Hola guapas y guapos, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 6 de un fic que suelo dejar abandonado, pero me defenderé, ya que cuando lo he hecho, es porque han llegado otras ideas a mi mente, las cuales siempre he publicado, sorry.
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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias, a las que dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita, y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, gracias totales.
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Capítulo dedicado a las bellas personas que me dejaron un review en mi última actualización: Mel-Nara de Hatake, Karma3985, Roronoa Saki, MarFer Hatake, Nara Paulina, ANABELLITA N, Lirio-Shikatema y fiorelaa91. Gracias por comentar, les mando un fuerte abrazo y un beso.
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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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Sin arrepentimientos
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Capítulo 6.- Mi molesto hermano.
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Eran las siete de la tarde, y hace más media hora que mi hermano mediano había llegado a Konoha. Me sentía feliz; extrañaba demasiado a ese idiota, todas sus pesadeces y sus estúpidas bromas. Había llegado al aeropuerto cerca de las seis con quince de la tarde, y yo como buena hermana, lo pase a recoger.
—Oye Kankuro, corta esa llamada —le dije molesta, mirándolo de reojo —, llevas casi veinte minutos hablando y no hemos podido conversar nada.
—Cálmate hermanita, ya termino —respondió en un tono divertido.
Bufé, y seguí conduciendo.
Luego de diez minutos de haberle llamado la atención, éste cortó la llamada.
—Listo, hermanita — espetó con ironía.
—Hasta que terminaste —acoté molesta, mirándolo de reojo.
—Temari, tú sabes que soy un hombre muy solicitado por la féminas— fanfarroneó, esbozando una estúpida sonrisa—, tengo mucho pedido a nivel local, nacional e incluso internacional.
—Eres un pasado a mierda, Kankuro —me burlé de él —, te crees todo un galán y no te alcanza ni para galán de cuarta.
—Temari, no me trates así, soy tu hermano preferido —espetó, haciéndose el ofendido—. Oye, cambiando de tema, ¿cuánto falta para llegar?
—¿Y por qué tan apurado?, ¿acaso ya programaste una cita? —inquirí entre molesta y curiosa, deteniéndome en un semáforo.
—No, hermanita, sólo tengo hambre —acotó con seriedad, girando su rostro hacia mí—. Supongo que tienes el refrigerador abastecido, porque no quiero estar más de media hora en la fila de un supermercado, por lo menos, no hoy.
—Tú no cambias, Kankuro —suspiré y seguí conduciendo—. Ya casi llegamos.
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Una vez que llegamos al apartamento, le dije a Kankuro que se instalara en la habitación de invitados, mientras yo me cambiaba de ropa.
Salí de mi habitación y me lo topé.
—Cuando dijiste que ibas a venir a verme, pensé que sería para el próximo mes—, inquirí mientras él cerraba la puerta de su dormitorio.
—Cuando yo digo que voy hacer algo, lo hago inmediatamente, hermanita —respondió, caminando en dirección a la cocina—, no dejo para mañana, lo que puedo hacer hoy.
—Sí, ya me di cuenta —acoté, yendo detrás de él —. Oye, ¿y qué cuenta Gaara?
—Nada en especial, sigue tan trabajólico como siempre —espetó, a su vez que abrió el refrigerador—, no sale casi nunca de la oficina. Aunque últimamente, lo he visto muy cercano a una chica nueva que trabaja en recursos humanos.
—Me alegro por él —saqué unos vasos para que mi hermano, los llenara con juego—. Gaara es el único que se ha dedicado en cuerpo y alma, a velar por el buen funcionamiento de la empresa que nos dejó nuestro padre. Tú con suerte vas a trabajar.
—Oye, hago lo que puedo —rechistó mientras llenaba los vasos—. Aunque tú tampoco debieses recriminarme, nunca quisiste trabajar allí.
—Tú sabes, que lo que yo estudié no lo puedo aplicarlo en la empresa —tomé mi vaso y le di un sorbo—. Es una empresa intermediaria en lo que respecta a la cadena de distribución.
—Lo sé, hermanita. Estás haciendo lo que te gusta hacer; nuestro padre estaría muy orgulloso —sonrió con un deje de nostalgia—. Pero no nos coloquemos melancólicos, ¿qué es de tu vida?, ¿cómo te ha ido?, no te preguntó por el trabajo, porque sé que te ha ido de maravilla.
—Estoy bien, no me puedo quejar —señalé desinteresadamente.
