Capítulo 21
Hay luz por todas partes. Una luz intensa, cálida, penetrante, y me esfuerzo por mantenerla a raya unos cuantos minutos más. Quiero esconderme, solo unos minutos más, pero el resplandor es demasiado fuerte y, al final, sucumbo al despertar. Una gloriosa mañana de Seattle me saluda: El sol entra por el ventanal e inunda la habitación de una luz demasiado intensa. ¿Por qué no bajamos las persianas anoche? Estoy en la enorme cama de Bellatrix Black, pero ella no está.
Me quedo acostada un rato, contemplando por el ventanal desde mi encumbrada y privilegiada posición el perfil urbano de Seattle. La vida en las nubes produce desde luego una sensación de irrealidad. Una fantasía—Un castillo en el aire, alejado del suelo, a salvo de la cruda realidad—lejos del abandono, del hambre, de madres que se prostituyen por crack. Me estremezco al pensar lo que debió pasar de niña, y entiendo porque vive aquí, aislada, rodeada de belleza, de valiosas obras de arte, tan alejada de sus comienzos…toda una declaración de intenciones. Frunzo el ceño, porque eso sigue sin explicar porque no puedo tocarla.
Curiosamente, yo me siento igual aquí arriba, en su torre de marfil. Lejos de la realidad. Estoy en este departamento de fantasía, teniendo un sexo de fantasía con mi novia de fantasía, cuando la cruda realidad es que ella quiere un contrato especial, aunque diga que intentará darme más. ¿Qué significa eso? Eso es lo que tengo que aclarar entre nosotras, para ver si aun estamos en extremos opuestos del sube y baja y nos vamos acercando.
Salgo de la cama sintiéndome agarrotada y, a falta de una expresión mejor, bien machacada. Sí, debe de ser de tanto sexo. La voz de mi consciencia frunce los labios en señal de desaprobación. Yo le pongo los ojos en blanco, alegrándome de que cierta obsesiva del control de mano muy suelta no esté en la habitación, y decido preguntarle por el entrenador personal. Eso, si firmo. La reina que llevo dentro me mira desesperada. Pero claro que vas a firmar. Las ignoro a las dos y, tras una visita rápida al baño, salgo en busca de Bellatrix.
No está en la galería de arte, pero una mujer elegante de mediana edad está limpiando en la zona de cocina. Al verla, me paro en seco. Es rubia, lleva el pelo corto y tiene los ojos azules; viste una impecable blusa blanca y lisa y una pollera tubo azul marino. Esboza una amplia sonrisa al verme.
—Buenos días, señorita Granger. ¿Desea desayunar?—me pregunta en un tono agradable pero profesional, y yo alucino.
¿Qué hace esta atractiva rubia en la cocina de Bellatrix? No llevo puesta más que la camiseta que me dejó. Me siento cohibida por mi desnudes.
—Me temo que juega usted con ventaja—digo en voz baja, incapaz de ocultar la angustia que me produce.
—Ah, lo siento muchísimo…soy la señora Jones, el ama de llaves de la señora Black.
Ah.
—¿Qué tal?—consigo decir.
—¿Desea desayunar, señora?
¡Señora!
—Me gustaría tomar un poco de té, gracias. ¿Sabe dónde está la señora Black?
—En su estudio.
—Gracias.
Salgo disparada hacia el estudio, muerta de vergüenza. ¿Por qué Bellatrix solo contrataba a mujeres atractivas? Y una idea desagradable me viene a la cabeza: ¿Serán todas ex sumisas? Me niego a acariciar una idea tan espantosa. Asomo la cabeza tímidamente por la puerta. Está hablando por teléfono, de cara al ventanal, vestida con un pantalón ajustado negro, tacones y una camisa de seda azul oscuro. Aun tiene el cabello húmedo de la ducha. Sus bucles bien formados le caen en cascada, y eso me distrae por completo de mis pensamientos negativos.
