Capítulo 5: Luan Sale Pitando
Royal Woods, Michigan, Diciembre de 2046.
–... Si... Si, ya te dije que estaré de vuelta a tiempo para la entrevista con Revilla... Escucha... Escucha, fue algo que se presentó a ultimo momento... Mira, tengo que colgar. Nos vemos en una semana...
Luan dio por finalizada la llamada con su representante y cambió su semblante por uno mucho más serio.
≪Si salgo viva de aquí≫, concretó tragando saliva en el preciso momento en que acababa de entrar a los limites de Royal Woods a bordo de su convertible.
Más adelante, se fue acercando a una intersección. El semáforo cambió de luz verde a amarilla, y a lo lejos se escuchó el claxon de un camión de dieciséis toneladas aproximándose por la vía principal.
≪I ji ji ji ji ji ji… ¿No estarás pensando en cometer una locura, verdad? –bromeó consigo misma; pero en lugar de frenar, se dejó llevar por un loco impulso y pisó el acelerador a fondo–. Pero ya en serio…., quizá sería mejor si lo hiciera≫.
Flashback.
Royal Woods, Michigan, Agosto de 2018.
El Señor Quejón miró con pesar por su ventana a la casa de al lado. De haber sabido que todo el ruido se iría a costa de la vida de ese niño de pelo blanco –a quien muy en el fondo apreciaba–, jamás hubiera anhelado tener un solo día de paz y tranquilidad.
El anciano también pertenecía a una familia grande, y sabía lo duro que podía ser lidiar con la muerte de un ser querido.
A esas horas sus vecinos cenaban en silencio. Tanto en la mesa de los niños como de los grandes.
En otros tiempos esos comedores habían estado llenos de risas y charlas, a veces a tal punto que ni se podía comer en paz.
≪¿Dijiste paz?≫, solían decir Lana, Lincoln, Lynn, a veces hasta Rita antes de aventarse los chicharos.
Otras veces comían todos juntos en la mesa de los grandes (una vez los once hijos en la de los pequeños), y el padre contaba chistes y solo el y Luan reían. Los demás refunfuñaban al no hacerles mucha gracia sus juegos de palabras tan rebuscados.
–Oigan –había hablado ella esa vez queriendo romper el hielo–, ¿quieren oír un chiste nuevo que me contaron en la escuela?
Silencio total. Papá le echó una mirada algo sorprendida y siguió comiendo su cena. Lori le sonrió tristemente como en plan afirmativo. Luna en cambio, se puso de pie y fue directo a la cocina sin hacer caso a la platica de su hermana comediante. De resto nadie respondió.
–¡Oye! –se oyó protestar a Lola.
–Es la cuarta vez que te sirves –dijo la rockera con voz firme.
–¿Qué?, estoy creciendo –replicó la niña.
–Bueno, ahí va –quiso continuar Luan con cierta timidez–: ¿por qué enterraron al bombero detrás de la colina?
–Porque estaba muerto –remató Lynn Sénior indiferente y apático.
–¡Se acabó, no tendrás postre! –vociferó Luna desde la cocina.
–¡Tu no puedes decirme que hacer! –chilló Lola.
–¡A tu habitación!
Lo único que se pudo escuchar a continuación, fueron los bramidos de la princesita de la casa subiendo las escaleras enfurruñada.
–… ¿Quieren oír otro? –volvió a preguntar Luan.
–Ahora no cariño –terminó por decir Rita secamente.
Como siempre, sus intentos por alegrar siquiera un poco a su familia fueron en vano. Sin mas se retiró a su cuarto. Ni siquiera tuvo que pedir permiso para hacerlo.
Al entrar resbaló con uno de sus cojines gaseosos por accidente y cayó bruscamente al suelo.
≪Auch…≫.
Luan se levantó y corrió a tenderse boca abajo en su parte de la litera para llorar sobre la almohada. No porque le hubiese dolido la caída, sino porque lo que le pasó le pareció muy gracioso.
Semanas después, Luan caminaba por la cafetería de su escuela llevando consigo una bandeja con una pequeña porción de pasta servida. Pensaba en lo raro que sus hermanas, o al menos más de la mitad de ellas, actuaban últimamente.
≪Con esta comida es lógico≫.
Las puertas que daban al exterior se abrieron de golpe y Lynn Jr. entró a atravesársele enfurecida. Algunos alumnos salieron del lugar para no verse involucrados en la revuelta que sabían estaba por iniciarse. Otros se juntaron alrededor de ambas coreando pelea al unísono.
