Capítulo 9

La luz que inunda la habitación me arranca del profundo sueño. Me desperezo y abro los ojos. Es una bonita mañana de mayo, con Seattle a mis pies. Wow, que vista. Bellatrix Black está profundamente dormida a mi lado. Me parece increíble poder apreciarla a mis anchas. Me sorprende que esté aun en la cama. Como está de cara a mí, tengo la oportunidad de examinarla bien por primera vez. Su hermoso rostro parece más joven, relajada. Sus labios, gruesos y carnosos, están ligeramente abiertos, y su cabello alborotado, increíblemente negro y brillante le cubre su hombro desnudo. ¿Cómo puede ser alguien tan atractiva y aun así ser legal? Recuerdo su cuarto del piso de arriba…quizá no sea tan legal. Tengo mucho en que pensar. Siento la tentación de alargar la mano y tocarla, pero está preciosa dormida, como una niña pequeña. No tengo que preocuparme de lo que digo, de lo que ella dice, de sus planes, especialmente de sus planes para mí.

Podría pasarme el día contemplándola, pero tengo mis necesidades…fisiológicas. Salgo despacio de la cama. No encuentro que ponerme. Abro con cuidado el primer cajón de la cómoda y saco lo primero que encuentro. Una remera de manga corta con un pequeño bolsillo delantero. Es lo suficientemente larga para cubrirme parte de los muslos desnudos. Me dirijo a una puerta pensando que puede ser el cuarto de baño, pero lo primero que encuentro es un vestidor tan grande como mi habitación. Filas y filas de vestidos carísimos, de pantalones, sacos, blusas…pero principalmente de zapatos…muchos. ¿Para qué necesita tanta cosa? Chasqueo la lengua. La verdad es que el ropero de Fleur seguramente no tiene nada que envidiar a este. ¡Fleur! Oh, no. No me acordé de ella en toda la noche. Se suponía que tenía que mandarle un mensaje. Maldición. Va a enojarse conmigo. Por un segundo me pregunto cómo le irá con Sirius.

Vuelvo al dormitorio, en el que Bellatrix sigue dormida. Abro la otra puerta. Es el cuarto de baño, más grande que haya visto. ¿Para qué necesita tanto espacio una mujer sola? Dos lavatorios, observo con ironía. Si nunca duerme con nadie, uno de los dos no se habrá utilizado.

Me miro en el enorme espejo. ¿Parezco diferente? Me siento diferente. Para ser sincera, estoy un poco adolorida, y los músculos…es como si no hubiera hecho ejercicio en la vida. En la vida has hecho ejercicio, me dice la voz de mi conciencia que se ha despertado y me mira frunciendo los labios y dando golpecitos en el suelo con el pie. Acabas de acostarte con ella. Has entregado tu virginidad a una mujer que no te ama, que tiene planes muy raros para ti, que quiere convertirte en una especie de pervertida esclava sexual.

¿ESTÁS LOCA?, me grita.

Sigo mirándome en el espejo y me estremezco. Tengo que asimilar todo esto. Sinceramente, me he encaprichado con una mujer muy hermosa, que está forrada en dinero y que tiene un cuarto rojo del dolor…esperándome. Me erizo. Estoy desconcertada y confundida. Tengo el pelo hecho un desastre, como siempre. El pelo revuelto no me queda nada bien. Intento poner orden en ese caos con los dedos, pero no lo consigo y me rindo…quizá tenga alguna gomita en el bolso.

Me muero de hambre. Vuelvo a la habitación. La bella durmiente sigue dormida, así que la dejo y voy a la cocina.

Oh, no…Fleur. Dejé la cartera en el estudio de Bellatrix. Voy a buscarla y saco el celular. Tres mensajes:

¿Todo ok, Hermione?

¿Dónde estás, Hermione?

¡Maldita sea, Hermione!

Llamo a Fleur, pero no me contesta y le dejo un mensaje en el contestador diciéndole que estoy viva y que Úrsula y sus tentáculos no han acabado conmigo, bueno, al menos no en el sentido que podría preocuparle…o quizá sí. Estoy muy confundida. Tengo que intentar aclárame y analizar mis sentidos hacia Bellatrix Black. Es imposible. Muevo la cabeza dándome por vencida. Necesito estar sola, lejos de aquí para pensar.

Encuentro en la cartera una gomita y rápidamente me hago una trenza floja. ¡Sí! Quizá cuanto más niña parezca, más a salvo estaré de Úrsula. Saco el iPod de la cartera y me pongo los auriculares. No hay nada como la música para cocinar. Meto el pequeño aparato en el bolsillo de la remera, subo el volumen y empiezo a bailar.

Dios, qué hambre tengo.

La cocina me intimida un poco. Es elegante y moderna, con armarios sin tirantes. Tardo unos segundos en llegar a la conclusión de que tengo que presionar en las puertas para que se abran. Quizá debería prepararle el desayuno a Bellatrix. El otro día comió una tortilla…bueno, ayer, en el Heathman. Hay que ver las cosas que han pasado desde ayer. Abro la heladera, veo que hay muchos huevos y decido que quiero panqueques y panceta. Empiezo a hacer la masa bailando por la cocina.

