Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí, hoy les traigo el capítulo ocho de un fic que suelo dejar abandonado. Siento mucho no poder actualizar más rápido, pero a veces las ideas no llegan o simplemente se esfuman. Espero que les guste este nuevo capítulo :D
.
Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
.
Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi última actualización: Yi Jie-san, ANABELITA N, Bebitapreciosa, andreina. salomon, Roronoa Saki y Marfer Hatake. Gracias chicas por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo.
.
.
Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
.
Sin arrepentimientos
.
Capítulo 8.- Comenzando a razonar.
.
POV Temari
Aquí estaba yo almorzando con ese par, era impresionante la química que tenían, si no lo estuviese viendo no lo creería. Era realmente cierto ese dicho que dice que Dios los cría y el diablo los junta.
—Pásame esa cerveza, Kankuro —le reclamó, mi amiga, de forma autoritaria —, ya te has tomado todo el pack de cervezas tú solo.
Trataba de quitarle la lata, pero él levantaba el brazo con tal de no pasársela.
Aguanté la risa.
—Pero si para eso las compré, para tomármelas —le respondió mi hermano con su típica ironía.
Sonrió de forma burlesca.
Mi amiga al ver que no iba conseguir nada discutiendo con él, optó por pedirme ayuda.
—Temari, dile algo —chilló, Tenten.
No pude evitar sonreír de forma maligna.
—Kankuro está bastante grandecito para saber cuándo debe detenerse —articulé con sorna. Ella sabía muy bien que la ironía era una característica típica de nuestra familia.
Mi hermano me miró sonriente.
—Así se habla hermanita —espetó divertido para luego desviar su mirada hacia mi amiga—. Tenten, tú sabes como soy, en vez de estar pidiéndole a mi hermana que te ayude, deberías estar acompañándome con una copa de vino.
Tenten ignoró sus dichos, me miró suplicante.
—Amiga, ayúdame, por favor —acotó nuevamente, y yo resoplé resignada. Dirigí la vista hacia mi hermano.
Arrugué el entrecejo.
—Deja de estar haciendo el ridículo, Kankuro —alcé mi voz para regañarlo—, recuerda que estás en casa ajena.
Él inmediatamente se defendió.
—Hermanita, te recuerdo que estoy acá porque me exiliaste —me respondió éste, de forma sardónica—, o si no estaría bebiendo tranquilamente en tu apartamento.
Entendí su punto, ya que se suponía que él era mi visita.
Sonreí forzadamente.
—Kakuro, sólo será los fines de semana —volví a repetir lo que ya le había explicado con anterioridad, sin embargo, esta vez amplié aún más el tiempo que él debía estar afuera—. Te vas los viernes por la noche, y los domingos al mediodía puedes regresar.
Esperé atenta su réplica.
—No hay problema, hermanita —me respondió como si nada, cosa que me extrañó. Era muy raro que no me hiciera un berrinche.
Lo miré con detenimiento.
—¿Acaso no me va a decir nada? —inquirí extrañada. Comenzaba a dudar que el tipo que estaba enfrente de mí fuera mi hermano.
—No, ya suponía que me dirías eso —espetó con suficiencia—, por eso le pedí alojamiento a Tenten para los fines de semanas e intermedios, porque habrá intermedios ¿verdad?
—Pues… sí —le respondí apenas, no podía creer lo que me estaba diciendo, sin embargo, a los pocos segundos reaccioné, y giré mi cara hacia esa loca.
—¡Tenten, le darás alojamiento permanente a este idiota! —exclamé exigiendo una explicación.
—¡Qué otra cosa querías que hiciera!, ¡no soy tan mala persona! —me respondió de lo más normal—. Además, no puedo negar que tu hermano hace mis días más entretenidos.
Quedé literalmente con la boca abierta.
—Ves hermanita, ella sabe muy bien lo que es bueno —espetó, Kankuro, con presunción, captando por completo mi atención.
—¡Ya basta! —alcé la voz, golpeando la mesa —. ¡Me pueden aclarar que hay entre ustedes! Yo me quedé en la parte que anoche salieron, ¿qué más pasó?
Miré a mi amiga.
—Ayyy Tema, esas cosas no se preguntan —respondió Tenten, bajándole el perfil al asunto. Se sirvió una copa de vino.
Desvié la vista a mi hermano, frunciendo el entrecejo.
—No me mires así —se defendió, Kankuro, dejando la cerveza en la mesa y levantando las manos —, tú sabes que un caballero no tiene memoria.
Bufé.
—¡Lo sabía!, ¡lo sabía!, siempre lo supe y ustedes lo único que hacían eran negármelo —les reclamé, no tanto a mi hermano que es «un tiro al aire», sino a Tenten, la que se dice ser mi amiga. Pasé mi vista por ambos rostros.
—¿De qué hablas hermanita? —inquirió, mi hermano, haciéndose el idiota.
Fijé mi mirada furiosa en él.
—No voy hablar contigo, Kankuro, sino con esta traidora —le respondí de mala manera, para luego apuntar a Tenten, con mi dedo acusador.
Mi amiga me miró con aflicción.
—¿Me… me llamaste traidora? —inquirió apenas. Me conocía muy bien, sabía que estaba furiosa.
La miré gélidamente.
—Sí, porque no sé de qué otra forma puedo llamar a la amiga que me oculta las cosas —le respondí secamente sin disimular mi molestia.
—Pero Tema… —susurró. Sus ojos se pusieron acuosos.
—Nada de «pero Tema», Tenten, y contesta mi pregunta —espeté molesta, con mi mirada fija en la suya— ¿Desde cuándo te estás comiendo a mi hermano?
Ella frunció la boca. Se veía complicada.
—Desde el año nuevo que pasé en Suna —me contestó con algo de vergüenza, cosa muy rara en ella, sin embargo, su respuesta no me sorprendió. A fin me estaba confirmando lo que siempre había sospechado.
—¿Y dos años te demoraste en reconocérmelo? —inquirí normalizando un poco el tono de mi voz.
