Capítulo 19

Unos labios tiernos me acarician la sien, dejando un reguero de besitos a su paso, y en el fondo quiero volverme y responder, pero sobre todo quiero seguir dormida. Gimo y me hundo en la almohada.

—Hermione, despierta—me dice Bellatrix con voz baja, salmera.

—No—gimoteo.

—En media hora tenemos que irnos a cenar a casa de mis padres—añade divertida.

Abro los ojos a regañadientes. Afuera ya es de noche. Bellatrix está inclinada sobre mí, mirándome fijamente.

—Vamos, bella durmiente. Levántate. —Se agacha y me besa de nuevo—. Te he traído algo de beber. Estaré abajo. No vuelvas a dormirte o te meterás en un lío—me amenaza, pero en tono moderado.

Me da otro beso, se va, y me deja intentando abrir del todo los ojos en la fría y oscura habitación.

Estoy despejada, pero de pronto me pongo nerviosa. Madre mía. ¡Voy a conocer a sus padres! Hace nada me estaba atizando con una fusta y me tenía atada con unas bridas para cables que yo misma le vendí, por todos los cielos y ahora voy a conocer a sus padres. Será la primera vez que Fleur los vea también; al menos ella estará allí…que alivio. Giro los hombros. Los tengo rígidos. Su insistencia en que tenga un entrenador personal ya no me parece tan disparatada; de hecho, va a ser imprescindible si quiero albergar la menor esperanza de seguir su ritmo.

Salgo despacio de la cama y observo que mi vestido cuelga fuera del armario y mi corpiño está en la silla. ¿Donde tengo mis bragas? Miro debajo de la silla. Nada. Entonces me acuerdo de que se las quedó como trofeo. El recuerdo me ruboriza: Después de que ella…me cuesta incluso pensar en ello, de que ella fuera tan… perfecta. Frunzo el ceño. ¿Por qué no me ha devuelto las bragas?

Me meto en el baño, desconcertada por la ausencia de ropa interior. Mientras me seco después de una gozosa, pero brevísima ducha, caigo en la cuenta de que lo ha hecho a propósito. Quiere que pase vergüenza por tener que pedirle que me devuelva las bragas, y poder decirme que sí o que no. La reina que llevo dentro me sonríe. Dioses…yo también puedo jugar a ese juego. Decido en ese mismo instante que no se las voy a pedir, que no voy a darle esa satisfacción; iré a conocer a sus padres sin nada debajo. ¡Hermione Granger!, me reprende la voz de mi consciencia, pero no le hago ni caso; casi me abrazo de alegría porque sé que eso la va a volver loca.

De nuevo en el dormitorio, me pongo el corpiño, me pongo el vestido y me calzo mis zapatos. Me deshago la trenza y me cepillo el pelo rápidamente, luego le echo un vistazo a la bebida que me ha traido. Es de color rosa palido. ¿Qué será? Jugo de arandanos con gaseosa. Mmm…está deliciosa y sacia mi sed.

Vuelvo corriendo al baño y me miro en el espejo: Ojos brillantes, mejillas lijeramente sonrosadas, sonrisa algo picara por mi plan de las bragas. Me dirijo abajo. Quince minutos. No esta nada mal, Hermione.

Bellatrix esta de pie delante del ventanal, vestida con eso pantalones de gaza negra que me encantan, esos que le caen de una forma tan increiblenente sexy, y, por supuesto, una camisa entallada y escotada en color gris claro y con botones perlados. ¡Dioses! ¿Por qué es tan jodidamente perfecta? Se da vuelta y me sonríe cuando entro. Me mira expectante.

—Hola—digo en voz baja, y mi sonrisa se encuentra con la suya.

—Hola—contesta—. ¿Cómo estás?

Le brillan los ojos de regocijo.

—Bien, gracias. ¿Y tú?

—Fenomenal, señorita Granger.

Es obvio que espera que le diga algo.

Me mira arqueando las cejas, pensativa.

Se acerca a mí como una pantera hasta que la tengo delante, con una mirada tan intensa que me deja sin aliento.