Está bien tener algo que hacer, porque eso te concede un poco de tiempo para pensar pero sin profundizar demasiado. La música que resuena en mis oídos también me ayuda a alejar los pensamientos profundos. Vine a pasar la noche en la cama de Bellatrix Black y lo he conseguido, aunque no permita a nadie dormir en su cama. Sonrío. Misión cumplida. Genial. Sonrío. Y empiezo a divagar recordando la noche. Sus palabras, su cuerpo, su manera de hacer el amor…cierro los ojos, mi cuerpo vibra al recordar y los músculos de mi vientre se contraen. La voz de mi conciencia me pone mala cara. Su manera de follar, no de hacer el amor, me grita como una arpía. No le hago caso, pero en el fondo sé que tiene razón. Muevo la cabeza para concentrarme en lo que estoy haciendo.

La cocina es de lo más sofisticada. Confío en que sabré como funciona. Necesito un sitio para dejar los panqueques y que no se enfríen. Empiezo con la panceta. Amy Studt me canta al oído una canción sobre gente inadaptada, una canción que siempre ha significado mucho para mí, porque soy una inadaptada. Nunca he encajado en ningún sitio, y ahora…tengo que considerar una proposición indecente de la mismísima reina de los inadaptados. ¿Por qué Bellatrix es así? ¿Por naturaleza o por educación? Nunca he conocido a nadie igual.

Meto la panceta en el grill y mientras se hace, bato los huevos. Me vuelvo y veo a Bellatrix sentada en una banqueta, con los codos encima de la barra y la cara apoyada en las manos. Lleva el babydoll con el qué ha dormido. Madre mía, recién levantada, sin maquillaje y con esa prenda está de infarto. Parece divertida y sorprendida a la vez. Me quedo paralizada y me pongo roja. Luego me calmo y me quito los auriculares. Me tiemblan las rodillas solo de verla.

—Buenos días, señorita Granger. Está muy activa esta mañana—me dice disimulando un pequeño amago de sonrisa.

—He…he dormido bien—le digo tartamudeando.

Asiente sonriendo a penas.

—No imagino por qué—se calla un instante y frunce el ceño—. También yo cuando volví a la cama.

—¿Tienes hambre?

—Mucha—me contesta con una mirada intensa.

Creo que no se refiere a la comida.

—¿Panqueques, panceta y huevos?

—Suena muy bien.

—No sé donde están los manteles individuales.

Me encojo de hombros e intento desesperadamente no parecer nerviosa.

—Yo me ocupo de eso. Tú cocina. ¿Quieres que ponga música para que puedas seguir bailando?

Me miro los dedos perfectamente consciente de que me estoy ruborizando.

—No te reprimas por mí. Es muy entretenido verte—me dice en tono burlón.

Arrugo los labios. Entretenido, ¿verdad? La voz de mi consciencia se muere de risa. Giro y sigo batiendo los huevos, seguro con más fuerza de la necesaria. Al momento está a mi lado y me tira de la trenza.

—Me encanta—susurra—. Pero no va a servirte de nada.

Mmm…, Úrsula…

—¿Cómo quieres los huevos?—le pregunto bruscamente.

—Muy batidos—me contesta con una mueca irónica.

Sigo con lo que estaba haciendo: intentado ocultar mi sonrisa. Es difícil no volverse loca por ella, sobre todo cuando está tan juguetona, lo cual no es nada frecuente. Abre un cajón, saca dos manteles individuales negros y los coloca en la barra. Echo el huevo batido en una sartén, saco la panceta del grill, la doy vuelta y la meto nuevamente.

Cuando me doy vuelta, hay jugo de naranja en la barra, y Bellatrix está preparando café.

—¿Quieres un té?

—Sí, por favor. Si tienes.

Tomo un par de platos y los dejo encima de la placa para mantenerlos calientes. Bellatrix abre un armario y saca una caja de té…Oh, es el que me gusta. Frunzo los labios.

—El final estaba cantado, ¿no?

—¿Tú crees? No tengo tan claro que hayamos llegado todavía al final, señorita Granger—murmura.

¿Qué quiere decir? ¿Habla de nuestra negociación? Bueno…quiero decir…de nuestra relación…o lo que sea. Sigue igual de criptica que siempre. Sirvo el desayuno en los platos calientes, que dejo encima de los manteles individuales. Abro la heladera y saco jarabe de arce.

Miro a Bellatrix que está esperando a que me siente.

—Señorita Granger—me dice señalando una banqueta.

—Señora Black.

Se lo agradezco con una ligera inclinación de cabeza. Al sentarme hago una ligera mueca de dolor.

—¿Estás muy dolorida?—me pregunta mientras toma también el asiento.

Me ruborizo. ¿Por qué me hace preguntas tan personales?

—Bueno, a decir verdad, no tengo con qué compararlo—le contesto—. ¿Querías ofrecerme tu compasión?—le pregunto en tono demasiado dulce.

