Capítulo 8

Bellatrix recorre su estudio de un lado a otro, sonando sus finos tacos en el suelo, pasándose las manos por el pelo. Las dos manos…lo que quiere decir que está doblemente enfadada. Su férreo control habitual parece haberse resquebrajado.

—No entiendo por qué no me lo has dicho—me reta.

—No ha salido el tema. No tengo por costumbre ir contando por ahí mi vida sexual. Además…apenas nos conocemos.

Me contemplo las manos. ¿Por qué me siento culpable? ¿Por qué está tan enojada? La miro.

—Bueno, ahora sabes mucho más de mí—me dice bruscamente. Y aprieta los labios—. Sabía que no tenías mucha experiencia, pero… ¡Virgen!—lo dice como si fuera un insulto—. Maldición, Hermione, acabo de mostrarte…—se queja—. Esto no está bien. ¿Te han besado alguna vez, sin contarme a mí?

—Pues claro—le contesto intentando parecer ofendida.

Bueno…quizá un par de veces.

—¿Y no has perdido la cabeza por ningún chico o chica? De verdad que no lo entiendo. Tienes veintiún años, casi veintidós. Eres atractiva.

Vuelve a pasar una de sus manos por el pelo, mientras la otra la deja descansando en su cadera.

Atractiva. Me ruborizo de alegría. Bellatrix Black me considera atractiva. Entrelazo los dedos y la miro fijamente intentando disimular mi estúpida sonrisa. Quizá es miope. La adormecida voz de mi conciencia asoma la cabeza. ¿Dónde estaba cuando la necesitaba?

—¿Y de verdad estás hablando de lo que quiero hacer cuando no tienes experiencia?—junta las cejas—. ¿Por qué has eludido el sexo? Cuéntamelo, por favor.

Me encojo de hombros.

—Nadie me ha…en fin…

Nadie me ha hecho sentir así, solo tú. Y resulta que tú eres una especie de monstruo.

—¿Por qué estás tan enfadada conmigo?—le susurro.

—No estoy enfadada contigo. Estoy enfadada conmigo misma. Había dado por sentado…—suspira, me mira detenidamente y mueve la cabeza—. ¿Quieres marcharte?—me pregunta en tono dulce.

—No, a menos que tú quieras que me marche—murmuro.

No, por favor…no quiero marcharme.

—Claro que no. Me gusta tenerte aquí—me dice frunciendo el ceño, y echa un vistazo al reloj—. Es tarde.—y vuelve a levantar los ojos hacia mí—. Estás mordiéndote el labio—me dice con voz ronca y mirándome pensativa.

—Perdona.

—No te disculpes. Es solo que yo también quiero morderlo…fuerte.

Me quedo boquiabierta…¿Cómo puede decirme esas cosas y pretender que no me afecten?

—Ven—murmura.

—¿Qué?

—Vamos a arreglar la situación ahora mismo.

—¿Qué quieres decir? ¿Qué situación?

—Tu situación, Hermione. Voy a hacerte el amor, ahora.

—Oh.

Siento que el suelo se mueve. Soy una situación. Contengo la respiración.

—Si quieres, claro. No quiero tentar a la suerte.

—Creí que no hacías el amor. Creí que solo follabas duro.

Trago saliva. De pronto se me ha secado la boca.

Me lanza una sonrisa perversa que me recorre el cuerpo hasta llegar a…

—Puedo hacer una excepción, o quizá combinar las dos cosas. Ya veremos. De verdad quiero hacerte el amor. Ven a la cama conmigo, por favor. Quiero que nuestro acuerdo funcione, pero tienes que hacerte una idea de donde estás metiéndote. Podemos empezar tu entrenamiento esta noche…con lo básico. No quiere decir que venga con flores y corazones. Es un medio para llegar a un fin, pero quiero ese fin y espero que tú lo quieras también—me dice con mirada intensa.

Me ruborizo…madre mía…mis deseos se hacen realidad.

—Pero no he hecho todo lo que pides en tu lista de normas—le digo con voz entrecortada e insegura.

—Olvídate de las normas. Olvídate de todos esos detalles por esta noche. Te deseo. Te he deseado desde que te caíste en mi despacho, y sé que tú también me deseas. No estarías aquí charlando tranquilamente sobre castigos y límites infranqueables sino me desearas. Hermione, por favor, quédate conmigo esta noche.