Bellatrix pasea despacio la yema de los dedos por mi mejilla, y la sensación me recorre el cuerpo entero hasta llegar ahí abajo.

—Baila conmigo—susurra con voz ronca.

Se saca el mando del bolsillo, sube el volumen del equipo de música y me tiende la mano, sus ojos negros prometedores, apasionados, intensos. Es absolutamente cautivadora, y me tiene embrujada. Poso mi mano en la suya. Me dedica una sonrisa indolente y me atrae hacia ella, pasándome la mano por la cintura.

Le pongo la mano libre en el hombro y le sonrío, contagiada con su ánimo juguetón. Empieza a mecerse, y allá vamos. Wow, sí que baila bien. Recorremos el salón entero, del ventanal a la cocina y vuelta al salón, girando y cambiando de rumbo al ritmo de la suave melodía. Me resulta tan fácil seguirla…

Nos dezlizamos alrededor de la mesa del comedor hasta el piano, adelante y atrás frente a la pared de cristal, con Seattle sentellando allá fuera, como el fondo oscuro y mágico de nuestro baile. No puedo controlar mi sonrisa alegre. Cuando la canción termina, me sonríe.

—No hay bruja mas linda que tú—murmura, y me da un tierno beso—. Esto ha devuelto el color a mis mejillas, señorita Granger. Gracias por el baile. ¿Vamos a conocer a mis padres?

—De nada, y sí, estoy impaciente por conocerlos—contesto sin aliento.

—¿Tienes todo lo que necesitas?

—Sí, sí—respondo con dulzura.

—¿Estás segura?

Asiento con todo el desenfado del que soy capaz bajo su intenso y risueño escrutinio. Se dibuja en su rostro una enorme sonrisa y niega con la cabeza.

—Muy bien. Si así es como quiere jugar, señorita Granger…

Me toma de la mano, recoge su tapado, y me conduce por el vestíbulo hasta el ascensor. Ah, las múltiples caras de Bellatrix Black… ¿Seré algún día capaz de entender a esta mujer tan voluble?

La miro de reojo en el ascensor. Algo le hace gracia: un esbozo de sonrisa coquetea en su preciosa boca. Temo que sea a mi costa. ¿Cómo se me ha ocurrido? Voy a ver a sus padres y no llevo ropa interior. La voz de mi consciencia me pone una inútil cara de "te lo dije". En la relativa seguridad de su casa me parecía una idea divertida, provocadora. Ahora casi estoy en la calle… ¡Sin bragas! Me mira de reojo, y ahí está, la corriente creciendo entre las dos. Desaparece la expresión risueña de su rostro y su semblante se nubla, sus ojos se oscurecen aun más…oh, dioses.

Las puertas del ascensor se abren en la planta baja. Bellatrix menea a penas la cabeza, como para liberarse de sus pensamientos y, me sede el paso.

Severus se acerca al Audi grande. Bellatrix abre la puerta de atrás y yo entro con toda la elegancia de la que soy capaz teniendo en cuenta que voy sin bragas como una cualquiera. Doy gracias porque el vestido de Fleur sea tan ajustado y me llegue hasta las rodillas.

Tomamos la interestatal cinco a toda velocidad, las dos en silencio, sin duda cohibida por la presencia de Severus en el asiento del conductor. El estado de ánimo de Bellatrix es casi tangible y parece cambiar; su buen humor se disipa poco a poco cuando tomamos rumbo al norte. La veo pensativa, mirando por la ventanilla, y soy consciente de que se aleja de mí. ¿Qué estaba pensando? No se lo puedo preguntar. ¿Qué puedo decir delante de Severus?

— ¿Dónde has aprendido a bailar?—inquiero tímidamente.

Se vuelve a mirarme, su expresión es indescifrable bajo la luz intermitente de las farolas que vamos dejando atrás.

—¿En serio quieres saberlo?—responde en voz baja.

Se me cae el alma a los pies. Ya no quiero saberlo, porque me lo puedo imaginar.

—Sí—susurro a regañadientes.

—A… ¿cómo la llamas?...Sí, la emperatriz. A ella le gustaba bailar.

