Aquel lugar, aquel blanco totalmente que le rodea, era el sitio exacto a donde fue enviada. No había duda de ello, pues su deseo ya le había anticipado que había del otro lado. Pero, hubiera querido tener más control de su otra yo, incluso tenerse así misma del otro lado hubiese sido maravilloso, pero claro, las reglas no son simples inquebrantables y solo la poseedora del libro de los deseos tenía tal privilegio.

— Parece un sueño — Himawari caminó hacia un lugar sin especificar

Era un sueño, así es como funcionaba. Sin el privilegio del libro aquella que desea viajar a través de los universos debe hacerse solo en pensamiento. Las memorias, las experiencias, los sentimientos, las emociones, serán su única compañía.

Llegó hasta un sitio igual a los demás, en ese reino le era difícil distinguir donde es exactamente que está ubicada, mas no había que tanto perder ya que sus sueños tarde o temprano la alcanzarían.

— aquí, según mi deseo… — levantó una mano y la posó en una pared invisible — aquí está el límite entre los universos, el límite de los sueños

La barrera podía ser atravesada, pero eso no le garantizaba que pudiera quedarse ahí. Pero al menos tenía que advertirle a su otra yo de los peligros que se avecinaban, tenía que informarle sobre su universo y lo mal que acabará en un futuro no muy lejano, por culpa del deseo de una rubia, salvar a Kyōko de sí misma y salvar su matrimonio, y solo así, Chinatsu seguiría viva.

Himawari atravesó el límite y tan pronto como lo hizo los colores le rodearon, ya no solo era el blanco, la nada fue remplazada con una versión bastante idéntica a la casa de su madre. Ahí donde creció y vivió por años hasta ser independiente.

— este lugar no cambia entre los universos, es exactamente como lo recuerdo.

La casa parecía estar vacía, caminando un poco por ahí oyó unas voces que venían de la parte de atrás de la casa. Reconociendo aquellas voces fue hacia la fuente y al abrir una puerta se topó con una versión diferente de su patio trasero. Una versión hermosa y elegante con árboles y flores que se mesen suavemente con los canticos de las aves.

Himawari supo que aquello debía ser su imaginación trabajando en sus sueños, pues su casa no tenía nada de eso. Fijándose en el centro sobre el verde césped estaba ubicada una mesa donde de forma armoniosa una chica de cabello azul habla animada con otra chica de cabello castaña mientras esta le sirve un poco de té.

Olvidando lo genial que se sentía ver a Sakurako comportarse como una dama y cómo si fuera todavía una colegiala, Himawari notó algo extraño en su versión y la versión de Sakurako, y es que era fácil saber que esas chicas eran bastante jóvenes, notando lo anterior. Hima esperaba encontrarse una versión joven de ella, pero la edad iba más atrás cerca de los 13 o 14 años.

Pero aquello no es que sea de mayor importancia, su joven versión podría ser producto de su imaginación. En los sueños nada tiene sentido, o, no debería tener sentido. Son solo imágenes creadas aleatoriamente para expresar un sentimiento o emoción que se ha sentido en la vida real, incluso puede manifestar sus propios deseos y darle una experiencia ficticia de la misma.

Pero los detalles tendrían que esperar.

— Hola Himawari — se saludó así misma llamando la atención de su otra yo

Su igual solo le miró y siguió bebiendo té como si nada, Sakurako por otro lado desapareció de escena así nomas. Debía ser porque la concentración de Himawari había sido alterada con la presencia de nuevos pensamientos, emociones que compartía con su otra versión. Entonces y sin pensarlo demasiado, la manifestación de Sakurako ya no tenía importancia, lo cual era una lástima para Himawari porque amaba a esa tonta y verla joven otra vez era muy estimulante.