Ella resopló.
—Con qué cara te lo reconocía, si el día anterior te había dicho que estaba dispuesta hacer lo que fuese para recuperar a Neji —acotó con sinceridad, limpiándose las lágrimas que amenazaban por salir.
La miré con cariño.
—Somos amigas Tenten, sólo debiste haber confiado en mí. Yo a nadie le hubiese contado sobre tu desliz, mucho menos a tu ex —le hablé con empatía —, pero después… ¿por qué no me contaste?
Ella se mordió el labio.
—Porque… porque me dio vergüenza reconocerlo —acotó en un susurro.
—¿Qué acaso te doy vergüenza? —intervino, Kankuro, como siempre arruinado el momento.
Ambas lo miramos con ceño fruncido.
—¡Ya cállate idiota! —exclamamos al unísono.
—Está bien, me callo —nos respondió algo molesto, para luego ignorarnos y servirse una copa de vino.
Volví a mirar a mi amiga.
Ella tragó saliva.
—¡Cómo te lo contaba, si era tu hermano! —espetó tratando de que la comprendiera—, el mujeriego empedernido que no deseas ni para tu peor enemiga.
Iba a responderle, pero cierto idiota me interrumpió.
—Temari, me acabo de dar cuenta que me has estado haciendo mala fama —acotó, mi hermano, haciéndose el ofendido.
Lo fulminé con la mirada.
—Ya entendí —acotó asustado, y enseguida se puso de pie —. Mejor voy a la cocina a repartir el postre.
Prácticamente, huyó del comedor.
Volví a mirar a mi amiga.
—Tenten, yo no soy nadie para juzgarte —espeté con franqueza—. No tengo la moral suficiente para hacerlo. Tú puedes hacer con tu vida lo que dé en gana, si tú crees que eso está bien. Ahora si tienes alguna duda, con tus acciones, yo obviamente te daré mi opinión, pero es sólo eso… una opinión.
—¿Estás enojada conmigo? —inquirió, mi amiga, con su mirada arrepentida.
La miré con cariño.
—No, Tenten, para nada —le respondí con suavidad, tomándole la mano—. No puedo estarlo, si eres como mi hermana — a los segundos, sonreí con malicia—. Eso sonó como sarcasmo.
Ella sonrió, y al instante, apretó mi mano.
—Ayyy Tema, perdóname —espetó con sinceridad —, nunca más te omitiré nada, ni mucho menos te mentiré, es una promesa.
Le sonreí abiertamente.
—¿Y te das cuenta por el idiota por el cual casi nos peleamos? —inquirí con sorna.
Ella se rió y achicó los ojos.
—Sí, parece chiste —acotó en su tono característico.
—¿Ya se arreglaron? —inquirió de repente, «el rey de roma», captando la atención de ambas—, no sé porque creo que se están riendo de mí.
Nos reímos en su cara.
Supongo que confirmó su hipótesis, ya que nos miró de mala manera.
—Ven, Kankuro —le llamé alegremente, haciéndole una seña—, no te quedes ahí parado. ¿Supongo que ya repartiste el helado?
Inmediatamente cambió su semblante. Eso era lo que me gustaba de él, que daba vuelta la página enseguida.
—Pues sí, sólo estaba esperando escuchar alguna risa antes de asomar mi cabeza —me respondió con sinceridad.
Sonreí por inercia y negué con la cabeza.
—Eres un cobarde, Kankuro —le dije en mi tono habitual, y éste sólo sonrió—, pero eso ya no importa, trae el helado que tenemos hambre.
.
.
.
Después de repetirnos el postre, fue mi turno de lavar la loza. Había sido un almuerzo bastante agradable, pese al impasse que tuve con Tenten. Lo bueno es que pudimos solucionarlo, ya que enemistarnos por culpa de mi hermano, hubiese sido absurdo.
—Así que todos esos viajes extraños que hiciste entre el año pasado y el primer semestre de este año, fueron para juntarte con el idiota de mi hermano —aseveré tranquilamente, mientras jabonaba los platos.
—Así como lo dices, suena tonto —me contestó, mi amiga, en su tono habitual —, pero sí, estás en lo cierto.
Sonreí negando con el rostro.
—Y yo que creí que estabas estudiando un post grado en otra ciudad —acoté en un tono divertido—. Bueno, eso fue lo que tú me dijiste, y yo, la tonta, te creí.
Tenten soltó una pequeña carcajada.
—Todavía tú estabas en Iwa, Tema —respondió alegremente, mientras recogía los platos del escurridor para secarlos —. Era fácil echarte una mentira por el teléfono o por mensaje.
Resoplé.
—Tienes razón —le dije con una sonrisa, mientras terminaba de enjuagar las copas y los cubiertos—, pero… pero ¿por qué después no se siguieron juntado? Recuerdo que en ese tiempo, cuando yo te pregunté si acaso habías terminado tu post grado, tú me dijiste que sí, que sólo te falta tu trabajo final.
Dejé las últimas cosas en el escurridor, para luego girar hacia ella.
—Tuve un pequeño impasse con Kankuro —se sinceró, mi amiga, cogiendo los cubiertos para secarlos. Fijo su mirada en la mía—. Días antes de juntarme con él, había tenido unos días muy ajetreados en la universidad, por ende, mi paciencia estaba casi al límite —frunció la boca y luego prosiguió—. Ese fin de semana, mi paciencia colapsó. ¡Tú sabes cómo es tu hermano! En resumen, lo mandé a la mierda.
Su explicación me causó bastante gracia.
Sonreí.
—Creo que mucha junta conmigo te está haciendo mal, Tenten —señalé divertida —, se te están pegando mis malas mañas.
Ella me sonrió de vuelta.
—Puede ser —acotó serena. Desvió su mirada hacia el cajón donde guardó los cubiertos.
—Me gusta verte alegre, Tenten —espeté con sinceridad, captando de inmediato su atención. Me miró fijamente—, sin necesidad que te rías, te ves radiante.