No, mis peores sospechas se confirman. Ella le enseñó, y la idea me deprime: Yo no puedo enseñarle nada. No tengo ninguna habilidad especial.

—Debía de ser muy buena maestra.

—Lo era.

Siento que me pica el cuero cabelludo. ¿Se llevó lo mejor de ella? ¿Antes de que se volviera tan cerrada? ¿O consiguió sacarla de su ostracismo? Tiene un lado tan divertido y travieso…sonrío sin querer al recordarme en sus brazos mientras me guiaba dando vueltas por el salón, tan inesperadamente, con mis bragas guardadas en algún sitio.

Y luego está el cuarto rojo del dolor. Me froto las muñecas pensativa…es el resultado de que te hayan atado las manos con una fina cinta de platico. Ella también le enseñó todo eso, o la estropeó, depende del punto de vista. O quizá habría llegado a ser como es a pesar de la Emperatriz. En ese instante me doy cuenta de que la odio. Espero no conocerla nunca, porque, de hacerlo, no soy responsable de mis actos. No recuerdo haber sentido nunca semejante animadversión por nadie, y menos por alguien a quién no conozco. Mirando sin ver por la ventanilla, alimento mi rabia y mis celos irracionales.

Mi pensamiento vuelve a centrarse en esta tarde. Teniendo en cuenta cuales creo que son sus preferecias, me parece que ha sido benévola conmigo. ¿Estaría dispuesta a hacerlo otra vez? No voy a fingir remilgos que no siento. Pero claro que lo haría, si ella me lo pidiera…siempre que no me haga daño y sea la única forma de estar con ella.

Eso es lo importante. Quiero estar con ella. La reina que llevo dentro suspira de alivio. Llego a la conclusión de que rara vez usa la cabeza para pensar, sino mas bien otra parte esencial de su anatomía, que últimamente anda bastante expuesta.

—No lo hagas—murmura.

Frunzo el ceño y me vuelvo hacia ella.

—¿Qué no haga qué?

No la he tocado.

—No le des tantas vueltas a las cosas, Hermione. —Alarga el brazo, me toma de la mano, se lleva a los labios y me besa los nudillos con suavidad—. Lo he pasado estupendamente esta tarde. Gracias.

Y ya ha vuelto a mí otra vez. La miro extrañada y sonrío tímidamente. Me confunde. Le pregunto algo que me ha estado intrigando.

—¿Por qué has usado una brida?

Me sonríe.

—Es rápido, es fácil y es una sensación y una experiencia distinta para ti. Sé que parece bastante brutal, pero me gusta que las sujeciones sean así. —sonríe levemente—. De lo más eficaces para evitar que te mueras.

Me sonrojo y miro nerviosa a Severus, que se muestra impasible, con los ojos en la carretera. ¿Qué se supone que debo decir a eso? Bellatrix se encoje de hombros con gesto inocente.

—Forma parte de mi mundo, Hermione.

Me aprieta la mano, me suelta, y vuelve a mirar por la ventana. Su mundo, claro, al que yo quiero pertenecer, pero ¿con sus condiciones? Pues no lo sé. No ha vuelto a mencionar ese maldito contrato. Mis reflexiones intimas no me animan mucho. Miro la ventanilla y el paisaje ha cambiado. Cruzamos uno de los puentes, rodeados de una profunda oscuridad. La noche sombría refleja mi estado de ánimo introspectivo, cercándome, asfixiándome. Miro un instante a Bellatrix, y veo que me está mirando.

—¿Un dólar por tus pensamientos?—dice.

Suspiro y frunzo el ceño.

—¿Tan malos son?—añade.

—Ojalá supiera lo que piensas tú.

Sonríe.

—Lo mismo digo—susurra mientras Severus nos adentra a toda velocidad en la noche.

Son casi las ocho cuando el Audi gira por el camino de entrada a una gran mansión de estilo colonial. Impresionante hasta por las rosas que rodean la puerta. De libro ilustrado.

—¿Estás preparada para esto?—me pregunta Bellatrix mientras Severus se detiene delante de la imponente puerta principal.

