Kyōko cae en la oscuridad, otra vez con la certeza de que al ver la luz se encontraría desorientada, pero, tendría la esperanza de que acabara la pesadilla en algún punto. Mas nada pareció cambiar y entre la negra visión aparenta unas luces de colores parpadean, se siente enferma, sus ojos giran sin control y al sentir su cuerpo en él muchas punzadas de dolor.

Su desorientada persona se levanta de entre un bullicio que no le deja oír sus pensamientos, rápidamente nota que todo a su alrededor parece estar mal. Las luces coloridas le marean y en su efecto parpadeante ayuda a aumentar su malestar, donde estaba era sucio en algún rincón de una sala sentada entre mujeres en un enorme sofá.

— Has vuelto — oye en sus pensamientos su propia voz pero sin emoción parece darle la bienvenida — es bueno verte otra vez, Kyōko

Kyōko incierta no nota que una chica se sienta en sus piernas y manera errada comienza a darle besos por toda la cara, ella se sacude por un escalofrío que le recorre la espalda, el calor es incierto pero el frio parece helarle los huesos. Trata descontrolada de encontrar en sus recuerdos aquellos fragmentos que le den origen a aquella situación, pero como antes, nada dentro de su mente tiene intenciones de ayudarle.

— ¿Qué? — Trata la rubia de decir — ¿Qué hago aquí?

Kyōko no recuerda sus pasos anteriores, no procesa la situación, aquel molesto desenfoque provoca que pierda un poco el juicio y deja que esa chica sentada sobre sus piernas la bese eróticamente. Kyōko no siente nada en esas caricias, no sabe el significado que tiene, no puede aún distinguirlo con tanto ruido a su alrededor.

— jajaja — pero aun así la música este fuerte, logra con facilidad oír en su cabeza la voz burlona de ella misma — ¿estas perdida jovencita?

Kyōko no entiende que sucede, y de pronto como si pudiera responder sus dudas mira en la nada como una silueta fantasma aparece de repente, recuerda fácilmente, aquella entre cadenas ahora posa frente a ella. Su expresión alegre deja en evidencia la locura de la cual es presa, con sus ojos azules sobre Kyōko dispone su mano señalando lo erróneo de su igual.

— ¿Dónde estoy? — pregunta Kyōko apartando a la chica sobre ella, con suficiente fuerza pero no demasiada priva a esa chica extraña de sus besos

Esa chica cae como muñeca a un lado de ella, Kyōko nota lo mal que esta y se pregunta si ella misma no estaría igual. Con esfuerzo aparta la mirada de esa chica y recorre con la vista las cosas que la rodean, aun si su mente carece de capacidades de procesamiento logra identificar el sitio, ese era un club nocturno

— ¿ya no lo recuerdas? — Dice la rubia fantasma moviéndose alrededor estudiando cada reacción de Kyōko — tú nos trajiste aquí

— ¿yo? — Kyōko no recuerda exactamente, nada, ni siquiera una pista borrosa de sus pasos

Kyōko intenta levantarse pero su cuerpo le falla, balanceándose no le quedó otra que caer al piso sucio. Rueda sobre si y posa la mirada en el techo del lugar, reconoce que algo está mal con su cuerpo pero nada en su mente le ayuda.

— Acaso has vuelto Kyōko — dice esa rubia inclinándose sobre Kyōko — dime ¿Qué se siente morir lentamente por mis manos?

¿De qué habla ella?

— ¿quieres irte verdad? Pero ¿A dónde?

Kyōko siente un fuerte dolor en el estómago como si gusanos carroñeros le devoraran el vientre desde adentro, sin darle tiempo las náuseas llevaron a lo desagradable, Kyōko vomito sobre sí misma.

— Que patética te has vuelto — dice la aparición burlona sonríe entrecerrando los ojos — Pero tranquilízate y goza de noche

Su garganta arde, su cabeza le duele, su corazón… late lentamente. Aquel destino le ha enviado a revivir los peores errores de su vida, pero esa no es su vida, es la vida de alguien más. Aun si ese universo pareciera despreciarla, había dejado en claro muchas veces que su corazón solo alcanza a sentir calor por su amada

— Ayano — De sus labios sale un lamento, el nombre de su amada — Aya… Ayano

— ahí vienes otra vez, por si no lo recuerdas es gracias a ella que vinimos a parar aquí

Kyōko rueda una vez más y esta vez su mirada queda en el piso, con gran empeño coloca sus manos y trata de sostenerse, lo logra, y así hasta quedar de pie.

— pierdes el tiempo Kyōko, este mundo ya está perdido

— debo… debo salir de aquí

Tropieza con mujeres que recuerdan bien su rostro, alguna de ellas la incitan a seguirle el juego. Nada podrá pararla ahora, debe tratar de huir de ese infierno y caer en brazos de su ángel, lo que ella no sabe, es que su igual la ha rechazado, toda ayuda que se le ha brindado, a todo a dado la espalda.

— Te sugiero que reconsideres — dice una vez más su voz en su cabeza — no estás en condiciones y lo sabes, pero bueno, ¿Quién soy yo?... nadie… nadie

— ¡cállate! — Kyōko ve la salida alegrándole su esplendor — este no es lugar para mí

— jajaja, pobre idiota — se burla su conciencia — pero he de comprobar que cosas buenas suceden cuando tu apareces, después de todo, he de agradecer que me hallas liberado

Por fin sale del local encontrando afuera nada más que oscuridad, pareciera que en cierto momento las luces de la ciudad decidieron morir para así darle un espectáculo aterrador. Pero Kyōko no siente miedo, en realidad sus emociones son confusas pues el dolor opaca cualquier otra sensación.