—Salvo que mejore el balance de pérdidas y ganancias de la compañía, no me interesa, Ross. No vamos a cargar con un peso muerto. No me pongas más excusas tontas. Que me llame Marco, es todo o nada. Sí, dile que el prototipo pinta bien, aunque la interfaz no me convence. No, le falta algo. Quiero verlo esta tarde para discutirlo. A él y a su equipo; podemos hacer una tormenta de ideas. Bueno. Pásame con Andrea otra vez—espera mirando por el ventanal, ama y señora del universo contemplando a la pobre gente bajo su castillo en el cielo—. Andrea…
Al levantar la vista, me ve en la puerta. Una sensual sonrisa se extiende lentamente por su hermoso rostro, y me quedo sin habla al tiempo que se me derriten las entrañas. Y sin lugar a dudas la mujer más hermosa del planeta, demasiado hermosa para los seres vulgares de allá abajo, demasiado hermosa para mí. No, la reina que llevo dentro me mira ceñuda, demasiado hermosa para mí, no. En cierto modo, es mía…por el momento. La idea me produce un escalofrió y disipa mi irracional inseguridad.
Sigue hablando, sin dejar de mirarme.
—Cancela toda mi agenda de esta mañana, pero que me llame Bill. Estaré allí a las dos. Tengo que hablar con Marco esta tarde, eso me llevará al menos media hora. Pon a Barney a su equipo después de Marco, o quizá mañana, y búscame un hueco para quedar con Claude todos los días de esta semana. Dile que espere. Ah. No, no quiero publicidad para Darfur. Dile a Claire que se encargue ella de eso. No. ¿Qué evento? ¿El sábado que viene? Espera… ¿Cuándo vuelves de Georgia?—me pregunta.
—El viernes.
Retoma la conversación telefónica.
—Necesitaré una entrada más, porque iré acompañada. Sí, Andrea, eso es lo que he dicho, acompañada, la señorita Hermione Granger vendrá conmigo. Eso es todo. —Cuelga—. Buenos días, señorita Granger.
—Señora Black—sonrío tímidamente.
Rodea el escritorio con su habitual elegancia y se sitúa delante de mí. Me acaricia suavemente la mejilla.
—No quería despertarte, se te veía tan serena… ¿Has dormido bien?
—He descansado, gracias. Solo he venido a saludar antes de dar una ducha.
La miro, me embebo de ella. Se acerca y me besa con suavidad, y no puedo controlarme. La tomo por la cintura y la atraigo más hacia mí. Con el cuerpo pegado al suyo, le devuelvo el beso. La deseo. Mi ataque la toma por sorpresa, pero, tras un instante, responde con un grave gemido. Desliza las manos por mi cabello y desciende por la espalda para sujetarme el trasero desnudo al tiempo que me explora la boca con la lengua. Se aparta, con los ojos entre cerrados.
—Eh, parece que el descanso te ha sentado bien—murmura—. Te sugiero que vayas a ducharte, ¿o te tomo ahora mismo sobre mi escritorio?
—Prefiero lo del escritorio—le susurro temeraria mientras el deseo invade mi organismo como la adrenalina, despertando todo a su paso.
Me mira perpleja un milisegundo.
—Esto le gusta de verdad, ¿no, señorita Granger? Se está volviendo insaciable—masculla.
—Lo que me gusta eres tú—le digo.
Sus ojos se agrandan y se oscurecen mientras me masajean el trasero desnudo.
—Desde luego, solo yo—gruñe, y de pronto, con un movimiento rápido, aparta todos los planos y documentos del escritorio, y se esparcen por el suelo, y luego me gira y me tumba en el lado corto de la mesa, de forma que la cabeza casi me cuelga por el borde—. Tú lo has querido—susurra, y yo solo cierro los ojos, dejándome hacer.
Media hora después y con los músculos completamente exhaustos, tomo coraje y le pregunto si es la primera vez que lo hacía en su escritorio. Me dedica una sonrisa enigmática y sé inmediatamente que no es la primera vez. ¡Qué estúpida! Me digo, por supuesto, a veces se me olvida que su experiencia sexual es como una caja llena de abanicos. La idea me desagrada. Me retuerzo incomoda al tiempo que mi dicha pos-coital se me esfuma del todo.
—Más vale que vaya a darme una ducha.
Me levanto y me dispongo a marcharme.
Frunce el seño mientras se arregla la ropa y el cabello.
—Tengo un par de llamadas más que hacer. Desayunare contigo cuando salgas de la ducha. Creo que la señora Jones te ha lavado la ropa de ayer. Está en el armario.
¿Qué? ¿Cuándo lo ha hecho? Por los dioses, ¿Nos habrá oído? Me ruborizo.
—Gracias—murmuro.
