Capítulo 11: La Batalla Apocalíptica Entre Hermanas
Royal Woods, Michigan, Junio de 2019.
Clyde despertó al cabo de media hora sobresaltado, con el cuerpo agarrotado y la ropa destrozada. Al llegar a casa sus papás enloquecerían al verlo así y le darían la reprimenda de su vida.
Atento, aguzó ambos oídos para cerciorarse de no oír ningún aleteo o graznido aproximándose.
No hubo nada.
El chico suspiró aliviado, se levantó haciendo una mueca de dolor con cada movimiento y echó a caminar hacia el otro extremo de las tribunas.
En el camino se puso a pensar como decirle a sus padres y a la Dra. López lo que había visto sin que estos lo tomaran por orate.
Mas al pasar junto a la tercera columna de soporte antes de la salida, vio algo peor. Algo que lo hizo paralizarse de pánico. Antes hubiera preferido mil veces volver a toparse con el pájaro gigante.
Arrimada en la segunda columna, Lynn Jr. estaba besándose con Chandler.
A el lo vio deslizando atrevidamente su mano por debajo de su playera y a ella apartándolo de un empujón.
–¡Suéltame!
Chandler rió con picardía. Clyde dio un paso atrás, sin querer pisando una rama.
¡Crac!
El pobre muchacho ahogó una exclamación. Lynn y Chandler dejaron lo suyo y le miraron con enojo por haberlos interrumpido.
–¿Qué haces aquí? –inquirió la castaña embravecida.
–Lynn –quiso disculparse Clyde–, yo no quería...
–Por tu bien, más te vale no decirles nada de lo que viste a mis hermanas –lo amenazó.
Aterrado, Clyde notó anticipadamente la ausencia de raciocinio en la cara de Lynn. Sabía ya que ella era la que más había cambiado de todas las hermanas Loud, para mal e ido de mal en peor. En ese lapso de tiempo habían sucedido muchas cosas que lo demostraban, y eran pocas de las que el sabía. Pero la Lynn que venía hacia el, distaba mucho de ser la Lynn entusiasta y algo odiosa que siempre había conocido. Esa era una Lynn llena de furia y malos sentimientos, como poseída por algo que hizo brotar fértilmente lo peor de su ser.
Millones de preguntas abordaron en su cerebro:
¿Cómo fue que sucedió esto?, ¿qué te pasó Lynn?, ¡¿en dónde salió todo mal?!…
≪¡Diablos, tengo que escapar cuanto antes!≫.
–En serio Lynn, te juro que no fue mi intención...
–Tal vez deberíamos ser más persuasivos con este tonto –sugirió Chandler sonriendo con malicia.
–Buena idea –secundó Lynn tronándose los nudillos–. Este cuatro ojos y yo tenemos cuentas pendientes que saldar.
Clyde retrocedió, echando rápidas miradas cautelosas en busca de una ruta de escape. Se preparó para salir corriendo de ahí, cuando un par de imponentes figuras lo emboscaron por la espalda y le cerraron el paso.
–¿Qué hacen ustedes aquí? –preguntó, desconcertado de ver al nuevo repertorio de rufianes en la banda de Chandler.
–¡Sujétenlo!
Hank y Hawk acataron la orden del pelirrojo e inmovilizaron a Clyde apresándolo de cada brazo. Lynn metió la mano en el bolsillo de su short y se le acercó hasta que sus frentes quedaron apenas a poco más de un centímetro de chocar la una contra la otra, pareciendo como si los dos fueran a besarse en los labios.
–No sabes cuanto te odio –dijo ásperamente y sin parpadear.
–¿Y a mi por qué?, si yo no hice na…
–¡Cállate!
Los escasos pelillos que Clyde tenía en el culo se pusieron como escarpias.
–Este perdedor –se dirigió Lynn a sus amigos bullies–, nos ha molestado a mi y a mi familia desde hace mucho tiempo.
–¿Yo?