Asiento con la cabeza y ella me aprieta la mano otra vez para tranquilizarme.

—También es la primera vez para mí—susurra, y sonríe maliciosamente—. A puesto a que ahora te gustaría llevar tu ropita interior—dice, provocadora.

Me ruborizo. Me había olvidado de que no llevaba bragas. Por suerte Severus ha salido del coche para abrirme la puerta y no ha podido oír nada de esto. Miro ceñuda a Bellatrix, que sonríe de oreja a oreja mientras yo giro y salgo del coche.

La señora Druella Rosier-Black nos espera en la puerta. Lleva un vestido de seda azul claro que le da un aire elegante y sofisticado. Detrás de ella está el señor Black, supongo, alto, y tan guapo como de esperarse.

—Hermione, ya conoces a mi madre, Druella. Este es mi padre, Cygnus.

—Señor Black, es un placer conocerlo.

Sonrío y le estrecho la mano que me tiende.

—El placer es mío, Hermione.

Sus ojos oscuros se asemejan a los de Bellatrix.

—Hermione, cuanto me alegro de volver a verte. —Druella me envuelve en un cálido abrazo—. Pasa, querida.

—¿Ya ha llegado?—oigo gritar desde dentro de la casa.

Miro nerviosa a Bellatrix.

—Esa es Narcissa, mi hermana pequeña—dice en tono casi irritada, pero no lo suficiente.

Cierto afecto subyace bajo sus palabras; se le suaviza la voz y le chispean los ojos al pronunciar su nombre. Es obvio que Bellatrix la adora. Un gran descubrimiento. Y ella llega arrasando por el pasillo, con su pelo rubio resplandeciente, alta y esplendida. Debe ser un poco mayor que yo.

—¡Hermione! He oído hablar tanto de ti…

Me abraza fuerte.

Madre mía. No puedo evitar sonreír ante su desbordante entusiasmo.

—Bellatrix—murmuro mientras me arrastra al enorme vestíbulo.

Todos son pisos de maderas nobles y alfombras antiquísimas, con una escalera de caracol que lleva al segundo piso.

—Bellatrix nunca ha traído a una chica a casa—dice Narcissa, y sus ojos brillan de emoción.

Al ver que Bellatrix pone los ojos en blanco, arquea una ceja. Ella me mira risueña.

—Narcissa, cálmate—la reprende Cygnus discretamente—. Hola, cariño—dice mientras besa a Bellatrix en ambas mejillas.

Ella le sonríe. Nos dirigimos todos al salón. Narcissa no me ha soltado la mano. La estancia es espaciosa, decorada con gusto en tonos crema, gris y verde claro, cómoda y discreta y con mucho estilo. Fleur y Sirius están acurrucados en el sofá, con sendas compas de champagne en la mano. Fleur se levanta como un resorte para abrazarme y Narcissa por fin me suelta la mano.

—¡Hola, Hermione!—sonríe—. Bellatrix. —la saluda con un gesto cortes de cabeza.

—Fleur. —Bellatrix la saluda igual de formal.

Frunzo el ceño ante este intercambio. Sirius me abraza con efusión. ¿Qué es esto, "la semana de abrazar a Hermione"? No estoy acostumbrada a semejante despliegue de afecto. Bellatrix se sitúa a mi lado y me pasa el brazo por la cintura. Me pone la mano en la cadera y, extendiendo los dedos, me atrae hacia sí. Todos nos miran. Me incomoda.

—¿Algo de beber?—el señor Black parece recuperarse—. Pregunta.

—Por favor—decimos Bellatrix y yo al unísono.

Uf…que raro ha quedado esto. Narcissa aplaude.

—Pero si hasta dicen las mismas cosas. Ya voy yo.

Y sale disparada de la habitación.

Me ruborizo y, al ver a Fleur sentada con Sirius, se me ocurre de pronto que la única razón por la que Bellatrix me ha invitado es porque Fleur está aquí. Probablemente Sirius le preguntó a Fleur con ilusión y naturalidad si quería conocer a sus padres. Bellatrix se vio atrapada, consciente de que me enteraría por Fleur. La idea me enfurece. Se ha visto obligada a invitarme. El pensamiento me resulta triste y deprimente. La voz de mi conciencia asiente, sabía, con cara de "por fin te has dado cuenta, tonta".