—No seas tan modesta, hermanita, y cuéntame la verdad —espetó, luego de beber unos cuantos tragos de su vaso—, ¿quién es el susodicho que ha acaparado tu atención? Nos has ido a Suna en casi en dos meses.
No pude evitar sonreír, se notaba que era mi hermano, y lo mucho que me conocía.
—Con esa sonrisa te delataste, vamos dime quién es, ¿lo conozco? —espetó con interés, mientras sonreía.
—Sí, lo conoces.
Kankuro puso cara de pensativo, y luego volvió a sonreír.
—No me digas que volviste con el vago del Nara.
Sonreí sutilmente, y asentí.
—Me alegro por ti, hermanita —espetó contento, como aprobando la relación—. Nara es un gran tipo, algo holgazán, pero eso es un detalle.
—Sabes, Kankuro —acoté seriamente —, ahora, Shikamaru tiene otro detalle.
Mi hermano me miró extrañado, y arqueó una ceja.
—Por la forma que lo dices, debe ser un gran detalle—señaló con seriedad, dejando el vaso de jugo sobre el mueble de cocina— ¡No me digas que está casado!
Sus ojos me miraban expectantes.
—Bueno, digamos que casado no está —le expliqué, bajando el perfil al asunto —, pero tiene una novia.
Kankuro puso su semblante serio, y luego prosiguió.
—¿Y tú eres la otra?
—Pues…, sí.
Un silencio sepulcral se produjo en la cocina, lo cual me caló hasta los huesos.
—Ayyy hermanita, tanto que me criticaste en la preparatoria, cuando yo era novio de Yukata y también andaba con Sari, por nombrarte uno de mis tantos casos —espetó divertido, relajando el ambiente.
—No es lo mismo —le refuté, dejando mi vaso sobre el mueble—, porque ellas eran grandes amigas.
—Bueno, eso pasó hace tiempo —acotó, restándole importancia a mis dichos. — Ahora, cuéntame, ¿quién es la novia de Nara?, ¿la conozco?
La intriga se reflejaba en su rostro.
—Yamanaka —le solté sin tapujos.
—Hey, yo siempre te dije que ella estaba loca por él, y tú me decías que no, que sólo tenían una bonita amistad —alegó, y enseguida abrió el refrigerador para sacar dos latas de cerveza.
—Tienes razón, creo que por eso no me extraño verlos juntos en el cumpleaños de TenTen —acoté, recibiéndole una cerveza.
—¿Y ahí fue dónde te lo volviste a agarrar? —señaló como si nada, mientras abría su lata, para luego ingerir unos sorbos de la amarga bebida.
—¡Kankuro!, no me preguntes detalles —espeté, incómoda.
—¡Ya sé!, fue a la salida de la fiesta —continuó atacándome con una sonrisa en los labios, y mirándome con malicia—. Apuesto que te lo trajiste para acá. —No me mientas Temari, porque te acabas de poner roja, jajajaja
Hablar de ese tipo de cosas con Kankuro, siempre había sido bochornoso para mí.
—¡Ya basta, Kankuro!, no seas intruso —odiaba que hiciera eso, pero era parte de su esencia.
—Pero, Temari, si me estás revelando tu secreto, me lo tienes que contar completo —continuó presionándome. Mi hermano sabía que si insistía, algo me podía sonsacar.
—¡No me lo traje!, ¡él me siguió!, ¡estás contento! —chillé de sopetón, y enseguida me puse seria. —Bueno, en resumen, desde ese día estamos juntos —señalé, y enseguida bebí de mi cerveza, esperando la réplica de Kankuro.
—¿Y ni te arrugas en decírmelo? —espetó con sorna, y el rostro radiante—, eres una descarada, tal como yo. Eres digna hija de Sabaku no Rasa, jajajajaja. Si no andamos con dos personas a la vez, o somos el amante exclusivo de alguien, no somos nosotros. Es algo que llevamos en la sangre.
—No digas eso, no es algo de lo que me deba jactar.
—Pero, dime la verdad, Temari, no es genial sentir esa adrenalina de andar haciendo algo indebido, sin que sepa el resto —acotó, escudriñándome con la mirada.
—Bueno, debo reconocer que es excitante.
—Así, me gusta que hables Temari, sin titubeos —alardeó, alzando la lata de cervezas en señal de brindis—, a los Sabaku nos gusta el peligro. Los restos de nuestro padre deben estar revolcándose de felicidad en el cementerio, ya que su primogénita salió tal como él, hija de tigre jajajaja.
