CAPITULO 11: Almas sacudidas
Era de mañana, la nieve había dejado de caer y el sol se alzaba por el horizonte. Miaka despertaba de un largo sueño. Abrió los ojos y miró alrededor. "¿Dónde estoy? –pensó desorientada. Ella aún no tomaba conciencia de todo lo ocurrido la noche anterior. De pronto vio a Tasuki atándose el nudo del pantalón con su torso al descubierto. Ella se miró a sí misma por debajo de las mantas y se dio cuenta que estaba casi desnuda.
-"¡AAAAAARRRGGGHHH!" – Gritó sonrojándose y tapándose hasta el cuello con una de las mantas.-"¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy … y tú también…?" – preguntó frunciendo el ceño y roja como un tomate.
-"Cálmate, ¿quieres?" – le dijo Tasuki en tono neutro. –"si gritas así es que ya estás mucho mejor" – el bandido ni siquiera se giró para mirarla.-"Y no hay nada que no haya visto antes".
En una situación normal, él hubiera dicho algo como eso con su característica sonrisa colmilluda para burlarse de ella. Pero esta vez parecía enfadado. En ese momento, Miaka hizo un repaso de todo lo sucedido. De cómo había oído a Tasuki decir que estar con ella había sido un error; de cómo ella se fue corriendo bajo la nieve y se encontró con Tamahome; de cómo éste le había declarado su amor tan repentinamente y cómo Tasuki lo golpeaba con la intención de matarlo; de cómo Suboshi la había perseguido para acabar con ella; y después… después no había nada. Todo estaba oscuro. Miró a Tasuki ponerse la camisa.
-"Ayer noche saliste sola sin decir nada a nadie y ¡sin abrigo! ¡Cómo se te ocurre!" – le reprochó el bandido dándole la espalda mientras se vestía.-"Te desmayaste por la fiebre y tuve que quitarte la ropa húmeda".
Miaka notó la hostilidad en su guerrero pelirrojo. Abrió la boca para decirle que había oído todo lo que habló con Nuriko en la taberna de la posada, que salió sin más de allí sin pensar, porque ella estaba tan dolida… Pero finalmente decidió no decir nada. Simplemente bajó la cabeza conteniendo su enfado.
-"¿Qué pasó… con Tamahome?" – Miaka había visto las magulladuras en el cuerpo de Tasuki, y se temía lo peor. ¿Realmente él había sido capaz de terminar con su compañero guerrero?
El bandido finalmente se giró y sus miradas se encontraron al fin. Ella jadeó al ver que sus ojos no eran los de siempre. Rebosaban de rabia.
Tasuki no soportaba que ella lo amara a "él". Incluso hubiera preferido que ella se quedara con su majestad Hotohori. Pero no con "él". Se sorprendió a sí mismo de sus celos, de su furia desmedida. Todo este tiempo había intentado negar los profundos sentimientos que albergaba hacia ella, pero ahora el hecho de no poder volver a tocarla y que otro hombre la hiciera suya, lo martirizaba. No sabía cómo lidiar con esa sensación tan molesta, puesto que nunca se había sentido así por ninguna otra mujer. Pero no podía odiarla, ¿cómo podría odiar a la única mujer que traspasó sus barreras y alcanzó su corazón? Él solo estaba enfadado consigo mismo. Enfadado por bajar la guardia y por no haber sido consecuente con sus principios. Las mujeres solo daban problemas y ahora estaba pagando el precio de haberse permitido enamorarse.
-"Él está vivo,… creo. "– dijo tras una pausa. Ella lo miró extrañada entrecerrando sus ojos. –"Cuando te desmayaste, él te protegió de Suboshi y se quedó luchando mientras yo te ponía a salvo." – él apartó su mirada al tiempo que se ponía sus joyas.
-"¿Me protegió?" – Preguntó sorprendida – "¿Y dónde está él ahora? ¿Y si Suboshi lo ha…?" – se detuvo antes de terminar la frase.
Él volvió a enojarse al ver su preocupación. Realmente a él le daba igual lo que le hubiera pasado. Pero era cierto que Tamahome había puesto su vida en peligro para salvar a Miaka. Decidió dejarla marchar para que ella estuviera a salvo con él. Eso es algo que un traidor no hubiera hecho. Él debía mantener su cabeza fría para no nublar su juicio, pero se le hacía tan difícil. Sin casi darse cuenta se encontró inmerso en una batalla interior para evitar dejarse vencer por la ira.
-"No tengo idea de lo que pasó después de eso." – dijo indiferente. – "Bastante tenía ya con ponerte a salvo con toda la nieve que caía. ¡Diablos! ¡Podríamos haber muerto congelados!"- él le tiró su túnica. -"Ahora vístete."-le ordenó con tono frío.