–Si, ¡tu! –afirmó ella agarrándolo por el cuello de su camisa–. ¿Sabes que nunca he soportado el modo en que actúas cerca de Lori?... Y además…, ¡además tu tienes la culpa de lo que le pasó a Lincoln! Tu y esa mocosa amiga de Lisa. ¡¿Acaso eso no te parece suficiente?!
–¡¿Qué?!
El desconcierto de Clyde llegó a limites estratosféricos con la acusación de Lynn, a quien se le empezó a marcar su vena de la ira en un persistente palpitar.
≪Esa cosa le va estallar≫, avisó la mente acobardada del chico.
–Maldigo el día en que llegaste a nuestras vidas –refunfuñó la muchacha–. Si no fuera por ti, mi hermano no hubiera desperdiciado su potencial. Tenía grandes planes para el. Con mi ayuda hubiera llegado a ser un magnifico atleta, pero tu tuviste que venir y arruinarlo todo.
–¿Qué estás diciendo? –objetó Clyde. Sudaba de pavor, pero las incongruencias dichas por la ex deportista, más las que le faltaban por agregar, hicieron que medio se olvidara de la situación en la que estaba el.
–Lo que oíste. Antes Lincoln me hacía caso solo a mi. El iba conmigo a todas partes y jugábamos a lo que yo quería le gustase o no; hasta que empezó a juntarse con perdedores fracasados como tu y perder su tiempo con juegos estúpidos y disfraces y comics.
Hank y Hawk rieron. Chandler lo hizo de un modo más depravado al apuntar su vista al bulto que Lynn apretaba bajo sus pantaloncillos.
–¿Y por eso lo maltratabas todo el tiempo? –no pudo evitar replicar Clyde.
Los gorilas de Chandler dejaron de reír, pero el no. Ahora los dos intercambiaron miradas nerviosos, casi asustados.
–¡Patéticos! –Lynn hizo rechinar sus dientes y sus ojos se eyectaron de sangre–. Tus tontos amigos y tu de verdad son patéticos. Me alegro mucho que los hayan matado y espero que te pase lo mismo a ti y a esa friki sin vida adicta al árcade por la que sucedió todo esto en primer lugar.
–¡Hey! –intervino Chandler–, no hables así de mi prima.
–¿Qué dijiste? –Lynn le devolvió una mirada gélida, rayando en lo psicótico.
–Perdón señor, perdón –se excusó el.
–Así me gusta –bufó ella volviendo a centrarse en atacar al chico de color–; y ten por seguro que a ella también le daré su merecido, pero por ahora me ocuparé de este cuatro ojos.
–¿Qué hacemos con el? –preguntó Hawk, algo intranquilo.
Lynn puso los ojos en blanco pensativa. Clyde se sacudió pero Hank le torció el brazo y Hawk le retuvo la muñeca.
–Ya se –contestó mirando de reojo a Chandler–. A ver idiota, ¿aun te queda una de esas bombas cereza?
–Siempre si –rió el teniendo ya listo el explosivo y un encendedor.
–Bien –Lynn terminó de intimidar a Clyde con una sonrisa de victoria asegurada, tan intimidante que la de Chandler a su lado parecía una sonrisa amorosa–. ¿Te gustan los fuegos artificiales Clyde?, ¿eh? Ahora dime, ¿te gustaría una de estas en tus calzoncillos?
Chandler abrió el zippo, mas de inmediato advirtió a los demás con una seña que guardaran silencio.
Los cinco vieron pasar al jardinero municipal por entre las aberturas de los escalones. Lynn se adelantó a cubrirle la boca a Clyde, cuyo terror hizo explosión al verla sacar una navaja de muelles con mango de marfil.
–Si gritas –amenazó abriendo la hoja que era larga y afilada y tenía sus iniciales grabadas en ella–, tendrás que recoger tus tripas.
El anciano trabajador miró inexpresivo directamente hacia las tribunas, recogió una bolsa de hierba cortada y se alejó lenta y serenamente.