—No exageres, Tema —me respondió dejando el paño de cocina sobre el mueble.
—No estoy exagerando, amiga —confirmé mis dichos con una sutil sonrisa—. Mira que te he observado desde que llegué, e irradias pura felicidad. ¿Quién diría que el idiota de mi hermano tiene buena mano?
Esbozó una sonrisa.
—No puedo negar que ese tonto hace mi vida más divertida —espetó con franqueza —. Creo que ese es su don.
—¿Ser un payaso? —inquirí con falsa curiosidad—, siempre lo ha sido.
Ambas nos reímos.
—Pero entiendo tu punto, Tenten —acoté con sinceridad—, su personalidad es especial.
Nos quedamos en silencio por unos segundos, hasta que ella decidió tomar la palabra.
—Siguiendo con el tema sobre lo que irradiamos… no te vi con muy buena cara cuando llegaste, ¿qué te pasó? —preguntó con curiosidad. Sus ojos color chocolate me miraron con detenimiento.
Resoplé.
—¿Lo notaste?, y yo que pensé que lo había podido disimular, ya que Kankuro no me preguntó nada —sonreí forzadamente.
—Puedes engañar a tu hermano, Tema, pero no a mí —acotó, mi amiga, con empatía—. Cuéntame, ¿por qué te veías triste?
Respiró hondo.
—Desde de la semana pasada, ya no me gusta quedarme sola —espeté muy a mi pesar, ya que no me gusta mostrar debilidad—. Me refiero a que cuando Shikamaru se va, siento un gran vacío. No me gusta sentir eso, pero… pero es algo que no he podido evitar.
Tenten me miró comprensiva.
—Lo estás comenzando a extrañar —aseveró con empatía—, eso tarde o temprano te iba a pasar.
Fruncí la boca.
—Pero eso está mal, no quiero ser dependiente de él —espeté con un deje de preocupación, bajando la mirada.
—No, Temari, no se trata de dependencia —acotó con convicción, mi amiga —, sino que tu «yo interno» quiere compartir más momentos con él, ocupar el tiempo libre con él. No me refiero a las típicas juntas que tienen ustedes dos, sino a vivir otro tipo de momentos, como lo es: ir a un restaurant, salir a caminar a un parque o ir al cine; como cualquier pareja normal.
Alcé la mirada, tornando mi semblante a uno serio.
—Te recuerdo, Tenten, que no somos una pareja normal —espeté secamente.
—Pero eso es así porque tú así lo has querido —me replicó de inmediato, tratando de que entrara en razón.
Suavicé mi expresión.
—Yo… yo no quiero tener una relación seria con Shikamaru —espeté normalizando mi tono de voz.
—Tema, por qué no me reconoces que es todo lo contrario —acotó, Tenten, de sopetón—. Tú quieres ese hombre para ti, por eso te da rabia que después que está contigo, se vaya con Yamanaka.
Resoplé.
—Tenten, te lo vuelvo a repetir, yo no quiero ningún tipo de compromiso con Shikamaru —la miré con seriedad—. En cuatro meses más, yo debo irme a Kumo. Será más fácil partir, si no tenemos nada serio.
Ella arrugó ligeramente el entrecejo.
—Amiga, yo creo que estás equivocada. Esta separación será igual de dolorosa que la anterior. Tú amas a Shikamaru, es algo que no me lo puedes negar, lo tienes metido bajo la piel, pero no te seguiré insistiendo, ya que como buena testaruda, tú me lo negarás.
Me molestaron sus palabras, pero en parte tenía razón.
Suspiré.
—¿Qué tanto están cuchicheando? —inquirió, mi hermano, entrando a la cocina. Abrió el refrigerador.
—Nada que te interese —le respondí secamente con mi semblante serio.
Sacó una lata de cerveza y cerró la puerta. Fijó su mirada en mí.
—Estás equivocada, hermanita, todo que tenga relación contigo me interesa —espetó en su tono habitual, desviando luego su mirada hacia el rostro de Tenten—. Por sus caras, creo que estaban hablando del Nara, ¿o me equivoco?
Mi amiga resopló.
—Sí, pero ya terminamos de hablar —acotó, ésta, con serenidad.
A los segundos, Kankuro, aclaró su voz.
—Sabes, hermanita —espetó, mi hermano, haciéndose el interesante. En cosa de segundos, captó mi atención—, le comenté a Tenten sobre mi hipótesis respecto a Yamanaka… ¿y adivina qué? …me encontró toda la razón.
Inmediatamente arrugué el entrecejo.
—¿De qué estás hablando , Kankuro? —inquirí con curiosidad, mirándolo detenidamente.
Me miró con una sonrisa.
—Ya te olvidaste, hermanita, ¡qué frágil es tu mente! —exclamó con sorna.
La forma socarrona como me habló, me despabiló enseguida.
—Ahhh… ya recordé —afirmé con seriedad.
—Sabes Tema, pienso que la deducción que hizo Kankuro, no está para nada errada.
Las palabras de mi amiga llamaron mi atención. Al instante, giré mi rostro hacia ella.
Arrugué levemente el entrecejo.
—Si Ino tuviese un amante, créeme que ya hubiese dejado a Shikamaru —aseveré con convicción—. A ella siempre le ha gustado lucir sus conquistas.
Tenten se mantuvo serena.
—Puede que tengas razón, pero creo que esta vez hay «gato encerrado» —espetó en su tono habitual—. Debe existir una razón poderosa por la cual no lo quiere lucir, y si así es, ten por seguro que seguirá teniendo a Shikamaru como novio de fachada —hizo una pausa y prosiguió—. No sería la primera vez que lo hace, lo hizo una alguna vez en el colegio ¿lo recuerdas?
—Pero eso fue en la secundaria, era una niña —le rebatí enseguida, frunciendo más el entrecejo.
—Ino no ha cambiado mucho —afirmó con seguridad, Tenten—, su actitud niña mimada se ha mantenido en el tiempo. Lo digo con conocimiento de causa, ya que todavía seguimos siendo amigas.
