Episodio 3: El demonio más rápido del cielo

Era ya de mañana y Nero se levanta, mirando del otro lado del sofá. Se da una media vuelta, luego mira al techo, su mente aún no había reaccionado del todo. Veía un techo que no había visto nunca, así que así se sentía ir de viaje, despertar en un lugar ajeno, aquello que por su posición, Credo hacía varias veces, pero que nunca había pensado a fondo sobre eso. Parpadea un par de veces, vuelve a cerrar los ojos y se concentra, quiere un poco más de descanso, sentía que no se acostumbraba al tiempo ahí, aunque parecía ser el mismo al que siempre tenía en su reloj, aunque eso no podría saberlo hasta comprobarlo, ya que ahora que lo pensaba, nunca se había fijado en eso desde que llego. En eso, siente unos pasos, unos pasos que ya había sentido antes, pero no podía recordar del todo bien de quien eran, así que volvió a posicionarse para ver al techo y vio un par de ojos carmesíes, acompañados de un cabello azul oscuro. Él rueda y se cae del sofá, levantándose rápido. La maestra ríe, le sirve en el escritorio una taza de café, y prepara unos libros de la estantería, y una escoba que no había notado antes.

"Buenos días, hoy será tu primer día de escuela, ten, esta es la escoba que entrega la academia" le dice entregándole la escoba, la cual Nero agarra dudoso.

"Qué? ¿Me harán barrer todo el campus? ..." dice algo enojado, pero curioso, pensando en que después de todo, esta era una escuela de brujas.

"Ehem… Es para tu clase de vuelo, sé que tal vez no sea tu estilo, pero por favor, trata de esforzarte" dice antes de pasar a abrir la puerta para retirarse, pero se detiene antes de pasar por la puerta, ya abierta. "Y por favor, no demores" dice y se retira finalmente. Nero suspira, se pone su chaqueta, coge su Red Queen y la vara brillante, poniendo la segunda encima de la primera mencionada, y luego de ajustar sus botas de cuero y coger sus libros que la profesora le había prestado, este va por el campus hacia su primera clase: La clase de vuelo de escoba. Tras caminar un rato por los pasillos, se encuentra con Lotte Y Sucy, que al parecer las habían puesto en la misma habitación. Al parecer aún quedaban unos minutos antes de que la clase empezara, así que se dieron los tres un momento en el patio para descansar.

"Como se supone que vaya a usar esto? ..." dice sosteniendo la escoba en una mano el joven de cabello blanco, caminando de un lado a otro.

"La profesora te enseñara… No es tan complicado" Sucy le responde con un tono de voz que marcaba que era algo obvio para ella. Nero la observa con una mirada molesta por un momento, pero se relaja poco después, para recoger la escoba.

"Solo vamos de una vez, no quiero llegar tarde…" camina a una velocidad considerable, seguido unos momentos luego por las dos chicas que tampoco deseaban llegar tarde. Unos minutos luego, llegan al campo de vuelo, había unos cuantos estudiantes, contando a Diana y sus amigas, que ya estaban practicando.

"La clase de vuelo mágico va a empezar!" dice la profesora una vez se reunieron todos los alumnos. "Las nuevas aprenderán a volar y las experimentadas aprenderán a volar más rápido!" dice con convicción antes de que, a unísono, todas las alumnas se alzaran en el aire diciendo "Tia Freyre", con Sucy siendo la última en empezar a volar, Nero observa con disgusto la escoba, antes de colocarla debajo de si mismo, como una tabla de skateboard, y repetir sin mucha convicción aquellas mismas palabras que había escuchado en las demás alumnas: "Tia Freyre". No hubo resultado alguno, se había quedado en el suelo, lo máximo que había logrado era que su brazo derecho brillara con intensidad. La profesora ve extrañada y solo dice "Nunca había visto a nadie que no pudiera montar una escoba… Ni siquiera es la forma correcta de montar" dice al joven Nero, antes de que, en un abrir y cerrar de ojos, al lado de ellos, y dejando un rastro de viento, una estudiante pelirroja, pasando luego sobre ellos, sentada en la escoba, luego parada, haciendo equilibrio, todo un espectáculo en el aire, mientras gritaba de emoción diversas expresiones como "¡Ahí voy!".

