmuro mientras salgo del coche.
No estoy segura si oigo un jadeo ahogado, pero decido hacer caso omiso y subo los escalones de la entrada.
Fleur y Sirius están sentados en la mesa. Los libros de catorce mil dólares no siguen allí, afortunadamente. Tengo planes para ellos. Fleur muestra una sonrisa ridícula y poco habitual en ella, y su melena despeinada le da un aire muy sexy. Bellatrix me sigue hasta el comedor, aunque Fleur sonríe con cara de haber tenido una gran noche, la mira con desconfianza.
—Hola, Hermione.
Se levanta para abrazarme y al momento se separa un poco y me mira de arriba a abajo. Frunce el ceño y se gira hacia Bellatrix.
—Buenos día, Bellatrix—le dice, y su tono es un tanto hostil.
—Señorita Delacour—le contesta ella con su envarada formalidad.
—Bellatrix, se llama Fleur—refunfuña Sirius.
—Fleur.
Bellatrix asiente con educación y mira a Sirius, que se ríe y se levanta para abrazarme el también.
—Hola, Hermione.
Sonríe y sus ojos grises brillan. Me cae bien al instante. Es obvio que no tiene nada que ver con Bellatrix, pero, claro, son primos adoptivos.
—Hola, Sirius.
Le sonrío y me doy cuenta que estoy mordiéndome el labio.
—Sirius, tenemos que irnos—dice Bellatrix en tono suave.
—Claro.
Se gira hacia Fleur, la abraza y le da un beso interminable.
Bueno…métanse en una habitación. Me miro los pies, incomoda. Levanto los ojos hacia Bellatrix, que está mirándome fijamente. Le sostengo la mirada. ¿Por qué no me besas así? Sirius sigue besando a Fleur, la empuja hacia atrás y la hace doblarse de forma tan teatral que el pelo casi le toca el suelo.
—Nos vemos luego, nena—le dice sonriente.
Fleur se derrite. Nunca antes la había visto derritiéndose así. Me vienen a la cabeza las palabras "hermosa" y "complaciente". Fleur, complaciente. Sirius debe ser buenísimo. Bellatrix resopla y me mira con expresión impenetrable, aunque quizá le divierte un poco la situación. Me agarra un mechón de pelo que se me ha salido de la coleta y me lo coloca detrás de la oreja. Se me corta la respiración e inclino la cabeza hacia sus dedos. Sus ojos se suavizan y me pasa el pulgar por el labio inferior. La sangre me quema las venas. Y al instante retira la mano.
—Nena queda espantoso…así que…nos vemos luego, preciosa—murmura.
No puedo evitar reírme, imaginándola diciendo "nena". Sí, definitivamente no iría con ella. Aquellas palabras quedan clavadas dentro de mí…preciosa, repito embobada.
—Pasaré a buscarte a las ocho.
Se da media vuelta, abre la puerta de la calle y sale al porche. Sirius la sigue hasta el coche, pero se vuelve y le lanza otro beso a Fleur. Siento una inesperada punzada de celos.
—¿Por fin?—me pregunta Fleur con evidente curiosidad mientras los observamos subir al coche y alejarse.
—No—contesto bruscamente, con la esperanza de que eso impida que siga preguntándome.
Entramos en casa.
—Pero es evidente que tú sí—le digo.
No puedo disimular la envidia. Fleur siempre se las arregla para estar acompañada. Es irresistible, atractiva, sexy, divertida, atrevida…todo lo contrario a mí. Pero la sonrisa con la que me contesta es contagiosa.
—He arreglado una cita con ella esta noche.
Aplaude y da saltitos como una niña pequeña. No puede reprimir su entusiasmo y alegría y yo no puedo evitar alegrarme por ella. Será interesante ver a Fleur contenta.
—Esta noche Bellatrix va a llevarme a Seattle.
—¿A Seattle?
—Sí.
—¿Y quizá allí…?
—Eso espero.
—Entonces te gusta, ¿no?
—Sí.
—¿Te gusta lo suficiente para…?
—Sí.
Alza las cejas.
—Wow. Por fin Hermione Granger se enamora de una mujer y es Bellatrix Black, la hermosa y sexy millonaria….sí, que esté forrada es sumamente importante.
—Claro, claro es solo por el dinero.
Sonrío hasta que al final nos da un ataque de risa a las dos.