—No se lo merece—dice automáticamente pero noto cierto tono divertido en su voz.
No te estoy dando las gracias por follarme. Aunque ha sido…
—¿Qué?—me suelta, y entonces me doy cuenta de que estoy frunciendo el seño.
—¿Qué pasa?—le pregunto en voz baja.
—¿Por qué esa cara?
—Bueno…estas aun más rara que lo habitual.
—¿Te parezco rara?
Trata de reprimir una sonrisa.
—A veces.
Me estudia un instante, pensativa.
—Como de costumbre, me sorprende señorita Granger.
—¿En que la sorprendo?
—Digamos que esto ha sido un regalito inesperado.
—Nos proponemos complacer, señora Black.
Ladeo la cabeza como hace ella a menudo, devolviéndole sus palabras.
—Y me complaces, desde luego—dice, pero la noto inquieta—. Pensaba que ibas a darte una ducha.
¡Ah!, me está echando.
—Sí…eh…luego te veo.
Salgo de su despacho completamente anonadada.
Bellatrix parecía confundida. ¿Por qué? Debo decir que, como experiencia física, ha sido muy satisfactoria. En cambio, emocionalmente…bueno, me desconcierta su reacción, y es tan enriquecedor emocionalmente como el algodón de azúcar.
La señora Jones sigue en la cocina.
—¿Desea el té ahora, señorita Granger?
—Me voy a duchar primero, gracias—murmuro, y me apresuro a salir de allí con el rostro aun encendido.
En la ducha, trato de averiguar qué le pasa a Bellatrix. Es la persona más complicada que conozco y no alcanzo a comprender sus estados de ánimo cambiantes. Parecía estar bien cuando he entrado a su estudio. Lo hemos hecho…y luego ya no estaba bien. No, no la entiendo. Recurro a la voz de mi consciencia. Me la encuentro silbando con las manos a la espalda, mirando a cualquier parte menos a mí. No tiene ni idea, y la reina que llevo dentro sigue disfrutando de los restos de la dicha pos-coital. No…ninguna de nosotras tiene ni idea.
Me seco el pelo con la toalla, me lo cepillo con el único peine que tiene Bellatrix y me lo recojo en un moño. El vestido ciruela de Fleur está colgado, lavado y planchado, en el armario, junto con mi corpiño y bragas, también limpias. La señora Jones es una maravilla. Me calzo los zapatos de Fleur, me arreglo un poco el vestido, respiro hondo y vuelvo a salir del enorme dormitorio.
Bellatrix sigue sin aparecer, y la señora Jones está revisando lo que hay en la despensa.
—¿Quiere ya el té, señorita Granger?—pregunta.
—Por favor.
Le sonrío. Me siento algo más a gusto ahora que voy vestida.
—¿Desea comer algo?
—No, gracias.
—Pues claro que vas a comer algo—espeta Bellatrix, resplandeciente—. Le gustan los panqueques con huevos y panceta, señora Jones.
—Sí, señora Black. ¿Qué va a tomar usted, señora?
—Tortilla, por favor, y algo de fruta. —no me quita los ojos de encima, su expresión es indescifrable—. Siéntate—me ordena, señalando una de las banquetas de la barra.
Obedezco, y ella se sienta a mi lado mientras la señora Jones prepara el desayuno. Uf, me pone nerviosa que alguien más oiga lo que hablamos.
—¿Ya has comprado el pasaje de avión?
—No, lo compraré cuando llegue a casa, por internet.
Se apoya en mi hombro y me da un pequeño beso.
—¿Tienes dinero?
Oh, no.
—Sí—digo en un tono de resignada paciencia, como si hablara con una niña pequeña.
Me arquea una ceja reprobatoria. Maldición.
—Sí tengo, gracias—rectifico en seguida.
—Tengo un jet. No se va usar hasta dentro de tres días; está a tu disposición.
La miro boquiabierta. Pues claro que tiene un jet, y yo tengo que resistir la inclinación natural de mi cuerpo a poner los ojos en blanco. Me entran ganas de reír. Pero no lo hago porque no sé de qué humor está.
—Ya hemos abusado bastante de la flota aérea de tu empresa. No me gustaría volver a hacerlo.
—La empresa es mía y el jet también.
Parece ofendida.
—Gracias por el ofrecimiento, pero prefiero tomar un vuelo regular.
