Capítulo 12: El Álbum de la Bisabuela Harriet

Royal Woods, Michigan, Junio de 2019.

Lori observó detenidamente, tan incrédula como horrorizada, la navaja con las iniciales de Lynn Jr. grabadas en la hoja. De reojo miró a Luna acostada en la cama de Leni, y a Luan y Lisa ocupándose de ponerle una venda en la cabeza.

Clyde le sonrió desde el sillón, en lo que recibía un vaso de limonada que Lola muy atentamente había subido para el. La sangre ya no brotaba de su tripa o su pecho; pero en cuanto se volviera a poner la camisa las gasas si se podrían ver por debajo de esta, y solo sería cuestión de tiempo para que los señores McBride las vieran y se armara un gran escandalo.

≪Esto es horrible –pensó, apresurándose a cerrarla y a guardarla en el cajón de su cómoda bajo llave–. Mi propia hermana, una delincuente≫.

Y arrojó la llave por la ventana aposta, no queriendo ver ni tocar esa navaja un segundo más.

–¡Hey! –Luan corrió a asomarse tratando de ver en donde había caído. Luego se giró a mirar con pesar como Lori iba tambaleándose a dejarse caer de culo sobre la cama suya.

–¡E-e-est-t-t-o es mi-mi cu-culpa! –tartamudeó estallando en lagrimas–. ¡S-s-soy una p-p-p-pésima hermana mayor!… De-de… De-de… ¡De-deb-bí ser un m-mejor ejemplo p-para t-todas ust-tedes…, en lu-g-gar de est-t-tar siempre p-pegada a ese co-co-coc-chino t-teléfono!

–No digas eso –se acercó a consolarla Clyde. Leni se cercioró de que Lily siguiera durmiendo plácidamente en su cuna movible y fue tras el.

–Si Lori –secundó la rubia–. Eres una excelente hermana mayor.

–¡N-n-no es cierto…! –gimoteó ella apoyando su cabeza en el hombro de Leni. Clyde la tomó de la mano con suavidad–. ¡F-f-fue mi culpa!... ¡F-fue mi culpa q-que ma-mataran a Lincoln!... Y-yo est-t-taba a c-c-cargo es-esa v-vez que… Y-y aho… A-ahora Lynn… ¡Ahora Lynn…! Lo-lo… Lo q-q-que decía esa ca-ca-carta era ci-cierto… ¡Soy la p-p-peor hermana del mundo!

Las gemelas corrieron a abrazarla.

Lucy suspiró pesadamente, entendiendo que no podía posponerlo más, y se desapareció sin que nadie llegara a verla u oírla alejarse.

–¿Cómo ibas a saber que algo así iba pasar? –acertó a decir Luan.

–Lo de Lynn tampoco es tu culpa –aclaró Lola–. De veras.

–Si te sirve de consuelo… –Clyde señaló sus heridas–, veré que mis papás no presenten cargos por esto.

–De ninguna manera –repuso Luna sentándose en la cama con ayuda de Lisa–. Deja que hagan lo que tengan que hacer.

–¿Qué? –Clyde no supo si sorprenderse con la declaración de Luna, o con el hecho de que ninguna de las otras chicas se opuso ante esta–. Pero es su hermana. Si la denuncian…

–Clyde… –sollozó Lori–. Li-li… Li-li… Lit-t-teralmente t-te reb-banó un pe-pez-zón…, y p-por poco le-le p-p-provoca una co-contusión a Luna… E-e-eso no está na-nada bien.

–A nosotras nos duele más de lo que crees… –prosiguió Luna–. Pero ahora vemos que ella necesita ayuda, y eso implica hacer que afronte las consecuencias de sus actos.

–Pero Luna…

–Si no les dices tu, les diremos nosotras –fue su respuesta definitiva–. ¿Cierto chicas?

Las demás asintieron dándole la razón. Algunas lo dudaron brevemente, pero todas si lo hicieron al final.

–De verdad lo siento por ella.

Hubo un periodo de silencio para procesar la dura decisión que se tomó con respecto a Lynn.

–Será mejor que te lleve a tu casa Clyde –se reincorporó Luna–. Tienes que recuperarte de esas cortadas.

