Capítulo 5: Despacho.
Los ojos de Itachi estaban puestos en aquel chico que se recostaba con total confianza en aquel sofá. Para Itachi, aquello sólo era un indicio de la desfachatez y caradura que tenía ese chico, algo que le hizo sonreír. Estaba acostumbrado a salirse con la suya o por lo menos… a hacer lo que él quería. Pensaba que podía conseguir todo lo que se propusiera.
- Por favor… ponte cómodo – agregó Itachi con desdén.
- Ya estoy cómodo, gracias – dijo con sarcasmo Deidara mientras se recolocaba mejor en el sofá.
Por un momento, Itachi volvió a sonreír dándose cuenta de lo que le había caído encima con aquel chiquillo descarado. Iba a ser complicado tratar con él pero no tenía más remedio. Se sentó en el sillón frente a Deidara y lo observó mirar todo el despacho. Se había centrado en los títulos de sus estudios y en las medallas que había conseguido en su juventud en los diferentes deportes que había practicado.
- ¿Cómo acaba alguien tan joven dirigiendo una prisión? – preguntó Deidara.
- ¿Esperabas a alguien mayor?
- Sí – dijo Deidara sin pelos en la lengua – esperaba algún vejestorio a punto de jubilarse.
- Pues ya ves que no.
Deidara volvió a perder sus ojos en los cuadros del despacho. Desde allí tumbado en el sofá, casi podía ver el recorrido de aquel chico frente a él. Tan sólo tendría unos cinco o seis años más que él, quizá algo más, pero él tenía un brillante futuro. Había tenido la posibilidad de estudiar, de realizar sus sueños, en cambio… allí estaba Deidara, frustrado, sin sueños ni esperanzas, siendo tan sólo un esclavo a disposición de las exigencias de su jefe. Sólo era como un pájaro enjaulado, un pájaro al que le cortaron las alas demasiado joven.
- ¿En qué piensas? – preguntó Itachi al verle tan decaído y a la vez pensativo.
- En que me aburro – dijo evitando contarle la verdad de sus pensamientos - ¿Por qué estoy aquí? ¿No se supone que esto es como una clase para la reinserción? Ni siquiera sé lo que significa eso. ¿Es algo así como reeducarme para que sea un ciudadano excelente?
Itachi sonrió ante aquello, sin embargo, Deidara se incorporó quedándose esta vez sentado para poder enfrentar mejor la mirada de aquel moreno. Aquellos ojos tenían algo especial, eran hipnotizantes y cuando le miraba fijamente, casi podía percibir como si ese chico frente a él tratase de indagar todo su pasado. Deidara apartó la mirada al instante evitando así sentirse intimidado.
- Sólo es una evaluación para saber si eres apto o no para salir a la calle de nuevo – le explicó Itachi – tienes seis meses por delante para reeducar tu conducta.
- ¿Crees que eso funciona? – preguntó Deidara con una sonrisa - ¿Crees que porque un día venga aquí y te diga que no volveré a delinquir estoy listo para salir? Por favor… eso podría hacerlo cualquiera.
- Tendrás que convencerme de que no quieres volver a delinquir, eso es lo complicado de esto.
- No me conoces – sonrió Deidara levantándose y apoyando sus manos sobre las rodillas de Itachi para acercar su rostro al del moreno con un toque seductor. Itachi permaneció en el sitio – puedo llegar a ser muy persuasivo – susurró cerca de sus labios sin tocarlos.
- Y yo muy complicado de persuadir – dijo Itachi con una sonrisa – te recomendaría que volvieras a tu asiento, conmigo no funcionan estos trucos.
- Aburrido – sonrió Deidara marchándose hacia atrás y dejándose caer una vez más sobre el sofá – creí que quizá podríamos haber aprovechado estas ridículas sesiones donde tratas de psicoanalizarme para hacer algo más… divertido.
- Si divertido para ti es tratar de seducirme, no te va a funcionar. No soy de los que me dejo influenciar fácilmente.
- Serias el único que no caería ante mí. No creo que seas de esos.
- Respeto la ley y las normas. Está terminantemente prohibido mantener relaciones sexuales con presos – sonrió Itachi – podrían despedirme y a ti no te convendría tampoco.
- Eso lo hace más divertido. Me gusta lo prohibido y el riesgo.
- ¿Por eso sedujiste a ese empresario del hotel? O quizá… ¿Los Yakuza te lo pidieron?