—Ya deja de alardear y ayúdame a preparar los sándwiches —dejé mi cerveza sobre el mueble, y saqué una bolsa de pan del cajón.
Kankuro abrió el refrigerador, e inspección detenidamente lo que había adentro.
—¡Compraste carne y queso!, sin duda, eres la mejor —acotó alegre, sacando los productos.
—Sé cómo llenar tu estomago Kankuro, por algo soy tu hermana —sonreí con suficiencia, recibiéndoles las cosas.
—Oye, hermanita ¿y cuándo Nara vendrá por estos lados?, ¿hoy?
—No, hoy no, pero mañana vendrá en la tarde, ya que es viernes —espeté relajadamente, mientras lavaba la carne, para luego, aliñarla. Sin embargo, recordé que debía decirle un par de cosas a mi hermano—. Kankuro, para mañana te pediré dos cosas: uno, no le digas ninguna estupidez a Shikamaru; y dos, quiero que cuando él llegué, tú lo saludes, y desaparezcas de aquí.
—¿¡Queeeé!?
—Lo que escuchaste, necesito privacidad.
—Oye, Temari, si necesitas un lugar donde hacer tus cochinadas, tienes tu habitación; yo no te molestaré, a menos que sean muy escándalos o efusivos.
Miré hacia el techo y suspiré. Comencé a contar mentalmente hasta diez.
—Okey, ya entendí —acotó resignado, mientras terminaba de beber su cerveza—. Llamaré a Inuzuka para programar una junta.
De seguro mi semblante debió haberlo asustado.
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Una vez preparados los sándwich, nos sentamos a comer en el comedor.
—Sabes, Temari, no entiendo como Yamanaca, no se ha dado cuenta que Shikamaru la engaña. Ella no es ninguna tonta, siempre se destacó por ser muy astuta en ese tipo de temas.
—Lo sé, pero según lo que dice Shikamaru, ella está tan obsesionada con su trabajo, que no se da cuenta de nada —acoté, mirando como mi hermano se devoraba el sándwich.
—De todas formas, no me cuadra —espetó con la boca llena, dándole un trago a su cerveza—. Puede que ella esté presente en cada uno de los eventos que organiza, pero el día del evento, no es necesario que se quedé hasta que éste finalice, se supone que hay un grupo humano trabajando junto a ella, a menos que…
—¿A menos qué? —inquirí curiosa, dando en seguida, una mordida a mi sándwich.
—A menos que uno de sus colaboradores sea su amante, y todo el esmero que pone en su trabajo sea sólo una fachada —señaló, sacando otro sándwich y dejándolo en su plato.
—¿Tú crees? —acoté, no muy convencida de sus palabras—, tengo mis dudas.
—Te lo doy firmado, como que me llamo Kankuro. Y como voy a estar como tres semanas por aquí, te lo voy a demostrar.
—¡Tres semanas!
—Por la cara que pusiste, veo que no te gusto la noticia de cuánto durará mi estadía —espetó con seriedad.
—No es eso Kankuro, pero… pero, ¿qué será de Gaara, solo en la empresa? —fingí preocupación por mi otro hermano. No podía decirle que su estancia aquí, de cierto modo, arruinaría mi nido de amor.
—Gaara es más listo que nosotros dos juntos, sabrá arreglárselas solo —señaló, luego de beber un poco de cerveza—. Además, él fue el que me sugirió que te viniese a acompañar un par de semanas.
—Un par de semanas, son dos —puse énfasis en la última palabra.
—No hay mucha diferencia entre dos y tres —espetó con sorna, sonriendo a continuación.
—Lo único que sabes es sacar la vuelta —acoté fastidiada.
—Hey, he trabajado muy duro durante todo el año, necesitaba de unas vacaciones. Además, las mujeres en Konoha necesitan de un galán con mis cualidades —la seguridad de sus palabras me causaron mucha gracia.
—jajajaja, había olvidado que tenía a un hermano rompecorazones.
—No rías Temari, lo que pasa es que tú me ves con ojos de hermana, por eso no puedes ser objetiva.
—Puede que tengas razón —me puse de pie y comencé a recoger las cosas que estaban en la mesa. —Kankuro, enciende la televisión y mira algún programa, yo por mientras iré a lavar todo esto.
—Está bien, Temari —se encaminó hacia el sillón y se sentó a sus anchas. —Aprovecharé mandarle un whatsapp a Inuzuka.
