Nota: Solamente quería poner un poco de música al capítulo! Como siempre, el nombre del tema está entre asteriscos.
Capítulo 12: Seguir adelante
Nuriko se desplomó de rodillas en el suelo frío y cubierto de nieve. Colocó sus manos en su pecho para tapar la herida. La sangre que brotaba calentó sus manos. "Este es el fin" – pensó esbozando una triste sonrisa al aire mientras pensaba en Miaka y sus amigos.
De pronto, sin saber cómo, sacó fuerzas de donde pudo y se levantó. Era el fin para él pero no para la sacerdotisa y los demás. Ellos debían conseguir el tesoro de los dioses e invocar a Suzaku. Dios, estaban tan cerca, pero él ya no podría acompañarlos. Solo podía facilitarles el camino para que pudieran seguir, para que pudieran terminar la misión y conseguir la felicidad. Él quería que todos ellos vivieran y fueran felices. Miró disgustado al hombre lobo inerte tendido en el suelo que le había arrebatado la posibilidad de pasar más tiempo al lado de la que ahora era su familia. Al lado de su sacerdotisa a quien tanto amaba. "Maldito bastardo". Sin perder más tiempo, y sabiendo que su muerte lo acechaba, caminó a duras penas entre la nieve dirigiéndose hasta la roca que impedía el acceso a la cueva.
-"Es muy pesada, más vale que la aparte o ellos no podrán entrar"
Hizo un esfuerzo descomunal, haciendo que su herida sangrara aún más y soportando el dolor que ésta le producía, pero la entrada estaba ahora despejada.
***Zanarkand (Final Fantasy X) - Nobuo Uematsu***
-"Ahora puedo morir en paz, mi muerte no habrá sido en vano".
Se apartó de la entrada y cayó boca abajo en mitad del suelo cubierto por la nieve.
Unos minutos después Tamahome llegaba en su caballo a toda prisa.
-"¡Nuriko!" – lo llamó mientras descendía del animal y se acercaba corriendo hasta su compañero moribundo.
Cuando se arrodilló a su lado, su corazón dio un vuelco al ver la herida sangrante de su espalda. Giró su cuerpo para ponerlo boca arriba y pudo ver que la herida lo atravesaba desde su pecho. Había perdido mucha sangre. El guerrero aún estaba despierto cuando lo habló.
-"Tamahome, al final me has alcanzado…" – dijo con la respiración entrecortada.
-"No hables, por favor" – lágrimas brotaron de los ojos grises del guerrero. – "Todo esto es culpa mía, lo siento…".
-"Tranquilo, deja de culparte por todo. Sé que no tuviste nada que ver" – Nuriko tosió y un hilo sangre se escapó de su boca.
-"¡No hables! Te pondrás bien, los demás estarán de camino. Quédate conmigo hasta entonces, ¿vale?" – aunque Tamahome sonreía, sus ojos llorosos delataban su profunda tristeza.
Tamahome se quitó el abrigo y rápidamente rompió un trozo de tela de su camisa para taponar la herida.
-"Escúchame Tamahome, cuida bien de todos ellos, ¿de acuerdo?" –su voz era frágil.
Tasuki y Miaka aparecieron y vieron a Ashitare tendido en el suelo.
-"¿Qué demonios?" – dijo el bandido – "¡es el lobo de Seyriu!"
Más adelante vieron la figura arrodillada de Tamahome y un cuerpo tendido en el suelo.
-"¡Nurikooooo!" – gritó el bandido mientras corría en su dirección.
Miaka que se encontraba en shock, se quedó quieta sin moverse, aterrorizada por lo que se pudiera encontrar.
-"¿¡Qué le has hecho!?" – gritó un enfurecido Tasuki a Tamahome mientras éste se apartaba.
-"Ta su ki" – la voz de Nuriko lo llamó. El pelirrojo enseguida se arrodilló y agarró sus manos gélidas como la nieve.
-"Nuriko…" – sus lágrimas desbordaron sus ojos, cayendo incesantemente por sus mejillas como un río que se desborda tras una tormenta. Tasuki siempre aparentaba ser un tipo duro pero en ese momento no pensaba en las apariencias. Ahora todo eso le daba igual. – "qué…¿qué ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto?"
Él ya sabía la respuesta, pero su corazón le impedía razonar con claridad. Era como si dentro de él quisiera que todo hubiese sido una trampa de Tamahome. Al menos así, podría tener a alguien a quién culpar y golpear.
-"Él no ha tenido nada que ver" – dijo Nuriko con gran esfuerzo. – "Él es de los nuestros, es un buen hombre. Si no confías en él, confía al menos en mí."
-"De acuerdo, confiaré en ti, pero por favor, no te vayas… ¡quédate!" – le gritaba el bandido suplicando entre ríos de lágrimas.