Me da la impresión de que quiere seguir discutiéndolo, pero al final no lo hace.
—Como quieras.—suspira—¿Tienes que prepararte mucho para las entrevistas?
—No.
—Bien. No vas a decirme de que editoriales se trata, ¿verdad?
—No.
Se dibuja en sus labios una sonrisa reticente.
—Soy una mujer de recursos, señorita Granger.
—Soy perfectamente consciente de eso, señora Black. ¿Me va a rastrear el teléfono celular?—pregunto inocentemente.
—La verdad es que esta tarde voy a estar muy ocupada, así que tendré que pedirle a alguien que lo haga por mí.
Sonríe con picardía.
Lo dirá en broma, ¿no?
—Si puedes poner a alguien a hacer eso, es que te sobra personal, desde luego.
—Le mandaré un correo a la jefa de recursos humanos y le pediré que revise el recuento de personal.
Tuerce la boca para ocultar la sonrisa.
¡Ay! Menos mal que ha recobrado el sentido del humor.
La señora Jones nos sirve el desayuno y comemos en silencio durante unos minutos. Tras recoger los platos, la mujer se retira discretamente de la zona del salón. La miro.
—¿Qué pasa, Hermione?
—¿Sabes?, al final no me has dicho porque no te gusta que te toquen.
Palidece y su reacción hace que me sienta culpable por preguntar.
—Te he contado más de lo que he contado nunca a nadie—me dice en voz baja mientras me mira impasible.
Y tengo claro que nunca ha hecho confidencias a nadie. ¿No tiene amigas o amigos íntimos? Quizá se lo contara a la emperatriz. Quiero preguntárselo, pero no puedo…no puedo meterme así en su vida. Niego con la cabeza al darme cuenta. Está sola, pero de verdad.
—¿Pensarás en nuestro contrato mientras estas fuera?—pregunta.
—Sí.
—¿Me vas a extrañar?
La miro, sorprendida por la pregunta.
—Sí—respondo con sinceridad.
¿Cómo puede haber llegado a significar tanto para mí en tan poco tiempo? Se me ha metido bajo la piel, literalmente. Sonríe y se le ilumina la mirada.
—Yo también te voy a extrañar. Más de lo que te imaginas—me dice.
Se me alegra el corazón al oír sus palabras. Lo está intentando, de verdad. Me acaricia suavemente la mejilla, se inclina y me besa con ternura.
A última hora de la tarde espero sentada y nerviosa al señor B. Zabini en el vestíbulo de Seattle Independent Publishing. Es mi segunda entrevista de hoy y la que más me interesa. La primera ha ido bien, pero era para un grupo mayor, con oficinas en todo el país, y yo no sería más que una de las muchas asistentes editoriales. Imagino que semejante maquina corporativa me tragaría y me escupiría bastante rápido. En SIP es donde quiero estar. Es pequeña y poco convencional, aboga por los autores locales y tiene una interesante y peculiar lista de clientes.
El lugar resulta un tanto austero, pero creo que es una declaración de intenciones más que un indicio de frugalidad. Estoy sentada en uno de los dos sillones de cuero azul oscuro, muy similares a los sofás que tiene Bellatrix en su cuarto de juegos. Acaricio el cuero, apreciativa, y me pregunto distraída que hará Bellatrix en ese sofá. Divago pensando en las posibilidades…no, más vale que no piense en eso ahora. Me sonrojan mis pensamientos descarriados e inoportunos. La recepcionista es una joven afroamericana con grandes aros de plata y el pelo largo y liso. Tiene cierto aire bohemio; es de esa clase de mujeres con las que podría llevarme bien. La idea me reconforta. De vez en cuando me mira, apartando la vista de la computadora, y me sonríe tranquilizadora. Yo le devuelvo la sonrisa tímidamente.
Ya tengo el vuelo reservado, mi madre está encantada de que vaya a verla, he hecho la valija y Fleur ha accedido a acompañarme al aeropuerto. Bellatrix me ha ordenado que me lleve el celular y el ordenador. Pongo los ojos en blanco al recordar su despotismo, pero ahora me doy cuenta que ella es así. Le gusta controlarlo todo, incluida yo. Sin embargo, también puede ser tan imprescindible y desconcertantemente agradable…puede ser tierna, alegre, incluso dulce. Y, cuando lo es, resulta tan imprevisible e inesperada… ha insistido en acompañarme hasta el coche, que estaba estacionado en el garaje. Por los dioses, solo me voy unos días; se comporta como si me marchara durante varias semanas. Me tiene siempre desconcertada.