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Luego de lavar la loza y limpiar la cocina, me fui a sentar junto a Kankuro, que estaba viendo el noticiero.
—¿alguna noticia importante?
—No, lo mismo de siempre: robos, accidentes, asesinatos, entre otros.
—¿Hablaste con Kiba?
—Sí. Él cree que podrá juntarse conmigo mañana por la noche, ya que su novia tiene un compromiso con su familia o algo así. Mañana nos juntaremos a almorzar, así que ahí me confirmará.
—Entonces, me avisas —espeté con seriedad, mirándolo de reojo.
—Por supuesto, hermanita —sonrió sin dejar de ver el noticiero.
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Eran casi las cinco de tarde del día viernes, y Kankuro no me había enviado ningún mensaje. El muy maldito tenía el celular apagado, no había forma de comunicarme con él. Faltaba como cincuenta minutos para que terminara mi jornada laboral, y yo, en lo único que pensaba era en desollarlo vivo.
—Inhala y exhala, Temari —me dije con los ojos cerrados —. Cuenta hasta diez y vuelve a repetir el ejercicio, tres veces más. Relájate que falta poco para que sean las seis.
Apenas el reloj marcó las seis de la tarde, salí de la oficina como alma que lleva el diablo. —Ya se las verá conmigo ese imbécil —pensé.
Bajé rápidamente al estacionamiento, me subía a mi automóvil y salí como flecha de ahí.
Había pasado sólo quince minutos desde que salí de la oficina, y ya estaba en el estacionamiento de mi edificio. El regreso a mi hogar lo había hecho en tiempo record, seguro fue porque no respecte ninguna señal de tránsito. Tomé el primer ascensor disponible y marqué el séptimo piso. Apenas abrió la puerta el ascensor, salí como caballo de carrera hacia mi objetivo: Kankuro.
Saqué las llaves de mi cartera y abrí la puerta. Al parecer, Kankuro estaba viendo alguna película de acción, ya que se escuchaban extraños sonidos.
—Debo asumir que no me llamaste, porque no vas a ir a ningún lado —espeté furiosa, mientras me iba acercando al sillón.
—Hola, hermanita, supones bien —respondió, ignorando mi enojo, y sin despegar la vista de la televisión—, ¿para qué te iba a llamar?, si me voy a quedar acá —su tono relajado me sorprendió—. Y a todo esto, ¿a qué hora llegará mi cuñado?
—Como en unos cuarenta minutos más, así que anda armándote un panorama, porque apenas llegue, tú te irás —bramé, arrugando el entrecejo y colocando mis brazos en posición de jarra.
—Cálmate, Temari. Hoy no voy a salir, porque Inuzuka se echó para atrás —giró su rostro, topándose con mis ojos que literalmente destellaban fuego—. Al parecer, todos los hombres que conozco en Konoha, tienen novia, y éstas, los dominan como quieren.
—Me da lo mismo si tienes con quien salir o no; pero de lo que estoy segura, es que hoy sí saldrás —señalé furibunda, acercándome más a él.
—Temari, te juro por Kamisama que tenía pensado salir solo a un bar, ya que ahí, de seguro me iba a encontrar a más de un fémina sin compañía, pero sucedió algo sorprendente, que hizo que todos mis planes cambiarán.
La forma en que me hablo, hizo que mi enfado desapareciera, logrando captar totalmente mi atención.
—¿Qué sucedió? —inquirí curiosa.
—¿No estás viendo? —señaló la pantalla de 62 pulgadas que estaba en la pared —. Es la maratón de Star Wars. Cuando llegué de almorzar con Inuzuka, y encendí la televisión, me encontré que hoy darían estas películas de culto, las siete seguidas, por lo tanto decidí quedarme en casa. Mira la mesa de centro, tengo papas fritas, queso, jamón aceituna, palomitas de maíz y cervezas. Estoy preparado para las catorce horas de acción. ¡Ni a palos me sacarás de aquí!
—¡Eres un maldito, Kankuro! —chillé y me tiré encima de él para golpearlo —, te dije que tenías desaparecer del apartamento.
—Pero, Temari, cálmate, no es tan terrible —espetó, mientras se protegía el rostro con las manos, el muy vanidoso—, si quieres me voy a ver la maratón a mi habitación, cuando termine la segunda parte, ya va en la mitad.
—¡No me calmo! —refunfuñé, mientras le daba golpes de puño por donde le cayeran —, te dije que hoy te quería fuera de aquí; ya te expliqué mi situación.