Miaka no dijo nada más. Él no se comportaba como siempre. Se preguntaba por qué le hablaba de esa forma tan dura. Sin embargo, mientras ella había estado dormida, juraría que él no se apartó de su lado ni un segundo, y que incluso la había besado.- "¿Estará celoso por lo de Tamahome?" –pensó mientras cogía su ropa y se vestía vigilando que él no mirara. –"Imposible, ya dejó más que claro que no tenía ningún interés amoroso en mí"-se dijo a sí misma creyendo que todo había sido un sueño.
-"Bien" – añadió él –"ahora que ya estamos listos, debemos regresar con los demás lo antes posible. El sol ha salido, así que será más fácil encontrar el camino de vuelta a la posada".
-"Y… ¿qué vamos a hacer con Tamahome?" –preguntó ella tímidamente. –"Si él se reúne con nosotros… podríamos hacer la invocación sin el shinzaho" – ella temía la reacción de Tasuki, pero inesperadamente su expresión se suavizó.
-"Ya pensaremos en eso más tarde" – dijo él con un gran autocontrol mientras enfundaba su abanico en su espalda y se ponía en marcha –"primero vayamos a la posada con los demás, les contaremos lo ocurrido y entre todos decidiremos qué hacer".
Tasuki abrió la puerta y salieron al exterior. Echó un vistazo notando el aire helado en su cara y su cuerpo se estremeció. El camino estaba algo más despejado que la noche anterior. Al parecer el fuerte viento había desplazado la mayor parte de nieve amontonándola sobre los costados por lo que sería más fácil caminar por el estrecho sendero. Rápidamente emprendieron el camino de vuelta hacia las afueras de la ciudad, donde se encontraba la posada.
Yui y Suboshi se levantaron temprano y decidieron volver al campamento donde se encontraban Nakago y las demás estrellas de Seyriu. Nada más llegar, ambos decidieron ir directamente a informarle sobre todo lo sucedido. Soi y Tomo estaban presentes también.
-"Ya veo" – dijo él con una inesperada sonrisa – "así que Tamahome al fin decidió escapar…"
-"Nakago" – interrumpió Yui – "No pareces estar sorprendido. ¿Acaso no piensas ir a por él?" –Yui había estado temiendo sus represalias hacia Tamahome.
-"No, todo va según mi plan" – todos lo miraron asombrados – "Ellos temen que consigamos el Shinzaho antes, así que seguramente se apresurarán en su búsqueda. Dejemos que ellos se regocijen y lo consigan, cuánto más arriba estén, más fuerte será la caída." –miró al cielo y sonrió.-"Además, Ashitare aún tiene un asunto pendiente con uno de ellos."
-"¿Vas a permitir que ellos obtengan el Shinzaho?" – preguntó Soi confundida.
-"Nosotros no hemos conseguido nada hasta ahora. Dejaremos que ellos hagan todo el trabajo y cuando lo tengan en su poder, se lo arrebataremos." - lanzó una risita malvada – "Mientras tanto, Yui, tú irás con Suboshi a Sairo. Allí se encuentra el otro tesoro de los dioses, el de la sacerdotisa de Byakko. Miboshi os acompañará y yo llegaré con Soi y Tomo dentro de un par de días." – Nakago parecía tener todo muy bien pensado.
-"¿Por qué no nos acompañas tú también? – se quejó Yui – "¡Tú nunca vienes conmigo! ¡Yo te necesito a mi lado!" – le gritó enfadada. Nakago se acercó a ella y le agarró la mano.
-"Aún tengo algo que hacer aquí. Te prometo que en un par de días estaré contigo en Sairo" – él le besó la mano ante la disgustada mirada de Soi.
Tras una larga caminata, Miaka y Tasuki llegaron al fin a la posada. Al abrir la puerta encontraron a Chiriko sentado en una de las mesas del bar. La sacerdotisa y su guerrero no habían comido nada desde el día anterior así que decidieron sentarse y pedir algo para almorzar en la taberna.
-"Menos mal que habéis regresado sanos y salvos" – les dijo Chiriko mientras Miaka devoraba un plato tras otro.- "¡Estábamos muy preocupados!"
-"¿Dónde están todos?" – preguntó Tasuki con la boca llena. –"¿Aún siguen durmiendo?"
-"Oh, no." – negó con la cabeza el joven guerrero. -"Como no volvíais, Chichiri y Mitsukake salieron a buscaros por la ciudad."
-"¿Y Nuriko?" – Preguntó el bandido impaciente-"Anoche nos separamos para buscar a Miaka. ¿Pudo regresar?"
-"Oh, sí, sí,… pero no regresó solo…" – dijo Chiriko sin saber cómo darles la noticia.
-"¿Qué quieres decir?" – preguntó Miaka intrigada.
-"Bueno, al parecer, mientras te buscaba, se topó con Tamahome…" – los ojos de Miaka se agrandaron.
-"¿Él está aquí?" - preguntó Tasuki intentando contener su ira sin gran éxito.
-"No, no… él y Nuriko fueron a investigar sobre el paradero del tesoro de los dioses. Parece ser que Tamahome tiene una pista sobre dónde se encuentra y Chichiri dijo que podríamos tomar ventaja y evitar que los de Seyriu lo consigan. Yo me quedé aquí a esperar por si regresabais."
