Hola a todos, gracias por entrar a leer el cuarto capítulo de esta historia.
Disculpen cualquier falta de ortografía, no revisé muy bien el capítulo.
.
Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
.
Sin arrepentimientos
.
Capítulo 4.- Amistad y Celos.
Eran casi las nueve de la noche, y sólo hace quince minutos había aterrizado el vuelo proveniente de Suna, en el aeropuerto de Konoha. Ayer sábado, había alcanzado a viajar, y pude ver a mis hermanos. Tuve suerte de conseguir un vuelo, pasada las tres de la tarde, luego de que Shikamaru se fuera de mi apartamento. Valía la pena viajar dos horas de ida, y luego otras dos de vuelta, con el fin de pasar un tiempo de calidad con ellos.
Me dirigí rápidamente hacia la puerta de salida. Debía apurarme, ya que de seguro, cierta castaña se había comido todas las uñas por la expectación de saber, si el viernes, Shikamaru había pasado la noche conmigo. Debo reconocer que había sido muy mala con ella, ya que nunca respondí sus llamadas, ni contesté sus mensajes. Pero como hoy necesitaba de su ayuda, le mandé un mensaje por whatsapp, pidiéndole que me viniese a buscar, y como la curiosidad la estaba matando, aceptó inmediatamente.
Al salir del aeropuerto la divisé, estaba apoyada en una baranda, y me miraba con odio fingido.
—Hasta que por fin saliste de ese bendito aeropuerto —habló en un tono de falso enfado, acercándose para saludarme—. Sígueme, aparqué a pocos metros de aquí.
—No fue culpa mía el retrasado; no nos dejaban descender del avión —acoté fastidiada, mientras la seguía, tirando mi pequeña maleta—. ¿Cómo estuvo tu fin de semana?
—Demasiado tranquilo, no pasó nada interesante —espetó en un tono aburrido, para luego cambiarlo a uno burlesco—. La que tuvo un fin de semana bastante interesante fuiste tú, ¿o no?
Me miró con curiosidad, esbozando una sonrisa.
—Por supuesto, estuve con mis hermanos —señalé con seriedad, haciéndome la desentendida—, siempre es muy grato compartir con ellos.
—No te hagas la tonta, Temari —habló en un tono amenazador, que ni ella misma se lo creía, deteniéndose al lado de tu automóvil—. Ahora mismo vas a confirmar mis sospechas, y me contarás todo con lujo de detalles.
—No sé a qué te refieres, Tenten —la miré extrañada, pero no pude seguir con mi actuación, ya que tus expresiones eran muy divertidas, las que me hicieron reír.
—Será mejor que guardes tu equipaje en el portamaletas, y luego subas, ha comenzado a hacer frío —acotó apresuradamente —. Arriba continuaremos, y recuerda, quiero saberlo todo.
.
.
.
El vehículo de Tenten salió velozmente del estacionamiento, tomando la avenida que nos llevaría a konoha. Obviamente, el silencio no duró mucho, ya que a la brevedad, ella tomó la palabra.
—¿Te acostaste con Nara?¿sí o no? —preguntó sin rodeos, desviando la vista del asfalto para mirarme.
—Siiiii, me acosté con él —lo admití de forma altanera—, estás contenta con la respuesta.
Tenten dio un grito que casi me dejó sorda.
—Lo sabía, lo sabía —chilló emocionada, soltando el volante y aplaudiendo—, si hubiese apostado, habría ganado.
—¡Locaaaa!, no sueltes el volante —la regañé, enojada —no me gusta que hagas esas cosas.
—Cálmate Temari, tengo todo bajo control —acotó con seguridad, mirando nuevamente el asfalto—. Pero no me cambies el tema, cuéntame, ¿cómo fue que Shikamaru terminó encamado contigo?
—Él quería aclarar algo que sucedió entre nosotros, el fin de semana pasado —espeté con tranquilidad.
—¿No me digas que sucedió algo en mi cumpleaños? —preguntó intrigada, mirándome de reojo —. Te vi conversando con él, después que se fue Ino, pero no vi nada extraño. Shikamaru tenía la misma cara de aburrido de siempre, y tú te veías muy seria, demasiado diría yo.
