Capítulo 12
Por primera vez en mi vida salgo a correr voluntariamente. Busco mis asquerosas zapatillas, que nunca uso, unos pantalones jogging y una camiseta. Me hago una colita, me ruborizo con los recuerdos que envuelven a mi mente y enciendo el iPod. No puedo sentarme frente a esa maravilla de la tecnología y seguir viendo o leyendo más material inquietante. Necesito quemar parte de esta excesiva y enervante energía. La verdad es que tengo ganas de correr hasta el hotel Heathman y pedirle a la obsesa del control que me eche un polvo. Pero está a ocho kilómetros, y dudo que pueda llegar a correr dos, no digamos ya ocho, y por supuesto podría rechazarme, lo que sería muy humillante.
Cuando abro la puerta, Fleur está saliendo de su coche. Casi se le caen las bolsas al verme. Hermione Granger con zapatillas de deporte. La saludo con la mano y no me paro para que no me pregunte. De verdad necesito estar un rato sola, con Adele sonando en mis oídos.
Cruzo el parque. ¿Qué voy a hacer? La deseo pero ¿en esos términos? La verdad es que no lo sé. Quizá debería negociar lo que quiero. Revisar ese ridículo contrato línea a línea y decidir lo que me parece aceptable y lo que no. He descubierto en internet que legalmente no tiene ningún valor. Seguro que ella lo sabe. Supongo que solo sirve para sentar las bases de la relación. Detalla lo que puedo esperar de ella y lo que ella espera de mí: Mi sumisión total. ¿Estoy preparada para ofrecérsela? ¿Estoy capacitada?
Una pregunta me carcome: ¿Por qué es ella así? ¿Por qué la sedujeron cuando era muy joven? No lo sé. Sigue siendo todo un misterio.
Me paro junto a un gran abeto, apoyo las manos en las rodillas y respiro hondo, me lleno de aire los pulmones. Me siento bien, es catártico. Siento que mi determinación se fortalece. Sí, tengo que decirle lo que me parece bien y lo que no. Tengo que mandarle por E-mail lo que pienso y ya lo discutiéremos el miércoles. Respiro hondo, como para limpiarme por dentro, y vuelvo corriendo hacia casa.
Fleur ha ido a comprar ropa, como no, para sus vacaciones en Barbados. Sobre todo biquinis y pareos haciendo juego. Estará fantástica con todos esos modelitos, pero aun así se los prueba todos y me obliga a sentarme y a comentarle que me parece. No hay muchas maneras de decir: "Estás fantástica, Fleur". Aunque está delgada tiene unas curvas para perder el sentido. No lo hace a propósito, lo sé, pero al final arrastro mi penoso físico cubierto de sudor hasta la habitación con la escusa de ir a embalar más cajas. ¿Podría sentirme menos a la altura? Me llevo conmigo la alucinante tecnología inalámbrica, enciendo la computadora y escribo a Bellatrix.
De: Hermione Granger
Fecha: 23 de mayo 20:33
Para: Bellatrix Black
Asunto: Universitaria escandalizada
Bien, ya he visto bastante.
Ha sido agradable conocerte.
Hermione
Pulso "enviar" riéndome de mi travesura. ¿Le va a parecer a ella tan divertida? Oh, maldición…seguramente no. Bellatrix Black no es famosa por su sentido del humor. Aunque sé que lo tiene, porque lo he vivido. Quizá me he pasado. Espero su respuesta.
Espero y espero. Miro el despertador. Han pasado diez minutos.
Para olvidarme de la angustia que se abre camino en mí estomago, me pongo a hacer lo que le he dicho a Fleur que haría: embalar las cosas de mi habitación. Empiezo metiendo mis libros en una caja. Hacia las nueve sigo sin noticias. Quizá ha salido. Malhumorada, hago un puchero me pongo los auriculares del iPod, escucho a Adele y me siento a mi mesa a releer el contrato y a anotar mis observaciones y comentarios.
No sé porque levanto la mirada, quizá he captado de reojo un ligero movimiento, no lo sé, pero cuando levanto, Bellatrix está en la puerta de mi habitación mirándome fijamente. Lleva un despampanante vestido morado oscuro con breteles y ceñido hasta las rodillas, un saco beige que a la distancia parece aterciopelado y unos increíbles zapatos de taco aguja. Como siempre, está hermosa. Sus ojos no parpadean mientras agita suavemente las llaves del coche. Me quito los auriculares y me quedo helada. ¡Maldición!
—Buenas noches, Hermione—me dice en tono frío y expresión cauta e impenetrable.
La capacidad de hablar me abandona. Maldita Fleur, la ha dejado entrar sin avisarme. Por un segundo soy consciente de que estoy hecha un asco, toda sudada y sin duchar, y ella está tan atractiva con ese vestido de infarto, y para colmo, en mi habitación.