Fruncí la boca.
—¿Cuál es la idea de ustedes? —inquirí molesta, mirando primero a Tenten y luego a mi hermano, que bebía de su cerveza—, ¿hacer de detectives y desenmascararla? —hice una pausa y volvía a mirar a mi amiga— No es necesario que lo hagan, yo no quiero que Ino se separé de Shikamaru. No quiero que él se quede sólo, después que me vaya.
Tenten arrugó el entrecejo.
—¿Y quién te garantiza que se va a quedar con Ino? —inquirió con firmeza—, quizás se vaya detrás de ti. Recuerda que Shikamaru no está en la misma posición que hace dos años atrás. Esa vez él no te siguió, porque aún le quedaba un año por cursar en la universidad, pero ahora es diferente.
Tenten tenía razón, pero era algo que yo no podía permitir. Me sentiría pésimo conmigo misma si por mi culpa se alejase de su familia. Además, yo trabajo para la competencia, y tengo un proyecto aún en ejecución. No pueden verme relacionada con él, me costaría el puesto, ya que podrían creer que estoy brindado información a Empresas Nara.
—Tenten, dejamos las cosas muy claras desde un principio —me defendí con lo único que me podía escudar.
Mantuve mi semblante serio.
—Ayyy Tema, ¡por qué eres tan terca! —chilló, Tenten, con rabia. Negó con la cabeza.
—Ya cálmate, Tenten, mejor no sigas discutiendo con ella —intervino, mi hermano, bajando la tensión. Puso la mano sobre su hombro—, no le ganarás, es demasiado obstinada.
Ella lo miró y asintió.
—Y tú, hermana, cambia esa cara —me dijo con serenidad—, ya entendimos tu postura.
Suavicé mi semblante y él sonrió.
—Saben chicas, por qué mejor no salimos de la cocina y vamos al cine a ver una película.
Si algo amaba de Kankuro, era la forma amena como mediaba cualquier problema.
—¿Qué acaso tú nos vas a invitar? —inquirí mirándolo con extrañeza, ya que nunca en la vida me había pagado una mísera entrada de cine.
Me miró divertido.
—Por supuesto que sí, o piensas que soy un tacaño —espetó con una sonrisa, pero como no me vio muy convencida, desvió su mirada hacia mi amiga—. Tenten, ¿quién pagó hoy las compras del supermercado?
—Tú —acotó con franqueza.
—Ves hermanita, soy un desprendido —acotó sonriendo como un presumido. Lentamente, se acercó al refrigerador.
Sacó otra cerveza.
—Chicas, las espero en la sala, por favor no demoren mucho, que esta es la última cerveza que me queda.
—¡Ya te las tomaste todas, Kankuro! —exclamó, Tenten, con el ceño ligeramente fruncido.
—Obvio que sí, si para eso las compré —le respondió, mi hermano, con sorna.
Ella frunció la boca.
—¡Eres un borracho!
—Ayyy, Tenten, si no es para tanto —acotó, éste, bajándole el perfil. Se dio media vuelta y se fue de la cocina.
Sonreí por la escena. No podía negar que hacían una buena pareja.
.
.
.
POV Shikamaru
Sólo llevaba una hora en ese almuerzo y ya quería huir de allí. Era un fastidio ir a ese tipo reuniones sólo por cumplir. Los padres de Ino no me caían mal, pero el resto de sus familiares, mejor ni hablar. Lo único que sabían hacer éstos, era acercase a nuestra mesa para hacer preguntas fastidiosas como cuando íbamos a formalizar nuestra relación o si teníamos alguna fecha tentativa para casarnos.
Mendokusai.
Menos mal que Ino siempre estaba ahí para responder, y como en nuestro año de noviazgo jamás habíamos tocado ese tema, se le hacía fácil negar siempre con la mejor cara, aunque estar escuchando repetidas veces las mismas preguntas, era un completo fastidio.
—Ino, ¿hasta qué hora tienes pensado quedarte acá? —inquirí cansinamente, captando la atención de ella. Sus ojos azules se fijaron en los míos, al mismo tiempo que dejó su celular sobre la mesa—, mira que si fuera por mí, ahora mismo me estaría parando para ir a despedirme. Todo esto ha sido un verdadero fastidio.
Ella sonrió con sutileza.
—Ayyy, Shika, lo sé, y estoy completamente de acuerdo contigo —me respondió con total empatía—. Éste no ha sido un almuerzo muy entretenido, ya que la festejada es una tía abuela de mi padre, pero no podía negarme a venir, ya que ella tuvo la delicadeza de ir a la casa a invitarme —hizo una pausa y me miró como pidiendo comprensión—. Esperemos a que sirvan el postre, y luego de eso, dejamos pasar unos diez a quince minutos, y nos marchamos.
Resoplé.
—Eso significa que nos quedaremos por lo menos cuarenta y cinco minutos más, mendokusai —le repliqué con fastidio.
Ino, sonrió ampliamente.
—Shika, hace ese esfuerzo por mí —espetó melosamente colocando su mano izquierda sobre la mía —, hace mucho que no te he pedido nada.
Se hizo un silencio entre nosotros.
Ella tenía razón, hace varios meses que no se encaprichaba con nada, es decir, no me pedía nada, ni siquiera algo superfluo. Incluso podía asegurar que en estos últimos tres meses, se había convertido en una mujer demasiado independiente, para ser Ino Yamanaka, lo que de cierto modo, me favorecía.
Sonreí para sí.
No me quedó otra más que aceptar su petición.
—Está bien, pero el tiempo que esperaremos después del postre será el justo y necesario —aseveré en mi tono habitual, provocando una enorme alegría en ella.
—Por supuesto, amor —espetó feliz, abalanzándose sobre mí.