—¿Esa blusa es nueva?—me pregunta.
Le cuento los pocos excitantes detalles de mi noche.
—¿Te ha besado ya?—quiere saber mientras prepara un café.
Me ruborizo.
—Una vez.
—¡Una vez!—exclama.
Asiento bastante avergonzada.
—Es muy reservada.
Fleur frunce el ceño.
—Qué rara.
—No creo que la palabra sea "rara", la verdad.
—Tenemos que asegurarnos que esta noche estés irresistible—me dice muy decidida.
Oh, no….ya veo que va hacer un tiempo perdido, humillante y doloroso.
—Tengo que estar en el trabajo dentro de una hora.
—Me bastará con ese ratito. Vamos.
Fleur me toma de la mano y me lleva a su habitación.
Aunque en Weasley tenemos trabajo, las horas pasan muy lentas. Como estamos en plena temporada de verano, tengo que pasar dos horas reponiendo mercadería en las estanterías después de haber cerrado la tienda. Es un trabajo mecánico que me deja tiempo para pensar. La verdad es que en todo el día no he podido hacerlo.
Siguiendo los incansables y francamente fastidiosos consejos de Fleur, me he depilado las piernas, las axilas y las cejas, así que tengo toda la piel irritada. Ha sido una experiencia muy desagradable, pero Fleur me asegura que es lo que las mujeres esperan en estas circunstancias. ¿Qué más esperará Bellatrix? Tengo que convencer a Fleur de que quiero hacerlo. Por una extraña razón no confía en ella, quizá porque es tan estirada y formal. Afirma que no sabría decir por qué, pero le he prometido que le mandaría un mensaje cuando llegara a Seattle. No le he dicho nada del helicóptero para que no le diera un ataque.
Y luego está el tema de Harry. Tengo tres mensajes y siete llamadas perdidas suyas en el celular. También me ha llamado a casa dos veces. Fleur no ha querido decirle donde estaba, así que sabrá que está cubriéndome, porque Fleur siempre es muy franca. Pero he decidido dejarlo sufrir un poco. Todavía estoy enojada con él.
Bellatrix comentó algo sobre unos papeles, y no sé si estaba bromeando o si voy a tener que firmar algo. Me desespera tener que andar conjeturando todo el tiempo. Y para colmo de males, estoy muy nerviosa. Hoy es el gran día. ¿Estoy preparada por fin? La reina que llevo dentro me observa golpeando impacientemente el suelo con un pie. Hace años que está preparada, y está preparada para cualquier cosa con Bellatrix Black, aunque todavía no entiendo que ve en mí…la timorata Hermione Granger…no tiene sentido.
Es puntual, por supuesto, y cuando salgo de Weasley está esperándome, apoyada en la parte de atrás del coche. Está despampanante. Un vestido negro y ceñido con bordes de encaje, zapatos altos y su cabello cayendo formando definidas ondas…Madre mía.
Se incorpora para abrirme la puerta y me sonríe cordialmente.
—Buenas tardes, señorita Granger—me dice.
—Señora Black.
Inclino la cabeza educadamente y entro en el asiento trasero del coche. Severus está sentado al volante.
—Hola, Severus—le digo.
—Buenas tardes, señorita Granger—me contesta en tono educado y profesional.
Bellatrix entra por la otra puerta y me aprieta la mano suavemente. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo.
—¿Cómo ha ido el trabajo?—me pregunta.
—Interminable—le contesto en voz ronca, demasiado baja y llena de deseo.
—Sí, a mí también se me ha hecho muy largo.
—¿Qué has hecho?—logro preguntarle.
—He ido de excursión con Sirius.
Me golpea los nudillos con el pulgar una y otra vez. El corazón deja de latirme y mi respiración se acelera. ¿Cómo es posible que me afecte tanto? Solo está tocando una pequeña parte de mi cuerpo, y ya se me han disparado las hormonas.
El helicóptero está cerca, así que, antes de que me dé cuenta, ya hemos llegado. Me pregunto dónde estará el legendario helicóptero. Estamos en una zona de la ciudad llena de edificios, y hasta yo sé que los helicópteros necesitan espacio para despegar y aterrizar. Severus estaciona, sale y me abre la puerta. Al momento Bellatrix está a mi lado y vuelve a tomarme de la mano.
—¿Preparada?—me pregunta.