–N-no –intervino Lori dejando de llorar y quitándole las llaves de la camioneta–. T-t-tu también ne-nes-ceitas desc-cansar. V-vamos C-Cl-Cl…

–Está bien… Pero antes quisiera agradecerle a Lucy una vez más por ayudarme. Si no fuera por ella… Bueno, eso ya no importa.

Luna se puso a buscarla con la mirada, al recordar que tenía pendiente darle un buen regaño por andar sola en las calles.

–¿Alguien la ha visto?

–Estaba aquí hace un momento –dijo Lana.

–Aquí estoy… –tomó por sorpresa la pequeña gótica a todos, apareciéndose en el umbral. Bajo su brazo llevaba un álbum con las hojas amarillentas y arrugadas–. Suspiro… Chicas, ya que estamos aquí, quisiera convocar a una junta de hermanas urgentemente. Tengo algo muy importante que enseñarles.

–¿No puede esperar a otro día? –protestó Luan de mal humor.

Suspiro… Temo que no. Tu también quédate a escuchar Clyde.

Lucy entró a la habitación sin esperar una positiva, se sentó en el suelo de piernas cruzadas frente a Lisa y abrió el álbum en las primeras paginas.

–¿Qué es eso? –se acercó a preguntar Lola junto con Lana.

–Es un viejo álbum de recortes. Pertenecía a la bisabuela Harriet. Coleccionaba fotos de la época antigua. Algunas tienen más de cien años.

Lisa se inclinó a ver disimuladamente, solo por curiosidad.

Royal Woods –leyó Lucy en voz alta–: una historia no autorizada, de Mamá Harriet.

Pasó a la pagina siguiente.

¿Es posible que toda una ciudad esté embrujada? ¿Embrujada como se supone lo están algunas casas? No digo un edificio de esa ciudad, ni la esquina de una calle, ni…

–Hay, por favor Luzy –se atrevió a interrumpirla Lisa cruzándose de brazos–. Ahora no eztamoz de animoz para uno de tuz cuentoz de ezpantoz.

–No son cuentos de espantos –negó esta con voz calmada. Por debajo de su fleco no se veía, pero ella le estaba lanzando una mirada de complicidad a su hermana genio.

≪Tu sabes mejor que nadie que estoy hablando en serio≫, leyó Lisa en el leve movimiento de sus labios.

–Mejor explícanos que hacías afuera tu sola –habló Luna seriamente–. ¿No ves que hacer eso ahora es muy peligroso?, y eso también va para ti Clyde. La próxima vez que quieras venir pide un taxi o en todo caso pide que Lori o yo vayamos a recogerte.

–¿Y por qué te llevaste la bici de Lincoln? –agregó Leni–. Si mamá se entera se enfadará.

Suspiro… Lo sé.

Lucy hizo una pausa para dar otro gatillazo a su inhalador.

–Estaba en la biblioteca. He estado yendo mucho a la biblioteca para verificar que lo que está escrito aquí no sean los delirios de una anciana chiflada y, sorpresa, no lo son.

Lisa abrió la boca para decir algo, mas prefirió reservarse su opinión.

Suspiro… Hoy vi un nuevo cartel de desaparecido en el tablón de anuncios. Este tenía la foto de Caleb McCauley… Suspiro… Lo pegaron encima del de Sasha, como si ya se hubieran olvidado de ella… Por cierto el lugar está hecho un asco. Huele como a matadero y hoy casi me siento encima de una tórtola muerta. No sé como habrá llegado ahí.

Lana se estremeció; por oír eso, y por recordar que esa mañana, cuando fue a visitar a sus amigos peces, había visto una zapatilla a la orilla del estanque. Bastante cerca de donde habían encontrado a Skippy.

Luan solo pudo pensar en la abatida madre de Maggie, quien seguía esperándola todos los días a la salida de su escuela, como si pensara que ella se hubiera escondido allí todas esas semanas.

–¿A qué quierez llegar con esto? –llegó a preguntar Lisa.

Bufido… La bisabuela Harriet creía que este lugar siempre ha estado maldito. Según ella, todas las cosas raras que pasan en Royal Woods son por una cosa… Suspiro… Algo malvado, algo que se come a las personas –pasó las hojas, teniendo cuidado de no dañar el papel añejo, casi hasta el final–. Escuchen con atención: Es por la tierra. Parece que las cosas malas, las cosas que dañan, se dan bien en la tierra de esta ciudad. Lo he pensado mucho, de año en año. No sé por qué, pero así es.

