Capítulo 10

De repente se levanta a la carrera, dejándome en la mitad de la cama.

—Vamos, tenemos que vestirnos…Si quieres conocer a mi madre.

Sonríe, se dirige al armario y desaparece del cuarto.

Me incorporo con esfuerzo mientras sigo atada.

—Bellatrix…no puedo…

Asoma la cabeza y me dedica una sonrisa, se acerca a mí rápidamente y me desata el pañuelo, que me ha dejado la marca de la tela en las muñecas y vuelve a desaparecer al armario. A lo lejos me observa divertida mientras que se viste, con ojos danzarines. Vuelve ya vestida y asombrosamente impecable y me besa la frente.

—No tengo ropa limpia.

De pronto el pánico se apodera de mí, y teniendo en cuenta la experiencia que acabo de vivir, el pánico me parece insoportable. ¡Su madre! Maldita sea. No tengo ropa limpia y prácticamente nos ha pescado infraganti.

—Quizá debería quedarme aquí.

—No, claro que no—me contesta en tono amenazador—. Puedes ponerte algo mío.

Se apuesto un vestido entero, ceñido y con cierre al costado. De un azul oscuro casi negro, por encima de las rodillas y sin mangas. Aunque estoy muy nerviosa, me quedo embobada mirándola. Su belleza es arrebatadora.

—Hermione, estarías preciosa hasta con un saco. No te preocupes, por favor. Me gustaría que conocieras a mi madre. Vístete. Toma lo que quieras. Voy a calmarla un poco—aprieta los labios—. Te espero en el salón dentro de cinco minutos. Si no, vendré a buscarte y te arrastraré lleves lo que lleves puesto.

Me mira un instante, inquisitiva y sale de la habitación.

Maldita sea, la madre de Bellatrix. Es mucho más de lo que esperaba. Quizá conocerla me permita colocar algunas pizas del rompe cabezas. Podría ayudarme a entender por qué Bellatrix es como es…de pronto quiero conocerla. Levanto mi blusa del suelo y me alegra descubrir que ha sobrevivido a la noche sin apenas arrugas. Encuentro el corpiño azul, debajo de la cama y me visto a toda prisa. Pero si hay algo que odio es no llevar la bombacha limpia. Me dirijo a la cómoda de Bellatrix y busco entre sus bragas… ¡Cómo no…todas de encaje! Tomo la más sencilla que encuentro y cierro el cajón. Me la pongo a toda prisa, también mis jeans, mi saco y corro al baño. Me detengo un momento para observar mis ojos brillantes, mi cara colorada…y mi pelo. Dios mío…la trenza despeinada tampoco me queda bien. Buco un cepillo, pero solo encuentro un peine. Lo mismo da una piedra. Me ato el pelo, mirando desesperada la ropa que llevo puesta. Quizá debería aceptar la oferta de Bellatrix. La voz de mi conciencia frunce los labios y articula la palabra "Ja". No le hago caso. Me pongo el saco y me alegro de que los puños cubran las marcas del pañuelo. Nerviosa, me miro por última vez en el espejo. Es lo que hay. Me dirijo al salón.

—Aquí está—dice Bellatrix levantándose del sofá.

Me mira con expresión cálida y agradecida. La elegantísima mujer que está a su lado gira y me dedica una amplia sonrisa. Se levanta también. Me quedo asombrada. Había pensado que sería más mayor. Seguro no supera los sesenta y cinco. Lleva un vestido de punto marrón claro y zapatos a juego. Y me mortifico un poco pensando que yo estoy hecha un desastre.

—Mamá, te presento a Hermione Granger. Hermione, ella es Druella Rosier-Black.

La doctora Rosier-Black me tiende la mano. R… ¿Rosier? Su inicial.

—Encantada de conocerla, joven—dice con una sonrisa.

Si no me equivoco, en su voz hay un matiz de sorpresa, quizá de inmenso alivio o de una inmensa estupefacción por tratarse de una chica y no de un chico. No puedo estar segura. Sus ojos castaño oscuro emiten un cálido destello. Le estrecho la mano y no puedo evitar sonreír, nerviosa.

—Doctora Rosier-Black—digo en voz baja.

—Llámame Druella—sonríe y Bellatrix frunce el ceño—. Suelen llamarme doctora Rosier, y la señora Black es mi suegra—me guiña un ojo—. Bueno, ¿y cómo se conocieron?—pregunta mirando interrogante a Bellatrix, incapaz de ocultar su curiosidad.

—Hermione me hizo una entrevista para la revista de la facultad, porque esta semana voy a entregar los títulos.

Maldición, maldición. Lo había olvidado.

—Así que te gradúas esta semana…—me dice Druella.

—Sí.

Empieza a sonar mi celular. Apuesto a que es Fleur.

—Discúlpenme.

El teléfono está en la cocina. Me acerco y lo tomo de la barra sin mirar quién me llama.

—Fleur.

—¡Dios mío! ¡Hermione!

Maldita sea, es Harry. Parece desesperado.

—¿Dónde estás? Te he llamado veinte veces. Tengo que verte. Quiero pedirte perdón por lo del viernes. ¿Por qué no me has devuelto la llamada?

—Mira, Harry, ahora no es buen momento.

Miro muy nerviosa a Bellatrix, que me observa atentamente, con rostro impasible, mientras murmura algo a su madre. Le doy la espalda.

—¿Dónde estás? Fleur me ha dado rodeos—se queja.

—En Seattle.

