Capítulo 7: Luna Toma un Avión
Aeropuerto Internacional de Londres-Heathrow, Reino Unido, Diciembre de 2046.
La empleada de la aerolínea miró incrédula a la otra mujer que esperaba impaciente del otro lado del mostrador. Llevaba puesta una gabardina ancha con un pañuelo envuelto alrededor de su cabeza y un par de lentes oscuros.
Se demoró un poco más de lo normal en completar el solicitado tramite, ya que antes quiso verificar –más de una vez– la autenticidad del pasaporte que tenía en mano.
Al hacerlo difícilmente pudo contener su entusiasmo.
–¡Ay por dios!, ¡ay por dios!, ¡si es usted!, ¡la famosa cantante y guitarrista Luna Loud!
–¡SHHHH...! –la silenció furiosamente y miró por encima de su hombro. Por suerte vio que no había nadie haciendo fila detrás de ella–. Si, soy yo, pero por favor baje la voz. Nadie sabe que estoy aquí y quiero que siga siendo un secreto.
–Oh, lo siento. Pero es que tome en cuenta que no todos los días se aparece una estrella del Rock and Roll por aquí.
–Si, si, ya se –dijo Luna examinando sus alrededores para asegurarse de que nadie más las hubiese escuchado–. Por favor atiéndame rápido si. Llevo algo de prisa.
–Entiendo… ¿Y a donde viaja?
–Michigan, Estados Unidos.
–¿Estados Unidos?... Creí que estaba en una gira por toda Europa.
–Viajo… Por asuntos personales. De hecho se trata de algo muy delicado y le repito: agradecería mucho si me ayuda a guardar el secreto. Ni siquiera los de la banda lo saben y tampoco quisiera que se arme un alboroto si mis fans se enteran que estoy por allá.
–Ah ya veo, y no se preocupe, será un placer ayudarle… Ehm…
–¿Qué?
–Disculpe, no se si sea un buen momento pero… ¿Sería mucho pedir si a cambio me regala un autógrafo para mis hijas? Es que a ellas les encanta su música, bueno a mi también, y en una semana cumplen años y... Usted sabe.
–Ah, ¿eso?. No Problem –asintió Luna poniéndose a buscar algo en su bolso–. Siempre vengo preparada para casos como este. Con tal de que no diga nada hasta le firmaré un disco a usted y a cada una. ¿Cómo se llaman las pequeñas?
–¡¿De veras?! Bueno a ver sus nombres son Ana, Amanda, Alondra y Alexandra. Son cuatrillizas.
–Ja, que curioso, todos sus nombres empiezan por A.
–Si, son mi adoración.
–Sabe… Ahora que me acuerdo bien, en mi familia todos nuestros nombres empezaban con la letra L. Bueno, casi todos exceptuando a mi madre cuyo nombre es Rita.
–¿Es cierto lo que dicen los medios?, ¿que usted creció en una familia grande y que tenía… Ocho, no, diez hermanas?
–Nueve en realidad –aclaró Luna–. Pero si éramos once hermanos en total: diez chicas contándome a mi, y un chico contando a...
–¿Le ocurre algo? –preguntó la empleada de la aerolínea al notar que una lagrima se asomaba por detrás de las gafas de sol de Luna y se deslizaba por su mejilla hasta perderse en su boca.
–Mi bro…
Flashback.
Royal Woods, Michigan, Enero de 2019.
–¿Estás... Terminando conmigo? –gimoteó Luna a punto de romper en llanto.
–Solo digo que tal vez sería mejor si nos damos un tiempo –se explicó Sam apenada.
–¿Pero que hice mal? –inquirió Luna con lagrimas en sus ojos–. ¿Es que ya no me amas?
–No digas eso, claro que te amo. Es solo que... ¿Cómo decir esto?... Las cosas entre tu y yo ya no son como antes desde que... Bueno, tu sabes.
–No te entiendo.
–¿Por dónde empiezo?... El viernes pasado nos perdimos el concierto de Mick Swagger…
–Por que tuve que llevar a Lily al pediatra. La pobre estaba ardiendo en fiebre.
–Si, ya se, y lo entiendo; pero tu también considera que estuvimos haciendo fila por más de cuatro horas para comprar los boletos, y si tus padres no podían llevarla bien pudiste pedírselo a Lori. Estoy segura de que no habría tenido inconveniente en hacerte ese favor.
