Capítulo 13: La Antesala del Infierno

Royal Woods, Michigan, Junio de 2019.

Lori cargó la badana con una piedra, miró fijamente a su objetivo –una botella de Dr. Pepper de 1920 situada entre una de Coca-Cola de 1941 y una de Pepsi-Cola de 1898–, tensó el elástico, disparó…

–Una de diez –la alabó Luan en tono sarcástico–. Eres peor que Clyde, y eso es mucho decir hermana. Sin ofender Clyde.

–Descuida –dijo el–, sé que no lanzó mejor que como lanzaba Lincoln.

Era cerca de la una de la tarde del día siguiente. Encima Clyde llevaba puesta una de las poleras anaranjadas de su querido mejor amigo para compensar la camisa que el pájaro gigante le había destrozado.

Oportunamente sus dos padres optaron por que se quedara a pasar la noche con los Loud. El servicio meteorológico había predicho que la tormenta incrementaría su intensidad con posibilidades de vientos huracanados, y por ende prefirieron que el se mantuviera a salvo ahí.

Sin embargo ahora que había vuelto la calma (que era la verdadera calma antes de la verdadera tormenta) debía regresar a tiempo para la cena o capaz ahí si lo confinaban en una cajita de cristal.

–¿Cómo van? –Leni salió por la puerta trasera cargando a Lily y en compañía de Lola y Lisa.

–Mal, muy mal linda. A este paso sería mejor dejar que ese maldito payaso nos llevé a todos de uno en uno.

–Cállate Luan –ordenó Luna–. ¿Quién falta? ¿Leni?

–Si, y más vale que sea buena. Tu vas adelante ahora con un lamentable tres de diez.

–Luan por favor cállate –protestó Lori.

–¿Sabes que no siempre tartamudeas?

Lana, quien lo observaba todo encaramada sobre la verja, saltó al suelo, trotó chapoteando en el césped y fue a arrebatarle el tirachinas a Lori.

–Por todos los cielos, traigan para acá.

–Lana… –quiso detenerla Luna.

La pequeña fontanera cargó un proyectil y se posicionó a unos ocho metros de los blancos a escoger. En total eran quince botellas vacías de refresco colocadas en perfecta hilera encima de una gruesa tabla que se asentaba sobre un par de bloques de cemento puestos a los lados. Sin ningún orden especifico habían: nueve intactas (diez contando a la de Dr. Pepper que Lori apenas si derribó de su lugar), una reventada, dos con el cuello roto, una medio quebrada y otra que quedó agujereada en un disparo de un millón de dólares.

Respiró hondo para hallar concentración, rememorando su sueño en la casita hecha de dulces de Hansel y Gretel, a la bruja malvada yendo a atacar a su gemela, y a ella misma apuntando debidamente a la cabeza y lo cerca que estuvo de darle.

Tensó el elástico…

≪¿Y si en realidad no había sido un sueño? ¿Y si fue tan real como lo del álbum de fotografías≫.

–No puedo hacerlo… –se disculpó bajando los brazos–. No sé si esto vaya a funcionar.

–Claro que si pequeña –dijo Luna poniéndose en cuclillas para invitarla a que la resortera cambiara de mano–. Déjaselo a los grandes. Tu turno Luan.

–¿Yo?

–¿Yo? –la remedó peyorativamente haciendo una voz como la del gallo Claudio–. Por supuesto. Tu tienes buena puntería, sobre todo en el día de las bromas ¿no es así? Ahora haz que sirva para algo.

–Grandioso, esto es grandioso –se quejó Luan recibiendo el tirachinas de mala gana y poniéndose en el lugar de Lana.

Todos observaron atentos. Luan miró al siguiente objetivo (una botella de Fanta de las que circulaban en el mercado durante la segunda guerra mundial), tomó aire, flexionó las piernas para calentar…, se ensalivó el dedo para medir la resistencia al viento…, se ensalivó los oídos imitando a Quico en el Chavo del 8…

–¡A ver si dejas de payasear y disparas de una maldita vez! –la apuró Lola.

–Ya voy, ya voy.

Tensó el elástico y disparó…

Con un sonoro ¡crash!, la botella de Fanta explotó en pedazos.

–Bien –la elogió Lori.

