Se sentó en las escaleras al pie del tribunal, esperando y deseando con paciencia a que su pesadilla pronto diera final. Un dolor en el pecho y una inmensa soledad, los sentimientos que le acompañan en esa triste realidad. Una luz en su memoria parpadeaba de vez en cuando y en ella su imagen siempre se vio llorando.

Kyōko no necesitaba entenderlo todo, la rubia no necesitaba esperar de alguien, el dulce consuelo que tanto pedía. Pues estaba segura de que después de esa pesadilla, las cosas volverían a lo normal. Pobre dulce e inocente pensamiento, su doncella tan amarga le negó su sonrisa a alguien que en verdad la necesitaba.

— Esto duele — palmeo su pecho sintiendo el latir de su corazón, él estaba ahí como siempre pero con un gran dolor

Se rió amargamente, esperaba una buena cara de Akari cuando sepa la locura que soñó. Pero algo andaba mal y al final de su visión donde queda la luz del sol, su brillo calor le transmitió. Eso era extraño, todo a su alrededor gozaba de tanta vida, las parejas iban y venían y en algunas la envidia aparecía. ¿Qué extraño sueño? El más vivo que alguna vez tuvo, tan real y cruel, era como la etapa media de una historia lastimera.

— Esto quema — El calor que sobre ella caía era algo molesto, de eso Kyōko no podía tener dudas, pero todo lo demás, parecía una historia bastante absurda.

Alguien se le acercó y a su lado se colocó, de pie a ella unas llaves al suelo aventó — ten — dijo y la espalda le dio — ve y busca tus cosas

Kyōko al oírla hablar sin detenerse a pensar en un instante saltó y a aquella chica abrazó, las lágrimas volvieron a sus ojos pero su corazón el dolor iba dejando quedando algo aliviado. Mientras la chica no dijo nada, pero su cuerpo era frío sin ganas de protestar, y en un momento tomó las manos de Kyōko y de un movimiento se liberó de ella.

— ¿Qué intentas ahora? — dijo ella caminando lejos y deteniéndose a distancia

— ¿Qué sucede Ayano? — sus ojos estaban empañados pero con esfuerzo mantuvo su vista en la mujer que seguía sin mirarle

— Me iré de viaje unos días con Saki — ella no respondió a su pregunta, o esa no era la respuesta que Kyōko buscaba — puedes hablar con Chitose cuando termines con tus cosas, adiós… Toshinō Kyōko

Ayano volvió a alejarse y esta vez no se detendría, con la mirada fija en algún logar ahogaba un gemido de dolor. Kyōko se cubrió los ojos empañados y estregó los mismos antes de salir corriendo hacia ella y apresarla nuevamente entre sus brazos.

— ¡Ayano! ¡Ayano! — grito la rubia desesperada buscando girarla para encontrar su mirada

Ayano volteo ante esa zarandeada y sus ojos furiosos sobre la rubia cayeron, pero su sombría postura se quebró y en las lágrimas de Kyōko su reflejo ella vio. Sacudió la cabeza queriendo olvidar esos ojos pero sus recuerdos eran fuertes, sin más empujó a la rubia para que todo terminara.

Kyōko cayó al piso claramente lastimada pero el dolor que más le afectaba era el que su alma le creaba. Mantuvo sus ojos en Ayano, su mirada azulada seguía en ella, Ayano estaba desconcertada. ¿Sentía pena? De verla ahí tirada, ¿Qué estaba haciendo? Actuando igual a ella

— ¿Qué sucede Ayano? — ella se levantó y lentamente se le acercó

Ayano retrocedió y como si de una fiera se tratase una mano delante intentaba controlarla — aléjate Toshinō Kyōko

Kyōko no entendía porque, pero su cuerpo solo quería estar junto a la chica de la coleta, su cuerpo deseaba abrazarla y ella no era capaz de controlar o controlarse.

— Te amo — de pronto dijo sorprendiendo a ambas

Ayano no resistió dejando de retroceder, en un momento los brazos de Kyōko la sostuvieron — porque Kyōko — dijo cubriendo sus ojos — ¿Por qué me lastimas?

Kyōko tomó sus manos apartándolas de su rostro, porque su cuerpo así se lo decía y sus ojos querían hacer contacto. Una lágrima rodó por la mejilla de Ayano, Kyōko la dejó seguir su camino. Ayano ya no resistió el impulso de perderse en ese mar azul, empañado de lágrimas fue capaz de ver más allá y algo en su interior se quebró. Sus recuerdos volvieron otra vez, aquellos felices agradables, las noches de romance y los días de amor.

— ¿Quién eres tú? — soltó de pronto sus manos, ahora Kyōko retrocedió dándole espacio

— esto es solo un sueño Ayano — aun si ella volvió a rechazarla su corazón se tranquilizó y sus lágrimas cesaron

Ayano libre quiso detenerla pero no avanzó más que un paso. Maldijo a esta tonta que tenía en frente, ahora se maldijo así misma por no entender el juego de la rubia. Solo podía hacer una cosa ahora o si no, creer estar cometiendo un error y seria el fin de su cordura.

— Toshinō Kyōko — Kyōko notó como sus mejillas se sonrojaron admirando su belleza aunque solo sea producto de su imaginación, su corazón se aceleró y su mente esa imagen se quedó — be… bebes… ¡bésame!