–… Es que no quise molestarla… Ella está demasiado ocupada preparándose para los exámenes de admisión en la universidad, y mamá y papá...
–Déjame continuar –la interrumpió Sam–. El domingo te estuve esperando en el cine y no llegaste. Tuve que ver la película yo sola. Freezer salía desnudo, y Gogeta y Broly peleaban en el reino cuántico de Ant-Man o algo así. No sé, fue una decepción como me lo esperaba; pero se suponía que íbamos a aprovechar la ocasión para besarnos a oscuras.
–Ya te dije que lo sentía; pero tuve una emergencia familiar de ultimo momento. A Lucy se le perdió su inhalador adentro de las ventilas de nuevo, y ya sabes como se pone cuando...
–Respecto a Lucy ahora que lo mencionas, creo que deberían hacerla ver con un especialista. Digo, no vaya a ser que eso de que "tiene asma" se salga de control.
–Créeme que eso quisiera, pero...
–Pero está eso de la familia grande y el presupuesto corto, ya me sé ese discurso de memoria, lo que me lleva a lo siguiente. Desde que te metiste a trabajar medio tiempo como camarera ya casi ni salimos juntas, y tampoco has ido a los ensayos por cierto.
–Bueno, yo…
–Antes tocabas por que amabas la música. Ahora solo lo haces de vez en cuando por cualquier miseria que te puedan pagar en algún bar o club nocturno.
–¿Y para que crees que necesito el dinero? –le replicó Luna–. En casa tenemos muchos gastos, y Lucy no es la única que tiene problemas. A TODOS nos pegó muy duro lo que pasó y necesitamos terapia familiar urgentemente.
–Si, ya me había dado cuenta… ¿Lori siempre ha tartamudeado así?
–¡¿Tu que crees?!
–Discúlpame, discúlpame. No fue mi intención ofenderte.
–Está bien, pero ten más cuidado, sobre todo si por casualidad llegas a hablar con ella es mejor no hablarle de Lincoln. Está muy afectada.
–Como no. Yo también lo estaría.
–Detesto oírla tartamudear así. Parece Elmer Gruñón.
–Querrás decir Porky.
–¿Qué?
–Elmer Gruñón cecea, Porky es el tartamudo.
–Da igual… ¡Hey!, ¡¿se les perdió algo?!
Luna ahuyentó con una mirada inquisitoria a un par de alumnos curiosos que se detuvieron en medio del pasillo y siguió hablando con Sam.
–Como iba diciendo, no sé si es idea mía, pero tengo la impresión de que cree que la culpamos por todo lo sucedido.
–¿Y de donde sacó una idea tan absurda?
–Eso mismo pienso yo; y la actitud de mis padres con ella tampoco ayuda en nada. También recuerda que en el funeral Lynn… ¡Ay!, no me hagas hablar de Lynn. Esa niña me está volviendo loca. ¡A veces quisiera PARTIRLE LA…!
–¡Luna, baja la voz!
–Perdona… Es que yo también he estado muy estresada últimamente.
–¿Ves? A eso me refiero. Está bien que quieras ayudar a tu familia, pero tampoco tienes porque cargar con tantas responsabilidades. Hasta diría que has pretendido comportarte más como una madre que como una hermana o una hija, y ahí es donde me pregunto: ¿qué fue lo que pasó con la chica de la que me enamoré?… Has cambiado Luna.
–¡¿Y que esperabas?! –estalló ella esta vez si rompiendo en llanto–. ¡Mis padres están destrozados!, ¡¿y cómo no iban a estarlo?!, ¡a Lincoln le arrancaron el brazo como el ala de una mosca!
–Que horrible –acertó a decir la otra.
–Lori, ya te dije, tampoco es la de antes y Leni… ¡Diablos Sam, es Leni! Ella es como otra más de las pequeñas y debería ser la ultima de nosotras que tenga que lidiar con algo como esto. Eso solo me deja a mí. Entiende que en mi familia necesitamos de alguien que pueda hacerse cargo, que sea fuerte y nos ayude a salir adelante, sobre todo ahora que hay un maniático suelto que mata niños. ¡¿O es que también te tengo que recordar lo que le pasó a Tabby?!
–No hace falta. Si se que la encontraron en los contenedores de basura de Lactoland sin...