—¿Hermione Granger?
Una mujer de melena negra, de pie justo al mostrador de recepción, me saca de mi ensimismamiento. Tiene el mismo aire bohemio que la recepcionista. Tendrá unos treinta.
—Sí—respondo, y me levanto desmañadamente.
Me dedica una sonrisa educada, sus fríos ojos miel me escudriñan. Visto uno de los conjuntos de Fleur, una pollera negra con una blusa blanca y mis zapatos negros de taco. Muy de entrevista, creo yo. Llevo el cabello recogido en un moño ajustado y, por una vez, los mechones se están comportando. Me tiende la mano.
—Hola, Hermione, me llamo Astoria Greengrass. Soy la jefa de recursos humanos de SIP.
—¿Cómo está?
Le estrecho la mano. La veo muy informal para ser jefa de recursos humanos.
—Sígueme, por favor.
Pasamos la puerta de doble hoja que hay detrás de la zona de recepción y entramos en una oficina grande y diáfana de decoración luminosa, y de ahí a una pequeña sala de reuniones. Las paredes son de color verde claro y están llenas de fotos de cubiertas de libros. A la cabecera de una mesa de conferencia de madera de arce está sentado un hombre joven, de tez morocha, muy guapo, con el cabello bien corto, en cada oreja le brillan unos pequeños aros de plata. Viste camisa azul clara, sin corbata, y pantalones gris oscuro. Cuando me acerco a él, se levanta y me mira con unos ojos color chocolate intenso.
—Hermione Granger, soy Blaise Zabini, editor de SIP. Encantado de conocerte.
Nos damos la mano. Su mirada oscura me resulta impenetrable, aunque suficientemente afable, creo.
—¿Vienes de muy lejos?—me pegunta amablemente.
—No, acabo de mudarme a la zona de Pike Street Market.
—Ah, entonces vives muy cerca. Siéntate, por favor.
Me siento, y Astoria toma asiento a mi lado.
—Dinos, ¿Por qué quieres trabajar como becaria en SIP, Hermione?—pregunta.
Pronuncia mi nombre con suavidad y ladea la cabeza, como alguien que yo sé; resulta inquietante. Esforzándome por ignorar el recelo irracional que me inspira, me lanzo a soltarle mi discurso cuidadosamente preparado, consciente que un rubor sonrosado se extiende por mis mejillas. Los miro a los dos, recordando la charla de Fleur Delacour sobre cómo salir airoso de una entrevista: "Mantén el contacto visual, Hermione". Dioses, que mandona puede ser ella también. Blaise y Astoria me escuchan con atención.
—Tienes un promedio impresionante. ¿De qué actividades extracurriculares has disfrutado en tu universidad?
¿Disfrutar? Lo miro extrañada. Que curiosa elección léxica. Entro en detalles sobre mi puesto de bibliotecaria en la biblioteca central del campus y mi experiencia entrevistando a una déspota indecentemente rica para la revista de la universidad. Paso por alto el hecho de que, en realidad, no fui yo quien escribió el artículo. Menciono las dos sociedades literarias a las que pertenecía y concluyo con mi trabajo en Weasley y todos los conocimientos inútiles que ahora poseo sobre ferretería y bricolaje. Los dos se ríen, que es lo que esperaba. Poco a poco, me relajo y empiezo a sentirme a gusto.
Blaise Zabini me hace preguntas agudas e inteligentes, pero no me amilano; mantengo la compostura y, cuando hablamos de mis preferencias literarias y mis libros favoritos, creo que me defiendo bastante bien. A Blaise, en cambio solo parece gustarle la literatura estadunidense posterior a 1950. Nada más. Ningún clásico. Astoria no dice nada, solo asiente de vez en cuando y toma notas. Blaise, pese a su afán por la controversia es agradable a su manera, y mi recelo inicial se disipa a medida que hablamos.
—¿Y dónde te ves dentro de cinco años?—me pregunta.
Con Bellatrix Black, me viene sin querer la idea a la cabeza.
La divagación me hace fruncir el ceño.
—De editora, quizá. Tal vez de agente literaria, no estoy segura. Estoy abierta a todas las posibilidades.