—He pensado que tu E-mail merecía una respuesta en persona—me explica en tono seco. Abro la boca y vuelvo a cerrarla, dos veces. Esto sí que es una broma. Por nada del mundo se me habría ocurrido que pudiera dejarlo todo para pasar por aquí.
—¿Puedo sentarme?—me pregunta, ahora con ojos divertidos.
Camina hacia mi mesa de noche y deja su cartera de cuero negro. ¿Qué lleva allí dentro? Seguramente papeles de la empresa….contratos…contratos sadomasoquistas.
Se gira y me dedica una imperceptible sonrisa.
Gracias, dios mío…quizá la broma le ha parecido graciosa.
—¿Y bien, puedo sentarme?—me vuelve a preguntar.
Asiento. Mi capacidad de hablar sigue sin hacer acto de presencia. Bellatrix Black está sentada en mi cama…
—Me preguntaba cómo sería tu habitación—me dice.
Miro a mí alrededor pensando por donde escapar. No, sigue sin haber nada más que la puerta y la ventana. Mi habitación es funcional, pero acogedora: pocos muebles blancos de mimbre y una cama doble blanca, de hierro con una colcha con pequeños lunares que hizo mi madre cuando estaba en su etapa de labores hogareños. Es azul cielo y crema.
—Es muy serena y tranquila—murmura.
No en este momento…no contigo aquí.
Al final mi bulbo raquídeo recupera la determinación. Respiro.
—¿Cómo…?
Me sonríe.
—Todavía estoy en el Heathman.
Eso ya lo sabía.
—¿Quieres tomar algo?
Tengo que decir que la educación siempre es importante.
—No, gracias, Hermione.
Esboza una deslumbrante media sonrisa con la cabeza ligeramente ladeada.
Bueno, seguramente soy yo quien necesite una copa.
—Así que ha sido agradable conocerme…
Maldita sea, ¿se ha ofendido? Me miro los dedos. Haber como salgo de esta. Si le digo que solo era una broma, no creo que le guste mucho.
—Pensaba que me contestarías por E-mail—le digo en voz muy baja, patética.
—¿Estás mordiéndote el labio a propósito?—me pregunta muy seria.
Pestañeo, abro la boca y suelto el labio.
—No era consciente de que me lo estaba mordiendo—murmuro.
El corazón me late muy deprisa. Siento la tensión, esa exquisita electricidad estática que invade el espacio. Esta sentada muy cerca de mí, con sus ojos negros impenetrables, con su cabello cayendo en ondas perfectas sobre sus hombros. Se inclina, me desase mi coleta muy despacio y me separa el pelo con los dedos. Se me corta la respiración y no puedo moverme. Observo hipnotizada su mano moviéndose, acariciando mi cuero cabelludo con sus largos y hábiles dedos.
—Veo que has decidido hacer un poco de ejercicio—me dice en voz baja y melodiosa, colocándome el pelo detrás de la oreja—. ¿Por qué, Hermione?
Me rodea la oreja con los dedos y muy suavemente, rítmicamente, tira del lóbulo. Es muy excitante.
—Necesitaba tiempo para pensar—susurro.
Me siento como un ciervo ante los faros de un coche, como una polilla junto a una llama, un pájaro frente a una serpiente…y ella sabe exactamente lo que está haciendo.
—¿Pensar en qué, Hermione?
—En ti.
—¿Y has decidido que ha sido agradable conocerme? ¿Te refieres a conocerme en sentido bíblico?
Maldición. Me ruborizo.
—No pensaba que fueras una experta en la biblia.
—Iba a catequesis los domingos, Hermione. Aprendí mucho—ironiza.
—No recuerdo haber leído nada sobre pinzas para pezones en la biblia. Quizá te dieron la catequesis con una traducción moderna.
Sus labios se arquean dibujando una ligera sonrisa y dirijo la mirada a su boca.
—Bueno, he pensado que debía venir a recordarte lo agradable que ha sido conocerme.
Dios mío. La miro boquiabierta, y sus dedos se desplazan de mi oreja a mi barbilla.
—¿Qué le parece, señorita Granger?
Sus ojos brillantes destilan una expresión de desafío. Tiene los labios entre abiertos. Está esperando, alerta para atacar. El deseo—agudo, liquido y provocativo—arde en lo más profundo de mi vientre. Me adelanto y me lanzo hacia ella. De repente se mueve, no tengo idea de cómo, y en un abrir y cerrar de ojos estoy en la cama, inmovilizada debajo de ella, con las manos extendidas y sujetas por encima de la cabeza, con su mano libre agarrándome el rostro y su boca buscando la mía.
