Capítulo 14
Bellatrix está frente a mí con una fusta de cuero trenzado. Solo lleva puestas sus bragas y unos zapatos de taco fino. Golpea despacio la fusta contra la palma de su mano sin dejar de mirarme. Esboza una sonrisa triunfante. No puedo moverme. Estoy desnuda y atada con grilletes, despatarrada en una enorme cama de cuatro postes. Se acerca a mí y me desliza la punta de la fusta desde la frente hasta la nariz, de manera que percibo el olor del cuero, y luego sigue hasta mis labios entreabiertos, que jadean, me mete la punta en la boca y siento el sabor intenso del cuero.
—Chupa—me ordena en voz baja.
Obedezco y cierro los labios alrededor de la punta.
—Basta—me dice bruscamente.
Vuelvo a jadear mientras me saca la fusta de la boca y me la desliza desde la barbilla hasta el final del cuello. Le da vueltas despacio y sigue arrastrando la punta de la fusta por mi cuerpo, por el esternón, entre los pechos y por el torso, hasta el ombligo. Jadeo, me retuerzo y tiro de los grilletes, que me destrozan las muñecas y los tobillos. Me rodea el ombligo con la punta de cuero y sigue deslizándola por mi vello púbico hasta el clítoris. Sacude la fusta y me golpea con fuerza en el clítoris, y acabo gloriosamente gritando que me desate.
De pronto me despierto jadeando, bañada en sudor y sintiendo los espasmos posteriores al orgasmo. Dios mío. Estoy totalmente desorientada. ¿Qué demonios ha pasado? Estoy en mi cama sola. ¿Cómo? ¿Por qué? Me incorporo de un salto, conmocionada…Wow. Es de día. Miro el despertador: las ocho. Me cubro la cara con las manos. No sabía que yo pudiera tener sueños sexuales. ¿Ha sido por algo que comí? Quizá las ostras y la investigación, que han acabado manifestándose en mi primer sueño erótico. Es desconcertante. No tenía ni idea de que pudiera acabar en sueños.
Fleur se acerca a mí corriendo cuando entro tambaleándome en la cocina.
—Hermione, ¿estás bien? Te veo rara. ¿Llevas puesto el saco de Bellatrix?
—Estoy bien.
Maldita sea. Debería haberme mirado en el espejo. Evito sus ojos azules, que me atraviesan. Todavía no me he recuperado del sueño.
—Sí, es el saco de Bellatrix.
Frunce el ceño.
—¿Has dormido?
—No muy bien.
Tomo la tetera. Necesito un té.
—¿Qué tal la cena?
Ya empieza…
—Comimos ostras. Y luego bacalao, así que diría que hubo bastante pescado—sonrío casi imperceptible.
—Uf…odio las ostras, pero no estoy preguntándote por la comida. ¿Qué tal con Bellatrix? ¿De qué hablaron?
—Se mostró muy atenta.
Me callo. ¿Qué puedo decirle? No tiene VIH, le interesa la interpretación, quiere que obedezca todas sus órdenes, hizo daño a una mujer a la que colgó del techo de su cuarto de juegos y quería tener sexo conmigo en el comedor privado. ¿Sería un buen resumen? Intento desesperadamente recordar algo de mi cita con Bellatrix que pueda comentar con Fleur.
—No le gusta mi Fiat.
—¿A quién le gusta, Hermione? No es nada nuevo. ¿Por qué estás tan evasiva? Suéltalo, amiga mía.
—Fleur, hablamos de un montón de cosas. Ya sabes…de lo quisquillosa que es con la comida. Por cierto, le gustó mucho tu vestido.
La tetera ya está hirviendo, así que me preparo una taza.
—¿Un té? ¿Quieres leerme tu discurso de hoy?
—Sí, por favor. Anoche estuve preparándolo. Voy a buscarlo. Y sí, me apetece mucho un té.
Fleur sale corriendo de la cocina.
Uf, he conseguido evitar a Fleur Delacour. Abro un pancito y lo meto en la tostadora. Me ruborizo pensando en mi intenso sueño. ¿Qué demonios ha pasado?
Anoche me costó dormirme. Estuve dándole vueltas a diversas opciones. Estoy muy confundida. La idea que tiene Bellatrix de una relación se parece mucho a una oferta de empleo, con sus horarios, la descripción del trabajo y un procedimiento de resolución de conflictos bastantes rigurosos. No imaginaba así mi primera historia de amor…pero, claro, a Bellatrix no le interesan las historias de amor. Si le dijera que quiero algo más, seguramente me diría que no…y me arriesgaría a perder lo que me ha ofrecido. Es lo que más me preocupa, porque no quiero perderla. Pero no estoy segura de tener estomago para ser su sumisa…en el fondo, lo que me tira para atrás son las varas y los látigos. Como soy débil físicamente, haría lo que fuera por evitar el dolor. Pienso en mi sueño…¿sería así? La reina que llevo dentro da saltos gritándome que sí.