Me tiende la mano con sus perfectas y largas uñas pintadas. Sus ojos están brillantes, ardientes….excitados, y la agarro. Me conduce con suavidad, hasta rodearme entre sus brazos. De pronto siento todo su cuerpo pegado al mío. Me recorre la nuca con los dedos, enrolla mi coleta entorno a la muñeca y tira suavemente para obligarme a levantar la cara. Está mirándome.

—Eres una chica muy valiente—me susurra—. Me tienes fascinada.

Sus palabras son como un artilugio incendiario. Me bulle la sangre. Se inclina, me besa suavemente y me chupa el labio inferior.

—Quiero morder ese labio—murmura sin despegarse de mi boca.

Y tira de él con los dientes cuidadosamente. Gimo y sonríe.

—Por favor, Hermione, déjame hacerte el amor.

—Sí—susurro.

Para eso estoy aquí. Veo su sonrisa triunfante cuando me suelta, me toma de la mano y lleva a través de la casa.

Su dormitorio es grande. Desde los ventanales se ven los iluminados rascacielos de Seattle. Las paredes son veteadas, y los accesorios, azul oscuro. La enorme cama es de madera lustrada, con cuatro postes pero sin dosel. En la pared de la cabecera hay un impresionante paisaje boscoso.

Estoy temblando como una hoja. Ya está. Por fin, después de tanto tiempo, voy hacerlo, y nada menos que con Bellatrix Black. Respiro entrecortadamente y no puedo apartar los ojos de ella. Se quita los anillos y los deja encima de una cómoda que hace juego con la cama. Luego abre el primer cajón y no logro ver que es lo que saca….hasta que se da vuela. Madre mía, se lo que es. Me mira fijamente con sus ojos brillantes. Se acerca a la cama y deja el arnés negro con ajustes y un pene de silicona, a un costado del colchón. Mi estomago se contrae. ¿No se le estará yendo la mano? Es el primer encuentro y, ¿ya saca algo así?

—Tienes que estar preparada—murmura, quitándose los zapatos—. ¿Quieres que baje las persianas?

—No me importa—susurro—. Creía que no permitías a nadie dormir en tu cama.

—¿Quién ha dicho que vamos a dormir?—susurra.

—Oh.

Madre mía.

Se acerca a mí despacio. Esta muy segura de sí misma, muy sexy, y le brillan los ojos. El corazón se me dispara y la sangre me bombea por todo el cuerpo. El deseo, un deseo caliente e intenso, me invade el vientre. Se detiene frente a mí y me mira a los ojos. Oh, es tan hermosa…

—Vamos a quitarte el saco, si te parece—me dice en voz baja.

Agarra la solapa y me desliza muy suavemente el saco por los hombros y lo deja en la silla.

—¿Tienes idea de lo mucho que te deseo, Hermione Granger?—me dice casi inaudible.

Se me corta la respiración. No puedo apartar mis ojos de los suyos. Levanta una mano y me pasa suavemente los dedos por la mejilla hasta el mentón.

—¿Tienes idea de lo que voy a hacerte?—añade acariciándome con delicadeza.

Los músculos de mi parte más profunda y oscura se tensan con infinito placer. El dolor es tan dulce y tan agudo que quiero cerrar los ojos, pero los suyos, que me miran ardientes, me hipnotizan. Se inclina y me besa. Sus labios exigentes, carnosos, firmes y lentos se acoplan a los míos. Empieza a desabrocharme la blusa besándome ligeramente la mandíbula, la barbilla y las comisuras de la boca. Me la quita muy despacio y la deja caer al suelo. Se aparta un poco y me observa. Por suerte, llevo el corpiño azul cielo de encaje, que me queda estupendo.

—Hermione…—me dice—. Tienes una piel preciosa. Quiero besártela centímetro a centímetro.

Me ruborizo. Madre mía…¿Por qué me dijo que no podía hacer el amor? Haré lo que me pida. Me agarra de la coleta, la desase y jadea cuando la melena me cae en cascada sobre los hombros.

—Me gustan las castañas—murmura.