—Temari tranquilízate, lo mejor que puedes hacer ahora es ir a arreglarte —habló como pudo, Kankuro, apuntando el reloj mural—. Mira la hora, Nara debe estar por llegar.
—¡Maldición!, tienes razón —me paré rápidamente y me fui taconeando a mi habitación.
—Arréglate tranquila, hermanita; no te preocupes, yo lo recibo.
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En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en mi habitación. Estaba furiosa, por la situación, pero no me iba a dar por vencida, algo se me tenía que ocurrir para sacarlo de aquí.
Caminé hacia el armario para sacar una toalla, y la ropa que me iba a poner. Dejé las cosas sobre la cama, y comencé a desvestirme. Sólo me faltaba sacarme la ropa interior, cuando mi mente se iluminó.
—TenTen —musité alegre, al nombrar a mi salvadora.
Rápidamente saqué mi móvil de la cartera y le marqué, pero la odiosa voz de la operadora me contestó. La muy desgraciada tenía el celular apagado.
Insistí un par de veces más, pero nada; así que le mandé un par de mensajes vía whatsapp, por si acaso estaba fuera del área de cobertura, pidiéndole auxilio.
—Kamisama, por favor, has que TenTen vea los mensajes —supliqué mirando hacia techo.
Terminé de desvestirme y me fui a bañar.
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POV Shikamaru
Era las siete de la tarde, cuando llegué al apartamento de Temari. Iba a tocar la puerta, pero cierto sonido llamó mi atención. Acerqué mi oído a ésta, y reconocí la banda sonora.
—Star Wars —susurré, y enseguida sonreí.
Toqué la puerta.
En cosa de segundos, la puerta se abrió.
—¡Cuñado!, ¿cómo estás? —me dio un golpe de mano y luego me la apretó. El típico saludo que nos dábamos en el colegio —, pasa rápido, que estoy viendo una película.
—Star Wars —acoté, sonriendo.
—Reconociste la banda sonora desde afuera —espetó, caminando hacia el sillón.
—Imposible no reconocerla —le dije, mientras lo seguía.
—Toma asiento. ¿Quieres una cerveza?
—Bueno, te acepto una.
—Mi hermana se está arreglando —señaló, caminado hacia la cocina—, así que por mientras seré tu anfitrión. Si quieres comer, sírvete.
—Gracias, Kankuro.
Sabía que me iba a encontrar con Kankuro, pero nunca esperé que fuera tan ameno. Temari me dijo que le había contado lo nuestro, y al parecer tenía razón, no se espantó.
—Toma, Nara —me pasó la cerveza y se sentó—. Estoy viendo la maratón de Star Wars.
—¿Las siete películas de una? —inquirí, después de beber un sorbo de mi cerveza.
—Sí, catorce horas de acción, y recién voy en la parte dos —sacó un puñado de palomitas de maíz, y se las echó a la boca.
—La parte tres es muy buena —comenté, sacando unas cuantas papas fritas.
—Cada parte tiene su encanto —sonrió, sin desviar la mirada de la pantalla.
Kankuro dejó de prestarme atención, así que me acomodé en el sillón para ver una de mis sagas favoritas.
(Fin del POV Shikamaru)
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Me estaba secando el cabello, cuando escuché la voz de Shikamaru. Apagué el secador, y tomé mi celular.
—¡Maldición!, TenTen todavía no ve el mensaje —musité preocupada.
La llamé una vez más, pero nuevamente el celular sonó apagado. Dejé mi móvil en la mesita de noche, y me senté en la cama.
—No me rendiré. De alguna manera sacaré a Kankuro de aquí —susurré y cerré mis ojos.
A los pocos segundos, me puse de pie y fui al baño a maquillarme.
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Salí de mi habitación, y me dirigí a la sala. Ahí estaban los dos con ojos literalmente pegados en la pantalla.
Avancé hasta el sillón.
—Hola Shikamaru —espeté, tratando de llamar su atención.
—Temari, no te escuché llegar —desvió por un momento sus ojos de la pantalla, y me sonrió.
Al ver que no hizo nada más, dejé mi móvil sobre la mesa de centro, y me senté junto a él.
Lo abracé.
El sonido de la película volvió a inundar la sala, y yo no haya que hacer. Nunca me había gustado esa saga, y hoy extrañamente la estaba viendo junto a Shikamaru, y el idiota de mi hermano.
—Kamisama, por favor, hazme el milagro —pensé mirando el celular.