Luna y Luan pusieron los ojos en blanco.

–¿Dijiste cosas raras? –Clyde se puso junto a Lola para ver de que iba la investigación del álbum.

–Si, aquí lo dice, y de hecho tiene mucho sentido. ¿No se han fijado? Objetos que cambian de lugar o simplemente desaparecen, fotos en que las pestañas se despegan de los ojos de las personas; ¿han visto que en las familiares Lily unas veces tiene cejas y otras no?, ¿o tenido esa sensación de que el tiempo avanza más lento de lo que debería? Digo, no se ustedes, pero yo siento que hemos usado la misma ropa toda la vida; o a ver díganme por qué hay quienes tienen esa extraña costumbre de hablarle a la nada. Podría seguir pero creo que ya me hice entender.

Leni quedó del todo convencida y fue la siguiente en acercarse. Lucy se devolvió a las paginas iniciales, a una en que había anexada una fotocopia de un documento escrito en tinta de pluma.

–Esta, es una copia del acta constitutiva de Royal Woods. Noventa y nueve personas firmaron el acta que fundó el pueblo; pero, ese invierno desaparecieron sin dejar rastro. Había rumores de indios, pero no hubo señales de un ataque. Todos creían que era una plaga o algo así. Sin embargo, un día todo el mundo despertó y se fue. La única huella fue un rastro de ropa ensangrentada hasta un rio que desemboca cerca de Tall Trees.

Pasó a la siguiente, en donde había una ilustración que recreaba la firma del acta. Como lo hacía despacio, cada una de las gemelas por si misma alcanzó a notar la cara de un payaso mezclada entre los colonos. Cada una por si misma pellizcó una de las mangas de Lucy.

–Un domingo de abril, allá por 1906 –continuó al llegar a una fotografía de una vieja fundición–, organizaron una fiesta de pascua en la siderúrgica de Royal Woods. Pero hubo una explosión que mató a doscientas personas; entre ellas a ciento ochenta y ocho niños.

–¡N-n-no la t-toques! –se oyó decir Lori con mucha ansiedad, quien también se acercó a ver el álbum, faltando ya únicamente las dos jóvenes artistas.

–Este era el deposito de agua que abastecía a todo el pueblo… –exponía Lucy cada foto conforme cambiaba de pagina–. Suspiro… Hasta el gran desastre allá por 1876… En 1879 un grupo de leñadores muertos apareció en la profundidad del bosque de donde ahora se sitúa el Campamento RascatraserosSuspiro… Y hay más: en 1904, antes de que explotará la fundición, un leñador asesinó a varios hombres con su hacha en un bar… En 1924, los residentes se organizaron para emboscar a una pandilla de mafiosos que murieron en un tiroteo…, y en 1930 un grupo de extrema derecha le prendió fuego a un club nocturno de marines afroamericanos… Suspiro… En 1956 se produjo una ola de asesinatos tras una gran inundación, y disminuyó en 1958 cuando un granjero envenenó a su familia y luego se suicidó.

–Aquí solo hay homicidios y gente desaparecida –señaló Luan uniéndose a sus hermanas y Clyde.

Suspiro… En sus apuntes menciona que este no se parece a ningún lugar que haya habitado… Jadeo… Hicieron un estudio, y resulta que… Suspiro… Personas mueren o desaparecen seis veces más que en todo el país.

Las seis chicas y el chico se miraron entre ellos estupefactos. Las gemelas en particular se aferraron a los brazos de Lucy temerosas.

–¿Oíste eso? –Preguntó Leni a Lori.

Jadeo… –Lucy tomó otra bocanada del inhalador–. Y habló de adultos. Los niños es peor… Peor, no se imaginan… Suspiro… De eso se trataba esta investigación, de comprender al pueblo, su historia, la gente que lo habita y a aquello que lo está afectando… Suspiro… Y ahora yo también estoy empezando a comprender.

–¡La ciudad está embrujada! –chillaron las gemelas.