Creo que intenta reprimir una sonrisa, pero no estoy segura.

—No. Me preguntaba si deberíamos seguir con tu entrenamiento básico.

—Oh.

La miro estupefacta, contengo la respiración y me estremezco. Oh…me encantaría. Sofoco un gemido.

—Come, Hermione.

Se me ha vuelto a quitar el hambre…más…más sexo…sí, por favor.

—Por cierto, esto está riquísimo—me dice sonriendo.

Pincho un trocito de tortilla, pero a penas puedo tragar. ¡Entrenamiento básico! "Utilizar mi boca" ¿Forma parte de mi entrenamiento básico?

—Deja de morderte el labio. Me gusta cómo te queda mi remera.

Sumerjo la bolsa de té en la tetera que me ha traído Bellatrix. La cabeza me da vueltas.

—¿En qué tipo de entrenamiento básico estás pensando?—le pregunto.

Hablo en un volumen un poco alto, lo cual traiciona mi deseo de parecer natural, como si no me importara demasiado, y lo más tranquila posible, pese a que las hormonas están causando estragos por todo mi cuerpo.

—Bueno, como estás dolorida, he pensado que podríamos dedicarnos a las técnicas orales.

Me atraganto con el té y la miro boquiabierta y con los ojos como platos. Me da un golpecito en la espalda y me acerca el jugo de naranja. No tengo ni idea en que está pensando.

—Si quieres quedarte, claro—añade.

La miro intentando recuperar la serenidad. Su expresión es impenetrable. Es muy frustrante.

—Me gustaría quedarme durante el día, si no hay problema. Mañana tengo que trabajar.

—¿A qué hora tienes que estar en el trabajo?

—A las nueve.

—Te llevaré al trabajo mañana a las nueve.

Frunzo el ceño. ¿Quiere que me quede otra noche?

—Tengo que volver a casa esta noche. Necesito cambiarme de ropa.

—Puedes tomar de mi armario lo que quieras.

Levanta la mano, me agarra de la barbilla y tira para que mis dientes suelten el labio inferior. No era consciente de que me lo estaba mordiendo.

—¿Qué pasa?—me pregunta.

—Tengo que volver a casa esta noche.

Me mira muy seria.

—De acuerdo, esta noche—acepta—. Ahora termina el desayuno.

La cabeza y el estomago me dan vueltas. Se me ha quitado el hambre. Contemplo la mitad de mi desayuno, que sigue en el plato. No tengo ganas de comer ahora.

—Come, Hermione. Anoche no cenaste.

—No tengo hambre, de verdad—susurro.

Me mira tensando la mandíbula.

—Me gustaría mucho que te terminaras el desayuno.

—¿Qué problema tienes con la comida?—le suelto de pronto.

Arruga la frente.

—Ya te dije que no soporto tirar la comida. Come—me dice bruscamente, con expresión sombría, dolida.

Maldita sea. ¿De dónde viene todo esto? Tomo el tenedor y como despacio, intentando masticar. Si va a ser siempre tan rara con la comida tendré que recordar no llenarme tanto el plato. Su semblante se dulcifica a medida que voy comiéndome el desayuno. La observo retirar su plato. Espera que termine y retira el mío también.

—Tú has cocinado, así que yo levanto la mesa.

—Muy democrática.

—Sí—me dice frunciendo el ceño—. No es mi estilo habitual. En cuanto acabe tomaremos un baño.

—Ah, bueno.

Mmm…preferiría una ducha. El sonido de mi teléfono me saca de la ensoñación. Es Fleur.

—Hola.

Me alejo de ella y me dirijo hacia las puertas de vidrio del balcón.

—Hermione, ¿por qué no me mandaste un mensaje anoche?

Está enojada.

—Perdona. Me superaron los acontecimientos.

—¿Estás bien?

—Sí, perfectamente.

—¿Por fin?

Intenta sonsacarme información. Oigo su tono expectante y muevo la cabeza.

—Fleur, no quiero comentarlo por teléfono.

Bellatrix alza los ojos hacia mí.

—Sí…estoy segura.

¿Cómo puedo estar segura? Estoy acostándome con una adonis, pero no puedo hablar del tema. He firmado un maldito acuerdo.

—Fleur, por favor.

—¿Qué tal ha ido? ¿Estás bien?

—Te he dicho que estoy perfectamente.

—¿Ha sido tierna?

—¡Fleur, por favor!

No puedo reprimir mi enojo.

—Hermione, no me lo ocultes. Llevo casi cuatro años esperando este momento.

—Nos vemos esta noche.

Y cuelgo.

Va a ser difícil manejar este tema. Es muy obstinada y quiere que se lo cuente todo con detalles, pero no puedo contárselo porque he firmado un…¿Cómo se llama? Un acuerdo de confidencialidad. Va a darle un ataque, y con razón. Tengo que pensar en algo. Vuelvo la cabeza y observo a Bellatrix moviéndose con soltura por la cocina.

—¿El acuerdo de confidencialidad lo abarca todo?—le pregunto indecisa.

—¿Por qué?