—No, ahí no pasó nada, solamente conversamos —respondí en un tono neutro —, pero entre tanto trago, se produjo algo entre nosotros, una tensión sexual, supongo, ya que media hora después de que yo llegará a mi apartamento, él apareció por allá.
—¡¿Queeeé?! —gritó impactada, girando su rostro para verme—. ¡Y tú maldita no me había contado nada!, ¡preferiste quedarte callada! Se supone que soy tu mejor amiga, casi tu hermana, ¿dónde quedó confianza?
—Ya no te pongas melodramática, Tenten—hablé con un deje de fastidio —; la verdad, no tuve tiempo para hacerlo. Estuve todo el domingo pasado, cuestionándome por lo que había hecho, hasta que al final del día, concluí que había sido un simple desliz, y que debía olvidarlo. Por eso en la semana no te conté nada.
—Eres una mala amiga, Temari —me recriminó algo molesta—, yo que te cuento toda mi vida, hasta el último detalle.
—Eso es mentira —contraataqué sus dichos, apuntándola —nunca me contaste que pasó entre Kankuro y tú, el año nuevo que pasaste en Suna. Ustedes salieron solos a bailar, y conociéndote a ti y a mi hermano, nada muy santo debe haber pasado.
—Por favor, Temari, tú crees que recuerdo que pasó en Suna hace dos años atrás, y más encima en una celebración de año nuevo —habló fastidiada, moviendo su cabeza en forma de negación —. Lo único que te puedo asegurar, es que ese día debo haber terminado muy borracha. Ni sé cómo llegué a la cama.
—jajajaja, tú versión no ha cambiado nada —acoté, divertida —, y la de Kankuro, tampoco. Extrañamente repite lo mismo que tú. Siempre he pensado que hicieron un pacto de silencio, pero algún día uno de ustedes hablará, ya verás.
—No nos desviemos del asunto, Temari —espetó con seriedad, mientras seguía conduciendo—. Recapitulemos, tú y Nara se encontraron el sábado de la semana pasada en mi fiesta, conversaron, le calentaste la sopa, te fuiste a tu apartamento, él te siguió, fornicaron hasta que se cansaron, y después… qué pasó.
—Lo eché, como un perro sarnoso —sonreí de forma maligna.
—¡¿Quéeee?! —chilló sorprendida, volteando su rostro para verme—. Eres muy vil, Temari, hasta en tus momentos más placenteros sacas a relucir tu crueldad. Kamisama, tú no cambias.
—No podía permitir que se quedará —me defendí de sus comentarios—, se suponía que sólo era un polvo, un desliz, y ahí debía morir.
—Y al parecer, no murió —inquirió en un tono acusador —. Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan.
—No me pude resistir, tengo sangre en las venas —acoté resignada.
—Por eso Shikamaru, regresó a tu apartamento —analizó en voz alta, deteniéndose en la luz roja —quería saber cómo iban a quedar las cosas entre ustedes.
—Sí, él fue aclarar eso…, y lo dejamos claro —señalé, esbozando una sutil sonrisa—, pero al final terminamos nuevamente encamados
—Ya veo —musitó pensativa, cambiado marcha y acelerando —. Shikamaru no tiene ni un pelo de tonto, fue a verte cuando Ino estaba ocupada. Yo creo que él intuía que tú no lo ibas a rechazar.
—Tenten, créeme que traté de darle un corte, pero las cosas se dieron —espeté, justificándome —. Oye, ¿por qué enciendes las luces de estacionamiento?, se supone que me vas a acompañar un rato en mi apartamento.
—Eso pretendía —señaló, mirando por vidrio —, pero al parecer tienes vista.
—Por qué dices eso, acaso ahora eres adivina —musité extrañada, girando mi rostro hacia ella—, no creo que haya alguien en recepción.
—No necesito ser adivina, lo estoy viendo —chilló sorprendida, apuntando a través del vidrio—. El automóvil que está estacionado detrás del blanco, es el de Shikamaru.