–¡Suficiente Lucy! –vino Luna a tratar de quitarle el libro–. Entrégame eso ahora.

–¡No! –apretó ella la encuadernación–. Estoy tratando de salvarnos de eso que se está comiendo a Royal Woods. ¿O es que piensas tu que todo esto es coincidencia? ¿Que me haya llevado la bicicleta de Lincoln sin pensar, o haya pasado por donde estaba Clyde justo cuando necesitaba ayuda…? ¿O que estemos aquí reunidas hablando de esto?

–Tal vez deberíamos dejarla terminar –sugirió Leni.

–Si –la apoyó el propio Clyde–. Continúa por favor.

Luna miró a Lisa. Por su expresión no la vio estar de acuerdo, pero tampoco en desacuerdo.

–… Bien… –cedió abriéndose un campo entre los que observaban–. Pero si se trata de una broma…

Gruñido… La de las bromas es Luan. Ahora siéntate y cállate.

Luna calló y la dejó seguir.

–Lo que está pasando ahora, si se va a acabar… Al menos por un tiempo.

–¿De qué hablas? –preguntó Lana. Ahora todos escuchaban con atención.

–Estuve revisando la investigación. Anoté los eventos importantes: la explosión de la fundición en 1906, la balacera en 1924, el incendio de 1930. Ahora los niños se pierden… Suspiro… Entendí que esto, parece pasar cada…

–Cada veintiziete añoz… –completó Lisa–. No, no puede zer.

Resoplido… Ahora, escuchen lo ultimo que escribió en su lecho de muerte en el ochenta y siete:

Estas han sido unas seis semanas muy difíciles para mi, aquí degradándome en una cama de hospital. Menuda suerte la mía, habiendo tantos tipos de cáncer para padecer y me tocó el del colon. Eso es lo único malo de hacerse viejo, que se vuelve muy humillante a largo plazo.

Por lo demás, he tenido una vida larga y feliz y estoy más que lista para partir de este mundo. Lo único de lo que me arrepiento es de no poder estar aquí para ver crecer a mi nieta.

Albert me ha visitado con su mujer todas las tardes, y otra vez al anochecer viene solo. Me alegra que se haya dado de baja del ejercito, con una generosa pensión para el y su familia. Cada vez le es más difícil contenerse para no llorar, o encontrar un tema de conversación para distraerse.

Ya está amaneciendo, y no sé si ahora que venga deba contarle que acabo de ver a un ave por la ventana. Un halcón o un águila, un zopilote tal vez. Pero grande, con unos veinte metros de ala a ala. Lo estoy viendo a los ojos, y creo que me vio.

Nunca le conté a nadie sobre lo que he puesto aquí, por que sé que me habrían encerrado. Por eso lo escribo con las fuerzas que me quedan, para que cuando alguien lo lea, esté enterado que solo en Royal Woods podrían ocurrir este tipo de cosas y pueda estar prevenido. De las cosas que este lugar parece siempre haber tenido, las condiciones adecuadas.

Veo que el pájaro parece que quiere lanzarse en picada hacia acá, y me pregunto si tendrá intención de llevarme. Lo que ha estado aquí antes, sigue estando aquí. Eso siempre vuelve.

Oigo sus alas en un ruido como de fuego. Está suspendido en el aire como los helicópteros. Los pájaros no pueden hacer eso, pero este si puede, porque Flota. Tiene grandes manojos de globos atados en cada ala…

JadeoY flota.

–¡Yo he visto a ese pájaro! –dijo Clyde una vez que Lucy terminó–. ¡Ahora, en el sótano de la vieja casa del conserje en el cementerio! ¡Es verdad, lo juro!

El chico contempló las caras espantadas de las hermanas Loud, sorprendidas, preocupadas, temerosas, pero ninguna incrédula o despectiva.

–Te creo –suspiró la gótica–. Recuerda que nos estuvo persiguiendo cuando veníamos para acá.

Pasó la pagina, aunque después de esta las pocas hojas que quedaban estaban en blanco.

–Vean esto… –indicó tanteando el teleguía del 2014 con la propaganda de la maratón de Hellraiser en la portada–. Suspiro… Lori, ¿recuerdas esa noche en que me mojé?

–¡Lucy! –replicó, ruborizándose por ella–. D-d-diji-jimos q-que gu-guard-daríamos el s-s-secreto.

