Rose estaba en la biblioteca terminando la redacción que el profesor Binns les había mandado hacer como deberes aprovechando la hora que tenía libre antes de Defensa contra las artes oscuras. Aunque la opinión popular sobre el profesor Binns era que era un fantasma aburrido y sin gracia, Rose disfrutaba más de lo socialmente aceptable de las clases de Historia de la Magia.
Comenzó a juguetear con su pluma acariciando sus labios suavemente. Tenía la mesa completamente llena de libros. Le gustaba hacer las cosas bien pero también era una efectiva táctica para evitar que fueran a molestarla intentando captar su atención.
Taylor Wood había tenido razón en su palabra. Ya habían sido varios los babosos que se habían acercado a ella buscando un poco de atención. Frank se había reído de ella con ganas, motivo por el que se había molestado ligeramente con el chico.
Sin embargo, el enfado con Frank había durado poco, como siempre que ocurría cuando se peleaban desde que eran niños. Más concretamente, había durado lo que ella había tardado en necesitar un abrazo del chico antes de irse a intentar dormir algo.
—Llevo buscándote todo el día.—Scorpius sintió que había utilizado un tono bastante brusco—Perdona, no he querido decirlo de ese modo. Ni siquiera te he saludado. ¡Hola, Rose!
Rose levantó una ceja. ¿Scorpius siempre era una persona tan vivaz? No le pegaba con lo que el chico mostraba a los demás. Aunque mirándolo desde su propia perspectiva, su comportamiento con los demás no cuadraba con quien verdaderamente se sentía.
—Mmmm…Hola Malfoy.¿Qué tal estás?¿Qué te trae por aquí?
—Necesito hablar contigo de lo que ya tú sabes.
Rose se dio cuenta en ese momento en que no había respondido a la carta que el chico le había mandado un par de días atrás. Sintió que se ponía roja pero intentó disimular.
—¡Oh, sí! Claro. Espera un momento que aparte los libros para que te puedas sentar.
—¿Estás segura de que quieres que me vean sentándome contigo?
Rose se quedó quieta con un voluminoso libro en las manos. El tono de voz de Scorpius denotaba una duda que ella no comprendía.
—¿Por qué me iba a importar? No sé si lo sabes pero estoy acostumbrada a que hablen de mí. A no ser que tú no quieras que te vean conmigo.
—Sí, bueno. Me da bastante igual. Me hago una idea de lo que es ser tú, ya sabes, no es como si yo fuera una persona totalmente anónima. Se intenta, pero es bastante difícil.
Scorpius sonrió esperando la reacción de la chica, que sonrió en respuesta. Scorpius volvió a hablar, intentando que la situación no pareciera más rara de lo que ya era.
—Había pensado que dado la situación en la que nos encontramos, podríamos ir a un lugar con más privacidad. Dentro de una hora tenemos Defensa y he pensado que así aprovecharemos más el día. No es por meterte prisa pero tengo un horario que preparar y…
—Sí, sí. Lo entiendo. Perdona que no te respondiera, es que se me pasó totalmente. Séptimo ha empezado con bastante fuerza, ¿no crees?
Rose se levantó recogiendo todas sus cosas metiéndolas en su maletín. Ya acabaría la redacción por la tarde. Rose tomó todos los libros que había estado usando para ir a dejarlos a la cajonera para que Madame Pince los colocase después en el lugar correcto.
—Espera, que te ayudo. Son demasiados libros para una sola persona.
Scorpius colocó sus manos por debajo del montón de libros que llevaba Rose. Sus dedos se rozaron levemente, lo que hizo que el encuentro se volviera un poco incómodo.
—Disculpa. Hay veces que soy bastante torpe y bueno, ha sido sin querer.
Scorpius tomó la mitad de los libros, dejando la otra mitad a la pelirroja. Rose sonrió levemente.
—No pasa nada, no te preocupes. ¿Vamos?
Scorpius asintió. Caminaron en silencio a pesar de que en la biblioteca apenas había una docena de personas. A Scorpius no le pasó inadvertido como les miraba dos chicas de Hufflepuff de séptimo. Tenía que resultar extraño verles a ellos juntos hablando como si se conocieran.
Se despidieron de Madame Pince saliendo al pasillo que estaba completamente desierto dado que la mayoría de los alumnos estaban en clase.
—¿Dónde crees que es un buen sitio para que podamos hablar, Malfoy?
—Había pensado en la Sala de los Menesteres. Quiero suponer que sabes de lo que hablo.