—La cena está casi lista—dice Druella saliendo de la habitación detrás de Narcissa.

Bellatrix me mira y frunce el ceño.

—Siéntate—me ordena señalando el sofá mullido, y yo hago lo que me pide y cruzo con cuidado las piernas.

Ella se sienta a mi lado pero no me toca.

—Estábamos hablando de las vacaciones, Hermione—me dice amablemente el señor Black—. Sirius ha decidido irse con Fleur y con su familia a Barbados una semana.

Miro a Fleur y ella sonríe, con los ojos brillantes y muy abiertos. Está encantada. ¡Fleur Delacour, muestra algo de dignidad!

—¿Te tomarás tú un tiempo de descanso ahora que has terminado los estudios?—me pregunta el señor Black.

—Estoy pensando en irme unos días e Georgia—respondo.

Bellatrix me mira boquiabierta, parpadeando un par de veces, con una expresión indescifrable. Oh, maldición. Esto no se lo había mencionado.

—¿A Georgia?—murmura.

—Mi madre vive allí y hace tiempo que no la veo.

—¿Cuándo pensabas irte?—pregunta con voz grave.

—Mañana, a última hora de la tarde.

Narcissa vuelve al salón y nos ofrece sendas copas de champagne llenas de prosecco de color rosa pálido.

—¡Salud!

El señor Black alza su copa.

—¿Cuánto tiempo?—pregunta Bellatrix en voz asombrosamente baja.

Maldita sea…Se ha enojado.

—Aun no lo sé. Dependerá de cómo vayan mis entrevistas de mañana.

Bellatrix aprieta los dientes y Fleur pone esa cara suya de me meto en todo y me sonríe.

—Hermione se merece un descanso—le suelta sin rodeos a Bellatrix.

¿Por qué se muestra tan hostil con ella? ¿Qué problema tiene?

—¿Tienes entrevistas?—me pregunta el señor Black.

—Sí, mañana, para un puesto de Becaria en dos editoriales.

—Te deseo toda la suerte del mundo.

—La cena está lista—anuncia Druella.

Nos levantamos todos. Fleur y Sirius salen de la habitación detrás del señor Black y de Narcissa. Yo me dispongo a seguirlos, pero Bellatrix me agarra de la mano y me para en seco.

—¿Cuándo pensabas decirme que te marchabas?—inquiere con urgencia.

Lo hace en voz baja, pero está disimulando su enfado.

—No me marcho, voy a ver a mi madre y solamente estaba valorando la posibilidad.

—¿Y qué pasa con nuestro contrato?

—Aun no tenemos ningún contrato.

Frunce los ojos y entonces parece recordar. Me suelta la mano y, sujetándome por el codo, me conduce fuera de la habitación.

—Esta conversación no ha terminado—me susurra amenazante mientras entramos en el comedor.

Eh, para. No te enojes tanto y devuélveme mi ropa interior. La miro furiosa.

El comedor me recuerda nuestra cena intima en el Heathman. Una araña de cristal cuelga sobre la mesa de madera noble y en la pared hay un inmenso espejo labrado y muy ornamentado. La mesa está dispuesta con un mantel de lino blanquísimo y un florero con petunias de color rosa claro en el centro. Impresionante.

Ocupamos nuestros sitios. El señor Black se sienta en la cabecera, yo a su derecha y Bellatrix a mi lado. El señor toma una botella de vino tinto y le ofrece a Fleur. Narcissa se sienta al lado de Bellatrix, le toma la mano y se la aprieta fuerte. Bellatrix le sonríe cariñosa.

—¿Dónde conociste a Hermione?—le pregunta Narcissa.

—Me entrevistó para la revista de la universidad estatal de Washington.

—Que Fleur dirige—añado, confiando en poder desviar la conversación de mí.

Narcissa sonríe entusiasmada a Fleur, que está sentada en frente, al lado de Sirius, y empiezan a hablar de la revista de la universidad.

