Nota: a partir de ahora la historia se desvía bastante de la original, aunque claro está, sigue teniendo similitudes. Al fin y al cabo se basa en la historia original. Espero que os guste. Gracias por leer.

Capítulo 13: El tesoro de Genbu.

El grupo se adentró en la cueva y rápidamente notaron un aumento de la temperatura, cosa que agradecieron. Sin alejarse demasiado de la entrada, encendieron un fuego con algunas ramas y en una breve reunión decidieron dormir algo primero e ir en busca del tesoro de los dioses una vez recuperadas las fuerzas.

Las estrellas de Suzaku y la sacerdotisa sucumbieron al sueño rápidamente. No era de extrañar, tras un largo día de caminatas y emociones intensas. El agotamiento los venció y ninguno de ellos pudo ofrecer resistencia alguna. Chichiri había levantado una barrera mágica protectora alrededor de la entrada a la caverna. Aunque ello no le permitía dormir tan profundamente como sus compañeros, al menos podía descansar. Había estado entrenando muy duro para ello durante las últimas semanas antes de partir en busca del Shinzaho. Él ya había previsto que se enfrentarían a situaciones en las que el peligro les acecharía y probablemente no siempre dispondrían de un un lugar seguro para dormir. Consideraba que estar descansados era primordial para su supervivencia y salud mental. Así pues, practicó sin descanso su meditación para llegar a un estado de nirvana que le permitiera descansar pero al mismo tiempo poder mantener su magia y permanecer alerta ante cualquier peligro.

Tras algunas horas de sueño, el grupo se despertó poco a poco y se pusieron en marcha. Con una rama, un trozo de tela y algún tipo de líquido inflamable que Mitsukake había sacado de su bolso botiquín, consiguieron improvisar un par de antorchas. Según iban avanzando, la cueva se volvía mas y más estrecha. Con infinitas ramificaciones, los pasadizos parecían ahora todos iguales y aquello se convirtió en un laberinto sin fin. Cada vez que los caminos se bifurcaban, discutían sobre cuál de ellos les llevaría al tesoro y nunca se ponían de acuerdo. Poco a poco perdieron la noción del tiempo y del espacio, ignorando si avanzaban hacia su destino o simplemente caminaban en círculos. Por el camino, encontraron numerosos esqueletos con siniestras calaveras de algunos pobres desdichados que osaron probar suerte en la búsqueda de un suculento tesoro, y cuyo destino no fue más que la muerte.

-"¡Qué diablos!" - maldijo Tasuki.-"¡Juraría que ya hemos pasado por este mismo sitio tres veces!"- dijo perdiendo la paciencia.-"¡ ya os dije que teníamos que haber ido por el otro camino!"

-"¿Y cómo saberlo si todos los pasillos son iguales?"- comentó Chiriko también exasperado.

Todos comenzaron a discutir al unisono, gritándose unos a otros.

-"¡Está bien, calmaos todos!"- Chichiri pegó en el suelo con su bastón. Como siempre, intentó calmar los ánimos.-"Vamos a detenernos por un momento y pensar".

Tras una pausa en la que todos se tranquilizaron, Tamahome habló.

-"Lo mejor será que nos separemos."- dijo seguro de sí mismo. -"Mitsukake, tú ve con Chiriko por el camino de la derecha. Tasuki tu ve con Chichiri por el de la izquierda y Miaka y yo iremos por el del centro.

-"¿Quién demonios te ha nombrado a ti jefe, eh?"- Tasuki se encaró con Tamahome hecho una furia.

-"¡Solo estoy tomando la iniciativa, no como tú, que solo sabes quejarte y maldecir! - le respondió Tamahome despectivamente.

Miaka notó que el símbolo del brazo de Tasuki se había iluminado por un instante y apreció un destello que provenía de uno de los pasadizos de la bifurcación.

-"¡Esperad!" -gritó acercándose rápidamente hasta la entrada del susodicho pasadizo. -"Tasuki, haz aparecer tu símbolo de nuevo" -le dijo al bandido mientras escrutaba la pared del pasillo.

-"¿Quéee?- replicó Tasuki con tono agudo.-"Esto no lo controlo, ¿sabes? ¡Aparece cuando le da la gana!" - protestó ante la extraña petición.