–¡No me lo recuerdes! –chilló Luna con los ojos enrojecidos y un mostacho de mocos deslizándose por arriba de su labio superior–, hace días que no duermo pensando que algo así podría pasarle a alguna de mis hermanas… Vivir en esta ciudad se ha vuelto una pesadilla… Esperaba… Esperaba que lo pudieras entender… Esperaba que me apoyaras en estos tiempos tan difíciles.
–Oh Luna –dijo Sam tomándola suavemente de las manos–. Créeme cuando te digo que cuentas con todo mi apoyo. Por eso pienso que esto es lo mejor para ambas.
–¡Si claro! –alegó queriendo soltarse–. ¡Vaya novia de mierda resultaste ser!
–Es en serio –insistió apretando su agarre–. Lo que quiero es darte tu espacio para que pongas tus ideas en orden y se puedan arreglar las cosas en tu casa, ya que ahora no estás en condiciones de llevar una relación seria y… Pues a este paso lo nuestro podría deteriorarse. Lo mejor es que por ahora sigamos siendo solo amigas; pero eso si, si necesitas algo, cualquier cosa, puedes contar conmigo para lo que sea.
–Yo... Te necesito a ti –suplicó Luna entre sollozos.
–Y yo también necesito de ti –afirmó Sam–, pero antes está tu familia.
–… Tienes razón –se resignó secándose las lagrimas.
–Me alegra que lo entiendas.
Sam le devolvió su token de guitarra a Luna, le dio un tierno beso en la mejilla y se despidió para ir a su siguiente clase.
Luna por su parte, fue a encerrarse en uno de los cubículos del baño de niñas: primero a llorar desconsoladamente por un buen rato. Después sacó una cajetilla de cigarrillos y un encendedor que escondía en una de sus botas, y se pasó la ultima hora de clases fumando para relajarse un poco.
Necesitaba liberar tensión, si es que no quería que ni sus padres ni sus hermanas la vieran desmoronarse al llegar a casa por algo tan mundano como una relación fallida.
Al oír a la chicharra anunciando la hora de salida, Luna arrojó su cigarrillo al inodoro y jaló la cadena. Luego sacó un paquete de goma de mascar sabor menta de su otra bota, se metió una barra en la boca para disfrazar el aliento a tabaco y salió para ir de vuelta a su casillero por su mochila.
Ya en eso de las siete treinta, Luna estaba en la sala de estar de la casa Loud hablando con la policía por teléfono.
–Si jefe. Por favor llámeme si llega a saber algo... Espere, ella acaba de llegar justo ahora... Disculpe si llegué a molestarlo... Es que estaba preocupada, usted sabe... Si… Si, le prometo que no volverá a pasar… Gracias.
Luna colgó y miró enojada a Lynn Jr. quien acababa de entrar por la puerta principal.
–¿Dónde estabas? –preguntó con voz disque autoritaria–. Te dije que te esperaba en Vanzilla afuera del centro de aprendizaje.
–Estaba en las cajas de bateo practicando –contestó Lynn sin devolverle la mirada.
–No me mientas –la acusó Luna–. Estabas con Chandler, ¿no es así?
–… ¿Y si así fuera qué tiene de malo? Yo puedo salir con quien quiera.
–Pero no con ese muchacho que es una mala influencia para ti. Si hasta escuché que mata animales por diversión. No me sorprendería en nada si el tiene algo que ver con...
–Luna ya deja de decir estupideces. Ese solo es un rumor. No puedes acusar a nadie si no tienes pruebas.
–Puede ser… ¡Pero aun así te prohíbo que vuelvas a ver a Chandler!
–¿Si sabes que solo eres dos años mayor que yo?
–¿Y?
–¿Hasta cuando vas a dejar ese jueguito de hacer de mamá gansa?
–¡Que no soy tu mamá!
–¿Entonces?
–Pero alguien tiene que poner orden en esta casa.
–Aja, y solo porque Mamá y papá no dejan de lloriquear por lo que le pasó a Lincoln, Lori se volvió una pusilánime que ni hablar bien puede, y Leni es una descerebrada ¿crees que tu...?
¡Pow justo en la boca!
La discusión culminó con una fuerte cachetada por parte de Luna a la ex deportista castaña.
–Ve a tu habitación ahora mismo –ordenó manteniéndose firme–. No quiero volverte a ver en lo que queda de la noche.