—¿Vino, Hermione?—me pregunta el señor Black.

—Por favor.

Le sonrío. El señor Black se levanta para llenar las demás copas. Miro de reojo a Bellatrix y ella se da vuelta a mirarme, con la cabeza ladeada.

—¿Qué?—pregunta.

—No te enojes conmigo—le susurro.

—No estoy enojada contigo.

La miro fijamente. Suspira.

—Sí, estoy enojada contigo.

Cierra los ojos un instante.

—¿Tanto como para que te pique la palma de la mano?—pregunto nerviosa.

—¿Qué están chismoteando las dos?—interviene Fleur.

Me sonrojo y Bellatrix le lanza una feroz mirada de "metete en tus asuntos, Delacour". Hasta Fleur parece encogerse bajo su mirada.

—De mi viaje a Georgia—digo agradablemente, esperando diluir la hostilidad que hay entre las dos.

Fleur sonríe; hay un brillo perverso en sus ojos.

—¿Qué tal en el bar el viernes con Harry?

Madre mía, Fleur. La miro con los ojos como platos. ¿Qué hace? Me devuelve la mirada y me doy cuenta de que está intentado que Bellatrix se ponga celosa. Que poco la conoce…y yo que pensaba que me iba a librar de esta.

—Muy bien—murmuro.

Bellatrix se me arrima.

—Como para que no me pique la palma de la mano—me susurra—. Sobre todo ahora—añade serena y muy seria.

Oh, no. Me estremezco.

Reaparece Druella con dos platos, seguida de una joven preciosa, con colitas rubias y vestida elegantemente de verde claro, que lleva una bandeja con platos. Sus ojos localizan de inmediato a Bellatrix. Se ruboriza y la mira entornando los ojos de largas pestañas impregnadas de rímel. ¿Qué?

En algún lugar de la casa empieza a sonar el teléfono.

—Discúlpenme.

El señor Black se levanta de nuevo y sale.

—Gracias, Rachel—dice amablemente Druella a la joven, frunciendo el ceño al ver salir a la señor Black—. Deja la bandeja en el aparador, por favor.

Rachel asiente y, tras otra mirada furtiva a Bellatrix, se marcha.

Así que los Black tienen servicio, y el servicio mira de reojo a mi futura ama. ¿Podría ir peor esta velada? Me miro ceñuda las manos, que tengo en el regazo.

Vuelve el señor Black.

—Preguntan por ti, cariño. Del Sanatorio—le dice a Druella.

—Empiecen sin mí, por favor.

Druella sonríe mientras me pasa un plato y se va.

Huele delicioso. A pesar de que tengo el estomago revuelto por las amenazas de Bellatrix, de las miradas nada disimuladas de la joven del servicio y del desastre de mi ropa interior desaparecida, me muero de hambre. Me ruborizo al caer en la cuenta de que ha sido el esfuerzo físico de esta tarde lo que me ha dado tanto apetito.

Al poco tiempo regresa Druella con el ceño fruncido. El señor Black ladea la cabeza…como Bellatrix.

— ¿Va todo bien?

—Otro caso de sarampión—suspira Druella.

—Oh, no.

—Sí, un niño. El cuarto caso en lo que va del mes. Si la gente vacunara a sus hijos…—menea la cabeza con tristeza, luego sonríe—. Cuanto me alegro de que los nuestro nunca pasaran por eso. Nunca tuvieron nada peor que la varicela. Pobre Sirius—dice mientras se sienta, sonriendo indulgente a su sobrino. Sirius frunce el ceño a medio bocado y se remueve incomodo en el asiento—. Bellatrix y Narcissa tuvieron suerte. Ellas la tuvieron muy flojita, algún granito nada más.

Narcissa ríe como una boba y Bellatrix pone los ojos en blanco.

—Tío, ¿viste el partido?—pregunta Sirius, visiblemente ansioso por cambiar de tema.