–Ahora dime –siguió diciendo Lynn. Clyde sintió su tufo de la salsa picante que le echaba prácticamente a todo lo que comía–, ¿por qué ibas a todas partes con mi hermano? Estabas enamorado de el, ¿cierto? ¿Creíste que tendrías una mejor oportunidad con el que con Lori?
≪¡Eso no tiene ningún sentido mierda!≫.
–Tu lo que querías era pegarle lo puto, ¿no es así? ¿Cómo no me di cuenta antes? Claro, padres maricas solo tienen hijos maricas.
–¡Oye!, ¡Con mis papás no te metas!
Los tres matones rieron a carcajadas. Lynn se mantuvo seria y le atizó un buen derechazo a Clyde, tiró de su camisa hacia arriba y pegó la hoja de la navaja a su vientre flácido.
–Vaya, que asco de cuerpo.
≪¡Dios mío, esta mujer no está en sus cabales!≫.
–No sé por que mis hermanas insisten en defenderte. Es por que son estúpidas. Ninguna quiere entender que por ir contigo al árcade, Lincoln conoció a esa marimacho que lo citó ahí ese día que…
Dos hilillos de lagrimas se deslizaron por las mejillas encendidas de Lynn.
–Espero que estés contento tonto –gruñó Chandler enfadado–, hiciste llorar a mi chica.
–Déjame esto a mi –dijo ella tallándose los ojos ligeramente con la palma–. Tal vez si grabo mi nombre en este pedazo de mierda seca, no se olvide de no volver a acercarse a mi casa… Mmm… Aunque no hay mucho en que tallar, rayos. Ni modo, tendrán que ser solo mis iniciales.
–¡Lynn, esto es demasiado!
–¡Hazlo, hazlo! –la animó el pelirrojo relamiéndose los labios con morbosa ilusión.
El filo de la navaja se comenzó a deslizar fríamente en vertical por la piel oscura del chico en donde apareció una línea roja.
–¡AUCH!, ¡AUCH!, ¡AUCH!, ¡AUCH!
–Primero la L de Lynn –deletreó, trazando luego otra horizontal con la destreza de un cirujano alocado. Mandado el viaje pinzó una de las tetillas de Clyde con los dedos y le rebanó un pezón–. Esto lo vi en un capitulo de Juego de Tronos.
–¡YYAAAAAAAAAHHYY!
–¡Wow, oye! –repuso Hank con un chillido agudo–, ¡no iras a cortarlo de verdad!
–¡Cierra la boca! –rugió Lynn apuntándole con la navaja a su gordo cuello–, ¡voy a tallar mis iniciales en este negro piojoso y me vas a dejar tranquila!
–Ugh, sangre –se quejó de pronto Hawk, quien soltó a Clyde asqueado por la herida que se le abrió en la carne–. Creo que voy a vomitar... Ugh, Ugh…
–Ay, no vomites –rogó Hank repitiendo la acción de su compañero–, eso me hará vomitar.
En una rápida secuencia, Clyde aprovechó el haberse librado de sus captores para inclinarse solo un poco hacia a adelante, plantar su pie en el pecho plano de Lynn, derribarla de una patada para tomar impulso y salir corriendo por el extremo contrario de las tribunas tan rápido como se lo permitieron sus escuálidas piernas.
–¡Imbéciles!, ¡estúpidos! –reprendió Chandler a sus secuaces con una bofetada.
–¡COGEDLO! –aulló Lynn reincorporándose y sacudiéndose la tierra.
Los bravucones la obedecieron y fueron a montar sus bicis. Lynn subió a una rosada de niña, mas sin embargo excelente para competiciones con temperatura de cuarenta grados.
–Escuchen, ustedes dos vayan directo tras el –ordenó la castaña a Hank y Hawk–. Chandler y yo iremos por rumbos distintos para cubrir más terreno.
Entretanto, Clyde corrió por toda la zona, doblando por diversas esquinas, haciendo lo posible por que sus perseguidores le perdieran el rastro como había echo con el pájaro gigante. Brincó por encima de las cercas y cruzó velozmente los patios traseros de varias casas. En uno le salieron una pareja de pitbulls y en otro un mandril en la niebla, pero estos no representaron ningún obstáculo para el.