"Esta tiene que ser la forma menos practica de volar…" dice con asombro igualmente. La profesora solo acierta a decir: "Amanda! ¡Esta clase no es para hacer acrobacias, detente de inmediato!", a lo que dicha alumna responde: "Ugh, que aburrido…" echándose en su escoba, de piernas cruzadas. Por otro lado, después de aquel incidente, otro viento pasa al lado de Nero, era Diana, que estaba aparentemente compitiendo con un record personal, y por la reacción que los que la veían, que eran todos los de la clase, había batido su propio record. Todos alababan a la chica de cabello rubio suave. Nero cierra los ojos y se da vuelta, para ser su primera clase, había fallado, pero él sabía perfectamente, que pronto amaestraría aquel extraño arte, tal vez no, pero eso era algo que solo el futuro diría.

Unos minutos más tarde, Nero estaría en un pasillo de la escuela, tenían descanso. Nero golpea una columna en una pared al lado de una ventana, estaba enojado, frustrado, no había podido vencer a aquel hombre antes de llegar aquí, no pudo vencer a Diana en ese momento, no había logrado nada hasta ese momento, se deja descansar en la ventana después, mientras Lotte y Sucy miran el cráter que había dejado en la pared.

"Diana eso, Diana aquello… En Fortuna no había tal mierda…" dice observando ahora por la ventana, había unas estudiantes aun en el patio de entrenamiento de la clase de vuelo, volando en escoba y pasando un aro coordinadamente, como si se tratara de un testimonio. Esa relación despertó la curiosidad de Nero. "Que están haciendo?" señalando a las dichas alumnas afuera.

"Están practicando para la carrera de relevos, será muy pronto" dice explicando mostrando un estante de trofeos que coincidentemente tenían detrás, había varias fotos de equipos de tres, pero ninguna llamo mucho la atención de Nero, así que suspiro y decidió retirarse.

"Tal vez no pueda competir contra ella aun… Aun debo volverme fuerte si quiero superar a Diana…" dice con una mano en los bolsillos, mientras con la otra se coloca los audífonos.

"¿Bueno, pero mientras, te gustaría venir conmigo al café de brujas? Debo recoger mi escoba" lo sigue con las manos en la espalda.

"Claro, igual no tengo mucho más que hacer ahora en la tarde…" dice el joven ya prestando más atención a la música que a todo lo demás. Salieron juntos, Sucy se había quedado en la academia. Unos minutos más tarde, pero casi alcanzando la hora entera de viaje a la ciudad, caminaban con calma.

"No sería más fácil con una escoba?..." dice mientras se detiene un segundo a estirar sus piernas.

"La magia es débil en la ciudad, la energía de las piedra filosofal no tiene alcance por aquí, sin esa energía no podemos usar magia, esa es la razón por la que en Luna Nova podemos volar libremente." Con tono explicativo le comenta la joven rubia, en lo que llegaban a una tienda oscura en medio de la calle, una típica tienda de ocultismo como él la conocía, aparentemente sería muy necesario recordarla, pero algo lo sacaba de pensamientos, y era que Lotte le había dicho que también era una cafetería, lo cual le sorprendía al entrar, ver que lo único de cafetería que tenía era una barra con unas cuantas butacas a un lado, por lo que coloca cara de sorpresa no tan agradable. "Esperaba algo diferente…" Lotte solo se ríe ante esas palabras mientras espera su escoba, la cual iba a ser traída por el dueño del local, que había ido al inventario. En lo que esperan, Nero observa el lugar y los artículos en exhibición, encontrándose con una sorpresa encadenada, una escoba roja con forma de flecha. "Una… Escoba?..."