—¿Qué haces en Seattle? ¿Estás con ella?

—Harry, te llamo más tarde, no puedo hablar ahora.

Y cuelgo.

Vuelvo con tranquilidad con Bellatrix y su madre. Druella está en pleno parloteo.

—…y Sirius me llamó para decirme que estabas por aquí…hace dos semanas que no te veo, cariño.

—¿Sirius lo sabía?—pregunta Bellatrix mirándome con expresión indescifrable.

—Pensé que podíamos comer juntas, pero ya veo que tienes otros planes, así que no quiero interrumpirlas.

Toma su largo abrigo de color crema, se lo pone y le acerca la mejilla. Bellatrix la besa rápidamente. Ella no la toca.

—Tengo que llevar a Hermione a Portland.

—Claro, cariño. Hermione, un placer conocerte. Espero que volvamos a vernos.

Me tiende la mano con ojos brillantes, y se la estrecho.

Severus aparece procedente de…¿dónde?

—Señora Black….

—Gracias, Severus.

La sigue por el salón y cruza detrás de ella la doble puerta que da al vestíbulo. ¿Severus ha estado aquí todo el tiempo? ¿Cuánto lleva aquí? ¿Dónde ha estado?

Bellatrix me mira.

—Así que te ha llamado el fotógrafo…

Maldición.

—Sí.

—¿Qué quería?

—Solo pedirme perdón, ya sabes…por lo del viernes.

Bellatrix arruga la frente.

—Ya veo—se limita a decirme.

Severus vuelve a aparecer.

—Señora Black, hay un problema con el envío a Darfur.

Bellatrix asiente con sequedad.

—¿El Charlie Tango ha vuelto a Boeing Field?

—Sí, señora—me mira e inclina la cabeza—. Señorita Granger.

Le sonrío torpemente, da media vuelta y se marcha.

—¿Severus vive aquí?

—Sí—me contesta cortante.

¿Qué le pasa ahora?

Bellatrix va a la cocina, toma su teléfono y le echa un vistazo a los e-mailes, supongo. Está muy seria. Hace una llamada.

—Ros, ¿Cuál es el problema?—pregunta bruscamente.

Escucha sin dejar de mirarme con ojos interrogantes. Yo estoy en medio del enorme salón preguntándome que hacer, totalmente cohibida y fuera de lugar.

—No voy a poner en peligro a la tripulación. No, cancélalo…lo lanzaremos desde el aire…bien.

Cuelga. La calidez de sus ojos han desaparecido parece hostil. Me lanza una rápida mirada, se dirige a su estudio y vuelve al momento.

—Este es el contrato. Léelo y lo comentamos el fin de semana que viene. Te sugiero que investigues un poco para que sepas de lo que estamos hablando—se calla un instante—. Bueno, si aceptas, y espero de verdad que aceptes—añade en tono suave, nerviosa.

—¿Qué investigue?

—Te sorprenderá ver todo lo que puedes encontrar en internet—murmura.

¡Internet! No tengo computadora, solo la laptop de Fleur, y por supuesto, no puedo utilizar la de Weasley para este tipo de "investigación".

—¿Qué pasa?—me pregunta ladeando la cabeza.

—No tengo computadora. Suelo utilizar las de las facultad. Veré si puedo utilizar la de Fleur.

Me tiende un sobre de papel madera.

—Seguro que puedo…Bueno…prestarte una. Busca tus cosas. Volvemos a Portland en coche y comeremos algo por el camino.

—Tengo que hacer una llamada—murmuro.

Solo quiero oír la voz de Fleur. Bellatrix pone mala cara.

—¿Al fotógrafo?

Se le tensa la mandíbula y le arden los ojos. Parpadeo.

—No me gusta compartir, señorita Granger. Recuérdelo—me advierte con estremecedora tranquilidad.

Me lanza una larga y fría mirada y se dirige al dormitorio.

Maldita sea. Solo quería llamar a Fleur. Quiero llamarla delante de ella, pero su repentina actitud distante me ha dejado paralizada. ¿Qué ha pasado con la mujer generosa, relajada y sonriente que me hacía el amor hace apenas media hora?

—¿Lista?—me pregunta Bellatrix junto a la puerta doble del vestíbulo.

Asiento, insegura. Ha recuperado su tono distante, educada y convencional. Ha vuelto a ponerse la máscara. Lleva un bolso de cuero. ¿Para qué lo necesita? Quizá va a quedarse en Portland. Entonces recuerdo la entrega de títulos. Sí, claro…estará en Portland el jueves. Lleva un saco a media altura de cuero fino con lazo y hombreras. Vestida así, sin dudas no parece una multimillonaria. Parece una mujer descarriada, quizá una rebelde estrella de Rock ochentoso o una modelo de pasarela. Suspiro por dentro deseando tener una decima parte de su elegancia. Es tan tranquila y controlada…frunzo el ceño al recordar su arrebato por la llamada de Harry…bueno, al menos parece que lo es.

Severus está esperando al fondo.

—Mañana, entonces—le dice a Severus.

—Sí, señora—le contesta Severus asintiendo—. ¿Qué coche va a llevarse?

Me lanza una rápida mirada.

—El R8.

—Buen viaje, señora Black. Señorita Granger.

Severus me mira con simpatía, aunque quizá en lo más profundo de sus ojos se esconda una pizca de lastima.