Suspiro… No importa si se burlan de mi –sonrió–. Hace mucho que estoy lista para soportarlo.

Pero nadie se rió de ella. Solo dejaron que Lucy les relatara el episodio con el cubo rubik y los cenobitas en el ático.

–N-no eres la única… –aseguró la más mayor– Y-yo… Yo t-tamb-b-bien vi algo.

–¿Sangre? –se le ocurrió indagar a Leni.

–S-sangre no… Bueno si… P-pero t-tamb-bién vi…, v-vi a Li-Li-Li-Lincoln… S-se veía mu-muy real… De v-verdad era t-tan p-parecido, p-pero… P-pero…

Después de tomarse un momento para poner sus ideas en orden, fue el turno de Lori de narrarles su aterradora experiencia en el armario de blancos al final del pasillo y las regulares apariciones del espectro de su hermano muerto.

–¿Alguien más? –preguntó Lucy.

–¡El payaso! –lloriquearon las gemelas en perfecta sincronía–. ¡Espera!, ¿tu también lo viste?

Primero Lana les contó lo sucedido en la biblioteca, después Lola respecto a la mancha voraz en la cocina y el payaso asomándose por el desagüe de la bañera. Lucy complementó los detalles en la descripción de Pinhead con los zapatos gigantes, el manojo de globos y los pompones anaranjados adheridos a su sotana. Clyde hizo lo mismo hablando sobre la lengua del pájaro.

Seguidamente, Leni contó la historia de las voces en el sumidero, después Luan sobre su encuentro con el mono animatronico en el sótano de su escuela, y por ultimo Luna sobre el Recolector de la película homónima que tenía la cara maquillada.

–¿Qué hay de ti Lisa? –inquirió Lucy.

–¿Qué viste hermanita? –la coadyuvó Leni.

–Ezto es ridículo –refunfuñó la segunda más menor.

Suspiro

Lucy regresó a las paginas del medio, despacio y una a la vez.

–M-me alegra no s-ser la única q-que ha v-visto a-algo –comentó entretanto Lori.

–Al principio no era un payaso, era un mono –mencionó Luan.

–Yo no vi un mono, solo un payaso– dijo Lana.

–Y yo a este monstruo –volvió a decir Lucy sin levantar la mirada, sacando el teleguía del encuadernado.

–¿No lo entienden? –le recibió el folleto Luna–. Era este demonio sadomasoquista para Lucy porque ella vio esa tonta película.

–Pero era un payaso también –insistió Lola.

–Como que tal vez es una especie de ser maligno que puede leer nuestras mentes y tomar forma de las cosas que nos dan miedo… –dedujo inteligentemente Leni para sorpresa de los presentes–. ¿Qué?

–¿Les habrá sucedido a todos los niños? –se cuestionó Lola.

–No puede zer –negó Lisa con la cabeza.

–¿Por qué ninguna dijo nada? –hizo bien en preguntar Luan.

–Personalmente creí que iban a pensar que estoy Loca –respondió Luna.

–Y-yo tamb-b-bién… –dijo Lori–. C-creí q-q-que era m-mi ima-maginación.

–No estás sola –la apoyó Leni.

–Algo azi ez empíricamente impozible –objetó Lisa.

–Es real –afirmó Lola–, era real.

–Si Lis –secundó Luna–, era real, era real.

–Tal vez a ti también te influenzió la otra película.

–¿No podría ser algún loco disfrazado de payaso? –sugirió Lana.

–No… –Lucy encontró por fin la hoja que buscaba–. Jadeo… Es una especie de monstruo, y está aquí en Royal Woods. Observen.

El grupo se aglomeró a mirar una xilografía del tamaño de una postal grande. En ella salía un tipo haciendo malabares con bolos sobre un monociclo, en medio de una calle enlodada. Había unas cuantas casas a cada lado y algunas cabañas al fondo. Alrededor del malabarista habían cinco o seis chicos.

Suspiro… Mi maestra dice que no hay modo de fechar esta. Dice que tal vez es de principios o mediados de 1700, cuando Royal Woods era una colonia.

–¡Aguarda! –Lana señaló el escrito al pie de la xilografía.