Los aperitivos están deliciosos, así que me concentro en comer mientras Sirius, el señor Black y Bellatrix hablan animosamente. Bellatrix parece serena y relajada cuando habla con su familia. Y la cabeza me va a mil. Maldita sea Fleur, ¿a qué juega? ¿Me castigará Bellatrix? Tiemblo solo de pensarlo. Aun no he firmado ese contrato. Quizá no lo firme. Quizá me quede en Georgia lejos de su alcance.

—¿Qué tal en su nueva casa, querida?—me pregunta Druella educadamente.

Agradezco la pregunta, que me distrae de mis pensamientos contradictorios, y le hablo de la mudanza.

Cuando terminamos la entrada, aparece la joven del servicio, una vez más, lamento no poder tocar a Bellatrix con libertad para hacerle saber que, aunque la hayan jodido de cincuenta mil maneras, es mía. Se dispone a recoger los platos, acercándose demasiado a Bellatrix para mi gusto. Por suerte, ella parece no prestarle ninguna atención, pero la reina que llevo dentro está que arde, y no en el buen sentido de la palabra.

Fleur y Narcissa se desasen en elogios de París.

—¿Has estado en Paris, Hermione?—pregunta Narcissa inocentemente sacándome de mi celoso ensimismamiento.

—No, pero me encantaría ir.

Sé que soy la única de la mesa que jamás ha salido del país.

—Nosotros fuimos de luna de miel a París.

Druella sonríe al señor Black, que le devuelve la sonrisa.

Resulta casi embarazoso. Es obvio que se quieren mucho, y me pregunto un instante como será crecer con tus dos padres presentes.

—Es una ciudad preciosa—coincide Narcissa—. A pesar de los parisinos. Bellatrix, deberías llevar a Hermione a París—afirma rotundamente.

—Me parece que Hermione preferiría Londres—dice Bellatrix convencida.

¡Oh! , se acuerda. Me pone la mano en la rodilla, me sube los dedos por el muslo. El cuerpo entero se me tensa en respuesta. No, aquí no, ahora no. Me ruborizo y me remuevo en el asiento, tratando de zafarme de ella. Me agarra el muslo, inmovilizándome. Tomo mi copa de vino, desesperada.

Vuelve Rachel, todas miradas coquetas y vaivén de caderas, trayendo el plato principal. Por suerte, se limita a servir los platos y se marcha, aunque se entretiene más de la cuenta con el plato de Bellatrix. Me observa intrigada al verme seguirla con la mirada mientras cierra la puerta del comedor.

—¿Qué tienen de malo los parisinos?—le pregunta Sirius a su prima—. ¿No sucumbieron a tus encantos?

—Uh, nada que ver. Además, el ogro para el que trabajaba, era un tirano dominante.

Me da un golpe de tos y casi escupo el vino.

—Hermione, ¿te encuentras bien?—me pregunta Bellatrix, escondiendo un sonrisa, quitándome la mano del muslo.

Su voz vuelve a sonar risueña. Oh, menos mal. Asiento con la cabeza y ella me da unas palmaditas suaves en la espalda hasta que está segura que me he recuperado.

La ternera está deliciosa, servida con batatas azadas, zanahorias, zapallitos y chauchas. Me resulta aun mejor porque Bellatrix consigue mantener el buen humor el resto de la comida. Sospecho que por lo bien que estoy comiendo. La conversación fluye entre los Black, cálida y afectuosa, bromeando unos con otros. Durante el postre, una mousse de limón, Narcissa nos obsequia con anécdotas de París y en un momento dado empieza hablar en francés. Todos quedamos mirándola y ella nos devuelve la mirada un tanto perpleja, hasta que Bellatrix en un francés igual de fluido, le explica lo que ha hecho y entonces ella rompe a reír. Tiene una sonrisa muy contagiosa y enseguida estallamos todos en carcajadas.

Sirius habla largo y tendido de su último proyecto arquitectónico, una nueva comunidad ecológica al norte de Seattle. Miro a Fleur y veo que sigue con atención todas y cada una de sus palabras, con los ojos encendidos de deseo o de amor, aun no lo tengo claro. Él le sonríe y es como si se recordaran tácitamente alguna promesa. Luego, nena, le está diciendo él, sin hablar, y de pronto me siento rara, muy rara. Me acaloro solo de mirarlos.