Yo por inercia, la abracé y sonreí, sin embargo, a los pocos segundos me sentí de lo peor. Era un cínico en toda la extensión de la palabra, ya que prácticamente me estaba riendo de ella «a sus espaldas», pero… como terminar con ella sin hacerla sufrir.
Simplemente no podía.
Quizás por eso se me hacía cómoda mi situación, aunque debía reconocer que era bastante desgastadora.
—¿Cómo lo harán la personas que llevan una doble vida por años? —me agoté con sólo pensarlo.
Ella suavemente cortó el abrazo.
—¡Mira, ahí traen una bandeja con los postres! —exclamó alegremente mirando hacia el frente.
Suspiré aliviado.
Al fin comenzaba la cuenta regresiva de este almuerzo.
.
.
.
—¿Nos vamos? —inquirí con entusiasmo, cosa bastante extraña en mí.
Ino apagó la pantalla de su celular, y desvió su mirada hacia mí.
—Pero Shika, con suerte han pasado cinco minutos de que terminamos de comer el postre —espetó tratando de hacerme entender que mi pregunta era muy apresurada—. Esperemos diez minutos más.
Dirigió la mirada nuevamente a su celular. Encendió la pantalla y comenzó a chatear.
Resoplé, sin embargo, ella tenía razón.
Apoyé mi codo izquierdo sobre la mesa, para luego posar mi rostro sobre la mano. Comencé a tamborilear los dedos de mi mano libre sobre el mantel.
Empecé a meditar.
—¿Qué estará haciendo mi problemática? —recordarla me hizo sonreír, no podía negar que la extrañaba—. ¿Habrá almorzado con Kankuro en el apartamento o habrá ido a comer afuera?
Pensar ella siempre me hacía sentir culpable. Me había convertido en una persona deshonesta, tanto con ella como con Ino, y hasta conmigo mismo, sin embargo, era algo que podía remediar.
Sólo dependía de mí.
Miré de reojo a Ino, la cual seguía muy entusiasmada con su celular.
—Ino, ¿qué tanto conversas por wathsapp? —inquirí con curiosidad, ya que del momento que sirvieron el postre, se había embelesado con esa aplicación.
Mi pregunta la tomó desprevenida. De inmediato apagó la pantalla de su móvil.
—Es que… es que me hablan del trabajo —titubeó algo nerviosa, cosa que me preocupó.
—Hay algún inconveniente para el evento de hoy —le pregunté interesado, ya que ella vive y muere por su trabajo.
—¡No!... o sea sí, pero ya se solucionó —acotó con una sonrisa. Al instante se puso de pie—. Voy a ir al baño. Cuando vuelva nos despedimos de mi familia y nos vamos.
Yo simplemente asentí, y ella se encaminó hacia la casa.
Aproveché sacar mi celular del bolsillo y encendí la pantalla. Busqué el contacto Sabaku en el wathsapp.
S: Hola mujer, ¿dónde estás?
Tecleé rápidamente y apagué la pantalla. Alcé la mirada y miré para todos lados, no había nadie cerca de mí. Volvía a encender la pantalla y observé que me estaba escribiendo.
Sonreí como idiota.
T: Hola, estoy en el cine junto a Kankuro y Tenten. En este momento ellos están comprando las palomitas de maíz y las bebidas para luego ingresar. ¿Cómo estuvo tu famoso almuerzo?
Pude ver su sarcasmo en esa pregunta.
S: Un fastidio, pero menos mal que ya nos vamos.
T: ¡Qué mal por ti! Jajajaja.
S: Eres muy cruel, mujer.
T: Jajajaja, ahora te dejo porque voy a entrar.
S: ¿Vas a estar más rato en tu apartamento?
T: Supongo que sí, a menos que este par que tengo al lado diga lo contrario.
Sentí cierto grado de envidia al leer esa respuesta, ya que yo no podía hacer ningún otro tipo de panorama con ella. Todo por culpa de mi cobardía.
Suspiré.
S: Me avisas si no vas a estar.
T: Si voy a estar, idiota. Te espero a la misma hora de siempre.
S: OK, mujer, nos vemos.
Apagué la pantalla del celular y lo guardé en el bolsillo. Alcé la mirada.
—¡Shika! —chilló, Ino, a unos tres metros de mí, moviendo su mano—. Ven, vamos a despedirnos.
Me puse de pie.
Al fin se terminaba este suplicio.
.
.
.
POV Temari
Después de pasar una entretenida tarde junto a mi amiga y mi hermano, regresé a mi apartamento. Kankuro se vino conmigo, pero no se quedó, sólo vino a buscar un bolso con un poco de ropa y después se marchó. Dijo que era mejor tener ropa en ambos apartamentos, en caso de cualquier eventualidad.
Kankuro es bastante inteligente cuando quiere serlo.
Luego de que mi hermano se marchó, me fui a bañar, necesitaba despejar mi mente y no seguir pensando en el impasse que tuve con Tenten.
Abrí la llave de la regadera y el agua comenzó a caer sobre mi cabeza. Cerré los ojos, sin embargo, mi mente continuó pensando.
No podía negar que gran parte de lo que dijo mi amiga, estuvo acertado, pero no podía reconocerlo delante de ella.
No quería verme vulnerable frente a ella.
Mi orgullo no lo permitía.
Quizás sea una tontera, pero es algo que va adherido en mis genes.
Que fluye en mi sangre.
—Un Sabaku siempre es fuerte, sabe cómo afrontar cualquier situación que se le presente, y no tiene puntos débiles —susurré deslizando mis manos sobre mi cabellera.
Esa era la fachada que proyectábamos hacia los demás, pero era sólo eso, una fachada, ya que como todos, también teníamos sentimientos.
Teníamos debilidades.
Y mi debilidad, hoy en día, tenía nombre y apellido: Nara Shikamaru. El hombre que más había amado en mi pasado, y que en mi presente, pese a que me quise mantener a raya en este juego, he vuelto a amar.
No quise seguir pensando, así que subí la presión de la regadera, y un gran chaparrón de agua cayó sobre mi cabeza.
Casi no me podía respirar.