Sin duda cree que he sucumbido a los turbios hábitos sexuales de la señora Black. Bueno, a sus excepcionales hábitos sexuales…¿o quizá el sexo sea así para todo el mundo? Frunzo el ceño al pensarlo. No tengo nada con que compararlo y por lo visto no puedo preguntárselo a Fleur. Así qué tendré que hablar del tema con Bellatrix. Sería perfectamente natural poder hablar de ello con alguien…pero no puedo hablar con Bellatrix si de repente se muestra extrovertida y al minuto siguiente distante.

Severus nos sostiene la puerta para que salgamos. Bellatrix llama al ascensor.

—¿Qué pasa, Hermione?—me pregunta.

¿Cómo sabe que estoy dándole vueltas a algo? Alza una mano y me levanta de la barbilla.

—Deja de morderte el labio o te follaré en el ascensor, y me dará igual si entra alguien o no.

Me ruborizo, pero sus labios esbozan una ligera sonrisa. Al final parece que está recuperando el sentido del humor.

—Bellatrix, tengo una pregunta.

—¿Ah, sí?—me pregunta observándoseme con atención.

Llega el ascensor. Entramos y Bellatrix pulsa el botón del parking.

—Bueno…

Me ruborizo. ¿Cómo explicárselo?

—Necesito hablar con Fleur. Tengo muchas preguntas sobre sexo, y tú estás demasiado implicada. Si quieres que haga todas esas cosas, ¿cómo voy a saber…?—me interrumpo e intento encontrar las palabras adecuadas—. Es que no tengo puntos de referencia.

Pone los ojos en blanco.

—Si no hay más remedio, habla con ella—me contesta enfadada—. Pero asegúrate de que no comente nada con Sirius.

Su insinuación me hace dar un respingo. Fleur no es así.

—Fleur no haría algo así, como yo no te diría a ti nada de lo que ella me cuente de Sirius…si me contara algo—añado rápidamente.

—Bueno, la diferencia es que a mí no me interesa su vida sexual—murmura Bellatrix en tono seco—. Sirius es un idiota, entrometido. Pero háblale solo de lo que hemos hecho hasta ahora—me advierte—. Seguramente me estrangularía sin pensarlo si se enterara de lo que quiero hacer contigo—añade en voz tan baja que no estoy segura si pretendía que la oyera.

—De acuerdo—acepto sonriéndole aliviada.

No quiero ni pensar en Fleur estrangulando Bellatrix.

Frunce los labios y mueve la cabeza.

—Cuanto antes te sometas a mí, mejor, y así acabamos con todo esto—murmura.

—¿Acabamos con qué?

—Con tus desafíos.

Me pasa una mano por la mejilla y me besa rápidamente en los labios. Las puertas del ascensor se abren. Me toma de la mano y caminamos hacia el estacionamiento.

¿Mis desafíos? ¿De qué habla?

Cerca del ascensor veo el Audi 4x4 negro, pero cuando pulsa el mando para que se abran las puertas, se encienden las luces de un deportivo negro reluciente. Es uno de esos coches que debería tener recostada en el capó a una rubia de largas piernas vestida solo con una banda de miss.

—Bonito auto—murmuro.

Me mira y sonríe.

—Lo sé—me contesta.

Por un segundo vuelve la dulce, joven y despreocupada Bellatrix. Me provoca lanzarme a sus labios. Es en ese momento, cuando sus barreras bajan un poco que me imagino tomando la iniciativa…por lo menos por una vez…luego agito mis ideas y solo quedan en eso, bailando y resonando dentro de mi cabeza.

Me abre la puerta del auto y entro. Wow…es muy bajo. Rodea el coche con paso seguro y , cuando llega al otro lado se sube elegantemente. ¿Cómo puede conducir con esos tacos?

—¿Qué coche es?

—Un Audi R8 Spider. Como hace un día precioso, podemos bajar la capota.

Gira la llave de contacto, y el motor ruge a nuestras espaldas. Deja el bolso entre los dos asientos, pulsa un botón y la capota retrocede lentamente. Pulsa otro y la voz de Bruce Springsteen nos envuelve.

—Va a tener que gustarte Bruce.

Me sonríe, saca el coche del espacio del estacionamiento y sube la empinada rampa, donde nos detenemos a esperar a que se levante la puerta.

Y salimos a la soleada mañana de mayo de Seattle. Nuestros cabellos comienzan a danzar por la brisa generada …. La miro de reojo. Se ve preciosa con su pelo suelto. Abre la guantera y saca unas gafas de sol. Se las pone. La gente nos mira al pasar. Por un momento pienso que la miran a ella…luego, una paranoica parte de mí cree que me miran a mí porque saben lo que he estado haciendo en las últimas doce horas, pero al final me doy cuenta de que lo que miran es el coche. Bellatrix parece ajena a todo, perdida en sus pensamientos.

Hay poco trafico así qué no tardamos en llegar a la interestatal cinco en dirección al sur, con el viento soplando por encima de nuestras cabezas. Bruce canta que arde de deseo. Muy oportuno. Me ruborizo escuchando la letra. Bellatrix me mira. No veo su expresión gracias a sus gafas oscuras. Frunce los labios, apoya la mano en mi rodilla y me aprieta suavemente. Se me corta la respiración.

—¿Tienes hambre?—me pregunta.

No de comida.

—No especialmente.

Sus labios vuelven a tensarse en una línea firme.

—Tienes que comer, Hermione—me reprende—. Conozco un sitio fantástico cerca de Olympia. Pararemos allí.

Me aprieta la rodilla de nuevo, su mano vuelve a sujetar el volante y pisa el acelerador. Me veo impulsada contra el respaldo del asiento. Madre mía, como corre este auto.