—Sí, me hago una idea. Perfecto, así sí que no nos molestará nadie. De nuevo, siento no haberte respondido antes. Ando un poco fuera de todo esto, estoy intentando hacerme a la rutina.
—No hay problema, tranquila. He hablado con McGonagall antes y como a ella tampoco le habías dicho nada, he optado por buscarte. Para ser la famosa princesa de Gryffindor, eres más escurridiza que alguno de los alumnos de mi casa. ¡Y eso que somos serpientes!
Rose sonrió. Scorpius tenía un carácter que la hacía sentirse extrañamente a gusto. El rubio no la trataba con miedo o falsa admiración, era como si fuera una persona más cuyo apellido no importaba ni era relevante en el mundo mágico. Le gustaba esa sensación.
—Oye, si soy tan escurridiza, ¿cómo me has encontrado?
—Taneedra me dijo que podrías estar en la biblioteca, que te había visto irte. Y como no cursas Adivinación con ella, he decidido seguir su instinto. Taneedra es muy buena con eso, tiene una intuición especial.
—Supongo que sí, tú la conoces más que yo.
Se quedaron en silencio mientras caminaban al mismo ritmo. Scorpius nunca se había fijado en lo alta que era la chica ni en lo largas que eran sus piernas. El rubio no había podido sacarse de la cabeza la bonita voz de la chica y cuando al entrar en el despacho de McGonagall había visto a Rose allí, pensaba que su condición de animago ya no era tan secreto como él creía.
Sabía que se había arriesgado al mandarle el chocolate pero había valido la pena. La había mirado brevemente cuando había recibido el regalo y la sonrisa de la chica —sumada también a la cara de confusión—le había servido a Scorpius para saber que lo había hecho bien.
Continuaron el camino sin hablar entre ellos. Él no era una persona a la que le gustase mucho charlar por rellenar los espacios de silencio. Cuando ya estaban en el séptimo piso fue Rose quien volvió a hablar.
—Oye, Malfoy, ¿desde cuándo das estas clases particulares?
—Desde finales de quinto curso más o menos. Pero empecé dando clases solo a los Slytherin más pequeños y McGonagall al ver el buen resultado el año pasado me dejó dar clases a más niños.
—Es muy interesante, de verdad que sí. Aunque creo que me va a dar bastante vergüenza si solo das clase a los niños pequeños.
—Por eso quería hablar contigo. Podemos poner en común nuestros horarios y buscar cuando podemos coincidir ambos. ¿Cuántas clases crees que necesitarás?
Rose suspiró. No lo sabía ni siquiera ella. Vivía condicionada a aquella maldita poción y no quería que el chico malgastara su tiempo con ella.
—La verdad es que no lo sé, Malfoy. Estoy pasando por una temporada mala y tampoco quiero hacerte perder el tiempo.
—Oh, no. No pienses así. No sería una pérdida de tiempo, cada uno tenemos un ritmo distinto así que por eso no te preocupes. Había pensado que un par de horas quizás te vengan bien.
Llegaron a la puerta de la sala de los Menesteres y entraron. La sveces que Rose se había metido en aquella sala tenía un aspecto muy diferente. Cualquiera pensaría que el aula de Transformaciones había cambiado de planta.
—Normalmente con el resto de niños vamos a algún aula de las que están en desuso pero he pensado que resultaría menos sospechoso si nos reunimos aquí.
—Bueno, no sé si menos sospechoso pero si nos ve alguien salir juntos de aquí prepárate a ser la comidilla de Hogwarts.
—¿Por qué dices eso?¿Tiene algo de malo esta sala?
Rose se sentó en un taburete alto girándose para hablar cara a cara con el chico.
—No, que va. Esta sala es perfecta pero...mmmm...digamos que…¡Merlín, qué vergüenza!
Scorpius la miró confuso. No entendía lo que estaba pasando por la mente de la chica y tampoco parecía que supiera expresarse realmente bien.
—Digamos que es aquí donde vengo las veces que he tenido que pasar un rato agradable. No se me ocurre una forma más fina de decirlo.
Scorpius se quedó helado. No había caído en la fama que tenía la chica entre las camas de algunos de sus compañeros. Él no se creía ni la mitad de lo que escuchaba decir a sus compañeros. El rubio también era considerado un casanova cuando en la única cama ajena que se metía era el saco de dormir de Taneedra cuando iban de acampada.