- Qué manía con eso – se quejó Deidara - ¿Cómo tengo que decir que no tengo nada que ver con ellos? Sólo estaba en aquel bar por casualidad. Fui al hotel buscando una noche de sexo, entré al bar del hotel y me fijé en ese hombre, nada más.
- Eres menor de edad, te pillaron con un carné falso, documentación falsificada, seduciendo a un hombre a cambio de dinero…
- Noooo – sonrió Deidara – te equivocas, no era a cambio de dinero.
- Pero sí aceptas todo lo demás.
- Por supuesto. Con diecisiete años no me dejarían estar en ese bar, así que sí, soy culpable de haber falsificado un carné, detengan a medio Japón por eso. Todos los adolescentes lo hacen.
- Pero a ti te pillaron… prostituyéndote además.
- Eso no es cierto, sólo iba a ser un poco de sexo consentido.
Itachi sonrió. En aquel momento supo que ese chico era un mentiroso de primera y no sólo eso, un maldito seductor que jugaba todas sus cartas por completo, sin miedo alguno a lo que pudiera pasar.
- ¿Por qué sonríes? – preguntó Deidara un poco molesto.
- Porque acabo de darme cuenta… de que nunca te han rechazado. Crees que todo el mundo caerá ante tus encantos tarde o temprano.
- Suele ser temprano – sonrió Deidara.
- Pero te está costando convencerme a mí y no entiendes el motivo.
- Sí… por tus estúpidas normas de no mantener relaciones con los presos, bla, bla, bla – se burló Deidara – ni que eso pudiera frenarte. Dime de verdad el motivo por el que no quieres acostarte conmigo.
- Ya te lo he dicho, las normas.
- No me lo creo – sonrió Deidara - ¿Tienes novia? ¿No te gustan los chicos? Quizá soy yo el problema… ¿No te gustan rubios? Puedo tintarme si quieres.
- Es increíble – sonrió Itachi sin poder creerse que todo eso pudiera estar pasándole.
Deidara vio la oportunidad perfecta. Sabía que en aquel instante, Itachi estaba bajando levemente la guardia y debía aprovechar el momento, porque era posible que pese a su plena confianza… ese hombre pudiera negarse al deseo sexual por él, algo casi inconcebible para Deidara.
Itachi se levantó del sillón apartando a Deidara de él y se dirigió hacia su mesa sacando un expediente. Desde que le habían asignado aquella misión, Itachi había pasado las últimas horas recabando información del chico y, finalmente, sus compañeros del departamento de menores habían dado con el expediente que tanto deseaba leer. Sonrió al ver cómo Deidara miraba esa carpeta marrón allí encima. Itachi, muy despacio, se sentó en la esquina de su mesa de oficina y abrió la carpeta.
- Deidara, te recogieron con apenas tres años del orfanato y la familia te devolvió al año siguiente. Pasaste una larga temporada de nuevo en el orfanato y al final… mira qué interesante – sonrió – te acogió Hiro Myojin, padre de Yahiko Myojin, famoso por estar vinculado con la mafia aunque no se ha podido demostrar. ¿Quieres intentar de nuevo a poner una excusa? ¿Qué hacías en ese hotel? Y por favor… no me digas que ligando con un hombre que te sacaba más de treinta años porque no te creo.
- Eso no demuestra nada – dijo Deidara – me acogió, sí, ¿y qué? ¿Porque me haya acogido esa familia tengo que estar vinculado a la mafia?
- Es lo más probable. Te diré cómo están las cosas, chico… Yahiko va a caer porque voy a ocuparme de eso, puedes caer con él o hacer un trato conmigo y salvarte. Creo que eres un chico listo así que piénsalo bien.
- Quieres que lo venda – le aclaró Deidara.
- Sí, quiero que lo vendas.
- Estás loco, si se enterase, me mataría antes incluso de que saliera de prisión. Nadie vende a Yahiko ni a nadie de la banda.
- Te protegería.
- No seas imbécil, no podéis protegerme de ellos – sonrió Deidara – estoy más seguro quedándome en silencio.
- Entonces caerás con ellos – dijo Itachi cerrando el expediente frente a sus ojos.
Estaba claro para Deidara que aquel chico era su única salida de todo aquel mundo, pero también tenía demasiado presentes los riesgos que corría al hacerlo. Hiciera lo que hiciera… seguramente acabaría muerto.