-"Prométeme una cosa más…"- el bandido se acercó inclinándose más hacia él para poder escucharle mejor, su voz parecía que se apagaba poco a poco.- "Procura que Miaka sea feliz" – Nuriko sonrió brevemente.
-"¡Sí, sí! Te lo prometo."- Tasuki asintió nervioso.- "Pero tú aguanta un poco más, Mitsukake estará al llegar" – le suplicó mientras dirigía su mirada hacia el camino por donde habían llegado con la esperanza de ver a sus amigos aparecer. Tamahome, que se había hecho a un lado, pero sin alejarse demasiado también rezaba en silencio para que Nuriko resistiera hasta que Mitsukake llegara.
Las piernas de Miaka al fin respondieron, y avanzó lentamente hacia ellos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se llevó las manos a la boca horrorizada al ver el cuerpo de Nuriko apenas sin vida. Tán pálido, podía sentir el frío de su piel solo con mirarlo. Un enorme charco rojo rodeaba su cuerpo, un rojo tan intenso que en contraste con el blanco de la fría nieve, dotaba a la escena de más violencia. Había perdido demasiada sangre. Miaka sacó valor y se acercó arrodillándose al lado de su guerrero herido y le agarró la mano.
-"Miaka,..."- la voz apenas audible de Nuriko la llamó.
-"Nuriko, aguanta"- le dijo ella con relativa calma.
-" Miaka, lo siento, ya no podré acompañarte"- La sacerdotisa negaba con la cabeza mientras retenía sus lágrimas.- "Lo conseguirás, estoy seguro. Eres una torpe... y tonta, y temeraria..."- Miaka rió -" Pero tienes un montón de cosas buenas que compensan todos tus defectos. Ten fe en ti misma. Sabes que te quiero..."
-"No, te necesito. Quédate, por favor" - su voz era amortiguada por sus lágrimas.
Los ojos de Nuriko finalmente se cerraron. Los 3 guerreros arrodillados sobre la nieve permanecieron en silencio por lo que pareció una eternidad. Un viento ligero los envolvió como si de Nuriko se tratase, como si su alma se hubiese escapado de su cuerpo y abrazándolos una vez más, se hubiese marchado hacia los cielos. De pronto, una luz roja intensa apareció alrededor de Miaka. La envolvió proporcionándole una sesación cálida y una extraña fuerza se alojó en su interior. El brillo rojizo permaneció durante algunos segundos y después desapareció.
En ese mismo instante, llegaron Chichiri, Chiriko y Mitsukake. Atónitos contemplaron la desoladora escena Miaka se levantó de un salto y corriendo agarró el brazo de Mitsukake arrastrándolo hasta el cuerpo sin vida de Nuriko.
-"Aún estamos a tiempo"- dijo sus lágrimas aún quenándole las mejillas. -"Vamos, cúrale."
-"Lo siento, mi magia ya no puede hacer nada por él. Se ha ido" - dijo Mitsukake con profundo pesar.
-"No, ¡no!"- ella levantó la voz, quebrada por el llanto. -"¡Él solo está inconsciente! ¡Inténtalo, maldita sea!"- ella sacudió el brazo de Mitsukake, quién no econtraba palabras ni medios para consolarla. Ni siquiera encontraba consuelo para él mismo.
Chichiri se acercó hasta la sacerdotisa y puso una mano gentil sobre su hombro en un intento de apaciguarla, de mostrar que todos compartían el mismo sentimiento de pérdida. Pero ella lo rechazó, y en su lugar, decidió marcharse corriendo sin dirección alguna. Ahora ella se daba cuenta de que todos y cada uno de ellos podían morir, de que eran tan reales como ella, y no solo unos personajes de un libro cualquiera. Hasta el momento, solo Tamahome había sido real para ella. Su historia de amor, el desamor. Pero todo lo demás había sido como una especie de fantasía que terminaba cuando completara su misión y volviera a casa, al mundo que ella consideraba real. Pero ahora, este mundo era tan real como el suyo, la muerte existía. Ni siquiera cuando intentó suicidarse por la traición de Tamahome lo había sentido como real, porque creyó que después despertaría en su casa, como si hubiese sido solo un sueño . Pero no. La pérdida de Nuriko se sentía real, y ahora se daba cuenta de ello. Ese mundo no giraba alrededor de ella, ella solo era alguien más de entre todas las personas que lo habitaban. Estaba enfadada, enfadada consigo misma porque se culpaba de la muerte de su mejor amigo. Si tan solo ella no hubiese actuado de manera tan imprudente, si la noche anterior ella no hubiese desaparecido, quizás... él seguiría vivo, a su lado.
Lo que si pudo hacer Mitsukake fue restaurar el cuerpo y las ropas de Nuriko para darle un descanso digno. Todos parecían abatidos, cada uno por su lado, llorando en silencio la pérdida de su amigo. Tamahome se levantó y desapareció en busca de Miaka, a quién encontró un poco más lejos sentada y apoyada sobre un árbol, sus brazos rodeando sus rodillas y su cabeza metida entre ellas.