El restaurante es pequeño e intimo, un chalet de madera en el medio del bosque. La decoración es rustica: sillas diferentes, mesas con manteles a cuadros y flores silvestres en pequeños jarrones. "Cousine sauvage", alardea un cartel por encima de la puerta.

—Hacía tiempo que no venía. No se puede elegir…preparan lo que han cazado o recolectado.

Alza las cejas fingiendo horrorizarse y no puedo evitar reírme. La camarera nos pregunta que vamos a beber. Se ruboriza al ver a Bellatrix y se esconde debajo de su largo flequillo rubio para evitar mirarla a los ojos. ¡Le gusta! ¡No solo me pasa a mí!

—Dos copas de Pinot Grigio—dice Bellatrix en tono autoritario.

Pongo mala cara.

—¿Qué pasa?—me pregunta bruscamente.

—Yo quería una coca-cola light—susurro.

Arruga la frente y mueve la cabeza.

—El Pinot Grigio de aquí es un vino decente. Irá bien con la comida, nos traigan lo que nos traigan—me dice en tono paciente.

—¿Nos traigan lo que nos traigan?

—Sí.

Esboza su deslumbrante sonrisa ladeando la cabeza y se me hace un nudo en el estomago. No puedo evitar devolvérsela.

—A mi madre le has gustado—me dice de pronto.

—¿En serio? ¿Aunque fuera una chica?

Sus palabras hacen que me ruborice de alegría.

—Para mi madre da igual si eres una chica o un chico, te lo aseguro, Hermione.

—¿Da igual?

—Sí, nunca me ha visto con nadie. Por lo tanto estaba feliz de saber o mejor dicho, comprobar que su hija no era una cuarentona asexuada.

—¿Con ninguna de las treinta?—pregunto asombrada.

Sonríe.

—Tienes buena memoria. No, con ninguna de las treinta.

—Oh.

—Mira, Hermione, para mí también ha sido un fin de semana de novedades—me dice en voz baja.

—¿Sí?

—Nunca había dormido con nadie, nunca había tenido relaciones sexuales en mi cama, nunca había llevado a una mujer en el Charlie Tango y nunca le había presentado a alguien a mi madre. ¿Qué estás haciendo conmigo?

La intensidad de sus ojos ardientes me corta la respiración.

Llega la camarera con nuestras copas de vino, e inmediatamente doy un pequeño sorbo. ¿Está siendo franca o se trata de un simple comentario fortuito?

—Lo he pasado muy bien este fin de semana, de verdad—musito.

Vuelve a arrugar la frente.

—Deja de morderte el labio—gruñe—. Yo también—añade.

—¿Qué es un polvo vainilla?—le pregunto, aunque solo sea para no pensar en su intensa, ardiente y sexy mirada.

Se sonríe.

—Sexo convencional, Hermione, sin juguetes ni accesorios…bueno, el arnés no cuenta—se encoje de hombros con una pequeña sonrisa—. Ya sabes…bueno, la verdad es que no lo sabes, pero eso es lo que significa.

—Oh.

Creí que lo que habíamos hecho eran polvos de exquisita tarta de chocolate fundido con una guinda encima. Pero ya veo que no entiendo nada.

La camarera nos trae sopa, que ambas miramos con cierto recelo.

—Sopa de ortigas—nos informa.

Se da media vuelta y regresa enojada a la cocina. No creo que le guste que Bellatrix no le preste atención. Pruebo la sopa, que está riquísima. Bellatrix y yo nos miramos a la vez, aliviadas. Suelto una risita, y ella ladea la cabeza.

—Que sonido tan bonito—murmura.

—¿Por qué nunca has echado polvos vainilla? ¿Siempre has echado…bueno…lo que hagas?—le pregunto intrigada.

Asiente lentamente.

—Más o menos—me contesta con cautela.

Por un momento frunce el ceño y parece librar una especie de batalla interna. Luego levanta los ojos, como si hubiera tomado una decisión.

—Una amiga de mi madre me sedujo cuando yo tenía quince años.

—Oh.

¡Dios mío, tan joven!

—Sus gustos eran muy especiales. Fui su sumisa durante doce años.

Se encoje de hombros.

—Oh.

Su confesión me deja helada, aturdida.

—Así qué sé lo que implica, Hermione—me dice con una mirada significativa.

La observo fijamente, incapaz de articular palabra…hasta la voz de mi conciencia está en silencio.

—La verdad es que no tuve una introducción al sexo demasiado corriente.

Me pica la curiosidad.

—¿Y nunca saliste con nadie en la facultad?

—No—me contesta negando con la cabeza para enfatizar su respuesta.

La camarera se acerca para retirar nuestros platos y nos interrumpe un momento.

—¿Por qué?—le pregunto cuando ya se ha ido.

Sonríe burlona.

—¿De verdad quieres saberlo?

—Sí.

—Porque no quise. Solo la deseaba a ella. Además, me abría matado a palos.

Sonríe con cariño al recordar vaya a saber qué.

Oh, es demasiada información de golpe…pero quiero más.

—Si era una amiga de tu madre, ¿Cuántos años tenía?

Sonríe.

—Lo suficiente para saber lo que hacía.

—¿Sigues viéndola?

—Sí.

—¿Todavía…bueno…?

Me ruborizo.

—No—me dice negando con la cabeza y con una sonrisa indulgente—. Es una buena amiga.

—¿Tu madre lo sabe?