-"Ya veo" – Miaka estaba un poco confundida. Al parecer, Tamahome consiguió convencer al grupo de que él no era un traidor.
–"¡¿Cómo pudisteis permitirlo?!" –El bandido se levantó de su asiento pegando con su puño en la mesa rodeado de un aura oscura. -"¡No me gusta la idea de que Nuriko esté solo con Tamahome!" – dijo apretando los puños sobre la mesa y frunciendo el ceño.
Él no entendía cómo sus compañeros habían vuelto a confiar tan fácilmente en él y eso lo consumía. Miaka y Chiriko se sobresaltaron por su inesperada agresividad.
"B..bueno… él nos explicó lo que realmente pasó y…" – titubeó Chiriko asustado al ver la aterradora expresión en el rostro de su compañero.
"¿¡Cómo sois tan estúpidos!?" – lo interrumpió cortándole la palabra y asustando aún más al pequeño. – "¡Podría estar llevándolo hacia una trampa!… ¡Miaka coge tus cosas, nos vamos!".- ordenó dirigiéndose hacia las escaleras que conducían a las habitaciones.
Miaka abrazó a Chiriko y después se inclinó para agarrarlo por los hombros y hablarle.
-"Tasuki está un poco alterado" – le dijo en voz baja – "no se lo tengas en cuenta, ¿vale?" – a Chiriko se le humedecieron los ojos. Había visto enfadado a Tasuki un millón de veces, era parte de su carácter impulsivo, aunque a todos les parecía muy divertido. Sin embargo esta vez no era como siempre, ese aura oscura que desprendía, parecía estar lleno de odio y dolor. Daba miedo. -"Tú quédate aquí a esperar por Mitsukake y Chichiri, y diles que estamos bien. "– le dijo con tono suave y una sonrisa para intentar calmarlo.
Miaka se levantó de nuevo y pasando por delante del guerrero pelirrojo, subió a la habitación a por sus cosas.
-"Miaka"- la llamó Chiriko cuando regresó abajo.-"Nuriko dijo que lanzaría una bengala en cuanto encontraran el lugar. En teoría todos deberíamos reunirnos allí con ellos una vez que la veamos." – ella se quedó pensativa y de pronto reaccionó.
-"Chiriko, salgamos afuera un momento" – ella se apresuró y Tasuki y el joven niño la siguieron hasta la calle.
-"¿Qué piensas hacer Miaka?" – le preguntó Chiriko extrañado.
Miaka rebuscó en su bolso y sacó la bengala que les había dado Nuriko el día anterior, cuando estuvieron en el bosque. La prendió y la lanzó hacia el cielo.
-"Ahora sabrán que hemos llegado y que estamos bien" – Miaka miró a Chiriko con suave expresión.- "Mitsukake y Chichiri lo verán y volverán a la posada enseguida. Diles que nos hemos adelantado para alcanzar a Nuriko y Tamahome. Entonces dirigíos hacia allí vosotros también."
-"Chiriko, tienes idea de qué camino tomaron Nuriko y Tamahome?" – preguntó Tasuki un poco más calmado.
-"Iban a investigar la "montaña negra". Al parecer, el tesoro de los dioses se encuentra en una caverna." – el chico miró hacia el horizonte y señaló con el dedo índice un monte rocoso cubierto de nieve. –"La única montaña que hay a los alrededores es aquella de ahí, así que no puede ser otra".
-"¡Muy bien, vamos Miaka!" – el bandido agarró la mano de la sacerdotisa tirando de ella sin darle tiempo a ponerse el abrigo y partieron hacia el establo para coger uno de sus caballos.
Tras dar algunos pasos, y una vez que ya no estaban a la vista de Chiriko, Miaka soltó su mano bruscamente.
-"Estás siendo un poco desagradable, ¿no crees?" – le dijo ella enfrentándolo enojada por su actitud.
-"¡Oye, entiendo que tus sentimientos nublen tu juicio, pero no cambia el hecho de que él ha sido nuestro enemigo hasta ayer!" – Tasuki gesticulaba en exceso, como fuera de sí.
-"Eso no es cierto, y lo sabes."- le dijo ella con ojos suplicantes intentando llegar hasta su corazón – "Creo que el único que no ve las cosas aquí con claridad eres tú. ¿Por qué estás tan lleno de rencor? Él ya ha explicado lo que pasó, todo fue una maniobra de Nakago para engañarnos a todos, ¡Igual que hizo con Yui!" –Alzó su voz en desesperación- "¿Es que no lo ves?"
Él resopló sin decir nada y continuó andando. A ella no le quedó más remedio que seguirlo mientras se ponía el abrigo y se enganchaba el arco, las flechas y su bolso en su espalda.