Mete las dos manos entre mis cabellos y me sujeta la cabeza. Su beso es exigente, su lengua y sus labios, persuasivos. Gimo y mi lengua indecisa se encuentra con la suya. Me rodea con sus brazos, y me acerca a su cuerpo y me aprieta posesivamente. Una mano sigue en mi pelo y la otra me recorre la columna hasta la cintura y sigue avanzando, sigue la curva de mi trasero y me empuja suavemente contra sus caderas.

Vuelvo a gemir sin apartar los labios de su boca. A penas puedo resistir las desenfrenadas sensaciones—¿o son hormonas?—que me desbastan el cuerpo. La deseo con locura. Me animo a rozar sus brazos, con gesto indeciso, subo las manos hasta su cara y por fin me permito tocar su pelo ondulado. Es muy suave. Tiro ligeramente de él y Bellatrix gime. Me conduce despacio hacia la cama, hasta que la siento detrás de las rodillas. Creo que va a empujarme, pero no lo hace. Me suelta y de pronto se arrodilla con elegancia. Me sujeta las caderas con las dos manos y desliza la lengua por mi ombligo, avanza hasta la cadera mordisqueándome y después me recorre la barriga en dirección a la otra cadera.

—Ah—gimo.

No esperaba verla de rodillas frente a mí y sentir su lengua recorriendo mi cuerpo. Es excitante. Apoyo las manos en su pelo y tiro suavemente intentando calmar mi acelerada respiración. Levanta la cara y sus ardientes ojos negros me miran a través de las pestañas, increíblemente largas. Sube las manos, me desabrocha el botón de los jeans y me baja lentamente el cierre. Sin apartar sus ojos de los míos, introduce muy despacio las manos en el pantalón, las pega a mi cuerpo, las desliza hasta el trasero y avanza hasta los muslos arrastrando con ellas los jeans. No puedo dejar de mirarla. Se detiene, y sin apartar los ojos de mí ni un segundo, se lame los labios. Se inclina hacia adelante y pasa la nariz por el vértice en el que se unen mis muslos. La siento junto a mi sexo.

—Huele muy bien—murmura.

Cierra los ojos, con expresión de puro placer, y siento como una sacudida. Extiende un brazo, tira del edredón, me empuja con delicadeza y caigo sobre la cama.

Todavía de rodillas, me toma de un pie, me desata los cordones de las zapatillas y me las quita, junto con las medias. Me apoyo en los codos y me incorporo para ver lo que hace. Jadeo, muerta de deseo. Me agarra del pie por el talón y me recorre el empeine con la uña del pulgar. Es casi doloroso, pero siento que el recorrido se proyecta sobre mi ingle. Gimo. Sin apartar los ojos de mí, vuelve a recorrerme el empeine, esta vez con la lengua, y después con los dientes. Maldición. ¿Cómo puedo sentirla entre mis piernas? Caigo sobre la cama gimiendo. Oigo su risa ahogada.

—Hermione, no te imaginas lo que podría hacer contigo—me susurra.

Me quita la otra zapatilla y la media, y después se levanta y me quita los jeans. Estoy recostada en su cama, en ropa interior, y ella me mira detenidamente.

—Eres muy hermosa. Me muero por hacerte mía.

¡Qué manera de hablar! Es toda una seductora. Me corta la respiración.

—Muéstrame cómo te das placer.

¿Qué? Frunzo el ceño.

—No seas tímida, Hermione. Muéstramelo—me susurra.

Muevo la cabeza.

—No entiendo lo que quieres decir—le contesto con voz ronca, tan empapada de deseo que a penas la reconozco.

—¿Cómo acabas sola? Quiero verlo.

Muevo la cabeza.

—No acabo sola—murmuro.

Alza las cejas, atónita por un momento, sus ojos se vuelven impenetrables y niega con la cabeza como si no pudiera creerlo.

—Bueno, veremos qué podemos hacer—me dice en voz baja, desafiante, en un tono de amenaza exquisitamente sensual.

Desliza el cierra de su vestido negro y ceñido, y lo deja caer revelando su juego de ropa interior de encaje, casi transparente. Se inclina sobre mí, me agarra de los tobillos, me separa rápidamente las piernas y avanza por la cama entre ellas. Se queda suspendida encima de mí. Su cabello me roza la piel expuesta. Me retuerzo de deseo.