Fleur vuelve a la cocina con su computadora. Me concentro en mi pancito. Empieza a leer su discurso, y yo la escucho pacientemente.
Estoy vestida y lista cuando llega Wendell. Abro la puerta de la calle y lo veo en el porche con un traje que no le queda nada bien. Siento una cálida oleada de gratitud y de amor hacia este hombre sencillo y me lanzo a sus brazos, una muestra de cariño poco habitual en mí. Se queda desconcertado, perplejo.
—Hola, Hermione, yo también me alegro de verte—murmura abrazándome.
Me aparta un poco, y con las manos en mis hombros, me mira de arriba abajo con el ceño fruncido.
—¿Estás bien, hija?
—Claro, papá. ¿No puedo alegrarme de ver a mi padre?
Sonríe arrugando las comisuras de sus ojos y me sigue hasta el comedor.
—Estás muy linda—me dice.
—El vestido es de Fleur—le digo bajando la mirada hacia el vestido gris de seda con la espalda descubierta.
Frunce el ceño.
—¿Dónde está Fleur?
—Ha ido al campus. Va a pronunciar un discurso, así que tiene que estar allí antes.
—¿Vamos yendo?
—Papá, tenemos media hora. ¿Quieres un té? Cuéntame como está todo el mundo en Montesano. ¿Cómo te ha ido en el viaje?
Wendell deja el coche en el estacionamiento del campus y seguimos a la multitud con birretes negros y rojos hasta el gimnasio.
—Suerte, Hermione. Pareces muy nerviosa. ¿Tienes que hacer algo?
Dios mío…¿Por qué le ha dado hoy ha Wendell por ser observador?
—No, papá. Es un gran día.
Y voy a ver a Bellatrix Black.
—Sí, mi niña se ha graduado. Estoy orgulloso de ti, Hermione.
—Gracias, papá.
Cuanto quiero a este hombre…
El gimnasio está lleno de gente. Wendell va a sentarse a las gradas con los demás padres y asistentes, y yo me dirijo a mi asiento. Llevo mi toga negra y mi birrete, y siento que me protegen, que me permiten ser anónima. Todavía no hay nadie en el estrado, pero parece que no consigo calmarme. Me late el corazón a toda prisa y me cuesta respirar. Está por aquí, en algún sitio. Me pregunto si Fleur está hablando con ella, quizá interrogándola. Me dirijo hacia mi asiento entre compañeros cuyos apellidos también empiezan con G. estoy en la segunda fila, lo que me ofrece cierto anonimato. Miro hacia atrás y veo a Wendell en las gradas, arriba del todo. Lo saludo con un gesto. Me contesta agitando tímidamente la mano. Me siento y espero.
El auditorio no tarda en llenarse y el rumor de voces nerviosas aumenta progresivamente. La primera fila de asientos ya está ocupada. Yo estoy sentada entre dos chicos de otro departamento a los que no conozco. Es evidente que son muy amigos, y hablan muy nerviosos conmigo en medio.
A las once en punto aparece el rector desde atrás del estrado, seguido por los tres vicerrectores y los profesores, todos ataviados en negro y rojo. Nos levantamos y aplaudimos a nuestro personal docente. Algunos profesores asienten y saludan con la mano, y otros parecen aburridos. El profesor Collins, mi tutor y mi profesor preferido tiene cara de recién levantado, como siempre. Al fondo del escenario están Fleur y Bellatrix. Bellatrix lleva un pantalón de oficina, ajustado y en verde olivo, una camisa entallada blanca y con pequeños detalles bordados en las mangas y su característico saco largo, negro que la hace formal y amenazante a la vez. Las luces del auditorio brillan en su cabello suelto y perfectamente arreglado. Parece muy seria y autosuficiente. No puedo apartar los ojos de ella. Está increíble. Realmente hermosa. Aprieto los labios. El público se sienta y cesan los aplausos.
—¡Mira qué mujer!—chichonea entusiasmado uno de los chicos sentados a mi lado.
—¡Está buenísima!—le contesta el otro.
Me pongo tensa. Estoy segura de que no hablan de ninguna profesora.
—Tiene que ser Bellatrix Black.
—¿Está soltera? Tiene como cuarenta años y parece de treinta.
Se me ponen los pelos de punta.
—Creo que no—murmuro.
—Oh—exclaman los chicos mirándome sorprendidos.
—Creo que es lesbiana—mascullo.
—Que desperdicio—se lamenta uno de los chicos.