Nuriko y Tamahome se habían alejado de la ciudad y subían por la ladera de la que creían ser la llamada "montaña negra" de la que hablaba la inscripción del monolito. Tamahome llevaba las riendas del único caballo que se llevaron, pero ninguno de los dos lo montaba para no cansar al animal en exceso. El camino era difícil a causa de la abundante nieve y la pendiente.
-"Oye Nuriko…" – Tamahome habló entrecortado por el esfuerzo –"¿Cómo sabes que no te estoy llevando a una trampa?" –se sentía tan culpable por el pasado.
-"¡Jajaja!" – rió él ante la mirada perpleja de Tamahome – "Bueno, no lo sé con seguridad. Si finalmente es así, tengo que reconocer que eres muy buen actor, y que eres un cabrón pero de los grandes…" – miró al cielo, después se detuvo y lo miró a él –"Sinceramente, me extrañó muchísimo lo que pasó en Kuto. Jamás creí que serías capaz de hacer algo así, y mucho menos de lastimar a Miaka. Entonces, pensé que eras un miserable traidor, y te odié por ello" – continuó andando unos metros más y volvió a detenerse, girándose para mirarlo una vez más. – "Pero al verte de nuevo ahora, sigues siendo el mismo de siempre, el mismo Tamahome que conocí, el que luchó a mi lado y que fue mi amigo. El mismo del que Miaka se enamoró…" – dijo con una triste sonrisa.
-"La verdad es que me sorprendió que ella me creyera tan rápido, que todos confiarais en mí de nuevo con tanta facilidad… Es algo que no me esperaba." – él sonrió con su mirada puesta en el horizonte, después se acercó a Nuriko y le puso una mano en su hombro – "Muchas gracias, de verdad." – dijo emocionado. –"Aunque…" – continuó –"ese Tasuki no va a ser fácil de convencer…" – rió apurado.
Nuriko solo se encogió de hombros y continuó la marcha. Tamahome quería saber más acerca del guerrero pelirrojo. Él lo había visto en dos ocasiones, y en ambas, habían luchado el uno contra el otro como enemigos. Pero esta última vez había sido diferente. Tasuki lo detestaba profundamente, sus palabras y sus ojos llenos de ira, no eran solo por venganza por lo que pasó en Kuto. No, había algo más. No era la primera vez que se preguntaba qué relación podría tener él con Miaka. Había pasado un tiempo desde que se había marchado del lado de la sacerdotisa. Ella había emprendido un largo y duro viaje para buscar al resto de estrellas de Suzaku, y Tasuki era una de ellas… otra vez se sintió celoso. El pelirrojo había pasado más tiempo con ella que él, y parecían tan cercanos… El guerrero de ojos grises levantó su cabeza y vio una luz roja en el cielo interrumpiendo sus pensamientos.
-"¿Qué es eso?" – preguntó sin apartar la vista. –"¡Parece estar cerca de la posada!"
-"¡Oh cielos!" – Nuriko también lo vio. –"¡Miaka está bien, han debido regresar!" – se alegró mostrando una sonrisa.
-"¿Cómo sabes que son ellos?" -Tamahome preguntó extrañado.
-"Porque esa bengala se la di yo." – Nuriko sacó de su bolsillo otra igual y se la mostró.-"¿Lo ves? Probablemente los demás les hayan contado nuestro plan, y es una forma de decirnos que están bien" – continuó avanzando. –"En cuanto lleguemos a la entrada de la cueva, lanzaremos nuestra bengala y sabrán nuestra posición. No tardarán en llegar y entonces nos reuniremos todos de nuevo." – Nuriko sonrió de nuevo aliviado de saber que sus amigos estaban bien.
Ambos siguieron subiendo por la ladera ignorando la presencia de un ser que los vigilaba desde hacía ya un rato con no muy buenas intenciones.
-"Jejeje, empieza el juego" – Tomo rió silenciosamente mientras observaba escondido a los dos guerreros de Suzaku.
Mitsukake y Chichiri inspeccionaron cada rincón de la ciudad en busca de Tasuki y Miaka. La tormenta de anoche había sido muy violenta, así que ellos debían de haberse resguardado en algún lugar. Entraron a todas las posadas de la capital a preguntar por ellos, pero nadie los había visto. Caminaban por una de las calles de la ciudad son esperanza alguna, cuando oyeron un ruido sordo y una luz roja apareció en el cielo.
-"Chichiri, ¿eso no es la bengala de Nuriko?" –dijo Mirtsukake señalando con el dedo índice la luz en el cielo.
-"Cierto" – la mirada del monje se desvió hacia arriba también en busca de la señal. - "Pero parece ser justo al lado de la posada, si. ¿Cómo es posible? ¿Habrán regresado? ¿Tan pronto?" – el monje intentaba responder mentalmente a sus preguntas.
-"Qué extraño, deberíamos volver para averiguar qué pasa" – propuso Mitsukake.
-"Tienes razón, si. Vayamos, rápido".
Chichiri y Mitsukake aceleraron su paso por las calles de la ciudad en dirección a la posada. Esa mañana había mercadillo, y no podían arriesgarse a teletransportarse puesto que había demasiada gente y no era conveniente llamar la atención.