"Esa es… Oh! Es la legendaria escoba Ryuzaimaru, se dice que hubo una bruja que cruzo todo el océano Pacífico con esta escoba, sin la piedra filosofal, ya que la escoba tenía poderes mágicos, se dice que es tan rápida como una estrella fugaz."

"Suena interesante… Con esta escoba podría ganar la carrera de relevo y vencer a Diana…" dice observando con detalle aquella escoba, hasta que se acerca el vendedor de la tienda, con la escoba de Lotte en mano.

"Cuidado ahí, esa escoba está encadenada… Es muy peligrosa" dice dándole su escoba a la rubia estudiante.

"Hm… Como sea…" dice suspirando, pero se pone en alerta al creer escuchar unos sonidos, que parecían murmuros de una persona, pero sólo pensó sería su imaginación, y se retiró junto a Lotte.

Ya en la escuela, Nero caminaba sólo, pensando en sus asuntos, hasta que se encuentra eventualmente con la profesora Úrsula, que parecía haberlo estado esperando.

"Oí que tienes dificultades para volar" dice con un tono condescendiente.

"No necesito ayuda… Yo aprenderé solo… No dejaré que me ganen…" dice con convicción pasando de lado, retirándose al patio. "Ya verán…"

•••

Mientras tanto, en una ciudad muy lejana, una figura marchita caminaba por unos pasillos, unos pasillos de un laboratorio, todo era de color plateado, todo era tan moderno, sus ojos dolían ante tanta tecnología, no estaba acostumbrado a tal cosa después de todo, y su débil estado deteriorado, marchito, apenas una sombra de aquel demonio que solía ser. Se sentía inútil, se sentía totalmente fuera de sí, solo siguiendo un rastro que no tenía ni idea de verdad era lo que buscaba. Se escondía, habían diversos demonios, lo que antes hubiera sido un respiro para él, se había vuelto un problema, pero luego de un buen tiempo, había llegado. Sus ojos se maravillaban, parecía que había pasado un siglo desde que había visto a aquella katana que estaba ante sus ojos, en un tanque con líquido verde. Luego de unos segundos, se dirige al tanque, buscando en todos lados alguna señal, algún botón, o alguna abertura que pueda aprovechar para poder abrir aquel tanque que restringía su verdadero poder, el poder de un hijo de Sparda. En lo que seguía aquella misión, la puerta detrás de aquel hombre con una túnica rasgada, sucia, oscura, se abre, dejando entrar un hombre de tamaño y ancho considerable, que se acerca, por fortuna, tuvo tiempo de esconderse, mientras agudiza el oído y espera a que se retire, pero su cuerpo se debilitaba, se quedaba sin tiempo. Minutos pasaron, para el hombre sin embargo, parecían horas enteras de espera, se desesperaba, pero era crucial tener paciencia, hasta que eventualmente, aquel científico se retira de la escena, justo antes de que el hombre escondido colapse en el suelo, tosiendo con fuerza, antes de acercarse de nuevo. "Yamato… Ha pasado tanto… Te voy a llevar de nuevo…" dice con clara nostalgia antes de dar unos pasos atrás, para cargar hacia el tanque, rompiéndolo al instante. Una alarma suena, parece que su plan no había pasado desapercibido del todo, pero ahora era diferente, había recuperado la katana, la Yamato, que aunque partida en dos, seguía emanando un poder demoníaco tan poderoso que hacía que la piel del hombre se erizara, sin embargo, su poder seguía falto, su cuerpo seguía débil, la espada no reaccionaba ante su legendaria sangre de demonio, ante tantos recuerdos que había pasado con la espada, desde su infancia, hasta las batallas con su hermano, batallas que había perdido una tras otra, pero sin nunca perder la esperanza de que algún día pudiera ganar, pudiera ser lo suficientemente poderoso para no tener que preocuparse en ser derrotado, en que era mejor que su hermano, que su padre, que aquel niño que vio a su madre morir una vez, aquella muerte que cambió su vida y lo convenció de que sin poder no podría defender a nadie, mucho menos a sí mismo. Estas promesas lo convencerían de que no podía permitirse fallar en su búsqueda de poder. Necesitaba más, mucho más poder. Y cuando unos demonios, acompañados por el científico, llegaron a la sala de experimentos, su espada por fin reaccionaria, juntándose nuevamente en una hoja brillante y hermosa, como solía ser, mientras que la piel del hombre rejuvenecía, sus ojos recuperaban brillo, y podía sentir su poder regresar, una vez se siente seguro, se saca la túnica, revelando un traje azul medianoche de cuero, con unas botas negras igual que su pantalón de cuero igualmente. Su cabello blanco recupera su brillo plateado al fin, y con una sonrisa, desaparece en un rastro de luz azul, apareciendo atrás de todos esos demonios, con la katana fuera de su funda, pero que estaba volviendo a meter lentamente, y al momento de entrar por completo, todos los demonios son destruidos al instante. El científico miraba con miedo, mientras que retrocedía arrastrándose en el suelo.