Me mete la lengua, me reclama y me posee y yo me deleito en su firmeza. La siento por todo mi cuerpo. Me desea, y eso provoca extrañas y exquisitas sensaciones dentro de mí. No a Fleur, con sus minúsculos bikinis, ni a una de las treinta, ni a la malvada señora abusadora de menores. A mí. Esta hermosa mujer me desea a mí. La reina que llevo dentro brilla tanto que podría iluminar todo Portland. Deja de besarme. Abro los ojos y la veo mirándome fijamente.
—¿Confías en mí?—me pregunta.
Asiento con los ojos muy abiertos, con el corazón revotándome en las costillas y la sangre tronando por todo mi cuerpo.
Estira el brazo y del bolsillo de su saco beige, saca un trozo de cuerda roja…se que dejará pequeñas marcas en mi piel. Levantándose un poco el vestido, se sienta a ahorcajadas sobre mí y me ata las muñecas, pero esta vez anuda el otro extremo de la cuerda, fijándola a un barrote del cabezal blanco de hierro. Tira del nudo para comprobar que esté seguro. No voy a ir a ninguna parte. Estoy atada a mi cama, y muy excitada.
Se levanta y se queda de pie junto a la cama, mirándome con ojos turbios de deseo. Su mirada es de triunfo y a la vez de alivio.
—Mejor así—murmura.
Esboza una maliciosa sonrisa de superioridad. Se inclina y empieza a desatarme una zapatilla. Oh, no…no…los pies no. Acabo de correr.
—No—protesto y doy patadas para que me suelte.
Se detiene.
—Si forcejeas, te ataré también los pies, Hermione. Si haces el menor ruido, te amordazaré. No abras la boca. Seguramente ahora mismo Fleur está ahí afuera escuchando.
¡Amordazarme! ¡Fleur! Me callo.
Me quita las zapatillas y las medias, y me baja muy despacio el pantalón de jogging. Oh…¿qué bombacha tengo puesta? Me levanta, retira la colcha de debajo de mí y me coloca boca arriba sobre las sabanas.
—Veamos.—se pasa la lengua lentamente por el labio inferior—. Estás mordiéndote el labio, Hermione. Sabes el efecto que tiene sobre mí.
Me presiona la boca con su largo dedo índice a modo de advertencia.
Dios mío. Apenas puedo contenerme, estoy indefensa, acostada, viendo como se mueve tranquilamente por mi habitación. Es un afrodisíaco embriagador. Se quita sin prisa los zapatos, el saco beige, y con lentitud baja el cierre de su magnífico vestido, quedando frente a mí únicamente con su conjunto de ropa interior de exquisito encaje. ¿Cómo puede ser tan hermosa?
—Creo que has visto demasiado.
Se ríe maliciosamente. Vuelve a sentarse encima de mí, ahorcadillas y me levanta la camiseta, creo que va a quitármela, pero la enrolla a la altura del cuello y luego la sube de manera que me deja al descubierto la boca y la nariz, pero me cubre los ojos. Y como está tan bien enrollada, no veo nada.
—Mmm…—susurra satisfecha—. Esto va cada vez mejor. Voy a tomar una copa.
Se inclina, me besa suavemente en los labios y dejo de sentir su peso. Oigo el leve chirrido de la puerta de la habitación. Tomar una copa. ¿Dónde? ¿Aquí? ¿En la cocina? ¿Ha salido a la cocina sin ropa? ¿Solo con ropa interior? ¿Y Fleur? Agudizo el oído. Distingo ruidos sordos y sé que está hablando con ella…Oh, no…Está prácticamente desnuda. ¿Qué va a decir Fleur? Oigo un golpe seco. ¿Qué es eso? Regresa, la puerta vuelve a chirriar, oigo sus pasos por la habitación y el sonido de hielo tintineando en un vaso. ¿Qué está bebiendo? Cierra la puerta y la escucho como se acerca hacia la mesa de noche, donde anteriormente ha dejado su cartera. Después de uno segundos, vuelve a sentarse a ahorcadillas sobre mí.
—¿Tienes sed, Hermione?—me pregunta en tono burlón.
—Sí—le digo, porque de repente se me ha quedado la boca seca.
Escucho el tintineo del hielo en el vaso. Se inclina y, al besarme, me derrama en la boca un líquido delicioso y vigorizante. Es vino blanco. No lo esperaba es muy excitante, aunque está helado, y los labios de Bellatrix están fríos.
—¿Más?—me pregunta en un susurro.
Asiento. Sabe todavía mejor porque viene de su boca. Se inclina y bebo otro trago de sus labios…madre mía.
—No nos pasemos. Sabemos que tu tolerancia al alcohol es limitada, Hermione.
No puedo evitar reírme, y ella se inclina y suelta otra deliciosa bocanada. Se mueve, se coloca a mi lado y siento su cuerpo arder junto al mío.
—¿Te parece esto agradable?—me pregunta, y noto cierto tono amenazante en su voz.