–¡VETE AL INFIERNO! –gritó Lynn subiendo las escaleras–, ¡TE ODIO, LAS ODIO A TODAS!
Luna suspiró y salió a rodear la casa para vigilar que Lynn no se fuese a escapar por la ventana. De paso aprovechó la vuelta para verificar que puertas y ventanas estuviesen bien aseguradas como les había dicho papá un millón de veces. Con lo que estaba pasando en la actualidad no estaba demás ser precavido.
Cuando terminó con su segunda ronda fue a los escalones de la puerta que daba al jardín trasero a arrimarse sobre la baranda de madera.
≪Ya quiero ver que intentes escaparte LJ –pensó mientras se encendía otro cigarrillo–. Donde te vea aterrizar yo brincaré y te atraparé sin ningún esfuerzo, te doblaré como a una silla plegable y me sentaré sobre ti≫.
–¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! –oyó que ladraba su perro.
–¿Qué pasa Charles? –protestó por lo cansada que estaba de ese día.
–¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!... ¡Guau!... Rrrrr…
Luna miró hacia el mismo punto donde el pitbull terrier gruñía y aullaba amenazante desde su caseta, y vio que una urraca estaba queriendo sacar algo de debajo del enraizado del árbol grande del jardín de atrás. La iluminación no era lo suficientemente clara para ver exactamente lo que el pajarraco trataba de llevarse –probablemente para armar su nido–, pero al entrecerrar sus ojos pudo notar que era una vieja revista con un logo de Ace Savvy.
–¿Eh? ¡Oye tu!
Luna saltó la baranda y corrió a espantar al avechucho con Charles yendo a respaldarla.
–¡Shu!, ¡shu! ¡Largo de aquí!
La urraca le graznó agresivamente y se alejó volando dejándose la historieta atrás. Luna la recogió molesta por como había desgarrado una de las esquinas con su pico.
Después miró al árbol de donde la había sacado, y ahí recordó tristemente que tiempo atrás era ocupado por un niño de cabellos blancos que gustaba de sentarse a su sombra a leer comics.
≪¿Por qué habrá olvidado esto aquí? ≫, se preguntó cabizbaja.
Pero al percatarse de que la revista era más gruesa de lo que debería ser, y que bajo esta había otra cosa que no esperaba encontrar fue que obtuvo su respuesta.
≪Demonios Linc, y tu que te preocupabas por ser demasiado predecible≫.
Y al advertir el hoyo por el que la urraca había metido la cabeza, el cual fácilmente podría confundirse con la madriguera de un conejo, se agachó a examinar su interior tras sacar inteligentemente una simple hipótesis.
≪Tal y como lo sospeché, un escondite secreto –rió al confirmar con una rápida mirada que tenía razón–. Bien pensado bro≫.
Empezó por repasar las otras tres revistas para adultos que encontró apiladas adentro de una bolsa de plástico. Ediciones algo viejas y muy distantes entre un mes y otro, pero con fotos lo suficientemente llamativas siendo eso lo más importante.
≪Así te quería agarrar puerco≫.
Igual se encogió de hombros y no se escandalizó como lo habrían hecho Lori o Lola de haber dado con aquel tesoro escondido. Total no era nada que un preadolescente que recién empezaba a madurar no se hubiera molestado en ocultar con tanta cautela viviendo en una casa llena de mujeres. Hasta acertó a hacerse a la idea de que en un futuro hipotético, si Lincoln hubiera llegado a cumplir su misma edad, tampoco se hubiera sorprendido al hallar la típica caja de zapatos con una bolsita de marihuana y media decena de porros ya armados adentro.
Con tantas hermanas volviéndolo loco constantemente, más raro se le hacía que no haya intentado recurrir a medidas tan extremas mientras aun estaba vivo.
Los secretos de la cueva de las maravillas no acababan ahí. En otro rincón vio un six pack de cerveza incompleto, con apenas dos argollas libres. Ahí Luna se imaginó el cómico y evidente escenario en que Lincoln y Clyde –suponiendo que compartía su secreto con este otro– brindaban cada uno con una lata en mano y escupían el liquido con repudio nada más dar el primer sorbo.
≪Estos niños≫.
La cuestión era que de donde sacaron cerveza un par de menores de edad, y la respuesta le llegó tan rápido como se acordó de que Flip también la surtía de cigarrillos sin preguntar mientras tuviera dinero con que pagarle.