Nuriko llevaba la delantera y por detrás lo seguía Tamahome tirando del caballo. Realmente la montaña era escarpada y la resistencia del animal estaba al límite. Por suerte para todos, entraron en una zona boscosa en la que el camino estaba un poco más limpio de nieve.
-"Nuriko" –Tamahome se detuvo para dar un respiro al caballo.
-"¿Sí?"- continuó caminando sin detenerse.
-"Qué pasó con Miaka cuando… ya sabes, volvieron de Kuto…" – preguntó. Era un tema delicado, pero quería saber la verdad sobre el intento de suicidio de la sacerdotisa. Nuriko se detuvo y se giró.
-"Ella,… estaba sufriendo mucho. No podía aceptar que tú la hubieras traicionado, su corazón estaba hecho añicos, así que…"
-"Intentó quitarse la vida" – lo interrumpió él sintiéndose increíblemente culpable.
-"¿Cómo sabes eso?" – Nuriko frunció el ceño.
-"Tasuki lo mencionó anoche durante nuestra pelea" – él miraba al suelo cabizbajo.
Nuriko pensó en cómo debió de sentirse Tasuki al reencontrarse con Tamahome.
-"Bueno, fueron momentos duros para ella, pero es fuerte, pudo superarlo y seguir adelante. Nosotros la ayudamos en todo lo que pudimos."
-"Dios, si solo hubiese podido estar allí para ella, jamás debí marcharme, fui tan estúpido" –puso una mano sobre su frente con pesar.
-"No sirve de nada que te castigues de esa manera. Lo hecho, hecho está. Lo importante es que ahora nos reunamos todos y podamos invocar a Suzaku cuanto antes." – Nuriko siguió avanzando.
Tamahome no podía evitar culparse por el sufrimiento de Miaka. ¿Cómo podría él compensar tanto dolor? Quizás ella ya no quería compensación. Quizá ella ya había superado su amor por él y lo había olvidado. Cuando se encontró con Miaka la pasada noche, ella estaba llorando. De pronto le asaltaron un millón de dudas. ¿Por qué deambulaba por la ciudad sola? ¿Por qué estaba llorando? En aquel momento solo pensó en explicarse y decirle que la seguía amando, pero no pudo escuchar ni una sola palabra de su boca en respuesta. Cuando Suboshi fue tras ella, ella llamó a Tasuki y no a él. Había perdido su confianza. Antes solo gritaba su nombre cuando se encontraba en peligro, a pesar de que todos la protegían. Necesitaba tener algún momento a solas con Miaka para poder hablar y averiguar sus sentimientos, y estaba claro que Tasuki no se lo iba a poner nada fácil. Tamahome había estado distraído con sus reflexiones y se dio cuenta de que había perdido de vista a Nuriko.
-"¿Nuriko?" – lo llamó mirando alrededor y caminando hacia delante más rápido con el objetivo de alcanzarlo.
Nuriko se detuvo y miró hacia atrás. Tamahome se había quedado rezagado. Esperó un poco y una figura apareció jadeando.
–"¡Oh! Ahí estás, ¿te encuentras bien? Veo que no estás en forma ¿eh?" – bromeó.
-"Oh sí, lo siento, estoy un poco cansado…" – dijo poniendo sus manos sobre sus rodillas para tomar aliento –"por favor, adelántate. Yo te alcanzaré más tarde".
-"De acuerdo, ya casi hemos llegado, así que no tardes demasiado" – Nuriko continuó el camino hacia la salida del bosque. El falso Tamahome lanzó una risita, revelando así su verdadera identidad.
Tamahome caminaba rápido por el sendero, pero había perdido totalmente de vista a Nuriko. Lo llamaba constantemente pero no recibía contestación alguna.
-"Qué raro, estaba aquí hace un momento. No puede haber ido muy lejos… ¡Nurikooo!" – lo llamó de nuevo.
-"Hola Tamahome" – Tomo apareció delante de él cruzado de brazos.
-"¡Tú!" – Exclamó él deteniéndose en seco. –"¿Qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado? ¿Dónde está Nuriko?" – Tamahome buscaba con su mirada alrededor temiendo por su compañero guerrero.
-"Oh, qué poco educado,… vine a hacerte una visita… No te preocupes por tu amigo" – Tomo hizo el gesto de comillas con las manos mientras decía la palabra "amigo" –"él sigue su camino hacia esa cueva que estáis buscando, y creo que tendrá un invitado inesperado "
Tamahome lo ignoró y se dispuso a montar en el caballo para encontrar a Nuriko antes de que fuese demasiado tarde.
-"Tú en cambio estás atrapado en una de mis ilusiones." – rió a carcajadas.
El guerrero de Suzaku se detuvo. Sabía que Tomo era experto en confundir a sus víctimas mediante ilusiones que él mismo creaba, por lo que no podría escapar de allí sin acabar primero con él.