—No te muevas—murmura.

Se inclina, me besa la parte interior de un muslo y va subiendo, sin dejar de besarme, hasta mi braga de encaje.

Ay…no puedo quedarme quieta. ¿Cómo no voy a moverme? Me retuerzo debajo de ella.

—Vamos a tener que trabajar para que aprendas a quedarte quieta, querida.

Sigue besándome la barriga y me introduje la lengua en el ombligo. Sus labios ardientes hacia el torso. Me arde la piel. Estoy sofocada. Por un momento siento mucho calor, luego frío, y araño la sabana sobre la que estoy acostada. Bellatrix se acuesta a mi lado y me recorre con la mano desde la cadera hasta el pecho, pasando por la cintura. Me observa con expresión impenetrable y me rodea suavemente uno de los pechos con la mano.

—Encajan perfectamente en mi mano, Hermione—murmura.

Mete el dedo índice por la copa de mi corpiño, la baja muy despacio y deja mi pecho al aire, empujado hacia arriba por la varilla y la tela. Desplaza el dedo a mi otro seno y repite el proceso. Los pechos se me hinchan y los pezones se me endurecen bajo su insistente mirada. El corpiño mantiene levantados mis senos.

—Muy bonitos—suspira admirada.

Y los pezones se me endurecen todavía más.

Me chupa suavemente un pezón, desliza la mano al otro pezón, y con el pulgar , muy despacio lo rodea y tira de él. Gimo y siento que una dulce sensación me desciende hasta la ingle. Estoy muy húmeda. Oh, por favor, suplico para mis adentros agarrando con fuerza las sabanas. Cierra los labios alrededor de mi otro pezón, y cuando lo lame, casi siento una convulsión.

—Vamos a ver si conseguimos que acabes así—me susurra, sin despegarse.

Y sigue con su lenta y su sensual succión. Mis pezones sienten sus hábiles dedos y sus labios, que encienden mis terminaciones nerviosas hasta tal punto que todo mi cuerpo gime en una dulce agonía, pero ella no se detiene.

—Oh…por favor—le suplico.

Echo la cabeza hacia atrás, con la boca abierta y gimo. Siento las piernas humedecidas. Maldita sea, ¿qué está pasándome?

—Déjate ir, Hermione—me dice.

Me aprieta un pezón con los dientes, con el pulgar y el índice tira fuerte del otro, y me dejo caer en sus manos. Mi cuerpo se agita y estallo en mil pedazos. Me besa profundamente, metiéndome la lengua en la boca para absorber mis gritos.

¡Dios mío! Ha sido fantástico. Ahora ya sé a qué viene tanto alboroto. Me mira con una sonrisa satisfecha, aunque estoy segura de que en mi cara no hay más que gratitud y admiración.

—Eres muy receptiva—me dice—. Tendrás que aprender a controlarlo, y será muy divertido enseñarte.

Vuelve a besarme.

Mi respiración es todavía irregular mientras me recupero del orgasmo. Desliza una mano hasta mi cintura, mis caderas, y la posa en mis partes intimas…Ay. Introduce un dedo por el encaje y lentamente empieza a trazar círculos alrededor de mi sexo. Cierra los ojos por un instante y contiene la respiración.

—Estás muy húmeda. No sabes cuánto te deseo.

Introduce un dedo dentro de mí, y yo grito mientras lo saca y vuelve a meterlo. Me frota el clítoris con la palma de la mano, y grito de nuevo. Sigue introduciéndome el dedo, cada vez con más fuerza. Gimo.

De repente se sienta, me quita las bragas y la tira al suelo. Se quita también la de ella. ¡Madre mía! Alarga el brazo hasta el borde de la cama y levantándose un poco se coloca el arnés, ajustándolo en su cadera. Y se mueve entre mis piernas para que las abra.

—¿Cómo va a entrar?—pregunto un poco asustada por el tamaño de esa cosa colgante.

—No te preocupes, te dilatarás—me dice mirándome a los ojos.

Se inclina apoyando las manos a ambos lados de mi cabeza, de modo que queda suspendida por encima de mí. Me mira a los ojos. En este momento me doy cuenta que todavía lleva su corpiño. Sus pechos son más grandes que los míos y por un segundo los miro embelesada.