≪Esa sucia rata malandrina… Bueno, tampoco tiene caso dejar que se desperdicien≫.
Y como haciendo de cuenta que esa fue una especie de regalo que su hermano le envió desde el cielo, dejó en su lugar las revistas (a las que dada su orientación sexual también podría sacarles algo de provecho más tarde) y sacó las cervezas decidiéndose a pasar lo que quedaba de la noche bebiendo y olvidarse de todo.
–A tu salud hermanito –brindó destapando la primera lata.
La cerveza estaba tibia por lo guardado, como solo a los británicos inexplicablemente les podía gustar, pero el gusto a alcohol seguía por ahí de modo que se la alzó saboreando lo menos posible.
Al acabar aplastó la lata vacía de un pisotón y se arrimó al tronco del árbol en lo que destapaba la segunda.
Cuando fue por la tercera repitió la misma acción y se dejó caer sobre el pasto.
A mitad de la cuarta ya había empezado a llorar patéticamente.
–Hay bro, ¿a quién quiero engañar? Sin ti, nuestra casa va a terminar cayéndose a pedazos.
Dicho esto infló los cachetes y sopló un eructo anhelado hace dos latas y media.
–No me contradigas niño –siguió–. Lori ya lo había dicho antes, hay un equilibrio muy delicado aquí y desde que te fuiste todo se ha ido al caño… Ah, ¿no me crees? A ver dime ¿quién nos dirigía a todas cuando ella no podía o no quería hacerlo? Por supuesto que tu, si eras como su segundo al mando; pero ese fue nuestro primer error. Se suponía que ese debía ser mi trabajo desde el principio, por que ya sabemos que Leni siempre estuvo absuelta de ese deber… Hay, si yo tuviera la mitad de la fuerza de voluntad que tu tenías para aguantarnos quizá otro gallo cantaría… Y ahora que se te ocurrió morirte tan joven, me doy cuenta de que sin tu ayuda mamá y papá ya no dan más, Lori ya no puede mantener todo bajo control y yo soy un completo desastre de persona que lo arruina todo y no podría ni cuidar una planta artificial por que se marchitaría… Nos haces falta... Me haces mucha falta.
Luna dejó lo que quedaba de la ultima lata a un lado y se pasó una mano por el rostro, cuando en eso oyó a la puerta de la casa vecina abriéndose y cerrándose seguida por el sonido de unos pasos acompañados por los rechinidos de unas rueditas.
–Viejo testarudo –refunfuñó poniéndose de pie.
Luna salió al frente de su casa, miró a ambos lados de la acera y divisó la silueta de su vecino quien se iba alejando. Como ya se lo imaginó, el anciano llevaba puesta su gabardina encima, tenía su caña de pescar en mano y arrastraba consigo su hielera.
–¡Hey!, ¡señor Quejón!, ¡señor Quejón! –lo llamó corriendo tras el.
El hombre detuvo su paso y esperó a que Luna lo alcanzara.
–Señor Quejón… –jadeó exhausta deteniéndose a pocos centímetros de la hielera–. ¿Cuántas veces tenemos que decirle que no puede ir de pesca nocturna? Recuerde que hay toque de queda. No querrá pasar la noche en la cárcel otra vez, ¿o si?
Las nubes despejaron el cielo permitiendo que la luz de la luna llena iluminara a aquella silueta oculta bajo la supuesta gabardina, la cual regresó a verla.
Luna dio un paso atrás inconscientemente, antes incrédula por como sus propios sentidos la habían engañado, pero también impresionada por lo bien logrado que estaba el disfraz de la persona que tenía frente a ella.
Lo primero que se le vino a la mente, fue la loca idea de que estuvieran rodando una escena de la secuela ya anunciada –ahí en su vecindario– y ella nunca llegó a enterarse. Miró de reojo, buscando a algo o a alguien de algún equipo de filmación, y paró las orejas, esperando oír que –quizá Coryn Hardy o James Wan– le gritaran ¡corte! y salieran a reclamarle por ir a meterse en el escenario.
Como eso nunca pasó, apenas si pudo retroceder otro paso más.
–Eh… Excelente cosplay –rió Luna, algo nerviosa–. ¿Vienes de una convención o…, o eres de esos que se disfrazan y andan por las calles asustando a la gente de noche para que los graben y suban los videos a internet?