-"¿Qué es lo que quieres de mí?" –Se acercó a él preparado para atacar.
-"Oh, eso no es necesario. Solo quería hacerte un favor advirtiéndote que te equivocas al reunirte con los de Suzaku." – dijo gesticulando dramáticamente.
-"La única equivocación fue confiar en Nakago una vez. No volveré con vosotros" – dijo Tamahome frunciendo el ceño
-"Oh, no queremos que vuelvas… pero quería enseñarte una cosa…" – Tomo hizo aparecer un espejo. –"Solo observa lo que aparece en él" – se lo mostró.
Tamahome miró con desconfianza el extraño espejo cuando de pronto apareció una imagen muy nítida. En ella podía ver a Miaka y Tasuki en la oscuridad de la noche. Ellos parecían hablar pero él no podía oír lo que decían. Inesperadamente el pelirrojo la agarraba y la besaba en los labios apasionadamente. Tamahome gruñó haciendo una mueca, pero lo que se veía después lo colapsó. Ella abrazaba a su guerrero correspondiéndole. Los besos eran cada vez más intensos y finalmente ellos terminaban sucumbiendo al deseo, volviéndose la escena desagradablemente erótica.
-"¡Ya basta!" – gritó Tamahome enfurecido cerrando sus ojos para evitar continuar viendo la imagen en el espejo – "¡Eres un maldito pervertido! ¡Solo me enseñas mentiras para hacerme enojar y dudar de ellos!"
-"Oh" – se indignó el guerrero de Seyriu mientras guardaba el espejo. – "No, no, qué va… yo solo te muestro lo que hay en tu corazón…nada más y nada menos." – soltó una risa y desapareció.
Tamahome se quedó paralizado ante sus palabras. Había sido su propia mente la que había proyectado las imágenes en el espejo. Rápidamente sacudió su cabeza. Ahora no podía pensar en eso. Tomo solo había estado ganando tiempo para tenderle una emboscada a Nuriko. Debía partir cuanto antes y encontrarlo. Sin pensar más en ello se apresuró a subir a su caballo.
Nuriko salió de entre la maleza y llegó hasta una zona despejada. Un poco más adelante vio un saliente y una enorme roca que escondía lo que parecía ser la entrada de una cueva. "Aquí debe ser" pensó. Sacó la bengala de uno de sus bolsillos, y la prendió elevándose e iluminando el cielo con una luz roja intensa. De pronto escuchó un ruido detrás de sí.
-"¡Tama! Qué rápido me alcanzaste." – se giró y lo que se encontró no era Tamahome.
Ashitare lanzó un gruñido.
-"¡Al fin te encontré! ¡Esta vez no escaparás!"
-"¡Pero si fuiste tú el que huyó con el rabo entre las piernas la otra vez!" – se burló Nuriko mientras adoptaba una posición de lucha.
El lobo se lanzó contra él usando garras y dientes para atacarlo. Nuriko corría y saltaba esquivando sus ataques. "Es muy rápido" pensó.
A duras penas logró golpearlo una vez con una patada, pero el lobo parecía ser de acero y apenas lo sacudió.
-"¡Qué demonios!"-maldijo el guerrero de pelo morado mientras lo enfrentaba. Los brazaletes que Taitsukun le había dado se transformaron en muñequeras para darle más poder.
La lucha entre los dos guerreros enemigos prosiguió. La bestia se movía rápido entre los intentos de Nuriko de golpearlo con sus puños. Él comenzaba a estar cansado, puesto que la subida a la montaña había sido dura y no tuvo ningún respiro una vez que llegó arriba. Sacó fuerzas de donde pudo y le dio algunos puñetazos que tumbaron al guerrero de Seyriu. Nuriko sonrió triunfante sacudiéndose las palmas de las manos. Sin embargo, inesperadamente el hombre lobo se reincorporó aún más furioso. Nuriko se sorprendió de su aguante y volvió a prepararse para otra lucha. El lobo corrió hacia él a la velocidad del viento, el guerrero de Suzaku saltó por encima de la bestia propinándole una patada en la cabeza y elevándose hacia el cielo, cuando una garra lo atravesó por el pecho infringiéndole un dolor insoportable. Sangre caliente brotó cayendo en la nieve haciendo que ésta se derritiera.
Ante el subidón de adrenalina, Nuriko se deshizo de su garra, dando una voltereta y colocándose detrás del animal que lo había herido de muerte. Lo agarró con toda su fuerza por el cuello y apretó sin piedad. Ashitare a pesar de sus esfuerzos por escapar, se fue quedando poco a poco sin aire ante la presión de los brazos de su oponente y finalmente cayó inerte al suelo.
Chichiri y Mitsukake llegaron rápido a la posada. Allí les esperaba un inquieto Chiriko que corrió hacia ellos nada más verlos.
-"¡Mitsukake! ¡Chichiri!" – gritó mientras se acercaba hasta ellos.
-"¿Qué ha pasado Chiriko? ¿Quién ha lanzado esa bengala? Provenía de aquí cerca" – Mitsukake acogió al pequeño entre sus brazos, sorprendido de verlo tan asustado.