Me mira como diciéndome que no sea idiota.

—Claro que no.

La camarera vuelve con dos platos llenos de venado, pero se me ha quitado el hambre. Todo una revelación. Bellatrix, sumisa…madre mía. Doy un largo trago a mi vino…Bellatrix tenía razón, por supuesto: Está exquisito. Dios, tengo que pensar en todo lo que me ha contado. Necesito tiempo para procesarlo, cuando esté sola, porque ahora me distrae su presencia. Es tan irresistible, dominante, autoritaria y perversamente atrayente, y de repente lanza ese bombazo. Ella sabe lo que es ser una sumisa.

—Pero no estarías con ella todo el tiempo…—le digo confundida.

—Bueno, estaba solo con ella, aunque no la veía todo el tiempo. Era…difícil. Al fin y al cabo, todavía estaba en la escuela, y más tarde en la facultad, Hermione.

—No tengo hambre, Bellatrix, de verdad.

Lo que me ha contado me ha dejado aturdida.

Su expresión se endurece.

—Come—me dice en tono tranquilo, demasiado tranquilo.

La miro. Esta mujer…abusaron sexualmente de ella cuando era adolescente….su tono es amenazador.

—Espera un momento—susurro.

Pestañea un par de veces.

—De acuerdo—murmura.

Y sigue comiendo.

Así será la cosa si firmo. Tendré que cumplir sus órdenes. Frunzo el ceño. ¿Es eso lo que quiero? Tomo el tenedor y el cuchillo, y empiezo a cortar la carne. Está deliciosa.

—¿Así será nuestra…bueno…nuestra relación? ¿Estarás dándome ordenes todo el tiempo?—le pregunto en un susurro, sin apenas atreverme a mirarla.

—Sí—murmura.

—Ya veo.

—Es más, querrás que lo haga—añade en voz baja.

Lo dudo, sinceramente. Pincho otro trozo y me lo acerco a los labios.

—Es mucho decir—murmuro.

Y me lo meto a la boca.

—Lo es.

Cierra los ojos un segundo. Cuando los abre está muy seria.

—Hermione, tienes que seguir tus instintos. Investiga un poco, lee el contrato…no tengo problema en comentar cualquier detalle. Estaré en Portland hasta el viernes, por si quieres que hablemos antes del fin de semana—sus palabras me llegan en un torrente apresurado—. Llámame… podríamos cenar…¿digamos el miércoles? De verdad quiero que esto funcione. Nunca he querido tanto algo.

Sus ojos reflejan su ardiente sinceridad y su deseo. Es básicamente lo que no entiendo. ¿Por qué yo? ¿Por qué no una de las treinta? Oh, no…¿En eso voy a convertirme? ¿En un numero? ¿La treinta y uno, nada menos?

—¿Qué pasó con las otras treinta?—le pregunto de pronto.

Alza las cejas sorprendida y mueve la cabeza con expresión resignada.

—Cosas distintas, pero al fin y al cabo se reduce…—se detiene, creo que intentando encontrar las palabras—. Incompatibilidad.

Se encoje de hombros.

—¿Y crees que yo podría ser compatible contigo?

—Sí.

—Entonces ya no ves a ninguna de ellas.

—No, Hermione. Soy monógama.

Opa…toda una noticia.

—Ya veo.

—Investiga un poco, Hermione.

Dejo el cuchillo y el tenedor. No puedo seguir comiendo.

—¿Ya has terminado? ¿Eso es todo lo que vas a comer?

Asiento. Me pone mala cara, pero decide callarse. Dejo escapar un pequeño suspiro de alivio. Con tanta información se me ha revuelto el estomago y estoy un poco mareada por el vino. La observo terminando su plato. ¿Cómo lo hace? Su figura es escultural. ¿Esta mujer no engorda? Recuerdo que hace ejercicio. Sí, así mantendrá su línea, me convenzo. A mi mente llega la imagen de su apretada musculosa de micro fibra, empapada en sudor. Me desconcentro. Me remuevo incomoda. Me mira y me ruborizo.

—Daría cualquier cosa por saber lo que estás pensando ahora mismo—murmura.

Me ruborizo todavía más.

Me lanza una sonrisa perversa.

—Ya me imagino…—me provoca.

—Me alegro que no puedas leerme el pensamiento.

—El pensamiento no, Hermione, pero tu cuerpo…lo conozco bastante bien desde ayer—me dice en tono sugerente.

¿Cómo puede cambiar el humor tan rápido? Es tan volátil…cuesta mucho seguirle el ritmo.

Llama a la camarera y le pide la cuenta. Cuando ha pagado, se levanta y me tiende la mano.

—Vamos.

Me toma de la mano y volvemos al coche. Lo inesperado de ella es este contacto de su piel, normal, intimo. No puedo reconciliar este gesto corriente y tierno con lo que quiere hacer en aquel cuarto…el cuarto rojo del dolor.

Hacemos el viaje de Olympia a Vancouver en silencio, cada una sumida en sus pensamientos. Cuando estaciona frente a la puerta de casa, son las cinco de la tarde. Las luces están encendidas, así qué Fleur está dentro, sin duda embalando, a menos que Sirius todavía no se haya marchado. Bellatrix apaga el motor, y entonces caigo en la cuenta de que tengo que separarme de ella.

—¿Quieres entrar?—le pregunto.

No quiero que se marche. Quiero seguir más tiempo con ella.

—No. Tengo trabajo—me dice mirándome con expresión insondable.