— necesito ir… debo ir con ella

Camina hacia algún lugar por la acera a ciegas, luego de la nada choca contra un poste. Su cabeza duele pero el sonido de una risa es tan desagradable que la molestia de aquel golpe no se compara con la desesperación que siente.

— Eres mucho más graciosa que la Kyōko de este universo — dice como un elogio o mal chiste — pero te daré un consejo… quédate

Kyōko gruñe molesta por su incontrolable pesadilla parlante, en ausencia de movimiento cae en cuenta que necesita un medio de transporte, un taxi podría ser de ayuda. Con el poder suficiente trata de buscar entre sus prendas un teléfono celular, no encuentra tal cosa pero sorprendida saca de uno de sus bolcillos las llaves de un automóvil.

— ¿Dónde está el auto? — dice la rubia intentando al menos conseguir la cooperación de su voz parlante dentro de su cabeza

— ¿crees que estas bien para conducir?

Era la primera vez que esa voz decía algo sensato, y a juzgar por sus erróneos movimientos tal vez este tenga la razón, Kyōko no está en condiciones de conducir. Pero Kyōko no necesitaba conducir, solo necesitaba un refugio, un lugar en el cual sentirse segura y donde tratar de entender su situación actual.

— eso no es asunto tuyo

— bien, te diré donde

Kyōko logra como milagro llegar a un parqueadero no muy lejos del club, sin perder mucho tiempo usa la llave para "localizar" su vehículo. Dando gracias a los cielos siente un gran alivio al estar dentro del automotor, cierra las puertas y se asegura de que así se mantengan colocándoles el seguro.

— Necesito descansar — Kyōko se acuesta acomodándose o tratando de hacerlo entre los asientos delanteros

— Bien por ti Kyōko — pero antes de que sus ojos pudieran cerrarse escucha esa molesta voz — relájate, eso será lo mejor y no trates de pensar en lo que hiciste

Kyōko maldijo a esa voz en su cabeza, estúpida fue al creer que la dejaría en paz. Sin embargo dejando eso de lado, ahora ya no lograría poner su mente en blanco porque trataría de entender el significado de esas palabras. ¿Qué hizo exactamente?

Kyōko rodó sobre si para acomodarse mejor, en esa acción nota que algo pequeño y duro presiona sobre el asiento. Molesta así que trata de zafarlo y encuentra un celular, pensando que es de ella no duda en desbloquear fácilmente con su huella, eso le dio la idea. Nota que tiene notificaciones…

— ¿Qué… — no lo puede creer — ¿Qué hice?

No lo recuerda exactamente ni nadie se lo dirá, pero en un mensaje al celular descubre una noticia alarmante. Una imagen viene adjunto que le da una idea más clara, la imagen de una niña rubia acostada sobre una cama incitan a las lágrimas que no duda en dejar ir.

— No lo recuerdas ¿verdad? — Dice la voz en su cabeza — es fácil; se suponía que debías cuidar de tu hija mientras Ayano estaba fuera, pero que casualidad de que justo hoy se vencía la fecha límite para entregar tu último manuscrito…

— ¡cállate! ¡cállate! — Kyōko cubrió sus oídos en un intento inútil por no oír la verdad

Mas los detalles no eran tan confusos y la imagen y aquellas palabras eran suficiente motivo para maldecirse a sí misma. Que irresponsable fue, y encima su estúpida persona fue a parar en un club nocturno, cuando claramente debió mostrar preocupación por su hija.

— no podrás borrar las cosas que has hecho Kyōko, jajaja — volvió a reír aquella voz — creí que debía atormentarte pero tú no necesitas ayuda, sabes, casi muero de la risa cuando abofeteaste a tu querida Ayano jajaja y todo porque no soportaste que ella te regañara por no cuidar a tu hija fufu ahora la pobrecilla está en el hospital con un brazo roto

— ¡CALLATE!

Kyōko se incorpora, limpia su rostro y estruja sus ojos enrojecidos. No piensa bien las cosas y ahora lo único en su mente es pedir perdón a aquellas personas que lastimó. Pero su deseo egoísta traerá consecuencias, lo sabe, pero lo ignora completamente. Arranca el coche y se precipita hacia la carrera, pero no despeja su mente deseando llegar a pedir perdón a sus amores.

— No lo hagas Kyōko — No escucha la razón, cree que en ella ya nada tiene sentido — escuchaste, Akari acaba de cumplir un deseo

Kyōko conduce tan rápido como puede, su desesperación es tal que sus sentidos son nublados y cae en descontrol. Sus ojos se empañan rápidamente, quiere estar cerca, quiere reparar el daño que ha hecho. No lo logra

Todo se vuelve negro…

— te dije que no podías conducir

Kyōko se arrastra por el pavimento…

— ¡alguien llame a una ambulancia!

Todo le duele, todo el cuerpo le duele…

— ¡rápido está sangrando!

Pero nadie le hace caso, nadie le presta atención

— Chinatsu-chan…

El rosa queda rojo…

— lo siento

Kyōko mira con horror su "estupenda" decisión anterior, el resultado salta a la vista que cae en un cuerpo que lucha por su vida, pero la vida de aquella inocente se aleja lentamente arrastrada por la corriente de su propia sangre.

— vuelve a tu mundo pequeña imbécil, ya has dañado suficiente mi vida