—¿De verdad quieres hacerlo?—me pregunta en voz baja.

—Por favor—le suplico.

—Levanta las rodillas—me ordena en tono suave.

Obedezco de inmediato.

—Ahora voy a follarla, señorita Granger—murmura colocando la punta del pene de silicona delante de mi sexo—. Duro—susurra.

Y me penetra bruscamente.

—¡Aaay!—grito.

Al desgarrar mi virginidad, siento una extraña sensación en lo más profundo de mí, como un pellizco. Se queda inmóvil y me observa con los ojos en los que brilla el triunfo.

Tiene la boca ligeramente abierta y le cuesta respirar. Gime.

—Estás muy cerrada. ¿Te encuentras bien?

Asiento con los ojos en blanco y agarrándome de su espalda. Me siento llena por dentro. Sigue inmóvil para que me aclimate a la invasiva y abrumadora sensación de tenerla dentro de mí.

—Voy a moverme, bebé—me susurra un momento después en tono firme.

Oh.

Retrocede con exquisita lentitud. Cierra los ojos, gime y vuelve a penetrarme. Grito por segunda vez, y se detiene.

—¿Más?—me susurra con voz salvaje.

—Sí—le contesto sin aliento.

Vuelve a penetrarme y a detenerse.

Gimo. Mi cuerpo la acepta…Oh, quiero que siga.

—¿Otra vez?—me pregunta.

—Sí—le contesto en tono de suplica.

Y se mueve, pero esta vez no se detiene. Se apoya en los codos, de modo que siento su peso sobre mí, aprisionándome. Al principio se mueve despacio, entra y sale de mi cuerpo. Y a medida que voy acostumbrándome a la extraña sensación, empiezo a mover las caderas hacia las suyas. Acelera. Gimo y me embiste con fuerza, cada vez más deprisa, sin piedad, a un ritmo implacable, y yo mantengo el ritmo de sus embestidas. Me agarra la cabeza con las manos, me besa bruscamente y me vuelve a tirar de mi labio inferior con los dientes. Se retira un poco y nuevamente me penetra una y otra vez. Me tiembla el cuerpo, me arqueo. Estoy bañada en sudor. No sabía que sería así…no sabía que la sensación podía ser tan agradable. Mis pensamientos se dispersan…no hay más que sensaciones…solo ella…solo yo…Ay, por favor…mi cuerpo se pone rígido.

—Córrete para mí, Hermione—susurra sin aliento.

Y me dejo ir en cuanto lo dice, llego al clímax y estallo en mil pedazos bajo su cuerpo. Y mientras se corre ella también con un jadeo profundo y largo. Grita mi nombre, da una última embestida y se queda inmóvil.

Todavía jadeo, intento ralentizar la respiración y los latidos del corazón, y mis pensamientos se sumen en el caos. Wow…ha sido algo increíble. Abro los ojos. Bellatrix ha apoyado su frente en la mía. Tiene los ojos cerrados y su respiración es irregular. Parpadea, abre los ojos y me lanza una mirada turbia, aunque dulce. Sigue dentro de mí. Se inclina, me besa suavemente en la frente y, muy despacio, empieza a salir de mi cuerpo.

—Oooh.

Es una sensación extraña, que me hace estremecer.

—¿Te he hecho daño?—me pregunta Bellatrix mientras se acuesta a mi lado apoyándose en un codo. No se ha quitado el arnés y la visión es extraña, aunque excitante.

Me pasa un mechón de pelo por detrás de la oreja. Y no puedo evitar esbozar una amplia sonrisa.

—¿Estás de verdad preguntándome si me has hecho daño?

—No me vengas con ironías—me dice con una sonrisa burlona—. En serio, ¿estás bien?

Sus ojos son intensos, perspicaces, incluso exigentes.

Me acomodo de lado, enfrentándola. Siento mis extremidades adormecidas, exhaustas…pero estoy relajada, muy relajada. Le sonrío. No puedo dejar de sonreír. Ahora entiendo a qué viene tanto alboroto. Dos orgasmos…todo tu ser completamente descontrolado, como cuando una lavadora centrifuga. Wow. No tenía ni idea de lo que mi cuerpo era capaz, de que podía tensarse tanto y liberarse de forma tan violenta, tan gratificante. El placer ha sido indescriptible.

