Capítulo 7: Cambios interiores

Tasuki marcó en el árbol una cruz con un cuchillo. –"Vale, intenta darle justo aquí".

Miaka sujetaba el arco desde unos metros más atrás. Tenía una expresión de gran concentración. Vestía una camiseta ancha blanca metida por dentro de unos pantalones cortos de color marrón. Corría un ligero viento que agitaba sus cabellos sueltos y pegaba su camiseta a su pecho. Tasuki la miró por un instante fascinado y pensó que se veía hermosa, le gustaba ese aire de guerrera que desprendía. –"Ahora tómate tu tiempo para vislumbrar el objetivo, no hay prisa." – se acercó hasta colocarse a su lado.

Miaka estiró la cuerda y apuntó a su objetivo. ¡ZASSS! La flecha voló lejos del árbol. Hizo una mueca.

Habían pasado los últimos días entrenando todas las tardes. Tasuki le había ayudado a adquirir la postura correcta, luego le enseñó hasta donde debía estirar la cuerda y cómo debía corregir la trayectoria en función del viento. Miaka estaba agotada y le dolía la mano con la que estiraba la cuerda.

Decepcionada se sentó en la hierba.

-"No puedo más, tengo que parar ahora, tengo la mano en carne viva y ya no acierto a darle a la diana" – dijo deprimida. Tasuki se sentó junto a ella.

-"Ya te lo dije, hay que practicar mucho, pero has progresado en poco tiempo. Ve a ver a Mitsukake, seguramente podrá darte algo para aliviarte el escozor"

-"¿Tú te quedas?"

Él asintió, -"Iré más tarde, debo entrenar yo también con mi abanico. Mañana salimos de viaje, debemos estar preparados."

-"Bueno, pues hasta la cena" – Miaka acercó su mano para coger el arco al mismo tiempo que lo hacía Tasuki, por lo que sus manos se tocaron sin querer.

-"¡Perdón!/ ¡Lo siento!" – ambos se disculparon al mismo tiempo sonrojados. En todos estos días que pasaron entrenando juntos, ninguno de ellos mencionó nada sobre aquella noche. Ambos se comportaban como siempre, aunque se podía percibir una ligera tensión incómoda.

Miaka saludó con la mano y se marchó corriendo aún sonrojada. Desde un lado, y sin que ellos se percataran, Chichiri había observado la divertida escena.

Tasuki se quedó mirando cómo ella se marchaba. –"¿Qué demonios me está pasando? No es propio de mí comportarme así". El monje se encontraba ahora justo a su espalda.

-"¡Hola!" – le sorprendió haciendo que el bandido saltara del susto.

-"¡Chichiri! ¡¿Podrías dejar de aparecer así de repente?! ¿Desde cuándo has estado ahí parado?" – Chichiri ignoró su pregunta y miró las flechas en el suelo.

-"¿Estás enseñando a Miaka a utilizar el arco?"

-"Sí, ella me lo pidió… no me hace mucha gracia, pero quiere ser capaz de luchar junto a nosotros y defenderse por sí misma…".

-"Me parece muy buena idea, si. Miaka ha madurado mucho estas últimas semanas, ¿no crees?" – el monje lo miró con su máscara puesta.

-"Sí, eso creo yo también…".

-"¿Qué es lo que hay entre vosotros dos? ¿La amas?"

-"¿EEEHH? Pero, ¿a qué viene esa pregunta ahora? ¡P… pues claro que no!..." – Tasuki tartamudeó en su respuesta. -"¿pero por qué me pongo tan nervioso?"-pensó.

-"Uuuummm."- Chichiri se quitó la máscara. Siempre hacía esto cuando quería hablar en serio con alguien. –"Bien… entonces déjala tranquila, no conviene que Miaka tenga más decepciones. Lo de Tamahome ya fue suficiente para ella."

-"¿De qué hablas?" – Tasuki preguntó confundido.

-"Creo que tienes que reflexionar sobre tus sentimientos. Miaka no es como tú, jamás se entregaría a alguien si no lo amara."

-"¿qué quieres decir con eso?" – Tasuki frunció el ceño y subió la voz.

-"Solo tienes que mirarla bien. Ella es como un libro abierto". –diciendo esto le dio una palmada en el hombro a su amigo y se marchó.

Chichiri, a pesar de ser un monje, había estado enamorado una vez y sabía de lo que hablaba. Cuando conoció a Miaka, enseguida vio el tipo de persona que era. Una niña inocente que solo veía bondad en los demás, alguien con un gran sentido de la amistad y la lealtad, valiente pero imprudente. Por eso él siempre intentaba hacerle abrir los ojos diciéndole que debía pensar en las consecuencias de sus actos. Quizá había sido demasiado duro con ella entonces. A pesar de todo, ella se enamoró de Tamahome, él había sido su primer amor, y su corazón se había hecho pedazos. Esto la obligó a madurar de golpe, pero seguía teniendo un corazón puro y frágil. Ella era su sacerdotisa y sentía un gran aprecio, no quería verla sufrir de nuevo.

