Scorpius caminaba por los pasillos de Hogwarts ajeno un poco a todo lo que pasaba a su alrededor. El chico se había pasado el resto de la clase de DCAO pensando en que la idea del profesor Funke había sido más bien un plan de la profesora McGonagall. O al menos, el hecho de que precisamente Rose, de entre todos sus compañeros de clase, fuera su pareja asignada.
El rubio seguía con la mosca detrás de la oreja después del encuentro en la Sala de los Menesteres. Rose no se había atrevido a decirle que le ocurría y él había optado por ser discreto y no preguntar de más. Ya tendría tiempo para descubrir qué le ocurría a la pelirroja.
Scorpius sonrió. Casi parecía que el destino no dejaba de querer entrecruzar a ambos alumnos en el camino; resultaba hasta perverso, empezando por el encuentro en el bosque hasta el hecho de que fuera Rose Weasley la alumna especial de la que tanto le había comentado McGonagall en las escasas pero concisas misivas que habían compartido durante el verano.
Apuró el paso, queriendo llegar cuanto antes a su sala común. Estaba bastante cansado y notaba los hombros tensos. Quizás sería mejor si nada más llegar se diera una ducha en vez de ponerse a hacer los deberes que ya le habían puesto.
Bajó las escaleras que llevaban a la sala común de Slytherin aflojando la corbata. Había ciertos momentos en los que prefería dejar a un lado la buena etiqueta y el que era su hogar en Hogwarts, era una zona segura para ello.
Al entrar a la oscura sala pudo ver a Theo charlando animosamente con un par de compañeros del que había sido el cuarto conjunto hasta antes de irse a la sala asignada a los Premios Anuales.
En la sala, sentado con su grupo de amigos en los sillones más alejados, se encontraba Albus, callado como solía ser habitual en el carácter del chico moreno pero observando todo lo que ocurría. Albus levantó la mirada al sentirse observado, ambos se saludaron con un toque de cabeza. La voz de Theo le devolvió a la realidad mientras veía como los otros dos chicos se despedían.
—¡Hola primito! ¿Me has echado mucho de menos?—Theo le sonrió socarronamente, henchido de confianza debido a su nuevo estatus estudiantil— Tienes una cara de pena, Scor. ¿Tan mal te ha sentado la noticia del profesor de Defensa? ¡Anda que no me he reído yo desde el fondo de la clase!
El rubio puso los ojos en blanco, sentándose a propósito muy cerca de su primo, casi como si estuvieran pegados, a pesar de haber hueco de sobra para al menos otras seis personas en los sofás.
—No me ha sido posible echarte de menos, te haces notar allá por donde vas. ¿La soledad te atormenta allá arriba en la torre y por eso vuelves al nido?
—Ni confirmo, ni desmiento. Pero como dudo que vengáis a verme allá arriba a no ser que organice una fiesta cuando Slytherin gane los partidos de Quidditch, pues me he dejado caer por aquí. ¿Ya quieres echarme de aquí? No me esperaría esa traición por tu parte, querido primo…
Theo hizo un gesto de dramatismo. Scorpius suspiró, a pesar de que no le gustase darle la razón a Taneedra más de lo necesario, esta vez la chica estaba en lo correcto. Theodore Nott podía llegar a ser realmente insoportable.
—¿Qué esperas de este curso, Scor? Porque yo quiero irme de aquí dejando a Slytherin por todo lo alto…
—Ya sea para lo bueno como para lo malo—interrumpió Scorpius—¿no es así, Theo?
—¡Cualquiera diría que casi parecemos familia de lo que me conoces, Scor! No, pero enserio, creo que estar allá arriba me ha aclarado la mollera. Yo pienso que es por lo mucho que sopla el viento, te lo juro.
—Llevas allí menos de 24 horas, ¿no crees que exageras?
Antes de que ninguno pudiera decir nada más, una voz aguda interrumpió la escena.
—¡Scorpius, Scorpius! ¿Cuándo vamos a tener nuestras clases?
Scorpius se sintió abrumado al ver como siete pares de ojos distintos le miraban como si fuera el último caramelo de fresa sobre la tierra. Sin dejar que su sorpresa se notase, respondió con una sonrisa a las que eran sus alumnas más aplicadas de la casa de las serpientes.
—Chicas, no será hasta la primera quincena del mes de octubre. Para que os hagáis de nuevo a la rutina y al nuevo horario. En cuanto tenga todo listo para empezar, le mandaré a McGonagall un aviso para que os notifique, ¿vale chicas?.
Un murmullo de "síes" entusiasmados abandonaron la sala escaleras arriba tan rápido como habían aparecido. Scorpius podía sentir cómo el cuerpo de Theo se movía suavemente reprimiendo las ganas que tenía de reírse del rubio.
—¿Y tú qué, primito? ¿Podrás con todo tu club de fans o tendrás hueco para alguien más allá de tus libros y clases?