Suspiro y miro de reojo a mis cincuenta sombras. Podría estar mirándola eternamente. Tiene unos labios carnosos…hermosos, y me muero de ganas de besarla, de sentir esos labios recorriendo mi rostro, mis pechos… mi entre pierna. Me sonrojo por el rombo de mis pensamientos. Me mira.

—No te muerdas el labio—me susurra con voz ronca—. Me dan ganas de follarte.

Druella y Narcissa recogen las copas del postre y se dirigen a la cocina mientras el señor Black, Fleur y Sirius hablan de las ventajas del uso de paneles solares. Bellatrix, fingiendo estar interesada en el tema, vuelve a ponerme la mano en la rodilla y empieza a subir por el muslo. Me entre corta la respiración y junto las piernas para evitar que llegue más lejos. Detecto su sonrisa pícara.

—¿Quieres que te muestre la finca?—me pregunta en voz alta.

Sé que debo decir que sí, pero no confió en ella. Sin embargo, antes de que pueda responder, ella se pone de pie y me tiende la mano. Poso la mía en ella y noto como se me contrae todos los músculos del vientre en respuesta a su mirada oscura y voraz.

—Si me disculpa…—le digo al señor Black, y salgo del comedor detrás de Bellatrix.

Me lleva por el pasillo hasta la cocina, donde Narcissa y Druella cargan el lavavajilla.

—Voy a enseñarle el patio a Hermione—le dice Bellatrix inocentemente a su madre.

Ella nos indica la salida con una sonrisa mientras Narcissa vuelve al comedor.

Salimos a un patio de loza gris, iluminado por focos incrustados en el suelo. Hay arbustos y maceteros de piedra y una mesa metálica muy elegante, con sus sillas, en un rincón. Bellatrix pasa por delante de ellas, sube unos escalones y sale a una amplia extensión de césped que llega hasta la Bahía. Madre mía, es precioso. Seattle centellea en el horizonte y la luna fría y brillante de mayo dibuja un resplandeciente sendero plateado en el agua hasta un muelle en el que hay amarrados dos barcos. Junto al embarcadero hay una casita. Es un lugar tan pintoresco, tan tranquilo…me detengo, boquiabierta, un instante.

Bellatrix tira de mí y los tacos se me hunden en la hierba tierna.

—Para, por favor.

La sigo tambaleándome.

Se detiene y me mira; su expresión es indescifrable.

—Los tacos. Tengo que quitarme los zapatos.

—Si yo puedo con los mío, tú también.

Hace que camine delante de ella para asegurarse que no tropiezo y me da una palmada fuerte en el trasero. Me sorprende y chillo.

—Baja la voz—gruñe.

Oh, no…esto no pinta bien, la voz de mi consciencia le tiemblan las piernas. Está enfadada por algo: Podría ser por lo de Harry, o lo de Georgia, lo de las braga, que me haya mordido el labio. Dioses, mira que es fácil de enojar.

—¿A dónde me estás guiando?—digo.

—Al embarcadero—responde.

Tambaleo un poco y ella me sostiene por detrás.

—¿Por qué?

Me falta el aliento, estoy nerviosa, no sé qué trama.

—Necesito estar a solas contigo.

—¿Para qué?

—Porque te voy a dar unos azotes y luego te voy a follar.

—¿Por qué?—gimoteo.

—Ya sabes porque—me susurra detrás de mí, furiosa.

—Pensé que no eras una mujer impulsiva—suplico sin aliento.

—Hermione, no repliques.

Madre mía.


Volví! Qué alegría! Contenta de estar actualizando. De a poco iré poniéndome al día con todas las historias. Tengo un atraso monumental. Muchísimas gracias por todos los comentarios. Ya para el próximo capítulo comenzaré nuevamente a responder uno a uno, como siempre hago.

Respecto al capítulo, espero que les gustara esta cena con los padres de Bellatrix. Incluyéndola de a poco en la familia. Como siempre, gracias por leer y seguir al pendiente y no se olviden de comentar. Abrazos :)