–Bien cretina –la desafió empezando a tronarse los nudillos–. Ahora si tu y yo vamos ajustar cuentas.
–Déjame en paz Lynn.
Luan tomó otro camino para seguir buscando una mesa donde sentarse, pero Lynn volvió a cortarle el paso.
–¿Te parece gracioso? –continuó esta con un aire aun más amenazador.
–Si no estuviera aquí si.
–¡¿Ah sí?!
Lynn sacó su teléfono y le mostró a Luan un video en el que ella veía tranquilamente una película en el cine hasta que una bolsa de maíz tostado y un vaso de refresco le caían en la cabeza desde un palco.
–¿Cuatrocientos millones de visitas? Oye, que bien. Te felicito.
–¿Fuiste tu, no? –insistió la castaña–. Dímelo, y podrás seguir con vida dientona.
Luan puso los ojos en blanco.
–Ya te dije que fue un accidente, ¿si?... Además, es menos de lo que te mereces por romperle el brazo a Benny.
–¡Vas a tener la risa en toda la cara! –avisó Lynn gruñendo entre dientes, y lanzó su puño contra Luan, pero esta se escudó haciendo girar su bandeja y echó a correr.
–Pasta a la vista, i ji ji ji ji ji… ¿Entiendes?
–¡Mi ropa favorita!
Lynn se sacudió los espaguetis de su jersey y salió a corretearla, pero resbaló con una albóndiga haciendo que fuera a chocar con alguien más.
–I ji ji ji ji ji… Así se hace campeona…–se burló Luan–. Uy, lo siento señor Huggins.
–¡Louds! –rugió el recién transferido director mirando primero a la hermana que había tropezado con el–. ¿Otra vez por aquí Lynn Jr.? Espere a que sus padres se enteren de esto.
Lynn miró con desprecio a Luan y se marchó por donde vino.
–Y en cuanto a usted –se dirigió después el señor Huggins a la payasa de la clase–, vaya ahora mismo al sótano por un trapeador para limpiar este desastre.
–Si señor.
Luan bajó al despacho del conserje y llamó a la puerta.
–Señor Kersh... –pero nadie contestó, por lo que llamó otra vez–. ¿Señor Kersh?... Nha, debe estar borracho.
Al no oír respuesta alguna, fue a la sala de calderas esperando encontrarlo ahí. Dobló a la izquierda y los tubos de luz fluorescente parpadearon.
–¡Ay!
Luan dio un salto hacia atrás, al toparse frente a un Jolly Chimp que vio sentado sobre un estante. Ósea uno de esos monos con platillos de juguete malrrolleros de los años cincuenta que fácilmente pudo reconocer por haberlo visto antes en la película Toy Story 3. Era el mismo modelo de pantalones a rayas rojas y blancas, chaleco amarillo con grandes botones anaranjados, y un par de círculos –anaranjados igual– pintados alrededor de los ojos muy abiertos que le daban esa apariencia tan inquietante.
≪¡Demonios!... Es mucho más escalofriante en persona –pensó al reponerse del susto–. Ni siquiera Lucy se animaría a tener un muñeco tan feo, y eso es mucho decir≫. Le sacó la lengua y le hizo Brrr… Brrr…
En eso oyó a algo moverse del otro lado de la caldera principal. Como unos chasquidos metálicos.
–¿Señor Kersh?... ¿Está usted aquí?
Tsk, tsk, tsk, tsk…
Luan la rodeó y llamó nuevamente.
–Señor Kersh... Tuve un ligero accidente en la cafetería.
Tsk, tsk, tsk, tsk…
Al llegar hasta el otro lado, vio a otro Jolly Chimp haciendo chocar sus platillos automáticamente. Exactamente igual al que había visto antes en la entrada. Hasta podría jurar que se trataba del mismo, de no ser porque eso sería completamente ilógico.
≪Seguro esto es una broma de alguno de los del club de teatro≫.
Miró de reojo por entre un par de tuberías: a ver que el primer mono ya no estaba en su estante.
≪No… Esto no puede ser… ≫.
Tsk, tsk, tsk, tsk…
Luego miró al segundo. El que colocaron ahí intencionalmente. Porque se suponía que debía haber un segundo, ni modo que el primero se hubiese tele transportado hasta allí a encenderse por si solo.
Tsk, tsk, tsk, tsk… ¡Clanc!
El monito dejó de tocar sus platillos y sus saltones ojos de plástico se posaron sobre ella.