Con la segunda fue lo mismo, e igual con la tercera, la cuarta, la quinta y así sucesivamente. Donde Luan ponía el ojo ponía la bala –o en este caso la piedra– con el tino de Bullseye en las historietas de Daredevil.

Después terminó con lo que quedaba de las otras, acabando con la de Dr. Pepper de antes.

–Creo que ya no necesito tirar –comentó Leni, quien quedó tan impresionada como los demás que a su vez concordaron con ella.

Lily rió, como no había reído en mucho tiempo, aplaudiendo con sus diminutas manitas.

–Así es como debe hacerse niñas –no pudo evitar presumir Luan dándole un soplo al marco de la resortera como si se tratara del cañón humeante de una pistola y ella fuera la sheriff protagonista en una película de vaqueros.

–Zigue ziendo una locura –resopló la pequeña genio.

–No lo es –la contradijo la rockera.

–Estoy con Lisa –dijo la propia Luan–. ¿Y qué si puedo tirar bien? ¿Creen que con una simple resortera…?

–¡Me quiero volver chango, mis botellas!

En eso, el señor Quejón salió a su patio y se arrastró sobre sus pies hasta la mesita improvisada para ver con sus propios ojos el montón de vidrios rotos esparcidos a su alrededor.

–¡Mi hermosa colección de botellas de gaseosa antiguas! –reclamó el anciano a gritos, yendo a asomarse a la verja con un puño en el aire–. ¡Justo ahora que las acababa de limpiar! ¡Miren lo que han hecho pequeñas delincuentes!

–¡Todo el mundo adentró! –ordenó Luna y todos se metieron a la casa.

–¡Pero me las van a pagar Louds, me las van a pagar!


En la sala, Lucy esperaba al grupo sentada en el sofá en una pose de meditación. Sobre la mesita de centro estaba acumulado el arsenal que las hermanas Loud habían juntado para la batalla.

–Veamos que tenemos aquí –dijo Luan sumando la resortera a la pila y poniéndose a revisar cada cosa–. Uno de los palos de golf de Lori… Supongo que podría servir para que Eso se limpie los dientes después de darse un buen banquete con nosotras.

–C-cállate Luan –volvió a tartamudear Lori.

–Un repelente para arañas –continuó revisando la comediante–, típico de Leni…, y unas tijeras.

–Y están bien afiladas –manifestó la joven modista con orgullo.

–Nha, si, tal vez si sean de utilidad. A ver… La llave inglesa de Lana además de su resortera…, unos químicos de Lisa y… ¿Una pistolita de juguete?

–¡No toquez ezo inzenzata! Zon compueztoz ineztablez y/o altamente corroziboz; y eza no ez un juguete. En laz manoz equivocadaz podría deztruir una ziudad del tamaño de Nueva York.

–¡¿En serió?! –Luan volvió a depositar el aparato en la mesa cuidando de no hacer movimientos bruscos.

–Tal vez –respondió Lisa acomodándose los lentes–. Apenaz ez un prototipo y no he tenido ocazión de probarlo.

–Ah bueno, entonces en el peor de los casos disparará una lucecita que parpadea y en el mejor hará volar a Eso junto con toda Royal Woods incluyéndonos a nosotras. ¿No es grandioso chicas?, por fin todas vamos a morir.

–No nezezariamen…

–Ahórrate tus explicaciones cerebrito. A ver, ¿qué más hay?... Mi botón de bromas y el martillo que uso para partir sandías en mi acto, porque no encontré nada mejor…, y… Claro: una guitarra eléctrica, un parlante inalámbrico, unos platillos y unas baquetas. ¿Qué vas a hacer con esto Luna?, ¿darle una serenata a ese monstruo?

–Lo que haré será hacerle sangrar los oídos con mi música como ustedes dicen. Mi guitarra se la estrellaré en la cabeza y si te fijas bien a las baquetas les saqué filo para clavárselas en la cabeza y el corazón cuando termine con el.

–… Me das miedo. Como sea, ¿qué hay en este bolso Lucy?

–…

–¿Lucy?

–No hagan ruido, ¿no ven que necesita concentrarse en su meditación? –explicó Lola en voz baja.