Asiento. Quisiera decirle: "Para todo", pero estoy demasiado nerviosa para articular palabra.
—Severus.
Hace un gesto al chofer, entramos al edificio y nos dirigimos hacia los ascensores. ¡Un ascensor! El recuerdo del beso de la mañana vuelve a obsesionarme. No he pensado en otra cosa en todo el día. En Weasley no podía quitármelo de la cabeza. El señor Weasley ha tenido que gritarme dos veces para que volviera a la tierra. Decir que he estado distraída sería quedarse muy corta. Bellatrix me mira con una ligera sonrisa en sus perfectos y pintados labios. ¡Ajá! También ella está pensando en lo mismo.
—Son solo tres pisos—me dice con ojos divertidos.
Tiene telepatía, seguro. Es espeluznante.
Intento mantener el rostro impasible cuando entramos en el ascensor. Las puertas se cierran y ahí está la extraña atracción eléctrica, crepitando entre nosotras, apoderándose de mí. Cierro los ojos en un vano intento por pasarla por alto. Me aprieta la mano, y cinco segundos después las puertas se abren en la terraza del edificio. Y ahí está un Helicóptero negro con las palabras Black Enterprises Holdings, inc. En color blanco y el logotipo de la empresa a un lado. Seguro que esto es despilfarrar los recursos de la empresa.
Me lleva un pequeño despacho en el que un hombre mayor está sentado frente a una mesa.
—Aquí tiene su plan de vuelo, señora Black. Lo hemos revisado todo. Esta listo, esperándola, señora. Puede despegar cuando quiera.
—Gracias, Horace—le contesta Bellatrix esbozando una cálida sonrisa.
Opa, alguien qué merece que Bellatrix lo trate con educación. Quizá no trabaje para ella. Observo al anciano, asombrada.
—Vamos—me dice Bellatrix.
Nos dirigimos al helicóptero. De cerca es mucho más grande de lo que pensaba. Suponía que sería un modelo pequeño, para dos personas, pero tiene como mínimos siete asientos. Bellatrix abre la puerta y me señala un asiento de los de adelante.
—Siéntate. Y no toques nada—me ordena subiendo detrás de mí.
Cierra. Me alegro de que toda la zona alrededor esté iluminada, porque de lo contrario a penas vería nada en la cabina. Me acomodo en el asiento que me ha indicado y ella se inclina hacia mí para atarme el cinturón de seguridad. Es un arnés de cuatro bandas, todas ellas unidas en una hebilla central. Aprieta tanto las dos bandas superiores que apenas puedo moverme. Está pegada a mí, muy concentrada en lo que hace. Si pudiera inclinarme un poco hacia adelante, hundiría la nariz entre su pelo. Huele a perfume caro, a gloria, pero estoy firmemente atada al asiento y no puedo moverme. Levanta la mirada hacia mí y sonríe, como si le divirtiera esa broma que solo ella entiende. Le brillan los ojos. Esta tentadoramente cerca. Contengo la respiración mientras me aprieta una de las bandas superiores.
—Estás segura. No puedes escaparte—me susurra—. Respira, Hermione—añade en tono dulce.
Se incorpora, me acaricia la mejilla y me pasa sus largos dedos por debajo de la mandíbula, que sujeta con el pulgar y el índice. Se inclina hacia adelante y me da un rápido y casto beso. Me quedo impactada, revolviéndome por dentro ante el excitante e inesperado contacto de sus suaves labios.
—Me gusta este arnés—me susurra.
¿Qué?
Se acomoda a mi lado, se ata a su asiento y empieza un largo protocolo de comprobar indicadores, mover palancas y pulsar botones del alucinante despliegue de esferas, luces y mandos. En varias esferas parpadean lucecitas, y todo el cuadro de mandos está iluminado.
—Colócate los cascos—me dice señalando unos auriculares frente a mí.
Me los pongo y el rotor empieza girar. Es ensordecedor. Se pone ella también los auriculares y sigue moviendo las palancas.
—Estoy haciendo las comprobaciones previas al vuelo.
Oigo la incorpórea voz de Bellatrix por los auriculares. Me giro y le sonrío.
—¿Sabes lo que haces?—le preguntó.
Se gira y me sonríe.
—Aprendí a volar hace mucho, Hermione. Estás a salvo conmigo—me dice sonriéndome de oreja a oreja—. Bueno, mientras estamos volando—añade guiñándome un ojo.