-"Miaka, ¿has visto algo?" - preguntó Chichiri acercándose a ella y buscando lo que había sido objeto de su atención. -"Nuestros símbolos solamente se manifiestan cuando experimentamos emociones intensas que no podemos controlar".- Apuntó el monje mirando inquisitivamente a Tasuki, lo que provocó que éste se cruzara de brazos y volteara su cabeza como solía hacer siempre que le regañaban.

-"Cuando el símbolo de Tasuki se ha iluminado, he visto un brillo en la pared de este camino."- dijo Miaka dándose la vuelta para hablar a sus guerreros. -"Quizás haya una señal oculta que indique el camino y solo se pueda ver con la luz de Suzaku."

-"¡Vale, no os preocupéis!"- intervino Tamahome. - "Yo sé cómo sacar de quicio a este patán".- dijo con tono chulesco y con una amplia sonrisa.

-"¿Qué me has llamado, desgraciado?"-Tasuki se giró de nuevo hacia él. -"¡Repite eso si tienes agallas, bastardo!"

-"¿Lo véis?"- Tamahome parecía divertirse haciéndole rabiar al bandido pelirrojo.

El símbolo de Tasuki volvió a aparecer y en ese instante Miaka le agarró del brazo y tiró de él hasta entrar en uno de los pasillos desde donde provenía el extraño resplandor.

-"¡Oye oye! ¿Qué haces?"- protestó.- "¿Qué formas son esas de tratar a una persona? ¡Yo no soy tu antorcha personal!

Miaka rió brevemente ante su comentario, parecía ser el de siempre, el Tasuki que a ella le gustaba. Pero en ese momento había cosas más importantes que reír las tonterías de un compañero.

Todos los demás los siguieron y allí estaba. Un carácter chino marcado en la pared. Brillando en respuesta a la luz emitida por el símbolo del brazo de Tasuki.

-"¡Wow Miaka!"- exclamó Chiriko con admiración. -"¡Tenías razón!".

Miaka se sintió orgullosa. Aún no sabían si esto les llevaría hasta el tesoro, pero a falta de otras opciones, ésta era la única pista que podían seguir.

Avanzaron por el pasillo que contenía la marca y llegaron a otras bifurcaciones. En cada una de ellas, Tamahome se divirtió provocando a Tasuki para hacer que su símbolo se encendiera para revelar las señales de la pared. Incluso hubo algún que otro puño que se escapó por parte de ambos guerreros cuando el asunto fue demasiado lejos, aunque Tamahome en todo momento se lo tomó a broma, algo que a Tasuki le enfurecía aún más. Sin embargo, el pelirrojo parecía empezar a disfrutarlo, las provocaciones de su nuevo compañero eran una buena excusa para desfogarse un poco maldiciendo y pegándole algún que otro puñetazo, aunque recibiera otro a cambio. Incluso de vez en cuando, era él el que lo provocaba con algún comentario y el que se enfurecía era Tamahome, cambiando así las tornas.

Miaka y los demás observaron los intercambios entre sus dos compañeros con cierta diversión. Ella pensó que incluso en otras circunstancias, ambos podrían ser grandes amigos, quizá con el tiempo lleguen a serlo, pensó con una sonrisa mientras los observaba.

Tras varias peleas, maldiciones y pasadizos cruzados, al fin llegaron a una enorme cámara en cuyo centro había un sencillo altar sobre el cual reposaba un pequeño cofre de madera con grabados dorados.

-"¡Lo conseguimos!"- Gritó Miaka entusiasmada.-"Ahí dentro debe de encontrarse el tesoro de los dioses"- dijo señalando el pequeño cofre.

Todos miraron el cofre con admiración y gran satisfacción. Después de tanto esfuerzo y sufrimiento, al fin su recompensa había llegado. Avanzaron lentamente hacia el deseado objeto con cierto temor, como si un paso en falso pudiese hacerlo desaparecer y tirar todas sus esperanzas a la basura, cuando una voz los sobresaltó.

-"¿Quién osa adentrarse en las profundidades de la sagrada cueva que guarda el tesoro de la sacerdotisa de Genbu?"

Todos se dieron la vuelta para descubrir de dónde venía aquella espeluznante voz. Un par de figuras se encontraban justo detrás de ellos, mirándolos sombriamente.

-"¡Uuuaaaahhh!"- gritó Tasuki asustado retrocediendo de un salto un par de metros. - P...p...pero ¡¿de dónde han salido estos dos?!" - Preguntó señalándolos con el dedo cual niño pequeño.