Lana se acercó a una distancia prudencial y movió su mano frente a Lucy para ver si era cierto.

Ronquido

–¡Despierta Lucy! –chilló Lola indignada.

–¡Exclamación!... ¡¿Eh?! Oh, lo siento… Bostezo… Es que no he dormido bien últimamente por estar descifrando el álbum.

–Te preguntaba que qué hay en este bolso que pusiste aquí –indagó Luan otra vez.

Bostezo… Unos cuantos de mis talismanes, una botella con agua bendita y un collar de ajos que acabo de hacer.

–Si… –Luan asintió mordiéndose el labio inferior–. Oigan, no quiero ser pesimista, ¿pero de verdad creen que esta basura nos servirá para pelear contra Eso?

–L-lit-t-teralmente v-v-vamos a enf-frent-t-tarlo con pu-puros ca-cachivaches –señaló Lori.

–Es todo lo que tenemos sis –dijo Luna–. ¿O a alguien se le ocurre algo mejor?

–Bueno… –Lola levantó la mano para dar una sugerencia–. Lori acaba de cumplir la mayoría de edad. Ella podría comprar un arma.

–Oh si –afirmó Luan con sarcasmo–, solo tiene que ira una tienda de armas y decir: ≪hola, me llamo Lo-Lo-Lo-Lo-Lori y ne-ne-necesito compra-pra-pra-pra-prar una me-me-metralleta de asa-sa-salto, pero no pu-pu-puedo espe-perar el pe-periodo de t-t-tres dí-dí-días po-po-porque li-literalmente mis he-herma-ma-manas me-menores y yo va-va-vamos a ir a una mi-misión sui-suicida en las alca-ca-cantarillas a enf-fre-frentarnos a un mo-mo-monstruó que li-literalmente pu-pu-puede ca-cambiar de f-f-forma y solo los ni-ni-niños pu-pueden ver. Pero po-po-por fa-favor no-no vaya a p-pens-s-sar q-que est-t-toy lo-lo-loca. E-entonces, ¿me-me la pu-puede dar sin envo-volver?, y ya que esta-ta-tamos en e-eso ta-ta-también d-d-deme una ba-ballesta y un re-revolver con si-silenci-ciador. Eso es to… Eso es to… Eso es todo amigos≫.

–¡P-por d-di-dios Luan, t-te ju-juro que s-si no ci-cierras la b-boca v-voy a…!

Suspiro... Significa que tendremos que valérnoslas solo con lo que tenemos –concluyó Lucy.

–Perfecto –se quejó Lola con enfado–, estamos perdidas.

–Al menos nosotras si trajimos algo –le replicó Lana–. Tu no has traído nada.

–Pues a menos que tenga granadas guardadas en mis animales de felpa y no lo haya sabido hasta ahora no creo que nos sirvan de mucho.

–Animo –intentó alentar Luna al grupo–. Se que podremos vencerlo. Lo sé, porque yo casi lo logro hasta que vi esas malditas luces. Lo que tenemos que hacer es trabajar en equipo como antes.

En sus ojos, hay como luces… ≫. Lisa sintió como ñañaras en el occipucio y las falangetas al recordar las palabras de Darcy. A su vez Lola se rascó la barbilla pensativa como Lisa.

–¿Qué hacemos Lucy? –se acercó a preguntarle Clyde.

Interrogación… ¿Me estás preguntando a mi?

–C-claro –contestó Lori por el–. Li-lit-t-tralmente est-t-ta es t-tu área.

–Si, ¿dónde vamos a encontrar a esa cosa sea lo que sea? –habló Luan–. ¿Buscamos su residencia en el directorio telefónico o en Goggle Maps?

Los demás refunfuñaron molestos por su pésima broma, salvo por Lola quien…

–¡Tengo una idea! –dijo haciendo tronar sus dedos–. Ahora vuelvo.

Lola subió corriendo a la planta alta, mientras que el resto –con excepción de Luna– miraron expectantes a Lucy.

–Adelante unidad fraternal –insistió Lisa–, estamoz a tu completa dizpozición.