.
.
.
Faltaban como quince minutos para las siete con treinta de la tarde, cuando sonó el timbre.
Supuse que era Shikamaru, que sólo había llegado unos cuantos minutos adelantado.
Me extrañó.
Salí de mi habitación y fui abrir la puerta. Estaba literalmente lista, sólo me faltaba arreglarme un poco más el cabello.
Giré rápidamente el pomo de la puerta y la abrí, me topé de frente con él.
Me sonrió de medio lado.
—Hola mujer, ¿cómo estás? —inquirió en un tono parsimonioso sin sacar sus manos de los bolsillos.
—Bien —le respondí escuetamente, para luego proseguir—. Llegaste más temprano.
Como siempre hice hincapié en su actuar, más como crítica que como elogio. Era algo que no podía evitar.
—No tenía nada que hacer, así que me vine antes —espetó con calma, fijando su mirada en la mía— ¿Me dejas pasar?
Me pareció demasiado relajada su respuesta, ya que no me reclamó diciéndome: «mujer problemática», y tampoco chasqueó la lengua, sin embargo, hice caso a su petición.
Me corrí hacia un lado, y éste ingresó. Avanzó de forma pausada hasta el medio de la sala.
Se detuvo y giró hacia mí.
Se veía diferente.
—¿Te pasa algo? —inquirí curiosa, dando un par de pasos para acortar la distancia.
Mi semblante se tornó serio.
—No, no me pasa nada, mujer —acotó en su tono habitual esbozando una sonrisa.
Sacó las manos de los bolsillos y las puso alrededor de mi cintura.
Me atrajo hacia su cuerpo.
—A mí no me engañas Shikamaru Nara —espeté con convicción, alzando la mirado. Capté su atención—, algo debe estar dando vueltas en tu cabeza.
—Puede ser —acotó calmadamente, acariciándome el rostro con su mano derecha.
Su respuesta me tensó, rápidamente arrugué el entrecejo.
—Entonces dime —insistí con seriedad aunque por dentro sentí terror. Tenía miedo de que comenzara a ver la vida con sensatez, ya que eso podría significar que él pusiese fin a esta relación. ¿Sería capaz hacerlo?
—Creo que es no buena idea hablar de eso —espetó sereno mientras acercó sus labios a los míos.
Me besó suavemente, sin embargo, no le respondí. Lentamente separó su boca de la mía.
Resopló.
—Está bien, tú ganas, problemática —acotó resignado. Sus ojos me miraron fijamente. No pude evitar sentir cierto grado de nerviosismo. Tragué saliva —. Ya me aburrí de esta situación, quiero terminar con esta doble vida.
Mi rostro se desfiguró.
Sentí como si una daga me hubiese atravesado el corazón.
¿En serio él estaba pronunciando aquellas palabras?
Sentí que moría ahí mismo, sin embargo, a los pocos segundos reaccioné. No podía verme destruida.
Endurecí mi semblante.
—De acuerdo, creo que ya no tenemos nada más que hablar —espeté secamente, separándome de él con brusquedad—. Conoces la puerta salida, puedes comenzar a avanzar.
Shikamaru frunció el entrecejo, mientras me miró extrañado.
—¿Qué tontería estás diciendo, mujer? —inquirió en tono molesto, tomándome por los brazos.
—¡Te estoy diciendo que la puerta es ancha!, ¡y que puedes irte de una maldita vez! —chillé con rabia, tratando de zafarme de su agarre, pero no lo logré.
Me descontrolé, y él claramente lo notó.
—Mujer problemática, como siempre has malinterpretado las cosas, yo no estoy terminado contigo —replicó con firmeza, bajando su rostro a la altura del mío. —Yo sólo te estoy diciendo que quiero acabar con esta doble vida, y tú, apenas escuchaste eso, diste por hecho que me quedaría Ino.
Sus ojos me miraron reprobatoriamente.
—¡Pero ella es tu novia! —exclamé sin más argumento.
Mi respiración estaba más que acelerada.
—Sí, pero yo no la amo, a quien amo es a ti —me respondió con convicción, lo que de cierto modo, me emocionó—. Y si acepté este estúpido juego, fue porque quería estar nuevamente cerca de ti. No me diste otra opción, mujer.
—Pero rompiste las reglas —espeté bajando el tono de mi voz.
Lo miré con seriedad.
—¡No las rompí, mujer! —acotó alzando ligeramente la voz —, ¡tú nunca dijiste que no me podía enamorar de ti!
Me miró como esperando que le diera la razón.
Suspiré.
—Pero al dejar a Ino, igual las romperás —le rebatí con lo único que me tenía a la mano.
Resopló molesto y me soltó. Enderezó rápidamente su cuerpo.
—¿Y qué tiene que rompa las reglas, mujer? —inquirió en tono irónico, cambiando de estrategia—, a ti no tiene por qué afectarte, ¿o sí? —me miró con detención, y enseguida supo que yo no tenía argumento para replicarle. Sonrió ladinamente—. Incluso deberías estar feliz, ya todo mi tiempo será exclusivamente para ti.
Era como estar escuchando a mi hermano.
Me enfadé, arrugué el entrecejo.
—Eres un presumido… un idiota —le repliqué rabiosa. Odiaba que usara aquella técnica conmigo.
Me miró divertido.
—Tal vez, mujer, pero este idiota se ha vuelto una necesidad para ti —espetó con presunción —, por eso tengo la certeza que aunque rompa las reglas no me dejarás.
—¿Qué te hace pensar que no lo haré? —inquirí crispada.
Sonrió con suficiencia.
—Tú misma te delataste, mujer, cuando te dije que quería terminar con esta doble vida.
No entendí lo que me quiso decir. Fruncí más el entrecejo.
—¿De qué estás hablando, Shikamaru? —le pregunté mirando con detención.
—De tu reacción al escuchar aquellas palabras —acotó con seguridad, sin desviar su mirada— Pude ver el terror en tus ojos, mujer. Lamentablemente para ti, en ese momento, fuiste un libro abierto.