¡Bellatrix me ha giñado un ojo!
—¿Lista?
Asiento con los ojos muy abiertos.
—De acuerdo, torre de control. Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango Golf-Golf Hecho Hotel, listo para despegar. Espero confirmación, cambio.
—Charlie Tango, adelante. Aquí aeropuerto de Portland, avance por uno-cuatro-mil, dirección cero-uno-cero, cambio.
—Recibido, torre, aquí Charlie Tango. Cambio y corto. En marcha—añade dirigiéndose hacia mí.
El helicóptero se eleva por los aires lenta y suavemente.
Portland desaparece ante nosotras mientras nos introducimos en el espacio aéreo, aunque mi estomago se queda anclado en Oregón. ¡Wow! Las luces van reduciéndose hasta convertirse en un ligero parpadeo a nuestros pies. Es como mirar al exterior desde una pecera. Una vez en lo alto, la verdad es que no se ve nada. Está todo muy oscuro. Ni siquiera la luna ilumina un poco nuestro trayecto. ¿Cómo puede ver por dónde vamos?
—Inquietante, ¿verdad?—me dice Bellatrix por los auriculares.
—¿Cómo sabes que vas en la dirección correcta?
—Aquí—me contesta señalando con su largo dedo un indicador con una brújula eléctrica—. Es un Eurocopter EC135. Uno de los más seguros. Está equipado para volar de noche—me mira y sonríe—. En mi edificio hay un helipuerto. Allí nos dirigimos.
Pues claro que en su edificio hay un helipuerto. Me siento totalmente fuera de lugar. Las luces del panel de control le iluminan ligeramente la cara. Esta muy concentrada y no deja de controlar las diversas esferas situadas frente a ella. Observo sus rasgos con todo detalle. Sus labios, su nariz, la caída de sus ojos…sus labios, vuelvo a centrarme en ellos. Me gustaría deslizar mi lengua, recorriendo esa boca.
—Cuando vuelas de noche, no ves nada. Tienes que confiar en los aparatos—dice interrumpiendo mi fantasía erótica.
—¿Cuánto durará el vuelo?—consigo decir, casi sin aliento.
No estaba pensando en sexo, para nada.
—Menos de una hora…tenemos el viento a favor.
En Seattle en menos de una hora…no está nada mal. Claro, estamos volando.
Queda menos de una hora para que lo descubra todo. Siento todos los músculos de la barriga contraídos. Tengo un grave problema con las mariposas. Se me reproducen en el estomago. ¿Qué me tendrá preparado?
—¿Estás bien, Hermione?
—Sí.
Le contesto con la máxima brevedad porque los nervios me oprimen.
Creo que sonríe, pero es difícil asegurarlo en la oscuridad. Bellatrix acciona otro botón.
—Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango, en uno-cuatro-mil, cambio.
Intercambia información con el control de tráfico aéreo. Me suena todo muy profesional. Creo que estamos pasando del espacio aéreo de Portland al del aeropuerto de Seattle.
—Entendido, Seattle, preparado, cambio y corto.
Señala un puntito de luz en la distancia y dice:
—Mira. Aquello es Seattle.
—¿Siempre impresionas así a las mujeres? ¿ "Ven a dar una vueltita en mi helicóptero"?—le pregunto realmente interesada.
—Nunca había subido a una mujer al helicóptero, Hermione. También esto es una novedad—me contesta en tono tranquilo, aunque seria.
Opa, no me esperaba esta respuesta. ¿También una novedad? Ah, ¿se referirá a lo de dormir con una mujer?
—¿Estás impresionada?
—Me siento sobrecogida, Bellatrix.
Sonríe.
—¿Sobrecogida?
Por un instante vuelve a parecer más joven.
Asiento.
—Lo haces todo…tan bien.
—Gracias, señorita Granger—me dice educadamente.
Creo que le ha gustado mi comentario, pero no estoy segura.
Durante un rato atravesamos la oscura noche en silencio. El punto de luz de Seattle es cada vez mayor.
—Torre de Seattle a Charlie Tango. Plan de vuelo al Escala en orden. Adelante, por favor. Preparado. Cambio.
—Aquí Charlie Tango, entendido, Seattle. Preparado, cambio y fuera.
—Está claro que te divierte—murmuro.