Mientras el rector se levanta y da comienzo al acto con su discurso, veo que Bellatrix recorre disimuladamente la sala con la mirada. Me hundo en mi asiento y encojo los hombros para que no me vea. Fracaso estrepitosamente, porque un segundo después su mirada se cruza con la mía. Me observa con rostro impasible, totalmente inescrutable. Me remuevo incomoda en mi asiento, hipnotizada por su mirada, y me ruborizo ligeramente. De pronto recuerdo mi sueño de esta mañana y se me contraen los músculos del vientre. Respiro hondo. Sus labios esbozan una leve y efímera sonrisa. Cierra un instante los ojos y al abrirlos recupera su expresión indiferente. Lanza una rápida mirada al rector y luego fija la vista al frente, en el emblema de la universidad colgado en la entrada. No vuelve a dirigir sus ojos hacia mí. El rector, continua con su monótono discurso, y Bellatrix sigue sin verme. Mira fijamente hacia delante.
¿Por qué no me mira? ¿Habrá cambiado de idea? Me inunda una oleada de inquietud. Quizá el hecho de que me marchara anoche fue el final también para ella. Se ha aburrido de esperar a que me decida. Oh, no, quizá lo he arruinado todo. Recuerdo su e-mail de anoche. Quizá esté enojada porque no le he contestado.
De pronto la señorita, Fleur Delacour avanza por el estrado y la sala irrumpe en aplausos. El rector se sienta y Fleur se echa la bonita melena hacia atrás y coloca sus papeles en el atril. Se toma su tiempo y no se siente intimidada por el millar de personas que están mirándola. Cuando está lista, sonríe, levanta la mirada hacia la multitud fascinada y empieza su discurso con elocuencia. Está tranquila y se muestra divertida. Los chicos a mi lado no paran de babearse. Oh, Fleur Delacour tú sí que sabes pronunciar un discurso. En esos momentos estoy tan orgullosa de ella que mis dispersos pensamientos sobre Bellatrix quedan a un lado. Aunque ya he oído su discurso, lo escucho atentamente. Domina la sala y se mete al público en el bolsillo.
Su tema es "¿Qué esperar después de la facultad?". Sí, ¿qué esperar? Bellatrix mira a Fleur alzando las cejas, creo que sorprendida. Podría haber ido a entrevistarla Fleur, y ahora podría estar haciéndole proposiciones indecentes a ella. La bella Fleur y la bella Bellatrix juntas. Y yo podría estar como los dos chicos sentados a mi lado, admirándola desde la distancia. Pero sé que Fleur no le habría dado ni la hora. ¿Cómo la llamo el otro día? Repulsiva. La idea de que Fleur y Bellatrix se enfrenten me incomoda. Tengo que decir que no sé por quien de las dos apostaría.
Fleur termina su discurso con una reverencia y, espontáneamente, todo el mundo se levanta, la aplaude y la vitorea. Su primera ovación con el público de pie. Le sonrío y la aclamo, y ella me devuelve una sonrisa. Buen trabajo, Fleur. Se sienta, el publico también, y el rector se levanta y presenta a Bellatrix…Oh, dios, Bellatrix va a dar un discurso. El rector hace un breve resumen de los logros de Bellatrix: Presidenta de su extraordinariamente prospera empresa, una mujer que ha llegado donde está por sus propios méritos…
—…y también una importante benefactora de nuestra universidad. Por favor, demos la bienvenida a la señora Bellatrix Black.
El rector le estrecha la mano a Bellatrix, y la gente empieza a aplaudir. Se me hace un nudo en la garganta. Se acerca al atril y recorre la sala con la mirada. Parece tan segura de sí misma frente a nosotros. Los dos chicos sentados a mi lado se inclinan hacia adelante embelesados. De hecho, creo que la mayoría de los hombres del público, y algunas mujeres, se inclinan un poco en sus asientos. Bellatrix empieza a hablar en tono suave, mesurado y cautivador.
—Estoy profundamente agradecida y emocionada por el gran honor que me han concedido hoy las autoridades de la universidad estatal de Washington, honor que me ofrece la excepcional posibilidad de hablar del impresionante trabajo que lleva a cabo el departamento de ciencias medioambientales de la universidad. Nuestro propósito es desarrollar métodos de cultivos variables y ecológicamente sostenibles para países del tercer mundo. Nuestro objetivo último es ayudar a erradicar el hambre y la pobreza en el mundo. Mas de mil millones de personas, principalmente en el áfrica subsahariana, el sur de Asía y Latinoamérica viven en la más absoluta miseria. El mal funcionamiento de la agricultura es generalizado en estas zonas, y el resultado es la destrucción ecológica y social. Sé lo que es pasar hambre. Para mí, se trata de una travesía muy personal…
Se me desencaja la mandíbula. ¿Qué? Bellatrix ha pasado hambre. Maldita sea. Bueno, eso explica muchas cosas. Y recuerdo la entrevista. De verdad quiere alimentar al mundo. Me devano los sesos desesperadamente intentando recordar el artículo de Fleur. Fue adoptada a los cuatro años, creo. No me imagino que Druella la matara a hambre, así que debió ser antes, cuando era muy pequeña. Trago saliva y se me encoje el corazón pensando en una niñita de ojos negros hambrienta. Oh, no. ¿Qué vida tuvo antes de que los Black la adoptaran y la rescataran?