Blaise sonríe.
—Muy bien, Hermione. No tengo más preguntas. ¿Y tú?—me plantea directamente.
—¿Cuándo habría que empezar?—inquiero.
—Lo antes posible—interviene Astoria—¿Cuándo podrías tú?
—Estoy disponible a partir de la semana que viene.
—Está bien saberlo—dice Blaise.
—Si nadie tiene nada más que decir—Astoria nos mira a los dos—creo que damos por terminada la entrevista.
Sonríe amablemente.
—Ha sido un placer conocerte, Hermione—dice Blaise con voz baja tomándome la mano.
Me la estrecha con suavidad, asique lo miro con cierta extrañeza cuando me despido.
Camino al coche, me noto intranquila, pero no sé porque. Creo que la entrevista ha salido bien, pero es difícil saberlo. Las entrevistas me parecen algo artificial; todo el mundo comportándose de la mejor forma posible e intentando desesperadamente esconderse tras una fachada profesional. ¿Encajo en el perfil? Habrá que esperar para saberlo.
Me subo a mi Audi A3 y me dirijo a mi casa, pero con tranquilidad. E reservado un vuelo nocturno con escala en Atlanta, pero no sale hasta las 22:25, así que tengo tiempo de sobra.
Cuando llego, Fleur está desembalando cajas en la cocina.
—¿Qué tal te ha ido?—me pregunta emocionada.
Solo Fleur puede estar guapísima con una camiseta gigante, unos jeans gastados y un pañuelo azul marino en la cabeza.
—Bien, gracias, Fleur. No sé si este conjunto era lo bastante apropiado para la segunda entrevista.
—¿Y eso?
—Me habría venido mejor algo bohemio y elegante.
Fleur arquea una ceja.
—Tú y tus bohemios elegantes. —ladea al cabeza, ¡Agh! ¿Por qué todo el mundo me recuerda a mi cincuenta favorita?—. En realidad, Hermione, tú eres una de las pocas personas que puede conseguir ese look.
Sonrío.
—Me ha gustado mucho el segundo sitio. Creo que podría encajar allí. Eso sí, el tipo que me ha entrevistado era un tanto inquietante.
Me interrumpo. Maldición, que estás hablando con parabólica Delacour. ¡Cállate, Hermione!
—¿Y eso?
El radar de Fleur Delacour, detector de datos interesantes, entra en acción de inmediato en busca de ese dato que solo resurgirá en algún momento inoportuno y comprometedor, lo cual me recuerda a algo.
—Por cierto, ¿podrías dejar de provocar a Bellatrix? Tu comentario sobre Harry en la cena de anoche estuvo fuera de lugar. Es una mujer celosa. Lo que haces no está bien, ¿sabes?
—Mira, si no fuera prima de Sirius, le habría dicho cosas peores. Es una controladora obsesiva. No entiendo como la aguantas. Pretendía ponerla celosa, ayudarla un poco a decidirse. —Levanta las manos con aire defensivo—. Pero si no quieres que me meta, no lo haré—añade enseguida al verme fruncir el ceño.
—Muy bien. La vida con Bellatrix ya es bastante complicada de por sí, créeme.
Dioses, sueno como ella.
—Hermione. —hace una pausa; está mirándome fijamente—. Estás bien, ¿verdad? No irás a casa de tu madre para escapar…
Me ruborizo.
—No, Fleur. Fuiste tú la que dijo que necesitaba un descanso.
Se acerca y me toma de las manos, un gesto impropio de Fleur. Oh, no…me voy a echar a llorar.
—Te veo…no sé…distinta. Espero que estés bien y que, sean cuales sean los problemas que tengas con la señora millonaria, puedas hablarlo conmigo. Y que sepas que yo no pretendo provocarla, aunque, la verdad, con ella es como pescar en una pecera. Mira, Hermione, si algo va mal, cuéntamelo. No te voy a juzgar. Procuraré entenderlo.
Contengo las lágrimas.
—Ay, Fleur…—la abrazo—. Creo que me he enamorado de ella de verdad.
—Hermione, eso lo ve cualquiera. Y ella se ha enamorado de ti. Está loca por ti. No te quita los ojos de encima.
Rio tímidamente.
—¿Tú crees?
—¿No te lo ha dicho?
—No con tantas palabras.
—¿Se lo has dicho tu?