—Cállate, Theo. Ya sabes que…
—…"eso no es algo que me interese".
Scorpius se quedó sorprendido al escuchar como su primo le imitaba casi a la perfección. Una duda asaltó su mente. ¿Cuánto había compartido de sí mismo para resultar tan transparente a ojos de todos los demás?
Sacudió su cabeza, intentando sin éxito disipar ese pensamiento.
—La verdad, es algo en lo que creo que no me merece la pena enfocar mi energía. Ya sabes que tengo que cumplir con mi padre para…
—...que te deje continuar con tu idea de ser profesor, sí, lo sé. Taneedra me lo contó en verano. Pero, Scor, piensa en toda la calificación muggle que te hace falta para cumplir tu sueño. El de las ideas locas en esta familia soy yo, no puedes darle esos disgustos a tu padre.
Scorpius comenzó a juguetear con el puño de su camisa, dubitativo. Sabía que en algún momento iba a tener que enfrentarse a sus miedos pero no tenía porqué ser en ese mismo momento. Algunas veces le gustaría poder dejar de pensar o, más bien, de solo pensar en sí mismo, sin que sus acciones tuvieran repercusión en los demás.
Rose daba vueltas en su cama sin poder conciliar el sueño. Había llegado a un punto en el que sentía miedo de irse a dormir, sobretodo ahora, que volvía a compartir cuarto con personas que prácticamente eran unas desconocidas.
¿Cómo había podido desperdiciar su tiempo de ese modo? Pendiente de lo que dijeran los demás, de las apariencias.
Giró su cuerpo sobre el costado izquierdo. Podía ver claramente la claridad de la noche entrando por la ventana. La respiración del resto de sus compañeras era pausada y Rose no pudo evitar sentir como un puñal de envidia se clavaba en su pecho.
Giró su cuerpo sobre el costado derecho. Si había pasado todos estos años sin que la actitud de los demás le importase, ¿qué había cambiado ahora? ¿Qué era diferente?
"Tú has cambiado. Y tú orgullo no te permite que los demás sientan lástima de ti."
Ahogó un grito en su almohada. Rose agradecía al mago o bruja que había descubierto el hechizo insonorizador, pues era la salvación no solo de su frágil estado mental sino del descanso de sus compañeras.
Se puso boca arriba, fijándose en los dibujos que el terciopelo granate hacía de manera desordenada.
Quizás Frank aún no estaba dormido pero no quería molestarle dos noches seguidas.
Pensó en la reunión que había mantenido con Neville aquella tarde y en lo frustrado que parecía el que entre aquellos muros era su profesor y jefe de su casa pero para que ella era como un tío más.
Habían barajado la idea de volver a utilizar drogas muggles para asegurar que Rose durmiera la noche sin sobresaltos como habían probado en cuarto curso, sin embargo, volver a sentir aquellos sueños tan lúcidos había provocado que la pelirroja se cerrase en banda.
Sabía que Neville ponía todos sus esfuerzos en lograr encontrar una cura para ella pero cada día que pasaba estaba más segura de que su vida tendría que discurrir fuera del mundo mágico, pues parecía ser la fuente de su desgraciado descanso.
Respiró profundamente, sentándose en la cama. Buscó su sudadera a los pies de la cama y se la puso. Abriendo las cortinas que se suponía debían guardar su sueño, tomó del suelo una de sus deportivas. Mientras se abrigaba silenciosamente, recordó al pequeño amigo que se había encontrado en el bosque. Sonrió, como lo hace la niña que sabe que va a realizar una travesura, mientras rebuscaba entre las pertenencias de su baúl hasta encontrar lo que necesitaba. Desistió, ya le pediría a su madre que le enviase un paquete de galletas de queso. Lo más probable es que nunca se volviera a encontrar al escurridizo hurón pero la esperanza le hacía sentir un calor interior reconfortante.
Se ató el pelo en una coleta alta. Probablemente el frío de la noche sobre su cuello le vendría bien para relajarse. Pensó en que quizás era buena idea volver a recuperar el hábito de correr el perímetro del Lago Oscuro, así podía cansarse y conseguir dormir.
Rose no quería ni tenía ganas de aplicarse un hechizo desvanecedor, si alguien tenía que cruzarse en su camino, Merlín estuviera de su parte y que no fuera un prefecto de alguna de las casas. Dirigió sus pasos hacia las cocinas, se había saltado la cena porque se le había pasado la hora mientras estudiaba en la biblioteca.
Rose también quería saber si el chocolate que había recibido había salido de allí aunque dudaba de que los elfos domésticos fueran a decirle la verdad sin presionarlos. Y la hija de Hermione Granger-Weasley no podía permitir semejante hecho.
Mientras caminaba por los desangelados pasillos, no podía evitar pensar en que mañana después del desayuno tendría su primera clase con Scorpius. Frunció el ceño. Parecía casi hecho a posta que de un día para otro, viera más al rubio que a su propio hermano.