Suspiro… –Lucy apretó los bordes del cojín en el que estaba sentada–. Que sepa a que nos enfrentamos, no significa que sepa como detenerlo o donde encontrarlo… Jadeo… ni siquiera sé como que tipo de ente paranormal debo catalogarlo... Suspiro… Solo sé que es mucho más poderoso que una bruja, un demonio o un duende... Jadeo... ¡Demonios!, ni siquiera sabía que los monstruos si podrían existir en la vida real.

–¿Y las veces que decías que hablabas con fantasmas? –inquirió Luan bastante preocupada.

–¡Solo jugaba!, ¿si?... –respondió ella con su voz aguda–. Suspiro... Es parte de mi identidad como gótica... Suspiro...

–Entoncez no ze te ocurre nada –declaró Lisa frunciendo el seño.

–No, no se me ocurre nada... –dijo su hermana manteniendo su voz aguda–. Suspiro... Si les dije que está pasando aquí, es por que estoy desesperada y no sé que hacer.

–Creímos que tenías un plan –dijo Clyde otra vez.

–El de los planes era Lincoln –ahogó un chillido Lucy encogiéndose en el sofá.

–¿Ahora noz vaz a dezir que tienez miedo? –la acusó Lisa molesta.

–¡Pero claro que tengo miedo!... Suspiro... Soy muy joven para morir… Jadeo… No quiero que esa cosa me arranque el corazón como lo hizo con Haiku.

–Esto es genial –refunfuñó Luan–, la marquesa de la oscuridad se nos acobardó.

–¡Déjala en paz! –salió en su defensa Lana–, al menos ella lo intenta, tu no has dicho nada útil.

–¡Tu tampoco! –demandó Lisa.

–Lucy, p-por f-favor, ha-haz un esf-fu-fuerzo… –pidió Lori–, li-lit-t-teralmente t-tu eres exp-p-perta en estas co-cosas.

Suspiro...

–No la presiones –intervino Leni–, ¿no vez que está asustada?

–¡Yo también estoy azuztada!... –confesó Lisa estremeciéndose de manera súbita–. Mi eztimada Luzy, voy a hablar en terminoz que alguien de tu inteligenzia promedio pueda entender: ¡DEJA DE LLORIQUEAR Y PIENZA EN ALGO!

–¡Exclamación!... ¿Por qué yo tengo que pensar en todo?... Jadeo... Solo soy una niña... Jadeo, jadeo...

Lucy se llevó su respirador a la boca, pero sin razón aparente Lisa se lo arrebató con brusquedad y lo arrojó al otro lado de la sala antes de que oprimiera el gatillo.

–¡Oye!... Jadeo... ¡Necesito eso para vivir...! ¡Jadeo, Jadeo, Jadeo...!

–¡No ez zierto!

–¡Lisa! –aulló Luan corriendo a buscarlo.

–¡Sis!–le llamó la atención Luna yendo a socorrer a Lucy.

–¡Ya me tienen harta tu y eze eztupido inhalador! –vociferó la genio arrancándole varios cabellos sintéticos a su peluca–, ¡ya te dije que tu no tienez nada!, ¡NA-DA!

–¡Jadeo, Jadeo, Jadeo, Jadeo, Jadeo...!

Luan llegó con el aparato, y entre ella y Luna ayudaron a Lucy a tomar una bocanada de su contenido para que pudiera volver a respirar correctamente.

–Tranquila, ya pasó.

Tos, tos... Jadeo...

–¡Lisa, no vuelvas a hacer eso! –la amonestó Luna.

–¡Si! –secundó Luan–, ¡¿acaso quieres matarla?!

–¡ZOLO EZ AGUA CON ALCANFORT!

Lily rompió en llanto, Leni la arrulló para consolarla, y pronto la sala se vio inundada por las constantes discusiones de las hermanas Loud.

–¡Chicas, chicas...! –intentó Clyde hacer un llamado a la cordura.

–¡YA BAASTAAA! –las calló Lola al bajar por las escaleras.

–Dincon –balbuceó Lily con un gemido, y después dijo algo que hirió a todos en las fibras más sensibles–. Payaso malo.

–Chicas, ¿no lo ven? –dijo Luna ahogando un sollozo–. Es lo que Eso quiere. Quiere dividirnos. Recién trató de asustarnos porque sabía que estábamos todos juntos, y debemos seguir así si queremos mantenernos con vida.