—No sé, no estoy segura —respondí, mirando hacia donde apuntaba Tenten—, pero yo no lo he invitado, así que busca un lugar para aparcar que todavía nos quedan cosas por conversar.
.
.
.
—¡Kamisama!, le propusiste ser su amante —me miró con sus ojos abiertos de par en par, con su taza de café en la mano—. Admiro las agallas que tienes, pero no pensaste ni un poquito en Ino. Ella también es mi amiga, aunque tú eres como ni hermana.
—Dejé de pensar en ella, cuando le hice la propuesta a Shikamaru—respondí con seguridad, mirándola fijamente a los ojos—. No trates de hacerme sentir mal, porque no lo lograrás.
—Está bien, Temari, sé que eres terca, así que cambiaré un poco el tema —espetó con un deje de curiosidad, dejando su taza en el platillo —. ¿Qué sientes por Nara? Debe ser algo fuerte, para aceptar ser la otra.
Sus últimas palabras calaron hondo en mí, fue como si me echara un balde con agua fría, pero ella tenía razón era la segunda opción, el segundo plato; y aunque lo acepté en el momento que le hice la propuesta a Shikamaru, escucharlo de otra persona era duro, lo que significaba que aún me quedaba algo de moral. Preferí bajarle el perfil a esa frase, y me concentré en la pregunta que me hizo.
—Me gusta, no lo puedo negar —sonreí con sutileza, mirando mi taza de café—, me siento bien con él.
—¿Lo quieres?
—Obvio que sí.
—¿Lo amas?
—No lo sé.
—Ayyy, amiga, terminarás enamorada hasta la médula —aseveró con seguridad, la castaña, colocándose de pie—, a menos que ya lo estás. Te lo doy firmado.
—No digas idioteces, Tenten —musité con fastidio, por su comentario—, es un juego, en donde me tengo que mantener a raya.
—Estás jugando con fuego, Temari —me advirtió seria, mi amiga—, recuerda que fue tu ex novio, y se llevaban de maravilla. Bueno, ya me voy, antes que Shikamaru se duerma en el automóvil.
—No sé, por qué vino hoy —hablé molesta, frunciendo el ceño —, estoy cansada por el viaje.
—No sé porque tanto te enojas, Temari —señaló con sarcasmo—, si al final lo recibirás con los brazos abiertos, mejor dicho, con las piernas abiertas. Ya me voy, amiga. Pásalo bien, y disfrútalo.
—Maldita… —murmuré entre dientes, con ganas de ahorcarla, pero después le sonreí con cinismo —Adiós, Tenten, nos vemos.
—jajajajaj, no me puedes contraatacar, porque es la verdad, adiós libidinosa.
.
.
.
Había terminado de lavar la loza, cuando sentí que llamaban en la puerta. Supuse quien era, me miré en espejo y avancé con tranquilidad a abrirla.
—Hola mujer, ¿cómo estás? —acotaste con tu típica parsimonia, y luego me sonreíste de medio lado.
—¿A qué vienes?, acabo de llenar del aeropuerto y estoy cansada —espeté cortante, pero en el fondo, sentía todo lo contrario— ¿No es que venía el próximo viernes?
—Vaya recibimiento…, yo también estoy bien—hablaste con sorna, mirándome fijo a los ojos—, te dije que si podía arrancarme antes, lo haría, ¿puedo pasar?
—Claro, estás en tu casa —no quise continuar con esa estúpida charla, a quién quería engañar. Me hice a un lado y te dejé entrar.
Te paraste en medio de la sala y volteaste quedando enfrente de mí.
—En un momento, pensé que Tenten no se iría nunca —señalaste con pereza —, ¿qué tanto conversaban?
—Asuntos de mujeres, cosas sin importancia.
—Hablaron de mí, ¿cierto?
—No seas tan egocéntrico, Nara.
Se produjo un silencio entre nosotros, mientras tú me escudriñabas con los ojos. No lo soporté.
Ganaste.
—Sí…, hablamos de ti —respondí cerrando los ojos, y luego sonreí —. Fuiste el centro de atención, el sábado por la mañana.