Era su sueño, pero en esa pesadilla algo raro se venía. Kyōko estaba dudando, no lo creía, de tantos momentos que deseo hacerlo ahora ella ya no quería. No podía simplemente hacerlo, no podía simplemente tomarla y besarla, probar aquellos labios que tanto ha deseado, sentirla y vivir un pequeño momento de romance como en aquellos dramas que Akari escribía.

— yo… — estaba nerviosa

Kyōko no negaría había deseado tanto ese momento, pero era raro que incluso en sus sueños jamás había logrado ese objetivo. Ahora de la nada Ayano se lo pedía y más aún que actuaba diferente pero no negando que seguía siendo linda. Aunque su deseo siempre fue el mismo y sus sueños no lograban dárselo, se preguntó ¿por qué ahora?

— lo sabía — dijo Ayano sacando a Kyōko de sus pensamientos y volviéndola a la realidad de su pesadilla — tú no eres Kyōko

— ¿Qué? — ¿Ayano enloqueció acaso?, pensó ella — ¿Qué tratas de decir?

— tu eres diferente.

— pero

Antes de que Kyōko pudiera meterse en detalles, en la calle un auto sonó la bocina. Kyōko miró en esa dirección y dentro vio a Chitose, al darse cuenta de que hasta ella había cambiado, Ayano ya se había esfumado caminando hasta el coche y entrando sin demora en él.

Kyōko quedó pasmada sin entender nada de lo que hasta ese momento estaba ocurriendo, pero más que nunca estaba de acuerdo en que solo podría ser producto de una mala pesadilla, pues nada tenía sentido; Ayano, Yui, Akari, Chitose… todas ellas actuaron raro, pero lo que más le intrigaba era porque Ayano y la juez mencionaron a una tal Saki.

— Aquí has estado, lo siento si te he dejado pero tenía que hacer una llamada — Kyōko encontró a una pelirroja o más bien, la pelirroja fue a buscarla

— despiértame Akari — sin nada más que hacer dijo lo único que tendría sentido para ella

Akari frunció el ceño y negó antes de caminar hacia algún lado, pero se detuvo al notar algo — ¿no vas a decir nada?

— ¿sobre qué? — Kyōko preguntó

Akari estaba algo intrigada, pero ya estaba preparada para lo peor y sin esperarse una sorpresa dijo sin titubear — ¿no vas a regañarme por tu fracaso? Eso es lo que siempre haces cuando algo te sale mal

Ahora sí que ya estaba todos patas arriba.

Kyōko jamás haría una cosa así, pues sabía bien lo mucho que se esfuerza Akari para mantener todos sus caprichos y aun si no lo hiciera, Kyōko no encontraría motivos suficientes para culpar de algo a la pelirroja, ni mucho menos, echarle la culpa a ella por algún error que tuvo.

— Akari-chan, despiértame — no se le ocurrió otra cosa más que rogar que la verdadera Akari le escuchara — por favor

— ¿Qué te despierte?

Akari no fue diferente a las demás, en ese momento la pelirroja comenzó actuando de forma extraña. Kyōko podía jurar que esa mirada que de repente Akari había puesto sobre ella, la estaba estudiando cautelosamente. Bueno, al menos tal vez si no se despierta, tendría a la pelirroja para que le explicara ciertos detalles de esa pesadilla y ayudaría a asimilarlo mejor.

— ¿Quién eres tú? — Kyōko ya hasta estaba pensando en una broma, pero la seriedad de Akari le decían que no era momento de reírse

— despiértame de una vez, esto es una pesadilla

Akari regresó hasta ella y tan pronto miró fijamente los ojos azules de Kyōko, fue rápido el vistazo pero no tenía que ver demasiado para darse cuenta de algo. Ablandó su expresión y se giró sobre sí misma un momento antes de volver a clavar sus ojos sobre Kyōko.

— ¿tu estas soñando? — dijo Akari sin sentido alguno, pero Kyōko entendía perfectamente

— sí, no sé cómo, pero ya quiero despertar — Akari notó la desesperación de la rubia lo que ayudó a entender bien cuál era la situación.

— ¿Qué soy yo para ti? — pero antes de sacar conclusiones tenía que saber un poco mas

— Eres mi mejor amiga, siempre has estado a mi lado y te amo — aunque para Kyōko pareciera algo ridículo contestar una pregunta tan básica a la que se supone la conocía mejor que nadie, entendía que en ese momento sería mejor no cuestionar nada.

— ¿me amas? — Akari se sonrojo pero debía continuar — cuéntame ¿Quién es mi esposa?

Kyōko se rio recordando los fallidos intentos de Akari por conseguir novia — lo siento Akari-chan, tu eres soltera — a la pelirroja le pareció raro que Kyōko se riera por esa pregunta, y eso solo aumentaba sus sospechas

— pide un deseo

— ¿Qué cosa?

— ¿recuerdas algo?

— no entiendo que me quieres decir

— Creí que la puerta estaba cerrada — Akari le dio la espalda y procedió a meditar ante una desconcertada rubia — algo sucede del otro lado… ¡Kyōko-chan dime! ¿Cuántos años tengo?

— Este, no sé de qué sirve que te diga algo que tú ya sabes pero bueno… tienes 26 años — Akari negó moviendo la cabeza descolocando por un momento a la rubia

— tu no perteneces a esta época — dijo Akari tan seria que para Kyōko parecía que estaba viendo a Yui — Kyōko-chan… yo tengo 29 años


Hola a todos

Voy a realizar un esfuerzo y trataré de darle fin a todos mis proyectos, por el momento solo me concentraré en terminar este fic y luego procederé con el siguiente.