Se vuelve y me mira mientras guarda la caja del té. Me ruborizo.

—Bueno, tengo algunas dudas, ya sabes…sobre sexo—le digo mirándome los dedos—. Y me gustaría comentarlas con Fleur.

—Puedes comentarlas conmigo.

—Bellatrix, con todo el respeto…

Me quedo sin voz. No puedo comentarlas contigo me darías tu visión del sexo, que es parcial, distorsionada y pervertida. Quiero una opinión imparcial.

—Son solo cuestiones técnicas. No diré nada del cuarto rojo del dolor.

Levanta la ceja.

—¿Cuarto rojo del dolor? Se trata sobre todo de placer, Hermione. Créeme. Y además—añade en tono más duro—, tu compañera está acostándose con mi primo. Preferiría que no hablaras con ella, la verdad.

—¿Sabe algo tu familia de tus…preferencias?

—No. No son asuntos suyos.—se acerca a mí—. ¿Qué quieres saber?—me pregunta.

Me desliza los dedos suavemente por la mejilla hasta el mentón, que levanta para mirarme a los ojos. Me estremezco por dentro. No puedo mentirle a esta mujer.

—De momento, nada en concreto—susurro.

—Bueno, podemos empezar preguntándote que tal lo has pasado esta noche.

La curiosidad le arde en los ojos. Está impaciente por saberlo.

Wow.

—Bien—murmuro.

Esboza una ligera sonrisa.

—Yo también—me dice en voz baja—. Nunca he echado un polvo vainilla, y no ha estado nada mal. Aunque quizá es porque ha sido contigo.

Desliza el pulgar por mi labio inferior.

Respiro hondo. ¿Un polvo vainilla?

—Ven, vamos a bañarnos.

Se acerca y me besa. El corazón me da un brinco y el deseo me recorre el cuerpo y se concentra ahí abajo…en mi parte más intima. La bañera es blanca, profunda y ovalada, muy de diseño europeo. Bellatrix se inclina y abre la canilla de la pared embaldosada. Vierte en el agua un aceite de baño que parece carísimo. A medida que se llena la bañera va formándose espuma, y un dulce y seductor aroma a jazmín invade el baño. Bellatrix me mira con ojos impenetrables, desliza por sus hombros los breteles del babydoll y lo deja caer al suelo.

—Señorita Granger—me dice tendiéndome la mano.

Estoy al lado de la puerta, con los ojos muy abiertos, y recelosa, con las manos alrededor del cuerpo. Me acerco admirando furtivamente su cuerpo. Le tomo de la mano y me sujeta mientras me meto en la bañera, todavía con su remera puesta. Hago lo que me dice. Voy a tener que acostumbrarme si acabo aceptando su escandalosa oferta…solo sí…el agua caliente es tentadora.

—Gira y mírame—me ordena en voz baja.

Hago lo que me pide. Me observa con atención.

—Sé que ese labio está delicioso, doy fe de ello, pero ¿puedes dejar de mordértelo?—me dice apretando los dientes—. Cuando te lo muerdes, tengo ganas de follarte, y estás dolorida, ¿no?

Dejo de morderme el labio porque me quedo boquiabierta, impactada.

—Eso es—me dice—. ¿Lo has entendido?

Me mira. Asiento frenéticamente. No tenía ni idea de que yo pudiera afectarle tanto.

—Bien.

Se acerca, saca el iPod del bolsillo y lo deja junto al lavatorio.

—Agua e iPods…no es una combinación muy inteligente—murmura.

Se inclina, agarra la remera negra por debajo, me la quita y la deja a un lado.

Se retira para contemplarme. Dios mío, estoy completamente desnuda. Me pongo roja y bajo la mirada hacia mis manos, que están a la altura de mi vientre. Deseo desesperadamente desaparecer dentro del agua caliente y la espuma, pero sé que no va a querer que lo haga.

—Centra tu atención aquí—me dice señalándose a sí misma.

La miro. Tiene la cara inclinada hacia un lado.

—Hermione, eres muy atractiva…toda tú. No bajes la cabeza como si estuvieras avergonzada. No tienes por qué sentir vergüenza, te aseguro que es todo un placer poder contemplarte.

Pasa sus dedos por mi mejilla, acariciándola y lentamente levanto la vista, encontrando su oscura mirada….ardiente, penetrante, llena de un deseo que solo conocía a través de libros y relatos. Está muy cerca de mí. Quisiera tocarla.

—Ya puedes sentarte—me dice interrumpiendo mis erráticos pensamientos.

Me agacho y me meto en el agua caliente. Oh…escuece, y no me lo esperaba. El escozor inicial no tarda en disminuir. Me tumbo boca arriba, cierro los ojos un instante y me relajo en la tranquilizadora calidez. Cuando abro los ojos, está mirándome fijamente.

—¿Por qué no te bañas conmigo?—me atrevo a preguntarle, aunque con voz ronca.

—Sí, muévete hacia delante—me ordena.