–¿P-Pennywise el payaso? –leyó Lori en voz alta.

–¡Es ese! –exclamó Luan. El malabarista esbozaba una gran sonrisa y era calvo, exceptuando por dos mechones que le brotaban como cuernos de las orejas–, ¡El payaso!

–¿Hace trecientos años ya existía? –preguntó Luna, pensando en la cara maquillada del Recolector.

–Por favor, ez zolo un dibujo Luna –alegó Lisa.

Jadeo… ahora miren –Lucy dio vuelta a la pagina–. Aquí está otra vez.

La siguiente, era otra xilografía de un granero incendiándose. Al frente había un payaso que danzaba graciosamente y tenía una antorcha prendida en una mano.

–El mismo hombre –dijo Clyde.

–No es un hombre –gimió Leni.

–Es… Es… –tartamudeó Lori.

Una fuerte ráfaga sopló adentro, y las paginas pasaron velozmente de atrás para adelante y de adelante para atrás como le había sucedido antes a Lori, hasta llegar a una foto de por ahí del cincuenta y algo en que la gente celebraba un carnaval de la época.

–¡Es-eso sucedió con Lincoln en su habitación! –avisó ella.

Eso –repitió Luna.

En su cuna, Lily frunció la cara sin abrir los ojos y se revolcó entre su mantita.

En el silencio, roto por el sonido de la música de circo que había empezado a tocar, todos se agruparon a ver las imágenes en la foto cobrar vida al igual que en una película a blanco y negro.

Habían niños correteando por las calles, vendedores ambulantes repartiendo golosinas, juegos de feria anunciados por un charlatán de sombrero y corbatín, un carrusel y una noria dando vueltas, un hombre con traje de safari y dos ayudantes cargando una boa de unos tres metros, entre otras cosas.

Clyde y las chicas miraban todo con los ojos dilatados como platos y las pupilas reducidas cuales picaduras de mosco. Un hombre con sancos salió por un extremo de la foto y siguió caminando en otra dirección. En una esquina un traga fuego hacía su acto, y en otra un organillero y su mono amaestrado hacían el suyo.

–¡Miren! –avisó Luna.

Un payaso, de traje abolsado con grandes pompones, llegó bailoteando y haciendo cabriolas. Clyde parpadeó dos veces; Lori notó que la gente le volvía la espalda como si en lugar de verlo percibiesen un olor desagradable.

Leni soltó un alarido. El payaso había dejado de hacer gracias, los miró a la cara y corrió hacia ellos. Las gemelas apretaron los brazos de Lucy que se encogió, pero retuvo el álbum.

Con gracia ágil y audaz, el payaso saltó a un poste de luz erguido en el primer plano de la foto, trepó por el y apretó la cara contra la hoja plástica.

–¡Hola! –rió con su boca ensangrentada.

Leni volvió a gritar, y también Luan, Lola y Lisa. Lucy suspiró con un aullido débil y sofocado.

–Los Mataré a todos –la nariz roja del payaso se acható, como cualquier nariz contra el cristal de una ventana–. ¡JA!, ¡los volveré locos y los mataré a todos! ¡Soy todas las pesadillas que han tenido!, ¡soy su peor sueño vuelto realidad!, ¡soy el horror a lo que siempre le han temido!

El plástico se abultó hacia afuera, y de pronto la garra de un hombre lobo salió de la foto y trató de agarrar a Lucy del cabello, a lo que Lori y Luan se apresuraron a cerrarlo y arrojarlo contra una esquina en donde cayó abierto en la misma pagina.

–¡NO! –vociferó Lisa–, ¡NO!

–¡SI! –gritaron el resto.

–¡NO!

–¡SI!, ¡SI!

–¡NO!

–¡S-si! –dijo Lori.

–¡Si! –repitió Leni.

–¡Si! –dijo Luna.

–Si –dijo Luan.

–Si –dijo Clyde–. Oh, dios mío, si.

Suspiro… Si –suspiró Lucy, con la garganta cada vez más cerrada.

–Si –dijeron Lana y Lola al mismo tiempo.

–Q-que no te afecte –tartamudeó Lori.

–Yo no quería… –gimió Lisa.

Suspiro… Pero tu también lo viste –la acusó Lucy.