—¿Qué?
Me mira. A la tenue luz de los instrumentos, parece burlona.
—Volar—le contesto.
—Exige control y concentración…¿Cómo no iba a encantarme? Aunque lo que más me gusta es planear.
—¿Planear?
—Sí. Vuelo sin motor, para que me entiendas. Planeadores y helicópteros. Piloteo las dos cosas.
—¡Ah!
Aficiones caras. Raras para una dama. Recuerdo que me lo dijo en la entrevista. A mí me gusta leer y de vez en cuando voy al cine. Nada que ver.
—Charlie Tango, adelante, por favor, cambio.
La voz incorpórea del control de tráfico aéreo interrumpe mis pensamientos. Bellatrix contesta en tono firme, segura de sí misma.
Seattle está cada vez más cerca. Ahora estamos en las afueras.!Wow! es absolutamente impresionante. Seattle de noche, desde el cielo…
—Es bonito, ¿verdad?
Me pregunta Bellatrix en un murmullo.
Asiento entusiasmada parece de otro mundo, irreal, y siento como si estuviera en un estudio de cine gigante, quizá de la película favorita de Harry, Blade runner. El recuerdo de Harry intentando besarme me incomoda. Empiezo a sentirme un poco cruel por no haber contestado sus llamadas. Seguro que puede esperar hasta mañana.
—Llegaremos en unos minutos—murmura Bellatrix.
Y de repente siento que me zumban los oídos, que se me dispara el corazón y que la adrenalina me recorre el cuerpo. Empieza habar de nuevo con el control de tráfico aéreo, pero ya no la escucho. Creo que voy a desmayarme. Mi destino está en sus manos.
Volamos entre edificios, y frente a nosotras veo un rascacielos con un helipuerto en la terraza. En ella está pintada en color azul la palabra ESCALA. Está cada vez más cerca, se va haciendo cada vez más grande…como mi ansiedad. Espero que no se dé cuenta. No quiero decepcionarla. Ojala le hubiera hecho caso a Fleur y me hubiera puesto uno de sus vestidos, pero me gustan mis jeans azules, y llevo una blusa verde y un saco negro de Fleur. Voy bastante elegante, aunque nada que se compare con ella. Me agarro al extremo de mi asiento cada vez con más fuerza. Tú puedes, tú puedes, me repito como una mantra mientras nos acercamos al rascacielos.
El helicóptero reduce la velocidad y queda suspendido en el aire. Bellatrix aterriza en la pista de la terraza del edificio. Tengo un nudo en el estomago. No sabría decir si son nervios por lo que va a suceder, o alivio por haber llegado vivas, o miedo a que la cosa no vaya bien. Apaga el motor, y el movimiento y el ruido del rotor van disminuyendo hasta que lo único que oigo es el sonido de mi respiración entrecortada. Bellatrix se quita los auriculares y se inclina para quitarme los míos.
—Hemos llegado—me dice en voz baja.
Su mirada es intensa, la mitad en la oscuridad y la otra mitad iluminada por las luces blancas de aterrizaje. Una metáfora muy adecuada para ella: La dama oscura y la dama blanca. Parece tensa. Aprieta la mandíbula y entrecierra los ojos. Se desabrocha el cinturón de seguridad y se inclina para desabrocharme el mío. Su cara está a centímetros de la mía.
—No tienes que hacer nada que no quieras hacer. Lo sabes, ¿verdad?
Su tono es muy serio incluso angustiado, y sus ojos, ardientes.
Me toma por sorpresa.
—Nunca haría nada que no quisiera hacer, Bellatrix.
Y mientras lo digo, siento que no estoy del todo convencida, porque en estos momentos seguramente haría cualquier cosa por esa mujer que está sentada a mi lado. Pero mis palabras funcionan y Bellatrix se calma.
Me mira un instante con cautela y luego se mueve con elegancia hasta la puerta del helicóptero y la abre. Se baja con hábil destreza a pesar de sus altos tacones, me espera y me toma de la mano para ayudarme a bajar a la pista. En la terraza del edificio hay mucho viento y me pone nerviosa el hecho de estar en un espacio abierto a unos treinta pisos de altura. Bellatrix me pasa el brazo por la cintura y me guía.
—Vamos—me grita por encima del ruido del viento.