- Puedo darte a Sasori – le dijo Deidara antes de que Itachi guardase el expediente – puedo conseguir que confiese que trabaja para Pain pero no puedo hacerlo de un día para otro. Sé que Pain debe estar dándole órdenes para controlar a los de la banda que estén presos, por eso aún no ha salido de prisión Sasori y nunca tiene un buen comportamiento, lo quieren aquí para eliminar a los chivatos. Si quieres una confesión de alguno de la banda, vas a tener que mantener muy ocupado a Sasori.
- No puedo meterlo en celda de aislamiento porque sí sin que haya hecho nada.
- De eso me ocuparé yo. Te lo mantendré alejado y te ayudaré con la información de la banda.
- ¿Y qué quieres a cambio?
- A ti – le dijo muy claramente – y una hoja firmada exculpándome de todo esto.
- Quieres quedar limpio.
- Quiero huir de esa familia y tú eres el único que puede conseguirlo. ¿Aceptas mis condiciones o no? – preguntó Deidara – mantenme lo más seguro que puedas y yo te daré la información que buscas para poder apresar a toda la familia Myojin, incluido a Pain. Te daré a toda la banda a cambio de algo de sexo – sonrió Deidara.
- Sabes que no puedo darte lo que pides. Va contra las normas del establecimiento, podrían echarme si se enteran.
- Entonces… estaba en ese hotel porque me gustaba ese hombre mayor que yo en treinta años – sonrió Deidara.
Itachi suspiró, era cierto que era un chico manipulador y acostumbrado a salirse con la suya, pero también veía que tenía miedo, miedo a lo que pudiera hacerle la banda si se enteraban que los estaba delantando. Aún debía convivir con ellos seis meses y no podía precipitar las cosas.
- ¿Qué ganas tú acostándote conmigo?
- Tu silencio – dijo Deidara muy seguro – y tu fiabilidad. ¿Quién me dice que no me venderás cuando obtengas toda la información que buscas de mí? Si tú has roto las normas y yo puedo denunciarte… mantendrás tu palabra a cambio de mi silencio. Nos ayudaremos mutuamente – sonrió – yo no diré nada sobre nuestras aventuras en tu despacho, tu ganarás un amante al que podrás pedirle lo que quieras y además… te entrego a toda la banda.
- ¿Cómo sé que no me engañas y de verdad mantendrás tu boca cerrada sobre lo del sexo?
- Porque si te despiden, yo estoy muerto en esta prisión – aclaró Deidara – tú eres el único que puede cubrirme aquí y yo necesito una garantía de que cumplirás tu parte del trato. Nos conviene a los dos.
Ante aquello, Itachi se dio cuenta de que no era un chico normal, era inteligente y se estaba cubriendo las espaldas como mejor podía pese a la mala mano de cartas que llevaba. Sonrió incrédulo al ver cómo un chiquillo de apenas diecisiete años estaba llegando a intentar manipularle a él. Ese chico era una caja de sorpresa pero no podía hacer otra cosa, si quería a toda la banda bajo rejas, tendría que conseguir que ese chico se fiase de él a como diera lugar.
Se levantó de la mesa del escritorio y se dirigió hasta donde estaba Deidara. Le sacaba un par de cabezas a ese jovencito y pudo ver cómo el adolescente apartaba la mirada al ver una vez más aquellos intimidantes ojos oscuros puestos en él. Itachi reconocía el valor que tenía ese chico, pero también veía que estaba asustado, le asustaba que no aceptase el trato, le asustaba su seguridad en aquella prisión, le asustaba salir a la calle y que la banda le descubriera y fuera a intentar matarle. Le asustaban muchas cosas, quizá por eso mismo… era por lo que se había hecho tan descarado, no tenía nada que perder, debía arriesgar todas sus cartas en una única baza.
- ¿Por qué desvías tus ojos de los míos? – preguntó Itachi pasando su mano tras la cabeza de Deidara y agarrando con suavidad su largo cabello rubio mientras con un par de dedos de la otra mano le levantaba la barbilla – tú has decidido el trato, ¿no? Deberías saber que tengo gustos muy excéntricos – sonrió Itachi – pero acepto el trato, dame a la banda y tendremos sexo de mil y una formas diferentes – le dijo acercando con rapidez sus labios hasta los del joven besándole con pasión.