Me miro las manos y me entrelazo los dedos. De pronto me pongo sensible. Se va a marchar. Me toma de la mano, se la lleva lentamente a la boca y me besa con ternura, un gesto dulce y pasado de moda. Me da un vuelco el corazón.

—Gracias por este fin de semana, Hermione. Ha sido…estupendo. ¿Nos vemos el miércoles? Pasaré a buscarte por el trabajo o por donde me digas.

—Nos vemos el miércoles—susurro.

Vuelve a besarme la mano y me la deja en el regazo. Sale del coche, se acerca a mi puerta y la abre. ¿Por qué de pronto me siento huérfana? Se me hace un nudo en la garganta. No quiero que me vea así. Sonrío forzadamente, salgo del coche y me dirijo a la puerta sabiendo que tengo que enfrentarme a Fleur, que temo enfrentarme a Fleur. A medio camino me doy vuelta y la miro. Alegra esa cara, Granger, me engaño a mí misma.

—Ah…por cierto, me he puesto unas bragas tuyas.

Le sonrío y tiro del elástico de las bragas para que las vea. Bellatrix abre la boca, sorprendida. Una reacción genial. Mi humor cambia de inmediato y entro en casa pavoneándome. Una parte de mí quiere levantar el puño y dar un salto. ¡Sí! La reina que llevo dentro está encantada.

Fleur está en el comedor metiendo sus libros en cajas.

—¿Ya estás aquí? ¿Dónde está Bellatrix? ¿Cómo estás?—me pregunta en tono febril, nervioso.

Viene hacia mí, me toma por los hombros y examina minuciosamente mi cara antes incluso de que la haya saludado.

Maldición…tengo que lidiar con la insistencia y la tenacidad de Fleur, y llevo en la cartera un documento legal firmado que dice que no puedo hablar. No es una combinación saludable.

—Bueno, ¿cómo te ha ido? No he dejado de pensar en ti todo el rato…después de que Sirius se marchara, claro—me dice sonriendo con picardía.

No puedo evitar sonreír por su preocupación y su acuciante curiosidad, pero de pronto me da vergüenza y me ruborizo. Lo que ha sucedido a sido muy intimo. Ver y saber lo que Bellatrix esconde. Pero tengo que darle algunos detalles, porque si no, no va a dejarme en paz.

—Ha ido bien, Fleur. Muy bien, creo—le digo en tono tranquilo, intentando ocultar mi sonrisa.

—¿Estás segura?

—No tengo nada con lo que compararlo, ¿verdad?—me encojo de hombros a modo de disculpa.

—¿Has acabado?

Maldita sea, que directa es. Me pongo roja.

—Sí—murmuro nerviosa.

Fleur me empuja hasta el sofá y nos sentamos. Me coge de las manos.

—Muy bien—me mira como si no se lo creyera—. Ha sido tu primera vez. Wow…Bellatrix debe saber lo que se hace.

Oh, Fleur, si tú supieras…

—Mi primera vez fue terrorífica—sigue diciendo, poniendo la cara triste de máscara de comedia.

—¿Sí?

Me interesa. Nunca me lo había contado.

—Sí. Steve Patrone. En la escuela. Un atleta estúpido—encoje los hombros—. Fue muy brusco, y yo no estaba preparada. Estábamos los dos borrachos. Ya sabes…el típico desastre adolescente después de la fiesta de fin de curso. Uf, tardé meses en decidirme a volver a intentarlo. Y no con ese inútil. Yo era demasiado joven. Has hecho bien en esperar.

—Fleur, eso suena espantoso.

Parece melancólica.

—Sí, tardé casi un año en tener mi primer orgasmo con penetración, y llegas tú…y a la primera…. ¿Con penetración?

Asiento con timidez. La reina que llevo dentro está sentada en una postura del loto y parece serena, aunque tiene una astuta sonrisa autocomplaciente en la cara.

—Me alegro de que hayas perdido la virginidad con una mujer que sabe lo que hace. —me giña un ojo—. ¿Y cuando volverás a verla?

—El miércoles. Iremos a cenar.

—Así qué todavía te gusta…

—Sí, pero no sé qué va a pasar.

—¿Por qué?

—Es complicado, Fleur. Ya sabes…su mundo es totalmente diferente del mío.

Buena escusa. Y creíble. Mucho mejor qué "tiene un cuarto rojo del dolor y quiere convertirme en su esclava sexual".

—Vamos, por favor, no permitas que el dinero sea un problema, Hermione. Sirius me ha dicho que es muy raro que Bellatrix salga con una chica.

—¿Eso te ha dicho?—le pregunta en tono demasiado agudo.

¡Se te ve el plumero, Granger! La voz de mi conciencia me mira moviendo su largo dedo y luego se transforma en la balanza de la justicia para recordarme que Bellatrix podría demandarme si hablo demasiado. Ja…¿qué va hacer? ¿Quedarse con todo mi dinero? Tengo que acordarme de buscar en google "Penas por incumplir un acuerdo de confidencialidad" cuando haga mi…investigación. Es como si me hubieran puesto deberes. Quizá hasta me gano un titulo. Me ruborizo recordando mi sobresaliente por el experimento en la bañera esta mañana.

—Hermione, ¿qué pasa?

—Estaba recordando algo que me ha dicho Bellatrix.

—Pareces distinta—me dice Fleur con cariño.

—Me siento distinta. Dolorida—le confieso.

—¿Dolorida?

—Un poco.

Me ruborizo.