Todos los demás también retrocedieron por precaución. Los dos tipos no eran estrellas de Seiryu, pero tenían cara de pocos amigos y era un misterio cómo habían aparecido allí.

-"Tomite, te has pasado un poco con tu actuación. Casi los matas del susto" -dijo uno de ellos.

-"Vaya, tienes razón Hikitsu, es que hace tanto tiempo que no teníamos visita que creo que me he emocionado" - contestó el otro pasándose la mano por detrás de su cabeza.- "Lo lamento" - se disculpó dirigiéndose al grupo de intrusos.

Las caras de las estrellas de Suzaku y su sacerdotisa eran un poema. No tenían nada claro si los dos tipos eran amigos o enemigos, el caso es que ninguno se atrevía a preguntar. El silencio se instaló en el ambiente, pero la mirada de Miaka no cesó de escrutar a los dos inesperados personajes que habían entrado en escena. Uno de ellos debía tener más o menos la edad de Tamahome, alto y de buen ver, pero con aire tenso . El otro, algo más mayor, llevaba el pelo largo y tenía un parche el el ojo izquierdo, cosa que inquietó a Miaka, pero al contrario que su amigo, parecía más calmado.

-"Me llamo Tomite..."- dijo el más joven -"...y este es Hikitsu. Somos estrellas de Genbu y custodios del tesoro que dejó nuestra sacerdotisa".

Los ojos de Miaka se iluminaron. Cuando abrió la boca para hablar, Tomite continuó su discurso.

-"Ahora decidnos, ¿cómo habeis podido llegar hasta aquí y cuáles son vuestras intenciones? - Tomite se acercó a Miaka de manera intimidante.

-"Espera" - intervino Tasuki. -"¿Nos estáis diciendo que sois estrellas de Genbu?"

-"Eso no puede ser" - interrumpió Chichiri. Deberíais estar muertos, la leyenda de Genbu data de hace mas de cien años.

-"Y estamos muertos." - contestó Hikitsu.

-"Somos espíritus que decidieron velar por el tesoro de nuestra sacerdotisa".- Añadió Tomite.

-"¿Sois fantasmas?" - preguntó Tasuki muerto de miedo colocándose detrás del gran Mitsukake. Ambos asintieron.

-"Soy la sacerdotisa de Suzaku" - dijo finalmente Miaka envalentonada. - "y ellos son las estrellas de Suzaku. Venimos por el tesoro de Genbu para poder invocar a Suzaku. La luz de nuestro dios nos ha guiado hasta aquí."

-"Ya veo..."- dijo Tomite pasando sus dedos por su barbilla. -"Bueno, el tesoro se encuentra ahí dentro"- señaló el cofre en el altar.

-"¡Oh! ¡Gracias!" - Miaka se apresuró a cogerlo estirando sus brazos, cuando una gran pared de hielo se alzó desde el suelo hasta el techo, cortándole el paso haciendo que se detuviera en seco.

-"No pensarás que ibamos a creerte tan fácilmente, ¿verdad?"- La expresión de Tomite cambió radicalmente a una menos amable.

Miaka se dio la vuelta buscando a sus amigos, pero cuando quiso avanzar, otra pared de hielo se interpuso entre ella y los demás, quedándose atrapada entre 2 placas heladas que llegaban hasta el techo de la cueva. Aún podía ver a través de ellas, como si fuese un cristal y podía oir las voces de sus amigos llamándola.

-"Pero, ¿por qué hacéis esto?"- preguntó Miaka angustiada palpando la fría pared de hielo con sus manos intentando en vano encontrar una abertura.

-"Tendrás que demostrarnos que eres la auténtica sacerdotisa de Suzaku liberándote de la prisión helada en la que te encuentras."- dijo Tomite."- Si lo consigues, tú y tus amigos podréis salir de aquí con el tesoro de Genbu."

Tasuki inmediatamente desenfundó su abanico y lanzó una ola de llamas contra la pared helada, al mismo tiempo que Tamahome intentaba golpear con sus puños a los guerreros de Genbu.

-"Somos fantasmas"-dijo Tomite. -"No tenemos cuerpo físico, jajaja"- parecía divertirse.

De las manos de Hikitsu comenzó a salir un rayo de hielo que atrapó primero el cuerpo de Tasuki, dejándolo completamente inmóvil, y después uno a uno a los demás guerreros de Suzaku. Miaka veía impotente cómo poco a poco sus amigos se iban congelando presos del hielo.