Me invada una indignación salvaje. La filantrópica Bellatrix, pobre, jodida y pervertida. Aunque estoy segura que ella no se vería a sí misma así y rechazaría todo sentimiento de lástima o piedad. De repente estalla un aplauso general y todo el mundo se levanta. Yo hago lo mismo, aunque no he escuchado la mitad de su discurso. Se dedica a esa gran labor, a dirigir una empresa enorme y al mismo tiempo a perseguirme. Resulta abrumador. Recuerdo los breves retazos de las conversaciones que he oído…ahora encaja todo. Comida.
Sonríe brevemente ante el cálido aplauso—incluso Fleur está aplaudiendo—y vuelve a su asiento. No mira en dirección a mí y yo estoy descentrada intentando asimilar toda esta nueva información sobre ella.
Un vicerrector se levanta y empieza el largo y tedioso proceso de entrega de títulos. Hay que repartir más de cuatrocientos, así que pasa más de media hasta que oigo mi nombre. Avanzo hacia el estrado entre los dos chicos, que no paran de hablar, haciendo referencias subidas de tono. Bellatrix me lanza una mirada cálida, aunque comedida.
—Felicidades, señorita Granger—me dice estrechándome la mano con suavidad. Siento la descarga de su piel con la mía—. ¿Tiene problemas con la computadora?
Frunzo el ceño mientras me entrega el título.
—No.
—Entonces, ¿no respondes mis e-mails?
—Solo vi el de las fusiones y adquisiciones.
Me mira con curiosidad.
—Luego—me dice.
Y tengo que avanzar, porque estoy obstruyendo la cola.
Vuelvo a mi asiento. ¿E-mails? Debe de haber mandado otro. ¿Qué decía?
La ceremonia concluye una hora después. Es interminable. Al final, el rector conduce a los miembros del cuerpo docente fuera del estrado, precedidos por Bellatrix y Fleur, y todo el mundo vuelve a aplaudir calurosamente. Bellatrix no me mira, aunque me gustaría que lo hiciera. La reina que llevo dentro no está nada contenta.
Mientras espero de pie para poder salir de nuestra fila de asientos, Fleur me llama. Se acerca hacia mí desde detrás del estrado.
—Bellatrix quiere hablar contigo—me grita.
Los dos chicos, que ahora están de pie a mi lado, se giran y me miran absortos.
—Me ha mandado a que te lo diga—sigue diciendo.
Oh…
—Tu discurso ha sido genial, Fleur.
—Sí, ¿verdad?—sonríe—. ¿Vienes? Puede ser muy insistente.
Pone los ojos en blanco y me río.
—Ni te lo imaginas. Pero no puedo dejar a Wendell solo mucho rato.
Levanto la mirada hacia Wendell y le indico abriendo la palma que me espere cinco minutos. Asiente, me hace un gesto con la mano y sigo a Fleur hasta el pasillo detrás del estrado. Bellatrix está hablando con el rector y con dos profesores. Levanta los ojos al verme.
—Discúlpenme, señores—le oigo murmurar.
Viene hacia mí y sonríe brevemente a Fleur.
—Gracias—le dice.
Y antes de que Fleur pueda responder me toma del brazo y me lleva a lo que parece un vestuario. Comprueba que está vacío y cierra la puerta con pestillo.
Maldita sea, ¿qué se propone? Parpadeo cuando gira hacia mí.
—¿Por qué no me has mandado un e-mail? ¿O un mensaje al teléfono celular?
Me mira furiosa. Yo estoy desconcertada.
—Hoy no he mirado ni la computadora ni el teléfono.
Maldición, ¿ha estado llamándome? Pruebo con la táctica de distracción que tan bien me funciona con Fleur.
—Tu discurso ha estado muy bien. Y estás realmente hermosa.
—Gracias.
—Ahora entiendo tus problemas con la comida—agrego.
Suspira, muy nerviosa.
—Hermione, no quiero hablar de eso ahora.—cierra los ojos y parece afligida—. Estaba preocupada por ti.
—¿Preocupada? ¿Por qué?
—Porque volviste a casa en esa trampa mortal a la que tu llamas coche.
—¿Qué? No es ninguna trampa mortal. Está perfectamente. Harry suele hacerle la revisión.
—¿Harry, el fotógrafo?
Bellatrix arruga la frente y se le hiela la expresión. Maldición.