–Si, tu lo viste –secundó Luan.

–… Zi –dijo–. De acuerdo, ¿ezo ez lo que quieren?... Bien, zi.

–Si, eso es lo que quería tonta –Luna se puso en pie y salió del cuarto de las mayores a paso acelerado. Casi al instante Lori fue tras ella.

Lily se despertó berreando, y Leni se levantó para ir a atenderla.

–Ya, ya, no pasa nada.

–¿Qué vamos a hacer? –quiso saber Lana, en lo que una a una sus hermanas y Clyde seguían a Lori y Luna.

–¡¿Hazer?! –repitió Lisa, siendo la antepenúltima en salir de la habitación–. ¿Cómo que hazer? Yo zolo quiero olvidarme de ezto.

–No se trata de nosotros, sino de los demás –refutó Leni, saliendo de ultimas con Lily en sus brazos–, como el hermanito de Jackie, Sebastian. ¿Quién será el siguiente?

–Le-Leni t-tiene razón –afirmó Lori cuando la alcanzaron al pie de las escaleras–, t-tenemos q-que hacer algo.

–Tenemos que decirlo –sugirió Lana.

–Nadie nos va a creer –aseguró Lola.

–¿Por qué? –preguntó Leni.

–Los adultos… –explicó Lucy–. Suspiro… Piensan diferente.

–Se morirán de risa y nos enviarán a un manicomio –aseguró Luan.

–¡Eso mata niños! –exclamó Lana preocupada.

–Tenemos que hacer algo–volvió a insistir Leni.

Clyde y las hermanas Loud salieron por la puerta abierta de la entrada principal. Al otro lado de la calle, un par de casas más allá, vieron a Luna parada frente a la alcantarilla por donde había escapado el Recolector.

Un trueno resonó directamente hacia arriba, haciendo que Lily rompiera en llanto.

–L-Luna… –se acercó a hablarle primero Lori. En su puño cerrado, vio apagarse una llamita de entre sus dedos índice y pulgar.

–¡¿Estás fumando?! –se escandalizó Lola al ver el pitillo que sostenía entre sus dientes. Mas no salió corriendo a decirle a papá.

La rockera dio una pitada a su cigarrillo. En el pavimento chispeaban las primeras gotas que comenzaban a caer.

–Ayúdenme –pidió en voz baja, sin dejar de mirar al oscuro interior de la boca de tormenta.

La lluvia se tornó más fuerte y los relámpagos soltaron latigazos intimidando a la mayoría.

–¡Tu mataste a nuestro hermano Lincoln, maldito! –Luna arrojó el cigarrillo mojado furiosa a la alcantarilla–. ¡Sal y déjate ver! ¡Déjate ver ahora!

A la lluvia torrencial se le sumó granizo, obligando a todos a regresar a refugiarse bajo el porche. Entre Lori y Luan tuvieron que arrastrar a Luna que si bien no opuso resistencia, tampoco dejó de mirar ahí.

–Nos tiene miedo, ¿saben? –musitó, teniendo ahora si presente a la tortuga de cerámica que se hallaba oculta bajo el árbol del patio y lo cerca que había estado de acabar con el Recolector–. Lo siento, les aseguro que así es… Lo mataré.

Todos entraron de vuelta a la casa. A Luna en particular le chorreaba la cara y tenía la camisa pegada al cuerpo.

–Lo mataré –declaró.

Un relámpago más ahogó sus sollozos, rodando por la Avenida Franklin bajo nubes negras.

–Ayúdenme –suplicó–. Por favor ayúdenme, ayúdenme…

Lori la tomó entre sus brazos, llenándola de caricias como una buena hermana mayor debería hacer.

Luan las abarcó a ambas y apoyó su cabeza en el hombro de Luna. Las gemelas la rodearon por la cintura, Lucy por el frente y Lisa por una pierna.

Leni terminó de secar a Lily e hizo lo mismo que Luan pero por el otro lado, y Lily sencillamente se arrastró a gatas a aferrarse a su pierna libre.

Después de una breve vacilación, Clyde se unió al abrazo grupal.

Y así permanecieron, estrechándose mientras el granizo se convertía en agua lluvia. Truenos y relámpagos resonaban en lo alto.

Nadie hablaba.