Se quita las bragas de encaje y se mete en la bañera, detrás de mí. El agua sube de nivel cuando se sienta y tira de mí para que me apoye en sus pechos. Coloca sus largas piernas encima de las mías, con las rodillas flexionadas. Me abre las piernas con los pies. Se me corta la respiración.

Hunde la nariz entre mi pelo e inhala profundamente.

—Qué bien hueles, Hermione.

Un temblor me recorre todo el cuerpo. Estoy desnuda en una bañera con Bellatrix Black. Y ella también está desnuda, aprisionando sus redondos pechos contra mi espalda. Si alguien me lo hubiera dicho ayer, cuando me desperté en la suite del hotel, no le habría creído.

Toma una botella de gel del estante junto a la bañera y se echa un chorrito en la mano. Se frota las palmas para formar una ligera capa de espuma, me las coloca alrededor del cuello y empieza a extenderme el jabón por la nuca y los hombros, masajeándolos con fuerza con sus largos y hábiles dedos. Gimo. Me encanta sentir sus manos.

—¿Te gusta?

Casi puedo oír su sonrisa.

—Mmm…

Desciende hasta mis brazos, luego por debajo de las axilas, frotándome suavemente. Me alegro mucho de que Fleur insistiera en que me depilara. Desliza las manos por mis pechos, y respiro hondo cuando sus dedos los rodean y empiezan a masajearlos con tortuosa lentitud, sin agarrarlos. Arqueo el cuerpo instintivamente y apretó los pechos contra sus manos. Tengo los pezones sensibles, muy sensibles, sin duda por el poco delicado trato que recibieron anoche. No se entretiene demasiado en ellos. Desliza las manos hacia mi vientre. Se me acelera la respiración y el corazón me late a toda prisa. Noto su sexo abierto aprisionando mi trasero, y su respiración irregular. Sus pezones también se han endurecido. Los siento rozando mi espalda. Me excita ser la causante de tal estado.

Se detiene y toma una toallita mientras yo jadeo pegada a ella, muerta de deseo. Apoyo las manos en sus muslos, firmes y torneados. Echa más gel en la toallita, se inclina y me frota entre las piernas. Contengo la respiración. Sus dedos me estimulan hábilmente desde dentro de la tela, una maravilla, y mis caderas empiezan a moverse a su ritmo, presionando contra su mano. A medida que las sensaciones se apoderan de mí, echo la cabeza hacia atrás con los ojos casi en blanco y la boca entre abierta. Gimo. Dentro de mí aumenta la presión, lenta e inexorablemente…madre mía.

—¿Me sientes?—me susurra Bellatrix al oído jugando con mi cordura. Me roza suavemente el lóbulo con los dientes y deja escapar un jadeo casi inaudible—. Siéntelo para mí.

Sus piernas inmovilizan las mías contra las paredes de la bañera, las aprisionan, lo que le da libre acceso a la parte más intima de mí.

—Oh…por favor—imploro.

El cuerpo se me queda rígido e intento estirar las piernas. Soy una esclava sexual de esta mujer, que no deja que me mueva.

—Creo que ya estás lo suficientemente limpia—murmura.

Y se detiene.

¿Qué? ¡No! ¡No! ¡No! Mi respiración es irregular y dificultosa.

—¿Por qué paras?—le pregunto jadeando.

—Porque tengo otros planes para ti, Hermione.

¿Qué…? No…pero…estaba…no es justo.

—Date vuelta. Yo también tengo que lavarme—sonríe tratando de disfrazar su diversión.

¡Oh! Me doy la vuelta y no puedo evitar mirarla entera. Abro la boca.

—Quiero qué, para empezar conozcas bien la parte más valiosa de mi cuerpo, mi favorita. Le tengo mucho cariño.

Llevo mi vista hacia ese lugar sagrado, el cual no he tenido la posibilidad de tocar y mi sangre comienza a correr escandalosa. Y mordiéndome la parte interna de mi mejilla levanto mis ojos para encontrar su sonrisa perversa. Le divierte mi expresión de completa inexperiencia. Me doy cuenta de que estoy mirando fijamente su más preciado tesoro. Trago saliva. Quiere que la toque. Mmm…de acuerdo, adelante.

Le sonrío, tomo el gel y me echo un chorrito en la mano. Hago lo mismo que ella: me froto el jabón en las palmas hasta que se forma espuma. No aparto los ojos de los suyos. Entre abro los labios para que me resulte más fácil respirar…y deliberadamente me muerdo el labio inferior y luego paso la lengua por encima, por la zona que acabo de morder. Me mira con ojos serios, impenetrables, que se abren mientas que deslizo la lengua por el labio. Me inclino y comienzo a masajear sus piernas con lentitud, subiendo sin pausa. Con mis pulgares rozo a penas sus pliegues abiertos y por un momento me paralizo. Nunca he hecho algo semejante. Ella nota mi nerviosismo y cubre con su mano una de las mías.

—Tranquila…no muerde—ironiza con media sonrisa.

No sé como lo ha hecho, pero su elocuente comentario logra que mis nervios disminuyan al punto de ser soportables.

—Así—susurra.