—Sí, el Fiat era de su madre.
—Sí, y seguramente también de su abuela y de su bisabuela. No es un coche seguro.
—Lo tengo desde hace más de tres años. Siento que te hayas preocupado.
Está exagerando demasiado.
Respira hondo.
—Hermione, necesito una respuesta. La espera está volviéndome loca.
—Bellatrix…mira, he dejado a mi padrastro solo.
—Mañana. Quiero una respuesta mañana.
—De acuerdo, mañana. Ya te diré algo.
Retrocede y me mira más calmada. Con los hombros relajados.
—¿Te quedas a tomar algo?—me pregunta.
—No sé qué quiere hacer Wendell.
—¿Tu padrastro? Me gustaría conocerlo.
Oh, no…¿Por qué?
—Creo que no es buena idea.
Bellatrix abre el pestillo de la puerta muy seria.
—¿Te avergüenzas de mí?
—¡No!—. Ahora me toca a mí desesperarme—. ¿Y cómo te presento a mi padre? ¿Esta es la mujer que me ha desvirgado y que quiere mantener conmigo una relación sado masoquista? ¡Ah…por cierto…papá, me gustan las mujeres!
Bellatrix me mira y sus labios esbozan una sonrisa. Y aunque estoy enojada con ella, involuntariamente mi cara se la devuelve.
—Para que lo sepas, para mi madre también fue toda una sorpresa. Y eso que te doblo en edad, Hermione. Dile que soy una amiga.
Abre la puerta y sale. La cabeza me da vueltas. El rector, los tres vicerrectores, cuatro profesores y Fleur se me quedan mirando cuando paso a toda prisa por delante de ellos. Maldición. Dejo a Bellatrix con los profesores y voy a buscar a Wendell.
"Dile que soy una amiga".
Amiga con derecho a roce me dice con mala cara la voz de mi consciencia. Lo sé, lo sé. Me quito de encima el desagradable pensamiento. ¿Cómo voy a presentársela a Wendell? No es como si pudiera decirle que es una compañera de clase…por supuesto, no dan las edades.
La sala sigue todavía media llena, y Wendell no se ha movido de su sitio. Me ve, me hace un gesto con la mano y empieza a bajar.
—Hermione, felicidades—me dice pasándome el brazo por los hombros.
—¿Quieres venir a tomar algo a la carpa?
—Claro. Hoy es tu día. Vamos.
—No tenemos que ir si no quieres.
Por favor, di que no…
—Hermione, he estado dos horas y media sentado, escuchando todo tipo de parloteos. Necesito una copa.
Lo tomo del brazo y avanzamos entre la multitud a través de la cálida tarde. Pasamos junto a la cola del fotógrafo oficial.
—Ah, lo olvidaba…—Wendell saca una cámara digital del bolsillo—. Una foto para el álbum, Hermione.
Pongo los ojos en blanco mientras me saca una foto.
—¿Puedo quitarme ya la toga y el birrete? Me siento media tonta.
Eres media tonta…la voz de mi consciencia está de lo más sarcástica. Así que vas a presentar a Wendell a la mujer con la que te acuestas…estará muy orgulloso. Me observa por encima de sus anteojos de media luna. A veces la odio.
La carpa es inmensa y está lleno de gente: Alumnos, padres, profesores y amigos, todos charlando alegremente. Wendell me pasa una copa de champagne, o de vino espumoso barato, me temo. No está frío y es bastante dulzón. Pienso en Bellatrix…no va a gustarle.
—¡Hermione!
Al girarme, Gabrielle Delacour me agarra de improviso entre sus brazos. Me levanta y me da vueltas en el aire sin que se me derrame el vino. Toda una proeza. Esa chica es increíble. Tiene tres años menos que yo y su estatura y físico me supera ampliamente.
—¡Felicidades!—exclama sonriéndome, con un destello en sus ojos azules.
Qué sorpresa. Su pelo rubio y brillante se mueve con ella. Está increíblemente sexy. Es tan atractiva como Fleur. El parecido es innegable.
—¡Wow, Gabrielle! Qué alegría verte. Luces increíble. Papá, esta es Gabrielle, la hermana de Fleur. Gabrielle, te presento a mi padre, Wendell Granger.
Se saludan con un beso en la mejilla.
—¿Cuándo has llegado de Europa?—le pregunto.
—Hace una semana, pero quería darle una sorpresa a mi hermana—me dice en tono de complicidad.
—Que detalle—le digo sonriente.
—Era la que iba a pronunciar el discurso de graduación. No podía perdérmelo.
Parece inmensamente orgullosa de su hermana.
—Su discurso ha sido genial.
—Es verdad—confirma Wendell.
Gabrielle me tiene abrazada por los hombros, cuando levanto la mirada me encuentro con los gélidos ojos negros de Bellatrix Black. Fleur está a su lado.