Me pongo tensa. Vuelve a mover el vaso, me besa y, junto con el vino, me suelta un trocito de hielo en la boca. Muy despacio empieza a descender con los labios desde mi cuello, pasando por mis pechos, hasta mi torso y mi vientre. Me mete un trozo de hielo en el ombligo, se me forma un pequeño charco de vino muy frío que provoca un incendio que se propaga hasta lo más profundo de mi vientre. Wow.
—Ahora tienes que quedarte quieta—susurra—. Si te mueves, llenarás la cama de vino, Hermione.
Mis caderas se flexionan automáticamente.
—No. Si derrama el vino, la castigaré, señorita Granger.
Gimo, intento controlarme y lucho desesperadamente contra la necesidad de mover las caderas. Oh, no…por favor.
Me baja con un dedo las copas del corpiño y deja mis pechos al aire, expuestos y vulnerables. Se inclina, besa y tira de mis pezones con los labios fríos, helados. Lucho contra mi cuerpo, que intenta responder arqueándose.
—¿Te gusta esto?—me pregunta tirándome de un pezón.
Vuelvo a oír el tintineo del hielo, y luego lo siento alrededor de mi pezón derecho, mientras tira a la vez del izquierdo con los labios. Gimo y lucho por no moverme. Una desesperante y dulce tortura.
—Si derramas el vino, no dejaré que acabes.
—Oh…por favor…Bellatrix…señora…por favor.
Está volviéndome loca. Puedo oírla sonreír.
El hielo de mi pezón está derritiéndose. Estoy muy caliente…caliente, helada y muerta de deseo. Quiero que me alivie como ella sabe.
Me desliza muy despacio los dedos helados por el vientre.
Como tengo la piel hipersensible, mis caderas se flexionan y el líquido del ombligo, ahora menos frío, me gotea por la barriga. Bellatrix reacciona al instante y lo lame, me besa, me muerde suavemente, me chupa.
—Hermione, te has movido. ¿Qué voy a hacer contigo?
Jadeo en voz alta. En lo único que puedo concentrarme es en su voz y su tacto. Nada más es real. Nada más importa. Mi radar no registra nada. Desliza los dedos por dentro de mi bombacha y me alivia oír que se le escapa un profundo suspiro.
—Oh, querida—murmura.
Y me introduce dos dedos.
Sofoco un grito.
—Estás lista para mí tan pronto…—me dice.
Mueve sus tentadores dedos despacio, dentro y fuera, y yo empujo hacia ella alzando las caderas.
—Impaciente…—me regaña suavemente.
Traza círculos alrededor de mi clítoris con el pulgar y luego lo presiona.
Jadeo y mi cuerpo da sacudidas bajo sus expertos dedos. Estira un brazo y me retira la camiseta de los ojos para que pueda verla. Está arrebatadora. La tenue luz de la lámpara me hace parpadear. Deseo tocarla, sentirla.
—Quiero tocarte—le digo.
—Lo sé—murmura.
Se inclina y me besa sin dejar de mover los dedos rítmicamente dentro de mi cuerpo, trazando círculos y presionando con el pulgar. Con la otra mano me recoge el pelo hacia arriba y me sujeta la cabeza para que no la mueva. Replica con la lengua el movimiento de sus dedos. Empiezo a sentir las piernas rígidas de tanto empujar hacia su mano. La aparta, y yo vuelvo al borde del abismo. Lo repite una y otra vez. Es tan frustrante…oh, por favor, Bellatrix, grito por dentro.
—Este es tu castigo, tan cerca y de pronto tan lejos. ¿Te parece esto agradable?—me susurra al oído.
Agotada, gimoteo y tiro de mis brazos atados. Estoy indefensa, perdida en una tortura erótica.
—Por favor—le suplico.
Al final se apiada de mí.
—¿Cómo quieres que te folle, Hermione?
Oh…mi cuerpo empieza a temblar y vuelve a quedarse inmóvil.
—Por favor.
—¿Qué quieres, Hermione?
—A ti…—grito.
—Dime como quieres que te folle. Hay una variedad infinita de maneras—me susurra al oído.
Alarga la mano hacia la mesa de luz y la introduce en la cartera. Oh, dios mío. ¿Lleva sus juguetes a donde va? ¿Es legal andar con prótesis penianas en la cartera como si fueran esenciales para una reunión de oficina? Por supuesto, tendría que haberlo imaginado…su perversión no tiene límites.
Se arrodilla entre mis piernas y, me quita la bombacha sin dejar de mirarme con ojos brillantes. La miro fascinada, anonadada mientras se ajusta el arnés son sus respectivas correas a los lados con el dildo adherido y bien sujeto…madre mía, no es el mismo que utilizó la ultima vez…parece más grande.