—Estás mordiéndote el labio, y no me has contestado.

Frunce el ceño. Le sonrió con gesto travieso. Está espectacularmente bellísima con su cabello cayendo alborotado, sus ardientes ojos negros entre cerrados y su expresión seria e impenetrable.

—Me gustaría volver a hacerlo—susurro.

Por un momento me parece ver una fugaz expresión de alivio en su rostro. Luego cambia rápidamente de cara y me mira con ojos velados.

—¿Ahora mismo, señorita Granger?—musita en tono frío. Se inclina sobre mí y me besa suavemente en la comisura de la boca—. ¿No eres un poquito exigente? Date la vuelta.

Parpadeo varias veces, pero al final me doy la vuelta. Me desabrocha el corpiño y me desliza sus largas uñas desde la espalda hasta el trasero.

—Tienes una piel ralamente preciosa—murmura.

Mete una pierna entre las mías y se queda media recostada sobre mi espalda. Siento sus pechos presionando mi espalda desnuda mientras me retira el pelo de la cara y me besa en el hombro.

—¿Por qué no te has quitado el corpiño?—le pregunto.

Se queda inmóvil. Acto seguido se quita el corpiño y vuelve a recostarse encima de mí. Siento su cálida piel sobre la mía. Mmm…es una maravilla. Tiene sus pezones endurecidos. Me hacen cosquillas en la espalda sensible.

—Así que quieres que vuelva a follarte…—me susurra al oído.

Y empieza a besarme muy suavemente alrededor de la oreja y en el cuello. Me levanta mi rodilla izquierda y se me corta la respiración…¿Qué está haciendo ahora? Se mete entre mis piernas, se pega a mi espalda y me pasa la mano por el muslo hasta el trasero. Me acaricia despacio las nalgas y después desliza los dedos entre mis piernas.

—Voy a follarte desde atrás, Hermione—murmura.

Con la otra mano me agarra del pelo a la altura de la nuca y tira ligeramente para colocarme. No puedo mover la cabeza. Estoy inmovilizada debajo de ella, indefensa.

—Eres mía—susurra—. Solo mía. No te olvides.

Su voz es embriagadora, y sus palabras, seductoras. Noto como roza su juguete de silicona contra mi muslo.

Desliza los dedos y me acaricia suavemente el clítoris, trazando círculos muy despacio. Siento su acelerada respiración en la nuca.

—Hueles increíblemente bien.

Me acaricia detrás de la oreja con la nariz. En un instinto reflejo, empiezo a trazar círculos con las caderas, al compás de su hábil mano, y un placer enloquecedor me recorre las venas como si fuera adrenalina.

—No te muevas—me ordena en voz baja, aunque imperiosa.

Y lentamente me introduce el pulgar y lo gira acariciando las paredes de mi vagina. El efecto es alucinante. Toda mi energía se concentra en esa pequeña parte de mi cuerpo. Gimo.

—¿Te gusta?—me pregunta en voz baja pasándome la punta de la lengua por mi oreja.

Y empieza a mover el pulgar lentamente, dentro, fuera, dentro, fuera…Con los dedos todavía trazando círculos.

Cierro los ojos e intento controlar mi respiración, intento absorber las desordenadas y caóticas sensaciones que sus dedos desatan en mí mientras el fuego me recorre el cuerpo. Vuelvo a gemir.

—Estás muy húmeda y eres muy rápida. Muy receptiva. Oh, Hermione, me gusta, me gusta mucho—susurra roncamente.

Quiero mover las piernas, pero no puedo. Me tiene aprisionada y mantiene un ritmo constante, lento y tortuoso. Es absolutamente maravilloso. Gimo de nuevo y de pronto se mueve.

—Abre la boca—me pide.

Y me introduce en la boca el pulgar. Pestañeo frenéticamente.

—Mira como sabes—me susurra al oído—. Chúpame, bebé.

Me presiona la lengua con el pulgar, cierro la boca alrededor de su dedo y chupo salvajemente. Siento el sabor salado de su pulgar y la acidez ligeramente metálica de la sangre. Madre mía. Esto no está bien, pero es terriblemente erótico.

—Lo que podrías llegar a hacer con esta boca—me dice casi ahogada.