— Entiendo bien tu preocupación — le dijo su versión joven — acompáñame — le ofreció asiento junto a ella

— Me ahorra mucho las explicaciones que nuestras mentes se sincronicen este momento — Himawari se sentó junto a la mesa y tomó una taza con té dentro, lo siguiente fue imitar a su versión joven

— Tener una niña… — Himawari joven sonrió dulcemente mientras sus mejillas se sonrojaban — jamás imagine que eso llegara a pasar

— ¿no te entiendo? — ciertamente no entendió bien porque su versión joven parecía sorprendida por ese hecho, y más que Himawari no lograba conectar sus memorias con las de su versión joven, lo que no ocurría en el caso contrario

— puedo saber cómo será mi vida en otro universo, eso sería emocionante. Pero… será una pena que deba olvidar

Himawari joven se levantó de repente y caminó hacia la casa, Hima también la imitó y con cierto desconcierto la siguió por los pasillos hasta que ambas salieron a los límites de los universos. Himawari joven sin pensarlo cruzó la barrera para luego darle frente a Hima.

— Hasta pronto — dijo despidiéndose con una sonrisa mientras su cuerpo se evaporaba

— ¡espera! ¿Nada de esto te sorprende? — dijo pues que ella lo haya tomado así como ci nada le daba cierta preocupación

— por que debería, pediste un deseo, el deseo de saber la verdad. Ahora que estas aquí yo también comparto ese deseo, no es bueno perder el tiempo, pero creo que te equivocaste.

— ¿me equivoqué?

— no te sientas mal, tienes mi permiso de quedarte, adelante ve y disfrútalo otra vez

— que lo disfrute otra vez ¿Qué quieres decir?

— ya lo sabrás, adiós Himawari — susurro una última oración hasta que en sus ojos desapareció

Despertó de un sobresalto lo cual no fue buena idea pues un fuerte dolor en la cabeza le dio los buenos días, tomando nota de ello se tomó la cabeza dejando que pasara lo que tenía que pasar. Mientras esperaba a que todos sus sentidos se acoplaran echó una rápida ojeada a su entorno.

— ¿Qué es esto? — había algo extraño

En el aire rondaba una cierta cantidad de incertidumbre, no lograba darle razón al sitio en el que despertó. Despacio apartó las sabanas y así colocando un pie en el suelo entendió que las cosas estaban raras. Primero, sabía exactamente donde estaba pero el problema era que no debía estar ahí; segundo, algo con lo que no contaba y que había dado por hecho es que al despertar tendría todas las memorias de su yo de ese universo, pero no era así.

Existían en su cabeza imágenes de una vida diferente, pero sus memorias no eran tan extensas y todas estaban tan desordenadas que ningún evento vivido tenia lógica.

— onee-chan

Alguien le llamaba, reconocía esa voz pero aquel tono no lo había escuchado en años. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Acaso aun no despertaba?. La puerta de aquella habitación se abrió para revelarle a Himawari la primera pista del error.

— ¿Kaede? ¿Eres tú?

Era su hermana, de eso no había duda, pero el detalle que la diferenciaba de su versión alterna en espacio tiempo era que aquella hermana era una niña. Ahí no existía la hermana adolecente que traía locas a todas las chicas que se le cruzaba en el camino, y dudaba por el tamaño, que esa hermana anduviera de novia con su senpai Chizuru, tal como sucedía en su universo.

— mamá ya se fue al trabajo, así que vine a verte porque me pareció extraño que aun siguieras dormida

— Kaede ¿Qué año es este?

— ¿te sientes bien? Hay algo mal en la escuela, supuso que estarías feliz de ser la vicepresidenta del consejo estudiantil

— ¿vicepresidenta?

— onee-chan, deberías apurarte o llegaras tarde, Sakurako-onee-chan ya se fue

— escuela

Himawari desvió su atención de la pequeña Kaede y como un zombi se movió por la habitación hasta encontrarse con un espejo. Admirando su reflejo y luego de procesar adecuadamente lo sucedido anteriormente llego a una conclusión que comprometería completamente su misión en ese universo.

— desperté en la época incorrecta, ahora ya no podré volver a mi universo

Si eso era cierto, Akari no posee el libro de los deseos, no pueden hacer el reinicio ahí. Y lo que era peor o lo que no había solución para Himawari, era que sin el libro en manos de Akari ella no podía pedir un deseo, ya no había forma de regresar pues su versión menor le había cedido su cuerpo a voluntad.