≪Pero… ≫
Hubo un corto circuito y las luces se fueron por uno, dos, tres, cuatro, cinco…
–¿Hola?...
Y en el sexto segundo, en el que volvieron como milagrosamente, Luan gritó y se tapó los oídos como si acabara de ver un screamer de Five Nights at Freddy´s. Nada más cercano a la realidad. Estaba en presencia del animatrónico más horrendo que jamás hubiese visto. Era enorme, como una pantalla de cine: lo ocupaba todo.
A su vez, el gigantesco mono chilló mostrándole sus dientes tan grandes como ladrillos por entre los cuales escurría sangre, y exhaló su tufo con olor a aceite quemado y a agua hedionda en su cara. Tomó impulso e intentó aplastarle la cabeza con sus platillos, pero Luan consiguió a agacharse a tiempo y a salir corriendo como alma que lleva el diablo.
–¡AUXILIO!
Las tuberías vibraron y el suelo tembló. Atrás de ella oyó como el furibundo mono mecánico chirriaba con su voz metálica y se apoyaba sobre sus manos de chimpancé y salía a perseguirla.
Luan llegó a la salida, pero tropezó con un escalón y se partió el labio. Se rodó esperando ver que su atacante le saltara encima para matarla; pero en vez de eso vio salir a un payaso por detrás de la caldera principal a hacerle una venia. De traje de seda abolsado con pompones naranja.
–¿Te ha gustado mi show? –preguntó esbozando una maquiavélica sonrisa de dientes puntiagudos–. Vuelve cuando quieras… Te enseñaré a flotar...
Luan se reincorporó torpemente y subió a toda prisa haciendo lo posible por no mirar atrás.
–¡SOCORRO! –entró gritando en la cafetería tratando de llamar la atención de los demás–. ¡Tienen que ayudarme!, ¡se los suplico!... ¡Hay un mono malvado en el sótano!
Alumnos y profesores estallaron en carcajadas por igual. Mas sin embargo en una de las mesas Luna negó con la cabeza, y en otra Leni la miró preocupada.
Fin del Flashback.
En el ultimo momento, Luan frenó y las ruedas del convertible derraparon sobre el asfalto. Su cuerpo se tambaleo repetidamente de atrás para adelante, amenazando con haber salido disparado por el parabrisas de no ser porque llevaba puesto el cinturón de seguridad.
El pesado camión pasó velozmente por delante de ella haciendo sonar el claxon y la luz del semáforo volvió a cambiar de roja a amarilla, y eventualmente de amarilla a verde.
Luan mantuvo su vista al frente, con las manos en el volante a las dos y a las diez, pero no se movió.
–¡Hey, Luan Loud! –le pareció escuchar entonces un eco proveniente de una boca de tormenta que desembocaba en un arroyo–. Gusto en volver a verte. ¿Qué has hecho todos estos años?... Estamos ansiosos de que estés aquí con nosotros, je je je je je…
≪Estás en mi mente, solo en mi mente≫, trató de convencerse…, y arrancó.
–Oh nena, si yo pudiera, oh nena, darte el, oh nena, el mun… ¡Oh no, por favor no! El teatro comunitario no papanatas. ¿Donde se supone que la gente de este pueblo va a cultivarse?
Luan se detuvo frente a las ruinas del viejo teatro comunitario de Royal Woods, para leer el cartel de la taquilla que anunciaba su próxima demolición.
A un lado del edificio, había un empleado del sector publico trepado sobre una escalera plegable que terminaba de colocar unas letras en la cartelera superior de la entrada.
Leyó curiosa ese otro anuncio, y una mueca de terror se dibujó en su rostro.
Evento en Vivo, Esta Noche
Pennywise el Payaso Bailarín
–Ultima llamada louds –se inclinó a verla el empleado, cuya cara era la de un payaso sonriente–. Váyanse antes de que anochezca. Estás muy vieja para detenerme, ¡todas están demasiado viejas!
Luan sintió como si le hubieran quitado el aliento de un golpe y puso su auto en marcha sin siquiera haber encendido antes las direccionales.
–¡Eso!, ¡vete!, ¡fuera!, ¡vete de aquí, lárgate de una vez! –lo oyó reclamar conforme se alejaba–. Toc, toc. ¿Quién es? La vaca que interrumpe. ¿La vaca que interr…? ¡Muuuuu…! ¡JA JA JA JA JA JA JA JA JA!
Avanzó hasta otra intersección, cambió de carril haciendo un giro indebido y se largó tan rápido como pudo.