El bandido pelirrojo se quedó inmóvil inmerso en sus pensamientos. El monje lo había dejado aún más confundido. ¿qué trataba de insinuar? De repente sintió como un vértigo en su interior. Él había visto a Miaka siempre como una niña, hasta aquella noche… ¿qué había cambiado? ¿Cuándo cambió ella? y lo más importante, ¿qué había cambiado dentro de él? Sacudió su cabeza y cogió su abanico para practicar algunas técnicas y despejar su mente.


Miaka llegó hasta el jardín de plantas medicinales donde se encontraba Mitsukake. Él pasaba las horas allí, cuidando de las plantas, regándolas, podándolas y recogiendo manojos que guardaba en botes de cristal a los que ponía nombres para identificarlos. Al parecer habían habilitado una salita para guardar todos sus botes con hierbas y la consideraban como una especie de botica. Nadie sabía más que él sobre hierbas medicinales.

-"¡Hola Mitsukake! ¿Estás ocupado?" – Miaka se asomó por detrás de un arbusto.

-"¡Hola Miaka! ¿Necesitas algo? "Mitsukake aunque serio, siempre era tan amable.

-"Siento tener que molestarte. He estado practicando el tiro con arco y… ¡mira como tengo la mano!" – Miaka dramatizó haciendo un puchero. – "¿no tendrás algo que me alivie el dolor?"

-"Has hecho bien en venir, esas ampollas hay que curarlas cuanto antes y ser constante, de lo contrario se podrían infectar" – el médico agarró su manos para inspeccionarla mejor. – "Enseguida te preparo algo".

Cogió unas cuantas hierbas de aquí y de allá, explicando a Miaka qué era cada una de ellas y para qué servían. Ella le prestaba toda atención, esa información podría serle útil en un futuro. Después le siguió hasta la pequeña botica y cogió un tarro de miel. En un cuenco de madera el médico preparó una mezcla con todos los ingredientes y finalmente quedó una especie de ungüento. –"Ya está" – dijo Mitsukake –"dame tu mano, yo te lo pondré" – Miaka acercó su mano y el médico empezó a untarle la pasta delicadamente para no hacerle daño. Realmente él era muy buena persona, pensó ella. Después cogió un trozo de tela a modo de venda y se la enrolló alrededor de su mano. –"Ya está, déjalo así por esta noche, así el ungüento hará su efecto. Mañana tendrás que quitarte la venda para que la piel respire. Haz esto mismo siempre después de practicar, poco a poco tu mano se endurecerá y no te dolerá más, pero requerirá tiempo."

Miaka estaba fascinada por los conocimientos de su guerrero. Le admiraba, si al menos ella pudiese…

-"Mitsukake ¿podrías enseñarme un poco más sobre medicina?" – Miaka dijo sin terminar su pensamiento. – "Quiero decir, sé que no podré alcanzar todo el conocimiento que tienes tú, pero ¿podrías al menos indicarme algunas hierbas que podrían ser útiles? Me gustaría aprender… por favor…" – le suplicó juntando sus manos.

-"Claro, te enseñaré las hierbas medicinales más comunes. Así, si algún día las necesitas podrás encontrarlas fácilmente."

Mitsukake le instruyó a Miaka sobre el arte de las plantas medicinales, dónde crecían, cómo identificarlas, para qué servían,… ella prestaba atención a cada cosa que decía, incluso cogió una pequeña libreta y tomó algunos apuntes. Era increíble todas las cosas que ella ignoraba y que estaban a su alcance. Antes de ir a cenar, él le ofreció unos cuantos tarros pequeños con hierbas curativas para que ella llevara siempre en su bolso.


Era la hora de cenar, todos se habían reunido en el comedor de palacio. Miaka y Tasuki que de costumbre se sentaban juntos, se habían sentado cada uno en una punta de la mesa. Tenían una animada charla sobre lo que la sacerdotisa había aprendido mientras había estado con el médico. Nuriko que estaba al lado del bandido se percató del distaciamiento.

-"Tasuki, ¿por qué Miaka no se sentó a tu lado?" –le preguntó en voz baja. –"¿Ya la has hecho enfadar?"

-"¿Por qué tendría que saberlo? ¡Ella es libre de sentarse donde quiera!

-"¡Miaka! Me ha dicho Tasuki que te ha estado enseñando el tiro con arco, ¿qué tal ha ido?" – Nuriko se dirigió a la sacerdotisa para averiguar qué podía haber pasado.

-"¿De verdad Miaka?" – se sorprendió Hotohori .