≪¡¿Pero que hacía en casa del señor Quejón?! ¡¿Le habrá pedido usar el teléfono o el baño?!≫.
–Te equivocas –carraspeó aquel tipo disfrazado–. Todo lo que ves es muy real.
–Buena actuación amigo –lo felicitó Luna, retrocediendo otros dos pasos–. Pero lo mejor será que te vayas de aquí. Este no es el lugar apropiado para hacer ese tipo de bromas.
–Este año he tenido una muy buena cosecha –siguió actuando el extraño sujeto–. ¿Quieres ver?
El Recolector se inclinó de lado para abrir su hielera, metió su mano adentró, revolvió su contenido y sacó un par de…
–Mira, tengo riñones.
–… Que buen material –fue lo único que se le ocurrió decir a Luna, quien además estaba empezando a impacientarse–. Pero en serio ya lárgate. Vas a poner a la gente más nerviosa de lo que ya está.
Al oír esto el Recolector tiró la guadaña que Luna había confundido erróneamente con una caña de pesca enojado, se acercó a agarrarla de la muñeca con brusquedad y a depositar los riñones en la palma de su mano.
–¡Asco! –gritó tirándolos de una sacudida en el momento en que verificó por su tacto y aroma que se trataban de órganos reales–. Te estás pasando de la raya. ¿Qué son?, ¿riñones de vaca o de cerdo?
–Deberías de tener un poco más de respeto niña –la reprendió el hombre de overol–. Esos de ahí son los riñones de Risas.
A Luna se le erizó la piel, al recordar las noches que pasó en vela consolando a Luan cuando hacia unas tres semanas atrás leyeron en el periódico que Risas, su amiga de la escuela de payasos, fue encontrada muerta detrás del Mall con un par de heridas profundas en los costados de su abdomen.
El Recolector volvió a buscar en su hielera y sacó un par de putrefactas orejas humanas con las que empezó a jugar poniéndoselas a los lados de su cabeza.
–Estas son las orejas de Polly Pain –dijo–. ¿Te gustan?
A Luna se le heló la sangre y se le cayó el alma a los pies. Esa misma tarde, al pasar por cigarrillos, vio como se armaba todo un alboroto afuera de Flip's: Comida y Combustible desde la comodidad de Vanzilla. Se enteró poco después que el ministerio de salubridad había ido a inspeccionar el establecimiento debido a las constantes denuncias de un fétido aroma proveniente de los baños. Cuando las autoridades revisaron la cisterna, por fin hallaron los restos despedazados en descomposición de Polly. Escuchó que a su cabeza le faltaba el cuero cabelludo y tenía dos enormes marcas de desgarre a lado y lado.
–Y este… –continuó el Recolector sacando un corazón recubierto de sangre hecha granizado–. Es el corazón de Haiku.
Luna soltó un grito de espanto y una alarma de peligro inminente se activó en su cabeza. Al otro día de la noche de brujas pasada, la amiguita de Lucy apareció en el estacionamiento de la Hamburguesa del Eructo con el torax desnudo y completamente destazado.
–Tu...
–Espera –rió el horrible sujeto–, guardé lo mejor para el final.
El Recolector hurgó más profundo en la hielera con las dos manos, y para horror de Luna sacó la cabeza decapitada de su amiga Tabby. Lo único que no se pudo encontrar de ella en los contenedores de basura de Lactoland. Con esto ya no le quedaba ninguna duda.
–¡Tu!
Luna visualizó la siguiente escena del filme. Ella saldría corriendo desenfrenada a pedir ayuda pero nadie la oiría; y entretanto el Recolector recogería su guadaña, la alcanzaría y se la clavaría en el pecho, la abriría con un corte limpio mientras aun seguía consciente y cosecharía sus órganos. Pero primero ella perdería el control de sus esfínteres y se defecaría encima.
≪Y luego irá por mis hermanas a terminar el trabajo≫, concluyó con el miedo apoderándose de su ser.
Se giró esperando inútilmente a que una patrulla –de esas que nunca aparecen cuando se las necesita, pero que si llegan a tiempo cuando los jóvenes solo quieren divertirse– pasará de casualidad… Pero nada.
Justo cuando creyó que se empezaría a rodar la escena de la matanza, fue que la vio. Esculpida en cerámica, adornando el césped perfectamente recortado del jardín de los Yates.