¿Por qué habría puesto esa cara tan extraña? Si una hora antes habían estado hablando sin problemas sobre las clases y cómo se iban a desarrollar.
Rose recordó como los ojos de Scorpius brillaban ante el reto de un nuevo alumno y le pareció incluso hasta tierno. Ella había perdido la ilusión de convertirse en aurora pero no iba a cejar en su empeño. La única pega existente es que no se había atrevido a contar su problema a Malfoy, prefería esperar a tener un poco más de confianza con el chico, si es que alguna vez llegaba a ocurrir semejante hecho.
Al girar la esquina para comenzar a bajar las escaleras que llevaban a las cocinas, chocó contra alguien.
Rose mantuvo el equilibrio, no sin esfuerzo. Cerró los ojos instintivamente agarrándose al brazo del desconocido.
—Perdona, no te vi.
Reconoció la voz y no pudo evitar levantar las cejas. En serio, de toda la gente que podían cruzarse en un castillo tan gigantesco, ¿tenía que encontrarse con Scorpius Malfoy?
—Voy a llegar a pensar que me estás siguiendo, Malfoy. ¿McGonagall me ha puesto un GPS y tú tienes el monitor?
—¿Un...qué?
—Un GPS, un artilugio muggle. Si tuvieras un abuelo tan entusiasmado con su nuera muggle sabrías de lo que te hablo. ¡Merlín! ¡Que eres prefecto! Por favor, no me quites puntos, solo quería comer algo porque…
—Tranquila, yo no te he visto. Pero que sepas que la última porción de tarta de queso me la he comido yo. Lo lamento, pero dentro de esa cocina, tengo mis contactos.
Una bombilla se encendió en la cabeza de Rose. Le preguntaría a Scorpius, ya que sabía que con su buen talante, él si sabía la respuesta, se la diría.
—Scorpius, ¿sabes si es posible que Hogwarts materialice los deseos de sus alumnos? Me refiero a deseos materiales como comida, por ejemplo.
Scorpius sintió como la sangre abandonaba su cara. No había manera posible de que la pelirroja supiera que aquel detalle del chocolate había sido él. De ser así, su secreto peligraba. Notó como sus manos sudaban, si tardaba más en responder, sabía que estaba vendido.
—¿Por...por...por qué lo preguntas?
—Oh, no. Por nada, bueno, osea...si es por algo pero...es una tontería. Tranquilo, no me hagas caso. Estoy muy cansada.
Scorpius se calmó internamente, su verdad aún seguía a salvo. Se fijó en la chica. Tenía ojeras amoratadas bajo los ojos que no recordaba haber visto por la mañana.
—¿Estás así por lo de Wood?
La sorpresa en los ojos de Rose, bastante enrojecidos, le respondió. "Claro que no es por Wood, imbécil. Sigue haciéndote el tonto, no quieres que te pille". La chica le sonrió y Scorpius se sintió en cierto modo especial. Algo le decía en su interior después del encuentro de la noche anterior de que esa sonrisa la chica no se permitía mostrarla muy a menudo.
—No, no es por Wood —un corto silencio llenó la escena— Pero gracias por preguntar, Scorpius. Y por responder a mi duda, profesor.
Rose le guiñó un ojo, casi por acto reflejo. Y al momento sintió como sus mejillas se coloreaban. Esta vez fue Scorpius quien miró para otro lado.
—Creo que ambos estamos demasiado cansados para seguir hablando. Deberíamos irnos a dormir antes de que nos pillen aquí, no sé, quizás un prefecto trasnochador.
Scorpius se atrevió, siendo esta vez su turno de guiñar el ojo.
—Y además, ¿qué hago yo aquí si no queda tarta de queso? Toda la razón del mundo, Scorpius. Deberíamos irnos a dormir. ¡Buenas noches, Scorpius!
Rose se giró, sin querer siguiendo viéndole la cara al rubio. Giró la esquina escuchando la despedida del chico. Todo había sido demasiado raro aquel primer día del curso. Sintió como sus tripas rugían. ¿Desde cuándo ella era una chica tímida? Scorpius tenía la habilidad de hacer que se sintiera a gusto sin decir nada y era una sensación desconocida para ella. La excursión al Bosque Prohibido la pospondría para otro día que no consiguiera conciliar el sueño.
Scorpius se quedó un par de minutos en blanco antes de emprender el camino de vuelta a su sala común. Tenía que preguntarle a Taneedra si había algún tipo de conjunción astral extraña en ese momento que alterase de ese modo la realidad que parecía querer burlarse de él. Rose le resultaba un ser curioso pero aún más que una y otra vez volvieran a cruzarse. Su escapada al Bosque Prohibido tendría que esperar, sentía la barriga tan llena que solo quería dormir.