—Yo también…—dice con una mueca.

Nos reímos las dos.

—¿Tú también estás dolorida?—le pregunto sorprendida.

—Sí…de tanto darle.

Y me echo a reír.

—Cuéntame cosas de Sirius—le pido cuando paro por fin.

Siento que me relajo por primera vez desde que estaba haciendo la cola en el baño del bar…antes de la llamada de teléfono con la que empezó todo esto…cuando admiraba a la señora Black desde la distancia. Días felices y sin complicaciones.

Fleur se ruboriza. Oh, dios mío…parece que la interrogada fuera yo. Me lanza una mirada ingenua. Nunca antes la había visto reaccionar así por un hombre. Abro tanto la boca que la mandíbula me llega al suelo. ¿Dónde está Fleur? ¿Qué han hecho con ella?

—Hermione—me dice entusiasmada—, es tan…tan…lo tiene todo. Y cuando …oh…es fantástico.

Está tan alterada que apenas puede hilvanar una frase.

—Creo que lo que intentas decirme es que te gusta.

Asiente y se ríe como una loca.

—He quedado en verlo el sábado. Nos ayudará con la mudanza.

Junta las manos, se levanta del sofá y se dirige a la ventana haciendo piruetas. La mudanza. Maldición, lo había olvidado, y eso que hay cajas por todas partes.

—Muy amable de su parte—le digo.

Así lo conoceré. Quizá pueda darme más pistas sobre su extraña e inquietante prima.

—Bueno, ¿qué hicieron anoche?—le pregunto.

Ladea la cabeza hacia mí y alza las cejas en un gesto que quiere decir "conejos".

—Más o menos lo mismo que ustedes, pero nosotros sin juguetes—me dice riéndose—. ¿De verdad estás bien? Pareces un poco agobiada.

—Estoy agobiada. Bellatrix es muy intensa.

—Sí, ya me di una idea. Pero ¿se ha portado bien contigo?

—Sí—la tranquilizo—. Me muero de hambre. ¿Quieres que prepare algo?

Asiente y mete un par de libros en una caja.

—¿Qué quieres hacer con los libros de catorce mil dólares?—me pregunta.

—Se los voy a devolver.

—¿De verdad?

—Es un regalo exagerado. No puedo aceptarlo y ,menos ahora.

Sonrío, y Fleur asiente con la cabeza.

—Lo entiendo. Han llegado un par de cartas para ti, y Harry no ha dejado de llamar. Parecía desesperado.

—Lo llamaré—murmuro evasiva.

Si le cuento a Fleur lo de Harry, se lo come crudo. Agarro las cartas de la mesa y las abro.

—Wow, ¡tengo entrevistas! Dentro de dos semanas en Seattle, para hacer las practicas.

—¿Con qué editorial?

—Con las dos.

—Te dije que tu expediente académico te abriría puertas, Hermione.

Fleur ya tiene su puesto para hacer las prácticas en The Seattle Time, por supuesto. Su padre conoce a alguien que conoce a alguien.

—¿Qué le parece a Sirius que te vayas de vacaciones?—le pregunto.

Fleur se dirige hacia la cocina, y por primera vez desde que he llegado parece desconsolada.

—Lo entiende. Una parte de mí no quiere marcharse, pero es tentador tumbarse al sol un par de semanas. Además, mi madre no deja de insistir, porque cree que serán nuestras últimas vacaciones en familia antes de que empiece a trabajar en serio.

Nunca he salido de estados unidos continental. Fleur se va dos semanas a Barbados con sus padres y su hermana, Gabrielle. Pasaré dos semanas sola, sin Fleur, en la nueva casa. Será raro. La hermana ha estado viajando por el mundo desde el año pasado, después de graduarse. Por un momento me pregunto si la veré antes de que se vayan de vacaciones. Es una chica genial. El teléfono me saca de mi ensoñación.

—Será Harry.

Suspiro. Sé que tengo que hablar con él. Levanto el teléfono.

—Hola.

—¡Hermione, has vuelto!—exclama Harry aliviado.

—Obviamente—le contesto con cierto sarcasmo.

Pongo los ojos en blanco.

—¿Puedo verte? Siento mucho lo del viernes. Estaba borracho…y tú…bueno. Hermione, perdóname, por favor.

—Claro que te perdono, Harry. Pero que no se repita. Sabes cuales son mis sentimientos por ti.

Suspira profundamente, con tristeza.

—Lo sé, Hermione. Pero pensé que si te besaba, quizá tus sentimientos cambiarían.

—Harry, te quiero mucho, eres muy importante para mí. Eres como el hermano que nunca he tenido. Y eso no va a cambiar. Lo sabes.

Siento hacerle daño, pero es verdad.

—Entonces, ¿sales con ella?—me pregunta con desdén.

—Harry, no salgo con nadie.

—Pero has pasado la noche con ella.

—!No es asunto tuyo!

—¿Es por el dinero?

—¡Harry! ¿Cómo te atreves?—le grito, atónita por su desfachatez.

—Hermione—dice con voz quejumbrosa, en tono de disculpa.

Ahora mismo no estoy para aguantar sus mezquinos celos. Sé que está dolido, pero ya tengo bastante con lidiar con Bellatrix Black.

—Quizá podríamos tomar un café mañana. Te llamaré—le digo en tono conciliador.

Es mi amigo y le tengo mucho cariño, pero en estos momentos no estoy para aguantar estas cosas.

—Dale, mañana. ¿Me llamas tú?

Su voz esperanzada me conmueve.