—Por mí no te preocupes. Siempre he creído que esos rumores no son para tanto. Merlín, acuérdate de cuando aquella chica de Ravenclaw dijo que tu primo Albus tenía las Reliquias de la Muerte tatuadas allá abajo.
Rose rió. Se acordaba de aquello porque por una vez no era ella quien llamaba la atención en su familia.
—Es más siendo sincero contigo, me parece muy hipócrita que te juzguen así cuando casi siempre has estado con un novio pegado a los tobillos.
—Ya, ese es uno de los problema de no haber sabido estar sola—Rose se paró un momento para pensar en lo que había dicho. Sabía que al chico no le importaba, por lo que cambió de tema—Pero bueno, a lo que hemos venido aquí es a hablar de lo de las clases. No quiero echarte mi mierda a ti que ni siquiera me conoces.
—Cierto. Aunque a veces viene bien desahogarse, conmigo tus secretos están a salvo.
Scorpius pensó en cómo la chica se había desahogado con él en el bosque sin saber que era él. Era consciente de que la chica necesitaba esa ayuda pero iría poco a poco.
—Ya sabes lo que dicen, dos pueden guardar un secreto si uno de ellos está muerto. Y no tengo intención ninguna de matarte, al menos no hasta que consiga aprobar Transformaciones.
Scorpius sonrió. Tenía que reconocer que la actitud de la chica, aunque fuera una fachada, era realmente desafiante y eso le gustaba.
—Venga anda, comprobemos los horarios. Creo que el hecho de que compartamos tantas clases nos va a beneficiar.
Rose escuchaba atentamente al profesor Funke mientras Frank a su lado se dedicaba a garabatear dibujos en su cuaderno. Rose siempre había sentido verdadera pasión por la asignatura, sobretodo en sus primeros años cuando fue su tío Harry quien impartía la asignatura.
Su tío había tenido que dejar el puesto ya que varios padres se habían quejado del favoritismo hacia ciertos alumnos, concretamente hacia ella y a su primo James, que se había graduado el año anterior.
Desde aquella, la maldición del puesto de profesor de Defensa contra las artes oscuras había vuelto a aparecer. El profesor del año pasado, con quién Rose había aprendido un montón, había tenido que dejar el puesto de trabajo porque había sufrido el ataque de una sirena al aventurarse sin cuidado en el lago.
Rose sabía por su prima Molly que el profesor seguía ingresado en San Mungo con ataques de pánico diarios cada vez que tocaba la hora del aseo.
La voz del profesor se elevó por encima de los murmullos del resto de sus compañeros.
—Está bien, ya sabéis que está es mi primera semana aquí en Hogwarts. En Durmstrang tenía otra política de trabajo pero la profesor McGonagall me ha insistido en el tema de la unión de las casas. Como no sé muy bien que hacer, creo que lo único que tengo en mi mano es la siguiente idea. Espero que os parezca bien.
Rose se movió en su asiento mirando a Frank con una mezcla de excitación y tensión a la vez. El resto de alumnos comenzaron a mirarse entre ellos.
—Bien, con la ayuda de McGonagall he intentado realizar las listas lo mejor posible. Ella os conoce mejor que yo por lo que, bueno...disculpad. La idea es que un alumno de cada casa trabaje con un alumno de la otra casa. A excepción de los prefectos que trabajarán juntos.
Frank gruñó a su lado y Rose entendió perfectamente el porqué de esa reacción. Miró hacia donde estaba sentada Taneedra, al lado de Scorpius. Parecía que se había quedado sin aire y su oscura piel no tenía ese tono que siempre solía ser. Scorpius le sonrió al notar como ella miraba. Rose le sonrió de vuelta sin comprender aún muy bien cómo funcionaba el chico.
La voz de profesor Funke se oía en la distancia recitando los nombres del resto de sus compañeros. Se escuchaban algunos quejidos aunque también gente que se alegraba con quien le tocaba como compañero para el resto de curso.
—Y por último, Rose Weasley y Scorpius Malfoy.
Escuchó como Frank se reía a su lado. Rose volvió a mirar al chico, que esta vez le sonrió más con una mueca que con una genuina sonrisa. Frank se acercó a su oído.
—Parece que se nos avecina un curso interesante. Scorpius Malfoy parece que te tiene miedo. Ya sabes Rose, no te lo comas demasiado rápido con uno de tus hechizos.
Rose no pudo evitar reír ante la ocurrencia de su amigo. Sin embargo, le molestaba que Scorpius hubiera reaccionado así al ver que tenían que ser compañeros. Cuando volvieran a encontrarse para las clases le preguntaría.