—Hola, Wendell.—Fleur besa en la mejilla a mi padre, que se ruboriza—. ¿Conoces a la novia de Hermione? Bellatrix Black.
Maldita sea… ¡Fleur! ¡Maldición! Me arden las mejillas.
—Señor Granger, encantada de conocerlo—dice Bellatrix tranquilamente, con calidez, sin alterarse en lo más mínimo por la presentación de Fleur.
Por un momento, Wendell parece perdido y desorientado. Pero al instante parece recomponerse y le tiende su mano con educación.
Muchas gracias, Fleur Delacour, pienso echando chispas. Creo que la voz de mi consciencia se ha desmayado.
—Señora Black—murmura Wendell. Su expresión es indescifrable. Solo abre un poco más de lo normal sus grandes ojos castaños, que se giran hacia mí como preguntándome cuando pensaba decirle la noticia. Me muerdo el labio.
—Esta es mi hermana, Gabrielle Delacour—dice Fleur a Bellatrix.
Ella dirige su gélida mirada hacia Gabrielle que sigue agarrándome por los hombros.
—Señorita Delacour.
Se saludan. Bellatrix me tiende la mano.
—Hermione, cariño—murmura.
Casi me muero al oírlo.
Me aparto de Gabrielle, a la que Bellatrix dedica una sonrisa glacial, y me coloco a su lado. Fleur me sonríe. La muy zorra sabe perfectamente lo que está haciendo. No es noticia para nadie las preferencias sexuales de Gabrielle Delacour, y por la escena que acabo de presenciar, para Bellatrix mucho menos. A tomado una postura increíblemente posesiva… ¿se ha puesto celosa?
—Gabrielle, mamá y papá quieren hablar con nosotras—dice Fleur llevándose a su hermana.
—¿Desde cuándo se conocen?—pregunta Wendell mirando impasible primero a Bellatrix y luego a mí. Parece nervioso, pero por suerte, no escandalizado ni mortificado por enterarse que su hija sale con una mujer…una mujer veinte años mayor que ella.
He perdido la capacidad de hablar. Quiero que me trague la tierra. Bellatrix me roza la espalda desnuda con el pulgar y luego deja la mano apoyada en mi hombro.
—Unas dos semanas—dice en tono tranquilo—. Nos conocimos cuando Hermione vino a entrevistarme para la revista de la facultad.
—No sabía que trabajabas para la revista de la facultad, Hermione.
El tono de Wendell es de ligero reproche. Es evidente que está molesto. Maldición.
—Fleur estaba enferma—murmuro.
No logro decir nada más.
—Su discurso a estado muy bien, señora Black.
—Gracias. Tengo entendido que es usted un entusiasta de la pesca.
¿Qué? ¿Bellatrix sabe de pesca? Desde luego, no debería sorprenderme.
Wendell alza la ceja y esboza una sonrisa poco habitual, autentica. Y de pronto se ponen a hablar de pesca, barcos y viajes. De hecho, enseguida siento que sobro. Se ha metido a mi padre en el bolsillo…como hizo contigo, me suelta la voz de mi consciencia. Su poder no tiene límites. Me disculpo y voy a buscar a Fleur.
Fleur está hablando con sus padres, que están encantados de verme, como siempre, y me saludan con cariño. Intercambiamos varias frases de cortesía, sobre todo acerca de sus próximas vacaciones a Barbados y nuestro traslado.
—Fleur, ¿Cómo has podido decir eso delante de Wendell?—le pregunto entre dientes en la primera ocasión en que nadie puede oírnos.
—Porque sabía que tú no lo harías jamás. No entiendo que tienes que ocultar. Te gusta una mujer, pero no cualquier mujer. Una millonaria, sexy y poderosa empresaria…El que esté de acuerdo, bien y el que no…que se aguante—dijo con decisión y completamente convencida de sus palabras.
—Voy a matarte. Me hubiera gustado contárselo yo.
—Lo siento—se disculpa arrugando la nariz—. Quise darte también una mano con los problemas de compromiso de Bellatrix—me dice sonriendo con dulzura.
Frunzo el ceño. ¡Soy yo la que no va a comprometerse con ella!
—Es toda una señora, ¿te has dado cuenta? Se ha quedado tan tranquila, Hermione. No te preocupes. Mírala…Bellatrix no aparta la mirada de ti.
Me giro y veo que Wendell y Bellatrix están mirándome.
—No te ha quitado los ojos de encima.
—Será mejor que vaya a rescatar a Wendell, o a Bellatrix. No sé a cuál de los dos. Esto no va a quedar así Fleur Delacour.
—Hermione, te he hecho un favor—me dice cuando ya he dado la vuelta.
—Hola—los saludo a los dos con una sonrisa.