Mi rostro se tornó rojo, no de vergüenza sino de rabia.
—¡Eres un imbécil, un desgraciado! —espeté furiosa. El muy maldito me había descubierto, y yo no podía hacer nada para remediarlo—, acaso ahora piensas tomar ventaja de eso.
Mi respiración se había vuelto a acelerar.
—¡Ya cálmate, problemática! —exclamó tratando de tranquilizarme. Rápidamente, me abrazó—. Jamás tomaría ventaja de nada, sólo me basta con saberlo—se separó levemente y tomó mi rostro entre sus manos. Acercó su boca a centímetros de la mía—, sólo me basta con saber que para ti, lo nuestro no es un juego.
Pude sentir como su aliento quemaba mi rostro, lo que rápidamente hizo mutar mi enfado en pasión.
Lo atraje hacia mí con prontitud, y besé sus labios con desesperación, perdiéndome enseguida en la humedad de su boca.
Introdujo su lengua y recorrió cada rincón de mi boca con maestría. Lo hizo por bastante tiempo, hasta que la enredó con mía.
El deseo se incrementó.
Me apegué por inercia a su cuerpo, y ávidamente me restregué contra él.
Pude sentir cómo su miembro rápidamente reaccionó a mis movimientos, lo que lo hizo jadear de inmediato sobre mi boca.
Me extasió.
Me aferré mucho más a él, mientras éste intensificó el sobajeo sobre mis nalgas. Luego de estar varios segundos en aquella tarea, introdujo sus grandes manos bajo mi vestido.
Se agachó levemente y me alzó por los glúteos, dejándome a la altura de su cadera. Al instante, lo envolví con mis piernas.
Me miró a los ojos.
—¿En tu cama o en el sillón? —inquirió en un tono seductor.
Me mordí el labio inferior.
—En la mesa —acoté, mirándolo con lascivia.
Sonrió de medio lado.
—Mujer golosa, donde sea igual te voy a comer —susurró antes de morderme la boca —. Mejor vamos a tu habitación, la cama es más cómoda.
Comenzó a avanzar rápidamente hasta mi dormitorio.
—No sé para qué preguntas, si ya lo tenías decidido —me quejé sobre sus labios y éste sólo sonrió.
Abrió la puerta e ingresó.
—No te quejes, mujer, sólo lo hice para hacerte hablar.
Con prontitud se inclinó sobre mi cama y me depósito sobre ésta, y sin perder tiempo, se abalanzó sobre mí.
Introdujo su lengua ávida dentro de mi boca, explorando cada rincón de ésta con vehemencia. En su delicioso recorrido, su lengua se topó con la mía, enredándose al instante en un frenético baile que me quita hasta el aliento.
Jadeé sobre su boca.
Separó su cuerpo levemente del mío, y en cosa de segundos, sus manos me quitaron el vestido.
Yo hice lo mismo con su camisa.
Arqueé mi espalda para que me desabrochara el broche de mi sujetador y me lo sacara.
Lo hizo con maestría y tiró hacia un rincón.
Sus manos ansiosas delinearon mi cuerpo de forma descendente hasta llegar a mis caderas.
Se topó con mi ropa interior.
Bordeó con sus dedos la tela que cubría parte de mi vulva, e introdujo una de sus manos debajo de ésta. Deslizó su tacto sobre mis labios mayores, para luego rebuscar entremedio de éstos mi intimidad.
Giró su rostro hacia mí y me miró con lascivia.
—Estás toda mojada, mujer —susurró sin decoro, saboreándose la boca.
Sonreí con picardía.
—Deberías comenzar a degustar, ya que la carne está justo en su punto.
Me sonrió de vuelta, y sacó su mano de mi femineidad para llevársela a la boca.
—Sí, ya está justo en su punto —musitó mirándome con deseo, y un santiamén dirigió sus manos a mis caderas y me quitó la prenda.
Pude ver el deleite en su rostro cuando me dejó sin ropa.
Me miró como idiota.
—¿Y qué esperas para comenzar? —inquirí con falso enfado, sacándolo de sus cavilaciones.
Me miró fijamente, y negó con el rostro.
—Mujer problemática, no te cansas de fastidiar, pero ahora verás
Sonrió con picardía y se bajó de la cama. Me jaló de una pierna bruscamente y me acercó hacia él.
Mi ansiedad aumentó.
Se arrodilló en el piso, quedando en frente de mi ardiente femineidad. Se relamió la boca y volvió a sonreír como idiota, arremetiendo, sin esperar ni un segundo más, contra mi mojada intimidad.
Aquel primer contacto, hizo que de inmediato diera un respingo. ¡Por Kami, se sentía tan bien!
Sentir como su lengua recorría ansiosamente cada pliegue de mi femineidad, me extasía una enormidad. Arqueó mi espalda sobre la cama y aprieto fuertemente el cubrecama.
Me fue imposible, no jadear, ya que sentía como cada succionada me llevaba hasta cielo.
Comencé a mover mis caderas siguiendo el ritmo de su lengua.
Cerré los ojos.
Sentía como su lengua traviesa jugaba con mi clítoris ya hinchado. Lo succionaba, lo lamía, lo besaba y lo mordía.
Aquel juego hizo que mi éxtasis se incrementara de golpe.
Gemí.
Tener su boca y lengua metida en mi intimidad, sin duda, me hacía delirar.
Me volvía complemente loca.
No podía negarlo, Shikamaru Nara, era una necesidad para mí.
Separó su boca de mis labios inferior para comenzar a introducir dos de sus dedos por mi hendidura.
De inmediato me tensé.
—Ayyy, mujer estás tan mojada y caliente —jadeó mientras comenzó a hurgar con avidez.
—Ayyy, Shika, sigue —balbuceé apenas sintiendo como mi éxtasis iba en aumento.
Aceleró el movimiento de sus dedos de forma frenética, haciéndome retorcer y delirar.