Y de la nada, éste vibró.
Inmediatamente, solté a Shikamaru, y cogí el celular.
Era TenTen.
Sin perder tiempo, me puse de pie, y me alejé de ese par.
Contesté.
—Hasta que te dignas a devolverme el llamado, ¿por qué te demoraste tanto? —la regañé entre molesta y ansiosa.
—Hola Temari. Lo siento, el móvil se me descargó, y lo cargué sin encenderlo. ¿Qué te pasó?, me enviaste muchos mensajes pidiendo auxilio —espetó con curiosidad.
—Ayyy, TenTen, eres mi salvadora, no tengo a quién más recurrir.
—Dime, para qué soy buena.
—Necesito que me hagas un gran favor.
—No me hables con tantos rodeos y dime de una vez.
—Kankuro está en mi apartamento, y necesito que lo saques de aquí.
Mi amiga no respondió.
—TenTen, ¿estás ahí? …Aló.
—Ayyy, Tema, ¿por qué tengo que ser yo? —se quejó de tal manera que me hizo reír.
—Porque usas falda, por lo tanto, él no podrá negarse — acoté, riéndome.
—¡Vaya! ¡Qué fácil es tu hermano!
—Tú sabes muy bien cómo es él, no te hagas la santurrona.
—Hey, Tema, ¿qué insinúas?, me ofendes.
—No nos saquemos la suerte entre gitanas, TenTen.
—Aaarg… ¡está bien!, dame cinco minutos y lo llamó. Mándame el contacto.
—¿Creí que lo tenías?
—¿Y por qué debería tenerlo?
—No sé… te suena año nuevo en Suna.
—Haré como que no escuché. Ahora te voy a cortar, porque lo voy a llamar.
—Okey, suerte.
Apenas corté la llamada, regresé a la sala como si nada. Me acerqué al sillón donde estaba sentado Shikamaru y apoyé mis brazos en el respaldar.
En cosa de segundos, un sonido llamó mi atención.
—Diablos, ¿quién será? —espetó, Kankuro, mirando la pantalla de su móvil. Por la cara que puso, no conocía el número.
—¿Diga? —preguntó en un tono seco.
No sé qué barbaridad le habrá dicho TenTen, pero su semblante cambió radicalmente.
—Espera, voy a mi habitación, porque la señal en la sala está muy mala—acotó en un tono seductor, y una sonrisa de oreja a oreja que me sorprendió. Rápidamente se puso de pie y despareció por el pasillo.
Yo estaba más que feliz.
Estiré mis brazos, y rodeé el cuello de Shikamaru desde atrás del sillón.
—Por fin, solos —susurré con mi labios cerca de su cuello.
—¿Y Kankuro?, ¿dónde está? —miró para todos lados sin dar con el objetivo.
—Olvídate de Kankuro, y aprovechemos el rato que se va ausentar —musité comenzando a devorar su cuello.
—Pero… pero faltan quince minutos para que termine…, se perderá el final —espetó apenas, tratando de no perder la concentración en la película.
—Créeme que a él, ya se le olvidó la película —, me separé de su cuello, y caminé deslizando mis manos por el borde del sillón—, y de un momento a otro, a ti también se te olvidará.
Me paré enfrente de él, y lo miré con deseo.
Sus ojos, ya no se enfocaron en la pantalla, sino en mí.
—Creo que yo tampoco veré el final —sonrió con lascivia.
Me acerqué a él con sensualidad, y éste sorpresivamente, me jaló de una mano, haciéndome caer encima de él.
Asaltó mi boca lujuriosamente, y me comenzó a manosear.
No llevábamos ni cinco minutos entre besos y sobajeos, cuando una odiosa voz nos interrumpió.
—¡Wow!, ¡cuánta pasión!
La voz de mi hermano, hizo que Shikamaru me corriera bruscamente hacia un lado. Rápidamente, él se puso de pie, mientras yo quedé sentada sobre el sillón.
—Tranquilo hombre, ya me voy —sonrió burlesco, Kankuro—. El apartamento queda a su libre disposición, pueden hacer las cochinadas que se les antojen. —Hermanita no me esperes despierta, porque no sé si llegaré a dormir —espetó de manera irónica, abriendo la puerta de salida. Sin embargo, algo lo hizo frenar en seco.
—¿Qué mierda se te quedó ahora? —espeté molesta, frunciendo el ceño.