Me lleva hasta el ascensor, teclea un número en el panel, y la puerta se abre. En el ascensor, completamente revestido de espejos, hace calor. Puedo ver a Bellatrix hasta el infinito, mire hacia donde mire, y lo bonita que es también me tiene atrapada hasta el infinito. Teclea otro código, las puertas se cierran y el ascensor empieza a bajar.
Al momento estamos en un vestíbulo matizado en grises claros y oscuros. En medio hay una mesa redonda de madera oscura con un enorme ramo de flores violetas. Las paredes están llenas de cuadros. Abre una puerta doble, y el gris se prolonga por un amplio pasillo que nos lleva hasta la entrada de una habitación inmensa. Es el salón principal, de techos altísimos. Calificarlo de "enorme" sería quedarse muy corta. La pared del fondo es de vidrio y da a un balcón con una magnifica vista a la ciudad.
A la derecha hay un imponente sofá en forma de U en el que podrían sentarse cómodamente diez personas. Frente a él, una chimenea que no tendría nada que envidiarle a la de los castillos antiguos y lujosos. El fuego encendido llamea suavemente. A la izquierda, junto a la entrada, está la zona de la cocina. De losa negra brillante, con la mesada de madera oscura y una barra.
Junto a la zona de la cocina, frente a la pared de vidrio, hay una mesa de comedor rodeada de dieciséis sillas. Parece antigua. Y en el rincón hay un enorme piano negro resplandeciente. Claro…seguramente también toca el piano. En todas las paredes hay cuadros de todo tipo y tamaño. En realidad, el departamento parece más una galería que una vivienda.
—¿Me das el saco?—me pregunta Bellatrix.
Niego con la cabeza. He tomado frío en la pisa del helicóptero.
—¿Quieres tomar una copa?—me pregunta.
Parpadeo. ¿Después de lo que pasó ayer? ¿Está bromeando o qué? Por un segundo pienso en pedirle una margarita, pero no me atrevo.
—Yo tomaré una copa de vino blanco. ¿Quieres tú otra?
—Sí, gracias—murmuro.
Me siento incomoda en este enorme salón. Me acerco a la pared de vidrio y me doy cuenta que la parte inferior del panel se abre al balcón en forma de acordeón. Abajo se ve Seattle iluminada y animada. Retrocedo a la zona de la cocina—tardo unos segundos, porque está muy lejos de la pared de vidrio—, donde Bellatrix está abriendo una botella de vino. Ese vestido le queda hermoso.
—¿Te parece bien un Pouilly Fumé?
—No tengo idea de vinos, Bellatrix. Estoy segura que será perfecto.
Hablo en voz baja y entrecortada. El corazón me late muy deprisa. Quiero salir corriendo. Esto es lujo de verdad, de una riqueza exagerada, tipo Bill Gates. ¿Qué estoy haciendo aquí? Sabes muy bien lo que estás haciendo aquí, se burla mi mente. Sí, quiero irme a la cama con Bellatrix Black.
—Toma—me dice tendiéndome una copa de vino.
Hasta las copas son lujosas, de cristal grueso y finamente cinceladas. Doy un sorbo. El vino es ligero, fresco y delicioso.
—Estás muy callada y ni siquiera te has puesto roja. La verdad es que creo que nunca te había visto tan pálida, Hermione—murmura—. ¿Tienes hambre?
Niego con la cabeza. No de comida.
—Que casa tan grande.
—¿Grande?
—Grande.
—Es grande—admite con una mirada divertida.
Doy otro sorbo de vino.
—¿Sabes tocar?—le pregunto señalando el piano.
—Sí.
—¿Bien?
—Sí.
—Claro, como no. ¿Hay algo que no hagas bien?
—Sí…unas dos o tres cosas.
Da un sorbo de vino sin quitarme los ojo de encima. Siento que su mirada me sigue cuando giro y observo el inmenso salón.
—¿Quieres sentarte?
Asiento con la cabeza. Me toma de la mano y me lleva al gran sofá de color verde.
—¿Qué te parece tan divertido?
Está sentada a mi lado, mirándome. Ha apoyado el codo derecho en el respaldo del sofá, enfrentándome y jugando con la copa de vino, seductoramente, deslizando el borde del cristal por sus labios entreabiertos.
—¿Por qué me regalaste precisamente Tess, la de los d'Urberville?—le pregunto.