Cerré los ojos para disfrutar.
Sus dedos comenzaron a hurgar mi cavidad con mayor brusquedad, y mi cuerpo no pudo resistir más.
Colapsó.
Me estremecí y arqueé mi espalda, soltando un audible gemido.
—Ayyy, Kamisama —espeté con la respiración entrecortada, soltando lentamente el cubrecama que tenía apretado entre mis manos.
Me relajé y una sonrisa apareció en mi rostro.
Volví a sentir sus labios cerca de mi hinchada hendidura.
—Por Kami, mujer, sabes tan bien. Me encanta —espetó lascivamente pasando nuevamente su lengua alrededor de mi cavidad.
A los segundos se puso de pie y se desperezó, por instinto, volví al centro de la cama.
Me miró con lujuria y sonrió, rápidamente se sacó el resto de ropa que le quedaba.
Volvió a abalanzarse sobre mí.
Lo recibí feliz.
Me aferré a su espalda y rápidamente juntamos nuestras bocas. Succioné sus labios con desenfreno sintiendo mi sabor.
Me excitó de cierto modo.
Rápidamente lo volteé, quedando encima de él.
—¿Qué piensas hacerme, mujer libidinosa? —inquirió con una sonrisa seductora.
Me levanté y me senté sobre mis rodillas.
—Todavía no lo tengo claro —espeté con falsa inocencia colocando mi mano sobre su intimidad. Rodeé su prominente erección con mi mano y comencé a «jugar» con su prepucio.
Jadeó, al sentir como ascendía y descendía aquel repliegue sobre su falo.
Sonreí triunfante.
Me senté a horcajadas de él, pero dándole la espalda. Incliné mi cuerpo sobre aquel suculento pedazo de carne y lo succioné.
Pude sentir como Shikamaru se sobresaltó, al mismo tiempo, que jadeó.
Sonreí para sí, mientras continué con mi «ardua tarea».
Ascendí y descendí por aquel tronco venoso, repetidas veces con maestría. Lo aprisioné con mi lengua, una que otra vez, y restregué su glande contra mi paladar.
Gruñó en más de una ocasión.
Me excitó.
Incrementé el ritmo de mis succionadas, y sentí como él comenzó a seguir mis movimientos.
Me fascinó.
Comencé a engullir con más pasión, mis movimientos se volvieron más frenéticos, hasta de un momento a otro su cuerpo colapsó.
Pude sentir como su cuerpo convulsionó, y a los pocos segundos, como se derramó dentro de mi boca.
De inmediato, tragué su elixir.
Jadeó, y al instante su cuerpo se relajó.
—Ayyy, mujer… eres terrible.
Saqué mi boca de su miembro ya relajado, y limpié mi boca con el dorso de mi mano.
Torcí como pude mi cuerpo para mirarlo.
Sonreí.
—¿Tú crees? —espeté con suficiencia, para luego mirarlo con lascivia —. Entonces prepárate, porque ahora se viene lo mejor.
Me bastó decir sólo eso, y su miembro nuevamente se endureció.
—Shikamaru Nara, eres muy caliente.
.
.
.
Dentro de mi habitación no se oían más que gemidos al ritmo del choque de nuestros cuerpos. Él llevaba el mando en esta ocasión, entrando y saliendo de mí con fervor.
Apreté el cubrecama fuertemente con mis manos, con el fin de resistir tan delicioso embate.
Mi respiración se aceleró.
Sus arremetidas eran tan duras como exquisitas, que el éxtasis prácticamente me salía por los poros.
Jadeé y cerré fuerte los ojos.
Sus bruscos movimientos me encantaban, me extasiaban, y me hacían querer mucho más.
—Más fuerte, Shika… más.
Cambió de posición para complacerme, y se sentó sobre sus rodillas. Me tomó firme por caderas, y me alzó alineándome a su erección. Reinició fuertemente el ritmo de sus embestidas.
Me fascinó.
Podía sentir como su dura erección se deslizaba hasta el fondo de mi cavidad.
Los latidos de mi corazón se volvieron a incrementar, al igual que mi respiración.
Jadeé obnubilada.
Mis senos comenzaron a rebotar al compás de cada golpe que me propinaba.
Mi rostro se empapó de sudor y mi cabello se desordenó.
Mis gemidos comenzaron hacerse mucho más audibles.
El éxtasis poco a poco se estaba apoderando de mí.
Al ver lo extasiada que estaba, Shikamaru volvió a acelerar el ritmo de sus estocadas. Sus movimientos se hicieron más frenéticos y profundos, haciendo que mi cuerpo comenzara a tensarse.
Apreté fuerte los dientes.
La exquisita fricción que se estaba produciendo, me estaba matando, por lo que en pocos segundos, mi cuerpo colapsó.
Me estremecí fuertemente y arqueé la espalda.
Un sonoro gemido salió de mi interior, al mismo tiempo que él acabó.
—Ayyy, Kami —dijimos al unísono.
Estaba feliz, había alcanzado un delicioso orgasmo al mismo tiempo que mi Shikamaru.
Sonreí para sí.
A los pocos segundos sentí que se recostó a mi lado. Me atrajo hacia él y yo lo rodeé con uno de mis brazos.
—Mujer, estoy exhausto —espetó cansinamente—, ¿me dejas dormir un rato?
Alcé mi rostro para mirarlo.
—Sí, pero sólo un rato.
Sonrió, cerró sus ojos y relajo su semblante.
Yo lo seguí observando.
—Gracias mujer... por eso te amo tanto —espetó en un susurro antes de dormirse.
Sonreí al escuchar esas palabras.
Ya me había dejado bastante claro que su corazón me pertenecía.
.
CONTINUARÁ…
.
Gracias por leer, espero que les haya gustado.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor, yo los amo :D
Más rato responderé todos los reviews pendientes, disculpen la demora, he tenido algunos contratiempos.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré :D
Nos leemos en mi próxima actualización.
Saludos a todos, les mando un gran abrazo :D