—Se me quedó la billetera —respondió con falsa inocencia —. Cuñado, ¿me la puedes pasar?, está sobre ese mueble.
Shikamaru caminó con parsimonia, hacia el mueble que Kankuro le señalo. Tomó la billetera, sin apuro, y se la entregó en sus manos.
—Gracias, cuñadito, nos vemos. Que la fuerza te acompañé —se despidió con sorna, tocando su hombro, y enseguida cerró la puerta.
—Adiós, Kankuro —respondió en un susurro.
A los pocos segundos, Shikamaru giró su cuerpo en sentido contrario, topándose sorpresivamente conmigo.
—Veo que no puedes estar ni un segundo sin mí —musitó con suficiencia, ciñéndome a su cuerpo.
—Sólo vengo a castigarte, por haberme ignorado en un comienzo — susurré cerca de su rostro; y sin decoro, deslicé mi mano derecha posándola sobre su miembro. Lo que hizo que él se estremeciera.
—No seas rencorosa, mujer —su tono lascivo, encendió mis más bajos instintos, lo que hizo que mi mano que estaba sobre su erección, se aventurara a desabrochar tanto el cinturón como el botón del pantalón—, fue mi fanático interno, el que no te prestó atención hace un rato atrás, pero si tú quieres, te lo puedo compensar con creces.
Al terminar su frase, metió su mano libre por debajo de mi vestido, y pellizcó una de mis nalgas.
—Igual mereces una tortura por perverso —musité sobre su boca, mordiendo su labio inferior; a su vez que mi mano bajó el cierre de su pantalón.
—Está bien, mujer…, le pondré… el pecho a las balas —susurró con dificultad, al sentir mi mano envolver su prominente miembro, y en seguida atrapó mi boca en un ferviente beso.
Enredé mi lengua con la suya, y comencé avanzar con él hasta la pared. Me había cedido el control, así que podía hacer y deshacer.
Continué besándolo con pasión, mientras mi mano lo masturbaba con ahínco. En respuesta, él me apretujaba el trasero con fervor, sin dejar de saborear mi ansiosa boca.
Pocos segundos estuvimos así, ya que corté el beso de forma intencional. Desabotoné velozmente su camisa, y deslicé mi boca por su cuello hasta llegar a su bien formado torso, el cual succioné y la lamí con frenesí.
¡Por Kami!, ¡cómo no me iba a gustar este hombre!, si tenía todo tan duro, y el muy vago no ejercitaba nunca ni un solo músculo.
No quise seguir buscándole peras al olmo, así que seguí con mi tarea de degustar su exquisita piel. Su aroma tan varonil me incitaba a llegar rápidamente a la meta, y tomar mi premio de una sola vez.
Sin perder más tiempo, me arrodillé enfrente de él. Bajé su pantalón lo justo y necesario, y deslicé la tela de su ropa interior, dejando expuesto ese suculento bocado.
Mis ojos brillaron extasiados. ¡Por Kami!, ¡cómo lo había extrañado!, y siguiendo mis más bajos instintos, me lo zampé sin reparo.
Sentí como él se estremeció al momento que lo engullí, e instintivamente llevó sus manos sobre mi cabeza y me tomó firme del cabello.
Cada vez que deslizaba mi boca a lo largo de su erección, emitía uno que otro gruñido. Sabía cómo le gustaba que se lo succionara, así que le puse más ahínco y más pasión a mi grata labor.
—Ayyy, mujer…, lo chupas tan rico.
Sus jadeos comenzaron a aumentar, instándome a incrementar la velocidad de mis succionadas. A los pocos segundos, esto lo desesperó, por lo que me vi obligada a seguir el ritmo que él marcó, ya que empezó a mover mi cabeza de forma frenética. Ascendí y descendí mi boca velozmente por ese turgente pedazo de carne, siguiendo el vaivén que él hacía con mi cabeza. Quería que lo engullera todo, por eso me presionaba tanto ésta.
—Comételo completo, mujer…, es tuyo.
Sentí, como de repente, todo su cuerpo se tensó. Sus jadeos y gruñidos se intensificaron, lo que significaba que estaba a pocos segundos de alcanzar su orgasmo. Lo chupé unas cuantas veces más, y Shikamaru colapsó; vertiendo enseguida su esencia dentro de mi boca, la cual me tuve que tragar.
Su cuerpo se relajó.
Al sentir que dejó de presionar mi cabeza, saqué mi boca su miembro y alcé mi rostro.