—¿Te parece esto agradable?—me dice acariciándome los muslos.
—Era una broma—gimoteo.
Por favor, fóllame, Bellatrix.
Alza las cejas.
—¿Una broma?—me pregunta en voz amenazadoramente baja.
—Si, por favor, Bellatrix—le ruego.
—¿Y ahora te ríes?
—No—gimoteo.
La tensión sexual está a punto de hacerme estallar. Me mira un momento, evaluando mi deseo, y de pronto me agarra de la cintura y me da vuelta. Me toma por sorpresa, y como tengo las manos atadas, tengo que apoyarme en los codos. Me empuja las rodillas para alzarme el trasero y me da un fuerte azote. Antes de que pueda reaccionar, me penetra. Grito, por el azote y por su repentina embestida, y acabo inmediatamente, me desmorono debajo de ella, que sigue embistiéndome exquisitamente. No se detiene. Estoy destrozada. No puedo más…y ella empuja una y otra vez…y siento que vuelve a inundarme otra vez…no puede ser…no…
—Vamos, Hermione, otra vez—me ordena entre dientes.
Y por increíble que parezca, mi cuerpo responde, se convulsiona y vuelvo a alcanzar el clímax gritando su nombre. Me rompo de nuevo en mil pedazos y Bellatrix se detiene, jadeando. Estoy segura que no se ha corrido. Su férreo control la hace detenerse ¿Cómo lo hace? ¿Cómo soporta tanto placer? ¿Será una de sus tantas reglas? ¿Así serán todas las amas?
—¿Te ha gustado?—me pregunta con los dientes apretados.
Madre mía.
Estoy acostada en la cama, desbastada, jadeando y con los ojos cerrados cuando se aparta de mí muy despacio. Se levanta, se quita el arnés, lo envuelve en un trozo de tela y lo guarda en la cartera. Se pone el vestido y vuelve a la cama, me desata y me quita la camiseta. Flexiono los dedos y me froto las muñecas, sonriendo al ver que se me ha marcado las finas líneas de la cuerda. Me ajusto el corpiño mientras ella tira de la colcha para taparme. La miro aturdida y ella me devuelve la sonrisa.
—Ha sido realmente agradable—susurro sonriendo tímidamente.
—Ya estamos otra vez con la palabrita.
—¿No te gusta que lo diga?
—No, no tiene nada que ver contigo.
—Bueno…no sé…parece tener un efecto beneficioso sobre ti.
—¿Soy un efecto beneficioso? ¿Eso es lo que soy ahora? ¿Podría herir más mi amor propio, señorita Granger?
—No creo que tengas ningún problema de amor propio.
Pero soy consciente de que lo digo sin convicción. Algo se me pasa rápidamente por la cabeza, una idea fugaz, pero se me escapa antes de que pueda atraparla.
—¿Tú crees?—me pregunta en tono amable.
Está acostada a mi lado, vestida, con la cabeza apoyada en el codo con su cabello cayendo ligeramente desordenado, y yo solo llevo puesto el corpiño.
—¿Por qué no te gusta que te toquen?
—Porque no.—se inclina sobre mí y me besa suavemente en la frente—. Así qué ese E-mail era lo que tú llamas una broma.
Sonrío a modo de disculpa y me encojo de hombros.
—Ya veo. Entonces todavía estás planteándote mi proposición…
—Tu proposición indecente…sí, me lo estoy planteando. Pero tengo cosas que comentar.
Me sonríe aliviada.
—Me decepcionarías si no tuvieras cosas para comentar.
—Iba a mandártelas por correo, pero me has interrumpido.
—Coitus Interruptus.
—¿Lo ves?, sabía que tenías algo de sentido del humor escondido por ahí—le digo sonriendo.
—No es tan divertido, Hermione. He pensado que estabas diciéndome que no, que ni siquiera querías comentarlo.
Se queda en silencio.
—Todavía no lo sé. No he decidido nada. ¿Vas a ponerme un collar?
—Has estado investigando. No lo sé, Hermione. Nunca le he puesto un collar a nadie.
Oh…¿Debería sorprenderme? Sé tan poco sobre las sesiones…no sé.
—¿A ti te han puesto un collar?—le pregunto en un susurro.
—Sí.
—¿La emperatriz Milonia Cesonia?
—¡La emperatriz Milonia Cesonia! ¿¡La esposa de Calígula!?
Se ríe a carcajadas, y parece joven y despreocupada, con la cabeza echada hacia tras. Su risa es contagiosa.
Le sonrío.
—Le diré como la llamas. Le encantará.
—¿Sigues en contacto con ella?—le pregunto sin poder disimular mi temor.
—Sí—me contesta muy seria.
Oh…de pronto una parte de mí se vuelve loca de celos. El sentimiento es tan fuerte que me perturba.