–Perdóname Luzy –se disculpó Lisa luego de que todos se tomaran unos minutos para calmarse.

Suspiro… No te preocupes –contestó volviendo a usar su voz rasposa.

Superado el conflicto, Lola entró en la sala con un encuadernado de cuero que puso encima de la mesa junto con todo el arsenal.

–¿La co… La c-c-colección de mo-monedas de Lincoln? –dijo Lori, padeciendo de pronto escalofríos al saber de donde la había sacado.

–¿Qué hay con eso? –la cuestionó su gemela inclinando la cabeza de lado.

–Déjenme mostrarles.

Lola abrió el estuche y sacó varias piezas conforme las seleccionaba, hasta casi llenar medio puñado, el cual después entregó a Lucy.

–¡Exclamación!... Oigan, vengan a ver esto –dijo invitando a todos a coger una moneda para que la inspeccionaran por si mismos.

Y así lo hicieron (exceptuando a Lily obviamente).

–¿Ezto ez…? –quiso preguntar Lisa al examinar la pieza.

–Si, plata solida –afirmó Lucy–. Bien pensado Lola.

–No hay de que.

–No entiendo –dijo Luan.

Suspiro… Lo que salió de la fotografía fue la garra de un hombre lobo. A los hombres lobo se los mata con balas de plata. Con estás monedas podríamos…

–Ezo ze ve en laz películas –la interrumpió Lisa con sumo escepticismo–, no zervirán de nada contra el...

–Son de plata, pueden matarlo –insistió Luna–. Tienes que creerlo Lis.

–Lo que dice Luna es cierto –tomó la palabra Clyde–. Ella vio al Recolector porque temía a un asesino que pudiera existir en la vida real como pudiera ser un maniático que lleva una hielera repleta de órganos. Naturalmente pudo herirlo con la escultura como se podría herir a una persona de carne y hueso al golpearlo en la cabeza.

–Exacto –afirmó Lucy–. Leni ya lo dijo, todos vimos algo diferente porque Eso sabe que nos asusta más y nos lo enseña. Si pensamos en el ayuwoki, el ayuwoki vendrá tras nosotros.

–En concluzión… –infirió Lisa paseándose de un lado a otro por la sala–. La cualidad que tiene Ezo para cambiar de forma, podría zer de hecho un arma de doble filo que lo haga tan mortalmente vulnerable de acuerdo a la reprezentazión fizica que llegue a adoptar… ¿Pero qué diantrez eztoy diziendo?

–Si es así, entonces hay que pensar en Eso como en algo que si podamos matar cuando nos ataque –aclaró Luan entusiasmada.

–Tu lo has dicho sis –dijo Luna devolviéndole la resortera–. Ya sabes que contamos contigo y tu buen pulso. Así que imagínatelo como a un hombre lobo y procura apuntar a la cabeza.

–Yo y mi gran bocota.

Las chicas y Clyde rieron como si Luan si se hubiese soltado un buen chascarrillo.

–¿Y ahora qué? –le preguntó el chico a Luna.

–Ahora hagamos un receso para comer. ¿Qué dicen si vamos por unas eructo hamburguesas?

–¡SI! –corearon todos alegremente, ya más relajados.

–Pues adelante, suban a bordo de Vanzilla que yo conduzco.

Lori sonrió contenta, porque el plan al fin estuviese tomando forma, y por el modo en que la tercera mayor los lideraba bien y sin ningún problema. Dentro de poco ella se marcharía a la universidad y, a pesar de las adversidades, le hacía feliz saber que Luna haría un buen trabajo cuando le fuese entregada oficialmente la batuta como la hermana alfa.


Ya con sus fuerzas renovadas, la barriga llena y el corazón contento, la gran familia se dispuso a seguir discutiendo los detalles de su expedición reunidos en una de las grandes mesas de la hamburguesería.

–Bien –empezó Luna a repasar lo que habían anotado en la libreta de Lisa–, hasta ahora lo que sabemos es que en Royal Woods habita una criatura asesina que puede transformarse en los peores miedos de la gente…

–Y está tratando de matarnos.

–Si, gracias Luan… A ver, según Lucy sale de algún lado a comer niños por un año o dos, ¿y después qué?, ¿se pone a hibernar?