-"Miaka y Tasuki están de vuelta" – dijo mientras se apartaba lentamente del abrazo del guerrero más mayor.
-"¿Y dónde están?" – preguntó el monje intentando encontrarlos en alguna parte alrededor.
-"Han partido hacia la montaña negra en busca de Nuriko y Tamahome" – dijo con sus ojos revelando una gran angustia.
-"¿Por qué no han esperado a que regresáramos? ¿Por qué tanta prisa?" – el monje intuyó que la impulsividad del guerrero pelirrojo tenía algo que ver.
-"A Tasuki no le ha hecho ninguna gracia que Nuriko se haya ido solo con Tamahome. Él parecía fuera de sí." – el chico bajó avergonzado su cabeza queriendo esconder su temor.
-"Chiriko, nos contarás los detalles por el camino, si. Debemos partir tras ellos." – anunció el monje apoyando su bastón contra el suelo y poniéndose rápido en marcha. –"Vayamos a por los caballos, si"
Salieron por la puerta y vieron una luz roja en el cielo. "la bengala de Nuriko" – pensó Chichiri.
Se apresuraron a coger los 2 caballos que quedaban. Para repartir el peso, esta vez Chichiri montó con Chiriko, y Mitsukake solo. Cabalgaron rápido hasta salir de la ciudad y en dirección a la montaña donde la bengala de Nuriko seguía resplandeciendo entre las nubes.
-"Chiriko, cuéntanos qué es lo que ha pasado exactamente, si." – preguntó el monje mientras cabalgaban hacia su destino. –"¿Miaka está bien?"
-"Si, si,… ambos lo están, pero…" – el pequeño no sabía cómo explicar el estado en el que había visto a su compañero pelirrojo a quién tanto admiraba, y que de pronto no parecía él. –"No sé qué es lo que le pasa a Tasuki, nunca le había visto así. Estaba tan furioso que me asustó".
-"No te preocupes, si. Tasuki es muy emocional y no sabe gestionar sus sentimientos. Ya se le pasará, como siempre, solo que esta vez quizá necesite algo más de tiempo". –Chichiri intentaba reconfortar al niño pero él mismo estaba también preocupado. Lanzó una mirada seria al cielo en un intento de analizar la situación.
Tamahome les había contado sobre su pelea con Tasuki la noche anterior y por lo que dijo, el bandido estaba dispuesto a matarlo. Chichiri sabía que Tasuki no era ningún experto en los caminos del amor, así que el emocional e impulsivo guerrero habría sido invadido por una gran cólera al ver al ex amado de Miaka, y por lo visto ella aún podría sentir algún resquicio del amor que una vez tuvo por Tamahome. Eso debió de consumirlo y los celos hicieron el resto. La vuelta de Tamahome era algo positivo, pero este triángulo amoroso podría costarles su unión como grupo. Tasuki probablemente se sentiría apartado porque todos creyeron y aceptaron a Tamahome de nuevo. Pero ellos no podían elegir entre uno y otro, ambos eran estrellas de Suzaku y debían permanecer juntos.
De repente y sin previo aviso, los tres guerreros quedaron paralizados por una sensación que les atravesó el alma literalmente. Sus fuerzas vitales se vieron sacudidas con fuerza causándoles un dolor en su interior que no sabían explicar, puesto que nunca habían experimentado un sentimiento parecido.
-"¡Chichiri!" – Mitsukake fue el primero en reaccionar –"¿Qué fue eso? ¿Vosotros también lo habéis notado?"
Chichiri era el que más conocimiento poseía sobre fuerza vital, pero inexplicablemente los tres guerreros sabían exactamente qué significaba ese dolor.
-"¡Nuriko!" – gritó el monje, dando un toque a su caballo con el pie para que éste galopara más rápido.
Miaka y Tasuki subían por las faldas de la montaña a paso ligero y con determinación. El bandido sostenía las riendas del caballo montado por Miaka, quién se acababa de subir en un intento de recuperarse de la dura subida. Un silencio tenso se había impuesto entre ellos durante todo el camino. Un silencio en el que Miaka no pudo evitar verse envuelta por sus pensamientos. Ella creía haber pasado página con Tamahome, pero los últimos acontecimientos habían dejado entrever que él seguía amándola y que nunca había dejado de hacerlo. Eso removió viejos sentimientos en su interior de nuevo. Pero, ¿qué había de Tasuki? Ella lo miró discretamente. Él apenas le había dirigido la palabra desde que partieron hacia la montaña. Ella lo seguía y lo único que podía ver era su espalda. Cómo deseaba volver a ver sus ojos, esos ojos ardientes llenos de pasión y picardía, y que ahora estaban oscurecidos por la sombra del odio y el rencor desde la pasada noche. Todo se había vuelto tan complicado otra vez. Por no hablar de que aún tenía pendiente hablar con Yui sobre su presunta violación y su regreso a casa. Tenía la impresión de que su vida no acababa de ponerse en orden.