–Mierda… Mierda... Mierda, mierda, mierda... ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, mierda…!
Llegó hasta un terraplén, por donde se deslizó hasta un río seco, por el que pasó corriendo hasta la otra orilla. Ahí se apoyó en el enladrillado junto a una gran boca de salida a tomar un poco de aire y aspirar una bocanada de su respirador (uno de verdad).
–No puedo más... No puedo más... –jadeó exhausto–. Cabeza da vueltas… Arritmia cardiaca… Incendio de pulmones… Esto es lo peor.
–¿Dónde estás chico? –oyó aproximarse a la maniática voz de Chandler–. Sal de donde quiera que estés.
≪Oh, cielos, ¿y ahora que hago?≫.
–¿Clyde?
El chico levantó la mirada, y en el otro terraplén vio asomándose a Lucy quien curiosamente llevaba arrastrando consigo…
≪¡La bicicleta de Lincoln!≫.
–¡Wow!, ¿pero que te pasó! –exclamó la pequeña gótica señalando su camisa ensangrentada.
–Vamos chico, ven a jugar con nosotros.
≪¡Rayos, ahí viene!≫.
Con su segundo aire, Clyde escaló el terraplén hasta llegar a donde estaba Lucy, la levantó por las axilas y la sentó en el tren delantero, subió a bordo y empezó a pedalear con todas sus fuerzas.
–¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos…!
–¡¿Qué haces Clyde?! –preguntó ella, estupefacta por como su amigo parecía haberse convertido en otra persona cuando estuvo montado ahí.
–¡No hay tiempo de explicar Lucy! ¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos…!
Sus esfuerzos rindieron frutos. La bici rodó velozmente por el pavimento, ganando velocidad hasta perderse en el horizonte.
Chandler aparcó la suya y descendió derrapando por donde se había deslizado Clyde. Miró una huella de sangre junto al desagüe en el río y sonrió triunfante.
–Creo que ya te encontré.
El malvado pelirrojo sacó su encendedor y una lata de pintura en spray de sus bolsillos y se adentró en el alcantarillado.
–Será mejor que salgas de una vez –lo llamó agitando la lata y abriendo el zippo–. Vamos chico, no me hagas esperar.
Chandler acercó la llama a la boquilla del shotter, apretó a fondo y disparó un potente fogonazo.
–¡JA JA JA JA JA JA JA…! –rió como todo un lunático–. ¿No te puedes quedar aquí todo el maldito día o si?
Dicho esto, disparó otra llamarada y se encaminó por una bifurcación que lo condujo hasta un enrejado, donde distinguió una silueta parada frente a los barrotes.
–Me encontraste –susurró la voz de una niñita en el viento, aunque no había viento, ni tampoco llegó a escucharla.
–Te tengo –se extasió creyendo haber conseguido acorralar a Clyde.
Chandler cargó la lata, apuntó a la figura oculta entre las sombras, disparó…
–¡¿EH?!
Mas el susto que se llevó hizo que se olvidara de dejar de apretar el shooter, suficiente para ver con claridad al ente durante sus últimos segundos en la tierra.
Si, era flacucho como el chico al que buscaba; pero, a pesar de tener una forma humanoide y de vestir un viejo traje oscuro con corbata, de ninguna manera podía ser una criatura de este mundo.
Era increíblemente mucho más alto que un adulto de estatura promedio o hasta un jugador de la NBA; con las extremidades muy largas y las manos grandes con dedos largos y huesudos. Su tez era blanca y carecía por completo de rasgos faciales.
≪¡Maldición!≫, apenas si alcanzó a gritar internamente Chandler, cuando vio que de su espalda emergieron cuatro pares de tentáculos negros que se alargaron y se arrojaron sobre el a enredársele en el pescuezo y apretar con fuerza hasta matarlo.
Clyde siguió pedaleando, con Lucy sujetándose de la base de los manubrios para no caerse.
–¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos…!
–Clyde... Jadeo... Ya dime de una vez... Jadeo... Qué es lo que está pasando.
Un estruendo lo puso en alerta, al momento en que ambos niños fueron cobijados por una gigantesca sombra con una forma parecida a la de un caza japonés.
≪¡Lo que me faltaba!≫.
–Exclamación… ¡¿Qué es eso?! –preguntó la niña a punto de voltearse a mirar por encima de su hombro.
≪¡Que no lo vea o se hará más grande!≫.
–¡Mantén tu vista al frente Lucy! –ordenó Clyde–. ¡Confía en mi!... ¡Vamos, vamos, vamos, vamos...!
Lucy obedeció y se abstuvo de mirar al cielo. El chico de color se concentró únicamente en pedalear y alejarse. Parafraseando a Lori, literalmente sus vidas dependían de ello.
–¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos…!
Y lo consiguió. Aun cargando con el peso de ambos y sus fuerzas flaqueando por la gradual perdida de sangre, rebasó a la sombra. Mas no paró ahí; pedaleo y pedaleo y siguió pedaleando, hasta que vio una casita pintada de blanco con el techo de color negro y varios juguetes regados por sus alrededores.
≪¡Bingo!≫.
–¡Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos…!
–Leni, ¿por qué lloras? –entró a preguntar gentilmente Luan, al encontrarla sollozando acurrucada en el sofá de la sala en medio de Lori y Luna.
Lily miraba por la ventana, quizá esperando a que mamá y papá regresaran del trabajo.
–Hubo otro crimen –llegó de improviso a tomarse la libertad de responder Lisa, antes de que lo hicieran las otras dos mayores.
–La pequeña Claire –gimió Leni entre lagrimas, terminando de hundir su rostro en el pecho de Lori.
–¡¿Claire?! –repitieron las gemelas al unísono asomándose por la baranda de las escaleras.
–¿La dueña de ese perrito tan lindo? –agregó Lana.
–Zu cuerpo fue encontrado ezta mañana mutilado y congelado junto al canal –terminó de explicar la niña genio, en lo que Lori le mostraba el encabezado a Luan en su celular.
–Ahora escúchenme bien –habló Luna seriamente, aprovechando que tenía a la mayoría de sus hermanas reunidas en un mismo lugar–. Esto ya ha ido demasiado lejos. Recuerden que debemos permanecer juntas como estamos ahora, ¿está claro?
Las demás asintieron con la cabeza.
–Significa juntas todo el tiempo –reiteró–. ¿Lo prometen?
–Lo prometemos –contestaron en coro.
–Bien, ¿ahora donde demonios se han metido Lynn y Lucy? Esto también les incumbe a ellas.
–Se supone que a esta hora Lynn debe estar en las clases de verano –respondió Luan–, y Lucy de seguro está en las ventilas como siempre. Iré a buscarla.
–Voy contigo –la siguió Luna.
–… Oigan –las llamó antes Lori, decidiendo que también debía aprovechar que las tenía a casi todas reunidas–. ¿P-puedo d-decirles una cosa?
Luna y Luan se regresaron para escuchar que tenía que decir; Leni se secó las lagrimas y la miró atentamente; Lisa y las gemelas se sentaron juiciosas a sus pies. Lily siguió mirando por la ventana expectante.
–Y-y si s-se ríen –aclaró primero que nada–, juro que jamás…
–No –dijeron todas casi al mismo tiempo, intuyendo que lo que estaba por contarles la más mayor era de vital importancia.
Lori inspiró profundamente y se preparó para soltar la sopa. El momento había llegado.
–L-la otra noche… E-en la hab-bitación de Lincoln…
–¡Ahí vene! –balbuceó la bebita.
Leni se levantó a mirar a través del cristal.
–Son Lucy y Clyde –dijo.
–Shi –afirmó Lily–, ahí venen.
–Leni, lleva a Lily a su cuarto y no salgan de ahí hasta que yo les diga –ordenó Luna indeliberadamente–. Las demás prepárense.