-"¡No por favor!"- Gritó impotente desde el otro lado de la translúcida pared, -"¡No les hagáis daño a ellos!"- rogó mientras golpeaba una y otra vez la gélida placa.

-"Vamos, esto te servirá de aliciente."- bromeó cruelmente Tomite.-" Y si no, nos harás compañía durante algún tiempo... hasta que mueras de sed, o de hambre,...".

Miaka no podía permitirlo. No, ninguno más de sus amigos podía morir, no si ella podía evitarlo. Cerró sus ojos y rezó a Suzaku que le ayudara. La imagen de Nuriko se le apareció en su mente, ella sonrió. Él seguía ahí de alguna manera, protegiéndola. Miaka abrió los ojos. Retrocedió unos cuantos pasos al tiempo que dirigía su brazo a su espalda para coger su arco y rápidamente colocó una flecha en él.

-"¡Esta sí que es buena!"- rió Tomite observando a la intrépida muchacha. -"¿Qué pretendes hacer con eso?"

Miaka no contestó. Simplemente estiró la cuerda y apuntó a la pared de hielo mientras sus amigos la observaban asombrados desde el otro lado, inmóviles y a punto de ser devorados completamente por el hielo que cada vez los atrapaba más y más. Ellos estaban ahora a merced de ella, solo ella podía salvarlos. Algo irónico, puesto que ellos eran los que debían protegerla y salvarla, y no al revés.

Los brazaletes de Nuriko se activaron y se extendieron hasta sus antebrazos. Concentró toda su energía en la flecha que comenzó a emitir una brillante luz rojiza y estiró aún más la cuerda gracias a la fuerza que le otorgaban las muñequeras de Nuriko. Soltó la cuerda y la flecha salió disparada dejando a su paso una estela de luz escarlata hasta que impactó en la pared de hielo, clavándose en ella firmemente. Una grieta apareció y se extendió por toda la placa rompiéndose finalmente en mil pedazos.

Todos quedaron atónitos ante el gran poder que acababan de presenciar. Hikitsu y Tomite permanecieron boquiabiertos durante algunos segundos, mientras los guerreros de Suzaku lo celebraban y vitoreaban a su sacerdotisa. Rápidamente el hielo que los atrapaba desapareció quedando libres al fin, al igual que la segunda pared de hielo que les impedía el acceso al tesoro de Genbu.

Tamahome fue el primero que corrió hasta Miaka para estrecharla entre sus brazos.

-"¡Oh Miaka!" - le susurró al oído. -"Creí que te perdía una vez más".

Ella no supo cómo responder, aunque sus abrazos eran tan familiares, aún se sentía algo incómoda desde su vuelta. En realidad, no habían tenido ocasión de hablar detenidamente sobre su relacíón, pero Tamahome parecía tenerlo bastante claro.

-"Estoy bien" - dijo algo nerviosa apartándose y dedicándole una sonrisa. Tras un gesto de disculpa, fue a ver cómo estaban el resto de sus amigos. Tamahome se quedó solo como un perrito abandonado. Él sabía que volver a estar con Miaka como antes no iba a ser fácil. Ella estaba distante y un poco fría, pero él no se rendiría. Después de todo lo que ella había sufrido por él, de creer que la había traicionado, su actitud era totalmente comprensible. Ella solo necesitaba un poco de tiempo.

-"Tamahome..."-Tasuki se acercó discretamente hasta él mientras los demás alababan la hazaña de la sacerdotisa.- "No pierdes ocasión de meterle mano a Miaka, ¿verdad?" - le dijo de manera sarcástica.

-"¿Pero de qué estás hablando?"- una risita nerviosa se escapó del guerrero que se había sonrojado ligeramente. Tamahome se tomó a broma el comentario del bandido, sin embargo Tasuki no estaba bromeando en absoluto.

-"Te advierto una cosa"- añadió el pelirrojo amenazante, poniendo su dedo índice sobre su pecho.-"Como vuelvas a hacerla llorar, te mataré. Y esta vez, de verdad."- tras su advertencia, Tasuki se unió a los demás, felicitando a Miaka con su mejor sonrisa.

Tamahome se volvió a quedar pensativo. Miró a Miaka y Tasuki mientras charlaban el uno con el otro entre los demás. ¿Realmente el bandido sentía algo por ella? O era una especie de vínculo fraternal sacerdotisa-guerrero? En cualquier caso, él no renunciaría a ella por nada del mundo. Debía conquistarla de nuevo y recuperar su confianza.