—Mendokusai, no me lo recuerdes—habló con fastidio, dirigiéndose al sillón más cercano pasa sentarse—, fue muy problemático tener que escuchar a Ino, desde que me recogió donde Darui, hasta mi casa; y luego, a mi santa madre. Pero al final, todo volvió a la normalidad.
—Al parecer, por tu lado, nadie tiene ni una sospecha —musité sentándome a tu lado —. Eso es muy bueno.
—¿Cómo está todo en Suna? —cambiaste el tema como si nada; aunque era mejor así —, ¿y tus hermanos?
—Suna está igual que siempre, no ha cambiado mucho —respondí con alegría, me gustaba que me preguntarán por mi tierra natal. —Mis hermanos están muy bien. Han sabido administrar muy bien la empresa de la familia. Gaara, como siempre, muy tranquilo; y Kankuro, lo contrario, un loco sin remedio.
Cerré mis ojos, y dejé caer mi cuerpo en el respaldar del sillón. Segundos después, sentí una de tus manos masajear mi hombro izquierdo, abrí los ojos y giré el rostro.
—¿Qué pretendes? — enarqué una ceja, y te miré con curiosidad.
—Hacerte un masaje, ya que veo que estás cansada —hablaste en tu tono habitual, mirándome con cariño —, porque mejor no giras, me das la espalda, y así te hago un buen masaje.
—¿y desde cuándo tú sabes hacer masajes? —pregunté, siguiendo tu instrucción —, hiciste algún cursillo express por ahí, aunque no creo, eres muy vago para ir a un curso de ese estilo.
Me quedé en silencio disfrutando el masaje, no lo hacía para nada mal. Otra cualidad más que sumaba Shikamaru, sonreí como estúpida.
—Oye, lo haces bastante bien —musité totalmente relajada, con los ojos cerrados—, ¿dónde aprendiste?
—Tan curiosa como siempre, mujer —respondiste, cansinamente —. Mejor relájate y disfruta.
—Tanto misterio, Shikamaru, dime ya —seguí insistiendo, mientras seguía disfrutando de tu masaje.
—Ino me enseñó —susurró, restándole importancia a sus dichos —, ella fue la que hizo el curso express.
Sentí como si una daga me atravesará el cuerpo, ¿acaso estaba sintiendo celos? No, eso no podía ser posible ¿o sí? Tengo las cosas bastante claras, no puede darme rabia, algo tan banal. Mi mente me estaba traicionando, me imaginaba a esa flaca encima de Shikamaru, haciéndole masajes, y luego incitándolo a hacer cochinadas. Maldición, estaba furiosa.
Exasperada, giré mi cuerpo y me quedé mirándote. Disimulé mi molestia, y te sonreí con cinismo.
—¿Qué pasa mujer?, te molestaste porque nombre a Ino —inquiriste, adivinando en parte, lo que me pasaba— , déjame recordarte que tú insiste en saber quién me había enseñado.
—No, como crees que me voy a molestar por eso —mentí con descaro, mirándote a los ojos con picardía—, ya estuvo bien el masaje, ahora me toca a mí, hacerte uno.
Tenía que sacarme de adentro esos incipientes celos, tenía que borrarlos, al igual que esas estúpidas imágenes entre Ino y tú; y la única persona que me haría olvidar todas esas tonteras, serías tú.
Te miré con lascivia, empujando tu cuerpo sobre el sillón, al parecer te gustó la idea, porque sonreíste con descaro, y colocaste tu cabeza en el reposabrazo. Sin ningún disimulo, paseé mi vista por tu cuerpo hasta posarla en el sitio de mayor interés para mí.
Mordí mi labio inferior y luego sonreí.
Bajé a la alfombra, y de rodillas me deslicé entre tus piernas, acomodé una sobre el sillón y te manoseé el miembro sobre el pantalón.
Vi cómo apretaste los dientes, y cerraste los ojos; lo estabas disfrutando, y eso me encantaba.
Con premura desabroché tu cinturón, al igual que tu pantalón, bajé el cierre, y deslicé tus prendas, lo justo y necesario.