—Dime y lo haré—le digo gimiendo, mordiéndole ligeramente el pulgar.

Pega un pequeño grito ahogado y me tira del pelo con más fuerza, me hace daño, así que le suelto el dedo.

—Mi bebé traviesa—susurra—. Quieta, no te muevas—me ordena soltándome el pelo.

Yo jadeo y siento el calor recorriendo mis venas. La espera es excitante. Se inclina, su peso vuelve a caer sobre mí y me agarra nuevamente del pelo para volver a inmovilizarme la cabeza. No puedo moverme. Me tiene seductoramente atrapada y esta lista para volver a penetrarme.

—Esta vez vamos a ir más despacio, Hermione—me dice.

Y me penetra despacio, muy despacio, hasta el fondo. La siento dentro de mí, su cuerpo se pega a mi piel, adhiriéndose, fundiéndose. Gimo con fuerza. Esta vez la siento más profundo, exquisito. Vuelvo a gemir, y a un ritmo muy lento traza círculos con las caderas y retrocede, se detiene un momento y vuelve a penetrarme. Repite el movimiento una y otra vez. Me vuelve loca. Sus provocadoras embestidas, deliberadamente lentas, y la intermitente sensación de plenitud son irresistibles.

—¿Me sientes?—me dice susurrando.

—Sí—jadeo.

Y mis entrañas empiezan a temblar. Retrocede y espera.

—No, bebé, todavía no—murmura.

Cuando dejo de temblar comienza de nuevo el maravilloso proceso.

—Por favor—le suplico.

Creo que no voy a aguantar mucho más. Mi cuerpo tenso se desespera por liberarse.

—Te quiero dolorida—gime en mi oído.

Y sigue con su dulce y pausado suplicio, adelante y atrás.

—Quiero que, cada vez que te muevas mañana, recuerdes que he estado dentro de ti. Solo yo. Eres mía.

Gimo.

—Bellatrix, por favor—susurro.

—¿Qué quieres, Hermione? Dímelo.

Vuelvo a gemir. Se retira y me penetra de nuevo lentamente, trazando circuíos con las caderas.

—Dímelo—insiste.

—A ti, por favor.

Aumenta el ritmo progresivamente y su respiración se torna irregular. Empiezo a temblar por dentro, y Bellatrix acelera la acometida.

—Eres…tan…dulce—murmura al ritmo de sus embestidas—. Te…deseo..Tanto…

Gimo.

—Eres…mía…córrete para mí, bebé—jadea sin control.

Sus palabras son mi perdición, me lanza por el precipicio. Siento que mi cuerpo se convulsiona y acabo gritando una balbuceante versión de su nombre contra el colchón. Bellatrix embiste hasta el fondo dos veces más y se queda paralizada, se deja ir, friccionando una última vez. Se desploma sobre mi cuerpo, con la cara hundida en mi pelo.

—Maldición, Hermione—jadea.

Se retira inmediatamente. Se saca el arnés y lo lanza sobre la silla al costado de la cama. Se deja caer a mi lado.

Así, de lado como me encuentro, subo las rodillas hasta el pecho, totalmente agotada y al momento me sumerjo en un profundo sueño.

Cuando me despierto, todavía no ha amanecido. No tengo ni idea de cuánto tiempo he dormido. Estiro las piernas debajo del edredón y me siento adolorida, exquisitamente adolorida. No veo a Bellatrix por ningún sitio. Me siento en la cama y contemplo la ciudad frente a mí. Hay menos luces encendidas en los rascacielos y el amanecer se insinúa ya hacia el este. Oigo música, notas cadenciosas de piano. Un dulce y triste lamento. Bach, creo, pero no estoy segura.

Echo el edredón a un lado y me dirijo sin hacer ruido al pasillo que me lleva al gran salón. Bellatrix está sentada al piano, totalmente absorta en la melodía que está tocando. Su expresión es triste y desamparada, como la música. Toca maravillosamente bien. Me apoyo en la pared y la escucho embelesada. Está solo con sus bragas de encaje negro, con el cuerpo bañado en la caída luz de una lámpara solitaria junto al piano. Como el resto del salón está oscuro, parece aislada en su pequeño foco de luz, intocable…sola en su burbuja.