-"Bien, sacerdotisa de Suzaku."- Habló Tomite, interrumpiendo el pequeño festejo.- "Has demostrado ser quién eres y el poder que hay en tí. Eres digna de llevarte el tesoro de Genbu. Por favor, haz buen uso de él."

-"Vaya vaya" - comentó Tasuki. - "¿Ya estáis de mejor humor? ¡Porque hace solo un momento casi nos matáis!" - dijo enojado.

-"Lo siento" - se disculpó Hikitsu. - "Entended que no cualquiera puede poseer el tesoro de nuestra sacerdotisa."

-"¿Puedo haceros una pregunta?" - Miaka preguntó ansiosa. Hikitsu y Tomite se miraron el uno al otro, y después asintieron.

-"Qué pasó con la sacerdotisa de Genbu una vez que invocó al dios?" - preguntó un poco temerosa por su respuesta.

-"Ella..." - empezó a decir Tomite con aire nostálgico.-"desapareció. Takiko salvó a nuestro país de la desgracia y tras pedir los 3 deseos a Genbu, volvió a su mundo." - hizo una breve pausa, por su expresión y tono de voz Miaka notó que Tomite apreciaba enormemente a su sacerdotisa. -"Ahora que ya no tenemos el deber de custodiar el tesoro de los dioses, podemos marcharnos y nuestros espíritus se reunirán con ella, y volveremos a estar todos juntos en algun lugar en los cielos."

-"Me alegro por vosotros, seguro que Takiko estará ansiosa por veros de nuevo." - dijo Miaka con sinceridad. Se acercó hasta el altar y con sumo cuidado abrió el cofre revelando un colgante de oro blanco con finas piedras preciosas que antaño había pertenecido a la sacerdotisa de Genbu. Miaka cogió el colgante, dejando el cofre en su sitio, y lo contempló con fascinación. Después se lo acercó a su pecho. - "¡Qué bien!" - exclamó aliviada. -"¡Ahora ya podemos invocar a Suzaku!" - dijo dirigiéndose a sus guerreros que también estaban llenos de alivio y alegría.

-"Eeehmm" - Tomite interrumpió. Todos se giraron para prestarle atención. - "No quiero aguaros la fiesta pero,... El tesoro de Genbu no será suficiente para que realicéis la invocación".

-"¿Qué quieres decir?" - preguntó Tasuki.

-"Pues que para invocar a vuestro dios, necesitareis también el tesoro de la sacerdotisa de Byako." - apuntó.

Todos se desplomaron en desesperanza y desaliento.

-"¡¿Qqqqueeeé?!" - exlamó una Miaka derrotada.

-"Uuumm, ahora que lo dices..." - dijo Tamahome con aire pensativo, captando la atención de todo el grupo. -"Cuando Yui me habló del tesoro de los dioses, habló en plural."

-"¿Y eso no lo podías haber dicho antes pedazo de inútil?" - le regañó Tasuki con la boca grande.

-"Oh, vaya..." - Miaka estaba tan decepcionada. Habían dedicado tanto esfuerzo a conseguirlo, incluso habían perdido la vida de Nuriko, y aún tenían que seguir luchando para conseguir otro tesoro. - "Y sabéis dónde se encuentra el tesoro de Byakko?"- se apresuró a preguntar.

-"Bueno, Byakko es el dios del país de Sairo, así que imagino que tendréis que partir hacia el oeste. Si seguís este camino, todo recto, siempre eligiendo el pasadizo de la izquierda, llegareis hasta una salida que da directamente a la frontera con Sairo. No tiene pérdida"

Las estrellas de Suzaku se despidieron y desaparecieron por el estrecho pasadizo, y solo entonces los espíritus de las estrellas de Genbu se desvanecieron, para encontrarse de nuevo con su sacerdotisa.


-"Ashitare ha muerto"- Tomo se arrodilló ante el general Nakago y le dio la mala noticia. Había vuelto de la capital de Hokkan, donde había seguido a los guerreros de Suzaku y había visto el cadáver de su compañero medio lobo.