—No te voy a sacar toda la ropa, porque esta sesión no será muy larga —susurré, con mi rostro cerca de tu erección —, ya que mañana hay que ir a trabajar, por lo que hay que dormir temprano.
—Problemática, no me des tantas explicaciones y comienza ya —musitaste con ansiedad.
Sonreí ante tus dichos, y luego engullí tu prominente erección.
Gemiste.
Ese primer contacto te fascinó, y yo simplemente continué con mi afanosa labor.
Deslicé mi boca hasta llegar a la base de tu miembro, y luego me devolví hasta toparme con tu hinchado glande. Lamí éste reiteradas veces, sobajeando también la abertura que había allí.
Gemiste, otra vez.
El éxtasis te estaba consumiendo, y yo estaba más que feliz. Seguí dándote placer con mi boca, descendiendo y ascendiendo por la longitud de tu erección con frenesí.
Y así continué.
Una y otra vez.
Aceleré el ritmo de mi labor, sobajeando tu miembro contra mi paladar, y te comenzaste desesperar.
Gruñiste.
—Tranquilízate, mujer —susurraste jadeante, incorporándote para sacarme de tu erección—, que no quiero que esto acabe así.
Te miré con odio por interrumpirme.
Tú sonreíste con mi actitud.
Te sentaste en posición normal, y me levantaste de la alfombra, atrayéndome hacia ti. Deslizaste tus manos por debajo de mi vestido, buscando mis bragas; una vez que diste con ellas, las bajaste enseguida. Terminé de sacarme esa prenda y me senté a horcajadas sobre tus piernas, acomodándome sobre tu erección. Te sonreí con superioridad y bajé de sopetón.
Gemí.
Ese delicioso contacto, me hizo estremecer; y luego de unos segundos, me comencé a mover.
Descendí y ascendí acompasadamente sobre tu erección.
Era tan placentero sentirte dentro de mí.
Tomaste mi rostro entre tus manos, y lo acercaste a tu boca. Me besaste con desesperación, con deseo y con pasión. Por instinto rodeé tu cabeza con mis manos, mientras me seguía moviendo sobre ti con frenesí, provocando una fricción que nos estaba matando.
Y así continué.
Una y otra vez.
Con premura me sacaste el vestido, y el sujetador también. Succionaste mis pechos con lujuria, y los amasaste también.
Completamente extasiada, incrementé la velocidad de mis movimientos, aumentando aún más el placer, debido al choque de nuestros cuerpos.
Los gemidos y jadeos aumentaban, el momento culminé se acercaba.
Te abracé con más fuerza, continuando ese rápido vaivén, hasta que de pronto, sentí como mi cuerpo se estremeció, al mismo tiempo que tu esencia me llenó.
Completamente sudados, nos quedamos abrazados un par de minutos.
El ritmo cardiaco se desaceleró, al igual que la respiración.
—Estuvo genial, mujer —susurraste en tono insinuante, cerca de mi oído.
—Sí, pero eso fue todo por hoy —aseveré con decisión, deshaciendo el abrazo para mirarte—. Es tarde y debes irte.
—Lo sé, si ya me voy —acotaste con fastidio, mientras yo salía de ti, para luego sentarme a un lado.
Te levantaste del sillón para arreglarte, y luego fuiste al baño.
—Adiós, problemática —levantaste la mano en señal de despedida, caminando en dirección a la puerta.
—¿Y mi beso despedida?—pregunté desconcertada.
—Ven a buscarlo —guardaste tus manos en los bolsillos, y sonreíste de medio lado.
—Maldito Nara, crees que voy a ir a mendigarte un beso —pensé con rabia.
—Te estoy esperando, mujer, que esperas —me miraste con coquetería.
No me pude resistir; me puse de pie a regañadientes, tragándome mi orgullo, y me fui a despedir.
.
Gracias por leer, espero que les haya gustado. Cualquier cosa que me quieran decir, háganlo a través de un review, ya que me encantan.
Subí un one shot hace unos días atrás, les aviso a quienes no lo hayan leído.
Que tengan una linda semana. Un abrazo.