—Ya veo—le digo en tono tenso—. Así qué tienes a alguien con quien comentar tu alternativo estilo de vida, pero yo no puedo.
Frunce el ceno.
—Creo que nunca había pensado en ello desde ese punto de vista. La emperatriz formaba parte de este estilo de vida. Te dije que ahora es una buena amiga. Si quieres, puedo presentarte a una de mis ex sumisas. Podrías hablar con ella.
¿Qué? ¿Lo dice a propósito para que me enfade?
—¿Esto es lo que tu llamas una broma?
—No, Hermione—me contesta perpleja.
—No…me las arreglaré yo sola, muchas gracias—le contesto bruscamente, tirando de la colcha hasta mi barbilla.
Me observa perdida, sorprendida.
—Hermione, no…—no sabe que decir. Una novedad, creo—. No quería ofenderte.
—No estoy ofendida. Estoy consternada.
—¿Consternada?
—No quiero hablar con ninguna ex novia tuya…o esclava…o sumisa…como las llames.
—Hermione Granger, ¿Estás celosa?
Me pongo colorada.
—¿Vas a quedarte?
—Mañana a primera hora tengo una reunión en el Heathman. Además, ya te dije que no duermo con mis novias, o esclavas, o sumisas, ni con nadie. El viernes y el sábado fueron una excepción. No volverá a pasar.
Oigo la firme determinación detrás de su dulce voz ronca.
Frunzo los labios.
—Bueno, estoy cansada.
—¿Estás echándome?
Alza las cejas perpleja y algo afligida.
—Sí.
—Bueno, otra novedad.—me mira interrogante—. ¿No quieres que comentemos nada? Sobre el contrato.
—No—le contesto de mal humor.
—Ay, cuanto me gustaría darte una buena tunda. Te sentirías mucho mejor, y yo también.
—No puedes decir esas cosas…todavía no he firmado nada.
—Pero soñar es humano, Hermione.—se inclina y me agarra de la barbilla—. ¿Hasta el miércoles?—murmura.
Me besa rápidamente los labios.
—Hasta el miércoles—le contesto—. Espera, salgo contigo. Dame un minuto.
Me siento, tomo la camiseta y la empujo para que se levante de la cama. Lo hace de mala gana.
—Pásame los pantalones de jogging, por favor.
Los levanta del suelo y me los tiende.
—Sí, señora.
Intenta ocultar su sonrisa, pero no lo consigue.
La miro con mala cara mientras me pongo los pantalones. Tengo el pelo hecho un desastre y sé que después de que se marche voy a tener que enfrentarme a la santa inquisidora Fleur Delacour. Agarro una gomita para el pelo, me dirijo a la puerta y la abro para ver si está Fleur. No está en el comedor. Creo que la oigo hablando por teléfono en su habitación. Bellatrix me sigue durante el breve recorrido entre mi habitación y la puerta de la calle. Mis pensamientos y mis sentidos fluyen y se transforman. Ya no estoy enojada con ella. De pronto me siento insoportablemente tímida. No quiero que se marche. Por primera vez me gustaría que fuera normal, me gustaría mantener una relación normal que no exigiera un acuerdo de diez páginas, azotes y mosquetones en el techo de su cuarto de juegos.
Le abro la puerta y me miro las manos. Es la primera vez que traigo una mujer a mi casa y creo que ha estado genial. Pero ahora me siento como un recipiente, como un vaso vacío que se llena a su antojo. La voz de mi consciencia mueve la cabeza. Querías correr al Heathman en busca de sexo…y te lo han traído a casa. Cruza los brazos y golpea el suelo con el pie, como preguntándose de que me quejo. Bellatrix se detiene junto a la puerta, se coloca su saco beige y se acomoda el cabello. Me toma de la barbilla y me obliga a mirarla, arrugando la frente.
—¿Estás bien?—me pregunta acariciándome la mejilla con el pulgar.
—Sí—le contesto, aunque la verdad es que no estoy tan segura.
Siento un cambio de paradigma. Sé que si acepto, me hará daño. Ella no puede, no le interesa o no quiere ofrecerme nada más…pero yo quiero más. Mucho más. El ataque de celos que he sentido hace un momento me dice que mis sentimientos por ella son más profundos de lo que me he reconocido a mí misma.
—Nos vemos el miércoles—me dice.
Se acerca y me besa con ternura. Pero mientras está besándome, algo cambia. Sus labios me presionan imperiosamente. Desliza una mano desde la mejilla hasta mi nuca y con la otra me toma de la cintura. Su respiración se acelera. Se inclina hacia mí y me besa más profundamente. La agarro de los brazos. Quiero deslizar las manos por su cabello, pero me resisto porque sé que no le gustaría. Pega su frente a la mía con los ojos cerrados.
—Hermione—susurra con voz quebrada—, ¿qué estás haciendo conmigo?