Guía mi mano hacia su centro y me marca el ritmo deseado. Noto su entrada con las yemas de mis dedos. Me incita para que los mueva haciendo círculos suaves y lentos. Mi boca se seca y mi pulso resuena en mis oídos. Cierra sus ojos y contiene la respiración. Cuando vuelve abrirlos, su mirada es de un negro abrazador.

—Muy bien, bebé.

Me suelta la mano, deja que siga yo sola y vuelve a cerrar los ojos mientras sigo con mi titubeante exploración. Flexiona ligeramente las caderas hacia mi mano y como si supiera lo que estoy haciendo me atrevo por primera vez a masajear su clítoris. Desde lo más profundo de la garganta se le escapa un ronco gemido. Abre la boca a medida que su respiración se acelera. Intensifico mis caricias. Deseo probarla. Me relamo con la sola idea. Sigue con sus parpados fuertemente apretados. Y en un segundo mi mano libre se mueve por sí sola. Mis desesperados dedos buscan el tapón de la bañera que se encuentra justo detrás de mí. Tiro de él y el agua comienza a irse. Abre los ojos sorprendida. No dejo de acariciarla y cuando su centro queda a mi disposición, cambio de postura para llegar a él y hundir mi rostro entre sus piernas. Me toma del cabello y gime sonoramente. La he tomado por sorpresa. Se aferra a mi cabeza, clavando levemente sus uñas. Cubro todo su sexo con mi lengua y jadea profundo. Es embriagador…soy yo la que tengo el control…soy yo la que la está haciendo gemir….soy yo la que ahora marco el ritmo. Mi boca se descontrola y comienzo a chupar con fuerza.

—Hermione, voy a correrme—me advierte jadeando.

Vuelve a empujar las caderas, con los ojos muy abiertos, cautelosos y llenos de lascivo deseo…y me desea a mí. Desea mi boca y mis atenciones. Madre mía.

Me agarra el cabello con fuerza. Yo puedo…es impensado que me frene justo ahora. Y de pronto, en un momento de insólita seguridad, succiono con vehemencia y me descubro mordiéndola levemente. Se aferra a los bordes de la bañera y se corre con un largo y sonoro jadeo entre cortado. Uf…no sé si he hecho bien, pero me basta con mirarla para que no me importe…he conseguido que perdiera el control en la bañera. Me incorporo y la observo con una sonrisa triunfal que me eleva la comisura de la boca. Respira con dificultad. Abre los ojos y me mira.

—Dios mío, Hermione lo has hecho muy bien, de verdad muy bien. No lo esperaba—confiesa—. ¿Sabes? No dejas de sorprenderme.

Sonrío y me muerdo el labio conscientemente. Me mira interrogante.

—¿Lo habías hecho antes?

—No.

No puedo ocultar un ligero matiz de orgullo en mi negativa.

—Bien—me dice complacida y, según creo, aliviada—. Otra novedad, señorita Granger.—me evalúa con la mirada—. Bueno, tiene un sobresaliente en técnicas orales. Ven, vamos a la cama. Te debo un orgasmo.

¡Otro orgasmo!

Sale rápidamente de la bañera ya vacía y me ofrece la primera imagen integra de su esculpido cuerpo de divinas proporciones. La reina que llevo dentro a dejado de bailar y la observa también, boquiabierta y babeando. Se enrolla una toalla para cubrirse y saca una igual de color blanco para mí. Salgo de la bañera y le tomo la mano que me tiende. Me envuelve en la toalla, me abraza y me besa, metiéndome la legua en la boca. Deseo estirar los brazos y abrazarla…tocarla…pero los tengo atrapados dentro de la toalla. No tardo en perderme en su beso. Me sujeta la cabeza con las manos, me recorre la boca con la lengua y me da la sensación de que está expresándome su gratitud.

Se aparta un poco, con las manos a ambos lados de mi cara, y me mira a los ojos. Parece perdida.

—Dime que sí—susurra fervientemente.

Frunzo el ceño, porque no la entiendo.

—¿A qué?

—A nuestro acuerdo. A ser mía. Por favor, Hermione—susurra suplicante, recalcando el "por favor" y mi nombre.

Vuelve a besarme con pasión, y luego se aparta y me mira parpadeando. Me toma de la mano y me conduce de vuelta al dormitorio. Me tambaleo un poco, así qué la sigo mansamente, aturdida. Lo desea de verdad.

Ya en el dormitorio, me observa junto a la cama.

—¿Confías en mí?—me pregunta de pronto.

Asiento con los ojos muy abiertos, y de pronto me doy cuenta de que efectivamente confió en ella. ¿Qué va hacerme ahora? Una descarga eléctrica me recorre el cuerpo.

—Buena chica—me dice pasándome el pulgar por el labio inferior.

Se acerca al armario y vuelve con un pañuelo, largo y de seda.

—Junta las manos por delante—me ordena quitándome la toalla y tirándola al suelo.