No supo por que, en sus ojos perlados y sabios halló cierto confort que la hizo ver las cosas desde otra perspectiva.
≪¿Dónde he visto a esa tortuga antes?≫.
En ese instante, algo mucho más fuerte se apoderó de Luna. El deseo de proteger a la familia que le quedaba a como de lugar, sumado a un hirviente sentimiento de furia y una recién exteriorizada sed de venganza. Si esa era la noche en que iba a morir, no lo haría sin dar pelea ahora que estaba en presencia del asesino que había estado aterrorizando a Royal Woods.
–Tu mataste a todos esos niños –gruñó frunciendo el ceño y una vena se marcó en su frente–. ¡Tu mataste a mi hermano!
–¿Hablas del dueño de este otro brazo?
El Recolector soltó la cabeza de Tabby, la chutó hacia Luna quien la esquivó con un rápido movimiento, y sacó un brazo mutilado que sacudió juguetonamente para saludarla.
–Hijo de perra –lo insultó Luna viendo que ese era el brazo opuesto al que Leni halló ese día en la alcantarilla. Incluso conservaba su infaltable reloj digital con el que cronometraba sus planes.
–Lenguaje Luna –se burló el Recolector, e hizo algo que la hizo enojar todavía más. Le dio una buena mordida al bracito como si fuera una pierna de pavo de las que venden en los parques de diversiones.
Y como si eso no fuera suficiente, sacó un harapiento calzoncillo rojo de su bolsillo –puro algodón, dos mil hilos contados, sin ribetes elásticos– y lo usó para limpiarse la boca.
≪¡Su trusa de la victoria! ≫.
–¿Quieres? –le habló el Recolector con la boca llena ofreciéndole el brazo de su hermano muerto.
Luna rugió internamente y salió disparada a taclear al Recolector sin que el pudiera hacer algo para defenderse, pateó la guadaña hasta el otro lado de la calle y corrió a tomar la tortuga de cerámica.
La figura pesaba entre cinco y siete kilos, pero fácilmente la podía levantar con una sola mano siendo ella la más fuerte y ágil de las diez hermanas Loud y no Lynn.
El Recolector intentó reincorporarse e ir por su guadaña, pero Luna saltó sobre el y le aplastó la ingle con una rodilla y las costillas con la otra.
–Te voy a matar –avisó agarrándole del cuello–. No me importa si me meten a la cárcel. Mi vida ya está arruinada por tu culpa, y por eso voy a matarte.
Luna ejerció todo el peso de su cuerpo sobre el Recolector, le apretó la yugular, levantó a la tortuga en el aire y se la estrelló violentamente en medio de los ojos.
–¡ESO FUE POR LINCOLN!
El Recolector aulló adolorido y fulminó con la mirada a Luna quien no se hizo esperar para asestarle un segundo, tercer, cuarto y quinto golpe consecutivo en el mismo punto.
–¡ESA FUE POR LOS OTROS NIÑOS Y SUS FAMILIAS!, ¡ESA FUE POR HACER LLORAR A MI MAMÁ Y A LENI!, ¡ESA FUE POR TRAUMATIZAR A LORI Y A LOLA!, ¡ESA FUE POR PONER TRISTES A MI PAPÁ Y A LUAN!
Por mucho daño que recibió, el Recolector siguió luchando por zafarse, pero Luna no iba a parar hasta partirle el cráneo como a un melón.
–¡ESA FUE POR ENFERMAR A LUCY!... ¡ESA FUE PORQUE YA NO PUEDO DEJAR DE FUMAR!... ¡Y ESA FUE POR QUE SAM ROMPIÓ CONMIGO!
El Recolector trató de empujar a Luna de un manotazo, pero esta le pisó los dedos y le asestó otro golpe cargado de furia.
–¡MIERDA, YA MUERETE!, ¡MUERETE DE UNA VEZ MALDITO INFELIZ!
Luna se limpió las lagrimas y la sangre salpicada de su rostro con el antebrazo. La cara del Recolector sudaba pintura blanca, su boca estaba torcida en una roja mueca vampiresa, sus ojos brillaron como un par de centellantes monedas de plata.
El brillo, entre plateado y naranja, la cegó momentáneamente. Suficiente para que el Recolector pudiera quitársela de encima y huir.