—Lo mismo podría decirte yo—le susurro a mi vez.
Respira hondo, me besa la frente y se marcha. Avanza con paso decidido hacia el coche pasándome la mano por el pelo. Mientras abre la puerta, levanta la mirada y me lanza una sonrisa arrebatadora. Totalmente deslumbrada, le devuelvo una leve sonrisa y de nuevo pienso en Ícaro acercándose demasiado al sol. Cierro la puerta de la calle mientras sube elegantemente a su coche. Siento una irresistible necesidad de llorar. Una triste y solitaria melancolía me oprime el corazón. Vuelvo a mi habitación, cierro la puerta y me apoyo en ella intentando racionalizar mis sentimientos, pero no puedo. Me dejo caer al suelo, me cubro la cara con las manos y empiezan a saltárseme las lágrimas.
Fleur llama a la puerta suavemente.
—¿Hermione?—susurra.
Abro la puerta. Me mira y me abraza.
—¿Qué pasa? ¿Qué te ha hecho esa repulsiva y bella imbécil?
—Nada que no quiera que me hiciera, Fleur.
Me lleva hasta la cama y nos sentamos.
—Tienes el pelo de haber echado un polvo espantoso.
Aunque estoy desconsolada, me río.
—Ha sido un buen polvo, de espantoso nada.
Fleur sonríe.
—Mejor. ¿Por qué lloras? Tú nunca lloras.
Toma el cepillo de la mesita de noche, se sienta a mi lado y empieza a desenredarme los nudos muy despacio.
—¿No me dijiste que habías quedado con ella el miércoles?
—Sí, en eso habíamos quedado.
—¿Por qué se ha pasado hoy por aquí?
—Porque le he mandado un E-mail.
—¿Pidiéndole que pasara?
—No, diciéndole que no quería volver a verla.
—¿Y se presenta aquí? Hermione, es genial.
—La verdad es que era una broma.
—Bueno, ahora sí que no entiendo nada.
Me armo de paciencia y le explico de qué se trataba mi E-mail, sin entrar en detalles.
—Pensabas que te respondería por correo.
—Sí.
—Y en vez de eso se ha presentado aquí.
—Sí.
—Eso es que está loca por ti.
Frunzo el ceño. ¿Bellatrix loca por mí? Difícilmente. Solo está buscando un nuevo juguete, un nuevo y educado juguete con el que acostarse y al que hacerle cosas indescriptibles. Se me encoje el corazón y me duele. Es la verdad.
—Ha venido a follarme, eso es todo.
—¿Quién dijo que el romanticismo había muerto?—murmura horrorizada.
He dejado impresionada a Fleur. No pensaba que eso fuera posible. Me encojo de hombros a modo de disculpa.
—Utiliza el sexo como un arma.
—¿Te echa un polvo para someterte?
Mueve la cabeza contrariada. Pestañeo y siento que estoy poniéndome colorada. Oh…has dado en el clavo, Fleur Delacour, vas a ganar el Pulitzer.
—Hermione, no entiendo. ¿Y le dejas que te haga el amor?
—No, Fleur, no hacemos el amor…follamos…como dice Bellatrix. No le interesa el amor.
—Sabía que había algo raro en ella. Tiene problemas con el compromiso.
Asiento, como si estuviera de acuerdo, pero por dentro suspiro. Ay, Fleur…ojala pudiera contártelo todo sobre esta mujer extraña, triste y perversa, y ojala tú pudieras decirme que la olvidara, que dejara de ser una idiota.
—Me temo que la situación es bastante abrumadora—murmuro.
Me quedo muy, muy corta.
No quiero seguir hablando de Bellatrix, le pregunto por Sirius. Con solo mencionar su nombre, la actitud de Fleur cambia radicalmente. Se le ilumina la cara y me sonríe.
—El sábado vendrá temprano para ayudarnos a cargar.
Estrecha el cepillo con fuerza contra su pecho. —¡Oh!, le ha dado fuerte—, y siento una vaga y familiar punzada de envidia. Fleur ha encontrado a alguien normal y me parece muy feliz.
Me giro hacia ella y la abrazo.
—Ah, casi me olvido. Tu padre ha llamado cuando estabas…bueno, ocupada. Parece qué Remus ha tenido un pequeño accidente, así qué tu madre y él no podrán venir a la entrega de títulos. Pero tu padre estará aquí el jueves. Quiere que lo llames.
—Oh…mi madre no me ha llamado para decírmelo. ¿Está bien Remus?
—Sí. Llámala mañana. Ahora es tarde.
—Gracias, Fleur. Ya estoy bien. Mañana llamaré también a Wendell. Creo que me voy a acostar.
Sonríe, pero arruga los ojos preocupada.