—¿Te gustó Shika-kun? —lo miré con picardía, mordiéndome el labio inferior.
—Me encanta como lo chupas, mujer —musitó con lujuria, tomando mis manos para ayudar a levantarme.
—Y a mí me encanta tenerlo en la boca —espeté, alcanzando otra vez sus labios.
—Eres muy caliente, mujer —susurró sobre mi boca—. ¿Por qué mejor no continuamos esto en otro lado?
—¿Por qué mejor no seguimos en la sala?, Kankuro no está.
—¿Por eso querías que se fuera?
—Estaba estorbando —respondí, y luego mordí su labio—; y a mí me gusta usar todo mi apartamento en estos menesteres.
—¿Y con quién salió? —inquirió curioso, comenzando otra vez a sobajearme el trasero—. Se veía muy entusiasmado.
—Con TenTen —sonreí con malicia—. La llamé para que me hiciera el favor de sacarlo de aquí.
—Que buena amiga es.
—Es la mejor.
Nos miramos con complicidad, y luego sonreímos.
—¿Y nosotros en qué estábamos? —podía ver la lujuria en sus ojos, mientras avanzaba conmigo hacia el comedor.
—En que íbamos a usar todo el apartamento para hacer nuestras cochinadas —respondí con frenesí, al chocar con la mesa.
—Entonces comenzáremos por acá —susurró, girándome y bajándome las bragas con rapidez.
Completamente prendida, eché mi cuerpo hacia adelante, y me acomodé, apoyando mis manos en borde de la mesa.
Shikamaru, sin perder el tiempo, bajó por completo su pantalón y la ropa interior. Me sacó el vestido y desabrochó mi sujetador.
—Prepárate, mujer, porque te voy a follar duro toda la noche —su tono lascivo, me calentó a mil. ¡Cómo deseaba ya tenerlo adentro!
Corroboró con su mano lo húmeda que estaba, y luego me tomó firme por las caderas. Situó su hinchado miembro en la entrada de ardiente cavidad, y sin miramiento alguno, se hundió en mí de un sólo golpe.
Di un respingo ante tamaña intromisión, sin embargo, el placer que me provocaba era mayor, así que me dejé llevar por los fuertes embates que comenzó a propinarme mi hombre.
Sí, porque en este momento era mío, mío y de nadie más.
Me aferré con fuerza al borde de la mesa mientras recibía cada una de sus placenteras embestidas. Sentía como su erección se deslizaba sin dificultad, por mi mojada cavidad. Lo hacía de forma certera y profunda, llegando a tocar ciertos puntos que me hacían delirar.
—Ayyy, Shika —gemí obnubilada por las exquisitas sensaciones que sus estocadas me provocaban.
Mientras continuaba con su labor, guió una de sus manos hasta mis senos, los cuales sobajeó y pellizcó con desenfreno.
—Ayyy, Shika —volvía a gemir extasiada por sus placenteras atenciones.
De un momento a otro, aceleró el ritmo de sus arremetidas. Me penetraba con arrebato, como un loco desaforado.
Mis gemidos y jadeos se multiplicaron, ¡cómo no!, si ese hombre me embestía de forma tan brutal. Apreté fuerte mis dientes, y me aferré con más fuerza al borde de la mesa, necesitaba de alguna manera, resistir estoicamente sus duras arremetidas.
Volvió a incrementar el ritmo de sus estocadas, lo que me extasió de forma desmesurada. Su vaivén frenético produjo una fricción tan exquisita, que mi cuerpo, en pocos segundos, hizo un corto circuito.
—Ayyy, Kamisama.
Me estremecí bruscamente, tocando literalmente el cielo. Había alcanzado un delicioso orgasmo, al mismo tiempo que él esparció su tibia esencia dentro mi sinuosa cavidad.
Había sido una exquisita contienda, la primera de la noche, que acababa de comenzar.
—Gracias Tenten, por llevarte al odioso de mi hermano.
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CONTINUARÁ…
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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre son motivadores.
Nota: Este capítulo fue mucho más largo (casi seis mil palabras), ya que originalmente iban a ser dos. Espero compensar con esto, el tiempo de espera. En el próximo capítulo detallaré lo que sucedió en la salida de Kankuro y TenTen.
El próximo fin de semana no publicaré nada, ya que no estaré en la ciudad. Para el sub siguiente, supongo que subiré el capítulo final de Problemática rivalidad profesional.
Disculpen las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré.
Que tengan un buen domingo, y una mejor semana. Saludos.