—Sí…buenas noches, Harry.

Cuelgo sin esperar su respuesta.

—¿Qué es todo esto?—me pregunta Fleur con las manos en las caderas.

Decido que lo mejor es decirle la verdad. Parece más obstinada que nunca.

—El viernes intentó besarme.

—¿Harry? ¿Y Bellatrix Black? Hermione, tus feromonas deben estar haciendo horas extras. ¿En que estaba pensando ese imbécil?

Mueve la cabeza, enfadada, y sigue embalando.

Tres cuartos de hora después hacemos una pausa para degustar la especialidad de la casa, mi lasaña. Fleur abre una botella de vino y nos sentamos a comer entre las cajas, bebiendo vino tinto barato y viendo programas de televisión basuras. La normalidad es tan bien recibida y tranquilizadora después de las ultimas cuarenta y ocho horas de ….locura. es mi primera comida sin preocupaciones en dos días, sin que me insistan y en paz. ¿Qué problema tiene Bellatrix con la comida? Fleur levanta los platos mientras yo termino de embalar lo que queda en el salón. Solo hemos dejado el sofá, la tele y la mesa. ¿Qué más podríamos necesitar? Solo falta embalar el contenido de nuestras habitaciones y la cocina, y tenemos toda la semana por delante.

Vuelve a sonar el teléfono. Es Sirius. Fleur me guiña un ojo y entra en su habitación dando saltitos como una quinceañera. Sé que debería estar escribiendo su discurso por haber sido la mejor alumna de la promoción, pero parece que Sirius es más importante. ¿Qué pasa con los Black? ¿Qué los hace tan absorbentes, tan devoradores y tan irresistibles? Doy otro trago de vino.

Hago zapping en busca de algún programa, pero en el fondo sé qué estoy demorándome a propósito. El contrato echa humo dentro de mi cartera. ¿Tendré las fuerzas y lo que hay que tener para leerlo esta noche?

Apoyo la cabeza en las manos. Tanto Harry como Bellatrix quieren algo de mí. Con Harry es fácil, pero con Bellatrix…manejar y entenderla es otra cosa. Una parte de mí quiere salir corriendo y esconderse. ¿Qué voy a hacer? Pienso en sus ardientes ojos negros, en su intensa y provocativa mirada, y me pongo tensa. Sofoco un grito. Ni siquiera está aquí y ya estoy a cien. No puede ser solo sexo, ¿verdad? Pienso en sus bromas amables de esta mañana, en el desayuno, en su alegría al verme encantada con el viaje en helicóptero, en como tocaba el piano, esa música tan triste, dulce y conmovedora…

Es una mujer muy complicada. Y ahora he empezado a entender por qué. Una chica privada de adolescencia de la que abusa sexualmente una malvada señora…ahora, si uno lo analiza detenidamente no es tan extraña su manera de comportarse. Me entristece pensar en lo que debe haber pasado. Soy demasiado ingenua para saber exactamente de que se trata, pero la investigación arrojará algo de luz. Aunque ¿de verdad quiero saber? ¿quiero explorar ese mundo del que no sé nada? Es un paso muy importante.

Si no la hubiera conocido, seguiría tan feliz, ajena a todo esto. Mi mente se traslada a la noche de ayer y a esta mañana… a la increíble y sensual sexualidad que he experimentado. ¿Quiero despedirme de ella? ¡No!, exclama la voz de mi conciencia…la reina que llevo dentro sumida en un silencio zen, asiente para demostrar que está de acuerdo con ella.

Fleur vuelve al comedor sonriendo de oreja a oreja. Quizá esté enamorada. La miro boquiabierta. Nunca se ha comportado así.

—Hermione, me voy a la cama. Estoy muy cansada.

—Yo también, Fleur.

Me abraza.

—Me alegro que hayas vuelto sana y salva. Hay algo raro en Bellatrix—añade en voz baja, en tono de disculpa.

Sonrío para tranquilizarla, aunque pienso: ¿Cómo demonios lo sabe? Por eso será una buenísima periodista, por su infalible intuición.

Tomo la cartera y me voy a mi habitación con paso desganado. Los esfuerzos sexuales de las últimas horas y el total y absoluto dilema al que me enfrento me han dejado agotada. Me siento en la cama, saco con cautela de la cartera el sobre de papel madera y le doy vueltas entre las manos. ¿Estoy segura de que quiero saber hasta dónde llega la depravación de Bellatrix? Resulta tan intimidante…respiro hondo y rasgo el sobre con el corazón en un puño.


¡Nuevo capítulo! Hermione está a un paso de descubrir que contiene el dichoso sobre….¿Se dieron cuenta quién es la que inició a Bellatrix en el mundo sado?... ¡Hagan sus apuestas! Los que vieron mi video de Youtube, "Fifty Shades Darker Bellamione", ya sabrán de quién se trata :)

Espero que les gustara.

Como siempre, comenten y abrazos.


Jaz: Jajaja, cuando llegue la parte del cuarto rojo no me voy a poder contener, estoy segura jaja.

Jessi-04: Y se develó el misterio…Polvo vainilla: sexo convencional, es decir: normalito jaja.

GigiLestrangeBlack: Druella un amorrr, jajaja. Nada que ver a como la pintan, ¿no? Educada, centrada y sumamente elegante.

Saori-san02: Druella no vive con Bella, solo estaba de paso. Por lo tanto, el curto del dolor, como lo llama Hermione se podrá usar y con la puerta abierta jaja.