Bellatrix me mira fijamente un momento. Creo que le ha sorprendido mi pregunta.
—Bueno, me dijiste que te gustaba Thomas Hardy.
—¿Solo por eso?
Hasta yo soy consciente de que mi voz suena decepcionada.
Aprieta los labios.
—Me pareció apropiado. Yo podría empujarte algún ideal imposible como Ángel Clare, o corromperte del todo, como Alec d'Urberville —murmura.
Sus ojos brillan impenetrables y peligrosos.
—Si solo hay dos posibilidades, elijo la corrupción—susurro mirándola.
La voz de mi consciencia me observa asombrada. Bellatrix se queda boquiabierta.
—Hermione, deja de morderte el labio, por favor. Me desconcentras. No sabes lo que dices.
—Por eso estoy aquí.
Frunce el ceño.
—Sí. ¿Me disculpas un momento?
Desaparece por una gran puerta al otro extremo del salón. A los dos minutos vuelve con unos papeles en la mano.
—Esto es un acuerdo de confidencialidad.—se encoje de hombros y parece ligeramente incomoda—. Mi abogado ha insistido.
Me lo entrega. Estoy totalmente perpleja.
—Si elijes la segunda opción, la corrupción, tendrás que firmarlo.
—¿Si no quiero firmar nada?
—Entonces te quedas con los ideales de Ángel Clare, bueno, al menos en la mayor parte del libro.
—¿Qué implica este acuerdo?
—Implica que no puedes contar nada de lo que suceda entre nosotras. Nada a nadie.
La observo sin dar crédito. Maldición. Tienes que ser mala, mala de verdad, y ahora tengo mucha curiosidad por saber de qué se trata.
—De acuerdo, lo firmaré.
Me tiende un bolígrafo.
—¿Ni siquiera vas a leerlo?
—No.
Frunce el ceño.
—Hermione, siempre tendrías que leer todo lo que firmas—me regaña.
—Bellatrix, lo que no entiendes es que en ningún caso hablaría de nosotras con nadie. Ni siquiera con Fleur. Así que lo mismo da si firmo o no el acuerdo. Si es tan importante para ti o para tu abogado…con el que es obvio que hablas de mí, de acuerdo. Lo firmaré.
Me observa fijamente y asiente muy seria.
—Buena puntuación, señorita Granger.
Firmo con gesto grandilocuente las dos copias y le devuelvo una. Doblo la otra, me la meto en el bolso y doy un largo sorbo de vino. Parezco mucho más valiente de lo que en realidad me siento.
—¿Quiere decir esto que vas a hacerme el amor esta noche, Bellatrix?
¡Maldita sea! ¿Acabo de decir eso? Abre ligeramente la boca, pero enseguida se recompone.
—No, Hermione, no quiere decir eso. En primer lugar, yo no hago el amor. Yo follo…follo duro. En segundo lugar tenemos mucho más papeleo que arreglar. Y en tercer lugar, todavía no sabes de lo que se trata. Todavía podrías salir corriendo. Ven, quiero mostrarte mi cuarto de juegos.
Me quedo boquiabierta. ¡Ella folla…folla duro! ¡Madre mía! Suena de lo más excitante. Pero ¿Por qué vamos a ver un cuarto de juegos? Estoy perdida.
—¿Quieres jugar con la Xbox o algo parecido?—le pregunto.
Se ríe a carcajadas.
—No, Hermione, ni a la Xbox ni a la PlayStation. Ven.
Se levanta y me tiende la mano. Dejo que me lleve de nuevo al pasillo. A la derecha de la puerta doble por la que entramos hay otra puerta que da a unas escaleras. Subimos al piso de arriba y giramos a la derecha. Se desprende su collar, revelando una pequeña llave dorada, la gira en la cerradura de otra puerta y respira hondo.
—Puedes marcharte en cualquier momento. O puedes pasar la noche aquí e irte mañana por la mañana. Lo que decidas me parecerá bien.
—Abre la maldita puerta de una vez, Bellatrix.
Abre la puerta y se para a un lado para que entre yo primero. Vuelvo a mirarla. Quiero saber lo que hay ahí dentro. Respiro hondo y entro.
Y siento como si me hubiera transportado al siglo XVI, a la época de la inquisición española.
Nuevamente cumpliendo con la actualización. Falta nada para el encuentro.
Como siempre, comenten, y abrazos.