—No con tantas palabras.
Me encojo de hombros, como disculpándome.
—¡Hermione! Una de las dos tiene que dar el primer paso, sino nunca llegaran a ninguna parte.
¿Qué, que le diga lo que siento?
—Me da miedo espantarla.
—¿Y cómo sabes que ella no siente lo mismo?
—¿Bellatrix, miedo? No me la imagino asustada de nada.
Pero mientras lo digo me la imagino de niña. Quizá el miedo fuera lo único que conocía entonces. Solo de pensarlo se me encoje el corazón de pena.
Fleur me observa con los labios y los ojos fruncidos, como la voz de mi consciencia…solo le faltan los anteojos de media luna.
—Les hace falta sentarse a charlar.
—No hemos hablado mucho últimamente.
Me sonrojo. Otras cosas sí. Comunicación no verbal, y no ha estado nada mal. Bueno, ha estado más que bien.
Sonríe.
—¡Por el sexo! Si eso va bien, tienes media batalla ganada, Hermione. Voy a buscar algo de comida china. ¿Lo tienes todo listo para el viaje?
—Casi. Aun nos quedan un par de horas o así.
—No…vuelvo dentro de veinte minutos.
Toma la campera y se va; se olvida de cerrar la puerta. La cierro y me voy a mi cuarto rumiando sus palabras.
¿Tiene miedo Bellatrix de lo que siente por mí? ¿Siente algo por mí? Parece muy entusiasmada, dice que soy suya…pero eso forma parte de su y dominante y obsesivo que debe tenerlo y poseerlo todo, seguro. Me doy cuenta de que, mientras este afuera, tendré que repasar todas nuestras conversaciones y ver si puedo detectar algún indicio claro.
"Yo también te voy a extrañar. Más de lo que imaginas." "Me tienes completamente hechizada."
Niego con la cabeza. No quiero pensar en eso ahora. El teléfono se está cargando, así que no lo he mirado en toda la tarde. Me acerco con cautela y me desilusiona ver que no hay mensajes. Enciendo el cacharro infernal y tampoco hay mensajes. Es la misma dirección de mail, Hermione, me dice la voz de mi consciencia poniendo los ojos en blanco, y por primera vez entiendo porque Bellatrix quiere darme unos azotes cada vez que l hago.
Ok. Bueno, entonces le escribo yo.
De: Hermione Granger
Fecha: 30 de mayo de 2011 18:49
Para: Bellatrix Black
Asunto: Entrevistas
Querida señora:
Las entrevistas de hoy han ido bien.
He pensado que quizá le interesaba.
¿Qué tal su día?
Hermione.
Me siento y miro furiosa la pantalla. Las respuestas de Bellatrix suelen ser instantáneas. Espero y espero, y por fin oigo el tono de mensaje entrante.
De: Bellatrix Black
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:03
Para: Hermione Granger
Asunto: Mi día
Querida señorita Granger:
Todo lo que hace me interesa. Es la mujer más fascinante que conozco.
Me alegro que sus entrevistas hayan ido bien.
Mi mañana ha superado todas mis expectativas.
Mi tarde, en comparación, ha sido de lo más aburrida.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
De: Hermione Granger
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:05
Para: Bellatrix Black
Asunto: Mañana maravillosa
Querida señora:
También la mañana ha sido extraordinaria para mí, aun que se haya puesto rara después del impecable polvo sobre el escritorio. No crea que no me he dado cuenta.
Gracias por el desayuno. O gracias a la señora Jones.
Me gustaría hacerle algunas preguntas sobre ella (sin que vuelvas a ponerte rara conmigo).
Hermione.
Titubeo antes de pulsar la tecla de envío y me tranquiliza pensar que mañana a esta hora estaré en la otra punta del continente.
De: Bellatrix Black
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:10
Para: Hermione Granger
Asunto: ¿Tú en una editorial?
Hermione:
"Ponerse rara" No es una forma verbal aceptable y no debería usarla alguien que quiere entrar en el mundo editorial.