Clyde frenó bruscamente entre el porche y la cochera. Lucy se bajó aterrizando de un brinco, solo para ver a su amigo caer de lado con una mano apretada en el estomago y otra en el pecho.
–¡Allá están! –oyó exclamar a Hank, a quien vio llegar a lo lejos montado en su bicicleta. Después a Hawk y por ultimo a su hermana Lynn.
Entonces por fin entendió que sucedía.
–Arriba Clyde –se agachó a socorrerlo–. Apóyate en mi hombro.
Como pudo, Lucy llevó a rastras a Clyde hasta el porche y llamó a la puerta.
–Suspiro… ¡Abran, abran!
–Lucy –salió a abrirle Lori–, ¿q-qué suce…? ¡Hay por dios, Clyde! ¡L-literalmente est-tás sa-san… S-sa-san…
–Jadeo… ¡Ayúdame! –alegó Lucy.
Y Lori le ayudó a hacer entrar a Clyde. El resto de las chicas vieron sus heridas, y entre todas lo guiaron a acostarlo en el sofá y se dispusieron a atenderlo rápidamente. Lucy acertó a cerrar la puerta y a poner todos los seguros.
–¡Gasas!, ¡Tijeras! –las gemelas desempacaron un estuche de primeros auxilios y se pusieron a trabajar.
–T-tranquilo Clyde –lo consoló Lori acariciándole la cabeza.
–Vas a estar bien –dijo Luan.
Clyde se llevó su respirador a la boca y aspiró una buena bocanada. Después Lucy se lo arrebató e hizo lo mismo.
–Oye, no debes hacer eso.
–Suspiro... Claro que si.
–Clyde –se acercó a preguntar Luna–, ¿cómo fue que te hiciste eso en…? ¡HEY!
Todos se estremecieron y miraron al enorme peñasco que atravesó uno de los cristales y cayó sobre la mesita del estar.
Lori miró por la ventana rota, y vio que afuera Hank y Hawk recogían más piedras mientras que Lynn permanecía de pie observando fijamente a la casa Loud.
–¿Q-qué hace Lynn con esos rufianes?
¡Crash!
Lori se agachó para esquivar una segunda piedra que impactó contra otro cristal.
–Ella… –jadeó Clyde, señalando su tetilla agujereada y la L roja trazada en su abdomen al tiempo que Lana y Lola terminaban de vendárselas–. Ella me hizo esto.
Las hermanas Loud se quedaron horrorizadas al oír eso, más porque no se sorprendieron tanto como deberían. Una tercera piedra hizo reaccionar a Luna que, roja y humeante de enojo, salió a confrontar a Lynn ella misma.
–¡Oye LJ!, ¡¿Cual es tu maldito problema?!, ¡¿cómo pudiste hacerle eso a Clyde?!
–Tengo cosas que aclarar con ustedes–fue lo que respondió–, pero estoy dispuesta a olvidarlas por hoy. Así que solo lo quiero a el. Entréguenlo.
–Tengan cuidado –advirtió el chico McBride–, ella ya no es la misma de antes.
–Sabía que ese tal Chandler no era bueno para ella –comentó Luan.
Luna quedó devastada, pero si pudo mantener su expresión firme y su postura defensiva. Al igual que Clyde, pudo ver la evidente e insaciable sed de sangre en la cara de Lynn.
–Ahora si que estás en graves, graves problemas hermanita –dictaminó, suave y claramente–. Cuando mamá y papá sep… ¡AUCH!
Luna se tambaleó hacia atrás, con ambas manos contra su frente, sintiendo una horrible jaqueca y con los oídos zumbando. El cuarto peñasco, manchado con su sangre, cayó encima del tapete de bienvenida.
–Luna, ¿e-est-tás bien? –quiso ir en su ayuda Lori.
–Estoy bien –resopló ella, logrando mantener el equilibrio–, apenas me rozó.
Se asomó a la puerta otra vez para encarar a Lynn, que se preparaba para lanzarle otra piedra con ventaja, premeditación y alevosía.