"Quién…. Eres?!" pregunta con miedo por su vida.

"Mi nombre… es Vergil… El legendario hijo de Sparda…" dice con orgullo una vez más mientras se daba media vuelta, observando la hoja de la katana, para luego agitar la en cruz, dejando unas líneas azules en el aire, que luego se volverían un portal. "Parece que Dante sigue vivo… Tendré que darle una visita…" es lo último que dice antes de entrar al portal, que cambia de un azul oscuro neón a un azul neón más claro mientras Vergil lo cruzaba, cerrándose apenas termina de cruzar de plano. El científico sólo mira, suspirando de alivio por su vida.

Cuando el hombre sale, con la espada en su funda de nuevo, en su mano izquierda, y con una seria cara, se encuentra en lo que parece ser un patio de una escuela que nunca había visto antes. Mira a su alrededor, camina unos metros observando diversos salones a la distancia, y una torre con una armadura de caballero como gárgola, se toca la cabeza con su mano libre, sentía contra su frente el cuero frío de sus guantes de dedos libres, le recordaba aquella forma con la que se había enfrentado a su hermano tantos años antes. Eran memorias que no quería tener, así que solo camina con rapidez con el ceño fruncido, hasta que se encuentra con un grupo de jóvenes hombres, con traje elegante, uno, de cabello marrón claro, justo se había separado del grupo junto a uno de cabello rubio, los demás seguían su camino, pero se detienen a ver a Vergil, que se detiene a verlos con disgusto. "Ven algo que les gusta?..." dice intentando seguir su camino.

"No te conocemos de por aquí… Vienes de visita?..." le dice el que parecía el líder del grupo, observando el traje de Vergil. "Vistes elegante, pero muy poco apropiado en este lugar…"

"No puede importarme menos… Tengo a alguien que encontrar, no se interpongan si no desean la muerte" muestra ligeramente el filo de su espada.

"Me estas amenazando?..." dice sacando de su traje un estoque que tenia guardado aparentemente.

"Solo aviso… No me importan unos debiluchos como ustedes… Valoren su vida… Váyanse ahora…" intenta caminar por última vez fuera del grupo, pero es detenido por un intento de estoque de parte del líder del grupo al pecho, era una espada con filo bien pulido, pero antes de llegar a Vergil, el brazo del joven se cae de su cuerpo, dejando mucha sangre salir, en lo que Vergil mira con detesto. "Supongo que la escoria siempre es igual… Nunca entiende…" antes de sacar su espada y lanzar un corte que luego se volvería un espejismo de miles de cortes más, cortando al joven en miles de piezas, para que luego Vergil se Lance al resto del grupo, desapareciendo en espejismos, que harían cortes por todos lados, para luego aparecer de nuevo atrás de ellos, con la espada entrando en la funda, y al momento de entrar del todo, los chicos sufrirían el mismo destino, Vergil suspira entonces: "Judgement Cut End", para luego levantarse y, sin inmutarse, sigue su camino, limpiando algo de sangre de su rostro.

"Se siente bien regresar…" dice en voz alta mirando al cielo.

-Continuará-