Diría que todo va bien. Bellatrix está sonriendo por alguna broma entre ellos, y mi padre parece increíblemente relajado para estar socializando. ¿De qué han hablado, aparte de pesca, barcos y viajes?
—Hermione, ¿Dónde puedo encontrar el baño?—me pregunta Wendell.
—Al fondo a la izquierda.
—Vuelvo enseguida. Diviértanse.
Wendell se aleja. Miro nerviosa a Bellatrix. Nos quedamos un momento quietas mientras un fotógrafo nos saca una foto.
—Gracias, señora Black.
El fotógrafo se escabulle a toda prisa. El flash me ha dejado parpadeando.
—Así que también has cautivado a mi padre…
—¿También?
Le arden los ojos y alza una ceja interrogante. Me ruborizo. Levanta una mano y me acaricia la mejilla.
—Ojalá supiera lo que estás pensando, Hermione—susurra en tono turbador.
Me coloca la mano en la barbilla y me levanta la cara. Nos miramos fijamente a los ojos.
Se me dispara en corazón. ¿Cómo puede tener ese efecto sobre mí, incluso en esta carpa llena de gente?
—Ahora mismo estoy pensando: Bonita camisa escotada—le digo.
Se ríe.
—Osada, y no hablo de mi camisa.
Me arden las mejillas.
—Estás muy linda, Hermione. Este vestido con la espalda descubierta te queda muy bien. Me dan ganas de acariciarte la espalda y sentir tu hermosa piel.
De pronto es como si estuviéramos solas. Solas…ella y yo. Se me altera todo el cuerpo, me hormiguean todas las terminaciones nerviosas, y la electricidad que se crea entre nosotras me empuja hacia ella.
—Sabes que irá bien, ¿verdad?—me susurra.
Cierro los ojos y me derrito por dentro.
—Pero quiero más—le contesto en voz baja.
—¿Más?
Me mira desconcertada y sus ojos se vuelven impenetrables. Asiento y trago saliva. Ahora ya lo sabe.
—Más—repite en voz baja, como si estuviera sopesando la palabra, una palabra corta y sencilla, pero demasiado cargada de promesas. Me pasa el pulgar por el labio inferior—. Quieres flores y corazones.
Vuelvo a asentir. Pestañea y observo en sus ojos su lucha interna.
—Hermione—me dice en tono dulce—, no sé mucho de ese tema.
—Yo tampoco.
Sonríe ligeramente.
—Tú no sabes mucho de nada—murmura.
—Tú sabes todo lo malo.
—¿Lo malo? Para mí no lo es—me contesta moviendo la cabeza, y parece sincera—. Pruébalo—me susurra.
Me desafía. Ladea la cabeza y esboza su deslumbrante sonrisa de medio lado.
Respiro hondo. Soy Eva en el edén, y ella la serpiente. No puedo resistirme.
—De acuerdo—susurro.
—¿Qué?
Me observa muy atenta. Trago saliva.
—De acuerdo. Lo intentaré.
—¿Estás de acuerdo?
Es evidente que no termina de creérselo.
—Dentro de los límites tolerables, sí lo intentaré.
Hablo en voz muy baja. Bellatrix cierra los ojos y me abraza.
—Hermione, eres imprevisible. Me dejas sin aliento.
Da un paso atrás y de pronto Wendell ya está de vuelta. El ruido en la carpa aumenta progresivamente y me invaden los oídos. No estamos solas. Dios mío, acabo de aceptar ser su sumisa. Bellatrix sonríe a Wendell con la alegría danzando en sus ojos.
—Hermione, ¿vamos a comer algo?
—Vamos.
Giño un ojo a Wendell intentando recuperar la serenidad. ¿Qué has hecho?, me grita la voz de mi consciencia. La reina que llevo dentro da volteretas dignas de una gimnasta olímpica.
—Bellatrix, ¿quieres venir con nosotros?—le pregunta Wendell.
¡Bellatrix! La miro suplicándole que no venga. Necesito espacio para pensar…¿qué demonios he hecho?
—Gracias, señor Granger, pero tengo planes. Encantada de conocerlo.
—Lo mismo digo—le contesta Wendell—. Cuídela.
—Esa es mi intención.
Se saludan con educación. Estoy mareada. Wendell no tiene ni idea de cómo va a cuidarme Bellatrix. Esta llama mi atención un momento para despedirse.
—Nos vemos luego, señorita Granger—me dice en un tono lleno de promesas.
Se me encoje el estomago al pensarlo. ¿Podré esperar?
Wendell me toma del brazo y nos dirigimos a la salida de la carpa.
—Parece una señora muy formal. Y adinerada. No lo has hecho tan mal, Hermione. Aunque no entiendo porque he tenido que enterarme por Fleur…¿Acaso te daba vergüenza decírmelo? Soy tu padre, siempre estaré de tu lado.