–Tu lo has querido sis.
Luna cerró la puerta de un portazo y regresó a ver a sus hermanas sobándose la frente. La sangre bajaba por el lado opuesto de su cara de donde tenía la triple cicatriz.
–Esa Lynn ya es un caso perdido –declaró ante todos–. Chicas, ejecuten el protocolo de pelea de hermanas: nivel día del juicio, ¡ahora!
Dicho y hecho, las Loud fueron a ocupar sus respectivas posiciones. Clyde se sentó en el sofá enarcando ambas cejas.
–¿Protocolo de que?
Hank y Hawk siguieron aventando piedras contra el porche, cuando sin aviso una docena y media de drones salieron volando por una de las ventanas del segundo piso a posicionarse estratégicamente sobre sus cabezas y soltar un montón de globos llenos de un liquido rojo pardo con vestigios de carne. Lynn si pudo esquivarlos ágilmente.
–¡¿Esto es sangre?!
–¡¿Estos son trozos de cerebro?!
–Ugh, creo que voy a vomitar.
–Ugh, no vomites eso me hará vomitar.
En el cuarto de las menores, Lisa y Lucy miraron desde un monitor como los dos gigantes empezaban a tener arcadas.
–Fue un exzelente toque agregar palomitaz de maíz a la zangre falza para emular trozoz de zerebro –la felicitó Lisa.
–Suspiro… Esa fue idea de Rocky –comentó Lucy, dejando que se le escapara una lagrima.
Por la otra ventana se asomó Luan sosteniendo en una mano el tirachinas de Lana y en la otra…
–¡¿Eso es un pañal usado?! –alertó Hank a su compañero.
–¡Si, es un pañal! –confirmó Hawk.
–¡El día de bromas llegó antes este año! –clamó la joven comediante cargando el primero de muchos proyectiles.
–¡Vámonos de aquí!
Hank y Hawk cubrieron sus cabezas y huyeron despavoridos de la lluvia de pañales sucios.
–¡REGRESEN COBARDES! –los llamó Lynn.
En cuanto se distrajo, la puerta principal volvió a abrirse y una soga la lazó por la cintura y la arrastró hacia el interior de su casa donde Lana la maniató como a un novillo de rodeo con ayuda de Lori, Lucy, Lola y Lisa.
–¡Será mejor que me desaten o se las verán conmigo! –amenazó.
–Hey, Lynn.
¡CLANC!
Luna llegó por la derecha a aturdirla haciendo chocar sus platillos, Luan llegó por la izquierda a darle un toque con su botón de bromas y Lola llegó por el frente a rociarle su perfume más fuerte en la cara.
–Cof, cof, cof… ¡Huele a gases de princesa!
–¡BU!
–¡AAAAAAAHH!
Lucy se le apareció por detrás para darle un buen susto, poco antes de que el resto de sus hermanas se abalanzaran sobre ella.
Varios minutos después, Lynn estaba esposada con tres juegos de trampa para dedo, en la jaula de tiempo fuera que Lincoln originalmente había inventado para usar en Luan, la cual habían instalado en medio de la cochera con sus respectivas cadenas y candados.
–¡Déjenme salir de aquí! –chilló echando babas.
–S-seguro –dijo Lori, esperando a que las otras se retiraran–. D-desp-pues de que te hayas c-calmado y n-nuestros p-padres decidan que hacer contigo, t-te sac-caremos de ahí.
–Y veremos que te hagas responsable por lo que hiciste –agregó Luna.
–¡Las mataré a todas! –vociferó sacudiéndose adentro como un perro rabioso.
–Ya cambia de música campeona –se burló Luan.
–¡LAS MATARÉ A TODAS!
Lisa, que fue la ultima en salir, programó antes a Todd 2.0 para que la vigilara.
Por fuera Lana tapeó las puertas con sus mejores tablas de caoba –y aseguró con unas cuantas cadenas y candados más– y Lucy las empapeló con algunos talismanes mágicos.