–Tal vez es como las cigarras –ejemplificó Lana–. Ya saben, los bichos que salen una vez cada diecisiete años.

–Correcto sis. Ahora, para enfrentarlo tenemos… Si, tenemos un montón de nuestras cosas inútiles; pero si sabemos como, podremos usarlas correctamente. Ya tenemos las monedas de plata, y Luan se encargará de utilizar la resortera, ¿pero como hacemos las municiones?

–Yo me encargó –se ofreció la pequeña de gorra roja–. En la cochera tengo todo lo necesario para hacerlos, pero me faltarían unos moldes.

–Y-yo t-te los c-consigo –dijo Lori poniéndose a revisar su celular–. P-podem-mos c-comp-prarlos por internet… ¡Aja!, aq-quí hay unos p-para ba-balines de p-plomo, p-pero c-cobran un ca-cargo extra p-por ent-t-tregarlos el mi-mismo día.

–Ese no es problema –aseguró Lola sorbiendo lo que quedaba de su leche malteada con elegancia–. Aun me sobra algo de dinero y con gusto pagaré lo que haga falta.

–Ridículo… –murmuró Lisa.

–Perfecto –prosiguió Luna–. Ya que cubrimos esos aspectos, solo nos queda averiguar donde buscar a Eso. ¿Alguna idea Lucy?

Suspiro… La verdad, no. Hasta donde sé podría estar en todas partes, incluso podría estar observándonos justo en este momento.

Mientras sus hermanas estudiaban la situación, Lisa miró por la ventana del establecimiento, a la boca de una alcantarilla del otro lado de la calle como en la que su hermano había encontrado su fin aquella tarde lluviosa de septiembre.

–Recapitulemos –dijo Luna pasando a la siguiente hoja de la libreta–: primero lo vio Lucy en el ático, después Leni en el lavado del baño de nuestra casa, después Lori en la habitación de Lincoln; luego las gemelas, Lana en la biblioteca municipal y Lola en la cocina y en el baño de nuestra casa otra vez… Mmm… Después Luan en el sótano de la escuela, yo en nuestra calle, y por ultimo Clyde en la casa abandonada en el cementerio.

¡Roar!, ¡roar! –añadió Lily, aunque nada más Lisa entendió que se refería a algo que creía haber visto oculto en su armario.

–¿Q-qué hay d-de ti Li-Li… Lisa? –la abordó Lori, viéndola bajar su cabeza con los ojos sombríos.

–…

–¿L-L-Lis…?

–¡Nada! –Voceó golpeando la mesa con su puño –. Yo no vi nada, y tu tampoco vizte nada, ni ninguna de uztedez, porque no ez real. Nada de ezto, no lo ez; el mono, el pájaro, la maza, el que tu vieraz a Lincoln, ni lo del álbum… Ni… Ni…

–¿Ni que Leni limpiara el baño imaginando que el lavado pasó por la vagina de tía Ruth en Halloween?

–¡C-cierra la b-boca Luan!

Gruñido... Si, ya cállate Luan… Suspiro… ¿En serio, tu no tienes nada que contar?

Una vez más, Lisa percibió la mirada acusatoria por debajo del fleco de Lucy.

–Nada de ezto tiene zentido… –intentó hacer entrar en razón a todos por ultima vez–. Zon como pezadillaz.

–No lo creo –objetó Clyde–, conozco la diferencia entre una pesadilla y la vida real.

–¿Esto no te parece real? –inquirió Luna señalando las tres cicatrices de su ojo.

Lisa miró de nuevo a la alcantarilla a través del cristal. Casualmente Izzy la lagartija, a quien no había visto por meses, salió por ahí y se alejó reptando por el pavimento.

≪¡Lincoln!, ¡el hermano de Lisa! –resonaron los llantos de Darcy en su cabeza–. ¡Allá afuera!, ¡en la calle!, ¡junto a la alcantarilla!... ¡Le arrancó el brazo!≫.

Pensó en lo que había dicho sobre los ojos como luces del payaso, en el brazo mutilado de su hermano perdido, en los otros niños perdidos, en los cocodrilos de las alcantarillas de las leyendas urbanas y en la lógica y la razón valiendo milanesas.