Hago lo que me pide. Me rodea las muñecas con el pañuelo y hace un nudo apretado. Los ojos le brillan de excitación. Tira del pañuelo para asegurarse de que el nudo no se mueva. Tiene que haber sido scout para saber hacer estos nudos. ¿Y ahora qué? Se me ha disparado el pulso y el corazón me late a un ritmo frenético. Desliza los dedos por mi trenza.

—Pareces muy joven con esta trenza—murmura acercándose a mí.

Retrocedo instintivamente hasta que siento la cama detrás de mis rodillas. Se quita la toalla, pero no puedo apartar los ojos de su cara. Su expresión es ardiente, llena de deseo.

—Oh, Hermione, ¿qué voy a hacer contigo?—me susurra.

Me tiende sobre la cama, se acuesta a mi lado y me levanta las manos por encima de la cabeza.

—Deja las manos así. No las muevas. ¿Entendido?

Sus ojos abrazan los míos y su intensidad me deja sin aliento. No es una mujer a la que quisiera hacer enojar.

—Contéstame—me pide en voz baja.

—No moveré las manos—le contesto sin aliento.

—Buena chica—murmura.

Y deliberadamente se pasa la lengua por los labios muy despacio. Me fascina su lengua recorriendo poco a poco su labio superior. Me mira a los ojos, me observa, me examina. Se inclina y me da un casto y rápido beso en los labios.

—Voy a besarle todo el cuerpo, señorita Granger—me dice en voz baja.

Me agarra de la barbilla y me la levanta, lo que le da acceso a mi cuello. Sus labios se deslizan por él, descienden por mi cuello besándome, chupándome y mordisqueándome. Todo mi cuerpo vibra expectante. El baño me ha dejado la piel hipersensible. La sangre caliente desciende lentamente hasta mi vientre, entre las piernas, hasta mi sexo. Gimo.

Quiero tocarla. Muevo las manos, pero, como estoy atada, le toco el pelo con bastante torpeza. Deja de besarme, levanta los ojos y mueve la cabeza de un lado a otro, chasqueando la lengua. Me sujeta las manos y vuelve a colocármelas por encima de la cabeza.

—Si mueves las manos, tendremos que volver a empezar—me regaña sin aspereza.

Oh, le gusta hacerme enojar.

—Quiero tocarte—le digo jadeando sin poder controlarme.

—Lo sé—murmura—. Pero deja las manos quietas.

Oh…es muy frustrante. Sus manos descienden por mi cuerpo hasta mis pechos, su cabello me rozan la piel mientras que sus labios se deslizan por mi cuello. Me lo acaricia con la punta de la nariz, y luego con la boca, da inicio a una lenta travesía hacia el sur y sigue el rastro de sus manos por el esternón hasta mis pechos. Me besa y me mordisquea uno, y luego el otro, y me chupa con delicadeza los pezones. Maldita sea. Mis caderas empiezan a balancearse y a moverse por su cuenta, siguiendo el ritmo de su boca, y yo intento desesperadamente recordar que tengo que mantener las manos por encima de la cabeza.

—No te muevas—me advierte.

Siento su cálida respiración sobre mi piel. Llega a mi ombligo, introduce la lengua y me roza la barriga con los dientes. Mi cuerpo se arquea.

—Mmm. Me encantas, Hermione.

Desliza la nariz desde mi ombligo hasta mi vello púbico mordiéndome con suavidad y provocándome con la lengua. De pronto se arrodilla a mis pies, me agarra de los tobillos y me separa las piernas.

Madre mía. Me toma el pie izquierdo, me dobla la rodilla y se lleva el pie a la boca. Sin dejar de observar mis reacciones, besa todo mis dedos y luego me muerde con ternura las yemas. Cuando llega al meñique, lo muerde con más fuerza. Siento una convulsión y gimo. Desliza la lengua por el empeine…y ya no puedo seguir mirándola. Es demasiado erótica. Voy a explotar. Aprieto los ojos e intento absorber y soportar todas las sensaciones que me provoca. Me besa el tobillo y sigue su recorrido por la pantorrilla hasta la rodilla, donde se detiene. Entonces empieza con el pie derecho, y repite todo el seductor y asombroso proceso.

Me muerde el meñique, y el mordisco se proyecta en lo más profundo de mi vientre.

—Por favor—gimo.

—No seas ansiosa.

Esta vez no se detiene en la rodilla. Sigue por la parte interior del muslo y a la vez me separa las piernas. Se lo que va a hacer, y parte de mí quiere apartarla, porque me muero de vergüenza. Va a besarme el sexo. Lo sé. Yo lo hice con ella y ahora quiere devolverme el favor. Estoy nerviosa, pero otra parte de mí disfruta esperándola. Se gira hacia la otra rodilla y sube hasta el muslo besándome, chupándome, lamiéndome, y de pronto está entre mis piernas, deslizando la nariz por mi sexo, arriba y abajo, muy suavemente, con mucha delicadeza. Me retuerzo… madre mía.

Se detiene y espera a que me calme. Levanto la cabeza y la miro con la boca abierta. Mi acelerado corazón intenta tranquilizarse.

—¿Sabe lo embriagador que es su olor, señorita Granger?—murmura.