Fue por un breve momento, que Luna creyó percibir algo diferente, detrás de la cara del Recolector y sus ojos plateados, una forma verdadera y definitiva. Pero su visión no podía captar lo que estaba viendo.
Una zarpa voló hacia su cara y Luna consiguió inclinar la cabeza hacia atrás, a tiempo, pero las uñas le trazaron una triple cicatriz en el ojo.
El Recolector la apartó de un codazo, la levantó de la camisa y la arrojó a un charco de lodo. La cara de Luna se sumergió en el fango, tragó y escupió una poca de tierra y forcejeó hasta que consiguió sentarse.
El Recolector la miró levantarse sosteniendo aun a la tortuga de cerámica que en ningún momento llegó a soltar. La sangre brotaba en hilos de su frente abollada y bajaba por entre sus ojos llenos de incertidumbre y dolor.
–No debiste meterte con mi hermano –dijo Luna riendo como toda una desquiciada, acercándose dispuesta a terminar con lo que empezó. Tenía el cuerpo echo leña pero una voluntad de pelear inquebrantable–. Hasta aquí llegaste.
El Recolector giró en redondo con gracia ágil y suave y corrió dando tumbos y una vuelta de carro a zambullirse en una boca de tormenta cercana. Al llegar persiguiéndolo ahí, más de ese raro brillo cegó a Luna y la hizo retroceder.
–¡LAS VOY A MATAR! –se oyó rugir a una voz que parecía todo menos humana desde el interior de la alcantarilla, conforme esa luz se iba extinguiendo y el eco de algo que se iba arrastrando por el drenaje cobraba distancia.
Luna se despertó estremeciéndose, sentada bajo el árbol de Lincoln. Recordaba haber caído dormida ¿hacía cuanto? Medio, uno, máximo dos minutos. Pero la pesadilla con el payaso disfrazado como el Recolector parecía haber durado mucho más. Y es que todo había sido un sueño.
O al menos eso creyó hasta sentir un ardor en la cara.
–¡Oh, dios mío! –gimió al tocarse las tres cicatrices en el ojo.
≪No, no, no, no, no… Esto tiene que tener una explicación… Ya sé, seguro la urraca regresó para vengarse≫.
Cogió la lata de cerveza a medio acabar, olfateó la boquilla, e igual regó el césped con ella vaciándola estuviera echada a perder o no.
–¡Oh, dios mío! –chilló otra vez al notar lo sucias que estaban sus ropas y el camino de sus propias huellas enlodadas.
–¡Loud! –oyó que gritaba el señor Quejón asomándose por su ventana–. ¡Le voy a decir a tus padres que estuviste violando el toque de queda y además te vi fumando y bebiendo!
El viejo cerró la ventana de un portazo, pero a Luna no le importaron sus amenazas.
Buscó aceleradamente el encendedor y la cajetilla dentro de su bota…, y la arrugó frustrada al encontrarla vacía.
Sacó entonces el paquetito de goma de mascar…, y lo arrojó por arriba de la cerca al encontrarlo vacío también y se agarró la cabeza con ambas manos.
Charles se acercó a lamerla cariñosamente al verla hecha un manojo de nervios, y Luna ahí decidió seguir el consejo que ella misma solía darle a sus hermanos cuando estos tenían problemas. Consejo que casi había olvidado. Sencillo, pero efectivo.
≪No importa que tan malo esté todo. No olvides que la vida es mejor cantando≫.
–Tengo el virus del rock no voy a curarlo…
Fin del Flashback.
– Sigue el corazón si en verdad sueñas con algo…
–¿Dijo Spa Royal Woods? –regresó a preguntar el taxista al pasar junto a un enorme y desgastado letrero que daba la bienvenida a la ciudad.
–Si –respondió Luna desde el asiento del pasajero.
–¿Va a revivir su niñez allá?
–Algo por el estilo. Solo voy a saludar a unos viejos fantasmas.
Miró por la ventana…, y volteó su cabeza al instante pretendiendo no haber visto a un payaso parado al costado de la carretera sosteniendo un manojo de globos con una mano y saludándola con la otra.
–¡JA JA JA ja ja ja ja…!
En lo que restó del viaje, procuró mantener su vista al frente con afán de ignorar también el globo de color purpura con una clara advertencia escrita en letras fosforescentes que apareció a su derecha.
¡REGRESA AHORA!