-"Sí, pensé que quizá podría serviros en la retaguardia tirando flechas contra los enemigos. Quisiera poder defenderme por mí misma, así vosotros podréis centraros en luchar y no en protegerme" – Miaka agitaba sus manos con nerviosismo.

Hotohori miró su mano vendada. -"No es necesario que te esfuerces tanto. Nos tienes a nosotros para protegerte."

-"Oh, ¿esto?" –Ella señaló su venda – "No... no es nada, apenas me duele"-dijo sonriendo forzadamente.

-"No te exijas tanto mujer, si. Todo vendrá, si. Poniendo voluntad y empeño seguro que lo conseguirás." – Apuntó Chichiri en un intento por animarla.

Tasuki se levantó de la mesa –"me voy a seguir practicando con mi abanico".- y se marchó.

Tras la cena cada uno se retiró a sus respectivas habitaciones. Al día siguiente zarparían al alba en el barco que Hotohori había dispuesto para ellos y debían estar descansados para el largo viaje. Miaka se retiró rápidamente a su habitación para poder estar descansada para el viaje. De camino hacia su habitación vió a Tasuki a lo lejos en los jardines practicando con su abanico. Ella no pudo evitar mirarlo por un largo rato mientras él ignoraba su presencia.

-"¿Realmente me estoy enamorando de él? No puede ser, Tasuki no quiere ninguna relación, y nuestra amistad se estropearía…" –apretó los labios. Ella no quería eso, le quería a su lado, pero ¿sería ella capaz de seguir mirándolo como un amigo? Al menos lo intentaría.


A la mañana siguiente, nada más salir el sol y tras un buen desayuno, todos se pusieron en marcha. Miaka preparó su mochila metiendo todo lo que ella creyó necesario y se unió a sus compañeros. Cuando llegaron al puerto, Miaka notó que Tasuki se había hecho a un lado y tenía una expresión de angustia.

-"Oye Nuriko, ¿qué le pasa a Tasuki? Está ahí apartado de todos con cara de angustia" – le preguntó la sacerdotisa a su guerrero de pelo morado.

-"No lo sé, está así desde que hemos llegado al puerto."

-"Creo que es porque no sabe nadar" – dijo Chiriko.

Miaka se acercó a él –"¿Tasuki, qué te preocupa? ¿Te da miedo el mar? ¿Es porque no sabes nadar? No te preocupes, yo tampoco sé nadar, pero no tiene por qué pasar nada, estate tranquilo, todo saldrá bien." – Miaka le consoló con la mejor de las intenciones.

-"¿Pero qué estás diciendo? ¿Que no sé nadar? ¡Por supuesto que sé, incluso las sirenas se emocionan al verme ! ¡Por favor! ¡Qué cosas tienes!" – soltó una risita indiferente.

-"Ya veo…" – Miaka puso los ojos en blanco, su respuesta fue muy poco convincente, pero como de costumbre, Tasuki prefería ir de valiente. "En fin, qué le vamos a hacer…" – "Pues venga, debemos partir ya, date prisa".

Todos subieron a bordo del barco y como siempre Nuriko estaba provocando a Tasuki con el tema del agua. -"Tasuki, menos mal que te tenemos con nosotros, si alguno de nosotros se cae por la borda, tú serás el encargado de salvarnos, ¿verdad? " –Tasuki se puso blanco y todos comenzaron a reír.

-"¡A ver esas sonrisas!" – Miaka tomó una foto de sus guerreros con su polaroid y se la enseñó.

-"¿Quién demonios es ese? ¡Es igual que yo! ¡Es un demonio impostor!" – gritó alarmado el bandido.

-"Cálmate, es solo una foto. Este aparato es de mi mundo y puede plasmar una imagen real en un trozo de papel. ¿Ves?" – y le sacó otra foto. –"¡Vaya!, sales muy bien, pareces un modelo" – rió Miaka mirando la foto.

-"¿Un modelo? Qué es eso?" –preguntó intrigado.

-"Un modelo es una persona que generalmente es atractiva físicamente y se gana la vida vendiendo su imagen."

-"No lo entiendo muy bien, pero… eso quiere decir que te parezco guapo, ¿no es así?" – Tasuki volvió a su actitud seductora pasándose la mano por sus cabellos en un gesto coqueto. Miaka soltó una risita con las mejillas ligeramente sonrojadas.

Hotohori se acercó a Miaka – "cuídate mucho Miaka, por favor no corras riesgos innecesarios – Hotohori puso sus manos en sus mejillas, ella se sonrojó. Tasuki que no se encontraba lejos, miraba la tierna escena con enfado contenido.

-"En cuanto encontremos el tesoro de los dioses volveremos y realizaremos la invocación. Todo saldrá bien Hotohori." – Miaka sonrió. -"¡ZARPEMOS HACIA EL PAIS DE HOKKAN!"

CONTINUARÁ...