-"¿No quieres venir a despedirte?"- le preguntó con voz suave.
-"¿Y de qué serviría?"- contestó con la cabeza baja.
Tamahome se sentó a su lado, una pierna flexionada y otra estirada. Miró al cielo y tras un breve silencio suspiró.
-"¿Sabes? Mi maestro siempre me decía que ser una estrella de Suzaku era una suerte. Al principio creí que era una maldición, porque todos los niños se reían de mí. Él me enseñó a apreciar mi condición y me ayudó a desarrollar mi fuerza y técnicas de lucha."
Miaka levantó la cabeza y lo miró curiosa de saber más.
-"También decía..."- continuó, girándose para mirarla al darse cuenta que había captado su atención.- "... que las estrellas guerreras tienen un vínculo muy intenso con sus compañeros y su sacerdotisa, que este vínculo incluso puede traspasar las barreras de la muerte y de las diferentes dimensiones, y que pase lo que pase, ese vínculo nunca se podrá romper, y de alguna manera, todos ellos se podrán reencontrar de nuevo en otras vidas, una y otra vez."
Miaka abrió los ojos, sus pupilas se dilataron al escuchar las palabras reconfortantes de Tamahome.
-"Es nuestro destino. Y por ello tú estás aquí, porque los dioses siempre obrarán para que podamos estar juntos."- Tamahome volvió a mirar al cielo y finalmente sonrió ante la idea de ver a Nuriko en alguna otra vida. En realidad, nunca creyó esa historia que su maestro le había contado, le había sonado a fantasía pura y dura, pero ahora quería creer en ella.
-"Muchas gracias"- dijo ella más calmada.-"Tu maestro parece buena persona, ojalá pueda conocerlo algún día." -Miaka sonrió también y se levantó sacudiéndose la nieve de sus ropas. -"Ven, vamos a despedirnos de Nuriko como se merece."- le dijo tendiéndole la mano a su guerrero.
El cuerpo sin vida de Nuriko yacía boca arriba, Mitsukake había curado sus heridas y los re
stos de sangre se habían desvanecido. Sus manos estaban juntas con los dedos entralazados sobre su pecho.
-"Parece que estuviera dormido"- dijo un Chiriko apenado.
Al fin, Miaka estaba de vuelta en compañía de Tamahome, algo que no le hizo gracia a Tasuki, pero pensó que no era el momento de dejarse invadir por los celos. Sería una total falta de respeto hacia Nuriko.
Todos estan en círculo alrededor de Nuriko y Tamahome y Miaka se les unieron en la ceremonia. Celebraron un funeral breve, pero intenso en emoción. Chchiri cantó unas oraciones, y Tasuki dijo algunas palabras. Miaka no dijo nada, pero en su cabeza rezaba por él y deseaba que pudiera descansar en paz hasta que se pudieran volver a encontrar. Mitsukake y Tasuki metieron el cuerpo en el hoyo que habían cavado y lo cubrieron de tierra. Inmediatamente después todos y cada uno de ellos colocaron unas piedras encima a modo de tumba.
Ya estaba oscureciendo y el frío se hacía cada vez más intenso. Todos estaban cansados por el día tan fatídico que habían pasado. Pero permanecer a la intemperie era impensable por el frío y volver a la ciudad era arriesgado puesto que la noche los alcanzaría y unas nubes negras en el horizonte amenazaban tormenta. Solo les quedaba una opción.
-"Bien, entrarrmos en la cueva, si."- sugirió Chichiri.- "Al menos estaremos a cubierto y no moriremos congelados. Podríamos hacer un fuego y pasar la noche dentro. Mañana temprano nos adentraremos y buscaremos el tesoro, si."
-"Habrá que turnarse para hacer guardia, los de Seiryu no deben de andar lejos"- añadió el bandido.
Todos asintieron y se dispusieron a entrar en la cueva. Mitsukake se acercó a Miaka que iba algo rezagada.
-"Toma"- le dijo enseñándole las muñequeras de Nuriko.- "Nuriko hubiese querido que tú te las quedaras".
Miaka miró a Mitsukake a los ojos y extendió las manos para cogerlas.
-"Gracias". - Inmediatamente se las puso en las muñecas mirándolas como si fuesen el más preciado de los tesoros. Con energías renovadas, Miaka siguió los pasos de sus compañeros y se adentró en la cueva, no sin antes echar un último vistazo a la tumba de su amigo y guerrero.
-" Va por ti Nuriko. Jamás me rendiré."
CONTINUARÁ...
Tenía que ponerle música a la muerte de Nuriko, no podía ser de otra manera, y este tema le va perfecto ...