–Bien… –dijo rindiéndose ante la presión del grupo–. Quiza tenga algo que noz pueda zer de gran ayuda.


De vuelta en la casa Loud, Lisa guió a casi todas sus hermanas y a Clyde a su habitación. En el porche Lori y Lola esperaban a que un dron de mensajería les trajera los moldes para balines que ya habían ordenado.

–Por favor no toquen nada –pidió, en lo que se ocupaba de buscar algo adentro del armario. Al abrirlo, Lily apartó la vista y se aferró al torso de Leni.

¡Clic!

Lo primero que dijo y lo primero que pasó. Descuidadamente la pared falsa se abrió ante todos, por culpa de Luan quien se arrimó en el teclado del ordenador.

–¡Wow! –dijo ella viendo la investigación de tintes policiacos–. Es el mejor cuarto de un loco que he visto.

–¿Qué es todo esto? –quiso saber Luna.

–Yo… –respondió Lisa sin mas con voz algo cansada–. Eztuve tratando de atrapar al que ze eztá llevando a la gente.

–¡Lisa! –se alborotó Luna al oír eso–, ¡una niña de tu edad no deberí…!

–Quería hazerlo por Lincoln y Darzy… –se explicó con un dejo de rara resignación, al momento en que encontró aquello que estaba buscando: una diapositiva con la impresión de un mapa turístico de Royal Woods–, pero ahora veo que ez la única manera. Lana, por favor dime que aun tienez loz planoz que dibujazte.


Minutos después se reunieron en el comedor donde improvisaron una sala de proyecciones. Como Lisa lo solicitó, Clyde y Lucy despejaron una pared de enmarcados y adornos para que Lori pudiese pegar con cinta los planos del alcantarillado que Lana había trazado con lápices de colores –y que por fortuna nunca llegó a desechar–.

Luan y Luna cerraron las cortinas y Lisa puso la diapositiva del mapa en el proyector enfocándolo directamente sobre los planos para complementar.

–Lizto –con rotulador en mano, subió a un taburete alto y dio inicio a la exposición marcando varios puntos en especifico–. Aquí, ez donde Lincoln desapareció... Eztaz Zon la ziderúrgica… El depozito de agua… Y el club que ze incendió. Donde zea que ezo paze, eztá conectado con laz cloacaz…, y todo ze vincula con…

–Con el pozo… –concretó Clyde–. En la casa del sepulturero donde vi al pájaro.

–Es la casa donde todos los drogadictos y vagos duermen –apuntó Luna.

–Odio ese lugar –comentó Leni–. Siempre siento que está vigilándome.

–E-ent… Ent-tonces… Es a-ahí d-donde vive Es-so –tartamudeó Lori.

–No me imagino a algo que quisiera vivir en esa casa –dijo Lola.

–Muy bien –habló Luan–, ahora que sabemos esto abran las cortinas y apaguen esa cochinada antes de que también salga un payaso gigante por la pantalla.

Suspiro… Estoy de acuerdo contigo… –secundó Lucy haciendo caso a la sugerencia de Luan y tomando otra bocanada del inhalador–. Jadeo Eso siempre ha sabido donde encontrarnos… Suspiro… Ahora nos toca ir por el.

–Esta misma noche a las once y media –ordenó Luna–. No esperaremos a que se lleve a otro niño.

Suspiro… Será mejor que resuelvan sus asuntos pendientes. Nada garantiza que todos salgamos de esta con vida.

–Cuenten conmigo –dijo Clyde levantándose de su silla–. Iré a casa a prepararme antes de que empiece el toque de queda. Lincoln era mi mejor amigo y es justo que yo también vaya.

–¡C-Clyde, esp-p-espera! –lo llamó Lori, pero el chico ya había salido a toda prisa por la puerta principal.

¿Desde cuando se volvió tan valiente?, llegó a preguntarse Luan.

–De acuerdo –siguió dirigiendo Luna–. Lana, tu empieza ya hacer los balines; Lori, Lola y Lisa vayan a ayudarla; Luan, tu descansa ese brazo; Leni tu te quedarás a cuidar a las niñas y…

–Espera –se le apareció Lucy sin avisar adrede, a enfrentarla hablándole con su autentica voz, la aguda, en un tono serio–, repite eso ultimo que acabas de decir.