Avanzo en silencio hacia ella, atraída por la sublime y melancólica música. Estoy fascinada. Observo sus largos y hábiles dedos recorriendo y presionando suavemente las teclas, y pienso que esos mismos dedos han recorrido y acariciado con destreza mi cuerpo. Me ruborizo al pensarlo, sofoco un grito y aprieto los muslos. Bellatrix levanta sus insondables ojos negros con expresión indescifrable.

—Perdona—susurro—. No quería molestarte.

Frunce ligeramente el ceño.

—Está claro que soy yo la que tendría que pedirte perdón—murmura.

Deja de tocar y apoya las manos en las piernas. Se acomoda el cabello y se levanta. Camina hacia mí. Su cuerpo es perfecto. Sus piernas torneadas, sus pechos… su piel blanca haciendo contraste con esa diminuta prenda que lleva. Madre mía, se me seca la boca. Es impresionante…

—Deberías estar en la cama—me reta.

—Un tema muy hermoso. ¿Bach?

—La transcripción es de Bach, pero originalmente es un concierto para Oboe de Alessandro Marcello.

—Precioso, aunque muy triste. Una melodía muy melancólica.

Esboza media sonrisa.

—A la cama—me ordena—. Por la mañana estarás agotada.

—Me he despertado y no estabas.

—Me cuesta dormir. No estoy acostumbrada a dormir con nadie—murmura.

No logro discernir cual es su estado de ánimo. Parece algo decaída, pero es difícil asegurarlo en la oscuridad. Quizá se deba al tono del tema que estaba tocando. Me toma de la cintura y me lleva cariñosamente a la habitación.

—¿Cuándo empezaste a tocar? Tocas muy bien.

—A los seis años.

Bellatrix a los seis años…imagino a una preciosa niña de cabellos azabaches y rulos bien formados, ojos negros, y se me cae la baba…una niña a la que le gusta la música increíblemente triste.

—¿Cómo te sientes?—me pregunta ya de vuelta en la habitación.

Enciende una lamparita.

—Estoy bien.

Las dos miramos la cama al mismo tiempo. Las sabanas están manchadas de sangre, como una prueba de mi virginidad perdida. Me ruborizo, incomoda, y le echo el edredón por encima.

—Bueno, la señora Jones tendrá algo en lo que pensar—refunfuña Bellatrix frente a mí.

Me coloca la mano debajo de la barbilla, me levanta la cara y me mira fijamente. Me observa con los ojos intensos. Me doy cuenta que es la primera vez que la veo claramente sin su corpiño. Alargo la mano de forma instintiva. Quiero acariciarla, tocar su piel y sentirla, pero de inmediato da un paso atrás.

—Métete en la cama—me dice bruscamente. Y luego suaviza un poco el tono—:Me acostaré contigo.

Retiro la mano y frunzo lentamente el ceño. Creo que no le he tocado sus pechos ni una vez. Abre un cajón, saca un babydoll azul oscuro y de gaza, y se lo pone rápidamente.

—A la cama—vuelve a ordenarme.

Salto a la cama intentando no pensar en la sangre. Se tumba también ella y me rodea con los brazos desde atrás, de manera que no le veo la cara. Me besa el pelo con suavidad e inhala profundamente.

—Duérmete, Hermione—murmura.

Cierro los ojos, pero no puedo evitar sentir cierta melancolía, no sé si es por la música o por su conducta. Bellatrix Black tiene un lado triste.


Actualizando como corresponde!

Aviso: One-Shot (Bellamione) Nuevito y recién sacado del horno… "Cuadernillo secreto".

Primer encuentro de Bella y Hermione. ¿Qué les ha parecido?

Comenten y buen fin de semana para todos. Abrazos.


Jessi-04: Muchas gracias. Qué bueno que estés siguiendo también esta historia, abrazos.

Jaz: Gracias por pasarte también por aquí y seguirla.

GigiLestrangeBlack: Que bueno que te esté gustando. Gracias por leerla.

Saori-san02: Bella súper dominante, como siempre jaja. Gracias por tu comentario en "Cuadernillo secreto", me alegra que te gustara.

Codyw1: Jajaja, sí, soy la misma. Gracias por seguirme aquí y en Youtube :) Beso.