Cuando ya se ha marchado, me siento, vuelvo a leer el contrato y voy tomando notas. Una vez que he terminado, enciendo la computadora dispuesta a responderle.
En mi bandeja de entrada hay un E-mail de Bellatrix.
De: Bellatrix Black
Fecha: 23 mayo de 2011 23:16
Para: Hermione Granger
Asunto: Esta noche
Señorita Granger:
Espero impaciente sus notas sobre el contrato.
Entre tanto, que duermas bien.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holding, Inc.
De: Hermione Granger
Fecha: 24 de mayo de 2011 00:02
Para: Bellatrix Black
Asunto: Objeciones
Querida señora Black:
Aquí está mi lista de objeciones. Espero que el miércoles las discutamos con calma en nuestra cena.
Los números remiten a las cláusulas:
2: No tengo nada claro que sea exclusivamente en mi beneficio, es decir, para que explore mi sensualidad y mis límites. Estoy segura de que para eso no necesitaría un contrato de diez páginas. Seguramente es para tu beneficio.
4: Como sabes, solo he practicado sexo contigo. No tomo drogas y nunca me han hecho una transfusión. Seguramente estoy más que sana. ¿Qué me dices de ti?
8: Puedo dejarlo en cualquier momento si creo que no te ciñes a los límites acordados. De acuerdo, eso me parece muy bien.
9: ¿Obedecerte en todo? ¿Aceptar tu disciplina sin dudar? Tenemos que hablarlo.
11: Período de prueba de un mes, no de tres.
12: No puedo comprometerme todos los fines de semana. Tengo vida propia, y seguiré teniéndola. ¿Quizá tres de cada cuatro?
15-2: Utilizar mi cuerpo de manera que consideres oportuna, en el sexo o en cualquier otro ámbito…por favor, define "en cualquier otro ámbito".
15-5: Toda la cláusula sobre la disciplina en general. No estoy segura de que quiero ser azotada, zurrada o castigada físicamente. Estoy segura de que este infringe las clausulas 2-5. Y además eso de "por cualquier otra razón" es sencillamente mezquino...y me dijiste que no eras una sádica.
15-10: Como si prestarme a alguien pudiera ser una opción. Pero me alegra que me lo dejes tan claro.
15-14: Sobre las normas, comento más adelante.
15-19: ¿Qué problema hay en que me toque sin tu permiso? En cualquier caso, sabes que no lo hago.
15-21: Disciplina: Véase arriba clausula 15-5.
15-22: ¿No puedo mirarte a los ojos? ¿Por qué?
15-24: ¿Por qué no puedo tocarte?
Normas:
Dormir: Aceptaré seis horas.
Comida: No voy a comer lo que ponga en una lista. O la lista de los alimentos se eliminan, o rompo el contrato.
Ropa: De acuerdo, siempre y cuando solo tenga que llevar tu ropa cuando esté contigo.
Ejercicio: Habíamos quedado en tres horas, pero sigue poniendo cuatro.
Límites tolerables: ¿Tenemos que pasar por todo esto? No quiero Fisting de ningún tipo. ¿Qué es la suspensión? Pinzas genitales…debes estar bromeando.
¿Podrías decirme cuáles son tus planes para el miércoles? Yo trabajo hasta las cinco de la tarde.
Buenas noches.
Hermione
De: Bellatrix Black
Fecha: 24 de mayo de 2011 00:07
Para: Hermione Granger
Asunto: Objeciones
Señorita Granger:
Es una lista muy larga. ¿Por qué está todavía despierta?
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holding, Inc.
De: Hermione Granger
Fecha : 24 de mayo de 2011 00:10
Para: Bellatrix Black
Asunto: Quemándome las pestañas
Señora:
Si no recuerdo mal, estaba con esta lista cuando una obsesa del control me interrumpió y me llevó a la cama.
Buenas noches.
Hermione
De: Bellatrix Black
Fecha: 24 de mayo de 2011 00:12
Para: Hermione Granger
Asunto: Deja de quemarte las pestañas
HERMIONE, VETE A LA CAMA.
Bellatrix Black
Obesa del control y presidenta de Black Enterprises Holding, Inc.
¡Ay!…en mayúsculas, como si me gritara. Apago la computadora. ¿Cómo puede intimidarme estando a ocho kilómetros? Todavía triste, me meto en la cama e inmediatamente caigo en un sueño profundo, aunque intranquilo.
¡Nuevamente con otro capítulo! Bellatrix marcando territorio y Hermione aún indecisa, pero revisando el contrato.
Espero que tuvieran unas excelentes fiestas.
Como siempre, comenten y abrazos.
FannyGP: Gracias. Todavía no he ojeado lo que me enviste. El trabajo me tiene como loca (Ya tendré un tiempito libre o eso espero jaja). Te agradezco por haberte tomado la molestia. Abrazos y que andes bien.