Inesperadamente y sin explicación, Luna se sintió más intimidada por ese modo de hablar de Lucy que con el tono rasposo al que ya todos estaban acostumbrados.

–Luce… –trató de explicarle, con paciencia, que de hecho tenía planeado aventurarse en la vieja casa solo con Lori y Luan.

Aunque no habían dicho nada al respecto, ellas dos apoyaban la idea de excluir de esa parte del plan a todas las menores por lo muy riesgoso que era; y también a Leni y a Clyde.

–¿Y bien? –la interrumpió la gótica con esa voz suave–. ¿Es porque somos pequeñas?

Por si fuera poco, y como si le hubieran adivinado el pensamiento, Lana y Lola se regresaron a ponerse a ambos lados de ella para respaldarla. Lisa si se lo pensó dos veces antes de imitar a las otras dos.

–Oigan, esto no es un juego chicas –dijo la rockera finalmente–. Entiendan que…

–¡No! –le espetó Lucy–. Tu entiende que estamos juntas en esto hasta el final. Siempre hemos estado juntas en todo y se espera de nosotras que lo hagamos, porque es parte del asunto.

–Se trata de vengar a nuestro hermano –añadió Lana a su derecha cruzándose de brazos–. Si quieren que haga los balines y les preste mi resortera tendrán que llevarme con ustedes.

–Y no van a dejarnos fuera por… –tragó saliva Lola a su izquierda con los brazos en jarras–. Por no tener la estatura suficiente para subirnos a la montaña rusa. Si Lana va yo voy. Además, fue mi idea usar las monedas de plata y yo pagué esos moldes; y más vale que lo entiendan o le diré a papá que piensan violar el toque de queda.

–¡D-de ni… D-de ni… D-de ni-ninguna ma-manera! –negó Lori angustiada, habiendo palidecido rápido, pero muy rápido–. ¡Y-ya p-perdí a L-Lincoln y…, y n-no piens-so p-p-perderlas a nin-ningu-guna d-de us…!

Suspiro… –habló Lucy otra vez con su tono rasposo–. Se que quieres protegernos, ¿pero quién las protegerá a ustedes?

–… Supongo que estamos juntas en esto –se resignó Luna para estupefacción del resto de las mayores–. ¿Qué piensas tu Lis?

–Que ez algo muy abzurdo… –ceceó la chiquilla–, pero máz abzurdo sería no hazer nada. Azí que también voy.

–¿Y qué hacemos con Lily? –apuntó a decir Luan–. A ella si no podemos llevarla a un lugar tan peligroso.

–Eso si –dijo Lucy.

–¿S-si p-podría-as q-quedart-te a cu-cuid-d-darla tu Le-Leni? –pidió Lori decidiendo siempre si confiar en el liderazgo de Luna, pero no dejando de preocuparse.

–¡Lo odio!

Hasta Lisa y Lucy se sorprendieron por oír a la bondadosa Leni articular tales palabras, mucho más incluso que cuando vieron al payaso y a las imágenes moverse en la foto.

–Ese… ¡Ese monstruo me quitó a mi hermanito! –sollozó con las mejillas arrebatadas de furia apretando los puños como Lynn–. ¡Lo odio, lo odio, lo odio y quiero que muera! ¡Por supuesto que yo también voy!

–… E-en es-se ca-caso… –sugirió Lori, dando por hecho que debían ir todas juntas–. P-p-podría ir ah-ahora a de-deja-jarla a la ci-ciud-d-dad c-con lo-los Ca-Cas-sagrande.

Suspiro… No lo creo –dijo Lucy sacando un periódico del día–. ¿Oyeron del camión que chocó anoche en la carretera a las afueras de Royal Woods? Es una señal de que Eso obviamente nos quiere muertas y no nos dejará salir de la ciudad tan fácilmente.

–Tiene que hacerse hoy –declaró Lana.

–¿Y qué hacemos con Lily? –preguntó Lola–. Si se va a hacer hoy tenemos que dejarla en un lugar seguro.

Luna sacó su teléfono, buscó en su lista de contactos y marcó el numero.

¿Hola? –contestó alguien del otro lado de la línea.

–Sam…