¿Impecable? ¿Comparado con qué, dime, por favor? ¿Y qué es lo que quieres preguntarme de la señora Jones? Estoy intrigada.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
De: Hermione Granger
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:17
Para: Bellatrix Black
Asunto: Tú y la señora Jones
Querida señora:
La lengua evoluciona y avanza. Es algo vivo. No está encerrada en una torre de marfil, rodeada de carísimas obras de arte, con vista a casi todo Seattle y con helipuerto en la terraza. Impecable en comparación con las otras veces que hemos… ¿Como lo llama usted…? ah, sí, follada. De hecho, los polvos han sido todos impecables, punto, en mi modesta opinión…pero, Claro, como bien sabe usted, tengo una experiencia muy limitada.
¿La señora Jones es una ex sumisa suya?
Hermione.
Titubeo una vez más antes de darle a la tecla de envío, pero al final le doy.
De: Bellatrix Black
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:22
Para: Hermione Granger
Asunto: Lenguaje. ¡Esa boquita…!
Hermione:
La señora Jones es una empleada muy valiosa. Nunca he mantenido con ella más relación que la profesional. No contrato a nadie con quien haya mantenido relaciones sexuales. Me sorprende que se te haya ocurrido algo así. La única persona con la que haría una acepción a esta norma eres tú, porque eres una joven brillante con notables aptitudes para la negociación. No obstante, como sigas utilizando semejante lenguaje, voy a tener que reconsiderar la posibilidad de incorporarte a mi plantilla. Me alegra que tengas una experiencia limitada. Tu experiencia seguirá siendo limitada…solo a mí. Tomaré "impecable" como un cumplido…aunque contigo nunca sé si es eso lo que quieres decir o si el sarcasmo está hablando por ti, como de costumbre.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
De: Hermione Granger
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:27
Para: Bellatrix Black
Asunto: Ni por todo el té de china
Querida señora Black:
Creo que ya le he manifestado mis reservas respecto a trabajar en su empresa. Mi opinión no ha cambiado, ni va a cambiar, ni cambiará jamás. Ahora te tengo que dejar porque Fleur ha vuelto con la cena. Mi sarcasmo y yo te deseamos buenas noches.
Me pondré en contacto contigo cuando esté en Georgia.
Hermione.
De: Bellatrix Black
Fecha: 30 de mayo de 2011 19:29
Para: Hermione Granger
Asunto: ¿Ni por el té que te gusta?
Buenas noches, Hermione.
Espero que tu sarcasmo y tú tengan un buen vuelo.
Bellatrix Black
Presidenta de Black Enterprises Holdings, Inc.
Fleur y yo paramos en la zona de estacionamiento frente a la terminal de salida. Se inclina desde su asiento para abrazarme.
—Pásalo bien en Barbados, Fleur. Que tengas unas vacaciones maravillosas.
—Te veo a la vuelta. No dejes que la millonaria te amargue la existencia.
—No lo haré.
Nos abrazamos una vez más, y luego me quedo sola. Me dirijo a facturación y me pongo en la cola con mi equipaje d emano. No me he molestado en tomar una valija, solo una elegante mochila que Wendell me regaló por mi último cumpleaños.
—Ticket, por favor.
El joven aburrido del otro lado del mostrador me tiende la mano sin mirarme siquiera.
Con idéntica desgana le entrego mi ticket y el carnet de conducir como documento de identidad. Espero que me toque ventanilla si es posible.
—Muy bien, señorita Granger. La han pasado a primera clase.
—¿Qué?
—Señora, si es tan amable, pase a la sala Vip y espere allí a que saga su vuelo.
Parece haber despertado y me sonríe como si yo fuera papá Noel y el conejo de pascua todo en uno.
—Tiene que haber algún error.
—No, no. —Vuelve a mirar la pantalla del ordenador—. Hermione Granger: a primera clase—lee, y me dirige una sonrisa afectada.
AAAGH…entorno los ojos. Me da mi tarjeta de embarque y me dirijo a la sala Vip, rezongando por lo bajo. Maldita Bellatrix Black, memetoentodo controladora. ¿Es que no me puede dejar en paz?
Nuevo capítulo! Actualización rápida. Bueno, Hermione se decidió y se fue a ver a la madre. ¿300 lectores y solo un comentario? Dijera Hermione… ¿qué? Sé que pueden hacerlo mejor chicas/os. Por cierto, muchas gracias MangoSalvaje, por dejarlo ;)
Comenten y digan que les va pareciendo… ¿Bellatrix se está enamorando?
Aviso: Mi primer SwanQueen adaptación de La Saga Forastera. Pasen a revisarla a ver si les gusta.
Abrazos.