Tomo dio parte de todo lo que averiguó sobre las estrellas de Suzaku. En el campamento cerca de la capital de Hokkan donde se encontraban, Nakago había estado esperando sus noticias desde que se marchó, pero para él no fue tiempo perdido. Soi se había encargado de incrementar su fuerza vital acostándose con él cada noche, ese era también parte de su poder, y aunque para él no significaba más que eso, para ella era algo más, y él lo sabía.

-"Así que ese estúpido lobo finalmente fracasó en su sed de venganza. Qué lástima."- dijo Nakago con sarcasmo.

-"Oh, no, Nakago..." - Tomo se levantó de nuevo y levantó la cabeza para mirarlo. -"Ashitare no se fue solo. Se llevó a uno de ellos. El guerrero de pelo morado, Nuriko, también ha muerto."

-"Vaya, así que al final no era tan inútil nuestro Ashitare." - se le escapó una risita cruel. Soi, que también estaba presente, no pudo evitar sentir lástima por su compañero fallecido.

- "Bien, bien, así que entraron en la cueva en busca del tesoro de Genbu, seguramente ya lo tendrán entre sus manos." - hizo una pequeña pausa para mirar a Soi. - "No perdamos más tiempo y partamos hacia Sairo. Yui, Suboshi y Miboshi ya deben de estar allí."


Miaka y las estrellas de Suzaku llegaron hasta la salida de la gran caverna, que daba a un saliente del otro lado de la montaña. Desde su posición elevada podían avistar a lo lejos, las vastas y secas tierras del país de Sairo.

-"Vaya, sí que ha cambiado el paisaje de repente" - comentó Miaka poniendo su mano en su frente para protegerse del sol cegador del atardecer.

-"Parece que hemos salido por el otro lado de la montaña, si." - señaló Chichiri. -"Hemos cruzado el macizo de un lado a otro por dentro, si."

-"¿Cuánto tiempo hemos estado ahí dentro?" - preguntó Tasuki observando la altura del saliente donde se encontraban. -"¡Me ha parecido una eternidad!".

-"Lo que está claro es que necesitamos descansar, si. No tenemos caballos ni provisiones." - afirmó el monje con preocupación. -"Debemos encontrar algún sitio donde comer algo y pasar la noche."

-"Mi maestro vive en Sairo, conozco estas tierras y sus gentes son muy acogedoras." - intervino Tamahome. -"Hay muchos mercaderes que viajan de una aldea a otra para vender sus productos. Bajemos, estoy seguro de que alguien podrá llevarnos hasta la aldea más próxima,."

Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a descender por la escarpada ladera. Tamahome estuvo todo el tiempo muy pendiente de Miaka, si ella quedaba rezagada, él la esperaba y le daba cuidadosas instrucciones de donde pisar para que no se cayera. Tasuki, que aunque aparentaba indiferencia, observaba todos los movimientos de la pareja, decidió finalmente adelantarse e ir a la cabeza del grupo.

-"¡Puaj!" - se quejó haciendo una mueca. -"Ese Tamahome es realmente empalagoso!"

-"¿Qué te pasa Tasuki?" - preguntó el monje que caminaba ahora al lado del bandido. -"¿Estás celoso?"- preguntó sin miramientos.

-"¿Celoso yo?" - Tasuki como de costumbre, sacó su orgullo a relucir. -"Por favor..."

Chichiri, que no se dejaba engañar por la falsa coraza del bandido, no dudó en insistir.

-"Sabes muy bien que podrías ser tú el que ahora estuviera caminando a su lado y protegiéndola de posibles caídas, si. De hecho antes lo hacías. ¿Qué te impide hacerlo ahora?"

-"Tsk" - el bandido chasqueó la lengua. - "Ella ya tiene a Tamahome de nuevo." - el bandido frunció del ceño para esconder su tristeza con enfado. Prefería mil veces parecer enojado que deprimido. -"Ya no me necesita para nada".

-"Incorrecto" - corrigió el monje. -"Por esa regla de tres, tampoco nos necesita a todos los demás."

-"Como sea..." - Tasuki no quería seguir hablando sobre ello. Aunque apreciaba las conversaciones con Chichiri, él era demasiado bueno descifrando sus pensamientos. Nada se le escapaba al monje, y eso era algo que a Tasuki a veces no le gustaba, sobre todo cuando se trataba de sus sentimientos.

-"Además..." - prosiguió Chichiri. - "No sabrás qué relación tienen hasta que no se lo preguntes, si." - Chichiri se adelantó dando por finalizada la conversación para alivio del bandido.

CONTINUARÁ...