Me encojo de hombros a modo de disculpa.
—Bueno—dice—, cualquier mujer que le guste pescar a mí me parece fantástico—y se ríe con ganas.
¡Dioses!, Wendell la ha aceptado sin dramas. Si él supiera…
Al anochecer, Wendell me lleva a casa.
—Llama a tú madre. Tienes que contárselo—me dice.
—Lo haré. Gracias por venir, papá.
—No me lo habría perdido por nada del mundo, Hermione. Estoy muy orgulloso de ti.
Oh, no. No voy a emocionarme ahora…se me hace un nudo en la garganta y lo abrazo muy fuerte. Me rodea con sus brazos, perplejo, y entonces no puedo evitarlo. Se me saltan las lágrimas.
—Oye, Hermione, cariño—me dice Wendell—. Ha sido un gran día, ¿verdad? ¿Quieres que entre y te prepare un té?
Aunque tengo los ojos llenos de lágrimas, me río. Para Wendell, el té siempre es la solución. Recuerdo a mi madre quejándose de él, diciendo que cuando se trataba de consolar a alguien con un té, el té siempre lo hacía muy bien pero el consuelo no tanto.
—No, papá, estoy bien. Me he alegrado mucho de verte. En cuanto me instale en Seattle, iré a verte.
—Suerte con las entrevistas. Ya me contarás como te van.
—Claro, papá.
—Te quiero, Hermione.
—Yo también te quiero, papá.
Me sonríe con ojos cálidos y brillantes, y se mete en el coche. Le digo adiós con la mano mientras se adentra en la oscuridad y luego entro lánguidamente en casa.
Lo primero que hago es mirar el celular. No tiene batería, así que tengo que ir a buscar el cargador y enchufarlo antes de ver los mensajes. Cuatro llamadas perdidas, dos mensajes en el contestador y dos mensajes de texto. Tres llamadas perdidas de Bellatrix…sin mensajes en el contestador. Una llamada perdida de Harry, y su voz deseándome lo mejor en la ceremonia de graduación.
Abro los mensajes de texto.
"¿Has llegado bien?"
"Llámame"
Los dos son de Bellatrix. ¿Por qué no me llamó a casa? Voy a mi habitación y enciendo el cacharro infernal.
De: Bellatrix Black
Fecha: 25 de mayo de 2011 23:58
Para: Hermione Granger
Asunto: Esta noche
Espero que hayas llegado bien a casa en ese coche tuyo.
Dime si estás bien.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
Dios…¿Por qué le preocupa tanto mi Fiat 600? Me ha servido lealmente tres años, y Harry siempre me ha ayudado a ponerlo a punto. El siguiente e-mail de Bellatrix es de hoy.
De: Bellatrix Black
Fecha: 26 de mayo de 2011 17:22
Para: Hermione Granger
Asunto: Límites tolerables
¿Qué puedo decir que no haya dicho ya? Encantada de comentarlo contigo cuando quieras.
Hoy estabas muy guapa.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
Quiero verla, así que pulso "responder"
De: Hermione Granger
Fecha: 26 de mayo de 2011 19:23
Para: Bellatrix Black
Asunto: Límites tolerables
Si quieres, puedo ir a verte esta noche y lo comentamos.
Hermione
De: Bellatrix Black
Fecha: 26 de mayo de 2011 19:27
Para: Hermione Granger
Asunto: Límites tolerables
Voy yo a tu casa. Cuando te dije que no me gustaba que condujeras ese coche, lo decía enserio.
Nos vemos enseguida.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
Maldita sea…viene hacia aquí. Tengo que prepararle una cosa. Las primeras ediciones de los libros de Thomas Hardy siguen en la estantería del comedor. No puedo aceptarlas. Envuelvo los libros en papel de embalar y escribo una cita de Tess:
Acepto las condiciones, ángel, porque tú sabes mejor cual tiene que ser mi castigo. Lo único que te pido es…que no sea más duro de lo que pueda soportar.
Nuevo capítulo! Pasó de todo. Hermione se graduó, El padrastro se entero de Bellatrix y por fin…en un arrebato del momento, aceptó ser su sumisa. Veremos como sigue. Recuerden, cuantos más favoritos y seguidores tenga, más posibilidades de que continúe con el segundo libro…vamos chicas/os intentemos "por lo menos" llegar a cincuenta.
Como siempre, comenten y abrazos.
Fantotal: Volví con otro capítulo. Hermione aceptó.
Kari: Me alegra mucho que te guste la adaptación que estoy haciendo. A Bellatrix le queda estupendo el papel de millonaria sádica, jaja.
Saori-san02: Uf…y sí, aceptó. Hermione no pudo resistirse más. Bellatrix en plan dulce y suave puede ser muy persuasiva. Bs.