Sin apartar sus ojos de los míos, introduce la nariz en mi vello púbico e inhala.

Me ruborizo, siento que voy a desmayarme y cierro los ojos al instante. No puedo verla haciendo algo así.

Me acaricia el sexo muy despacio. Oh, maldición…

—Me gusta—me dice tirando suavemente de mi vello púbico—. Quizá lo conservaremos.

—Oh…por favor—le suplico.

—Mmm…me gusta que me supliques, Hermione.

Gimo.

—No suelo pagar con la misma moneda, señorita Granger—susurra sin dejar de acariciarme el sexo—, pero hoy me ha complacido, así qué tiene que recibir su recompensa.

Oigo en su voz la sonrisa perversa, y mientras mi cuerpo palpita con sus palabras, empieza a rodearme el clítoris con la lengua, muy despacio, al tiempo que me sujeta los muslos con las manos.

—¡Aaaah!—gimo.

Mi cuerpo se arquea y se convulsiona al contacto de su lengua.

Sigue torturándome con la lengua una y otra vez. Pierdo la conciencia de mi misma. Todas las partículas de mi ser se desconcentran en el pequeño punto neurálgico por encima de los muslos. Las piernas se me quedan rígidas. Oigo su gemido mientras me introduce un dedo.

—Bebé, me encanta que estés mojada para mí.

Mueve el dedo trazando un amplio círculo, expandiéndome, empujándome, y su lengua sigue el compás del dedo alrededor de mi clítoris. Gimo. Es demasiado…mi cuerpo me suplica que lo alivie, y no puedo seguir negándome. Me dejo ir. El orgasmo se apodera de mí y pierdo todo pensamiento coherente, me retuerzo por dentro una y otra vez. ¡Madre mía! Grito, y el mundo se desmorona y desaparece de mi vista mientras la fuerza de mi clímax la anula y lo vacía todo.

Me besa los muslos y sube por mi cuerpo, tumbándose sobre mí. Siento su piel sobre la mía. Suave , delicada y perfecta. Paso mis manos atadas alrededor de su cuello y la abrazo como puedo. En este momento sé que haría cualquier cosa por esta mujer. Soy suya. La maravilla que está enseñándome es mucho más de lo que jamás habría podido imaginar. Y quiere ir más allá, mucho más allá, a un lugar que mi inocencia ni siquiera puede imaginar. Oh…¿Qué debo hacer?

Se apoya en los codos, y sus intensos ojos negros me miran fijamente.

—¿Ves lo buenas que somos juntas?—murmura—. Si te entregas a mí, será mucho mejor. Confía en mí, Hermione. Puedo transportarte a lugares que ni siquiera sabes que existen.

Sus palabras se hacen ecos de mis pensamientos. Pega su nariz a la mía. Todavía no me he recuperado de mi insólita reacción física y la miro con la mente en blanco, buscando algún pensamiento coherente.

De pronto oímos voces en el salón, al otro lado del dormitorio. Tardo un momento en procesar lo que estoy oyendo.

—Sí todavía está en la cama, tiene que estar enferma. Nunca está en la cama a estas horas. Bellatrix nunca se levanta tarde.

—Señora Black, por favor.

—Severus, no puedes impedirme que vea a mi hija.

—Señora Black, no está sola.

—¿Qué quiere decir que no está sola?

—Está con alguien.

—Oh…

Hasta yo me doy cuenta de que le cuesta creerlo.

Bellatrix parpadea y me mira con los ojos como platos, fingiendo estar aterrorizada.

—¡Mierda! Mi madre.


Nuevo capítulo! ¿Qué les ha parecido esa escena de la bañera? Dijera Hermione, ¡Madre mía!

Como siempre, comenten y abrazos.


Jessi-04: Sí, el primer encuentro fue uf… Gracias por tu comentario en "Cuadernillo secreto". Abrazo.

Saori-san02: Ahora las escenas serán más seguidas. Y Bella cada vez más posesiva…como acostumbramos a leer.

Codyw1: Espero que te gustara este capítulo.

Lemoncio21: ¡Wow…gracias! Contestando a las dos cuestiones: Soy Uruguaya. Me he reído un montón…"Bellatrix y su juguete". Sí, en mi imaginación, prácticamente lo lleva en el bolso para todos lados jajaja. ¿Qué placer obtiene ella usándolo?, bueno, el arnés que yo describo nunca es doble, por lo tanto la excitación y consecuente orgasmo es producido por el absoluto dominio que ella ejerce sobre Hermione. En esclava también el plus de violencia incrementa su lívido. ¿Barcelona?...que bello. Abrazo.

Jaz: Tú eres una de la que lee mis historias y sabrás que mis escenas eróticas son bastantes más fuertes que la que escribí en el anterior capítulo jajaja. Tuve que morderme para no irme al cuerno y escribir lo que a mí me hubiera gustado, pero me contuve y seguí la línea del libro…que genial que te gustara. Veremos cómo me salen las de sado, esas si son mi tema. Ya me estoy viendo modificándolas un cien por ciento jaja.