-"Uggghh" – Tasuki puso su mano en el hombro donde el lobo lo había herido el día anterior.
-"¿Qué te pasa?" – preguntó ella descendiendo del caballo y acercándose a él.
-"No es nada" – afirmó él recuperando la compostura aparentando normalidad.
-"Deja que vea tu herida." – ella estiró su brazo hacia su hombro con la intención de verificar su herida pero él se apartó antes que lo alcanzara.
El rechazo de Tasuki era demasiado para ella. Tal era su orgullo que estaba dispuesto a soportar el dolor de su herida antes que bajar sus defensas y dejarse curar.
-"Debemos continuar" – le dijo dándole la espalda.
-"Deberías haberte cambiado el vendaje" – insistió ella agarrando su brazo obligándolo a girarse. Ella se sentó en un tronco caído y abrió su bolso para sacar la medicina. –"No me moveré de aquí hasta que no te cure y te cambie la venda." – dijo cruzándose de brazos y girando su cabeza hacia un lado con aire altanero.
-"¡Tsk!" – chasqueó con su lengua. –"¡Mira que eres pesada! – dijo sentándose a su lado y quitándose el abrigo. – "Hazlo rápido."
Miaka sonrió y le quitó la venda poco a poco y con cuidado de no hacerle daño. El frío provocó que los músculos de Tasuki se pusieran rígidos y duros. El hecho de que él estaba evitando sus ojos mirando hacia otro lado, dio la oportunidad a Miaka de admirar su torso. A pesar de las heridas y magulladuras, el cuerpo del guerrero pelirrojo era como una obra de arte, tan delgado pero musculoso al mismo tiempo. Ella untó la pasta medicinal en la herida y él contuvo un gemido de dolor. Pensó afligida en el repentino cambio de actitud en su amigo, teniendo en cuenta que hace tan solo unas horas, en esa misma situación, los dos habían estado tan cómodos el uno con el otro, bromeando y riendo.
De pronto, la bengala de Nuriko hizo su aparición en el cielo. Los dos miraron al cielo boquiabiertos.
-"¡Lo han conseguido!" – exlamó ella sonriendo. –"Ellos han encontrado el lugar donde se esconde el Shinzaho" – Miaka se apresuró a terminar de vendar a Tasuki.
-"No parece lejos de aquí." – habló el bandido poniéndose el abrigo. – "no tardaremos en llegar hasta donde están".
Aligeraron la marcha a pesar de la dificultad del camino. Miaka estaba ansiosa por rencontrarse con su amigo y guerrero, pero no sabía cómo iba a reaccionar cuando tuviese a Tamahome enfrente de ella. También le preocupaba Tasuki, puesto que su temperamento era totalmente impredecible. Debía aplacar sus ánimos antes de llegar.
-"Oye Tasuki…" – ella se adelantó hasta ponerse a su lado. –"Esto significa que Tamahome está con nosotros…" – hizo una pausa mientras miraba el suelo. –"¿No lo crees así?"
Ella desvió su mirada tímidamente hacia él, pero sus ojos estaban fijos en el frondoso sendero, aún evitando mirarla.
-"Supongo que sí, pero hasta que no lleguemos no voy a dar nada por sentado" – él se resignó y finalmente la miró. Sus ojos tenían una expresión más suave ahora. –"Si es así, lo aceptaré como uno más de los nuestros."
Tasuki también había estado reflexionando por el camino y estaba tan avergonzado por su comportamiento, que había estado evitando mirar a Miaka a los ojos. Él era ahora consciente de su enfado desmedido, y sabía que debería controlarse, o echaría a perder su amistad con sus amigos, con ella. Pudo ver cómo Chiriko lo había mirado con ojos asustados y sintió la decepción en la expresión de Miaka. Si ella decidía volver con Tamahome, él lo aceptaría a pesar del dolor, porque al fin pudo ver con claridad que mientras ella fuese feliz, él estaría satisfecho. Al menos pudo besarla una vez, y eso le bastaba. Viviría con el recuerdo de aquella noche, en la que ambos compartieron pasión, deseo y… amor. Eso era. Amor. Porque él no se había dado cuenta de ello hasta que fue demasiado tarde, y por miedo a sufrir, decidió negarse ese sentimiento.
Inconscientemente, él terminó por esbozar una sonrisa agridulce. A pesar de ello, sus ojos seguían reflejando una profunda tristeza, pero fue un comienzo. A ella le bastó y su corazón se iluminó por un instante cuando de pronto sintió algo inesperado en su alma. Se detuvo y se llevó una mano al pecho, queriendo paliar ese dolor de su interior. Miró a Tasuki horrorizada y pudo ver que él también lo estaba sintiendo. El bandido la miró con los ojos abiertos de par en par, su expresión desencajada.
-"¡Nuriko!" – Pudo articular Tasuki con dificultad – "¡Algo ha pasado!"
CONTINUARÁ...
